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Capítulo 21 (Pt. 2)

HABILIDAD

— ¡LOKI!

Abrió los ojos de golpe y se encontró con la mirada dulce de Sophie, esta le estaba sujetando la mano que estaba estirando mientras que le daba pequeños mimos a la misma.

— ¿Una pesadilla? — preguntó curiosa la mujer.

El dios se levantó exaltado de la cama y comenzó a respirar apresurado. La mujer llevó una de sus manos a su mejilla y comenzó hacer pequeños círculos con sus dedos por todo su pómulo. Sintió como retiraba una pequeña lágrima, de la cual no se había percatado. ¿Había llorado por la desaparición de su guardián?

Cerró sus ojos, fuertemente, mientras pensaba en Uróboros e intentaba volver a aquella habitación blanca. Pero nada pasó. Al abrir los ojos se encontró sentado en su camastro y viendo las mismas paredes de aquella celda en la que se encontraba.

Al parecer, Uróboros si se había ido.

— Oye, ¿todo bien? — insistió la mujer mientras sujetaba su barbilla y lo forzaba a mirarla a los ojos.

— Eso... eso creo — dijo sin mucha emoción.

Buscó respirar más pausadamente, mientras intentaba perderse en los enormes ojos de la mujer. Sabía que nunca se cansaría de verlos, sobre todo por el hecho de que se habían vuelto un consuelo indispensable para él, un recordatorio de que ella solo lo miraba a él, que solo era de él.

Sophie le regaló una media sonrisa y propició a girar la silla que antes había usado Tony. Se sentó en ella y, subiendo los pies sobre los muslos del dios, cruzó las piernas.

Loki alzó una ceja mientras la observaba con fastidio.

— ¿Qué haces? — preguntó con molestia el Jötun.

— ¿Yo? — el hombre rodó los ojos y se cruzó de brazos para después recargarse sobre la pared de cristal.

— No veo a nadie más, mujer.

Sophie arrugó los labios, para después mirarlo con diversión.

— Subo mis pies sobre ti — señaló sus propias piernas — ¿No se nota?

— ¡Déjate de cosas, Sophie! — espetó el moreno mientras quitaba las piernas de la mujer del lugar donde descansaban.

— ¡Vaya! Alguien no amaneció de buen humor hoy — apuntó la mujer mientras daba un ligero respingo.

El dios la observó por un momento con el ceño arrugado, para después irlo suavizando. Por extraño que pareciera, no podía estar enojado con la mujer por las palabras de Tony. En realidad, si el capitán se hubiera fijado en ella, era algo de lo que no la podía culpar.

Dejó escapar un suspiro y posó sus ojos sobre de ella. Abrió la boca para decir algo, pero el quejido de la voz de la mujer lo obligó a cerrarla.

— Tu huiste de mi cama al amanecer, se supone que yo debía de ser la enojada — remarcó las palabras con intención de regañar mientras se cruzaba de manos y piernas.

Las facciones del dios volvieron a dar un cambio.

— Y yo te dije que te vería hasta mañana — la mujer giró su rostro hacia el de él y lo miró molesta, mientras el alzaba una ceja y se encogía de hombros.

— ¿Tan molesta es mi presencia? — preguntó ella.

El hombre se levantó del camastro y comenzó a caminar alrededor de la mujer.

— No me molesta — soltó con desgana mientras se posicionaba detrás de ella, la tomaba de los hombros y acercaba su boca a su oído. — Solo que... llegas con esa actitud tan hiriente que no hago más que defenderme, querida.

Loki besó su lóbulo mientras sentía como ella se estremecía ante aquel contacto.

— ¿Así que no olvidaste lo de anoche? — lanzó la pregunta mientras soltaba unas ligeras risas.

El dios sonrió y se incorporó de nuevo.

— Como podría olvidarlo...

— Y, supongo, que también recibiste la visita de Tony.

Esas palabras le arrebataron el aliento y le provocaron que abriera grandemente los ojos. Se vio a si mismo reflejado en aquel cristal que le servía como espejo. La sonrisa de la mortal era amplia y hermosa.

Tras unos escasos minutos de estar con la vista fija en aquellos cristales, relajó el semblante y soltó unas ligeras risas.

— Comenzó con una indirecta... — inició el dios con ironía.

— Y uno terminó revelándole la verdad — concluyó ella la frase, para después soltar unas risas. — Típico en Stark. Recuerdo alguna vez haberle propuesto el ser detective, pero me dijo que era una pérdida de tiempo.

— Créeme, nunca sería famoso — le soltó mientras le daba una palmeada en el hombre y volvía hacia su camastro. — Con esa actitud tan... ególatra, no le agradaría a nadie.

Loki se tumbó sobre las sabanas revueltas del camastro y se acomodó lo más cómodo que pudo, tratando de tener de frente a la mortal.

Ella alzó una ceja y negó divertida.

— Mira quien lo dice, el ego con patas — lo acusó con sorna.

— Al menos yo digo la verdad cuando digo que soy importante y alguien grande.

— ¡Claro! — alzó las manos de manera exagerada. — Solo que, después de Thor, tú eres el hombre más viejo en esta Torre.

El Jötun arrugó el ceño y miró con fastidio a la mujer, la cual solo soltaba ligeras risas. La simple mención de su inferioridad comparado con Thor le molestó, pero lo que más le caló, fue el hecho de que ella hubiera hecho aquella comparación.

Hizo uso de todo su autocontrol para no lanzarse contra ella y matarla. En otras circunstancias, Uróboros hubiera actuado como su conciencia, pero dada la situación actual, no podía contar más que con su propio control.

Fijó su mirada molesta hacia el techo de aquel lugar y erradicó toda emoción de su rostro.

— ¿Viniste a molestarme?

— No, — contestó secamente ella — vine a visitarte y a traerte algo de comida. Quería saber cómo estabas y pensé que tenías hambre...

El dios evitó confrontarla, porque sabía que la mujer estaría con una expresión acongojada, el mismo vínculo le estaba gritando su estado de ánimo. Para ser sinceros, Loki siempre le parecía hermosa con su sonrisa, y amaba verla de aquella forma; pero ahora que ella estaba con aquel semblante, y sabiendo que fue provocado por su culpa, evitaría a toda costa el verla.

Sophie se puso de pie, tras unos minutos de ser ignorada y le dio la espalda al hombre.

— Si necesitas algo, solo... házmelo saber — escuchó sus pasos andar, lejos de él, con rumbo a la salida de aquel lugar.

Loki apretó sus puños y se mordió el labio.

— Necesito... — comenzó el mientras sentía como el miedo a perderla se apoderaba de él; no entendía como, pero últimamente sus emociones estaban haciendo con su razón lo que querían. — Necesito compañía.

Los pasos de la mujer se detuvieron y ella giró sobre sí.

— Puedo decirle a alguien que te acompañe, no sé, como a Darcy...

— No, no entendiste — comenzó con voz frágil el dios. — Necesito TÚ compañía.

— ¿Para mantenerme callada y sumisa mientras tú me ofendes? — se cruzó de brazos mientras su voz sonaba altanera. — No estoy para esos juegos Loki, ya no.

El hombre tragó saliva ante aquellas palabras. Era obvio lo que ella pretendía con aquellas palabras: el reclamarle todo el tiempo que vivió junto a ella, forjando una relación a base de mentiras. Y no la culpaba, estaba en todo su derecho de reclamarle, hasta de incluso abandonarlo, se lo merecía. Pero aun así, ella estaba ahí, ella decidía estar a su lado, el preocuparse por él, el traerle alimento y el no hacía más que recriminárselo mientras le demandaba su compañía.

Fijó sus ojos en los de ella, la cual tenía una mirada un tanto dolida, soltó un ligero suspiro y, tragándose todo su orgullo, decidió hacer algo que, tal vez, no haría nunca.

— Lamento haber dicho tantas mentiras — dijo tratando de sonar lo más sincero posible, puesto que era verdad, era sincero.

Sophie dio unos pasos y se acercó a él, mientras el dios seguía en su posición, recostado sobre aquel camastro, sin dejar de ver el techo.

— He dicho tantas mentiras en mi vida que se ha hecho tan difícil decir la verdad cuando quiero decirla — dio un ligero suspiro mientras le daba la espalda a la mujer. — He vivido tantas cosas que me hirieron que creo que miento para evitar para que hieran. Así que... lamento tanta mentira, no me gustaría herirte más...

Se acurrucó y se abrazó a sí mismo. Se sentía tan vulnerable al decir todo aquello y solo era un parte de lo que realmente sentía. Su pasado y aquellos traumas y heridas causadas en el pasado se hicieron presentes, querían estallar, pero sabía que no eran momento, no podía seguir así de vulnerable, no frente a ella que lo veía como un dios, un hombre cruel y poderoso. El hombre que le había hecho tocar el cielo durante la noche...

Una caricia alcanzó su espalda, como un dulce roce de una rosa, reconfortándolo. Se giró, para ver de dónde provenía y se encontró con la dulce sonrisa de la mortal, la cual estaba a la altura de la suya. Aquello le recordó todas aquellas veces en la que la mujer iba y lo despertaba a su habitación.

— Pues, entonces, — comenzó con su radiante sonrisa, especialmente para él — vamos a conocerte más. Quiero saber más de ti.

Los ojos del dios se abrieron grandemente cuando la mujer se acercó a él y le planto un beso, tierno y decidido, en los labios.

— Así que... aliviánese y cuéntamelo todo — le dijo después de haber separado sus labios de los de él.

Loki le sonrió débilmente, mientras se comenzaba a incorporar, sentía como su cuerpo era librado de un gran peso. Como si se fuera esfumado por arte magia...

— ¿Te gustaría saber acerca de magia? — le preguntó tras varios minutos de silencio y tras haber recordado las palabras de su antiguo guardián.

Ella asintió.

— Entonces... cuéntame todo sobre la magia — le sonrió mientras se dirigía de nuevo a su asiento. — ¡Vamos, soy toda oídos!

— ¿Qué me dirías si te afirmara que tú puedes hacer magia? — le señaló con la interrogante mientras le sonreía galantemente.

— Supongo que sería debido al vínculo y que me gustaría comprobarlo — soltó animadamente.

— Dame tu mano — ordenó el dios.

Colocó su propia mano frente a la mujer en la espera de la de la chica, la cual colocó su mano temblorosamente. El dios la encerró con su otra mano y comenzó a acariciarla con ternura, haciendo círculos con su dedo sobre su palma.

— Si mi memoria no me falla, que en verdad lo dudo, — la mujer soltó ligeras risas ante el comentario del hombre — una vez me comentaste que puedes ver auras y yo recuerdo haberte mencionado que había algo más haya que la simple ciencia. ¿Cierto?

— Si, lo recuerdo — dudó unos instantes mientras fijaba sus ojos en el agarre de Loki. — Pero no entiendo...

El dios cerró sus ojos y concentró su magia en la palma de su mano.

— Las auras, no son más que la esencia mágica de un individuo — comenzó a sentir como su mano se tornaba cálida. — Si tú puedes ver esas esencias mágicas, significa que has dado un paso para poder manipularlas.

— ¡Dios, tu mano está brillando! — exclamó con energía la mujer.

Loki abrió sus ojos y vio cómo su magia se manifestaba como una simple irradiación verde. Sonrió ante aquello.

— Esto es lo que tú conoces como aura — le señaló el mientras alzaba su mano. — Las auras... ¿las puedes ver todo el tiempo?

Ella negó con la cabeza mientras la agachaba.

— Solo cuando alguien está muy emocionalmente explosivo...

— Necesitas de las emociones para verlas — afirmó el moreno mientras chasqueaba la lengua. — Puedo ayudarte con eso.

— ¿En serio?

— Así es, pero necesitaras de mucha práctica.

— Eso significa que...

— Tienes que visitarme todos los días — le sonrió divertido él.

— ¡Que fastidio! — rodó los ojos Sophia.

El Jötun le dio un apretón a la mano de ella con fuerza haciéndola exclamar de dolor, solo para después bufarse débilmente.

— De acuerdo maestro — comenzó ella mientras se acercaba más a él. — ¿Qué es lo primero que debo aprender?

***

— Me duele la cabeza — le anunció Sophie mientras se tumbaba sobre el camastro. Sacó su teléfono mientras respiraba pesadamente, al ver la hora arrugó el ceño y volvió su mirada a la del dios con molestia. — Son las ocho de la noche, Loki, ¡Por Dios! Llevamos practicando más de cuatro horas, necesito descansar y comer algo.

Llevaban practicando desde que habían terminado de comer lo que ella había traído en unas charolas las cuales había dejado sobre la mesa, era normal que su cuerpo se hubiera desgastado y le estuviera pidiendo el descanso y un poco de combustible.

El dios la observó de brazos cruzados mientras alzaba una ceja, dándole énfasis a su aspecto demandante. Sophie podía afirmar que el hombre podía ser bastante rígido y maduro cuando se lo proponía.

— Aun no has logrado mantener a la vista tu esencia, no es suficiente — su voz era potente y un tanto fría.

— No tengo suficiente energía como tú — su voz se escuchaba muy pesada y su respiración delataba la falta de aire de la que sufría, se hundió más en asiento y se fue tumbando de lado sobre el camastro. — Soy una mortal, ¿lo olvidas?, me canso mucho más rápido que tú.

Observó como Loki movía la quijada mientras mantenía sus labios sellados. La miró por unos segundos con un semblante duro, solo para que segundos después lo suavizara y soltara un ligero suspiro.

— De acuerdo, — dijo con voz más suave — puedes descansar, mañana continuamos con el entrenamiento.

— ¡Gracias! — exclamó ella en un suspiro mientras intentaba incorporarse.

El Jötun le ofreció la mano y ella, con una media sonrisa, la aceptó. Pero no contó con que el hombre comenzara apretujarle la mano con fuerza.

— ¡Oye, me lastimas! — le recriminó ella, tratando de zafarse de dicho agarre que había comenzado a acentuarse con más fuerza.

La mirada del hombre no mostraba nada de expresión, pareciera como si no estuviera haciendo esfuerzo alguno. Supuso que esa fuerza era algo propio de un dios como él.

Soltó un alarido cuando sintió como uno de sus huesos comenzaba crujir ante el agarre. Aquello molestó a la mujer. ¿Cómo podía estar el hombre provocándole este dolor ahora, si horas atrás le había dicho que no quería herirla más? En verdad, la naturaleza del dios del caos era muy contradictoria.

Intentó, con todas sus fuerzas, zafarse de dicho agarre, pero solo logró incrementar su dolor y su desesperación. Cerró sus ojos en la espera de que el dios le terminara de romper otro hueso, mientras buscaba relajar su torcida y herida mano, ya que, era lo único que podía hacer.

Tras esperar nos segundos el desenlace de su pobre mano, la presión sobre esta desapareció por completo. Confundida, decidió abrir los ojos para ver qué era lo que había hecho desistir al dios en su acción y se encontró con que su propia mano estaba emanando un brillo de color verde agua.

Las manos del dios se habían apartado y su mirada no dejaba de posarse sobre esta.

— Lo has logrado — la apremió el dios mientras su voz sonaba débil, como en un estado de incredulidad.

Ella llevó su otra mano, con miedo, hasta aquel brillo. Sintió como su otra mano era contagiada con el mismo brillo, pero cuando la alejaba de esta, el brillo desaparecía de su mano sana.

El dios se acercó más a ella y sujetó su mano herida, la que emanaba aquel brillo, con cuidado.

— El punto entre la frustración y la felicidad: la relajación — soltó aun con aquella débil voz.

— Tu provocaste eso... — le regañó ella mientras bajaba el volumen de su voz.

— Lo sé y lo siento — acercó su mano a su boca, mientras ella se quejaba por el dolor, el hombre sopló sobre de ella y la besó con ternura. — Espero que esto funcione.

Ella miró con confusión su mano, mientras sentía como el dolor se sentía más presente mientras sus huesos se comenzaban a reacomodar en su mano, erradicando las fisuras y dejando todo como estaba.

Una vez la magia del dios dejó de estar presente, ella condujo su propia mano más cerca de sus ojos y comenzó a examinarla.

— ¿Qué significa el color? — preguntó ella con curiosidad, sin apartar la vista de esta.

— Solo me confirma lo que yo ya sabía de ti, lo que tú eres...

— Y eso es...

— Se asocia con la protección y la curación emocional — se acercó a ella mientras sujetó su mentón y levantaba su rostro. — Y eso es lo que tú eres en mí, mi estabilidad emocional y mi protección contra mí...

— Loki — lo nombró débilmente mientras cerraba sus ojos y sentía como los labios del aludido se unían a los de ella.

En ese momento, pensó que su tiempo en aquella torre sería tan gratificante como divertido.

***

— Ya les dije todo lo que recuerdo, — se cruzó de brazos y subió las piernas sobre la mesa — no sé qué más necesitan de mí.

— La verdad, señorita Lerman — en verdad parecía molesto aquel hombre que se había presentado frente a ella con el nombre Nick Fury, líder de una organización cuyo nombre era S.H.I.E.L.D.

Sinceramente aquello era lo que hacía molesta su estancia en aquel.

En el momento en que se había despedido de Loki y había salido de aquella celda que ya había comenzado a marearle entre tantos espejos, una horda de soldados la esperaban liderados por Fury, el cual la miraba con su único ojo con molestia.

La habían arrastrado hasta esta cámara de interrogatorios y no habían dejado de atosigarlas con las mismas preguntas, una y otra vez: ¿Cómo conoces a Loki?, ¿Estas bajo la influencia del dios?, ¿Qué había ocurrido durante el ataque a Nueva York?, ¿Y qué papel tenia ella en todo eso?

En verdad la habían mareado, pero eso no significaba que ella no cooperaria. Les contó todo lo que recordaba y sabia, no entró mucho en detalles porque eso sería revelar su situación sentimental con el dios y pensaba que posiblemente eso le afectaría tanto a ella como a Loki, y era algo que no estaba dispuesta hacer.

Y después de insistir tanto en saber más, ella se había quedado sin información y con un creciente dolor de cabeza, el cual la había comenzado a irritar.

Se llevó sus manos a sus sienes y comenzó a masajearlas. Al menos, agradecía el hecho de que habían sido tan considerados de traerle una taza de té para su malestar y le habían ofrecido unos bocadillos que le habían ayudado a saciar su tan revuelto estómago.

— Les he dicho todo lo que recuerdo y lo que se, — llevó una de sus manos a la taza y bebió un sorbo de esta — es todo lo que podrán sacar de mí, porque es todo de lo que tengo consciencia.

Fury arrugó el ceño y, llevando sus manos hacia enfrente de él, se acercó más a ella.

— ¿Esta segura, señorita Lerman, que no está bajo el control de ese enfermo? — volvió a insistir el hombre de piel morena mientras usaba un tono de voz más demandante. — Puede que le haya prohibido decir ciertas cosas.

Sophie rodó los ojos e, haciendo a un lado su taza y bajando sus piernas de la mesa, imitó la posición de su interlocutor.

— ¿Y usted está seguro que entiende el hecho de que Thanos me hirió de muerte y que estuve inconsciente por dos días, después de que ese enfermo me curó? — bramó desafiante mientras imitaba su volumen. — Puede ir a preguntarle al Capitán Rogers si aún duda esa parte, Señor.

Fury se alejó de ella y gruñó débilmente.

El hombre que había estado a su lado, se acercó hasta él y, mientras le sujetaba el hombro, le susurró a su oído.

—... Es todo lo que sabe, Señor — alcanzó a entender ella.

Sonrió con molestia y se recargó de nuevo en su silla.

— ¡Ve!, hasta su hombre me cree más que usted. Hágale caso.

El líder de aquella organización soltó un ligero soplido por la nariz, mientras cerraba su ojo.

— De acuerdo, puede irse — soltó con resignación mientras volvía a fijar su ojo en la mujer.

— ¡Ya era hora! — exclamó ella mientras se ponía de pie y se dirigía hacia la salida de aquel lugar que se había vuelto tan abrumador y fastidioso.

— Pero, — la potente voz del hombre la hizo detenerse y girar para encararlo — la esperó mañana a las cinco en este mismo lugar para seguir con el interrogatorio.

— ¿QUE? — gritó molesta Sophie. — ¿No estará hablando enserio, verdad?

Fury le sonrió con malicia. Si, estaba hablando y muy enserio.

— El agente Filtz — comenzó mientras señalaba al hombre a su izquierda, el cual estaba completamente erguido y su mirada era tan fría y seria — será quien la acompañe a partir de mañana. Si recuerda algo, el será quien estará para escucharla.

Ella soltó un prolongado suspiro y volvió a girar hacia la puerta.

— Supongo que no me queda de otra — abrió la puerta con una mano y alzó la otra para despedirse. — Nos vemos mañana y espero que te agrade dibujar, porque no pienso perder mi tiempo haciendo nada en este lugar.

Y tras decir esto, cerró la puerta y se encamino hacia su habitación.

Al caminar por uno de los pasillos, se encontró con una mujer de cabellos rojos, la cual le pareció realmente hermosa. Su cuerpo era delineado y muy bien formado, por un momento le hizo olvidar el coraje que le había hecho pasar aquel desconfiado hombre del parche.

Por estar perdida en el cuerpo de ella no se percató de que la mujer la estaba viendo también, de hecho, hasta le sonreía de cierta manera, la cual hizo que Sophie desviara su mirada apenada.

Intentó desviarse de su camino, pero por una extraña razón, la mujer impactó contra su hombro con fuerza, haciendo que la castaña se tambaleara y callera al suelo.

Logró escuchar como un mohín, procedente de la pelirroja la cual remarcó más sus pasos una vez que se comenzó a alejar, se hacía presente en aquel silencioso pasillo.

Al parecer, su tiempo ahí, no sería tan grato después de todo.

***

Una vez que se terminó de secar, salió de la regadera y se enredó la toalla al cabello. Se vio por unos momentos en el espejo y se dedicó una débil sonrisa.

Tomó su ropa, la cual descansaba sobre el lavamanos, y, tras ponerse un poco de crema por todo su cuerpo, comenzó a vestirse con su ropa para dormir.

Estaba en extremo cansada y un buen sueño era lo que necesitaba para que su cuerpo pudiera reposar y su mente dejar de dar vueltas en tantas cosas y experiencias vividas.

Sophie no era de las personas que disfrutaba mucho del preocuparse por todo. Evitaba a toda a costa hacerlo, pero cuando la realidad la abrumaba y le hacía enfrentarse a este tipo de cosas, le era inevitable el preocuparse.

Y en ese momento no era la excepción. Tanto lo que había aprendido con Loki, como lo vivido durante su tiempo en aquella cámara de interrogatorios como también al momento de salir. En verdad, ¿que se creía aquella chica pelirroja para tumbarla de aquella manera y después burlarse de ella en vez de ayudarla? Con todo eso, pudo suponer que lo que más había marcado su día había sido aquel impacto con aquella mujer, la cual la había hecho enfurecer.

Salió hecha una furia del cuarto de baño, al parecer su idea de calmarse con una duchar había fracasado y no le quedaba de otra más que tratar de conciliar el sueño a pesar de todo.

Pero su objetivo se vio nublado cuando sintió unas manos que ella conocía muy bien rodeándola y recorriendo su abdomen con completa libertad.

— ¿No llegue a tiempo para la ducha? — preguntó con lujuria la varonil voz de Loki en su oído.

La mujer sintió como el dios comenzaba a jugar con su lóbulo con su lengua y no pudo evitar soltar un suspiro ante aquello.

— No creo que nos hubiéramos duchado si tu hubieras llegado de esta forma — le anunció la mujer mientras comenzaba a girar lentamente para encararlo.

— Como tampoco dudo que puedas dormir tras esto — le sonrió con picardía para después lanzarse sobre su cuello y llevar sus manos hacia su espalda.

Ella sonrió divertida mientras llevaba sus manos a la cabeza del hombre y lo sujetaba de su corta melena negra, haciendo que este la encarara.

— Pueda que sí, todo dependerá de ti, mi querido amigo — dijo desafiante mientras se apoderaba de sus rosados y fríos labios.

El hombre ronroneó y, tras arrancarle la toalla del cabello y lanzarla a dios sabe dónde, la condujo velozmente hacia la cama en un ágil movimiento.

Los días transcurrieron y las visitas de Loki en la noche, como también las de ella a su celda, comenzaron a ser un ritual entre ellos. Aquello la hacía más que feliz a ella, porque en verdad no tenía ninguna queja contra el dios, en serio ¿Quién podría quejarse de que un dios nórdico, casi insaciable, te visitara todas las noches a fortalecer un vínculo que podría matarte si este se debilitaba? Por lo menos, ella no. Lo único que si podría molestarle era el hecho de que dicho dios siempre desaparecía antes de que ella despertara.

Había socializado más con los extravagantes habitantes de aquella torre, los cuales formaban parte de un grupo denominado Vengadores. Además de divertirse y entablar una ligera amistad con Jane, Janet y Darcy, también conoció a Pepper, la chica del glamoroso Tony Stark, y a Carol Danvers, una mujer un tanto seria al principio pero con buenas intenciones. Dentro de ese grupo, también encontró al reconocidísimo Doctor Henry Pym, el hombre de la sonrisa irremplazable, y al desaparecido Doctor Bruce Banner, hombre tímido y muy buen consejero, como también al Rey de un país que no conocía, T'Challa, el cual era un poco más reservado pero aun así no dejaba de ser inteligente y muy sabio, y por fin conoció al hermano de Loki, el sonriente e infantil Thor, el cual también visitaba, a veces con ella y en ocasiones con Tony, al molesto dios de las travesuras, como también le agradecía cada que podía el que hubiera cuidado de su hermano tras su caída. Pero a pesar de las personalidades tan opuestas de todos los superhéroes, la convivencia en aquella torre era divertida y cambiante.

Lo único que si odiaba de aquel lugar eran las visitas al cuarto de interrogatorios con Leo Filtz*, el agente —considerado mano izquierda de Fury— el cual había sido el encargado de custodiarla durante su interrogatorio, no había resultado ser tan agradable como ella había esperado, ya que siempre la estaba cuestionando sobre todo lo que pensaba y hacía con Loki, como también le cuestionaba sobre su vida, al grado de llegar a inmiscuirse en sus líos amorosos y su pasado con Jonathan. En esa ocasión no había soportado el interrogatorio y se había retirado del lugar. (*Nota: Leo Filtz pertenece al universo cinematográfico de Marvel, ignoro si ha aparecido en algún comic, pero sí sé que aparecerá en la nueva serie de S.H.I.E.L.D.)

También había descubierto la identidad de la gruñona pelirroja, la cual era parte tanto de los Vengadores como también de la agencia secreta, como también conoció la razón por la cual aquella mujer la trataba tan mal cada vez que se encontraban.

— Eres la chica de Loki, fin del asunto — le había confirmado Tony una mañana tras tropezar de nuevo con la espía y haber sido escoltada por el millonario a disfrutar, ambos, de un café.

— Pero no entiendo por qué es la única que parece ser que me odia — decía mientras movía sin sentido la cuchara dentro de la taza con café. — Todos los demás me han tratado bien, ella es la única...

— Son como las relaciones de ricos, — comenzó el genio tras haber dado un último sobro a su bebida y se ponía de pie con la taza en mano — tu chico se metió con la mente de su chico y por eso la chica te odia — se encogió de hombros y fue al lavatrastos a dejar la taza mientras uno de sus robots comenzaba a lavarla.

Fue en ese momento que descubrió también la identidad del último Vengador: Clint Barton, alias Ojo de Halcón.

— La mente de Barton fue una de las más interesantes de controlar — confesó Loki cuando le había preguntado sobre el asunto. La sonrisa del dios era radiante y su mirada era divertida. — Era como si tuviera acceso a dos mentes, en realidad.

Sophie lo miró con molestia mientras el hombre se ponía cómodo sobre su camastro y sonreía con autosuficiencia.

— Tanto Barton como Romanoff están conectados de maneras que ni yo mismo comprendo — su semblante había cambiado a algo más serio. — Y puedo apostar que ni ellos mismos son conscientes de esto.

Y con eso había concluido que ambos agentes serian un misterio para ella. Aun no conocía a Barton en persona, pero sentía que el hombre la trataría igual, o hasta peor, que la pelirroja. Pero a pesar de eso tenía el consuelo de que el hombre estaba en misión y no volvería hasta dentro de unos días.

Después de tanto ajetreo y tantas cosas vividas dentro de aquella torre, una semana había transcurrido muy velozmente.

Y esa tarde, como siempre, estaba practicando con Loki. Ya había avanzado en su manejo de la magia y todo gracias al dios, pero no por las formas más tiernas si no por las más rudas. Suponía que, para el hombre, fue el único método que conocía de enseñanza y, aunque odiara lo déspota y agresivo que se ponía, era muy bueno como tutor.

La mujer cayó rendida exactamente cuando el reloj marcó las ocho en punto. Se tumbó sobre el camastro después de haber dispersado toda su esencia mágica de todo su cuerpo y dio un prolongado suspiro.

— Cada vez termino mucho más cansada — soltó de jalón, mientras se llevaba las manos al rostro.

— Me estas brindando parte de tu esencia, ¿Que esperabas? — explicó toscamente el dios mientras se sentaba sobre la silla y se cruzaba de brazos. — ¿Rejuvenecer?

— ¿Podrías ser más tierno en tus palabras? — pidió ella mientras se masajeaba las sienes y miraba de reojo al hombre. — Sé que debes de ser estricto conmigo, pero al menos podrías hablar más tiernamente, o al menos educado.

Loki alzó una ceja mientras esbozaba una sonrisa divertida.

— ¿Buscas ternura en el dios del caos y la destrucción? — se puso de pie y dio unos pasos hacia la mujer.

De hecho, le sonaba contradictoria ahora que lo escuchaba del dios. Ahora entendía por qué el hombre solo era tierno en contadas ocasiones, o al menos parecía serlo, porque desde el punto de vista de la castaña el hombre carecía de aquel tipo de muestras de afecto.

Sophie comenzó a retroceder, hasta donde la pared de la celda se lo permitía, en el momento en que la cara del moreno comenzó a parecerle amenazadora. Tenía miedo, porque a pesar de que conocía la ruleta emocional del dios, aun ignoraba como reaccionaria después.

— ¿Que...Que haces, Loki? — preguntó mientras le temblaba la voz y sujetaba con fuerza los bordes del pequeño colchón.

El hombre le sonrió con malicia, para después lanzarse sobre de ella y tomarla de los brazos con fuerza. Sophie cerró sus ojos, presa del pánico que estaba experimentando.

Pero en el momento en que sintió el impacto del dios sobre su cuerpo, en vez de sentir el frio y duro cristal, sintió la suavidad de su cómodo y afelpado colchón de la que era su habitación en aquella torre de locos.

Sintió como los labios del ojiverde comenzaban a rozar con delicadeza su tenso cuello hasta llegar a su frágil oído.

— Puedo ser más tierno, si tú eres la que lo pide — ronroneó en su lóbulo para después comenzar a besarlo.

Ella abrió los ojos y se encontró que estaba en su habitación. ¿Cómo mierdas habían llegado hasta ahí tan rápido?

El dios que estaba sobre de ella la encaró y le sonrió con lujuria.

— ¿Significa que las clases terminaron por hoy? — bufó ella mientras le devolvía la sonrisa.

El dios se limitó a asentir para después lanzarse a sus labios con fiereza.

Al menos, si no podía tener la ternura del dios, tendría la pasión y afecto del mismo.

— JARVIS, almacena estos documentos en mi servidor privado — ordenó el genio mientras movía velozmente los dedos a través de su teclado virtual. Tony Stark no era muy amante de escribir él mismo las cosas, de hecho, siempre le dictaba lo que quería escribir a su IA. Pero por una extraña razón, que él pudo definir como capricho, decidió hacerlo por sí mismo.

Enseguida, señor — aceptó JARVIS mientras transportaba los archivos de una carpeta a otra en la pantalla táctil holográfica.

El genio terminó lo que estaba escribiendo y observó con detalle el resultado de su trabajo mientras le daba un sorbo a su bebida, la cual no podía simular ser un inofensivo café.

Llevaba días trabajando en aquel proyecto y sabía que por fin podría empezar a desenvolverse como debía una vez que hiciera una última cosa en ese día.

— JARVIS podrías decirme si Sophia ya salió del pent-house de nuestro dios favorito — dejó de lado su vaso de cristal y comenzó a jugar con sus dedos mientras enfocaba su vista en la desordenada mesa. Sabía que si Pepper veía aquel desastre, un regaño seria lo menos que la mujer podría darle.

Acaba de salir...

— ¡Vaya! — exclamó mientras se ponía de pie el genio y no dejaba de ver el reloj de la pantalla digital. — Esta vez lo dejó temprano. Por fin tendré tiempo de charlar con ese hombre y de pedirle la prueba de amor más poderosa: su sangre.

Caminó unos pasos, con dirección hacia la puerta de su taller, cuando su IA lo detuvo.

Debo informarle, señor, que el Señor Laufeyson tampoco se encuentra en la celda — en su voz pudo identificar algo de nerviosismo.

Stark rodó los ojos y soltó un pronunciado bufido.

— ¡Por dios! Ya está de nuevo con Sophie — sonó irritado. — ¿Pretende dejarla zamba o qué?

Presintió como su mayordomo virtual comenzaba a articular palabra pero Tony lo silencio mientras alzaba la mano.

— No respondas, JARVIS.

Era definitivo, había un ser mucho más insaciable que él.

***

La despertó un cosquilleo en sus piernas.

Comenzó a tantear con sus manos el lado contiguo de la cama y se regocijó al sentir la espalda torneada de su dios de las mentiras.

Era la primera vez, después de toda esa semana, en la que el dios no desaparecía antes de que ella despertara, y eso la hacía más que feliz.

— Buenos días — le susurró al oído mientras le daba un ligero beso en la espalda.

El dios solo soltó un respingo mientras se giraba y la encaraba con una extraña sonrisa en el rostro, supuso que el hombre aún seguía dominado por el sueño y por eso aún no tenía control de sus facciones.

— Te quedaste — continuó diciendo ella con voz terrosa.

— Si quieres.... Me puedo ir — le soltó mientras recargaba su sonrisa hacia su costado y sus ojos permanecían cerrados, su voz era el vivo ejemplo de la pereza.

Ella se aferró más a él, entrelazando sus piernas en las caderas del dios, mientras negaba débilmente.

— Prefiero que estés aquí, a mi lado.

Loki soltó unas ligeras risas, para después irla rodeando con sus brazos y comenzar acariciarle la espalda.

— Saben que no pase la noche en la celda — insistió el hombre.

— Me importa un rábano que lo sepan o no — gruñó molesta. — Puedo usar a Tony y Steve como apoyo contra Fury.

— Te has vuelto muy cercana al soldado, ¿cierto? — abrió sus ojos y enfrentó a la mujer.

— ¿Celos? — alzó una ceja ella.

— Nunca podría estar celoso de un simple mortal...

— Si como no — rodó los ojos mientras soltaba unas ligeras risas.

La mujer sabía la verdad, Loki estaba celoso. Pero ella disfrutaba ver como el dios se sentía amenazaba por un hombre que acababa de conocer. No es que Steve fuera feo, simple y sencillamente, no era Loki. Y, suponía que, aunque lo fuera, ella elegiría siempre a su cascarrabias dios nórdico del caos y de la destrucción, más del 100% de las veces lo haría.

De repente, sintió otro cosquilleo recorrerle parte del abdomen y comenzó a empujar al moreno.

— Basta, me haces cosquillas — soltó ella entre ligeras risas.

— Ni si quiera te estoy tocando, mujer...

Sophie terminó de abrir por completo sus somnolientos ojos y no dudó en alzar la colcha que los cubría para ver de qué se trataba.

Casi se le salía el corazón cuando se encontró con la cabeza de una serpiente de color alabastro con plumaje en tonalidades de verdes muy llamativas, con unos cuernos de color negro sobre su cabeza.

— Se... se... — tembló por un momento mientras intentaba conectar las palabras. — ¡SERPIENTE! — exclamó con voz potente mientras se levantaba velozmente y comenzaba a saltar al lado de la cama mientras señalaba el lugar.

El hombre terminó de despertar y se sentó sobre la cama mientras comenzaba a retirar las colchas de la cama.

Y ahí estaba de nuevo, aquella amenazante creatura, escudriñándola con esos penetrantes ojos verdes, haciéndola sentirse inferior e indefensa.

Se recargó más sobre la pared de aquella habitación que había comenzado a sofocarla.

— ¡Mátala, mátala! — chilló aterrada mientras no dejaba de temblar.

El dios solo se limitaba a observar al animal como si de un tesoro se tratase.

— ¿Uróboros? — oyó preguntar al hombre con voz tenue y segura.

Lo que le faltaba, el hombre conocía a la serpiente y, lo mejor aún, podía hablar con ella, puesto que el animal había asentido levemente.

Si, este sería un día de locos.

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