
FINAL.
Al final de la jornada y cuando sólo costaba esperar por los resultados, Keane se sentía sólo, a pesar de estar rodeado de su grupo de campaña y que el salón estaba abarrotado, le hacía falta su esposa y su hija. Le marcó a casa de los Parker y estos le pasaron a su hija que animada le dijo que estaba en la piscina. Le dijo que James había salido desde hace mucho tiempo y que estaba con las hijas de Parker y su esposa.
Sin prestar mayor atención, le marcó al móvil de Layla, pero se iba a buzón. Luego marcó al fijo y no hubo respuesta, confiado le marcó a Kurn, ella quizás dormía. Pero tampoco este le contestó, sabía que Parker estaba por fuera de casa y decidió marcarle para que pasara por su casa.
- Deberías estar pendiente a los resultados - le dijo al contestar.
- No sé nada de Layla y Ross no me contesta. - el suspiró del otro lado le dijo que él sabía algo más. - ¿Qué sucede Parker?
- Antes que nada, quiero que te calmes, tengo todo controlado, ya la policía llegó, Layla está bien y en nada Kurn estará bajo arresto. - se levantó de la silla tan rápido que esta cayó al suelo, haciendo un ruido sordo.
- ¿De qué hablas James?
- Te llevaré a tu esposa, en unos minutos y ella misma te lo dirá, es una historia larga - negó, él no se limitaría a esperar por su esposa. Necesitaba saber que estaba bien, no esperaría por ella.
- Necesito salir -. Le dijo Wilson, su jefe de campaña y este negó, él aún no colgaba la llamada, por lo que podía escuchar la voz de protesta de Parker - No te estoy pidiendo permiso Wilson te digo que saldré, mi esposa está en peligro ¿Dirección Parker?
- No vayas solo entonces, y necesito que estés aquí para el discurso - no dijo nada solo salió del lugar.
Ya muchos habían escuchado decir lo de su esposa, por lo que, al verle pasar apresurado, solo se hicieron a un lado. Él no se sentía ganador, pese que a todo indicaba que sí. Confundido porque no entendía nada, Ross era su amigo, su único amigo sincero. Debía existir una equivocación, de ninguna manera Kurn dañaría a su mujer y menos a su hijo, Layla, Alice y Keane eran sus tesoros.
No pudo evitar recordar el pequeño cuento que su esposa le enseñó a la niña, y la similitud que este tenía con lo sucedido con ella. Al rey le quitarían su mayor tesoro, en ese momento pensaba que se refería a Alice. Parker jamás estuvo conforme con Amabel, la llegada a esa estación y presentarse, confesar todo así no más, dijo que en todos sus años jamás había sucedido algo así. Fue el quien le transmitió sus temores y por eso, no quería a Layla o a su hija sola.
- Señor Nixon ¿Dónde lo llevo? - le preguntó el chófer y le dio el nombre la clínica, iba distraído.
La preocupación de perder a su segunda esposa de la misma manera de la primera, le impedía pensar con claridad. En ese momento, estaba dispuesto a perder todo, menos a su mujer. Fue allí que lo supo, quizás no volvería a amar de la misma manera que Alice.
Alice fue y será para él un amor de juventud, bonito el de adolescencia y que creyó duraría toda la vida, desenfrenado, con altibajos, sueños y promesas. El amor hacia su actual esposa, fue un amor inesperado, más maduro, fue desconcertante, los primeros días en que se sintió atraído por ella, era muy consciente de los defectos de Layla y ella de los suyos, a pesar de eso lo amaba. Llegó a sus vidas de improvisto y aunque los unió un acto cruel hacia ella, hacia su familia, lograron superarlo juntos. En Layla hay comprensión, sinceridad, complicidad, quizás las piezas claves para hacer que esto durara, los unía la convicción y no por la necesidad de no estar solo.
- ¿Seguro quiere entrar allí? - preguntó el chofer y lo hizo salir de su letargo, varias patrullas estaban apostadas en la entrada.
- Si, espera un momento iré por mi esposa - le dijo antes salir.
Caminó con la espalda erguida, paso rápido y firme, hacia el interior de la clínica, nadie lo detuvo, ni la policía. No sabía si porque su actitud era de alguien que estaba dispuesto a pelear con quien sea para entrar, o porque lo reconocieron. No fue difícil dar con el lugar en que su esposa estaba, solo fue cuestión de seguir la hilera de policía que venían de los pasillos.
En minutos la prensa estaría a las afueras, por lo que sacar a Layla antes que esto ocurriera, era su prioridad. Dos agentes, traían esposado a Kurn y a otro hombre, al verle acercarse lo miró detenidamente. La experiencia le dijo, que las razones que tenía para hacer lo que hizo, no las entendería, tampoco calmaría su enojo, que ya era grande.
Simplemente siguió su camino y no le dirigió la palabra, pese a que los uniformados le hicieron detenerse. Eso sí se aseguraría que la pena fuera grande, que reevaluaran la condena de Joseph y Selma. Encontró a su esposa, siendo consolada por Parker, con ese atuendo horrible que el odiaba y que ella amaba.
- Lo siento, debí imaginar que esto sucedería - Parker se levantó y le dio paso.
- Nadie podría imaginarse algo así...
- Tu lo hiciste - le respondió, mientras se sentaba al lado de su esposa y la abrazaba - ¿Te encuentras bien?
- No logró hacerme daño, decia que podría dañar su mercancía - habló mencionando su abultado vientre. - imagino que después del parto sería diferente.
- ¿Cómo lo supiste? - preguntó a Parker.
- Alice me contó el cuento, recordé lo que Ewan le dijo a Dustin, si el plan fallaba había otras opciones. - el ex oficial miró sonriente a su esposa y asintió - jamás estuve conforme con que el llegara y todo acabara, que se presentara como si nada. No llegó armado y dijo que ya lo que tenía que hacer lo hizo.
- ¿Cómo saber que me casaría con Layla? Su embarazo y lo demás - James nos miró a ambos y soltó una risa leve.
- No les gustara saberlo - solo con eso ya, por lo menos Keane sentía curiosidad.
- ¡Suéltalo! - le dijo al que quería como el padrino de su hijo.
- La atracción hacia el sexo opuesto, es en la mayoría de las veces, por carencia, deseos u otras características escondidas - habló luego de unos minutos y arrojando el vaso de papel en la cesta - dicho de otra manera, tendemos a fijarnos en alguien cariñoso si nosotros tenemos, una necesidad imperiosa de cariño. Lo que te falta a ti, - dijo señalando a Keane - es lo que buscaras en otra persona, en el caso de Layla... tu eres seguro a la hora de tomar decisiones, de temperamento fuerte, todo lo contrario, a ella, es... - dijo mirándola y haciendo un mohín - débil, algo indecisa, fácil de manipular. Tu rara vez sonríes, ella lo hace muy seguido, siempre estás vestido de forma correcta, ni una arruga en tu traje, ella por el contrario... - miro su atuendo horrible luego a él y se alzó de hombros.
- No sé si es un halago o una ofensa Parker - ambos sonrieron al verla a ella mirarlos enojada. - aun así, eso no quiere decir nada.
- Desde donde yo lo veo, es fácil que ustedes dos se unieran, se complementan - dijo sin dejar de verlos a ambos - estamos hablando de un hombre que demoró 10 años planeando todo y que lo dejara todo tan sencillo siempre me creo dudas. ¿Por qué sabias que Ross era malo? Jamás lo mencionaste.
- Ni yo misma lo sé, lo recordé anoche y no quise decir nada, porque estabas hoy en elecciones - Keane la miró como si le estuvieran saliendo cuernos y ella solo se alzó de hombros - recordé a Lizzy que recibió una llamada y le llamó Ross.
- Te pregunté si recordabas algo - le dijo enojado, pero ella siguió en silencio - eso ahora no importa.
- La policía les dará salida por urgencias, le dire a tu chofer que llegue hasta allí. - Parker salió dejándolos a ambos solos y lo agradeció.
- ¿Por qué lo ocultaste? - volvió a insistirle - hay algo más que solo el nombre ¿Verdad? - ella siguió en silencio y eso solo le dijo que era muy malo. - Lay...
- No querrás escucharlo y yo tampoco estoy preparada para esto, yo... - soltó sus manos e hizo una mueca - no me obligues a decirlo Keane.
- Cariño, necesito que ... - no logró terminar pues ella lanzó un grito fuerte mientras que apretaba sus manos con fuerza - ¿Qué sucede? Si es uno de tus juegos no es gracioso - el grito que lanzó, la mirada que le dio de enojo, sin contar con que su horroroso atuendo estaba mojado en sus piernas - Oh por Dios ¡Un Doctor!
Lo que siguió fue un caos, por lo menos para Keane, olvidó la campaña y solo quiso que alguien le trajera a su hija. Por supuesto que los Parker, estuvieron allí con ella, Elton y sus hijos también, lo que estaba viviendo jamás lo vivió con Alice, por lo del accidente. Era una mezcla de alegría por lo hermoso que era ver la llegada de su hijo, pero el recordatorio que de Alice...
Desechó los malos pensamientos y se dispuso a disfrutar de la llegada de su hijo, veía el rostro de Layla, sudoroso y descompuesto. Sufrió cada que le decían puje, en ese instante era como si ambos estuvieran dando a luz. El llanto del bebé vino acompañado del suyo propio y el de Layla, cuando se lo pasaron, fue con la frase "Felicidades Gobernador ". Supo que lo más valioso estaba allí y era su familia. No pudo evitar que su corazón se hinchara de emoción, Keane Nixon II, tenía el cabello rubio como él y su mismo color de ojos. Por alguna razón eso, le hizo llorar a un más.
- Gracias - le dijo a ella entregándole a su hijo y la vio llorar aún más fuerte al recibirlo.
- Debemos alistarlos a ambos, señor, - asintió, él también tenía que hacer unas llamadas, ni loco saldría de esa clínica sin su familia.
****
Carl hace un año le habían pensionado y recibió una placa de agradecimiento, no lo sintió como un premio de consolación, y ver el rostro de sus compañeros sonreír con orgullo, mientras el recibía su mención le hizo darse cuenta de ello.
El capitán Geller, había sido trasladado a D.C. pensó que era, para estar con la psicóloga, o de huir de las críticas del pueblo. Tiempo después escuchó de su compromiso con una hija de un general y hace unos meses de su matrimonio. Se alegró por el hombre y por el nuevo puesto que ocupaba, sin dudas había apostado en grande con ese matrimonio.
De Alhana sabía de ella, cuando iba a visitarla, pues sabía que nadie la visitaba, por lo menos, una vez al mes él iba a verla. Andaba con uno de los guardias, del todo mal en esos últimos meses no le iba. De Sean, solo una vez fue a visitarlo, después de verlo, le dijo que no fuera más y en adelante no le recibió las visitas. De la cuñada de Nixon que la visitaba su ex esposo e hijos.
Esa noche él y familia, estaba apostado frente al TV, escuchando a un Keane Nixon hablar, había ganado las elecciones. Estaba frente a una clínica, donde por razones que él no tenía muy claras, alguien había llevado a su esposa. Tenía el cabello revuelto, corbata suelta y ojos llorosos, se veía más accesible, hasta humano y real, sin dudas, la presencia de Layla había cambiado su vida.
Lo vio agradecer a su grupo de campaña y nombrarlos a casi todo, a James Parker que estaba detrás de él, eso le confundió. Hasta donde sabía él no trabaja con el hombre, sus padres, esposa y al cuerpo policial de Dann City. Todos se quedaron atónicos al verle nombrar a cada uno, dejándolo de ultimo a quien le pidió perdón públicamente por su proceder.
No había necesidad de mencionarlo, en realidad, el día que su esposa decidió festejarle su cumpleaños, se dio cuenta que era un buen hombre. jamás llegó a conocer a Clive y desconocía la doble vida que su hermano llevaba. Era más que obvio, que lo defendería a capa y espada, nadie estuvo preparado para descubrir todo aquello. Lo escuchó decir que estaba dispuesto a trabajar por la comunidad y estar accesible a todo el que lo pudiera necesitar, solo pidió que lo dejaran compartir estos días con su esposa e hijos.
- Se ve diferente verdad papá - dijo una de sus hijas y el asintió - nada que ver con el pulcro que andaba aquí.
- Pero esa apariencia le dará más popularidad - murmuro el esposo de su hija mayor, sosteniendo en brazos a su pequeño hijo - ¿Crees que fue su equipo quien le dio esa recomendación suegro?
- No creo, - habló su esposa - he estado frente al tv desde hace horas y antes de cerrar elecciones hubo un extra, decían que su esposa había sido secuestrada y llevada a ese lugar. Le querían robar él niño y fue detenido el escolta, un tal Ross algo.
Ross, Carl, lo recordó de manera vaga, como el hombre que había llegado el ultimo día, compartió con ellos y le fue entregada la niña bajo custodia cuando ellos se fueron a Jules Cage. Ese día imaginó que era alguien de total confianza, pues la niña se acercó a él y este era muy cariñoso con ella, era una verdadera pena.
- Me alegro que no se diera, pobre chica - asintió a su esposa y siguió en silencio, no podía evitar pensar que estuviera su cuñada detrás de esto.
- La pasará muy mal, el culpable de todo esto - fue todo lo que atinó a decir a su familia.
En la cárcel Joseph Murphy veía la tv enojado, para su martirio él había sido traslado a la cárcel de D.C. una en donde el abogado era muy popular, por lo que tenía muchos enemigos, todos ellos los antiguos clientes de Nixon. Apretaba con fuerza las manos que estaban apoyadas en él apoya brazos, Kurn ni siquiera había logrado hacerle un rasguño a su hoy esposa Layla.
Ese Parker siempre fue una piedra en el zapato, Selma muchas veces se lo advirtió, pero no le creyó. ¿Cómo creer que un hombre fuera capaz de dañar diez años de trabajo y bien organizado? La falla estuvo en la dichosa inyección era obvio que el maldito de Ewan le había mentido y la droga no daba los resultados que decia. Supuestamente era revolucionario, en donde podrían ser capaces, de reprogramar el cerebro y bajo hipnosis y con la droga, quitar vicios o malas conductas.
- Tenemos nuevo gobernador en D.C. Lucius ¿Estas feliz? - miró al hombre que le hablaba y no lo recordó.
- ¿Eres nuevo? Si es así tengo mi propio club de Fans, al fondo a la derecha - dijo con ironía y señalando al pequeño grupo que miraba ansioso y hasta sonriente la noticia - son tan perdedores que se alegran que el hombre que no logro sacarlos de acá ganara las elecciones.
El hombre negó sonriente, mientras tenía la vista fija en él, se sentó a su lado sin perderle de vista. Acercó la silla a la suya y Joseph pudo sentir el punzón en su costado izquierdo mientras le echaba la otra mano en los hombros.
- Lo que pasa Lucius, es que hay una gran diferencia entre, cadena perpetua y la silla eléctrica - dijo sin dejar de reír a un guardia que los miraba con sospecha.
- ¿Te envió verdad? - preguntó, si iba a morir, por lo menos quería saber a quién le debía el favor.
- No lo conozco, pedí que fuera mi abogado, pero no podía - chasqueó la lengua e hizo un guiño - es una pena, porque todos dijeron lo mismo, él me hubiera sacado... pero, estoy ante ti por Vicky ¿Lo recuerdas? "Te estoy vigilando". Sus padres te envían sus saludos, ellos no te olvidan, estoy aquí por bajarme a tu primo, - soltó las manos de la silla al sentir el frio del metal entrar en su costado.
- De quien menos creí - murmuró y lo escuchó reír, mientras sentía la siguiente en su pecho.
Layla
Cinco meses después...
Despertó con el llanto por del niño y se bajó de la cama de manera apresurada, una mirada a la cama le dijo que su esposo no estaba. Lo encontró al pie de la cuna, intentando calmar a Keane Jr. quien había sacado el carácter malhumorado de su padre.
- Pensé que podía calmarlo - dijo mirándola apenado - pero creo que tiene hambre.
- Llegaste hace tan solo una hora Keane, debes descansar- le reprendió, pero negó mientras le entregaba al niño y le ayudaba a sentarse en la cama.
- No me siento cansado no cuando se trata de ustedes. Descansaré dos semanas ¿Quieres hacer algo diferente? - dijo con voz anhelante - después no habrá tiempo.
- A donde tu decidas está bien para mí...
- Pero yo quiero ir, donde desees ir tu cariño - si bien el tono de voz fue calmado y sonriente, supo que no daba lugar a negar - me gustaría que tomaras tus decisiones.
- Me vine a trabajar contigo, me emborraché y me lancé a tus brazos - dijo sin dejar de reír al recordar ese día - esa creo fueron buenas decisiones... siempre quise conocer, Orlando, pero papá nunca tuvo dinero.
- Alice le gustará, pero hablaba fuera el país, allí seremos solo turistas, preciosa - mordió su labio inferior de manera nerviosa y negó, desconocía algún lugar específico, entonces una idea vino a su mente.
- Asher habla excelente de Viena y dado que es la tierra de mi padre... - Keane le mostró su mejor sonrisa y ella lo miró unos instantes.
Jamás le había contado al detalle de lo dicho por su hermano, iba a ayuda psicológica, porque quería ser una buena madre y no quería que esos recuerdos pudieran a futuro dañar a sus hijos. Escribía sus sentimientos en un pequeño diario, sobre lo que sentía al recordar esos momentos o los maltratos de su padre. Mismo que según la psicóloga le dijo, ella sabría cuando quemarlo, vieron a Alice llegar hacia ellos con su cabello revuelto y frotando sus ojos.
- ¿Te despertamos princesa? - murmuró su padre y asintió, fue allí donde supo que era él momento perfecto para hacerlo. - Bien hacia allí será - respondió y observaron a su hijo.
- ¿Podrían acompañarme a hacer algo? - ambos asintieron.
Se levantó de la cama con un Keane demasiado despierto como para dormirse y buscó dentro de los cajones del niño. Sacó de allí el pequeño libro, que su esposo miró con una ceja alzada, él le había visto muchas veces escribir y sabía lo que escribía allí. También sabía que una vez lo quemara no volverían a hablar de lo ocurrido. Alice se le dijo que su tío se había ido al cielo. Hablaron con sus profesoras y se les pidió que tuvieran cuidado con los demás niños, pero hasta el momento, Alice no tenía problemas.
Bajaron las escaleras en silencio, su esposo llevaba de sus brazos a la niña que, adormecida, no llegaría a entender lo que ese día vería. Una vez en suelo firme, fue Keane quien caminó a la chimenea y avivo de nuevo el fuego.
- ¿Quieres hacer los honores? - le preguntó a su esposo y la observó en silencio.
- ¿Segura? - le preguntó y asintió - pensé que era importante que fuera tú.
- ¿Qué es? - murmuro una Alice que recién empezaba a despertarse, mientras Jr. Recordaba que amaba a su padre y se lanzó a sus brazos.
- Son nuestros fantasmas debajo de la cama cariño - le dijo y ella miró el diario con miedo - ya no podrán dañarnos, si lo quemamos.
Esa madrugada y mientras solo se escuchaba el crepitar de la madera, la familia Nixon Blake, porque Layla pudo perdonar a su padre y acepto su apellido (solo eso, su apellido). Quemaban hoja tras hoja el recuerdo de los 22 días vividos por su madre y esposa ese día. Un infierno que solo ella vivió, que no estaba dispuesta a que dañara a nadie más y que había logrado disminuir el poder que esos recuerdos tenían en ella.
Su esposo veía su rostro iluminarse cada que veía a su hija reír, no necesitaba conocer los detalles de su parte, el fiscal que llevaba el caso de Ross se lo dijo. Por dinero, no tuvo otro motivo, su mejor amigo lo había vendido, sabía sus motivos le serían absurdas, jamás de ese calibre.
También supo que Ross tenía en su poder, los móviles que hacían falta y él pudo leer el contenido, no pudo enamorarse más de su esposa y saber por todo lo que paso y que aun así lograba sonreír.
- Los amo - dijo acercándose a ella y trayendo consigo a su hija que lanzaba el pequeño libro con la última hoja,
- Yo a también les amo - les respondió mirando a su esposo.
-¿Ya no habrá demonios en la casa? - preguntó la niña y ambos dijeron.
- Ya no - se quedaron allí, viendo como el fuego consumía el libro, al final de todo Layla lanzó un suspiro fuerte. A partir de ese día, todo lo malo que había ocurrido moría y viviría solo para su familia.
Los pequeños sonreían al ver las chispas que las hojas lanzaban al ser consumidas por el fuego y era como si con cada risa de ellos, Layla fuera borrando uno a uno los malos recuerdos. Veintidós días de horror, descritos en la misma cantidad de hojas. A partir de hoy sería una mujer nueva, tenía todo lo necesario para ser feliz, sintió el brazo de su esposo en sus hombros y acercarla a ella. Jamás pensó que de un acto tan atroz y de tanto infierno, pudiera rescatar a estos tres adorables personajes.
- Ya no - volvió a repetir al ver el último vestigio de libro quemarse y su esposo la miró sonriente.
Fin
Muy agradecida, espero de todo corazón que esta historia les guste, sobra decir que esta sin editar y que luego que termine, La novia cautiva, me daré un tiempo para corregir horrores.
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