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Capítulo 29 (Pt. 1)

WATCH OVER YOU/HUMANO

I. Libertad

Aquella mirada tan penetrante seguía sobre él. Esos ojos verdes lo observaban con pena y lo torturaban.

Desvió su mirada, tratando de perder de vista aquellos ojos, más lo que siguió fue igual de terrible: el cuerpo de ella se encontraba destrozado, ensangrentado. No pudo evitar el retroceder unos pasos por el asombro, se llevó una mano al cabello para acomodarlo, un hábito que había adquirido con el tiempo, mas algo húmedo lo hizo detenerse. Bajó su mano y observó como esta se encontraba llena de sangre. Observó su otra mano y se encontró con una cuchilla larga y brillante, chorreando de sangre. Soltó el arma, sintiéndose aterrado. Él no podría, era imposible que él lo hubiera hecho, mas su mente le lanzaba cada imagen donde indicaba lo contrario. Él la había masacrado, él era el único culpable... Él era un monstruo.

El rostro de la mujer mostraba una mueca desagradable que no hacía más que provocarle aquel temblor que tanto odiaba. Se lo merecía, ¿cierto? Ella mismo se lo había buscado, ¿no es así? La figura de la mujer poco a poco se fue transformando, dejando atrás sus verdes ojos para volverse en unos de color chocolate, su rubia y ondulada cabellera se transformó en una castaña y lacia. El terror lo inundó cuando se percató de que realmente no era Amora la mujer atada en aquella pared, sino más bien que se trataba de Sophia, la mujer que había masacrado y torturado hasta dejarla en aquel estado, para luego extirparle la creatura que apenas se formaba en su vientre, la cual había devorado minutos antes.

Cayó de rodillas y, mirando al cielo rojizo sobre de él, soltó un potente grito de dolor. Había matado a la mujer que más amaba. ¿Qué otra prueba quería para darse cuenta de que realmente él era un monstruo?

Loki...

Aquella potente voz, junto a los pequeños golpes en el cristal lo despertaron de aquella pesadilla que lo había estado torturando por toda la noche.

Se alzó sobresaltado y fijó rápidamente su vista hacia su costado, en donde se encontró con el otro dios, el cual le sonreía de manera ridícula. Se restregó la cara con la mano, en un intento por espabilarse, y aprovechó para maldecir entre dientes. Había dormido, de nuevo se había quedado dormido. Después de haberlo estado postergando durante varios meses, al fin había cedido ante el cansancio, perdiendo todo aquel esfuerzo que había hecho para no hacerlo.

Había estado evitando el dormir para no encontrarse con aquellas imágenes tan aterradoras que su mente se empecinaba en mostrarle. No podía culpar a su guardián, puesto que él no se dedicaba a sus sueños, más si podía hacerlos a sus miedos, lo cual no lo dejaban vivir en paz dentro de aquella prisión a la que ahora llamaba hogar.

Aquellas imágenes se le habían estado presentando desde la noche aquella, después de la batalla con la hechicera, en la que intentó dormir, pues el cansancio era demasiado, mas no logró descansar, puesto que las pesadillas se habían enfocado en torturarlo. Y lo mismo había sido cada vez que intentaba dormir; y ya estaba harto de todo aquello.

Se estiró, intentado aparentar normalidad, mientras soltaba un bostezo falso. Analizó todo a su alrededor. Su almohada estaba húmeda, al igual que sus ropas y su cabello, se encontraban empapados en sudor, algo más que agradecerle a la maldita pesadilla. Se giró para dejar de ver a Thor, luego, arrugando el ceño, se tronó el cuello en un intento por liberar tensión de su cuerpo.

— ¿A que debo la visita de mi querido príncipe a mis aposentos? — preguntó mientras bajaba los pies de su cama y fijaba sus ojos al suelo. No tenía el humor suficiente para tratar con Thor, ni mucho menos de querer verlo.

— Loki — comenzó el rubio con un tono de voz un tanto nervioso. — He venido a traerte noticias...

— ¿Acaso el padre de todo ha decidido alargar mi estancia en este lugar? — preguntó con algo de enojo, aquello ya sería el colmo. No tenía ni idea de cuánto tiempo llevaba encerrado ahí, mas podía apostar que llevaba mucho más de lo que Odín había impuesto.

— No — respondió el mayor. — He venido a informarte que tu sentencia concluye el día de hoy.

— ¿Qué? — alzó con rapidez su rostro, con los ojos totalmente abiertos observando sorprendido a su interlocutor, el cual le mostraba una jovial sonrisa.

— Lo que oyes, hermano... Eres libre — y tras decir esto se dirigió a la puerta y, usando una llave mágica, la abrió, ante los expectantes ojos del menor.

Su corazón dio un vuelco mientras su mente intentaba procesar lo que acababa de ocurrir. En verdad era libre. Al fin era libre.

— Es hora de que vuelvas a Midgard.

Se puso de pie, con algo de torpeza, y comenzó a caminar a pasos agigantados, pero lentos. El otro dios lo esperaba en la salida, con una enorme sonrisa. Y una vez fuera de su prisión, su mente se enfocó en lo único que había ansiado en esos momentos: regresar con Sophia.

Más aun había algo que lo seguía torturando y tenía que saberlo de inmediato.

— ¿Cuánto tiempo ha pasado en la tierra? — su voz sonó seria y con un ligero desliz de preocupación.

II. La equivocación del encuentro.

— No puedo decirte nada de ella.

Aquella frase se repetía una y otra vez en su cabeza, y había comenzado a fastidiarlo.

Durante su encierro, el único con el que tenía contacto, y muy a largo plazo, era con el dios del trueno, el cual iba y venía siempre de la tierra, trayéndole noticias de todo lo que pasaba. Nunca le prestaba la verdadera atención a sus relatados las pocas veces que lo visitó, más cuando el rubio mencionaba a la mortal, siempre terminaba por escuchar todo lo que tenía que decirle, aunque esto fuera solo un poco. No entendía por qué la mujer le había pedido al inepto de Thor que no le revelara cosas sobre de ella. Claro que le decía que si había un ataque a la tierra ella siempre se encontraba a salvo, más no salía de eso. Nunca salía del "es todo lo que ella me permitió decirte, hermano". Había momentos en los que quería estrangularlo por obedecer al pie de la letra cada ridiculez que a la mujer se le ocurría. Ni siquiera había querido informarle el tiempo que había pasado en la tierra, haciéndolo creer que había sido el suficiente para no volver a ver a la mujer.

Mas ahora todo iba a ser diferente. Ahora se encontraba en Midgard, y ahora podría saber él mismo de todo lo que había pasado con su mujer.

Una vez que Thor lo había liberado de su prisión, el moreno fue escoltado hacia el salón del trono, en donde Odín lo esperaba. El mayor de los dioses le informó el término de su condena, mas luego le indicó que no podía permanecer en Asgard, puesto que en aquel lugar ya no era bienvenido, por lo que fue confinado a vivir en Midgard hasta el fin de sus días.

— De todos modos, no tenía pensado regresar — había respondido a dicha sentencia del rey, haciendo que este solo frunciera el ceño por el enfado.

Tras aquella audiencia, Thor se encargó de llevarlo hasta el puente, en donde Heimdall los esperaba, listo para llevarlos a Midgard. Materializó su preciada lanza —la cual había robado a Odín tiempo atrás, durante la pelea con la hechicera— y atravesó el portal junto al rubio, el cual les condujo hasta su destino.

Y ahora se encontraban ahí, en aquel punto de Nuevo México, en donde Thor había aterrizado por primera vez. El aire le parecía fresco y agradable. El menor giró su rostro hacia el hombre a su lado y, con un ligero gesto, avanzó unos pasos.

— No pienso ir a donde tú, así que creo que esta será nuestra despedía — soltó un tanto solemne mientras su semblante era serio.

— Ella no sabe de tu llegada... Esto podría ser un lindo momento... — le aconsejó el mayor mientras le sonreía con diversión, ignorando por completo su solemnidad. — Nos vemos luego, hermano.

Loki sonrió divertido, para luego posar su vista al cielo. Buscó la presencia de la mujer y, tras haberla localizado, viajó hasta donde estaba ella.

Apareció en una habitación oscura, la cual le sonaba familiar. Posó sus ojos sobre las personas que estaban reunidas en aquel lugar y se llevó una enorme sorpresa al darse cuenta de donde estaba.

— ¿Loki? — escuchó decir a una voz de mujer, que para nada le sonó al característico timbre de voz de Sophia. — ¡Haz regresado!

Había aparecido en una sala de operaciones, en donde en eso momentos se encontraba ocupada por un grupo de doctores, los cuales, al escuchar su nombre, posaron su vista en torno a él, sorprendidos y un tanto molestos.

La mujer se retiró la máscara de su rostro y descubrió que quien se encontraba en aquel lugar era Sage, la mejor amiga de Sophia.

— ¿Qué haces aquí? — le preguntó la mujer.

— ¿Dónde está Sophia? — indagó el en tono serio.

— Pues aquí no está, eso te lo puedo asegurar — dijo mientras se acercaba a él a paso ligero. — Te puedo apostar de que si la buscas en su casa, es más probable que la encuentres.

El moreno arrugó el ceño. Se había equivocado, algo muy raro en él, mas no le quiso tomar tanta importancia. Volvió a buscar la esencia de la mujer y, tras haber encontrado el hilillo que los unía, se transportó hacia dicho lugar.

Apareció en un prado, con pastos verdes y una gran arboleda. Frente a él se alzaba una enorme casa, con una vista hecha a puro ladrillo, adornada con una enorme cantidad de ventanas que daban una extraña imagen. El techo estaba adornado con un sinfín de tejas de color azul que hacían un excelente juego con el color del ladrillo. Alrededor de la casa, una gran hilera de árboles adornaba la vista haciendo ver el lugar tan alegre y vivo, la viva imagen de lo que representaba Sophia. La puerta hecha de madera tenía una vista sencilla, con un cristal en medio, simulando ser una flor. Como recibidor había una enorme fuente, con la imagen de un ángel que alzaba una enorme espada.

Todo el lugar le parecía realmente bello, con algunos toques hogareños, pero no le quitaba lo encantador.

Los ojos se posaron sobre la puerta. Avanzó hasta ella y, tras haberlo dudado, dio unos ligeros golpes a esta. Depuse de todo, lo que le había dicho Thor sobre lo de un lindo momento, no sonaba nada mal. Cambió su armadura y todo el cuero que portaba, por algo más semejante a la ropa de Midgard: un par de zapados negros, unos pantalones de color oscuro, una camisa de color gris, la cual se ceñía a su cuerpo, y una chaqueta de cuero que el recordaba como la que le había comprado Sophia durante el tiempo en que vivieron juntos.

La puerta se abrió tras unos minutos, dejando ver a una señora de edad avanzada, de cabellos castaños que eran adornados por muchos cabellos de color blanco, el cual llevaba recogido en un chongo sobre su cabeza. Su rostro era regordete y sus ojos de color avellana. Usaba una blusa de color pistache junto a unos jeans de mezclilla deslavados y, sobre todo a este conjunto, un blanco mandil el cual estaba manchado con lo que le pareció ser harina y restos de carne molida.

Por algún momento, la idea de que se pudiera tratar de Sophia atravesó su cabeza, haciéndolo sentir realmente incómodo. Mas la negativa por parte de su guardián le hizo soltar el aire que al parecer había contenido dentro de sí.

— ¿Se le ofrece algo? — preguntó con algo de solemnidad.

Loki dudó unos instantes en hablar, mas luego le dedicó una leve sonrisa a la mujer mayor.

— Busco a la señorita Sophia Lerman — respondió lo más sereno que pudo.

La mujer alzó una ceja mientras lo observaba de arriba abajo.

— Y, ¿usted es...?

— Soy un viejo amigo de ella — le respondió lo más cortés que pudo.

Los ojos de la mujer no se apartaban de su rostro, como si estuviera analizándolo muy detalladamente, y tras varios minutos de estar bajo aquel escáner, la mujer le sonrió con picardía.

— Por su puesto. Pase, por favor — le abrió la puerta mientras lo instaba a pasar con un ademan de la mano.

El moreno se adentró a la casa, observando con detenimiento todo a su alrededor. El lugar era realmente hermoso, era algo que no podía negar. Contaba con varios cuadros de pinturas que en verdad le parecían interesantes, había una silla de cada lado de la puerta, como también unas mesas en donde había unas lámparas que iluminaban la habitación junto a unos sillones, el suelo era de madera y se encontraba adornado con algunas alfombras que hacían juego con todo el lugar. Y en el centro, unas enormes escaleras, las cuales iban hasta encima de la puerta, en donde había un balcón que daba hacia la entrada principal.

— La señorita Lerman se encuentra haciendo unas pequeñas tareas, pero en este mismo instante iré a decirle de su llegada — le informó la mujer, mientras lo invitaba a sentarse. — Puede sentarse mientras espera.

— Gracias.

Loki siguió con la vista el rumbo que seguía la mujer mayor hasta desaparecer, mientras él comenzaba a caminar de un lado para otro, observando con detenimiento cada cosa que había en aquel lugar.

De repente, a su mente arribaron los recuerdos de una conversación que había tenido con Sophia mucho tiempo atrás. Recordaba cómo le había descrito aquel lugar con tanto esmero, deteniéndose a dar cada detalle de cada cosa, como si se tratara de un preciado tesoro.

Su andar comenzó a volverse más ansioso en la espera de la llegada de la mujer, a la par que su mente le comenzaba a asaltar preguntas para torturarlo: ¿Cuánto tiempo habrá pasado? —Era obvio que no lo suficiente, puesto que Sage aún seguía siendo joven, y por lo que sabía, ella era mucho más grande que Sophia—, ¿Cuántas cosas habrán ocurrido en su ausencia? Y, lo más importante, ¿seguiría sintiendo lo mismo por él?

El sonido de unos pasos lo sacaron de su creciente ansiedad, estos provenían del piso superior.

— Irene, ¿has visto mi pintura roja? No la encuentro por ningún lado — la inolvidable voz de aquella mujer lo deleitó, introduciéndose en lo más profundo de su ser mientras él se giraba para verla y poder apreciarla con más empeño.

Ahí estaba, vestida con unos pantalones cortos de aspecto viejo y acabado junto a una playera oscura, la acompañaba un largo mandil de color blanco, el cual estaba moteado con manchas de todos los colores. Su rostro, siempre tan dulce y perfecto, se encontraba también manchado con algunas marcas de color verde y azul; su cabello se encontraba recogido en un chongo alto, adornado con unos palillos de color azul los cuales parecían ser puestos solo para sostenerle el cabello y no para hacer juego. Más aun así, no dejaba de verse radiantemente hermosa, tal y como él la recordaba.

La mujer descendía las escaleras con mucha pereza, descalza, hasta que sus ojos se posaron sobre él. Su andar se detuvo en seco y sus ojos se abrieron grandemente. Soltó los pinceles que traía en la mano, mientras que sus ojos comenzaban a parpadear repetidas veces, como tratando de cerciorarse de que lo que veía era real.

Loki le dedicó una sonrisa e hizo un saludo ligero con la mano.

— Hey — dijo mientras intentaba serenarse, tratando de parecer lo más relajado posible, ya que su corazón no dejaba de latir a mil por hora desde que la había visto otra vez.

"Eres muy divertido" le susurró su guardián mientras unas ligeras risas flotaban por toda su mente.

El silencio invadió todo la sala, mientras ambos no dejaban de observarse detenidamente. Hasta que los pasos de Sophia, junto con su agitación rompieron con todo aquello.

— ¡Estas aquí! — exclamó mientras descendía a toda velocidad por las escalares para luego dirigirse hasta donde estaba él. — Loki.

Y al estar frente, ella se lanzó en un brinco para abrazarlo fuertemente, rodeándolo con sus pies y sus brazos. Loki casi perdía el equilibrio ante aquello, pero no pudo más que estrecharla entre sus brazos. Al parecer ella también lo extrañaba tanto como él a ella.

— Estas aquí... es real — le susurrada entre sollozos mientras no dejaba de acariciar su negra y larga cabellera, la cual no había sido tocada, ni siquiera por Thor, en todo ese tiempo. — Al fin... después de tanto...

El rostro de la mujer se había hundido en su cuello mientras él no dejaba de estrujarla con fuerza contra si, a la par que acariciaba su espalda y besaba su cabeza con ternura.

Estaba bien, ella estaba viva y sana. Completa, sin ningún rasguño visible ni nada. Ella era real, todo en ella estaba bien. La mujer levantó el rostro, saliendo de su cuello, posando sus ojos sobre los de él, dedicándole una enternecedora sonrisa, esas de las que solo ella podía brindarle y hacia que todo su mundo se volviera funcional, correcto. La detalló con sus propios ojos, guardando ese momento muy dentro de su mente, para después dedicarle una enorme sonrisa y plantarle un beso en los labios, tan profundo y tan necesitado.

El agradable sabor de ella lo deleitó como hace mucho tiempo lo hacía. Y no le importó nada más que ese momento, ni siquiera el hecho de que la mujer mayor los estuviera observando desde donde antes había desaparecido, con una sonrisa divertida.

III. El arte de condicionar.

— ¿Por qué no puedo ver a mi hijo? — preguntó entre confuso y molesto mientras veía fijamente a la mujer.

Sophia le regresaba la mirada de manera desafiante, sin ceder en ningún momento.

Siete años habían pasado tras todo lo ocurrido en Asgard y la mujer había cambiado en muchos aspectos. Podía apreciar cómo se mostraba más madura ante ciertas cosas, pero en otros seguía conservando su inocente encanto. Tenía treinta y dos años, el tiempo se le había escapado de las manos de manera cruel. Sabía que todo esos años ya no los recuperaría, como también sabía que lo que le quedaba a ella se le iría en un pestañear de él.

Tras haberle mostrado toda la casa de manera tan atenta, le había llamado la atención que durante todo su recorrido solo se hubiera topado con la servidumbre, no había ningún rastro de ningún niño, ni siquiera juguetes ni nada. Y a la primera oportunidad, sacó al aire el tema, más la castaña había cambiado por completo su alegre semblante por uno más serio, mostrándose a la defensiva, negándose a mostrarle a su hijo.

El ambiente se había tornado tenso, mas nadie parecía inmutarse por aquello.

— Hay algunas cosas que deberías de saber antes... — comenzó mientras ponía recta la espalda, haciéndose ver más alta.

Lo invitó a sentarse con una mano, mas este se negó mientras se cruzaba de brazos. Ella inhaló fuerte, apretando los puños, para luego ir a sentarse cruzándose de pierna, a pesar de su aspecto poco formal, podía denotar mucha elegancia en su porte.

— ¿Qué debo saber? — insistió molesto.

— No sabe que tú eres su padre. Nunca le dije que existías.

— ¿Qué? — soltó sorprendido mientras se acercaba a ella y alzaba la voz. — ¿Por qué demonios no lo hiciste? ¿Acaso estas estás loca?

— Lo hice por su bien — respondió, tratando de mostrarse serena. — Y no, no estoy loca.

Aquello solo molestó más al dios.

— Pues no parece... ¿Cómo te atreviste a excluirme de la vida de MI hijo? — gritó mientras se señalaba con fuerza. — Y si piensas sacar el que yo te abandoné durante tu embarazo, tú más que nadie sabes por qué lo hice... — comenzó a dar círculos sobre el mismo lugar, como si fuera un león hambriento y enjaulado.

— Lo sé — pestañeó sin perder su seriedad.

El enojo del dios siguió en aumento. ¿Cómo era posible aquello? Se suponía que el hombre había hecho todo aquello por su hijo. Se había reformado, había aceptado todo lo que venía porque necesitaba tiempo para él, para pensar en todo, tiempo en el que se dedicó el aceptar su nueva paternidad. Tal y como había dicho Uróboros, era hijo de Sophia también, la cosa debía de haber salido hermosa, fuera lo que fuera.

Cabía la posibilidad de que la criatura hubiera sido un monstruo no humano y que la mujer lo había negado por vergüenza. O que si hubiera sido humano pero... Pero este no era su hijo.

Sin siquiera haberlo previsto, el mismo comenzó a sacar conclusiones, haciendo que su ira fuera creciendo.

— Oh, más bien lo hiciste por que no querías que supiera lo que realmente era su padre... Un monstruo... o tal vez ni siquiera soy su padre... Todo podría pasar — soltó con algo de veneno. — Te puedo apostar que incluso a tu primer bastardo le hubieras dicho de su padre aunque este te hubiera hecho aquello...

Ella se puso de pie exaltada.

— No tienes ningún derecho de hablar así de Meredith... — dijo con voz fuerte, su mirada había cambiado completamente, su seriedad había sido sustituida por un fuerte enojo. — Ella no tenía la culpa de nada de esto... Y ¿Cómo te atreves a siquiera a dudar de que tu niño, porque es varón, no es tuyo?

— ¡Es que no entiendo el porqué de haberle ocultado algo así al niño! — exclamó mientras alzaba las manos al aire.

— ¡Porque no sabía si ibas a volver! — reveló con exasperación al final.

La respiración de Loki se contuvo, procesando todo lo que había escuchado.

— ¿Dudabas de mí? — cuestionó, tras haber pasado un largo silencio, el cual utilizó para tranquilizarse.

La respiración agitada de ella se normalizó y su duro rostro comenzó a suavizarse.

— No... — negó mientras agachaba el rostro, ocultando sus ojos. — Pero tampoco estaba segura de cuando lo harías... — alzó lentamente la mirada — Y no podía hacerle ilusiones, que esperara a un padre que tal vez no volvería a tiempo...

El corazón del dios dio un vuelco. Nunca lo había visto desde ese punto de vista.

Observó con detenimiento el rostro de la mujer y se percató de que su labio temblaba, sus pupilas se movían de un lugar a otro, evitando su mirada, cristalina, a punto del llanto. La había lastimado. Como siempre, había dicho palabras hirientes sin siquiera haberlo meditado, pensando solo en él y en su beneficio.

Alzó la mano, intentando alcanzarla.

— Yo...

Ella le dedicó una débil sonrisa y sostuvo su mano antes de que esta la alcanzara. Entrelazó sus dedos y la acercó a sus labios, plantándole un ligero beso en el dorso.

— Creo entender cómo es que te sientes... pero debes de entenderme a mí... Yo no sé si Alberick sea inmortal o no, así que no podía arrastrarlo a la incertidumbre que yo he vivido durante estos siete años...

— Alberick — repitió comenzando a formar una sonrisa en sus labios. — El que tiene magia o el asesor de magia... Interesante concepto.

— Pensé que sería el más adecuado — se encogió de hombros.

Ella soltó su mano, aun evitando su mirada. Loki se acercó a ella y, sosteniéndole de la barbilla, levantó su cabeza haciendo que ella lo mirara.

— Lamento lo que dije...

Había pocas veces en las que el dios del caos se arrepintiera de algo que había dicho o hecho. Pero tras todo el tiempo en el que había convivido con ella y el tiempo que pasó en su encierro le hizo comprender que la única cosa que gana con tanto rencor y con tanto enojo era el autodestruirse desde adentro, consumiendo a todo el que lo rodeaba, incluyendo a Sophia. Claro que le había sido difícil el perdonar muchas cosas, como también el dejar de lado tanto odio, pero con algo debía de empezar.

Sophia negó con la cabeza, liberándose de su agarre. El moreno la vio detenidamente y se acercó hasta ella para besarle la frente de manera tierna y protectora, para luego plantarle otro beso en los labios.

— ¿Aun te interesa verlo? — preguntó ella entre susurros, aun cerca de sus labios. A Loki le causaba gracia como ella se lograba mantener de puntitas para lograr alcanzarlo, manteniendo el equilibrio de manera asombrosa. Debía felicitarla, mas solo lograba reír internamente por ello.

Él sonrió.

— ¿Y me presentaras como tu amante o como el señor del cable? — ella lo reprendió con la mirada, Loki solo se limitó a soltar unas ligeras sonrisas para luego suspirar. — Si me lo permites...

— Con una condición — indicó ella con una ligera seriedad.

— ¿Cuál? — preguntó el dios con curiosidad, mientras pegaba su frente con la de ella, encorvando la espalda, puesto que la mortal había vuelto a su altura.

— Que tú seas el que le diga quién eres en verdad...

— ¿Es todo?

La castaña asintió, rodeando su cintura con sus brazos, atrayéndolo más hacia ella.

— Estas en todo tu derecho de presentarte como el nuevo jardinero, como el destripador de Nueva York, como un escritor o un soldado de la guerra... Lo dejo a tu consideración... Es lo más acertado de mi parte...

— Hubiera sido más fácil si lo hubieras dicho desde el principio — puntualizó mientras la rodeaba con sus brazos y separaba sus frentes.

Observó con detenimiento los ojos de la mujer, siempre tan brillantes, tan hermosos y tan ella, denotando su pureza y su humanidad. Podía pasar horas enteras observándolos, pero eso era algo que él nunca aceptaría. Nunca lo haría.

— No me dejaste hacerlo... — afirmó como si fuera lo más obvio del mundo. Luego añadió: — Tú nunca me dejas decir nada...

En esos momentos, el dios comprendió lo importante de la comunicación en la vida humana, sobre todo en los problemas en el control de la ira y en la de los malos entendidos. De ahora en adelante lo tendría muy presente.

IV. Lazos de sangre

Sus ojos no podían dejar de ver lo que estaba frente a él.

Había dado por hecho que, como se trataba de su hijo, este sería un monstruo, tal y como lo habían sido sus otros hijos. Solo que en esta ocasión la madre era una humana y no una gigante o un estúpido y rápido caballo.

El niño frente a él rompía con todo esquema. Era una excepción a su maldición con los monstruos.

Alberick, de seis años, era un niño con el cabello oscuro como la noche, con ondulaciones, el cual le llegaba por arriba de las cejas. Su piel era de color níveo y en su rostro se podían apreciar unas rosadas mejillas junto a unos ojos color esmeralda. Sus labios eran una fina línea, sin mostrar ninguna reacción. Tenía una nariz pequeña, parecida a la de su madre. Sus grandes ojos lo observaban con curiosidad, mientras que sus manos se movían ansiosas sobre su vientre.

Sophia estaba a su lado, dándole un abrazo de costado, mientras el pequeño intentaba esconderse entre sus brazos.

Loki en verdad no podía creer cuan parecido era a él mismo, aunque debía de aceptar que tenía plasmado en su rostro la misma inocencia que reconocía en Sophie. Se acercó a Alberick y, poniéndose a su altura, le ofreció una mano, en son de confianza. El niño lo observó con miedo por unos segundos y luego dirigió sus ojos a su madre, quien le sonrió para luego asentirle.

— Hola — saludó Loki lo más relajado que pudo. El pequeño seguía sin querer acercarse y sentía que si las cosas seguían así, era posible que su paciencia pronto desapareciera.

Aquellos ojos solo lo observaron, sin dar ninguna respuesta. El moreno suspiró.

— Soy Loki — comenzó tratando de buscar las palabras adecuadas.

Tras un largo tiempo en el que se había estado preparando, desde que Sophie le había dicho la verdad sobre su hijo, habían estado buscando las palabras más adecuadas para hablar con su hijo. Había preparado un discurso, uno que lograra convencer al niño, ya que después de todo él era bueno convenciendo. Más todo le resultó ser nulo una vez que estuvo enfrente de Alberick, toda preparación y cada palabra se habían ido por el caño y él se había quedado sin nada, en blanco.

Tragó saliva con pesadez, tratando de buscar sus siguientes palabras.

— Yo... — dudó por unos momentos. — A partir de hoy, voy a vivir con ustedes. Contigo y tu mamá... Yo... espero que puedas aceptarme, ya que soy tu... — las palabras se negaban a salir, nunca había sido capaz de decir algo como eso.

El niño soltó las piernas de su madre y se acercó a Loki. Sujetó sus cabellos y acarició una de sus mejillas, mientras decía en susurros su nombre, como tratando de asimilarlo. El dios sintió como todo su cuerpo se petrificaba ante aquellas débiles caricias por parte del niño. Tras unos momentos de observarlo y jugar con su cabello, Alberick sostuvo su rostro entre sus manos para luego abrazarlo por el cuello.

— Loki — repitió esta vez con alegría, como si al fin hubiera encontrado lo que había estado buscando. Su voz era melodiosa y aguda.

Aquel gesto tomó por sorpresa al moreno, mas luego de unos momentos le correspondió al abrazo, evitando ejercer fuerza, ya que estando tan cerca de él, entre sus brazos, podía sentirlo tan frágil, que con cualquier roce podría quebrarlo. Su corazón se había acelerado, su estómago se hizo un nudo, mas no podía dejar de sentirse inmensamente feliz, pero a la vez tan miserable.

¿Cómo un ser como él, había podido crear a una criatura como lo era Alberick, un niño que irradiaba paz y alegría, aun cuando se mostraba serio y temeroso?

Aspiró su fragancia: lavanda con un toque de jabón. Hasta en eso podía sentirlo puro y limpio. Lo estrechó más entre sus brazos, evitando romper aquel perfecto momento.

— Eres parte de mi — le susurró al oído mientras hundía el rostro en su pequeño cuello. — Y yo de ti, hijo...

Papi... — lo llamó mientras lo sujetaba con más fuerza del cuello.

En ese momento su corazón dio un vuelco. Y luchó con todas su fuerzas para evitar romperse. Era la primera vez que uno de sus hijos lo llamaba así, o que si quiera lo abrazara de esa forma, ya que todos sus otros hijos siempre eran apartados de él, generando solo odio hacia él. Pero este pequeño, a pesar del poco tiempo que lo conocía, lo aceptaba y lo abrazaba como si hace mucho tiempo no lo hubiera visto, como si lo conociera de toda su vida. Era posible que lo que decían era cierto: que sangre llama a sangre.

A su espalda, podía escuchar como la llorona de su mujer comenzaba a sollozar ante tan conmovedora escena, en donde el dios no derramó ninguna lagrima, puesto que no lo ameritaba.

V. "Tú y yo nos parecemos"

Llevó una de sus manos hacia debajo de la barbilla y entrecerró los ojos esperando.

Alberick hizo lo mismo del otro lado de la mesa, observándolo con mucho esmero.

Sophia seguía pegada al teléfono, hablando sin cesar, ajena a la situación que se estaba presentando en su propia cocina.

Tras aquel emotivo encuentro, la pareja había conducido al pequeño a su habitación, puesto que ya era de noche y tenían que acostarlo para que durmiera. Después, ellos fueron a su habitación, no precisamente a dormir. Platicaron una vez que su rencuentro había acabado, poniéndose al corriente de todo lo que se había perdido durante esos años, por toda la noche.

Al día siguiente al despertar, Loki se percató que la mujer se había ido de su lado. Se levantó, se puso lo primero que encontró y se encaminó a donde recordaba que era la cocina, hubiera llegado más tarde para el desayuno, si a medio camino no se hubiera encontrado con un somnoliento Alberick, el cual lo guío hasta la cocina, en donde Sophia junto a una mujer mayor, a la cual le presentaron como Jessy, se encontraban preparando los alimentos.

Una vez que todos habían terminado de desayunar, una llamada invadió el silencio de aquel lugar, a la cual Sophie atendió de manera muy animada. Mientras que Loki y Alberick se quedaban en la mesa, uno frente al otro, observándose detenidamente. Tras unos minutos de estar aburrido y de hacer varios movimientos, Loki se dio cuenta de que el pequeño lo había estado imitando en todo lo que hacía.

El moreno hizo una mueca con la boca, a lo que el pequeño repitió de manera graciosa. Arrugó el ceño molesto.

— Sophia... — llamó a la mujer, la cual parecía inmersa en el teléfono. El niño movió la boca, llamando también a la mujer. La paciencia del dios comenzó a menguar. — Sophia, ¿Cómo detengo al niño?

— ¿Cómo detengo al niño? — arremedó con su angelical voz, haciendo que Loki arrugara más el ceño.

El mayor soltó un potente bufido, para luego lanzarle una mirada amenazadora al menor.

— Ya basta... Detente — le ordenó molesto.

— Ya basta. Detente — imitó, arrugando el ceño.

— Es enserio, mocoso, detente ahora o veras de lo que puedo ser capaz... — su paciencia se hacía cada vez nula, al contrario de su enojo, el cual parecía no dejar de incrementar.

Alberick le sonrió con malicia, para luego cruzar sus manitas y observar con seriedad al moreno mayor.

— Loki — lo llamó por su nombre, su voz era dulce y denotaba contar con algo de seriedad, algo que tomó por sorpresa al dios. — ¿Conoces los espejos?

El Jötun pestañeó con extrañeza, mientras asentía levemente.

— Somos como los espejos, ya que tú y yo nos parecemos — decía mientras señalaba su propio cabello con una mano y apuntaba al cabello del dios. — Pero lo que quiero saber es que, ¿Quién es la persona y quien el reflejo?

Aquellas palabras lo hicieron soltar una ligera sonrisa. Por más que lo quisiera evitar, aquella situación le recordó mucho a su infancia y a su faceta de preguntas tan extrañas. Recordaba como Frigga había sido presa de esas incesantes preguntas, que en ocasiones eran tan profundas que ni la misma diosa había podido responderlas. Aquello solo le confirmaba más el parecido que había entre él y el pequeño de enfrente.

— De acuerdo... si... aquí los esperamos. Adiós — la voz de Sophia sonaba animada cuando terminó su llamada y colgó el teléfono, luego dirigió sus ojos a sus dos hombres y les dedicó una enorme sonrisa. — Dentro de unos días tendremos visitas.

El dios soltó un suspiró, desvió su mirada hacia su mujer y recargó de nuevo su codo en la mesa, sosteniendo su mentón con su mano. Por el rabillo del ojo, pudo ver como Alberick repetía el mismo gesto desenfadado. No pudo evitar el sentirse un poco irritado.

— Y, ¿Quiénes serán los afortunados en llegar a este lugar? — preguntó con una enorme pereza.

— Algunos de los vengadores — le anunció con una enorme sonrisa. Loki rodó los ojos. — Tal vez venga Tony y Pepper, posiblemente junto a Hank y Janet, y Thor y su familia...

El moreno alzó una ceja, prestando más atención a la conversación.

— ¿Vendrá Torunn? — soltó con entusiasmo el pequeño mientras dejaba de lado su juego, bajándose de su asiento.

— Así es... — ante esta afirmativa, el pequeño comenzó a saltar soltando grandes vivas.

Loki se acercó a la mujer.

— ¿Acaso Thor tiene una hija? — preguntó curioso. Nunca pensó que su propio hermano le hubiera ocultado algo tan grande como eso.

La mujer asintió, para luego explicarle que la niña era dos años menor que Alberick, más aun así, tenía el temperamento de Thor. El moreno sonrió de medio lado ante la noticia, preguntándose si el padre de todo sabría de este asunto.

— ¿Hay algún problema? — indagó la mujer ante la sonrisa del dios.

— Nada... Es solo que, ya no soy el segundo en todo. Tuve un hijo antes que él...

— Hijos — aclaró la mujer. — No olvides a los otros tres.

— Tenías que recordarlos — se cruzó de brazos y rodó los ojos.

— Tenías que recordarlos — arremedó el pequeño, tras haberse situado frente a él, se cruzó de brazos y movió la cabeza en un intento por que sus ojos se movieran.

— ¿Vez lo que hace? ¡Me está arremedando! — acusó el dios mientras señalaba con molestia al niño.

Sophia sonrió y se acercó a Alberick, abrazándolo por detrás.

— ¿Cómo puedes decir eso? ¡Es un niño inocente!

Rápidamente el niño cambio su rostro por uno de tristeza, su boca haciendo un gran puchero mientras que sus ojos comenzaban a volverse cristalinos. ¡El maldito mocoso había comenzado a lloriquear!

— Mira lo que hiciste — lo regañó Sophia mientras se agachaba a su altura y comenzaba a limpiarle las lágrimas que comenzaban a salir de sus ojos. — Pobrecito, ya no llores.

— Es solo un drama — expuso Loki un tanto molesto, cruzándose de brazos.

Sophie tomó al pequeño entre sus brazos y lo cargó.

— El niño no está haciendo drama, solo estaba jugando y tú lo hiciste llorar. — besó la frente del menor y comenzó a caminar. — Ya mi niño, ya no llores.

Caminaron hacia la puerta, dejando atrás a Loki, quien observaba como se iban. Mientras Sophia lo acariciaba, el niño alzó los ojos hasta él y cambio su semblante triste por uno de completa burla, riéndose de él.

El niño ahora se burlaba del dios de las mentiras, debido a aquel drama que había montado. Loki no sabía si molestarse o alegrarse, pero aquello era una irrefutable seña de que Alberick era sangre de su sangre. Tal vez sería interesante convivir con él.

VI. Maestro.

Esa mañana había despertado de nuevo solo. No era que le molestara, pero sentía que hubiera sido mejor el poder despertar y tener a su lado a la mujer que tanto adoraba, el poder acariciar sus rizos y sus suaves mejillas mientras ella aun dormía. El verla dormir le hacía sentir en un estado de paz que nunca antes había logrado alcanzar el mismo.

Se estiró en la cama para luego incorporarse. Se vistió con sus pantalones de noche y salió de la habitación. Buscó aquel hilillo que los unía, detectando la presencia de la mujer. Se transportó hacia aquel lugar, en verdad tenía pereza el caminar, además que eso le quitaría la grandiosa oportunidad de poder sorprender a la mujer.

Apareció enfrente de la castaña, la cual había lanzado un golpe en su dirección, el cual logró esquivar en los últimos segundos.

El rostro de ella mostró una completa sorpresa mientras que el del dios era de una completa consternación.

— ¿Qué demonios fue eso? — preguntó molesto mientras se mantenía en su lugar.

— Lo... lo lamento — se apuró a decir ella mientras bajaba el puño.

La mujer llevaba puesto un atuendo blanco, a excepción de su pantalón, el cual era holgado y de color negro, semejante a una falda larga. La camisa se cruzaba por el pecho y era ceñida por una cinta blanca, la cual estaba por debajo de la cinta negra que parecía sujetar su pantalón. Iba descalza y llevaba su pelo recogido en una coleta alta.

— Casi me pegas — continuó molesto, intentando comprender aquel atuendo tan raro por parte de la mujer.

— ¡Tu apareciste de la nada! — se defendió ella. — Yo estaba simplemente entrenando cuando tú apareciste. No es solo mi culpa.

— ¿Entrenando? ¿Tu? — soltó con sarcasmo mientras ella lo fulminaba con la mirada. — Y, ¿Qué es lo que entrenas?

Sophia retrocedió unos pasos, para luego dejarse caer sobre sus rodillas, dejando todo su peso sobre sus pantorrillas. Le indicó al dios que se sentara sobre la superficie sobre la que se encontraban. El piso parecía ser hecho de un material que amortiguaba las caídas, era acolchonado, mas no blando.

Observó a la mujer, la cual tenía los ojos cerrados y parecía respirar con tranquilidad.

— Me he dado cuenta que en todas las ocasiones en las que mi vida ha estado en peligro, nunca puedo hacer nada por mí misma, por lo tanto ya sea tú, Steve, Thor, Tony o cualquiera de los vengadores terminan siempre salvándome. Y eso en verdad me ha comenzado a molestar. Quiero hacer las cosas por mi cuenta, poder defenderme y dejar que los demás se preocupen por. Por eso he decidido entrenar aikido.

Loki enarcó una ceja, evitando soltar una carcajada.

— ¿Aikido? ¿Y qué es eso?

— A resumidas cuentas, es un arte marcial japonés en donde usas la energía de tu oponente en contra suya.

— ¿Y eso sirve de algo?

— Más de lo que te imaginas — le sonrió con entusiasmo.

— Muéstrame lo que sabes hacer — la incitó el dios.

Ella se puso de pie, caminó hasta donde terminaba el piso hecho de un material extraño y se colocó viendo hacia donde estaba Loki sentado, sonriéndole. Respiró profundamente y, dejando caer su cuerpo, rodó sobre el suelo, terminando de pie, para luego seguir rodando. Una vez estuvo en el otro extremo, hizo lo mismo pero esta vez rodando hacia atrás.

Loki pareció medianamente sorprendido. Le era interesante ver como la mujer había conseguido condición para lograr aquella maniobra tan útil para la hora de las caídas o para esquivar golpes, mas eso no era suficiente para el dios. Se puso de pie, mientras la mujer dejaba sus movimientos y lo observaba con detenimiento.

— Debo suponer que etas muy entrenada en este arte marcial — señaló mientras se acomodaba el pantalón que usaba y avanzaba hasta ella.

— Tercer kyu, para ser exactos — indicó mientras se cruzaba de brazos.

— Bien — se puso en posición de combate una vez estuvo frente a ella y la miró con seriedad, — muéstrame lo que puedes hacer, mortal.

— No me tienen permitido entrenar con alguien que no lo practique — abrió sus brazos y se encogió de hombros. — Solo en situaciones que lo amerite y mi vida corra peligro.

— Simulemos una situación real, entonces — sonrió Loki, para luego lanzarse sobre de ella.

El golpe fue lanzado sin fuerza, más si con rapidez humana. La mujer desvió el golpe, ante la mirada sorprendida de Loki, para luego someterlo y colocarlo hasta por debajo de sus rodillas y tumbarlo por completo al suelo, haciendo que el dios se quejara del dolor. Cuando Loki soltó el primer alarido, Sophie lo soltó y se puso de pie con rapidez. Mientras el moreno seguía sobre el suelo, aun sin entender que es lo que había ocurrido.

— ¿Estas bien? — preguntó con un leve tono de preocupación, mientras se acercaba a él.

El dios se incorporó de golpe y se sacudió el pantalón y el pecho, ignorando por completo a la mujer.

— Cosa de suerte — zanjó con molestia mientras volvía al lugar en donde había estado al iniciar, volviendo a su posición de combate. Unas risas se escucharon, haciendo que el dios se girara y se encontrara con su hijo, el cual estaba sentado en una silla fuera del área de entrenamiento. Gruñó arrugando la nariz. — Dejémonos de juegos, esta vez va en serio.

Sophia se acomodó frente a él, esperando su ataque de nuevo. Lo cual el dios lo tomó como una provocación. Se volvió a lanzar sobre de ella, teniendo como resultado su repetida derrota, mas esta vez, la mujer lo hizo caer con la cara sobre el suelo, provocando las carcajadas del menor.

Loki se volvió a levantar, molesto debido a las burlas y volvió a lanzarse sobre su mujer, la cual volvía a desviar su ataque, volviéndolo a lanzar hacia otro lado. La situación se presentó durante varias ocasiones, sin siquiera logar rozar el cuerpo de la mujer. La molestia de Loki fue en aumento, hasta que usó el máximo de su poder, su fuerza como dios. No volvería a ser humillado por una mujer de esa forma.

Cuando lanzó el golpe contra la mujer con todas sus fuerzas, esta lo esquivó a duras penas, teniendo que hacer uso de su propia magia para luego llevarlo hasta el suelo y sujetarlo de un brazo, dejándolo sin la capacidad de moverse.

— No se vale usar magia... — acusó el hombre mientras intentaba zafarse del agarre de Sophie, el cual parecía mucho más pesado que los anteriores.

— Pues no uses toda tu fuerza, tramposo — rebatió la mujer, dando un tirón el cual provocó un alarido del moreno, haciendo que lo soltara. — Suficiente. Ha sido todo por hoy.

Se puso de pie para luego comenzar a caminar hacia fuera del área de combate. Loki la siguió, tras haberse incorporado, con el cuerpo adolorido. Aquellas caídas le habían provocado algo de dolor, cosa con la que él no contaba.

— ¿Cómo te volviste tan fuerte? — lanzó el dios mientras trataba de alcanzarle el paso, ya que la mujer había caminado hacia donde estaba el menor, el cual parecía haber disfrutado de un buen espectáculo.

— No soy fuerte — corrigió ella mientras acariciaba los rulos del cabello de Alberick. — Utilicé tu fuerza en tu contra. Mientras más fuerza usabas en cada golpe, más dolor te provocaba.

— Es un estilo de pelea interesante...

— ¿Te gustaría aprenderlo? — preguntó el pequeño mientras se ponía de pie y se situaba frente a él. — Es muy fácil. Y después de estos golpes, te será más fácil adaptarte al resto...

— Solo con la condición de que esto no salga de aquí — aceptó el dios mientras observaba a su hijo, el cual hacia señas de que se mantendría callado.

Sophie suspiró, mientras negaba con la cabeza.

— Empezamos cuando tú quieras — Loki la observó a ella, indicando que ella también debía de prometer no contar nada. — Te juro que esto no saldrá de aquí — alzó las manos en señal de derrota.

VII. Consejo.

— ¡No puedo creer que Bambi haya sido derrotado por una simple mortal! — retomó Tony mientras señalaba a Loki, evitando soltar unas carcajadas. — ¡Sobre todo una mujer!

El dios se encontraba cruzado de brazos, recargado sobre la pared, mientras fulminaba al pequeño demonio que estaba situado en medio de aquel grupo de héroes, los cuales no dejaban de reírse. Alberick solo tenía una sonrisa traviesa en el rostro mientras lo veía con diversión y se encogía de brazos.

Thor soltó sus potentes carcajadas cuando Tony comenzó a hacer caras, intentando imitar la situación en la que había estado el dios durante su enfrentamiento con Sophie, mientras el enojo del moreno iba en aumento. En cuanto tuviera oportunidad, ese maldito mocoso se la pagaría. ¿Cómo se atrevía a difamarlo, aun cuando él se lo había prohibido?

Las risas cercanas de Sophia, seguido por el dulce agarre de su mano, lo hicieron girar bruscamente hasta encararla. Observó a su mujer, la cual sostenía un vaso con jugo de moras. Al parecer venia de limpiar la cocina, ya que tenía unas pequeñas manchas de jabón, el cual había salpicado a su rostro. Le sonrió, cerrando los ojos a la par que acariciaba su brazo con pequeños movimientos.

— ¿No es lindo verlos reír? — comentó ella con ligereza, pasando su mano por debajo del brazo del dios.

Loki arrugó el ceño y soltó un bufido.

— No cuando se están burlando de ti — aclaró con irritación, volviendo sus ojos a la escena. Tony, ahora secundado por Alberick, hacían la recreación de las supuestas caídas del dios, mientras que Hank, Janet, Jane y Thor no paraban de reír, apretó sus brazos. — Stark nunca olvidara esto y estará fastidiando por el resto de su vida, o hasta que yo haga algo.

— Loki — lo regañó ella mientras apretaba su brazo, haciendo que el sonriera de lado.

Las risas siguieron resonando, irritándolo, haciendo que el momento agradable que estaba viviendo al lado de su mujer se le escapara de sus manos.

— Deberías de enseñarle respeto y el saber guardar secretos a tu hijo... — mencionó, tamborileando sus dedos cobre su brazo.

— Nuestro hijo — corrigió ella. — Y no tengo que enseñarle algo que el ya conoce. Alberick es respetuoso y muy discreto, él sabe cuándo debe de hablar y cuando no.

— Pues no lo parece... — zanjó molesto. — Pasa mi autoridad por alto. Se supone que como su padre me debe respeto.

— El respeto se gana — indicó ella, fijando su vista al frente. Loki la miró de reojo, observando su semblante serio. — No estuviste durante estos seis años de su vida. ¿Cómo esperas que, tras haber pasado con él tan solo una semana, se acostumbre a ti y te respete?

Meditó sus palabras por un momento. Había aprendido durante toda su vida solo de un ejemplo de paternidad, el cual creía incorrecto, haciéndolo creer que lo que las cosas que nunca hizo Odín con él, eran las de ser un buen padre. Pero parecía ser que todo iba mucho más allá.

— ¿Qué propones? — preguntó con seriedad. — Ya que en estos días he estado haciendo de todo para que el niño me respete y lo único que consigo es que pase de largo mis órdenes, me arremede, se burle de mí y me gaste bromas.

Sophia soltó una ligera risa.

— ¿Te diste cuenta que acabas de describirte? — Loki parpadeó ante la revelación. — Alberick se parece mucho a ti, no solo en lo físico, sino también en tu aspecto travieso. Tiene algunas cosas mías, como mi optimismo y me terquedad, mi propio carácter; pero en lo demás, se parece mucho a ti, tiene tu temperamento.

» Si realmente quieres ganártelo — continuó tras el silencio del moreno, el cual no dejaba de observar al menor, quien seguía riendo, junto al grupo a su alrededor, la única que parecía ajena a todo eso era la pequeña Torunn, de cabellos rubios y ondulados como los de Thor, recostada sobre los brazos de su padre, — debes de comenzar a tratarlo como te gusta ser tratado. Acércate a él, convive, juega, gástale bromas no tan pesadas y hazlo ver que no vienes a imponerte, sino más bien a quererlo; a ser un verdadero padre, no un dictador.

Loki formó una ligera línea curva con su boca, tratando de sonreír. Qué bueno hubiera sido que alguien le hubiera dicho aquello a Odín, todo hubiera sido totalmente diferente y él no hubiera crecido con tanto resentimiento, tanto dolor. Por desgracia nadie se lo dijo, nadie lo aconsejó y él mismo afrontó las consecuencias de ello.

— ¿No quieres que nadie lastime a tu pequeño? ¿Por eso me dices eso?

— Quiero que tú convivas con él, que aprendas a quererlo por lo que es, no solo por el hecho de ser tu hijo.

Y con esas palabras lo terminó de zangolotear. Quererlo por lo que es... ¿Si quiera se había terminado de querer él mismo? Observó la escena de nuevo. Todos parecían estar felices, conviviendo de buena forma, divirtiéndose, mientras él solo se quedaba fuera del círculo, refunfuñando y odiando a todos por reírse de algo en lo que él había fallado... No, riéndose del momento y de la situación, no precisamente de él.

Loki suspiró. Como sea, debía de aceptar que aquello era un buen consejo.

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