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Capítulo 26 (Pt. 2)

GUÍA

El enojo de Fury iba creciendo mientras que su ojo no se apartaba de las pantallas frente a él que mostraban el desastre causado por las creaturas de Asgard y de los mismos héroes que intentaban retenerlas a como diera lugar.

De alguna u otra forma, haría pagar a Stark por la loca idea de abandonar la Tierra en un momento tan crítico como este.

***

El calor de otro cuerpo, impactando contra ella, la motivo a abrir los ojos. Al encontrarse con unos mechones de color dorado frente a ella la hicieron sentirse un tanto confundida, pero cuando la fragancia a Vainilla había vuelto a inundarle las fosas nasales entendió lo que estaba ocurriendo frente a ella.

Frigga se hallaba, a unos centímetros de distancia y estaba con los brazos extendidos. Sus hombros subían y bajaban lentamente a un ritmo que había comenzado a preocuparle. Y el aroma a metálico combinado con la dulce fragancia de la vainilla comenzó a hacerse presente en el ambiente.

El sonido de alguien escupiendo la sacó de su aturdimiento mientras que veía el cuerpo de la diosa tambalearse frente a ella. Intentó sostenerla en sus brazos, más la falta de fuerza y equilibrio en sus piernas hicieron que ambas mujeres cayeran sobre el suelo.

Sophia acomodó a la mayor entres sus débiles piernas mientras se percataba que en su abdomen y pecho había una enorme mancha de sangre que había vuelto a su roída túnica de color arena a una de color escarlata.

Los ojos de Sophia se abrieron grandemente mientras que su respiración se volvía agitada.

— Frigga — murmuró casi inaudible mientras llevaba una mano a la mejilla de la mujer, la cual estaba manchada con la sangre que había surgido de su boca.

Al parecer, la diosa se había interpuesto entre el ataque de la hechicera y ella. Pero, ¿Por qué lo había hecho? ¿Por qué salvar la vida de una simple mortal que solo era una carga?

La aludida le presentó una hermosa y débil sonrisa mientras comenzaba a lagrimear de sus ojos.

— ¿Nunca escuchas... e-escuchas cuando t-te dicen que... te alejes? — preguntó entrecortadamente con un tono de voz un tanto hilarante.

— Vaya, no creí que aún le quedara energía para transportarse a esa velocidad — espetó la hechicera con un tono de voz despreocupado.

La castaña hizo caso omiso del comentario y enfocó toda su atención a la mujer que estaba entre sus brazos. Comenzó a querer detener la hemorragia, cortando una de las mangas de su vestido y situándola sobre el vientre herido de la mujer. De inmediato la tela se impregnó con aquel rojo y caliente líquido que emanaba de la rubia. Sus labios nos dejaban de decir "Te pondrás bien" como si de una plegaria se tratase, mientras que sus ojos comenzaban a nublársele por las lágrimas.

— ¿Por qué? — preguntó después de tomarle el pulso y percatarse de que esta iba descendiendo rápidamente.

Frigga levantó, con algo de torpeza, su brazo derecho hacia la mejilla de la mortal. La acarició con ternura mientras sus dedos jugaban con los mechones rebeldes de su cabello que se habían pegado a su pómulo.

— Tú... y... tu... hijo... deben... de... vivir — y tras susurrar aquello, sus dedos índice y corazón se situaron sobre la sien de la mujer, iluminándose. Después descendieron hasta donde estaba su corazón e hizo presión con la poca fuerza que esta tenía.

La vista de Sophie se vio interrumpida, al igual que sus oídos. Por su cabeza había comenzado a correr imágenes en su mente, de las cuales solo ella era consciente. Y tras unos segundos, su visión y su audición volvieron, trayéndola de nuevo a la realidad.

— Te... lo prometo — y tras decir esto, la diosa comenzó a cerrar con pesadez sus ojos.

***

Loki observaba aquellos manchones de sangre seca que adornaban de manera divertida el rostro de Thor. Su respiración era agitada y sus latidos simulaban la batería de alguna de las canciones que Sophie escuchaba de vez en cuando.

Habían estado pelando usando todo su potencial y se sentía orgulloso de que el otro dios se mostrara igual o más derrotado que él mismo. Al menos podría presumir que había vencido limpiamente al dios del trueno.

Thor se sostenía de la pared con una mano, mientras que con la otra apenas y sujetaba a Mjölnir.

— Debo de aceptar que de todas nuestras peleas esta ha sido la más... Interesante — sonrió Loki después de recuperar la respiración, mientras comenzaba a avanzar hasta el rubio con la lanza en mano.

El dios del trueno se apartó y dirigió sus pasos hacia otro rumbo, lejos del camino que estaba tomando el moreno.

— Nunca antes había querido matarte como ahora — le indicó Thor con voz potente.

Las risas del menor no se hicieron esperar tras el comentario.

— Me siento alagado, hermano — mencionó Loki con sorna mientras se aferraba a Gungnir, buscando estabilidad, mas intentaba reflejar autoridad. — Entonces debí de haber hecho esto hace mucho tiempo.

Loki le sonrió desafiante mientras que el rubio solo reparó en gruñir y mostrar sus dientes de forma animal.

— ¡No tienes vergüenza! — rugió con potencia a la par que intentaba abalanzarse sobre el moreno. — ¿Cómo puedes haber matado a nuestra madre y vivir como si nada?

Era tan divertido el simular para Loki. Toda su vida se había basado en simular lo que realmente no era él, solo para obtener lo que quería. Y siempre había sabido controlar todas sus emociones y expresiones faciales para nunca verse descubierto. Mas ahora, mientras Thor lo veía de aquella forma tan patética, al dios le fue muy complicado el no controlarse.

Soltó unas potentes carcajadas. ¿Cómo era posible que este no supiera manejar su brazalete de forma adecuada? Dicho artefacto no solo servía como vínculo con su guardián y para unirse a su futura mujer de por vida, sino que también estaban ligados a sus padres. Mientras que el collar los unía a Odín, el otro les unía a Frigga y con ellos les era posible identificar el cómo se encontraban los dioses y su localización.

— ¡Tú nunca tomas nada en serio! — lo regañó mientras alzaba las manos en forma desesperada y se acercaba a él. — ¡Todo es una broma para ti! ¡Y disfrutas del sufrimiento de los otros mientras tú te ríes en su cara!

Se acercó hasta el moreno, lo sujetó del cuello y lo llevó, con una fuerza que Loki no creía que aun tuviera, hasta la pared más lisa que había en aquella habitación del palacio, mientras el menor dejaba sus risas de lado y simplemente lo observaba.

— A pesar de que engañas a todos con tus bromas, yo te conozco bien, Loki — comenzó su discurso. — Siempre he caído en tus bromas, pero conozco tus facciones y lo que tú siempre has sido, lo que realmente sientes y puedes llegar a ser... porque conozco tu interior y sé que todo tiene un propósito para ti, cada risa, cada lagrima, cada movimiento, todo. Así que... — acercó su rostro al oído del menor y, aclarando su garganta, le susurró: — Dime, ¿Qué es tan gracioso para ti?

Loki le sonrió divertidamente e imitó a su supuesto hermano en acciones.

— Frigga no está muerta. Ella vive.

Y tras decir esto, las manos de Thor comenzaron a temblar hasta que soltaron al menor del cuello, dejándolo libre. El rubio comenzó a retroceder mientras negaba con la cabeza, observando a su hermano a los ojos.

— Me estas mintiendo — comenzó en voz baja, una vez que se detuvo a una distancia considerada lejos del menor. — ¡Estas mintiendo!

— Seré el dios de las mentiras. Mas nunca mentiría en algo así — se encogió de hombros mientras le dedicaba una sonrisa divertida.

— ¡No! — negó con la cabeza mientras que su rostro era una divertida ruleta emocional, quería sonreír por la buena noticia, mas su interior le decía que todo se trataba de un engaño y su sonrisa se volvía una mueca dolida. — Sif me dijo que tú la mataste — terminó de decir mientras se acercaba unos pasos al otro dios y luego retrocedía.

— ¡Oh, por Yggdrasil! ¿Ahora que te estoy dando una buena noticia y diciendo la verdad, prefieres creerle a una tonta que a mí? — cuestionó irritado.

— ¡Tú nunca eres sincero Loki y lo sabes! — lo señaló con el dedo, de manera acusadora, mientras se establecía a unos pasos del menor.

— Siempre eres tan estúpido, Thor — comenzó a caminar hacia el rubio. — ¿Qué acaso no la sientes?

El rostro de Thor se volvió ahora de una completa confusión.

— ¿Qué?

Loki rodó los ojos y se posicionó al lado izquierdo del mayor. Rasgó con la punta de la lanza la prenda, llevándose una exclamación de sorpresa por parte del otro, y fijó sus verdes ojos en la mirada roja del ciervo alado que rodeaba las runas que indicaban el nombre del rubio. Acercó su mano en el brazalete y lo ayudó a conectarse con la esencia de la mujer.

Era algo muy sencillo de hacer, puesto que él estaba muy acostumbrado a realizarla, desde pequeño siempre lo había hecho. Y ahora ayudando a Thor a realizarla le era muy fácil, más aun así el rubio no entendía nada de aquello, algo que reflejaba en su rostro.

— Los brazaletes nos sirven como conexión con Frigga y así nosotros... — se calló cuando su mente fue consciente del estado de la mujer.

Pudo sentir el dolor que ella sentía, al igual que la agonía. El escozor en su pecho y la sensación húmeda que lo empapaba. Era sangre y era mucha. Frigga estaba gravemente herida.

"Pensé que nunca te darías cuenta" soltó dentro de su mente el guardián. Giró el rostro, por inercia, y se encontró con la serpiente, la cual lo observaba con un semblante serio. Si Frigga se encontraba así, eso quería decir que Sophie... Su pulso se disparó y un terrible miedo lo hizo sentir el sudor frío en todo su cuerpo, al igual que un vacío en su pecho.

Mas sus malestares fueron en retroceso cuando el guardián le negó con la cabeza.

Los ojos de Loki fueron rápidamente hacia Thor, quien tenía una mirada sombría y había comenzado temblar bajo su mano.

— ¿Que fue eso? — le preguntó con una voz temblorosa mientras sujetaba la mano del menor en un fuerte agarre.

— Es nuestra madre en estos momentos — murmuró tras un corto silencio.

Thor posó su mirada ausente y sombría sobre su hermano menor y, como si le hubiera leído la mente, Loki asintió y lo sujetó con fuerza del hombro.

— Loki...

Y tras decir esto, ambos dioses desaparecieron del lugar, tratando de llegar hasta donde aquella mujer se encontraba.

El ir de un lugar a otro con magia, se había vuelto un viaje tan común para el dios. Era una sensación para nada desagradable que lo hacía sentir más ligero, puesto que lo veía en un abrir y cerrar de ojos. Más sin embargo, en aquella situación, se sentía pesado y todo segundo lo veía como horas.

Sin darse cuenta, el agarre del otro dios había comenzado a entumecerle la mano, haciendo así aún más lento el viaje.

Aparecieron en uno de los pasillos del palacio que estaban cerca de las habitaciones de Odín, en donde se suponía debían de estar resguardada ambas mujeres. Pero en cambio, el lugar estaba totalmente destruido.

La figura de la reina, tendida sobre el suelo fue la primera que captó su atención. Se tendió sobre de ella a gran velocidad, sin darse cuenta que Thor lo seguía. La tomó entre sus brazos mientras veía como ella se quejaba del dolor, causado por la herida que tenía sobre el abdomen. Registró su pulso —hábito que intentaron inculcarle en el hospital— y logró percibirle una leve, pero presente señal de vida. Su respiración era pausada, pero constante. Loki llevó sus manos a la mejilla de la mujer, acariciándola y tratando de limpiar la sangre que había salido de su boca. La mujer comenzó a mover los parpados como reacción al movimiento hasta llegar a abrirlos. Aquellos azules orbes fueron de enfocar nada hasta posarse sobre la verde y dolorosa mirada del menor de los dioses.

— Loki — suspiró la mujer mientras le dedicaba una sonrisa tierna.

Las manos temblorosas de la mujer comenzaron a moverse y tanto él como Thor reaccionaron a sujetarlas, una cada uno. Fue ahí que reparó en la presencia del rubio.

Thor había acercado aquella débil mano, manchada con la sangre de la mujer y marcada con la edad de la misma, la besó y la pegó en su mentón, tratando de ocultar las lágrimas que parecían escurrir por sus ojos. Thor había comenzado a llorar en silencio mientras veía como la mujer que les había dado la vida comenzaba a dar sus últimos alientos de vida.

— Mis dos... hijos... al fin... juntos — les dedicó la mujer aquellas entrecortadas palabras mientras Loki veía como el labio le temblaba por la impotencia de no poder hablar con más fluidez.

— Madre... yo... — comenzó a balbucear el menor, más la mujer lo interrumpió.

— Cuanto... han... crecido — se detuvo para jalar todo el aire que pudo, puesto que se le dificultaba mucho el respirar. — Estoy... orgullosa de ustedes...

— Perdónanos madre — se apuró a decir Thor mientras se apegaba más a la mujer, su voz sonaba quebrada por el llanto que había comenzado a surgir desde su garganta. Tal vez no estuviera lloriqueando, más si se lograban ver ligeras lágrimas surgiendo de sus claros ojos. — No... No pudimos protegerte... Yo...

— Basta — le ordenó la mujer aun denotando su autoridad, haciendo que ambos hombres posaran sus ojos sobre la mujer, la cual comenzó a toser descontroladamente, mientras comenzaba a escupir sangre.

Ambos dioses se apuraron a mantenerla sentada para evitar que se ahogara con su propia sangre, más la mujer alzó sus débiles brazos en señal de protesta.

El dios del trueno llevó sus desesperados ojos hasta posarlos sobre la mirada verde que parecía perdida entre todo aquel barullo que estaba viviendo. Llevó una mano hasta el hombro del menor, intentado que reaccionara y le prestara la debida atención. Loki alzó sus ojos hasta los de Thor y logró ver como el terror y la agonía se asomaban por aquellos ojos en los que antes había visto odio y un deseo feroz de tratar de vengarse del hombre que había creído su hermano por el hecho que lo creía presunto culpable de la supuesta muerte de su madre.

— Loki tienes que curarla — le suplicó Thor mientras se aferraba más al hombro del menor. — Tienes... tienes que hacer algo — tartamudeó.

El aludido alzó sus manos a la vista de sus propios ojos. Estaban manchadas de la sangre ajena y estas estaban temblando.

— Yo... — balbuceó perdido en sus propios pensamientos.

Nunca había creído que aquella fuerte mujer, pilar de la ciudad, pilar de Odín y de él mismo, ahora se encontrara al borde de la muerte. Aquello era completamente increíble e imposible. Más lo que sus ojos le estaban mostrando era todo lo contrario.

Sus temores comenzaron a hacerse presente, toda aquella oscuridad que había conocido, lo estaban abrumando, ahogándolo en todo aquel dolor que su alma comenzaba a experimentar. Cada herida, cada abuso, cada humillación, cada traición comenzaron a bombardear su mente y a desgarrar poco a poco su alma. Sentía como, cada vez que posaba sus ojos sobre la enorme herida de la que siempre amó como su madre, comenzaba a caer en un agujero que cada vez lo iba inundando en una profunda oscuridad en la cual no podía verse liberado por más que lo intentara.

— ¡LOKI! — lo sacó de aquel ensimismamiento en el que se había recluido, haciéndolo volver a la realidad. — ¡TIENES QUE HACERLO YA!

Las manos de Loki se encendieron como reacción ante aquello. Llevó sus chispas hacia donde estaba la herida de la mujer y cerró sus ojos para lograr concentrarse. Trató con toda su fuerza el curarla. Por Odín que deseaba hacerlo, con todo su ser. No podría permitirse perder a una mujer tan importante como ella.

Pero el fuerte agarre sobre su muñeca lo hizo abrir los ojos. La mano de Frigga se aferraba con decisión sobre su muñeca y estaba deteniendo aquel proceso de curación. Posó su expectante mirada sobre el rostro de la mujer, en busca de alguna respuesta a la oposición al querer curarla. Mas el frágil rostro de la mujer, acompañado de una ligera y hermosa sonrisa, le indicaron con una negativa que se detuviera.

— ¡PERO TENGO QUE HACERLO! — gritó con fuerza el menor entrando en un estado de histeria, la cual iba en aumento, gracias a todos los sentimientos de culpa que guardaba dentro de sí. — No he sido más que un hijo maldito que solo acarrea problemas... por mí, Asgard está al borde del abismo y la locura... por mi culpa tú estás así...

Frigga levantó la mano y le tapó la boca a Loki, haciendo que este callara. La sonrisa de la mujer seguía firme en su rostro, el cual ya mostraba señas de sumo cansancio.

— Nada de esto es tu culpa — soltó corrido la mujer en voz baja, mientras llevaba su mano de la boca a la mejilla del moreno. — Digan lo que digan... Tú siempre... serás mi hijo... Mí muy amado hijo...

Los ojos de Loki se abrieron grandemente y las lágrimas comenzaron a brotar de estos. Lagrimas que había estado conteniendo desde que arribó a la escena. Una puñalada fría le atravesó el corazón. Fue entonces que cayó en la cuenta que todo lo que había hecho antes, tanto en Midgard como en Jotunheim y en Asgard, había sido un completo acto de estupidez. Ahora todo había carecido de sentido. Todo.

Frigga dirigió sus ojos a los de Thor y, con la misa sonrisa, le envió un beso.

— Cuida siempre de tu hermano... — le suplicó la reina. — Pues tanto él... como tú... Están destinados... a grandes cosas...

Los ojos de la reina fueron rápidamente a los verdes del menor.

— Nunca... vuelvas... a... perder... la... fe... en... él...

Y con estas palabras, la reina dio su último aliento, abandonando aquel cuerpo herido para llegar hasta el Valhala. La mano que tenía en la mejilla de Loki cayó sin reparo alguno sobre las piernas de la fallecida mujer.

Tanto Loki como Thor se quedaron inmersos en su propia mente, tratando de procesar todo aquello.

— Vaya estupidez romántica la de la familia real. ¡Creo que quiero vomitar! — escupió con descaró una voz que Loki identificaba bien.

El menor alzó los ojos hacia dónde provenía la voz de la hechicera. Unos gritos le siguieron a los pasos de la mujer, quien comenzaba a adentrarse hasta donde se encontraban ellos.

El dolor y la culpa del dios fueron rápidamente transformados en una creciente ira cuando frente a él se posó la rubia mujer que vestía de verde y le sonreía divertida mientras que en su mano izquierda sostenía del cabello a la mortal a la cual estaba ligada. Sophia se retorcía en un intento por liberarse del agarre de la mujer quien parecía no ceder ante los gritos de aquella mortal.

Llamó a su cetro, el cual había soltado en el momento en que había llegado y visto el cuerpo de Frigga, y lo sujetó con fuerza, apuntando hacia la hechicera. La mujer le hizo una mueca de burla para después jalar de nuevo a Sophia y aventarla el frente de ella. Loki no reparó en cerciorase del estado de la mujer, puesto que toda su atención estaba sobre la maldita hechicera que estaba frente a él.

— Nunca pensé que los Vanir fueran tan estúpidos para proteger a los mortales... Y menos uno tan fuerte como ella... — dijo con un tono de voz burlesco mientras señalaba a la mujer con la cabeza. — Pero... la vida sigue — se encogió de hombros y alzó las manos en son de inocencia.

El agarre sobre la lanza se acentuó y se dispuso a disparar, más el martillo de Thor se le adelantó, golpeando a la hechicera de lleno, haciéndola retroceder hasta la pared del pasillo. Thor se situó a su lado y, alzando la mano, llamó a su poderosa arma a su encuentro.

Loki observó al rubio por el rabillo de los ojos y pudo percibir aquella mirada que antes había estado en él, minutos antes de haberse enterado de la verdad de Frigga, más con una ligera diferencia: el odio y el dolor habían ido en aumento hasta alcanzar unos límites que ni él mismo concia del otro. Y su aura, aquella de un brillante y vigoroso color rojo, se había comenzado a motear con unas manchas negras, las cuales hacían que esta comenzara agitarse de manera salvaje.

Le fue inevitable el sonreír ante aquella escena. Posó sus ojos sobre la hechicera la cual comenzaba a levantarse de aquel ataque de Mjölnir, se acercó hasta ellos con un semblante molesto, creando unas chispas color verde olivo en sus manos, lista para atacar. Pero ambos dioses se le adelantaron, lanzándose sobre de ella, cada quien con sus respectiva arma. Y en una especie de unión que habían hecho ambos hermanos, soltaron un potente rugido y atacaron a la hechicera.

Loki, evitando que Sophia se viera inmersa en aquella batalla, los transportó a otro lugar, lejos de la cercanía de la débil mortal.

***

— Y pensé que la serpiente con cuernos en mi baño sería lo más bizarro que vería en toda mi vida—expuso el millonario mientras soltaba un ligero suspiro y se cruzaba de brazos.

— ¿Quieres callarte, Stark? — le ordenó el capitán a su lado mientras lo jalaba del brazo, tratando de ocultarlo detrás de la pared.

El resto de los vengadores se encontraban sentados en el suelo de aquella choza que habían encontrado mientras ideaban un plan para salir de aquel embrollo.

Desde muy pequeño, Steve siempre había sido muy devoto en todas su creencias. Nunca había celebrado ninguna celebración pagana debido a esa devoción. Estaba chapado a la antigua, eso era algo que hasta el mismo aceptaba.

Pero ahora, que se encontraba en aquel reino que desafiaba a todas sus creencias sobre la mitología y sobre su misma religión, había llegado a un momento crítico en su propia fe.

Pasó sus ojos por todo el lugar, vigilando cada uno de las acciones de sus compañeros. Natasha y Clint estaban vigilando todo lo que sucedía afuera, Bruce había vuelto a ser normal y se encontraba descansando en una de las esquinas del lugar, Pym estaba curando alguna de las heridas de Janet la cual no dejaba de hacer pucheros, T'Challa y Carol estaban situados uno a cada extremo de la habitación en la espera de alguna señal de alerta, al igual que los guerreros Asgardianos. Pero Tony, ¡Dios! Tony se encontraba paseando de un lugar a otro, moviendo las manos en seña de una creciente ansiedad que estaba comenzando a ponerle los nervios de punta.

— Digo, es que es realmente bizarro el encontrarte con algunas mujeres árboles que hablan y se mueven — continuó con sus ideas el genio mientras no dejaba de caminar. — Me hacen pensar que hemos venido a la Tercera Edad del Sol de la Tierra Media.

— ¿No estarás hablando enserio? — le cuestionó Mis Marvel mientras alzaba una ceja.

— Todo cuadra a la perfección. Solo piénsenlo, tenemos a Legolas de nuestro lado — señaló a Clint — y al resto del reparto, solo nos haría falta un hobbit y un enano... ¿Alguien se propone como candidato? — lanzó la pregunta a todos, mas nadie pareció interesado en aquello.

— ¿Nadie lo ve desde ese punto? — volvió a insistir.

— Guarda silencio, Tony, por favor — le volvió a ordenar el soldado para luego soltar un suspiro.

Había ocasiones en que no entendía todas las referencias que soltaban en la actualidad y debía de quedarse con la duda hasta que pudiera preguntarle a Darcy —quien siempre trataba de tenerlo al día con todo de lo que se había perdido en esos últimos setenta años en los había pasado congelado—, pero había otras en las que si entendía y realmente le parecía molesto, ya que, como en la mayoría de los casos, Tony siempre molestaba con aquellas cosas hasta el punto de hartarlo, como en aquellos momentos.

Optó por ignorar todo aquello y centrarse de nuevo en pensar en una forma de cómo salir, aprovechando que todo volvía a estar en un relajante silencio.

— Es increíble que nos hayan encerrado en una maldita ilusión — comenzó Tony después de un rato de haber guardado silencio, Steve solo optó por rodar los ojos. — Digo, somos los héroes más poderosos del mundo, no pudimos haber caído en algo tan estúpido como un encantamiento...

— Loki y Amora son unos maestros en el arte de la hechicería — le indicó uno de los guerreros, si mal no recordaba su nombre era Fandral, sin dejar su lugar.

— Si y yo soy un as en el uso de las ciencias y no se lo ando restregando a todo el mundo encerrándolo en una capsula ilusoria — alegó el moreno mientras se paraba en su lugar y movía las manos de manera exagerada.

— ¡Basta Tony! — lo regañó la espía mientras no dejaba de vigilar desde su ventana. — Compórtate.

— Y si, si lo haces — le indicó el arquero mientras se movía de su lugar. — Oh me dirás que ya no recuerdas la cámara de híper sueño en la que nos encerraste por "error" durante una semana, de la cual no salimos hasta que Fury presionó a JARVIS para que nos liberara, puesto que la tierra estaba bajo ataque.

— Cierto, aún tengo secuelas de esa vez — mencionó Banner alzando la vista hacia el centro de la habitación.

Todos posaron la vista sobre el genio, con el recuerdo muy presente de aquella ocasión que los había encerrado con engaños dentro de su nuevo experimento, mientras que este solo desviaba la vista hacia cualquier punto como si estuviera buscando algo importante.

— No vamos a conseguir nada si siguen discutiendo — habló con un cierto tono de molestia la guerrera de cabellos negros mientras se ponía de pie. — Necesitamos un plan para salir de esta ilusión.

— Ya hemos visto que pelear no sirve de nada, solo nos agota y las creaturas siguen apareciendo — apuntó Pym mientras volvía su vista hacia el resto del grupo. — Nos quiere mantener aquí hasta que terminemos muertos de cansancio.

— Necesitamos buscar un punto en donde la ilusión sea más débil y enfocarnos en este para tratar de derribarla...

— Es un buen punto, T'Challa — felicitó Banner mientras se cubría con una manta que habían encontrado en aquel lugar, ya que parte de su ropa había terminado casi destrozada y había partes en las que no cubría su cuerpo siendo él mismo, más si mientras era el otro tipo. — Pero aun así no resuelve la interrogante, ¿Cómo podemos derribarla?

— Muy sencillo — volvió alzar la voz Tony —: La estallamos con una bomba, eso siempre funciona.

— O esperamos que el hechizo se debilite como ahora — anunció la pelirroja mientras se ponía de pie y cargaba su arma en la mano.

Todos los presentes, a excepción de Tony, se dirigieron hacia la ventana. Natasha señaló con su arma el punto en donde la ilusión se iba desvaneciendo poco a poco, era una parte del cielo, el cual había pasado de ser un azul claro y volverse de un esplendoroso color rojizo.

— Esto es muy extraño, nunca antes un hechizo puesto por Loki había durado tan poco tiempo — señaló la guerrera mientras se apartaba un poco de la ventana, con un semblante confuso.

— Es posible que su magia se esté agotando — analizó la pantera.

— No — negó con rapidez la mujer. — Siempre es muy precavido, nunca drena toda su magia. El siempre trata de absorber de todo lo que hay a su alrededor para evitar este tipo de contratiem...

— ¡Eso es! — exclamó con entusiasmo Stark, interrumpiendo la información que estaba dando la mujer. — ¡Absorber es la respuesta! ¿Cómo no se me pudo ocurrir antes?

— ¿De qué demonios hablas, Tony? — cuestionó con curiosidad la avispa.

El genio, quien se había quedado en su lugar, había comenzado a moverse de un lugar a otro con una expresión de éxtasis mientras miraba hacia todos lados.

— ¿Ahora que te ocurre, Stark? — le instó el rey de Wakanda mientras se cruzaba de brazos, un tanto molesto.

— Es algo muy sencillo: Absorber — volvió a repetir.

— Explícate, Stark — ordenó Rogers mientras se posicionaba al lado de Pym, quien parecía estar tan perdido como él con las palabras del genio.

— ¡Dios, al parecer muchos carecieron de una estimulación temprana! — se detuvo el inventor, su rostro reflejaba algo de fastidio. — Mientras estuve con Loki en el laboratorio, aprendí muchas cosas sobre su magia, pude hacer varios campos de fuerza en contra de su magia, logré utilizar su magia como fuente de energía para un aparato y, lo más importante en estos momentos, utilizar su magia en su contra a través de un aparatito que logra absorber la magia y volverla energía para mi armadura...

Todos observaron atónitos al millonario mientras esta les sonreía con una estúpida sonrisa, la cual siempre utilizaba cuando ganaba en alguna partida de un video juego, cuando él tenía la razón o cuando se alzaba sobre el resto, en esta ocasión era la última.

— ¿Nos estas diciendo que puedes absorber la magia de Loki y utilizarla como energía de tu armadura? — preguntó un tanto seria Carol.

— A resumidas cuentas, sí.

— Y bien, ¿Qué estamos esperando? — soltó con más animo Janet mientras se encogía y comenzaba a volar por todo el lugar.

El sonido de aquel lugar comenzó a distorsionarse y el suelo empezó a temblar de manera agitada.

— ¡Creo que este sería justamente lo que estamos esperando! — alzó la voz Clint mientras sujetaba con fuerza su arco y se ponía en posición de ataque.

Al menos esta vez, las cosas se dieron sin planearlas demasiado.

****

La cabeza le palpitaba y su vientre le había comenzado a doler desde hacía tiempo atrás. Comenzó a incorporarse poco a poco, mientras se llevaba una mano a la cabeza en un intento infantil por detener las palpitaciones.

Analizó todo a su alrededor mientras su vista se iba adaptando de nuevo a la luz de aquel lugar. Las paredes estaban con marcas, el lugar estaba completamente vacío y, cerca de ella, había un charco de sangre.

Su mente despertó por completo al recordar lo que significaba aquel charco.

— ¡Frigga! — se levantó apresurada, aun con dolor en todo su cuerpo, y se tumbó al lado de la mujer, la cual estaba completamente inmóvil.

La tomó de nuevo entre sus brazos y le buscó el pulso. Dejó de respirar por unos segundos debido a que la mujer no mostraba ninguna señal de vida. Las lágrimas comenzaron a nublarle la vista y acomodó la mujer en el suelo, en un intento absurdo por tratar de reanimarla. Comenzó llevando sus manos sobre el corazón de la mujer, dando golpes constantes sobre su pecho, para después acercar su boca a la de ella e intentar darle respiración boca a boca.

— Vamos, por favor, despierta — decía con insistencia mientras repetía una y otra vez sus actos.

Pero por más que insistiera, por más que deseara que aquello fuera una mentira, la mujer sobre el suelo no abría los ojos, no reaccionaba ante nada. Significaba que la diosa había muerto y todo había sido por su culpa, por protegerla a ella, quien había sido tan tonta como para desafiar a una hechicera mucho más fuerte que ella.

La impotencia la inundó y no pudo hacer nada más que abrazarse a sí misma, tras haber recogido sus piernas. Hundió su cabeza sobre sus rodillas y dejó correr sin control lágrimas de dolor.

A pesar de que había conocido hace poco a la mujer, ya la estimaba demasiado y en verdad había deseado ese fin para ella. Sophia la quería a su lado, pero viva. Puesto que la mujer se había vuelto en aquella figura que la mortal había perdido hace ya casi tres años: su madre. Agregándole que la mujer también era importante para el dios. ¿Cómo reaccionaría Loki cuando supiera que su madre había fallecido y por culpa de ella? Posiblemente la odiaría y la dejaría de lado con la creatura. Pero algo en ella le hizo reflexionar sobre aquello, diciéndose a sí misma que eso era imposible.

"Él nunca te haría un lado, y tú lo sabes" escuchó la voz de la serpiente la cual comenzó a rodearla con su pequeño cuerpo. Sophia no quiso alzar el rostro, mas agradeció aquel gesto por parte del guardián.

Unos fugaces recuerdos azotaron su cabeza. No eran precisamente recuerdos de ella, puesto que veía algunas partes del palacio en buen estado. La figura de una bella y rubia mujer apareció en aquel recuerdo, seguido por la presencia de un pequeño niño de cabellos oscuros como la noche que corría tras ella. Rápidamente identifico a cada personaje, eran Loki y Frigga hace mucho tiempo atrás. La mujer soltó una potente risa para después abalanzarse sobre el niño y aprisionarlo entre sus brazos con un potente y amoroso abrazo, el cual Loki parecía disfrutar mucho. Al cabo de unos instantes, la imagen desapareció.

Después le siguió otra y luego otra, tras otra. Pero en todas había un recuerdo semejante: Frigga abrazaba con cariño a Loki, aun cuando este fue prisionero de la ciudad que lo vio crecer y era considerado el enemigo número uno de Asgard, aun así, la imagen era la misma, Frigga abrazaba con todo su amor al menor de sus hijos.

Tras esto, las imágenes se detuvieron y la figura de Uróboros se hizo presente en su cabeza.

"Debes de estar con él, ahora que lo va a necesitar más" la voz sonaba seria y con un ligero tono de angustia. "Al igual que tú, se siente culpable de la muerte de la mujer".

— ¿Ya lo sabe? — susurró para sí misma mientras que en su mente la creatura asentía.

El corazón de Sophia se encogió ante aquello. Si quería ayudar a Loki en estos momentos, debería de ser un poco más fuerte. Ella ya había pasado por la pérdida de su madre, ahora debía de servir de apoyo para el dios que ahora se enfrentaba a la misma perdida.

Levantó el rostro y posó sus ojos hacia el rostro sereno de la mujer que estaba ante sus pies. Le dedicó una débil sonrisa, para después acercarse a ella y plantarle un pequeño beso en la mejilla.

— Gracias — murmuró a la mujer, con la tonta creencia de que aun podía escucharla.

"Debemos irnos y resguardarte en un lugar seguro" le sugirió el guardián.

Se dispuso a ponerse de pie, en un acto por obedecer a la serpiente, la cual se hizo a un lado para darle espacio, pero el sonido de otra respiración la alertó en instantes.

— Así que hay una pequeña niña perdida por aquí — el tono de voz era fuerte y lo podía escuchar muy cerca de ella.

Posó su vista hacia dónde provenía la voz y se encontró con una figura alta, con una aspecto semejante al de Loki cuando se convertía en un gigante de hielo, por lo cual la hizo adivinar que se trataba de uno.

La creatura le sonrió divertida mientras se aproximaba a ella de forma amenazadora y en su mano comenzaba a formar una cuchilla hecha de hielo sólido. La mujer empezó a retroceder en un esfuerzo por distancia entre la creatura y ella, mas esta no dejaba de acercarse a ella. Alzó sus brazos en un esfuerzo por crear una barrera que la protegiera, más el cansancio del que ahora era consciente le impidió hacer algo verdaderamente sólido. No importaba que tuviera la magia de Loki con ella, si no era capaz de canalizarla y proyectarla, jamás podría utilizarla.

Fue en ese momento que el miedo comenzó a inundarla. Giró su rostro hasta donde estaba la serpiente, la cual estaba retrocediendo igual que ella, mas esta estaba frente a ella, en son protector. Cuando su cuerpo chocó contra la pared, impidiéndole seguir retrocediendo, el Jötun le dedico una ligera risa de satisfacción mientras la amenazaba con su cuchilla.

— Despídete de todo, mortal.

— ¡No, el que dirá adiós serás tú! — escuchó el grito de una mujer mientras veía que frente a ella el Jötun era cortado a la mitad por una cuchilla hecha de luz.

La sangre azul de la creatura la alcanzó, manchándole algunas partes del vestido que estaba usando, algo que hizo que Sophia se cubriera el rostro con sus manos.

Tras unos segundos, apartó sus manos y observó a quien le había salvado la vida. Era un individuo, que cubría su rostro con una capucha. Podría calcular que era, si acaso, unos centímetros más alta que ella. Sus manos despedían una luz color naranja, mas su cuerpo, era rodeado con un aura de color morado, seguido por una dulce fragancia de moras.

— ¿Quién eres? — demandó saber Sophia mientras no se apartaba de la pared.

Después de uno momentos, el individuo desapareció su magia y se retiró la capucha, descubriendo su rostro. Las facciones de una bella mujer iluminaron aquel pasillo. Tenía unos ojos de color azul y un hermoso cabello ondulado de color dorado. Su piel era pálida, ayudando a resaltar sus hermosos ojos.

Sophie abrió grandemente sus ojos, sorprendida por la imagen de su salvadora.

— Soy una vieja amiga — le sonrió la mujer con un tono de voz casi cantarín.

— ¿Estas de mi lado o de Amora? — preguntó algo temerosa.

La mujer dudó por unos momentos en responder.

— Soy alguien que ha venido a guiarte y protegerte — respondió con gentileza. — Tú sabrás como catalogarme. ¡Ven! Tenemos que irnos de aquí.

La castaña se mantuvo quieta por unos momentos mientras analizaba si acercarse o no a la extraña mujer. La creatura a sus pies, en cambio, no dudo en acercarse a la mujer, para después girar su rostro e indicarle que se acercara. Sophia caminó a paso lento hasta situarse al lado de la otra mujer.

— ¿Eres una diosa o algo así? — indagó.

La mujer soltó una ligera risa.

— La gente de Midgard es demasiado curiosa y desconfiada — señaló la mujer mientras se cruzaba de brazos. Tras un rato, comenzó a buscar con la mirada algo. — Se supone que Frigga estaría contigo, ¿en dónde está?

Una triste mueca se formó en el rostro de Sophia, junto con una ligera opresión el pecho. Señaló con el mentón donde yacía el cuerpo de la diosa sin vida. La mujer siguió su dirección y la mortal pudo captar como aquel dulce rostro se volvía en una especie de mueca de dolor y tristeza.

— Por Yggdrasil — soltó en un suspiro, mientras se llevaba una mano al pecho.

Acercó sus pasos hasta donde estaba la antigua reina y se inclinó hasta ella. Le plantó un beso en la frente para después tomarla entre sus brazos y comenzarla a alzar.

— ¡Necesito tu ayuda! — gritó la mujer un tanto ansiosa.

Sophia no dudó en acercarse, para después tomar el cuerpo de Frigga y ayudarlo a cargar a la otra mujer hacia una de las puertas que había en aquel pasillo. La rubia abrió como pudo la puerta y juntas se adentraron a la habitación. Dentro de aquel lugar había una enorme cama junto con algunos enormes estantes de libreros y unos cuantos escritorios donde había muchos objetos extraños para ella. La habitación estaba adornada con algunas sabanas de color verde, pero también tenía unos toques de dorado.

Al igual que el resto del palacio, el lugar estaba cubierto de polvo y algunos escombros que habían caído del techo.

La rubia la guio hasta la cama, donde depositaron el cuerpo sin vida de Frigga, la acomodó en una posición decente y la cubrieron con una de las sabanas verdes.

— Esto no es lo que se merece, mas es lo mejor que le podemos dar — mencionó la rubia tras haber soltado un suspiro. — Es hora de irnos.

La mujer a su lado se giró y comenzó a caminar hacia la puerta de aquella habitación.

— ¡Oye, espera! — le gritó Sophia un tanto confundida.

La mujer se detuvo en el umbral de la puerta y giró su rostro hacia donde se encontraba la castaña. Sus ojos azules se posaron sobre ella, pero por más que pareciera que la estaba observando de manera dura o fría, aquella mirada le reflejaba dulzura y compasión.

Sophie se acercó lentamente hasta ella y la miró con algo de valentía.

— No sé ni siquiera quien eres, ni mucho menos si puedo confiar en ti — comenzó con algo de decisión en su voz. — Pero al menos, si vas a protegerme, debería de saber algo que me haga confiar en ti.

La otra mujer la observó por unos momentos en silencio, mientras parecía meditar en lo que le iba a decir. Más tras unos segundos, soltó un prolongado suspiro.

— Soy una vieja amiga de Loki — reveló la mujer mientras le dedicaba una sonrisa. — Soy Sigyn, diosa de la Fidelidad.

— Y yo... Soy Sophie... ¿Mortal con Magia? — dijo con algo de modestia mientras se encogía de hombros. En verdad, le era muy difícil el competir con los dioses de este lugar, todos tenían un título muy elegante, que los hacia denotar su poder.

Sigyn sonrió divertida, para después girar de nuevo.

— Debemos avanzar, Lady Sophia, nuestro objetivo es encontrar a Thor para que te lleve de regreso a Midgard.

Sophie asintió y se posicionó al lado de la mujer. Tras esto, comenzaron a caminar, fuera de la habitación, por uno de los interminables pasillos.

— Pero antes, debemos llevarte a un lugar en donde estés a salvo hasta que logre encontrar a Thor — le indicó mientras le dedicaba una sonrisa.

Sophia la imitó, mas aquello se vio interrumpido por un fuerte mareo la abrumó, haciéndola tambalearse y perder el equilibrio. Por suerte la diosa la sujetó antes de que cayera sobre el suelo.

— ¿Se encuentra bien, Lady Sophia? — preguntó con preocupación.

— Me siento un poco cansada, eso es todo — respondió la castaña con una voz débil.

— ¡Oh, debe disculparme! — comenzó la mujer un tanto alarmada. — He olvidado por completo el restablecer sus energías.

— ¿Qué cosa?

— Quédese quieta mientras hago mi trabajo — ordenó la mujer mientras la recargaba sobre la pared, para después iluminar sus manos con aquella luz anaranjada.

Cerró sus ojos y aspiró profundamente mientras juntaba sus manos. Sophia se mantuvo callada mientras la observaba con algo sorpresa mientras que un fuerte aroma a moras invadía sus fosas nasales. Sigyn llevó sus manos al pecho de la otra mujer y ejerció algo de presión sobre este. La castaña sintió como un fuerte calor la comenzaba a inundad mientras que sus fuerzas volvían y el dolor desaparecía por completo.

Tras unos minutos de permanecer de esa forma, la diosa se apartó de ella y abrió los ojos, dedicándole una dulce sonrisa.

— Por favor, no le diga Loki que cometí este pequeño error, ¿de acuerdo? — le suplicó la mujer con aquel dulce tono de voz, a lo que Sophie no pudo más que sonreír y soltar una ligera risa.

— De acuerdo — aceptó.

Y luego de permanecer unos momentos en silencio, un fuerte estallido al lado de ellas las hizo ponerse en guardia. Una de las paredes del pasillo había sido destrozada, dejando un enorme hueco por donde había entrado una figura.

Ambas mujeres se acercaron con sumo cuidado mientras que la diosa comenzaba a generar chispas anaranjadas en sus manos. Pero grande fue su sorpresa cuando la figura que había entrado se trataba de un sujeto rubio, alto y con una imponente figura.

— ¿Thor? — soltó la mujer con algo de confusión.

— ¡Vaya, eso fue mucha más sencillo de lo que pensé! — soltó con algo de entusiasmo la rubia, mientras desaparecía de sus manos su magia.

El rubio dios sacudió la cabeza mientras comenzaba a ponerse de pie. Sus movimientos eran torpes y en todo su cuerpo había una fuerte señal de que el pobre guerrero no había hecho otra cosa más que pelear.

Cuando estuvo completamente de pie, observó a ambas mujeres con algo de confusión.

— ¿Lady Sigyn? ¿Sophie? — preguntó mientras se sostenía de la pared con una mano y sujetaba con fuerza a su mazo con la otra.

— Príncipe Thor, por orden del príncipe Loki, usted debe...

— ¡Loki! — soltó Thor saliendo de una terrible desorientación para ponerse en alerta. Algo en esas acciones hicieron que una pequeña espinilla de preocupación se comenzara a clavar en el corazón de Sophie.

— Si, Loki — volvió a decir Sigyn mientras se acercaba al hombre y lo intentaba ayudar.

Ambos dioses salieron de aquellos escombros que había provocado la repentina caída del dios sobre aquel extenso pasillo.

— El me ordeno que usted se llevara a Lady Sophia lejos de Asgard para que la pusiera a salvo — le terminó de decir la diosa mientras Thor se apartaba de ella un tanto descortés.

— Debo regresar con mi hermano — dijo el hombre mientras caminaba torpemente unos pasos para después desplomarse sobre el suelo de nuevo.

Amabas mujeres fueron a socorrerlo mientras el dios se negaba a que alguien lo ayudara.

— Por favor, quédese quieto, está muy herido — señaló la rubia mientras comenzaba a invocar de nuevo sus chispas de color naranja.

— ¡NO! — rugió un tanto molesto el dios mientras se soltaba de cualquier agarrare que ambas mujeres hicieran. — ¡Necesito ir a buscar a mi hermano!

Fue ahí la ansiedad y la angustia inundaron a Sophia, necesitaba saber porque era tanta la insistencia de aquel dios por volver con el moreno.

— ¡Thor, mírame! — lo sujetó la mortal del mentón, haciendo que este lo observara, la vista del rubio no se lograba enfocar en ningún punto y parecía estar completamente desorientado, era posible que hubiera sufrido una fuerte contusión que lo estuviera haciendo perder la orientación. — Dime, ¿algo malo le ha pasado a Loki? ¿Dónde está él?

Y tras unos cuantos segundos, los cuales le parecieron eternos a la mujer, le sobrevino lo que más temía escuchar.

— Amora... Ella capturó a Loki y lo tiene en un débil estado... Quiere torturarlo hasta matarlo.

El corazón se le encogió y no pudo más que caer sobre sus rodillas. Debía de hacer algo y rápido antes de que aquella mujer matara al hombre que más amaba.

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