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Capítulo 28 (Pt. 3)

MONSTRUO

El rostro de Sophia se había transfigurado a uno de completo terror. "La tierra sufrirá el mismo destino que Asgard". Eso quería decir que si no paraban a la hechicera, Asgard estallaría, al igual que la tierra. Aquello estaba muy mal.

— ¿Qué podemos hacer? — preguntó la frágil voz de Sigyn, quien se había situado a su lado y había sostenido la mano de la castaña, apretándola con fuerza. — Ya hemos visto de lo que era capaz el poder de Amora... Se ha vuelto casi imparable.

— Aun hay métodos... — apuntó la morena mientras se cruzaba de brazos y su rostro se volvía uno de completa concentración, como si estuviera buscando algo.

— Ya te di toda la magia que tenía — recordó Stark mientras se acercaba con paso pesados, ya que le era muy complicado manejar su armadura en ese estado. — Me has dejado seco y sin energía para controlar esta armadura. ¿Qué no eso es suficiente para derrotar a la loca esa?

La reina Norn negó con la cabeza mientras se llevaba una mano a su mentón.

— Ni aun teniendo toda la magia y poder de las piedras Norn, podría detener yo sola a la Encantadora...

— Hay una forma — se apuró a decir Loki, en un tono de voz más accesible que el que había estado usando en sus últimos comentarios.

— ¿Cuál? — preguntaron al unísono Thor y Balder, al parecer su desesperación era la misma.

— De la misma forma en que vencí a Thanos — propuso el moreno.

— ¿Te refieres a la serpiente grandota que casi destruye parte de Manhattan? — recordó Stark, mientras se cruzaba de brazos y negaba con la cabeza. — Mala idea.

— Puede funcionar — sonrió la morena mientras alzaba el rostro hacia Uróboros.

— ¡Claro que funcionará! — defendió mientras comenzaba a alzar la voz. — En aquella ocasión incrementé tanto mi poder que estaba a la par con Thanos.

— Pero no podemos enfrentar mucho poder contra mucho poder... Sería como querer juntar dos polos iguales, simplemente se repelen. Si están diciendo que todo lo que pase en Asgard pasara en la Tierra, entonces tenemos que defender a toda costa lo que causemos aquí — señaló Tony, mientras se cruzaba de brazos.

— No tan estrictamente — comentó Karnilla mientras se acercaba a Tony. — Solo si Asgard explota, la regla aplicara.

Lo único igual que ha pasado en ambos reinos, es el hecho de que en ambos ha habido invasiones de criaturas de los diferentes reinos, dispuestos a tomar vidas de cualquier tipo.

Tony se llevó una mano a la cabeza, dándose un ligero golpe con ella en la frente.

— Fury me matara por esto. ¡Dios! Acabará con mi fortuna — exclamó con molestia mientras no dejaba de tallarse el rostro. — Sabia que tendría algo de que culparme cuando regresáramos, ¡Lo sabía!

Sophie soltó unas ligeras risas ante aquel comentario tan egoísta por parte del inventor, pero aquello no duró mucho y volvió a la realidad. Aquel no era un momento propio para reírse con algo así, todo era serio y debía de mostrarse seria y madura.

Observó al resto y pudo darse cuenta de que todos los demás estaban serios, algo que hizo que se apenara de sus propias reacciones.

— Necesitaremos toda la ayuda posible — rompió el silencio Thor mientras se cruzaba de brazos. — Asgard tiene herido a la mayoría de sus guerreros, pero podemos buscar apoyo en los Vengadores. Solo es cuestión de reunirlos.

— Aun así, no es suficiente — soltó el guerrero castaño mientras guardaba su espada en su vaina.

El sonido de unas pisadas los puso alerta, haciendo que Loki se lanzara rápidamente hacia el frente de Sophia y de Sigyn.

Tranquilos — resonó en su cabeza las risitas del guardián.

Tras eso, las figuras de unos hombres, que ella logró reconocer, aparecieron frente a ellos fuera de aquella cúpula que los protegía. El grupo de héroes, junto algunos soldados asgardianos y a Sif y los tres guerreros aparecieron con una enorme sonrisa, empuñando armas, pareciendo listos para la batalla.

— ¡Ha! La eficiencia a llegada y ni siquiera tuve que decir la frase del capi — se rio el inventor mientras giraba hacia Uróboros. — Abre las puertas de nuestra casa de té.

El albino sonrió y el campo de energía se extendió, cubriendo a todo el conglomerado que había arribado a su lugar.

— ¿Les faltaban manos para la batalla? — preguntó Steve mientras se acercaba a Tony y lo saludaba con un fuerte apretón de manos.

— Han llegado los vengadores, estamos salvados — soltó Loki con un enorme tono de sarcasmo.

— También nos alegramos de verte, Loki — lo saludó Hank con algo de molestia en su tono de voz, algo raro en él, cosa que se lo adjudicó a lo acontecido en la torre hace una semana atrás.

— Y bien, ¿Cuál es el problema aquí? — comenzó con curiosidad la avispa mientras alzaba la voz para hacerse notar entre tanto barullo debido a las voces de todos los guerreros saludándose.

El grito furioso de una criatura, capturó la atención de todos. Su fuerte aterrizaje hizo que el lugar se llenara de polvo. De entre el humo, surgió una enorme figura, la cual irradiaba una extraña aura de color olivo, con algunas motas de color rojo y negro. De pronto un apestoso aroma a ajo comenzó a inundarle las fosas nasales, haciéndola comprender lo que estaba pasando. Giró su rostro hacia el guardián y este le asintió, confirmando sus mayores miedos.

El polvo se disipó y dejó al descubierto la grotesca figura que ahora era la hechicera. Nada de su antiguo cuerpo escultural y delineado había sobrevivió a esa transformación. Al parecer ni su propio cuerpo pudo soportar tanta energía.

Sus verdes ojos, ahora lleno de ampollas, la estaban observando con ira y deseo, causándole un fuerte temor, que la hizo comenzar a temblar con ligereza. El cuerpo de Loki la cubrió más, para luego tomarla de la mano, con fuerza y posesión. Lejos de atemorizarle aquel gesto, la apaciguaba; de una u otra forma, la hacía ver que Loki estaba ahí para ella, para protegerla y mantenerla con vida.

Amora volvió a rugir con fuerza, mientras parecía querer decir algo. Intentó prestarle atención, mas luego se arrepintió de haberlo hecho, ya que lo que logró percibir fue su nombre, dicho por aquella criatura de grotesco aspecto. Su temblor se incrementó y unas imágenes inundaron su mente.

— Hulk, has lo tuyo — ordenó el capitán mientras el héroe de color verde soltaba un potente rugido y se lanzaba sobre la hechicera, la cual lo recibió con mucho ánimo de pelear.

El doctor se llevó lejos a la mujer, hecho que hizo que el cuerpo de Sophia se desplomara sobre el suelo, sin soltar nunca la mano de Loki.

El dios se giró con rapidez para luego ponerse a su altura. Tomó su mejilla y comenzó a acariciarla con suavidad, mientras la castaña no dejaba de temblar con fuerza. De hecho, parecía ser que no lograba prestar atención a nada, puesto que las voces de todos a su alrededor se escuchaban como unos lejanos susurros.

¿Había escuchado bien? ¿Acaso esa cosa había dicho su nombre? Si esto era así, ¿Cómo es que lo sabía y por qué lo decía? Todas y esas preguntas más hacían que la presión de la mujer se disparara y prestara más atención a su miedo que a su propia razón, la cual le pedía a gritos que se tranquilizara.

— ¡Sophia! — logró captar después de un rato la gruesa voz de Loki, el cual no dejaba de acariciarle con ternura la mejilla, la cual la sentía húmeda, ¿acaso había estado llorando? — ¡Mírame! — le ordenó después.

Los ojos de la mortal se enfocaron de pronto en el dios frente a ella, el cual parecía estar muy preocupado. Su rostro era un vivo ejemplo de ello.

— Loki... — susurró a duras penas el nombre mientras el aludido comenzaba a formar una pequeña sonrisa en sus labios.

— Aquí estoy — respondió a su llamado con un tono tierno.

— Dijo... dijo mi nombre — volvió a susurrar pero esta vez su labio había comenzado a temblar, haciéndole difícil el hablar.

— Tranquila...

— ¡Dijo mi nombre! — volvió a decir, dejando de lado los susurros y tratando de controlar sus temblores.

— Lo se... Tranquila.

— ¡NO! — gritó con histeria la mujer, tratando de zafarse del hombre. En su cabeza las imágenes que había visto en el momento en que la criatura había gritado su nombre, volvieron a azotarla. Se veía a ella, siendo destrozada y sufriendo enormemente, mientras que la hechicera, transformada en ese monstruo, la estaba devorando a ella y a su creatura como si de un chocolate se tratara. — ¡Quiere matarme!

La aterraba, la simple idea de perder a su hijo de aquella forma la aterraba. No podría soportar, aun estando muerta, el no poder hacer nada para defender al pequeño ser que comenzaba a formarse en su interior. La ansiedad comenzó a abrumarla y los temblores comenzaron a hacerse más fuertes. No quiera perder al pequeño, no de nuevo. La imagen se repetía una y otra y otra vez en su cabeza, sin dejarla de atosigar.

Los fuertes y calientes brazos de Loki la rodearon, atrayéndola hacia él, mientras este no dejaba de darle besos en la frente.

— Tranquila — le susurraba al oído con una voz melodiosa, mientras sus manos acariciaban su espalda con dulzura. — Nada te pasara, estoy aquí... estarás bien.

Su fuerte miedo comenzó a disminuir a medida de que el dios la seguía acariciando de aquella forma tan protectora. Nunca, en todo su tiempo de conocerlo, había visto al hombre actuar de esa manera y, aunque parecía distinto a lo que ella conocía de él, no podía negar que le gustaba esa fase del moreno.

Los arrullos de su voz, habían logrado su efecto balsámico en ella, haciéndola recuperar la serenidad después de unos muy largos y agonizantes minutos. Cerró sus ojos y descansó su frente en el hombro izquierdo del hombre, mientras comenzaba a restregar su rostro sobre su desnudo cuello. Su respiración se había normalizado y sus latidos luchaban por volver a la normalidad con una enorme rapidez que hasta a ella misma sorprendió.

— ¿Cómo supiste que hacer? — le preguntó la mujer en unos escasos murmullos, que al parecer apenas fueron audibles para el moreno.

Loki soltó unas ligeras risas y siguió acariciando en cirulos la espalda de ella.

— Lo aprendí de ti — le confesó en el mismo volumen de voz mientras la acercaba más a él. Su débil y frágil corazón se había sincronizado al fuerte y retumbante corazón del dios, el cual iba a un ritmo cardiaco tranquilo. "Buena jugada" pensó ella mientras Loki no dejaba de acariciarla.

Las voces de su alrededor se escuchaban como unos débiles murmullos, en ocasiones, estos eran fuertes y cercanos, más aun así no les prestaba la mayor atención. Había añorado mucho tiempo por una cercanía con Loki de esa forma que no estaba dispuesta a desaprovecharla, ya que el hombre nunca se mostró de aquella forma tan cariñosa, de hecho, eran contadas las veces en las que simulaba ser tierno o dulce.

Estuvieron así por unos minutos, solo sintiendo a Loki cerca de ella, tranquilizándola y reconfortándola; hasta que un fuerte estruendo la sacó de aquel ensimismamiento, haciéndola volver a la realidad. Alzó sus ojos y los posó hacia donde todo mundo estaba viendo. Ahí vio como Hulk se encontraba sobre el suelo, aturdido e intentando ponerse de pie. Todos a su alrededor, a excepción de Loki, se comenzaron a preparar, sacando sus armas.

— Necesitamos movilizarnos ya — anunció Thor mientras lo veía blandir su mazo. — Debemos seguir el nuevo plan.

¿Nuevo plan? ¿Acaso habían ideado algo mientras ella estaba en crisis?

— Distraerán a Amora, mientras que Karnilla, Uróboros, Thor y yo buscamos el momento justo para retirarle el guante a la hechicera — le informó Loki mientras no dejaba de acariciarla, pareciendo ser que el hombre había leído la mente.

Ella alzó una ceja confundida.

— ¿Cuándo decidieron eso? — preguntó mientras se alejaba lentamente del dios.

— Mientras te tranquilizabas, ideé un plan, junto a Uróboros y el Capitán Rogers, para poder destruir a la maldita de Amora.

— Vaya — exclamó con fastidio. — Aquí uno se pierde de mucho cuando está en crisis.

Loki sonrió.

— Tranquila — comenzó mientras se ponía de pie y le ofrecía una mano. — Te perderás de mucho más una vez que te regrese a Midgard.

— ¿Qué? ¡No! — se negó una vez estuvo de pie, se alejó del Jotun con algo de molestia. — No pienso dejarte solo aquí...

— ¡Por Favor, Sophia! Es muy peligroso que estés aquí.

— Ya sea estando aquí o en la tierra, voy a correr peligro. ¡Ya da igual en donde esté!

Loki arrugó el ceño, dispuesto a no perder ante la mujer.

— Amora te está buscando y no pienso arriesgarme a que te haga cualquier daño... No de nuevo.

— Me alegro... Porque yo tampoco estoy dispuesta a que te hiera y te deje al borde de la muerte, de nuevo.

Sophia se cruzó de brazos y se plantó en su lugar, haciendo un puchero, mostrando su completa negativa hacia la simple idea del dios.

El moreno soltó un fuerte resoplido. Estaba molesto, mas era a algo a lo que ella no estaba dispuesta a ceder. No se le hacía justo que solo él pudiera velar por la seguridad de ella, Sophia también tenía derecho de querer proteger al testarudo y cerrado dios.

— Escúchame bien Sophia... — comenzó con gruesa voz el moreno, denotando su creciente molestia ante aquella situación.

Más no pudo seguir oyendo el resto, puesto que una fuerte mano la tomó de la cadera y la alzó, llevándosela lejos de ahí.

Un fuerte rugido, seguido por una gutural voz, la cual decía su nombre, como si de una plegaria se trataba, le reveló la identidad de quien la había tomado presa: Amora.

— ¡Sophia! — gritó Loki con fuerza mientras intentaba alcanzarle la mano, mas era demasiado tarde.

Ella soltó un potente grito mientras luchaba por soltarse de aquel agarre. La enorme figura de la hechicera la agitaba de un lado a otro, como si de un juguete se tratara, mas comparando tamaños, aquello podía ser hasta cierto.

— ¡Suéltame! — gritó la mortal mientras veía como la hechicera llegaba a un suelo desierto, lejos de la ciudad.

La dejó sobre el suelo con un tosco movimiento, haciendo que Sophia se tambaleara y cayera al suelo. Fijó su vista hacia el horripilante rostro que ahora poseía la hechicera y pudo ver como esta le sonriera retorcidamente.

— Muerte — dijo con una voz gutural que la espantó y la hizo retroceder, intentando alejarse de la rubia. — Quiero tu muerte.

La mano de Amora se fue acercando poco a poco al cuello de la castaña, la cual insistía en poner tierra entre ambas.

Volteaba para ambos lados, en busca de algo que la pudiera ayudar, había perdido su daga mientras se ocupaba en curar a Loki, que nunca pensó que sería bueno el buscarla. Ahora mismo se lamentaba. El fuerte olor de ajo comenzó a marearle, más a este se le agregó una nueva fragancia, azufre, el cual parecía luchar contra la misma fragancia del aura de la Encantadora.

En el momento que tuvo oportunidad, corrió lejos de la compañía de la otra mujer. Suponía que teniendo aquel tamaño, le iba a hacer difícil alcanzarla. Mas no hubo avanzado unos cuantos metros cuando, de un salto, la hechicera la alcanzó, situándose frente a ella y mostrando sus afilados dientes.

— Te despedazaré y sufrirás... ¡Oh! Y Loki también lo hará — el simple sonido de su voz le ponía la piel de gallina, quiso huir de ahí, pero antes de que siquiera pudiera dar un paso, la otra mujer hizo un movimiento con la mano, tan rápido, que no supo que efecto tuvo. — Solo hay que esperar.

De pronto, el cuerpo de Loki apareció frente a ella, con los brazos abiertos y con una emoción que nunca antes había visto con esa intensidad en el rostro del moreno: ira y una rabia desmedidas.

— No te atrevas a tocarla, Amora — rugió con fuerza mientras que a su alrededor se encendía una potente aura, la cual parecía estar perdiendo el control, ya que subía y bajaba sin un patrón aparente. El dulce aroma del regaliz la abrumó, agradeciéndolo con todo su ser.

La espeluznante sonrisa de la mujer se fue convirtiendo en una potente carcajada, la cual sacudía el lugar con todas sus fuerzas, haciendo que Sophie se sostuviera de los hombros de Loki, el cual parecía estar bien cimentado en el suelo.

— Ni por un segundo — respondió a la amenaza una vez dejó de reírse.

Tras esto, Sophie comenzó a sentir como todo su cuerpo se volvía pesado, tan pesado que ni siquiera pudo seguir sujetando los hombros del dios. A esa pesadez le siguió una abrumadora sensación perdida de todo movimiento, mientras sentía como su propio control de su cuerpo le iba siendo arrancado de su piel mientras veía como sus manos comenzaban a moverse con voluntad propia.

— Lo-ki — tartamudeó mientras veía como sus manos se dirigían lentamente hasta su pecho.

El aludido asomó su rostro sobre su hombro, atendiendo el llamado de la mujer justo al momento en que su propia mano atravesó su pecho, rodeando a su corazón con sus dedos.

Ella dio un potente grito mientras el hechicero se volteaba por completo en torno a la mujer. Sus ojos eran de completo terror mientras veía como la sangre comenzaba a escurrir del pecho de la mujer.

— ¿Qué está... pasando? — preguntó con voz entrecortada, intentando mantenerse en calma, más el dolor se lo impedía.

El gesto del dios se arrugó en uno de completo enojo, mientras ella podía ver como sus manos comenzaban a iluminarse con ese característico color verde y sus bellos ojos comenzaban a tornarse rojos, perdiendo ese encantador color esmeralda que ella tanto amaba.

— Yo no la he tocado... — mencionó la hechicera mientras apuntaba sus grandes ojos sobre ella, mientras parecía ordenarle a su mano que se incrustara más en su pecho, haciéndola gritar ante aquello.

— Suéltala — ordenó con rabia el hombre mientras que su aura se volvía cada vez más inestable.

— No, hasta que muera — le sonrió grandemente, para luego hacerle girar poco a poco su propia mano, provocando que ella soltara potentes alaridos.

Quería dejarse caer y luchar contra aquello, más la pesadez de todo su cuerpo le impedía siquiera poder moverse. Estaba a atada de pies y manos. Unas lágrimas comenzaron a salir de sus mejillas, sin siquiera ella poder detenerlas. Había perdido por completo todo control de sí misma.

Loki alzó sus manos mientras su energía parecía incrementarse cada vez más. Entonces fue consciente de la herida que había comenzado a salir del cuerpo del dios, la misma que ella tenía.

— Loki — logró susurrar, intentando llamar la atención del iracundo hombre.

— Quiero verte surgir... ese poder que posees... lo quiero, lo quiero... — sonó ansiosa la hechicera mientras que parecía estar salivando de una manera asquerosa, llena de deseo. — Si lo muestras... libero a la mujer...

— Tú lo pediste.

Y tras decir esto, el cuerpo de Loki comenzó a cambiar radicalmente. Su piel se volvió más pálida, su cabello comenzó a cambiar de negro a un verde intenso, con un aspecto semejante a las plumas. De su cabeza comenzó a surgir unos enormes cuernos de color de la noche, su quijada se alargó y su boca se abrió más, mostrando una escalofriante dentadura puntiaguda, sus ojos se volvieron completamente rojos. Y su piel se volvió escamosa. El tamaño de su cuerpo comenzó a aumentar a una velocidad increíble, mientras los haraposos ropajes que usaba se fueron destrozando.

Una vez transformado, Sophia se pudo dar cuenta del verdadero aspecto que este poseía: era una serpiente, muy semejante al aspecto de Uróboros cuando era ese animal, pero con la única diferencia de que este tenía una serie de escamas que sobresalían de su piel, como si fueran picos.

La hechicera le sonrió, para luego ser atacada por aquella gigantesca creatura. Loki la sujetaba con su enrome hocico, incrustándole sus afilados colmillos en cada parte de la rubia.

Tras eso, Sophie comenzó a darse cuenta que la pesadez se iba y su control volvían poco a poco. Por lo cual tuvo que esperar un poco antes de poder sacar su mano de su pecho con sumo cuidado. Una vez fuera, la mujer se desplomó sobre el suelo y comenzó a respirar con profundidad, intentando obtener la mayor cantidad de aire que pudiera, puesto que sentía que nada se quedaba dentro de ella.

Alzó su mirada hacia donde estaban Loki y Amora. La segunda se había liberado de su agarre mientras parecía atacar con fuerza a la creatura en la que se había transformado Loki, esta le recordó mucho a la imagen que había tenido en sus sueños. Aquella hermosa serpiente, la cual brillaba con los rayos de sol, era la misma que ahora tenía marcas rojas que indicaban que se encontraba herida, y su semblante era la de la completa rabia.

"Sophia" escuchó en su mente la voz de Uróboros, haciéndola dar un pequeño saltó del susto. La herida en el pecho le comenzó a doler.

"Sophia" la volvió a llamar el guardián, mientras que Loki volvía a golpear a la enorme hechicera.

"¿Qué ocurre?"

Sophia — apareció frente a ella la delgada figura del guardián para luego ponerse a su altura y sujetarle la mano con ternura. — Te voy a curar.

Una pequeña luz apareció en su pecho, la cual comenzó a crecer poco a poco, mientras borraba toda herida que había en su pecho, haciéndola respirar con facilidad de nuevo.

— Gracias — le sonrió mientras el hombre se iba incorporando.

Los ojos del albino se colocaron sobre la pelea entre las dos criaturas que parecían estar fuera de control, destruyendo todo a su paso. Su mirada parecía preocupada, haciendo que ella comenzara a sentirse intranquila.

— ¿Pasa algo? — se atrevió a preguntar mientras se iba incorporando con algo de dificultad.

Silencio fue lo único que obtuvo como respuesta por parte del guardián por unos minutos, mientras que veía como Loki y Amora se enfrentaban con mucha energía entre ellos, sin ninguno ceder.

No puedo entrar a la mente de Loki — informó con seriedad después de unos eternos minutos. — Algo me tiene bloqueado...

— ¿Qué significa eso? — se acercó a Uróboros y tomó el brazo de este, tratando de llamar su atención e intentar identificar algún indicio que le ayudara a descifrar el misterioso semblante que este poseía.

Tras unos escasos segundos de silencio, el guardián respondió.

Loki ha perdido el control total de su cuerpo y mente... No sabe lo que está haciendo.

— ¿Qué has dicho? — le preguntó la mujer mientras se sacudía el brazo con fuerza. Podía identificar el terror en su tono de voz. — ¿Cómo que Loki ha perdido el control?

Sin apartar la vista de la lucha, la cual parecía estar completamente fuera de control.

Como sabes, yo surgí a partir de la vida de Loki para servirle como su guardián y protegerlo de todo lo que le hiciera daño, incluso de él mismo — comenzó explicando mientras volteaba de vez en cuando a ver a la mujer por unos instantes, para luego volver hacia la pelea, al pendiente de todo lo que le pasaba al dios. — Ambos sabemos que Loki posee una tremenda inestabilidad emocional, la cual lo hace ser de maneras tan extrañas.

La mujer asintió con pesadez.

Supongamos que yo sirvo de consciencia y de razón del pobre hombre, ¿Qué pasa si yo no estoy dentro de él para ayudarlo a manejar su montaña rusa emocional?

— El pobre pierde el control — respondió esta mientras veía como el color abandonaba su rostro, las manos de la mujer se fueron alzando hasta situarse en su boca y bloquearan una posible palabrota que quería salir de sus labios.

Fue entonces que entendió sus reacciones tan extremistas: su incontrolable preocupación por la mujer, la creciente tranquilidad que había tenido mientras la mujer dormía en sus brazos, la estruendosa ira que había sentido cuando la mujer había sido secuestrada por la hechicera. Todo eso, y otras cosas más, se debían al hecho de que él no estaba del todo dentro del dios para ayudarlo a manejar todas aquellas emociones. Eso, en cierto modo, lo hizo sentir culpable. Había acostumbrado al moreno a que la presencia, inconsciente al principio, de su guardián para ayudarlo con sus emociones, que lo había hecho casi incapaz de poder controlarlas él mismo. Vaya desgracia.

— Debemos de hacer algo...

Uróboros apretó la mandíbula sin despegar los ojos de la batalla. Loki ya había recibido algunas heridas, mas estas se curaban al instante al no estar la mujer herida.

Deseó con todas sus ganas el que hubiera otra opción, mas aquella era la única que se le venía a la mente.

Debes tratar de controlarlo — le dijo mientras comenzaba a quitarse su túnica, dejando al descubierto su pálida figura, la cual comenzaba a mostrarse semejante a la que tenía en estos momentos Loki. — Tratare de darte tiempo mientras distraigo a Amora.

Y tras decir esto, comenzó a transformarse en aquella serpiente a la que había sido convertido como castigo por toda la eternidad. Aunque no se quejaba del todo, había comenzado a fastidiarle el hecho de que su tiempo como persona cada vez se acortara más.

"Karnilla, te necesito" le llamó a la hechicera mentalmente mientras esta atendía a su llamado, acudiendo a él y situándose sobre su lomo, sujetando con fuerza la espada de Balder.

— Listo, viejo amigo — le dijo la mujer con una enorme sonrisa mientras que él comenzaba a atacar a la hechicera, haciendo que Loki se alejara de la pelea.

"Que comience el plan" ordenó a todos los guerreros a través de su mente. "Debemos de darle tiempo a Sophia para que calme a Loki, si no queremos que otro monstruo destruya a la ciudad".

Logró ver como Sigyn y Tony, el cual ya podía moverse gracias a la piedra Norn que Karnilla le había dado para que su armadura tuviera energía, comenzaban a generar un portal que transportaba a todos al lugar en donde ahora se estaba llevando la pelea.

Tras haber apartado a Loki de una creciente Amora, comenzó a sonreír de pura diversión ante aquella vista de la hechicera enfurecida, la cual parecía estar incrementando más sus poderes.

"Que comience la fiesta" le dijo a Karnilla mientras sentía la adrenalina correr a través de él. Hacía tiempo que no peleaba de esta forma y era algo que no quería desaprovechar. Soltó un potente rugido, para luego lanzarse sobre la mujer, la cual parecía estar más concentrada en reunir toda la máxima energía que pudiera, mientras su cuerpo seguía creciendo y creciendo, alcanzando un tamaño mucho más grande que el del mismo Hulk.

"Uróboros, ¿Cómo logro controlarlo?" preguntó mentalmente la mujer con una creciente desesperación.

"Haciéndolo entrar en razón" le respondió mientras le lanzaba una bola de energía a la hechicera mientras que Thor no paraba de lanzarle rayos y golpes. "Haz que logre ver que eso en verdad no es él. Tú sabrás que hacer y qué decir, eres a la única a la que escuchará. Solo, ten cuidado".

Y tras esto, siguió peleando con la hechicera, la cual comenzaba a perder aquellos toques que una vez la identificaron como Asgardiana. La mujer se estaba convirtiendo en un horrible monstruo.

Lástima el desperdicio de mujer y de poder.

***

Sophia intentaba llamar la atención de la enorme serpiente que estaba frente a ella dándose de golpes contra la enorme pila de piedras que había a su lado.

Aun no lograba entender cómo es que alguien tan pequeña como ella le haría para poder controlar a una criatura tan grande como lo era Loki. Uróboros debería de estar completamente loco si creía que eso iba hacer posible. Ya había intentado de todo y la serpiente seguía sin prestarle la mínima atención.

Giró hacia donde se efectuaba la pelea y pudo ver como aquella enorme serpiente y todos los vengadores se unían para luchar contra la hechicera. Lo cual la hizo soltar un potente bufido.

— Claro, dejen a la mujer sola tranquilizando a una enorme serpiente con problemas emocionales — murmuró para sí mientras buscaba por el suelo una piedra que lanzarle. — ¡Es un maravilloso plan!

Una vez que recogió un par de piedras, comenzó a lanzarle, sin dar nunca a ningún lado.

— ¡Dios, pero que tino tengo, no puede ser! — se burló de sí misma, algo que acostumbraba a hacer cuando más desesperada estaba.

Con algo de rabia lanzó la última piedra con todas sus fuerzas, la cual falló en darle a la criatura en la cabeza, puesto que impactó contra las piedras de más arriba. Ella resopló molesta. Ahora entendía su gran error al no querer practicar béisbol cuando tuvo su oportunidad.

De repente, un crujido de aquella montaña desató que aquellas rocas cayeran sobre la serpiente, haciendo que esta girara su cabeza a todos lados, encontrándose con la diminuta Sophia, la cual creyó que todo eso era una completa locura.

Loki soltó un potente rugido y se lanzó sobre de ella, buscando morderla. La castaña alcanzó a esquivar el golpe, haciéndose hacia a un lado. Giró de nuevo para encarar a la serpiente y se encontró con que esta había enterrado su cabeza en el suelo, debido a la fuerza del golpe.

Comenzó a retroceder lentamente mientras intentaba comunicarse con el guardián.

"Uróboros" lo llamó mientras veía como la serpiente se movía con violencia en un intento por liberarse de su propia prisión. "Tengo su atención... ¿Cuál era el segundo paso?"

"¿Tienes al alcance su cabeza?" respondió con otra pregunta.

"Algo así".

"Toca sus cuernos, eso podría facilitarte mucho las cosas" escuchó el buen humor que parecía tener la otra serpiente.

"Lo haré" atendió ella mientras detenía sus pasos y, agarrando todo el valor que pudo, corrió hasta donde estaba la cabeza enterrada del dios. Se lanzó sobre esta y se sujetó de los cuernos en el momento justo en el que Loki lograba sacar por completo su cabeza.

La criatura se incorporó y, tras escuchar los gritos de Sophia, comenzó a buscar a la mujer por todos lados. Se aferró fuertemente de uno de sus cuernos, mientras que Loki movía con insistencia su cabeza, al parecer había descubierto que ella estaba sobre de él y quería deshacerse de ella.

— ¡LOKI! — gritó ella mientras se intentaba incorporar aun cuando el aludido no dejaba de moverse con rudeza. — ¡Tienes que calmarte!

La creatura rugió con fuerza, en son de protesta. Volvió a mover la cabeza, haciendo que el equilibrio de la mortal se perdiera y volviera al suelo, sin soltarse del cuerno.

— ¡Deja de moverte, por favor! — volvió a gritar ella.

Loki comenzó a moverse hacia varias direcciones hasta que se detuvo. Su cabeza estaba en dirección a la pelea que había contra Amora. El dios hizo un ronroneo, que le pareció de excitación —eso se debía a que durante sus excursiones en el campo, durante su niñez, pudo escuchar y presenciar muchos encuentros promiscuos de animales salvajes, algo que la dejó ciertamente marcada y muy bien informada sobre los mismos—, para luego comenzar a avanzar hacia la batalla. Al parecer había encontrado algo que destruir y estaba empecinado en hacerlo de inmediato.

"Sophie, ¿Qué demonios hace Loki viniendo hacia aquí?" preguntó irritado el guardián en su mente mientras ella luchaba por sostenerse en el cuerno del dios.

"No puedo detenerlo, no me escucha" respondió ella algo alterada.

"Sophia, debes de hacer que te escuche antes de que lo perdamos"

"¿A qué te refieres?"

Uno un ligero silencio antes de que el guardián respondiera. "A que si Loki pierde por completo su consciencia, nunca podrá regresar a la normalidad. Lo habremos perdido para siempre"

Ante aquella noticia, la mujer se preocupó más, volviéndose un motivo más fuerte para hacer lo que sea para ayudar al dios.

Perder a Loki no era una opción para ella.

***

El poder la llamaba, deseaba más, más. Quería más poder, mas aquellas cucarachas, que se hacían llamar héroes, le impedían obtenerlo.

Pero nadie podía alejarla de ese poder, el cual le pertenecía por derecho. Nadie. Ese poder solo le podía pertenecer a ella, a la gran hechicera Amora. La más grande y poderosa.

***

Amora era fiera y cada vez que creía que la iban a vencer, su poder se volvía a incrementar. Ya hasta había alcanzado unos niveles críticos, si no la detenían ahora, corrían un enorme riesgo de que la mujer estallara debido a la falta de control de su propia energía, y ellos iban ser arrasados por esa poderosa onda expansiva.

Por fortuna, la habían vuelto acorralar y se había jurado a sí mismo no dejarla escapar de nuevo. Se acercó hasta ella, mas esta le lanzó una bola de energía, la cual lo tomó por sorpresa y apenas pudo esquivar, mientras ella se libraba de él, de nuevo.

Maldijo internamente, mientras intentaba contactar con Thor para que este le apoyara con la mujer. Pero la imagen de otra serpiente enorme, la cual sujetaba de la cadera a la hechicera con el hocico, reteniéndola contra la pared, lo contuvo. La rubia soltó un potente alarido mientras que su mirada se posaba en la cabeza de aquella serpiente que conocía como la palma de su mano.

— ¿Nos perdimos de algo? — le dijo con voz altanera mientras lo saludaba con la mano. Ahí estaba, sujetándose con fuerza de los cuernos del dios, Sophia, con una enorme sonrisa.

Los ojos de la serpiente habían dejado su color rojo para volverse unos verdes brillantes. Al parecer lo había logrado.

Oyó las risas de la reina sobre su cabeza y, tras haber tirado ella de sus cuernos, le dio un impulso para que esta saltara hacia la hechicera. Debían de aprovechar todas las oportunidades que el destino les brindaba.

Karnilla, dando un fuerte gritó de batalla, desenvainó la espada de Balder y, con un simple movimiento, cortó la mano de la hechicera en donde estaba el poderoso guante. Haciendo que la rubia diera un potente alarido mientras se retorcía por liberarse del agarre de Loki.

Uróboros sonrió ante aquello. Al fin habían logrado quitarle todo poder a la hechicera. Ahora solo era cuestión de esperar que volviera a su forma normal y entrara en razón.

Pero aquello nunca ocurrió. El cuerpo de la mujer continuó de esa forma, sin siquiera disminuir o crecer más.

Sintió la mirada inquisidora de Karnilla, la cual estaba sobre la cabeza de Loki, y entendió su preocupación. Al parecer la hechicera no iba a poder regresar a la normalidad, nunca más.

***

Una vez que todos habían ayudado a contener a la Encantadora, ya no le vio le caso en seguir transformado. Por lo que decidió volver a su estado normal, gracias a la ayuda de Sophie y de Uróboros.

Se sentía extraño el volver a como era antes. Su cuerpo se sentía relativamente ligero, podía moverlo con más facilidad, más el enorme agotamiento lo limitaba a hacer el menor esfuerzo. Su cabeza le dolía, al igual que su pecho y el resto de su cuerpo. Tenía frio y la estúpida capa de Thor no le era suficiente para calentarlo del todo.

Tal y como había pasado la última vez, había aparecido desnudo una vez que su transformación concluyó, mas esta vez no perdió la consciencia al instante. No tenía la suficiente energía para generarse un traje con magia, porque tuvo que conformarse con la capa que Thor le había ofrecido.

Cuando lograron atar a la hechicera a aquel muro, el moreno se había inclinado a tomar el guante que ahora descansaba sobre el suelo, enfundado en la mano que le había pertenecido a la hechicera. Lo sacó de ahí y comenzó a deleitarse con él. Los ahí presentes se tensaron ante aquella escena, pensando que el hechicero tomaría aquel guante y lo usaría para su beneficio. De hecho, Loki lo pensó en algún momento, aquello no sería mala idea, tener todo aquel poder y poder ser el amo del universo. Más aun así, sabía que aquello solo sería su perdición, puesto que todo ese poder sería muy peligroso para cualquiera.

Le quitó las piedras al guante y se las entregó a un asombrado Steve, pidiéndole que las cuidara con su vida. El rubio asintió y tras esto, Loki destruyó el guante con todo el poder que le quedaba y que había logrado sacar de su nueva lanza.

— No puedo dejar que exista alguien más poderoso que yo — se excusó, ante la mirada atónita de todos para luego volver hacia donde estaba parada la mortal, observándolo con una ligera sonrisa.

Ahora, Sophia se encontraba tomándolo de la mano con ternura, mientras el no dejaba de ver a Amora, la cual estaba encadenada con grilletes mágicos que Karnilla había hecho. La magia de la rubia había sido sellada para siempre, no había sido sometida a juicio, pero Thor había decidido que aquello era lo mejor, mientras el padre de todo despertaba de su largo sueño.

Loki podía ver en el rostro de la mujer la pena, un pesar que la estaba torturando internamente. Después de haberse sabido bella, hermosa y joven, ahora le decían que aquel despreciable aspecto seria el suyo por el resto de su vida y aquello era algo que la mujer no podía soportar. Por más que la odiara por todo lo que había hecho, había algo en su rostro que lo hacía compadecerse de su desgracia.

Mientras que el resto de guardias y algunos vengadores ayudaban en la labor de buscar sobrevivientes en la ciudad, Thor y el resto de los hechiceros junto a Iron Man, Hulk, el hombre Hormiga y el Capitán Rogers, estaban al cuidado de la hechicera, esperando el apoyo suficiente para poder transportarla a algunas de las celdas que estuviera intacta y disponible. Loki comenzó a avanzar con dirección a la hechicera, mientras Sophia lo seguía de cerca, sin soltarle la mano.

Todos los ahí reunidos lo observaron con algo de recelo, mas fue algo que el dios ignoró. Se situó frente a la hechicera y la miró desde lo bajo, directo a los ojos.

— ¿Vienes a burlarte de mí, hijo de Laufey? — mencionó con una voz tan distorsionada que le era difícil identificar si era tono de mujer o de hombre. Los ojos de la mujer estaban situados sobre el suelo, sin siquiera voltear hacia el moreno.

— No — negó con la cabeza sujetándose con fuerza la capa, en un intento por controlar sus emociones. Teniéndola ya tan cerca, aquella compasión comenzaba a esfumarse. — Quería saber cómo estabas, eso es todo.

La rubia soltó una ligera risa.

— ¿Ahora te importo, después de todo lo que te hice?

Arrugó el ceño al recordarlo y la tensión se comenzó a acumular en sus hombros. La mano dulce de Sophia rozó con delicadeza su antebrazo, haciéndole ver que ella estaba a su lado. El dios intentó relajarse un poco.

— Al fin y al cabo, tú fuiste una de mis más fieles seguidoras — recordó al fin, tarando de darle un verdadero sentido a su visita. ¿Qué buscaba en realidad de todo esto?

Amora alzó el rostro, fijando sus verdes ojos en el pálido rostro del moreno. Su mirada era densa, más no amenazadora, solo reflejaba una tristeza mal controlada que había llegado hasta la depresión.

— He perdido mi belleza, dios del caos, ¿Cómo quieres que esté? — soltó con algo de amargura.

Loki volvió a respirar con profundidad, intentando serenarse.

— Mejor supongo...

— Detesto mi sola existencia... Me he convertido en... en un Monstruo — se dijo a si misma mientras agitaba sus manos y los grilletes sonaban. — No debería vivir...

La observó, apiadándose de ella. En verdad era tan mediocre y patética que no pudo evitar el perdonarle gran parte de su mal.

— Si algo puedo hacer para que estés... — no pudo terminar la frase, puesto que no hallaba las palabras correctas, sabía que nunca estaría bien aquella mujer, así que simplemente se saltó esa parte. — No dudes en pedirlo, lo que sea...

Una ligera sonrisa se formó en el transfigurado rostro de la mujer. El dios se despidió y dio media vuelta, alejándose de aquel lugar, intentando descifrar el porqué de todo eso que había hecho. Él no era así, nunca lo seria, más aun así se veía movido a tratar de ayudar a la mujer, la cual parecía pasarla mal.

— Si hubieras mostrado esa... amabilidad en un principio — llamó su atención la mujer, mas este nunca se detuvo — posiblemente nunca hubieras sido el segundo en mi vida...

El segundo en mi vida...

Aquellas palabras taladraron su interior causando una revolución en el interior del hombre. La compasión y misericordia que había sentido hacia la mujer se fue transfigurando en una creciente ira y desprecio. Todas las emociones que había sentido ante ciertas cosas que había vivido por culpa de la hechicera, habían vuelto a su cuerpo y ayudaron a intensificar su creciente odio.

Soltó la mano de la mortal con cuidado, intentando no romperla con toda aquella rabia acumulada, se giró en torno a la hechicera y avanzó hasta ella.

En su camino se interpusieron Karnilla y Thor en un intento por frenarlo, mas Loki los pasó de largo, dejando a tras la tela que cubría su cuerpo y arrebatándole la espada de Balder a la morena, desapareciendo del lugar para reaparecer frente a la Encantadora, blandiendo la lustrosa espada.

— Cumpliré tu deseo de muerte, maldita bastarda — escupió cada palabra con veneno y odio, en verdad la despreciaba y la quería hacer pagar por todo lo que había hecho a como diera lugar y no estaba dispuesto a esperar que Odín despertara para que le dictara sentencia. — Es lo menos que te mereces...

— Nunca pensé que el verdadero tu saliera, después de todo esto...

Loki gruñó con fuerza y, sin que nadie pudiera evitarlo, atravesó el corazón de la hechicera con la espada, para luego comenzar a subir el arma, cortando todo a su paso.

— ¡LOKI! — escuchó la voz distante de Karnilla.

La sangre salpicaba por todo su cuerpo, marcando su nívea piel, la cual parecía ser una pintura algo grotesca. En un arranque de ira comenzó a hundir y a sacar la espada una y otra vez en el cuerpo de la hechicera, sentía que debía de hacer justicia por su propia mano, que debía de cortar cada centímetro de la hechicera hasta que sintiera el dolor que él había sentido al ver morir a su madre, al ver como casi mataba a Sophia, al ver su tonta sonrisa al burlarse de él, al ver como controlaba a la mortal y la hacía herirse para tratar solo de provocarlo. Toda agonía que él vivió, ella debía vivirla. Cada dolencia que él sintió, ella debía sentirla; y cada calvario que él sufrió, ella debía de sufrirlo al triple, era lo menos que se merecía.

— Basta — sintió como la mano de alguien, tocándole el hombro, lo devolvía a la realidad.

Detuvo sus movimientos, para luego enfocar su vista en el cuerpo de la hechicera, dándose cuenta de la atrocidad que había hecho. Soltó la espada, asustado por lo que estaba viendo y toda ira y todo rencor se fue desvaneciendo de su ser, dejándolo sin nada. Alzó sus manos a la vista y se dio cuenta de toda la sangre que había salpicado en su piel.

Su cuerpo comenzó a temblar, mientras que su mirada se iba de los ojos de Stark, hasta la mirada aterrada de Thor. Todos y cada uno de los presentes lo estaban viendo con terror y miedo. Él había llamado monstruo a lo que se había convertido la hechicera, pero no se había dado cuenta que él verdadero monstruo era en verdad él.

Sus ojos comenzaron a escocerle y sus piernas a fallarle. Se iba a desplomar sobre él suelo, más los delgados y fuertes brazos de alguien detuvieron su caída.

— Ya estoy aquí... — le susurró la cálida voz de Sophie, sin reproche, sin terror, sin nada negativo, más que con un tono de comprensión. — Tranquilo.

Los brazos de ella lo soltaron y se posicionó frente a él, mientras lo cubría con la capa roja de Thor, para luego darle un abrazo, un cálido y dulce abrazo.

— Ya paso... Todo está bien, tranquilo... — le besó el pecho desnudo y manchado en sangre, sin dejar de abrazarlo.

Y tras esto, Loki se derrumbó y calló sobre sus rodillas, junto a la mujer, para luego comenzar a sollozar. Nunca antes había perdido el control de esa forma y como se arrepentía de ello.

Más aun así, Sophia no se apartaba de su lado y eso le reconfortaba, hasta cierto punto.

Ella le seguía susurrando que todo iría bien, más él sabía que eso no sería así, ya no más.

***

Tras lo ocurrido en aquel lugar, todos se movilizaron hacia lo que aún quedaba de palacio. Liberaron a todos los cautivos y esperaron a que Odín despertara de su sueño, mientras todos, incluidos los vengadores, hacían su mejor esfuerzo por ayudar en lo que se pudiera a reconstruir la ciudad Asgard.

Lo siguientes tres días fueron iguales para todos: levantarse temprano, comer algo en el gran comedor, comenzar los labores de limpieza y reconstrucción hasta que la noche cayera de nuevo para luego irse a recuperar energías con el sueño. La rutina era la misma para todos, a excepción de Loki, el cual no había salido de su habitación desde que el momento en que llegaron al palacio y habían sacado a Frigga para hacerle sus santos funerales. Tras eso, el dios se había encerrado en aquel lugar y no le había permitido la entrada a nadie, ni siquiera a Sophia, como tampoco había salido de aquel lugar. No aceptaba comida ni nada del exterior y eso estaba preocupando a la castaña y mucho.

Al término del tercer día, Odín había despertado de su sueño. Thor y Balder fueron los que le dieron la noticia al pobre hombre de todo lo ocurrido en los pasados días, algo que no tomó bien. Luego de aquella noticia, convocó a una reunión en donde se acordaría y se señalaría a los presuntos culpables de todo esto; y estando Amora muerta, la responsabilidad de todo recayó sobre el dios del caos. Y por más que abogó Thor con su padre, aquella decisión había sido tomada y no podía deshacerla, ya que, de cierta forma, Odín culpaba a Loki de la muerte de Frigga.

Esa noche, todos esperarían al día de mañana para esperar el dictamen del Padre de todo sobre la sentencia del moreno.

Sophia había ido a visitar a Loki a su habitación por enésima vez, en la espera de que esta vez él quisiera recibirla. Por fortuna, esta vez el hombre accedió y la invitó a pasar a la habitación.

— ¿Se puede? — preguntó ella mientras se asomaba por la puerta, viendo todo el desastre que era el cuarto del dios.

— Ya estas adentro — le dijo mientras caminaba hacia su cama. Su cabello estaba húmedo y su cuerpo cubierto solo por una bata de color verde, hecha de seda.

— Pe-pero puedo volver después, s-si quieres — tartamudeó mientras parpadeaba con rapidez. Aquel aspecto del hombre le hacía suponer que este acababa de salir del baño.

— Ya estás aquí. Te abrí la puerta... Y más te vale entrar antes de que me arrepienta.

Ella asintió y obedeció al hombre, mientras se adentraba al cuarto. Este olía a sangre con tierra húmeda. Las sabanas estaban hechas bola, la capa roja del otro dios estaba tirada en el suelo, con algunas manchas de sangre la cual ya estaba seca. El escritorio estaba todo desordenado, al igual que el librero, más el lugar en donde había estado Frigga, estaba intacto, como si no hubiera sido tocado. Eso le hizo suponer que el hombre no se había acostado a dormir en esos tres días.

El dios se sentó sobre el pequeño sillón que estaba en aquel lugar, para luego cruzarse de piernas y brazos, observando a la castaña.

— Y... ¿Qué se te ofrece? — soltó con su tan reconocida hostilidad, al parecer había vuelto a ser el mismo que ella conoció.

Ella se situó frente a él y se sentó en la silla que había tomado del escritorio. Observó su rostro y pudo percatarse de las pronunciadas ojeras que se cernían en su rostro, corroborando que el dios no había dormido en todo ese tiempo.

— Solo... solo venía a ver como estabas — respondió ella con suavidad, no quería molestarlo.

— Ya viste que estoy bien... Ahora puedes retirarte — tomó una toalla que había cerca de ahí y comenzó a exprimir su largo cabello, el cual ella identificó que ya la hacía falta un corte.

Sophie se mostró seria y decidida. No se iría de aquel lugar tan fácilmente.

— No me gustaría irme aun... — comenzó ella mientras comenzaba a jugar con sus dedos con desesperación. — ¿Sabes que Odín ya despertó?

— Algo oí de eso, cuando Thor vino a visitarme — reconoció mientras dejaba la toalla de lado y arrugaba el ceño. — Es muy molesto el solo sentir su presencia de este lado de la puerta.

— Y supongo que también oíste que está buscando una sentencia para ti... por todo lo que hiciste.

— Era de esperarse — reaccionó estoico.

La castaña se mordió el labio, nerviosa por el no encontrar las palabras adecuadas.

— ¿Y piensas huir cuando dicte tu condena? — cuestionó con algo de nerviosismo mientras enfocaba su mirada a otro punto.

Loki se incorporó de un salto y fue hasta lo que quedaba de su armario, buscando algo de prendas que ponerse.

— Pienso afrontarlas, no quiero huir...

— ¿Qué? — exclamó ella mientras se ponía de pie.

— Ya oíste.

— ¿Acaso sabes que te van a encerrar por mucho tiempo y que es posible que te torturen de nuevo? — planteó mientras se iba acercando al hombre, el cual se había quitado la bata y comenzaba a vestirse frente a ella. — No entiendes que estarás mucho tiempo fuera de Midgard... Lejos de mí.

Loki solo se había colocado un pantalón de cuero negro, cuando se detuvo y giró hacia Sophia, la cual parecía estar acongojada ante la respuesta de él.

La tomó de los hombros y se acercó hasta ella.

— Se lo que es el tiempo para ti y para mi... Es muy diferente — comenzó con un tono de voz serio. — Estoy muy consciente de que Odín me puede encerrar y torturarme por mucho tiempo y que cuando me libere, lo cual lo dudo, cabe la posibilidad de que tú ya no existas. Entiendo tu preocupación Sophia, y lo sé, ya lo he meditado por estos tres días. Pero no pienso dejar de lado este castigo que yo merezco. Si en verdad quiero cambiar, debo de empezar por esto... No lo hago por mi o por ti... Lo hago por él — terminó mientras ponía la mano en el vientre de la mujer.

»Sé que no te he dado mi respuesta sobre el ser padre, — continuó después de unos segundos en silencio — he tenido unas experiencias muy malas con los hijos, por lo que en verdad no estoy seguro de todo esto. Pero tienes que saber que en verdad me interesa esta criatura que llevas dentro de ti... Es una parte mía y tuya. Quiero darme una oportunidad de reivindicarme como padre. Y como padre que debo de ser, debo de afrontar mis responsabilidades y no huir de ellas. Es por eso que cumpliré mi sentencia, sea cual sea. He hecho cosas terribles que debo de empezar a enmendar mis errores...

La mujer guardó silencio, sus ojos no dejaban de escurrir lágrimas. Sabía que se refería a lo de Amora, podía leerlo en su rostro, pero no se atrevía a decirlo, aun no lo superaba, aun le dolía.

En verdad cuanto había cambiado Loki. Estaba muy orgullosa de él, nunca había esperado que este tomara su encierro de esa forma, ni que hablar de su paternidad.

Más aun así, no podía evitar sentir tristeza porque aquello era la despedida de ellos. Loki aceptaría su castigo, por lo cual significaba que estarían mucho tiempo separados. Y el dios no podría presenciar muchas cosas en la vida de ella y era posible que cuando él regresara, ella ya se encontrara vieja o muerta.

Su corazón se contrajo y sus sollozos se hicieron más presentes.

— Te prometo regresar por ti, en cuanto me vea liberado — aseguró el hombre mientras ponía su rostro a la altura de ella y comenzaba a limpiarle las lágrimas con sus dedos. — No pienso dejarte nunca.

— Lo sé — le dijo ella entre sollozos. — Estoy segura de que lo harás...

— Y, ¿entonces por qué lloras? — preguntó curioso él.

— Es que... — comenzó ella mientras intentaba deshacer el nudo en su garganta. — Es que quiero saber... si cuando yo crezca... — dudó por unos segundos en continuar, más se tragó su orgullo y le lanzó su pregunta. — ¿Me seguirás amando cuando ya no sea así de joven y hermosa? Digo... sé que tu no envejeces y que eres longevo; pero a diferencia de ti, yo soy efímera y la vida se pasa tan rápido... Y es posible que cuando vuelvas yo ya no luzca de esta forma y...

Fue silenciada por los suaves labios de Loki, mientras sus brazos la rodeaban por la cintura, atrayéndola más a él. Ella le correspondió al beso, temerosa de todo, mientras que el de Loki era hambriento y posesivo.

— Calla — susurró contra su boca mientras seguía besándola. — Tú siempre serás hermosa para mí...

Ella asintió y rodeó con sus brazos el cuello del moreno. Los fuertes brazos del hombre fueron descendiendo hasta situarse en sus muslos y, con un pequeño esfuerzo, la alzó y la llevó hasta la cama, recostándola con cuidado sobre esta.

Sophia sabía lo que venía, y en verdad lo estaba deseando. Quería compartir los últimos momentos que tenía con Loki antes de que ella se fuera y el fuera encerrado. Quería aprovechar todo de él mientras aún era joven.

En verdad lo amaba y solo quería pasar la eternidad con él, así, tan juntos, tan cerca el uno del otro, solo siendo ellos mismos, sin barreras, sin máscaras, sin títulos, sin razas y sin la diferencia de edad. Solo dos personas viviendo su momento y entregándose al amor.

***

El día siguiente fue el juicio de Loki, y, tal y como había dicho, no intentó nada. Apareció con su mejor traje, con la vista en alto, mientras algunos asgardianos parecían estar felices por ello, mientras que otros, no les agradaba la idea de culpar al dios de todo aquello.

La forma de ver al moreno había cambiado en muchos. Ya no veían al dios destructivo y cruel que antes había sido, veían a un hombre diferente, mas no todos compartían esa visión.

La sentencia que Odín le había impuesto habían sido dos años asgardianos de encierro. El rey ya les había explicado la forma de medir el tiempo en Asgard, el cual era muy diferente al de Midgard. Odín tenía la capacidad de controlar como corría el tiempo en Asgard, a veces era lento otras veces era demasiado rápido, todo dependería de la voluntad de Odín.

Así que dos años en aquel reino, podían ser más de dos años o menos de dos años en la tierra. Aquello hizo suspirar a Sophia. Al menos aún había esperanza.

Tras haber llevado al prisionero a su celda, la corte se cerró y todos los mortales presentes fueron llevados hasta el puente, en donde fueron despedidos y felicitados por el mismísimo padre de todo, aunque se podía sentir la falsedad en aquel gesto por parte de dios. Todos podían notar como el dolor y el enojo se reflejaba en su único rostro, y todo debido a la muerte de su esposa. Pero era comprensible.

Sigyn le deseó la mejor de las suertes a Sophia, prometiéndole que era posible que ella fuera a visitarla. Habían creado un vínculo de amistad muy especial, al fin y al cabo ella había sido la mejor amiga de Loki.

Tras todo aquello, los vengadores y Sophia, fueron enviados de vuelta a Midgard, en donde se encontraron con el desastre que había causado Amora en ese lugar. Y tal y como había predicho Stark, Fury lo culpó con aquel desastre y los impuso a ayudar al resto de superhéroes a reconstruir todos los daños que se habían causado por la pelea con las tropas de Amora.

El trabajo de reconstrucción comenzó. Y una vez que concluyó, todos intentaron llevar su vida de nuevo a la normalidad. Más Sophia no podía dejar de pensar en Loki y en todo lo que había pasado. Lo extrañaba y lo necesitaba.

Yno había noche en la que ella se durmiera con la pregunta del cómo estaba él,si dormía bien y si también él lo extrañaba como ella lo hacía.    

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