Capítulo 26 (Pt. 1)
GUÍA
Era inevitable el no sonreír. Todo iba tal cual ella lo esperaba. Solo que había unos pequeños contratiempos con los que no contaba, pero aun así, ya tenía un plan de respaldo.
Observó la horda de creaturas que se aproximaba hasta ella, horda que le era extremadamente fiel, y sonrió más ampliamente.
Los Jötuns, quienes encabezaban el conglomerado, se inclinaron frente a ella, en señal de respeto y posaron su vista a lo alto, al improvisado trono donde la mujer residía.
— Estamos a su entera disposición, mi Reina — dijo uno de los Jötuns mientras llevaba su mano a su pecho en son de respeto.
La mujer apretó la roca donde descansaba sus brazos con ansias, mientras enfocaba su vista al horizonte, donde a lo lejos se podía ver las inminentes torres de Asgard alzarse.
— Ya es hora — pronunció mientras se ponía de pie y señalaba la ciudad dorada.
Las creaturas rugieron al unísono, como himno de batalla mientras alzaban sus brazos y armas al cielo. Tras esto, salieron en estampida con rumbo a su destino.
Amora no se pudo sentir más entusiasmada. Se giró, de vuelta a su trono hecho de piedra y oro, para después sentarse y comenzar a jugar con sus manos, mientras que los primeros rayos de sol iluminaban su pulcra figura haciendo resaltar el dije que colgaba de su cuello, rojo tan profundo, como si se tratara de sangre.
Aquello era algo que ni la poderosa Asgard podría hacer frente.
***
No se había dado cuenta de que estaba moviendo a Mjölnir de manera estrepitosa, hasta que Sif se lo había hecho notar y el cielo había comenzado a nublarse, mientras que los rayos comenzaban a asomarse en señal de que una tormenta se estaba aproximando.
Su estado de ánimo no era el más adecuado para el simular serenidad en esos momentos. De hecho, era obvio que todos se habían dado cuenta que era mejor no tratar nada ridículo con el dios, puesto que temían a como reaccionara. Mas eso no detuvo a Tony para haber hecho un comentario infantil sobre el nuevo estado Hulk-Dios que solo tenía punto de comparación con el monstruo verde en el que se convertía Banner, por suerte para el genio, Volstagg y Hogun lo habían hecho razonar antes de que pudiera lanzarse contra el mortal y arrancarle el cuello.
Pero era difícil para Thor el mantenerse sereno con toda la ansiedad, rencor y dolor que sentía. Su mente era un completo torbellino el cual no podía controlar, ya que esta quería liberarse de su interior. Más el rubio hacia todo lo posible para guardarlo y mantenerlo enfocado hacia un solo punto, o más bien una sola persona: Loki.
Su mente aún no alcanzaba a entender cómo es que aquel hombre tan apegado a su madre, mujer que parecía solo tener ojos para él, ojos que Thor siempre quiso impresionar mas solo obtenía un fuerte abrazo y un pequeño viva, pudo arrebatarle la vida. Era obvio que Frigga siempre prefirió la magia de Loki a la fuerza bruta de Thor, pero aun así, los amaba a ambos y demasiado, eso era algo que el rubio tenía muy presente. Más aun así, con tanto amor y tantas atenciones, Loki se había atrevido a dañar y matar a la mujer que lo cuidó y protegió durante cientos de años.
Y era por eso que estaba enojado, era por eso que estaba completamente irritable, porque quería justicia, quería hacer correr sangre, no le importaba que fuera su hermano, o quien fuera, se habían atrevido a dañar a un ser tan puro e inocente y el dios del trueno haría cumplir su venganza a como diera lugar.
El agarre sobre su mazo se atenuó mientras sus ojos se enfocaban en el portal que comenzaba abrirse frente a él. Su capa ondeaba a la par que el viento del desierto azotaba sobre el grupo de héroes y guerreros que se reunían en aquel punto de partida. El rostro del rubio se veía contorsionado en una mueca de molestia y fastidio. Solo podía contar los segundos para regresar a su querida Asgard. Necesitaba respuestas y solo en aquel reino las obtendría.
— Y bien... ¿Quién será el primero? — preguntó el genio mientras la máscara de su armadura se encontraba alzada, descubriéndole el rostro, el cual enseñaba una divertida sonrisa. — Debo recordarles que aún no la hemos probado del todo. Así que si alguien resulta con problemas de radiación de algún tipo, ni yo ni mi compañía nos hacemos responsables de dichas consecuencias.
— ¡Cierra el pico, Stark! — gruñó la pantera mientras sacaba las garras y lo amenazaba a distancia.
— ¡Está en el contrato que firmaron, ya no es mi responsabilidad! — continuó alegando el hombre.
La negación con la cabeza por parte de los doctores Banner y Pym se dio al mismo instante, acompañada por una ligera risa.
— ¡Yo me ofrezco! — exclamó irritado Thor mientras daba un paso al frente y se dirigía al portal.
Los guerreros imitaron su acción y lo seguían a unos pasos de distancia.
— ¡Perfecto! — aplaudió el billonario con entusiasmo. — Sabía que nuestro fortachón sería más valiente que el resto.
— ¡Eso es injusto! — exclamó con fastidio el arquero mientras se cruzaba de brazos. — ¡Ellos son inmortales! Ya les viene y le va si les pasa algo o no.
"Ojala fuera cierto" pensó Thor mientras se adentraba al portal y escuchaba a medias las palabras de ánimo por parte de Stark, no entendió bien que era lo que le había dicho, puesto que su mente estaba enfocada solo en llegar hasta Asgard.
Le pareció realmente impactante lo que vio. La eterna y radiante ciudad que él tenía en mente se encontraba en su peor momento. Los gigantes de hielo y las Askafroas —las cuales tenía tiempo sin ver— los estaban esperando, mientras que un grupo de gigantes de fuego y algunos orcos atacaban a la ciudad, la cual ardía en llamas por el caos causado.
Ante aquella vista, la guerrera lanzó un potente grito de batalla y arremetió contra los seres que les obstaculizaban el paso. Hogun activó los picos de su arma y se lanzó, en silencio y con agilidad, sobre uno de los Jötun, seguido por Volstagg y Fandral, quienes golpeaban con destreza.
— Nunca pensé que Asgard se viera tan... ¿Ardiente? — le sorprendió el genio mientras se posicionaba a su lado, seguido por el resto de los héroes.
— ¡VENGADORES UNIDOS! — exclamó con potencia el capitán su tan conocida frase, mientras alzaba su escudo al aire.
Los mortales se movilizaron, tratando de apoyar a los guerreros. Thor apretó con más fuerza su mazo y, con un grito, atacó a los seres que les impedían el paso.
Tras unos minutos, la batalla se tornó a favor de ellos. Los Jötuns que aún seguían en pie tuvieron que retroceder, dejándoles el camino libre.
— ¡Debemos llegar hasta la ciudad y pronto! — exclamó Sif mientras sacaba su espada de una de las Askafroas que yacía en el suelo.
La voz de la diosa apenas hizo eco en su cabeza y su vista apenas logró divisar a los individuos que venían a apoyar a los Jötuns que aún seguían peleando. A pesar de que golpeaba a diestra y siniestra de forma efectiva a todo lo que se atreviera a acercarse, su mente no podía enfocarse en otra cosa que no fuera su hermano. El nombre de Loki rondaba una y otra vez, arrastrando las interrogantes que poco a poco le iban destrozando el corazón. ¿Por qué lo había hecho? ¿Cómo es que siquiera se atrevió? Por más que lo intentaba no podía hallar respuesta aquello que lo atormentaba y enojaba.
Fueron adentrándose a la ciudad, a la par que iban derribando a sus enemigos. Los elfos eran aguerridos pero tanto la viuda como la pantera podían contenerlos. Hulk se estaba encargando de los orcos y de algunas creaturas de fuego de Helheim.
Cuando el golpeaba con su mazo a una de las mujeres árbol, uno de los Jötuns se había aproximado hasta él para golpearlo, más uno de los propulsores del genio lo derribó antes de que llegara a completarlo. Tony aterrizó a su lado mientras la máscara dejaba al descubierto su rostro, en el cual había una sincera sonrisa.
— ¿No crees que es muy pronto para agradecerte? — cuestionó con brusquedad el dios. — Aun puede no terminar bien esto...
El billonario marcó más su sonrisa, negando con la cabeza, para después extenderle algo con el brazo. El rubio alzó una ceja para luego tomar lo que el hombre le ofrecía. Observó el objeto con algo de extrañeza.
— Para esto sí quiero que me subas el ego agradeciéndomelo — le dio un puñetazo en el hombro. — Y dile a cuernitos que esto va de mi parte...
Thor pasó sus ojos del aparato al rostro del genio y de vuelta al mismo. El hombre suspiró mientras rodaba los ojos.
— El puntito rojo eres tú y la lucecita verde que se mueve es Loki — le decía mientras le señalaba con el dedo. — Es mejor que tu vayas, es posible que malinterprete el verme a mí, en lugar de a ti y no quisiera acarrearme más problemas.
— Gracias — soltó un tanto más relajado, mientras veía como la máscara volvía a su lugar y Tony salía despedido fuera de ahí.
Los ojos azules se posaron sobre el aparato que sostenía entre sus dedos. La luz verde titilaba con insistencia mientras parecía moverse por toda la pantalla negra que iluminaba. Inhaló con fuerza para después comenzar a girar a Mjölnir con velocidad alzándolo para salir volando del lugar, evitando uno de los ataques de los orcos.
Le era imposible el poder dejar de sentirse herido. De hecho, ni siquiera sabía cómo reaccionaría en cuanto viera a Loki, ¿Que haría cuando lo tuviera frente a él? ¿Se atrevería a hacerle lo que se había jurado a hacer a quien se había atrevido a matar a su madre? Podía asegurar que aún desconocía lo que le diría y el cómo lo enfrentaría. Tenía miedo y eso era ya mucho decir de su condición.
Cada vez que veía el punto verde moverse lejos del punto rojo era un respiro que daba, puesto que eso le daba más tiempo. Sumándole el hecho de que algunas creaturas de fuego voladoras que se interponían en su camino, retrasando lo que él sabía inevitable. Mas llegó el momento en el que vio como aquella luz se detenía a corta distancia de donde él se encontraba y fue ahí que la duda se disipó. Por más que amara a su hermano, por más que se culpara por todo el sufrimiento que había vivido Loki, le era imposible el no odiarlo por lo que le había hecho a Frigga, eso no lo remitía de todos sus atroces actos. Ya no.
Llegando hasta donde estaba el palacio, atravesó la pared con furia, destrozándola casi por completo, mientras rugía con potencia.
Observó la delgada figura de su hermano, quien sostenía con decisión la lanza de Odín, provocando su ahora creciente ira y los incontrolables deseos de hacer sufrir a Loki. Al parecer no solo había matado a su madre sino también al padre de todo.
— ¡LOKI! — gritó mientras impactaba y golpeaba con Mjölnir en el pecho, haciéndolo que golpeara contra la pared.
La delgada figura del moreno se desplomó sobre el suelo, mientras no apartaba la vista de él. Con decisión se acercó y lo contempló por unos segundos.
Ahora que lo tenía enfrente, el sentimiento de traición y dolor se intensificaron. Aun no era capaz de concebir que el hombre que estaba frente a él hubiera matado a la persona más importante en su vida. Su alma estaba dolida y podía sentir como le rasgaban la piel cada vez que respiraba el mismo aire del que una vez fue su amante.
Se agachó hasta donde estaba, lo tomó del cuello de la armadura y lo alzó con fuerza, golpeándolo contra la pared.
Lo miró fijamente a los ojos, mientras que el otro comenzaba a mostrarle una ligera sonrisa.
— Veo que... nuestros encuentros... siempre terminan contigo golpeándome — le dijo en son de burla.
Gruñó con molestia mientras intensificaba su mirada dura.
— Eres una sabandija, Loki.
El menor atenuó su sonrisa.
— ¡Vaya! Has aprendido nuevos insultos con tus preciados humanos...
Thor perdió el poco control que tenía por lo que golpeó con fuerza a Loki sobre el abdomen, después pudo ver como este se doblaba por el dolor, mas no había dejado de sonreírle.
¿Cómo era posible que nunca se tomara nada serio? Eso era una de las cosas que más detestaba de su hermano, el hecho que todo fuera una broma para él, hasta el hecho de haber matado a miles.
— ¡NO JUEGUES CONMIGO, LOKI! — le gritó en un rugido mientras lo sacudía de su agarre, su mirada se clavaba en la verde con decisión y fuerza.
El silencio se hizo presente por unos segundos, en los cuales la sonrisa del menor se fue desvaneciendo poco a poco.
— Yo nunca juego, Thor — soltó serio mientras sus ojos parecían arrogantes.
El dios del trueno lo atrajo hacia si, en un arrebato de furia, para después gruñir con fuerza. Sus ojos se clavaron de nuevo sobre el menor. No podía soportar el hecho de que Loki quisiera verse superior que él.
Quería decirle muchas cosas, como también hacerle otras. Mas lo único que logró decir fue lo que más quería evitar.
— ENTONCES, ¿DIME PORQUE MATASTE A NUESTRA MADRE? — la voz se le quebró al final, mas sin embargo su cuerpo supo racionar, por lo que volvió a impactar contra la pared al moreno.
Loki lo observó con asombro por unos segundos, los cuales le parecieron eternos. Mas luego, por una extraña razón, este comenzó a sonreír para luego estallar en carcajadas.
La ira de Thor se vio turbada por la confusión de no saber qué era lo que pasaba por la mente de su hermano.
— ¿De qué te ríes? — le preguntó con algo de confusión.
Las risas se fueron conteniendo poco a poco, hasta casi extinguirse. Por lo que el menor tuvo que comenzar a respirar para tratar de responder.
— Oh, de nada — su voz sonaba un poco ronca y su sonrisa se había ampliado más. — Es solo que a veces es muy complicado el distinguir la realidad de la ficción.
— ¿Qué? — preguntó confundido.
En eso, el cuerpo de Loki se le desvaneció de las manos en un abrir y cerrar de ojos, seguido por un fuerte golpe, el cual le había dado en la espalda.
Thor giró con rapidez, buscando a su atacante, su manó alzándose mientras llamaba a Mjolnir, el cual estaba en el suelo.
— Es tan ridículo que sigas cayendo con eso, Thor — las risas de Loki volvieron a resonar en el pasillo. Este se encontraba de pie, sujetando a Gungnir en son de ataque, mientras que sus manos estaban brillando de un color verde.
Thor lo amenazó con su mazo para después lanzarse sobre de él mientras soltaba un grito potente.
La lanza se movió, haciéndolo desviar su brazo hacia otro lado para que soltara a Mjölnir. Después, Loki movió su arma contra su pecho, más el rubio lo logró esquivar para soltarle un golpe en el rostro.
El menor retrocedió unos pasos, mientras se limpiaba la sangre con el dorso de la mano, tiempo que aprovechó para llamar a su arma.
Cuando lo iba a volver a golpear, la figura delgada saltó sobre el rubio, golpeándolo con Gungnir en el pecho. Thor se enfureció y le arrebató la lanza, mandándola lejos de él.
La sonrisa de Loki se hizo presente para después este desaparecer en una nube de humo verde, la cual comenzó a extenderse, rodeando toda el área donde se encontraba el mayor de los dioses.
La visión se le complicó, puesto que la espesura de la nube le comenzó a calar en la vista. Sintió como una daga, venida de la nada, se incrustaba en su antebrazo, haciéndolo soltar un alarido, en parte por el dolor y en parte por la sorpresa.
Las risas del menor retumbaron en sus oídos como rugidos de una pantera.
— Esta es la forma en la que siempre debimos enfrentarnos, hermano — soltó con malicia y un tono de voz grave, sonando burlesco en la palabra que hacía tiempo no escuchaba de sus labios. — Con todo nuestro poder.
Thor apretó con fuerza su preciado amigo de batalla y sonrió, como hace tiempo no lo hacía.
— ¡Que así sea! — gritó con potencia mientras alzaba en lo alto a Mjölnir y este empezaba a generar los conocidos rayos azules.
***
Sage siempre sufrió de un alto grado de escepticismo. Nunca fue muy devota, ni tampoco creyente de alguna deidad en específico.
Más sin embargo, con todo lo ocurrido y lo que estaba viendo le era imposible el no comenzar en creer en alguna solo por el afán de reclamarle la locura que sus ojos precisaban.
Su vista no se apartaba de la imagen del televisor, la cual, canal al que le cambiara, siempre mostraba la misma escena de destrucción pero en distintas partes del mundo.
Al parecer la tierra se encontraba sobre ataque y sus héroes más poderosos del mundo se encontraban fuera.
***
Los ojos de Reed Richards no se apartaban de la enorme pantalla que había en su laboratorio mientras terminaban de enviar un mensaje urgente.
El sonido de un teléfono lo sacó de su entera concentración, no por el hecho de que lo hubiera tomado por sorpresa aquella llamada, sino más bien porque la esperaba y podía adivinar de quien se trataba.
— Reed... Fury quiere hablar contigo — le dijo Sue mientras se asomaba por la puerta con el teléfono en la mano.
— Infórmale que ya hice las llamadas correspondientes y que ya todos están en movimiento — informó mientras seguía con la vista fija en el monitor y se cruzaba de brazos. — El protocolo de seguridad "New Avengers" ha sido activado.
Y al finalizar de decir esto, en la pantalla, donde la imagen reflejaba una ciudad siendo azotada por varios gigantes, aparecieron el grupo al que antes había contactado.
Al parecer, Stark tenía razón: el mundo siempre estaría en peligro, mas siempre habría la opción de defenderlo y vengarlo.
— Nadie nos sigue, deberíamos descansar un poco — suplicó la mortal mientras se detenía, recargando su espalda sobre la fría pared, la cual mostraba señas del deterioro.
La reina se detuvo frente a ella, seguido por la serpiente que ella conocía muy bien, el guardián que tiempo atrás le había hecho pasar varios sustos.
— Debemos estar en movimiento, no podemos quedarnos en un solo lugar — mencionó Frigga mientras se acercaba a la castaña y la tomaba de la mano. — Hay que llegar hasta la habitación de Odín, es el único lugar donde estaremos seguras.
Sophia se llevó una mano al pecho mientras buscaba regular su respiración. Nunca fue una deportista por excelencia, había contadas actividades físicas que su falta de coordinación motriz le permitía realizar, mas sin embargo, su cuerpo estaba acostumbrado a correr. Pero supuso que debido al embarazo, su condición física había disminuido por lo que ya no podría correr como antes.
Alzó su vista hacia la dulce mirada que la mujer le mostraba, para después posarla sobre la fría mirada del reptil. Una vez reguló su respiración, alzó de nuevo su vista hacia la dama y le propició una sonrisa, para después asentir.
Prosiguieron su andar de manera constante, solo apresuraban el paso cada vez que las paredes vibraban con insistencia y grandes estruendos se hacían presentes, retumbando los solitarios pasillos.
El castillo era digno de nombrarlo como un laberinto. Llevaban tiempo deambulando por este y aun no lograban llegar a su lugar de destino. Llegó a creer que era posible que la mujer mayor se hubiera perdido en su propio hogar, mas luego eliminó aquella idea por el simple hecho de que aquella mujer ya llevaba miles de años habitando el mismo lugar.
Las paredes se volvieron sacudir, lo que provocó que la ansiedad volviera a ella velozmente. Se apresuró hasta estar al lado de la diosa y le sujetó de la mano. Ambas mujeres se voltearon a ver y se compartieron una sonrisa mutua, para después girar su rostro para cerciorarse de que nadie las estuviera siguiendo.
Pero para cuando voltearon al frente se encontraron con la presencia de una enorme creatura la cual era de un repugnante color verde. Llevaba puesta una armadura que la hacía verse más grande y tosco de lo que en realidad podría ser. En la cabeza llevaba un casco con unos grandes cuernos manchados de rojo, al igual que los colmillos que sobresalían de su grande boca. En sus manos sujetaba una enorme hacha cuyo filo destellaba a la par con las lámparas que adornaban el pasillo.
Sintió la mano de Frigga aplicar más fuerza sobre la suya, mientras comenzaba a retroceder a pequeños pasos, sin apartar la vista del enorme orco frente a ellas.
La bestia verde solo las veía expectantes, como esperando cualquier movimiento marcado por parte de ellas para reaccionar. Sophia se quedó congelada ante la presencia de aquel ser, sus piernas no reaccionaban y su respiración se volvió de nuevo irregular. La rubia tiraba de su brazo, en un intento por hacerla reaccionar, mas ella no lograba controlar sus piernas, por más que lo ordenaba.
— ¡CORRE! — elevó con potencia la voz la mujer mayor mientras tiraba de ella, haciéndola reaccionar soltando un potente alarido.
El orco gruñó con fuerza mientras alzaba su hacha en dirección a las mujeres. Cuando las piernas de Sophia lograron reaccionar, ya era demasiado tarde, el hacha ya estaba a centímetros de cernirse sobre ellas, haciéndola tumbarse al suelo e intentar cubrirse involuntariamente con sus brazos.
Mas el ataque nunca se consumió. La menor se descubrió el rostro, para ver la verdadera razón de aquello. Una cúpula se había alzado a su alrededor, la cual había hecho rebotar el ataque del monstruo, haciéndolo retroceder.
Giró hasta donde antes se había encontrado la diosa y le sorprendió ver cómo era la mujer la que alzaba los brazos y de estos salía una chispa semejante a la que Loki creaba cuando hacia magia, mas esta era de distinto color, morado.
— ¡Me dijiste que no eras una hechicera! — fue lo único que pudo decir ante el pánico que la había azotado.
La rubia la miró de reojo por unos instantes mientras sostenía los brazos en el aire, aun emitiendo aquellas chispas moradas. El orco volvió, tras sacudir unos instantes la cabeza, alzando el hacha en lo alto, buscando de nuevo repetir su ataque. Pero la barrera volvió a devolverle el ataque, esta vez con menos intensidad.
Tras esto, la cúpula se cuarteó de donde recibió de lleno el impacto, soltando un ligero crujido. La mujer se inclinó un poco.
— Te dije que yo no había hecho aquel trabajo, mas no que no podria hacerlo — aclaró la mujer mientras su voz sonaba algo forzada. — Tengo conocimientos de algo de hechicería...
El orco soltó un potente gruñido para después volver alzar la enorme hacha.
— Y con dichos conocimientos, puedo asegurar que esta cúpula no resistirá otro impacto más — habló rápidamente la rubia, utilizando un tono de voz demandante, algo fuera de lo común en ella. — ¡Ponte de pie, mi niña, por favor! ¡Debemos irnos ahora!
Y tras decir eso, el monstruo se abalanzó sobre de ellas y, como había predicho la diosa, la cúpula cedió ante el golpe. Tanto Sophia como Frigga habían alcanzado a retroceder antes de que el arma hubiera impactado contra el suelo.
— ¡VAMONOS! — gritó Sophie mientras tomaba la mano de la mujer, quien parecía agotada, para después comenzar a correr.
La serpiente seguía al lado de ellas, aun con mirada ausente. No entendía porque dicho guardián estaba a su lado si este no cumplía con su labor, parecía estar solo de adorno.
El lugar volvió a sacudirse, seguido por el potente sonido de las paredes frente a ellas al estallar. El rugido del orco las exaltó, al igual que la creatura que apareció frente a ellas, acorralándolas.
Frigga se colocó frente a Sophia en forma protectora, mientras que unas chispas moradas comenzaban a formarse en sus manos. Su mirada se había transformado de una dulce a una seria y fría.
— Tienes que huir mi niña — le murmuró mientras su aura se encendía sobre toda ella, era de un perfecto color dorado y el dulce aroma a vainilla, proveniente de la mujer, le inundó las fosas nasales.
— No voy a dejarla sola — le espetó en voz baja mientras simulaba estar en posición de ataque, imitada por la serpiente. — Si me voy, usted vendrá conmigo.
La bestia de fuego frente a ellas rugió, acompañada por el orco, ambas creaturas dispuestas a atacarlas.
Sophia se sintió con miedo y deseó el poder apartarlas de alguna forma. Y, de forma instintiva, estiró los brazos, en un reflejo por apartar al orco frente a ella y sintió como una oleada de calor la recorría por completa, yendo desde la punta de los pies, recorriendo todo su cuerpo hasta llegar a la punta de sus dedos para ser expulsada.
Se sorprendió al ver como el orco salía despedido hacia la pared, impactando contra esta. Se giró hacia donde estaba la otra mujer y se encontró con el mismo escenario: la creatura de fuego yacía contra la pared, derrumbada sobre el suelo.
Frigga la observó expectante, asombrada por aquello y tratando de encontrarle respuesta. Sophia solo se encogió de hombros, bajó su vista hacia la serpiente y esta le sonrió de manera aterradora mientras dejaba de despedir un aura de color verde.
"Tú lo has hecho" le indicó aquel animal mientras se acercaba a ella y hacia ademanes con la cabeza indicando sus manos.
Fue entonces que recordó una de las lecciones de Loki sobre el uso de su magia como protección. Al parecer aquellas prácticas tan cansadas le dieron como resultado un acto reflejo contra aquellas situaciones.
"Seré tu conexión a Loki. Soy su magia y, mientras me necesites, estaré a tu lado para servirte". Así que para eso estaba la serpiente a su lado. Agradecía el pequeño dato omitido del dios de las mentiras, el cual lo haría pagar por aquello.
— Vaya, hasta que al fin dices algo — dijo entre dientes mientras bajaba las manos y observaba el suelo. — Deberíamos irnos...
— Nunca pensé que los mortales pudieran hacer magia — se escuchó una voz femenina la cual retumbaba en aquel pasillo, tras haber dado unos pasos. — Mas, viniendo de la mujer del hechicero, no me extrañaría en lo absoluto.
La mortal observó como la mayor se ponía tensa al escuchar aquella voz, algo que la confundió.
Frente a ellas la figura de una esbelta y hermosa mujer, de tez blanca y cabello largo y rubio, apareció. Usaba una túnica larga de color verde, ceñida a la cintura, realzándole el busto y marcando sus anchas caderas. Su andar, solo hacia resaltar su tan perfecta figura. Por un momento Sophia se sintió normal al lado de aquella hermosa mujer.
— Amora... — murmuró con furia la madre del dios.
— Y vaya, la antigua reina sigue con vida — sonó divertida mientras su sonrisa se ampliaba y dejaba mostrar su perfecta dentadura. — Al parecer nuestro querido rey sigue apegado a su mentirosa madre — se acercó a una distancia considerable de ambas, mientras que con un movimientos de manos uno de los orcos se levantaba y se dirigía hacia ellas.
Y, delineando su perfecta figura, un aura de color verde oliva surgió, haciendo sentir a la mortal de una forma insegura, mas no quiso adelantar cosas. Pero el penetrante aroma a ajo podrido proveniente del aura de aquella mujer le hizo creer lo contrario.
— Ahora esto se pondrá más interesante.
***
— ¿Alguien más se siente como si estuviera en una WOE en un servidor de Ragnarök? — preguntó Tony por el comunicador, agradeciendo que este si funcionara, no como el resto de su armadura, la cual debía de manejar con un servidor alterno o manual, puesto que el mando de JARVIS se había perdido una vez atravesó el portal.
— Yo no — respondió un tanto agitado el hombre hormiga, resaltando su gusto hacia los juegos de rol en línea.
— Yo ni siquiera se de lo que hablas, Stark — oyó decir al Capitán mientras lo veía pelar hábilmente con unos elfos un tanto extraños.
Tony Stark se consideraba un hombre bastante precavido. Había supuesto que en el momento en que cruzara el portal, la conexión con JARVIS seria interferida, ya que era una completa estupidez que los alcances de IA llegaran hasta ese lejano reino —aunque no dudaba que en cualquier momento haría que tuviera a su alcance el glorioso y mítico reino de Asgard—, razón por la cual había decidido implementar en su armadura un sistema alterno que funcionara con la energía del reactor en su pecho. No tendría la potencia con la que contaba JARVIS, pero sería suficiente para poder manejar la armadura sin ningún contratiempo.
— Eso tiene solución, Cap. Ve a cenar con Darcy más seguido y es posible que pronto te veamos en nuestro mundo de computadoras.
Habían pasado más de treinta minutos combatiendo contra las extrañas creaturas que estaban invadiendo la ciudad que al menos esperaba que estos hubieran reducido su número, mas sin embargo aún se mantenían parejos. Podía hasta asegurar que, de la nada, aparecían más cada vez que mataban a uno.
— Yo no lo veo como una WOE — comenzó a relatar la avista de manera un tanto alegre. — Es algo más como una partida de WOW.
— ¡Vaya! — sonrió Tony mientras pelaba con una creatura de fuego voladora, ¡Dios! Al parecer había de todo en Asgard. — La chica avispa es una gamer de closet. No dudaría que tú fueras la cuenta famosa de Lyrie8525.
Derribó a la vestía de fuego y se digirió hacia donde se encontraba un gran número de gigantes de hielo, en donde estaba Hank peleando a la par de estas. Las risas de la mayoría se hicieron presentes, mientras Tony golpeaba con uno de sus propulsores a uno de los Jötuns.
— De hecho, Tony — comenzó en son divertido el arquero. — Esa cuenta es mía. Adoro observar los personajes femeninos que hay en ese mundo.
— ¡Quieren dejar de hablar de juegos y ponerse a trabajar! — demandó la pantera sonando molesto.
— ¡Oh vamos, T'Challa! Que en tu país no tenga la necesidad de jugar ese tipo de juegos, no quiere decir que nosotros no nos daremos ese gusto — puntualizó el genio.
— ¡Cierren el pico, todos! — regañó Mis Marvel. — ¿Es que acaso no son conscientes de estas cosas no dejan de aparecer?
— Son demasiados para mi gusto — indicó a gran velocidad la avispa.
— Algo anda mal — mencionó el capitán en voz baja, pareciendo ser que se estaba ocultando de algo. — Stark, Danvers. Busquen desde sus posiciones algo que no cuadre.
Tony se elevó por los cielos, seguido por la rubia. Comenzaron a deambular por la ciudad y, desde el lugar donde lo vieran, el escenario siempre era igual: toda la ciudad estaba sumida en una pelea.
Los tres guerreros parecían luchar con mucho esmero desde su posición. Hulk iba saltando de gigante a gigante destrozando cabezas y cuerpos a diestra y siniestra. Tanto T'Challa como la viuda negra y el Capitán se encargaban de las creaturas de estatura normal haciendo un excelente trabajo al derribar a todos los que se enfrentaban, mientras que Hank y Janet surcaban los cielos, destrozando las gigantescas figuras de las mujeres árbol. Y, como si de un arma secreta se tratara, Clint disparaba a todas los elfos que se acercaran a cualquiera de los luchadores desde el lindo techo de una de las torres de aquella ciudad.
Todo se veía como debería de verse: como una guerra; y viendo el rostro de la rubia, podía apostar que ella había llegado a la misma conclusión. Más aun así, había algo que no cuadraba. Visualizó de nuevo todo el panorama, hasta que un pequeño detalle llamó su atención.
Surgió la casualidad de que en uno de los saltos que dio la enorme bestia verde que estaba de su lado, chocó contra una de las paredes de una de las casas de aquella parte de la ciudad, pero en vez de destruirse, como lo hacía normalmente todo lo que tocaba, esta se tornó como si de plasma se tratara. Fue entonces que se dio cuenta de lo que estaba pasando.
— ¡Estamos dentro de una ilusión! — gritó con fuerza por el comunicador, provocando que estos soltaran un chillido.
Todos los vengadores se estremecieron y se quejaron por el ruido.
— Más despacio, Stark — demandó Rogers.
El inventor soltó un resoplido mientras rodaba los ojos.
— Estamos en una ilusión — repitió en un tono más bajo. — Pero antes de que rezonguen déjenme enseñarles...
Redirigió su vuelo hacia el lugar en donde antes había estado Banner y comenzó a acelerar con rumbo al punto exacto.
— Por favor, no retiren su vista de mí.
— No es momento para que comiences con tus estúpidas necesidades de llamar la atención — lo regañó la pantera.
Stark sonrió ante aquello y aceleró aún más el impacto contra aquella pared. Una vez impactó con ella, una fuerza contraria lo hizo salir de aquella pared como si la hubiera atravesado, mas sin embargo, solo regresó por donde había volado antes.
— Increíble — señaló asombrado la hormiga.
— En verdad, nos han atrapado — puntualizó la viuda negra.
— El problema no es que nos hayan atrapado, Natasha, si no el cómo saldremos — acertó Carol, situándose al lado del genio, el cual había detenido su vuelo.
Ahora sí, sus problemas comenzaron a pesarle sobre los hombros.
***
El corazón de Sophia latía a mil por hora mientras se detenía a descansar en la pared de uno de los pasillos. Sus ojos no se apartaban de la creatura que yacía a sus pies, en el mismo estado que ella, cansada y agitada.
Aun no entendía cómo es que había aceptado aquella proposición, sin embargo, una parte de ella le decía que aquello estaba bien.
Si Frigga le había pedido que se pusiera a salvo lejos de ese lugar, era porque conocía el peligro que corría en presencia de aquella hechicera, la cual, por lo poco que le había alcanzado a murmurar la mujer, esta era la clase de personas que gozaba de ver sufrir a cada persona que conociera. Y por eso, y muchas razones más, Sophia era azotada por aquel terrible sentimiento de culpa que le decía que debía de volver y ayudar a Frigga. Mas cada vez que lo intentaba, la serpiente la frenaba, ejerciendo un poder sobre ella que le impedía volver hacia donde la mayor estaba.
— No... no podemos dejarla so-sola — dijo mientras aun le faltaba el aire por tanto correr.
Uróboros solo la observaba con aquella mirada fría que le podía calar hasta los huesos. A veces aquella creatura podría parecerle un tanto escalofriante.
"Yo solo tengo que mantenerla viva, y si para eso debemos dejar cosas atrás, así será" murmuró en su mente mientras posaba su mirada hacia otro lado.
Sophia gruñó por lo bajo, para después llevarse las manos a la cara y ocultar sus labios tras de estas.
— Me pregunto qué es lo que busca Loki al mantenerme con vida... ¿Si mantener su vida o su magia? — soltó para sí misma en voz alta tras haber soplado sobre sus manos, en busca de algo de tibieza.
"Simplemente, mantenerla a salvo" respondió a la pregunta sin ninguna vacilación.
— Al menos tenemos algo en común: los dos queremos que el otro esté a salvo — sonrió tras el comentario hilarante.
Pegó más su cuerpo a la pared y poco a poco fue deslizando su espalda sobre esta, hasta llegar al suelo. No quería seguir adelante y se sentía cansada. Esos fueron uno de los puntos importantes por los cual se había detenido, sumándole que el lugar estaba completamente desierto.
Recogió sus piernas hasta el poder llegar a recargar sus codos sobre sus rodilla y hundir su rostro en el espacio entre sus piernas. Debía de pensar en alguna forma en la que pudiera ayudar a Frigga sin que su guardián se opusiera. Era consciente de que no era de mucha utilidad para la diosa, pero tampoco era para abandonarla y dejarla sola frente aquel orco y la hechicera que amenazaba con matarlas a ambas. Sabía que la mujer mayor tenía conocimientos sobre hechicería, mas no estaba segura del poder que esta poseía y si el mismo era competencia frente al gran poder de la hechicera. Solo había alguien que posiblemente pudiera, mas no sabía en dónde encontrarlo.
— Necesito a Loki — murmuró mientras levantaba su cabeza ligeramente.
"No, usted necesita ponerse a salvo" le ordenó la serpiente.
— Uróboros, no podemos dejar a Frigga sola... — lo desafió la mujer con un fuerte tono de voz.
El aludido la observó mientras resoplaba por la nariz. Después desvió sus verdes ojos hacia su propio costado, el plumaje de aquella creatura se movió ligeramente ante aquel tosco giro. Por un momento dudó en hacerlo o no, pero al final acercó su mano para acariciar el lomo de aquella serpiente. Su plumaje era suave y agradable al tacto, algo que podría volverse adictivo de tocar, mas ahora no estaba en condiciones como para caer en aquella adicción.
Uróboros se alzó, acercándose más a la mano de la mujer, quien no cesaba sus pequeñas caricias, para después cerrar sus ojos y comenzar a respirar de forma pausada.
— Puedo ir hasta Frigga, mientras tu vuelves y vas por Loki — le presentó la mujer sin dejar de acariciarlo.
Los ojos de la serpiente lentamente se fueron abriendo, para después volverlos hasta la mirada avellana de la mujer.
— ¡Por favor! — suplicó la mujer elevando unas octavas su tono de voz.
Uróboros no apartó la vista de la mujer.
"Tienes cinco minutos antes de que me arrepienta" le informó la creatura, alejándose de ella para después comenzar a aumentar de tamaño. "Recuerda que tienes una mínima reserva de magia dentro de ti, úsala con sabiduría"
Sophie lo miró expectante, aun sin creer que dicha creatura hubiera cedido tan fácilmente.
— ¿Eres tan fácil de convencer que...?
"Cuatro minutos" le gruñó mentalmente con una mirada de molestia.
— Okey si — soltó mientras se ponía de pie se despedía de la creatura para salir corriendo de aquel lugar.
Sin detenerse para ningún descanso, la mujer había logrado llegar hasta unos escasos pasillos en donde parecía situarse una pelea entre la hechicera y la madre de Loki. Sus pasos se fueron disminuyendo hasta llegar a ser unos ligeros y silenciosos arrastres con la intención de escabullirse hasta donde estaba Frigga. Se posicionó en la esquina del pasillo que conectaba con el de la mujer y tomo un poco de aire antes de asomarse con suma precaución.
Logró ver a Frigga sobre el suelo, sosteniéndose con una de sus rodillas y sus manos. Podía ver como su respiración se tornaba agitada y el aspecto de su túnica estaba más andrajoso que antes. Todo parecía indicar que la hechicera iba perdiendo el duelo.
Sin embargo, la otra hechicera también mostraba señas de haber sido afectada en aquella pelea, pero su aspecto no era tan deplorable como el de la mujer mayor.
Sintió el impulso de lanzarse a auxiliarle, mas era consciente de que no debía de actuar sin antes analizar la situación.
La hechicera de túnica verde soltó una potente carcajada mientras se iba acercando a paso lento a la desvariada y legitima reina de Asgard.
— No entiendo porque una mujer tan débil como tú — se inclinó hasta estar a la altura de la de Frigga y la sujetó de la túnica para que esta alzara el cuerpo —, es considerada como la más fuerte y poderosa mujer en todo Asgard. El trono nunca debió de ser tuyo...
— Hay muchas formas de interpretar el poder y la fuerza, Encantadora — expresó la mujer, usando un tono de voz áspero y desafiante. — Y tú, hechicera, nunca podrás obtenerlo en verdad.
— ¡TENGO MUCHO MAS PODER QUE EL MISMISIMO PADRE DE TODO! — gritó hecha una furia Amora, mientras alzaba con fuerza a la otra mujer. — ¡Soy, incluso, mucho más fuerte que tu hijo predilecto en la magia! Los nueve reinos sucumbirán ante mi poder, seguido por el resto del universo. El trono recaerá en las manos de la mujer más hermosa y poderosa que nunca antes haya existido.
— El trono solo le pertenece a la verdadera realeza, no a las serpientes rastreras que se sienten bien solo por haber mordido a un león.
Amora aventó con fuerza a la diosa, haciendo que su cuerpo impactara de lleno contra el suelo. Frigga soltó un alarido doloroso, la cual le encrespo la piel. El odio hacia la otra hechicera fue en aumento.
Amora observó con furia contenida a la otra mujer, para después girarse y avanzar en torno al orco frente a ella.
— A veces las serpientes son más dignas de gobernar que los salvajes leones — y dicho esto hizo una seña con la mano. — Es hora de que todo llegue a su fin, querida.
El orco soltó un gruñido fuerte para después avanzar hacia donde estaba Frigga, con su hacha en mano, dispuesto a terminar con la vida de la diosa, quien aún seguía tumbada en el suelo, intentando ponerse en pie con lentitud.
Sophie sabía que en aquellas condiciones, la mujer no podría defenderse ni hacer la gran cosa contra aquella horrorosa creatura. Así que debía de actuar, ahora o nunca. Y en un arranque de adrenalina e impulso, se lanzó sobre la mujer en estampida y alzó las manos para impedir que aquella arma se blandiera contra la diosa. Recordó las enseñanzas de Loki sobre el cómo generar energía. Primero pensarlo y después proyectarlo.
Cuando el hacha estuvo en lo alto, listo para descender y atacarlas, la mortal cerró los ojos y deseó, con todas sus fuerzas, el poder detener aquel ataque. Un potente alarido surgió de su garganta mientras pensaba en protegerse de aquella arma.
Al no recibir golpe alguno, comenzó a abrir con miedo los ojos. Grande fue su sorpresa cuando alrededor de ambas había una barrera transparente que había amortiguado el golpe de la creatura, la cual también se mostraba llena de sorpresa.
Una enorme sonrisa se pintó en el rostro de la castaña mientras alzaba más los brazos, tratando de repeler el arma de la creatura. El orco apartó su arma del campo de fuerza mientras comenzaba a retroceder unos pasos.
— ¿Qué haces, bestia tonta? — gritó con potencia la hechicera tras haber soltado un doloroso gruñido, se acercó unos pasos al orco mientras movía sus manos con desespero. — ¡Es una estúpida y simple mortal! ¡ELIMINALA AHORA!
Y tras decir esto, la creatura sujetó con fuerza su arma y avanzó con velocidad hasta volver a impactar su hacha sobre la barrera que había entre ellos dos.
Sophia sintió una fuerte opresión en su pecho y en su cabeza mientras la barrera era oprimida por la bestia, la cual no dejaba de hacer presión con su arma. Sentía como todo su cuerpo se comenzaba a sentir cada vez más pesado con más fuerza que ejercía el orco. Su vientre comenzó a dolerle, su respiración comenzó a acelerarse pero también a sentirse como si se estuviera ahogando con agua. Fue entonces que sintió como la sangre comenzaba a escúrrasele hasta llegar a sus labios y sentir aquel sabor metálico en su boca.
La risa de la hechicera inundó sus oídos, los cuales habían comenzado a zumbarle cada vez más fuerte.
— ¿Crees que tu esencia es más fuerte que la fuerza de un orco? — la mujer se fue acercando hasta la escena mientras que de sus manos comenzaba a subir unas chispas de color verde. — En verdad eres patética y estúpida.
Y de la mano de la mujer salieron disparadas unas pequeñas chispas que rompieron el escudo que había formado Sophia, para después, debido a la fuerza ejercida por el impacto, salir impulsada contra la pared de aquel pasillo. Trató de sostenerse en pie lo más que pudo, mas su cabeza le daba vueltas. Alzó una mano y trató de generar una bola de energía, la cual, una vez creada, lanzó en contra de la hechicera, quien se acercaba amenazadoramente sobre ella.
La rubia absorbió la energía y soltó una potente carcajada.
— Nada de lo que hagas servirá contra mí, ridícula mortal — la hechicera, con la energía que había absorbido con las manos, apuntó hacia ella mientras le mostraba una retorcida sonrisa y la energía en su mano comenzaba a crecer. — Solo adelantaste tu inevitable muerte.
Sophia se recargó sobre la pared, mientras su corazón comenzaba a latir a mil por hora. Todo su cuerpo se sentía cansado y algunas partes de su cuerpo le dolían por el golpe contra la pared, más aun así, aun luchaba contra sus propias piernas, las cuales le temblaban, para sostenerse en pie. Intentó generar más energía en su mano, pero no lograba concentrase puesto que su cabeza le daba vueltas por la presión que había sentido antes.
Amora soltó unas ligeras risas y disparó al mismo tiempo que ella cerraba sus ojos, en la espera del inminente final. Solo lamentaba tres cosas en esta vida: el hecho de que nunca se había atrevido a escalar el Everest gracias a su temor a las alturas, el no haber podido conocer a su hijo y el nunca haberle golpeado en la entrepierna a Loki por haberla abandonado.
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