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IX

Kyoya estaba feliz.

Estaba.

Ya no.

¿Razón? Muy simple.

Vivía su tiempo tranquilamente, habían incluso comprado un candado a estrenar esa misma noche para que cierto niño no interrumpiera.

Todo. Era. Malditamente. Perfecto.

Hasta que él llegó.

Esa misma tarde, cuando regresaba de sus siestas al aire libre diarias, escuchó dos voces dentro de su habitación.

Cuando entró, con el ceño fruncido, descubrió a un Mukuro rojo y un albino sobre él.

Y entonces la piña dijo la palabra mágica.

—¡Apártate, maldito malvavisco!

Y todo se derrumbó dentro de su pacífica y hermosa vida.

Aquel sujeto que había dejado en paz sus vidas estaba allí, en carne y hueso con una sonrisa socarrona sin acceder a la petición de la piña.

Apretó los puños y Hibird cantó alarmada, como queriendo explicarle la situación y alertando a los otros dos.

Mukuro se puso azul, Byakuran sólo... Siguió sonriendo, el maldito.

—¡Ave-kun, no es lo que...!

—No hace falta que me des explicaciones, lo puedo ver por mí mismo.

Con dignidad, dio media vuelta y salió de la habitación.

—¡Que te quites, joder!

—Vaya, me he tropezado...

—¡Hijo de perra! ¿¡Qué demonios haces en Japón?!

—¿Venir a visitar a mi prometido, quizá?

—¡Nadie te pidió, desgraciado!

—Moo~. Yo que venía con todo el amor del mundo y así me tratas...

Mukuro suspiró, logrando quitárselo de encima y poniéndose de pie con los brazos en jarra.

—Byakuran, Shoichi y tú llevan medio año saliendo —señaló con una mueca—. Y ese de ahí lleva sólo días de haberme aceptado. ¡¿Por qué quieres joderlo?!

El albino apartó con una mano al ave asesina que intentaba quitarle los ojos nuevamente y sonrió con altanería.

—Muku-chan, esta es mi venganza —declaró más que tranquilo—. ¿O acaso de verdad creías que no habría rencor por aquello que le hiciste a Sho-chan?

El italiano tensó la mandíbula y se sonrojó furioso.

—No fue tanto, se estaba metiendo con mi prometido —bufó apartando la mirada—. Podré no amarte, pero tengo mi orgullo, ¿sabes?

—Ya, ya —sacudió una mano.

—¿Y ese pelirrojo está de acuerdo con esto?

—Am...

—No lo sabe, ¿verdad?

—No, pero de cualquier manera, sabe que acabaremos casados —suspiró—. Lo tendrá que aceptar tu ave también.

—Sabe que es un compromiso forzado.

—Pero cree que está roto, ¿o no?

—No ha preguntado.

—Pues más vale que se lo adelantes. Ni a ti ni a mí nos conviene que esto se mantenga en secreto. Tarde o temprano lo descubrirá y por el carácter que se carga, creo que nos mata a los dos.

—¿Y crees que sabiendo que de verdad nos vamos a casar no lo hará? —palideció mirando nervioso la puerta—. Dios mío, me van a castrar en serio.

Byakuran rió nervioso ante eso y dejó en paz a Hibird quien se rindió con él y fue a reclamarle a Mukuro.

—Pues estás tardando en ir tras él —señaló la puerta con una mueca—. Dile de mi parte que no te amo y que no es mi deseo robarte de él.

—Vete a la mierda —chilló decidiendo ir por Hibari, se detuvo antes de salir—. Y sobre el asunto de la boda, Nagi lo estaba arreglando la última vez que hablé con ella.

—¿Qué está...?

—No lo sé, ha estado una semana sin responder a mis llamadas —comentó preocupado—. Espero que al menos Fran esté bien.

—Bel lo cuida.

—Más le vale.

Y sin más salió en dirección a la azotea donde un más que cabreado azabache le esperaba con tonfas en mano.

—¡Espera...!

Esquivó un tonfazo dirigido a su cráneo y enseguida tuvo una de ellas bajo la yugular.

—Dame una buena razón para no tirarte de aquí mismo.

—Él y yo no...

—Te has tardado demasiado en venir —interrumpió—. Se supone que deberías haberme seguido ni bien me fui.

—Eso es porque...

—Sin mentiras o mueres aquí mismo.

El italiano suspiró, últimamente era lo que más hacía, y con cuidado llevó una de sus manos al rostro de su ave.

—No pasó nada, ¿vale? Ya te he dicho que mis manos sólo quieren tocarte a ti.

—Y aún así te dejas tocar demasiado —gruñó molesto—. ¿Alguna piensas en cómo me hace sentir?

¿Honestamente? No.

—Sí, pero...

—¿Pero?

—Es que hace poco que admites tus sentimientos hacia...

—¿Y a ti quién te ha dicho que he admitido algo, eh?

—Es a eso a lo que me refiero. Eres muy bipolar...

—No soy bipolar —la tonfa se presionó más contra su cuello.

—Ya, tsundere si quieres decirlo así...

—Te estás ganando una caída dolorosa, no sé si sabes.

Mukuro miró hacia atrás, al vacío y sintió un mareo nada sano.

—Ave-kun, desde el inicio sabías que estaba en un matrimonio forzado —la tonfa tembló un poco—. No siento nada por Byakuran, sólo es un amig...

—Él no piensa así.

—Pfff, para él soy como una piña mascota —le restó importancia—. Tiene pareja, no tienes de qué...

—No te creo.

—De verdad te lo digo. Se llama Irie Shoichi, es pelirrojo, cuatro ojos...

Kyoya dudó ante la veracidad de las palabras de Mukuro.

—Que sepas que no te creo nada...

—Te lo puedo demostrar. Sólo déjame sacar el móvil...

Mukuro metió la mano en su bolsillo ante la atenta mirada de Kyoya. Hizo que se abriera y buscó el Instagram del albino.

Agradeció a todos los dioses que subiera fotos con su novio.

Seleccionó una al azar y se la enseñó al azabache.

Hibari bajó el arma y miró atento la imagen ante él con una mezcla extraña se sentimientos.

Efectivamente, Byakuran parecía feliz junto a un sonrojado pelirrojo de lentes, sin embargo, de fondo, podía ver a un sonriente Mukuro rodeando a una chica con el brazo mientras conversaba con un rubio.

Apartó el aparato y se alejó unos pasos, estaba un poco... Afectado.

—¿Ave-kun?

—Bien te creo —bufó negándose a decir nada—. ¿Y qué esperas que haga? ¿Que acepte ser tu amante y todos felices?

—N-No, pero...

—Mukuro, ustedes se van a casar, ¿no?

—No es algo que quiera, pero aparentemente sí...

—Da lo mismo entonces. Al fin y al cabo, me niego a...

—Eso ya lo sabías antes de estar conmigo. ¿Te pasa algo?

—Nada.

—Alondra-kun...

—No insistas. Esto se acabó, ahora lárgate. Quiero estar solo.

Dio media vuelta.

—No pienso irme hasta que no me digas...

—No tengo nada que decirte, vete.

Mukuro le rodeó la cintura y apoyó el mentón en el hombro, poniéndole nervioso.

—No me ir...

El teléfono, dando señales de vida luego de una semana, empezó a vibrar poniéndoles ligeramente irritados hasta que el italiano leyó el nombre.

Sin dudar contestó, pero jamás soltó a la alondra.

—¿Dónde demonios estab...?

—Asomate por la ventana.

Extrañado frunció el ceño.

—¿De qué hablas? Y estoy en la azotea.

—Mejor, sólo mira hacia abajo.

Nagi era...

Con un suspiró arrastró al asiático para mirar y agradeció felizmente lo oportuna que era su hermana menor.

De pie junto a una pancarta gigante, la italiana sonreía con altanería y los brazos cruzados.

Shoichi parecía querer morirse mientras un muy entusiasta Byakuran le besaba.

Y no era para menos teniendo en cuenta lo que allí decía.

SOLTEROS Y SIN COMPROMISO. QUIERO HELADO GRATIS, PERRAS.

Lo que significaba, según el diccionario de la Nagi bonita, que el compromiso había sido roto.

—¿¡En serio?!

Hibari leyó la pancarta ante la ilusión de Mukuro, y no entendió el mensaje.

Claro que el azabache no conocía a la italiana.

—¿Qué demonios es eso? ¿La vas a invitar a un helado?

—¡A todos los que quiera!

Y Kyoya frunció el ceño.

—No estás ganando puntos para que te perdone.

—¡No estoy comprometido!

La alondra entendía cada vez menos.

—¿Ah, no?

Y negó completamente feliz.

—¡No sé qué mierda ha hecho esa! —y señaló con desdén a su hermana, quien era abrazada por el albino—. ¡Pero le tengo un altar! Sabía que ser la hija favorita me serviría algún día.

Kyōya seguía sin entender, pero a juzgar por el golpe que se llevó el malvavisco de parte de un rubio al abrazar a la chica no le dio demasiada importancia.

—Vale, entonces... —dudó—. ¿De verdad estás libre ahora?

Mukuro dejó de lado su emoción y negó lentamente.

—Nop, tengo un ave muy salvaje ahora. No tengo tiempo para estar libre.

—Hmm, espero que ahora no me engañes con mi propia mascota.

—Tranquilo, eres la única alondra a la que quiero —sonrió pícaro.

—Eso espero, o te dejaré sin descendientes para toda tu vida.

—No podrías vivir sin mí y lo sabes.

—Tú sí que no podrías vivir sin mi bella presencia, piña.

—Te tienes en mucha estima, eh.

—Demasiada. Soy mucho para ti.

—Ajá —rió.

Después decían que pasar tiempo con Giotto no dejaba secuelas.

Mukuro negó aún pegado a él y miró nuevamente hacia su grupo... Su familia.

Una cabellera verdosa llamó su atención y sus ojos se cruzaron con la inexpresiva mirada de Fran.

Una extraña emoción invadió su corazón y sonrió ligeramente.

Hibari se recargó en él y le miró curioso.

—¿Qué te sucede?

—Acabo de ver a mi hermano...

—¿Y te pones así por tu hermano? Inventa algo mejor, piña.

—¿Así cómo?

—Así como me ves a mí.

—¿Y cómo se supone que te veo?

—Como la belleza que soy, obviamente.

—Mucho con tu cuñado.

—Calla.

Hibari le codeó con una mueca y Mukuro sólo río entre dientes antes de besarle el cuello.

—Eres lo más hermoso que he visto después de mi reflejo —aceptó complacido con el estremecimiento del chico—. Pero sin dudas, adoro demasiado a mi hermano menor, Ave-kun.

—¿Debería preocuparme?

—¿De que asesine a su novio si le hace daño o le deja morir? —se encogió de hombros—. Posiblemente s... ¡Aléjate de mi Fran, maldito Belphegor!

Y así, Kyōya le miró atónito mientras corría hacia la puerta para ir a interrumpir al rubio aquel que abrazaba y besaba al pequeño francés de trece años.

Hibari rió entre dientes, divertido, quizá su piña era un poco protector.

Un poco demasiado.

El muchacho con gorro de manzana fue apartado de su novio por su hermano mayor.

—¿¡Pero qué haces?! —gritó Bel al ver que los separaba.

—No toques a mi hermano.

El rubio se fijó que había gritado al sobreprotector Mukuro...

—Lo siento...

Y poco sirvió.

Hibari observó divertido desde donde estaba el sermón que se llevaba el chico, parecía ser que el tal Bel le tenía un poquito de respeto a la piña... Eso o era su boleto para estar siempre con Fran.

Sonrió enternecido cuando escuchó la puerta abrirse, escuchó un suspiro a su lado y miró a la chica.

—¿Vas en serio con mi hermano? —la miró confuso y señaló a Mukuro—. Ese idiota. ¿Vas en serio con él?

—S-sí... supongo —arqueó una ceja.

—Más te vale, o yo misma te castro.

Sacó una navaja multiusos de los bolsillos de su falda, y el azabache arqueó las cejas.

—Tranquila.

—Mi hermano es lo más preciado para mí, así que más te vale no hacerle daño.

—Sois una... familia como muy unida, ¿no?

—Puede ser. Pero que no se te olvide que yo fui la que hizo posible que esos dos no se casaran. Me debes la vida.

Hibari sonrió divertido.

—Gracias.

Nagi se encogió de hombros guardando el arma y miró hacia sus hermanos con una sonrisa.

—No hay de qué, jamás había visto a nii-sama tan feliz.

El azabache le imitó y rió al ver al rubio aquel suplicar piedad mientras el peliverde se intentaba alejar de la piña.

—Es feliz haciendo a otros sufrir.

—Vaya, ya lo conoces tanto como yo —rió la italiana.

—Tengo que convivir con él.

—Ya, ya, excusas.

Kyoya miraba divertido la expresión del rubio y la molestia de su novio...

¿Novio?

Quedó pensativo. Él era alguien liberal... Nunca se planteó tener novio.

¿Estaba eso bien?

Bueno... Mukuro era guapo (dolía admitirlo), estaba totalmente dispuesto a cumplir sus feti... Eso.

Se divertían a costa del melón y el atún, era inteligente, daba pelea y estaba claro que venía de una familia adinerada.

En lo personal, el dinero y todo lo demás no era objeto de interés para él. Pero para su familia sí que lo sería, lo que le ahorraría explicaciones y problemas...

Sus miradas se encontraron entonces y lo supo.

La sonrisa altanera que el italiano le dedicó antes de soltar a Fran le dejó en claro lo mal que estaba el que se enamorase de él y eso confirmó que lo estaba.

Hibari era contradictorio.

Las risas de Nagi le distrajeron y desvió la mirada para centrarse en ella.

Sus ojos violeta brillaban mirando de él a Mukuro.

—Ustedes dos se parecen tanto —fueron sus palabras mientras se alejaba para volver abajo—. Honestamente, chicos, puedo ver los engranajes de sus cerebros girar.

Kyoya arqueó una ceja.

—La piña es rara, pero te llevas el premio.

—Hmm, grazie —guiñó un ojo.

El azabache solo suspiró. Suponía que, si eran novios (en el remoto caso de que lo fueran), debía llevarse bien con su... ¿cuñada?

Lo que sea.

—No quiero renunciar a ese herbívoro... por el momento. Así que puedes estar tranquila.

—Ya lo sabía, sólo quería asegurarme —rió.

Y antes de que ella saliera, un remolino rubio apareció abrazándola posesivamente y mirando mal a la alondra.

Detrás de él apareció un tranquilo Mukuro, quien sólo le palmeó la cabeza como quien acaricia a su mascota favorita.

—Bien hecho, Ken, pero esa ave que ves allí es mía —declaró acercándose a Hibari—. No tienes que preocuparte por verles juntos.

El tal "Ken" farfulló un "no me fío" mientras el rostro de la chica estallaba en carmín.
Hasta allí llegó su fachada de malota.

—K-Ken, suéltame...

—Este sujeto es peligroso —gruñó el rubio.

El azabache rió al ver a la muchacha sonrojada como un tomate.

Vista así, se veía más inofensiva que otra cosa.

—Eh, ave-kun —llamó—. En quién te tienes que fijar es en mí, no en mi hermana.

La chica se ruborizó más.

—¿Celoso, piña?

—Claramente —se plantó ante él con los brazos en jarra—. ¿Te parece poco? Si hace menos de media hora estabas terminando conmigo.

—No lo estaba haciendo —bufó—. Sólo me negaba a jugar como el otro.

El italiano le miró con un puchero y le abrazó besándole el cuello y mordiéndole ligeramente.

—Jamás serías el otro, Ave-kun.

—No habría quien más te soportase, piña —rió ligeramente.

Nagi se tapó los ojos con las manos, avergonzada, y Ken se la llevó a otra parte.

—Hmmm, parece que nos hemos quedado solos, alondra-kun...

—¿Quién te dice que no aparecerá el atún ese de un momento a otro?

—Llámalo... sexto sentido.

Y empezó a tocar la piel bajo su camisa.

Hibari sólo rió completamente relajado rodeando su cuello con los brazos.

—Ya te digo, si no es el atún abajo hay muchos dispuestos.

—Nah, son listos —insistió arrastrándole hacia un lugar más privado—. No se meterán aquí.

—Les amenazaste, ¿no?

Ante la traviesa mordida en su clavícula sólo sonrió, negando con resignación.

—Honestamente, Mukuro...

—Es la primera vez que me llamas por mi nombre —apuntó, desbotonando la camisa del azabache—. No sabes lo feliz que me has hecho.

—Mucha cursilería, ¿no crees? —rió.

—Hmm, tú me haces ser así —Mukuro le despojó de su camisa.

—¿No crees que tienes como demasiada ropa? ¿Por qué soy aquí el único sin camisa?

Mukuro sonrió divertido y le miró con fingida ironía.

—Porque soy el único que siempre desviste en esta relación —pensó un poco y se sonrojó—. Y tú eres el único fetichista.

—Eso no lo decías anoche —rió desabotonado la camisa de la fruta—. Por cierto, sobre lo que dijiste antes, estoy seguro de haber usado tu nombre antes.

—¿Sí? ¿Cuándo?

—La verdad, no me acuerdo. Pero estoy seguro que lo hice.

—Hmm, ahora mismo me importa más que lo repitas muchas veces...

—¿Cómo pretendes conseguir eso?

—Hmm, fácil...

Mordió suavemente uno de sus pezones, y Kyoya suspiró sorprendido.

—O-oye...

Mukuro sonrió mientras movía sus manos hacia abajo, acariciándole el torso hasta llegar a ese punto.

Un gemido escapó de los labios de Hibari, quien abrió de un tirón la camisa del italiano sin importarle el romper los botones de la misma.

—Oya, oya, Ave-kun —sonrió divertido—. Estás un poco ansioso, ¿no?

—Sí, así que deja de jugar y bésame.

Sonaba a algo que usaría para burlarse en el futuro, pero Mukuro no replicó y le obedeció más que complacido mientras le acariciaba por encima del pantalón.

—A ver si aprendes a escuchar —le dijo el azabache, molesto, abalanzándose sobre sus labios.

Mukuro le correspondió con el mismo fervor, y Kyoya le rodeó la cadera con las piernas. El italiano no perdió tiempo, arrinconándole contra una de las paredes.

Empezó a bajar la cremallera de su pantalón...

Fue entonces que una traviesa mano se arrastró por su pecho hasta sus partes nobles y con una agilidad, de la que dudaría más tarde, desabotonó el pantalón y se metió sin pudor alguno bajo su ropa interior.

Su gemido fue ahogado por el ansioso beso de la alondra, a quien no tardó en sentir sonriendo.

Sin intenciones de quedarse atrás se deshizo de las molestias y bajó los pantalones del chico, dándose más tiempo del necesario para acariciar su espalda baja antes de volver su atención al frente.

Fue entonces que cortaron el beso y jadearon (en busca de aire y debido a las caricias proporcionadas), una mirada de absoluta diversión adornó el rostro del azabache.

—¿Acabas de nalguearme?

Mukuro se hizo el desentendido.

—Sólo te rocé.

—Oh, Dios —rió sin creérselo—. Acabas de darme una nalgada. No me lo puedo cre...

Mukuro le besó y repitió el acto.

—Niégalo esta vez —dijo Kyoya, divertido.

—Hmm, bien que te gusta.

Le besó el cuello con lentitud, como si su piel no le fuera conocida. Como si no hubiera recorrido cada centímetro y sin embargo nunca había llegado a nada más.

Malditas interrupciones...

Descendió y mordió ligeramente uno de los pezones del azabache mientras sus manos recorrían ansiosas esa espalda que había sido diseñada exclusivamente para sus dedos.

No dejaría que nadie viese aquel cuerpo que era sólo suyo.

Y, aparentemente, Hibari pensaba lo mismo puesto que sus caricias sobre la virilidad de Mukuro siguieron durante un rato, deteniéndose un momento para recorrer con calma el abdomen del chico.

Eran un par de locos posesivos, pero así se querían.

El italiano ignoró el momento en que llegaron al suelo, con sus pantalones olvidados en algún lado y besándose nuevamente con la misma ansía de siempre.

Deseosos de terminar lo que Tsuna siempre interrumpía.

Es que el niño era oportuno con O mayúscula.

Demasiado oportuno.

—¿Crees que hoy será? —preguntó Kyoya, ligeramente emocionado ante la falta de intervención.

—Más vale, porque me lo cargo —respondió, y segundos después volvió a recorrer todo su cuerpo con sus labios.

—Hmm, te ayudaría.

—Créeme, después de esto me vas a estar maldiciendo un maldito mes —lamió su cuello, provocando al azabache un escalofrío—. Pero habrá valido la pena.

Kyoya no puedo replicar cuando sus labios fueron atrapados por un fogoso beso que correspondió.

Momentos después comprendió a qué se refería la piña, mordió su labio en protesta y se removió incómodo cuando sintió algo frío en un lugar que NO debería ser tocado.

Mukuro amaba a su hermana y Nagi se lo ganaba.

Después de todo, la chica era lo suficientemente buena como para pasarle a su tarugo hermano un envase pequeño de lubricante antes de irse.

Hibari anotó eso a las razones por las que la odiaría.

—¿Qué demonios es...?

—Tú no te preocupes, prometo que no...

—Ni de coña me empieces a decir que no dolerá, porque te juro que...

—Shhh... —le besó mientras insertaba más de ese lubricante que empezaba a suavizar la piel del azabache.

Kyoya no podía negarse cuando todos sus sentidos le pedían que ni de broma dejara escapar esa oportunidad.

Mukuro sonrió en el beso y acarició el trasero de su alondra con deseo, restregando bien aquel líquido...

Pero todo estaba siendo demasiado perfecto.

Tanto que... No podía durar.

La puerta de la azotea se abrió de golpe, sorprendiéndoles y haciendo que Mukuro se pegara más a Hibari para mantenerse oculto del intruso.

Voces, gritos y risas.

Daemon era...

—¡Eres un idiota!

Exacto.

Tsuna se escuchaba furioso, como si el melón hubiera hecho algo imperdonable.

Pero él era un dramático, así que quizá tiró su goma de borrar.

El castaño estaba indignado.

—¡Se supone que Cozart es el hermano de mi mejor amigo, no puedes meter...!

El muchacho no se pudo creer lo que veía.

Otra vez no, por Dios...

—¡HIEEEEEE!

Hibari ya estaba más que acostumbrado. Mukuro igual, pero seguía maldiciendo.

El italiano alcanzó una de sus prendas y cubrió lo que pudo al azabache y a sí mismo.

—¡Lárgate, maldito oportuno de mierda!

Y Tsuna, rojo como tomate, se fue echando leches, arrastrando consigo a un melóm

Daemon sólo alcanzó a reír tomando una foto (que Mukuro sabía usaría en su contra).

Ambos suspiraron resignados mientras buscaban su ropa.

El ambiente había sido arruinado por doceava vez en la semana...

Se acerca el final~... No, en realidad es este, lo que sigue es un extra que no hace ni deshace nada xd este es mi primer 6918 con Ale, lamento las cursilerías de hace unos días xd estaba y estoy algo depresiva y alv xd

Notas de Alecchi : Salut, lectores~.

Bacchi es lof.

Na, eso ya lo sabéis.

Pues que su Poco Común está súper bueno y quiero más.

Y poz... No c, espero que os vaya gustando nuestro primer 6918 official XD. Me divertí mucho escribiéndolo.

Estoy pensando publicar Poco Común xd que llevamos haciéndole propaganada un tiempo xd

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