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Capítulo 21 (Pt. 1)

HABILIDAD

Despertó tranquilamente mientras abría pesadamente los ojos. Sentía como si hubiera pasado una eternidad recostada sobre aquella cama, puesto que se sentía repuesta.

Giró sobre su cuerpo, quedando recostada boca arriba, por un momento tuvo la sensación de que podría caerse al suelo, pero al estirar la mano se percató de que aún había más espacio en la cama. Ante aquello, pestañeó unos momentos, tratando de enfocar, ya que aún veía difuso. Palmeó varias veces a sus lados y, cuando su vista logró ser clara, se dio cuenta que se encontraba sola en aquella amplia cama.

— ¿Loki? — preguntó en voz baja, mientras un vacío comenzó a inundarla.

Cuando no escuchó respuesta, tras varios segundos, se incorporó pesadamente en la cama, mientras cubría su desnudez con la fina sabana que había usado para dormir. Buscó con la mirada algún indicio del paradero de su amante, pero solo se encontró con aquel silencio y aquella sensación de soledad que le estaba taladrando el alma.

Loki se había ido y la había dejado en aquel lugar como si se tratara de nada. Al parecer solo le había importado el sexo y el satisfacer aquel deseo que tenía guardado en lo más bajo de su ser.

Se llevó una mano a la boca y, debido al dolor que comenzó a experimentar, empezó a llorar.

¿Cómo había sido tan tonta al creer que realmente le importaba a Loki, a ese dios que era ruin y perverso? Como siempre, se había dejado llevar por el momento y había creído algo que no era. Tal vez si, el dios se había mostrado tierno y muy dulce en todo momento y pareció ser que realmente le importaba todo lo que ella sintiera. Pero había olvidado algo muy importante en todo aquello: Loki era el dios de las mentiras.

Se sintió sucia y humillada, ¿Cómo había vuelto a caer otra vez? Confió ciegamente en el hombre, porque algo en su interior le aseguraba que todo era verdad y aun se lo seguía diciendo.

Se llevó una almohada a la cara y, apretándola contra esta, soltó un potente grito que, el cual le desgarró la garganta, fue ahogado por la almohada. Había sido tan tonta para creer que había bondad en aquel hombre, había sido tan estúpida que quiso negarse a creer que las palabras que le había dicho días atrás, durante su visita en la celda de él, se trataban de mentiras. Pero al parecer, el dios le había dicho la verdad aquel día: ella solo era una diversión, una herramienta que le ayudaría a recuperar su magia.

— Maldición — gruñó entre dientes mientras soltaba la almohada y se recostaba sobre la cama.

Cerró sus ojos y comenzó a llorar. Por un momento, todo aquello le pareció ajeno: el como Loki le había dicho las cosas y el como ahora se levantaba de aquella cama y este no estaba. Tal vez estaba malinterpretando las cosas, tal vez Loki no se había ido y pronto volvería. Pero también era posible que este se hubiera ido.

Cualquiera que haya sido la opción, lo mejor para ella era seguir adelante. Si algo aprendió durante su vida es que todo es cuesta adelante. Ya no quería seguir sufriendo más, y aquello le dolía como si se tratara de hiel recorriendo sus venas. El dolor era inevitable pero el cómo lo tomaba ella era lo que podía controlar.

— Ya no más — se dijo mientras se llevaba sus manos a la cara y comenzaba a limpiar sus húmedas mejillas.

Esa mañana se levantaría, se pondría algo de ropa cómoda, y trataría de evitar que todo aquel dolor se reflejara. Necesitaba saber a dónde se había ido Loki y sabia de alguien a quien podría recurrir.

¡Buenos días, Señorita Lerman! — escuchó una voz etérea, inundando toda aquella habitación, con una canción, que ella muy bien reconocía, de fondo.

— ¡Demonios! — exclamó exaltada mientras se incorporaba velozmente en la cama. Aquella voz la había sacado de sus pensamientos y la había asustado.

Son las 10 de la mañana, con una sensación térmica de catorce grados en la Ciudad de Nueva York — terminó de informar aquella voz en la habitación.

Sophie buscó por todos lados de dónde provenía aquella voz, hasta cierto punto podía reconocerla, mas no sabía de dónde.

Se levantó y comenzó a recoger su pijama del suelo, se la colocó y, una vez que se terminó de cambiar, llevó sus manos a la pared, en busca de alguna anomalía.

¿Qué busca, Señorita Lerman?­­ — preguntó curiosa la voz.

— Algún cable, bocinas o micrófono que te ayude a hablar — expuso mientras seguía por toda la pared.

Temo decirle que no lo encontrara, señorita. Soy mucho más que simples cables y bocinas.

Sophie alzó la vista, se cruzó de brazos y enarcó una ceja. Fijó sus ojos rojos por el llanto en el techo y esperó a que la misma voz volviera a decir algo.

— ¿Y que eres, entonces? — preguntó después de varios minutos de silencio.

Soy la Inteligencia Artificial que se encarga de todo el monitoreo de la torre como también de todo lo referente al Señor Stark — soltó con voz neutra.

— El mayordomo artificial de Stark... — se aclaró ella misma mientras agachaba la mirada y comenzaba a analizar todo.

Había escuchado que la inteligencia, al igual que su ego, de aquel inventor no tenía límites y ella era fiel testigo de aquello, pero nunca antes había imaginado que hubiera llegado tan lejos.

Tony Stark era un vivo ejemplo de la excentricidad, lo creía capaz de crear un mayordomo robótico y tangible, para que anduviera en toda la torre y cumpliéndole todos sus malditos caprichos. Pero por el simple hecho de ser él, aquello no le había bastado, necesitaba ser algo más grande, y debía de suponer que por eso había creado un IA capaz de tener todo controlado y así poder manejar todos los asuntos de seguridad. Había matado dos pájaros de un tiro.

— Y dime, mayordomo electrónico, ¿Cuál es tu nombre? Porque dudo que tu amo te haya dejado sin identidad.

JARVIS, señorita. Y supone usted bien. De hecho, cuento con identidad, hasta personalidad propia si busca algo de consuelo por lo ocurrido esta mañana — comentó con burla aquella voz.

Si, en definitiva, aquello era invento de Stark: el muy narcisista había instalado su propio humor en aquella inteligencia, hasta podía ver su misma personalidad instalada en aquellas etéreas palabras.

— ¡Mucho gusto, JARVIS! — soltó ella con sorna.

El placer es mío, Señorita Lerman.

— ¿Algún pendiente?

El señor Stark me pidió que le avisara en cuanto usted despertara, ­ ¿Desea que lo haga?

Sophie suspiró.

— No, iré yo a buscarlo — dijo con una media sonrisa. — Necesito hablar con él, ¿podrías decirme en donde esta?

Se encuentra en su taller — dijo cortésmente aquella voz.

— ¡Perfecto! — alzó los brazos mientras daba un suspiro. — Ese hombre no sabe hacer otra cosa. ¿Podrías guiarme, querido JARVIS?

Sería un honor, señorita.

Al menos, el encontrar a la única persona que le podría decir donde estaba Loki, no sería tan complicado.

— ¡Hola, Tony! — dijo con una sonrisa en el rostro, mientras veía como el millonario saltaba en su silla al escuchar aquella inesperada voz.

— ¡Por dios, que todo el mundo ahora puede violar mi seguridad! — gritó mientras agitaba el taladro con una mano y sujetaba su máscara con la otra. — ¿Cómo entraste sin ser anunciada?

Sophie le sonrió y se acercó hasta él, a pasos agigantados. Llevaba puesto una playera azul con un pantalón de mezclilla que encontró en la bolsa que Steve le había dado.

— Le pedí a JARVIS que me dijera dónde estabas y que no te lo comentara — soltó ligeras risas.

Tony alzó la vista hacia el techo y soltó un gruñido bajo.

— Traidor — acusó a su IA.

Yo solo sigo ordenes, Señor — se excusó la IA.

Tony bajó el rostro y dio un prolongado suspiro, para después enfocar su vista a la chica recién llegada, la cual parecía recién levantada. No pudo evitar sonreírle.

— No puedo tener siempre la fidelidad de todos — se lamentó mientras dejaba de lado el taladro y ponía su codo sobre la meza, recargando su mentón sobre su palma. — ¿Haz estado cómoda en mi torre?

Ella sonrió.

— Por supuesto — se llevó sus manos a su espalda y comenzó a observar todo a su alrededor, todo en aquella torre era totalmente diferente a como ella lo imaginaba. — Todo es peculiarmente extravagante, como si estuviera gritando tu nombre a todos.

Tony le sonrió de medio lado mientras tomaba una pluma y comenzaba a jugar con ella entre sus dedos.

— Como siempre debió de haber sido, todo el mundo debería de estar gritando mi nombre.

Ella rodó los ojos. En verdad, a pesar del tiempo pasado y las experiencias vividas que le conocía a Stark, este no había cambiado en nada, a su parecer, seguía siendo aquel hombre que solo buscaba ser el centro de atención, hacer cosas para que lo vieran y lo alabaran.

Hasta cierto punto, aquello le recordó a Loki. El hombre siempre había buscado la atención de ella y de todos a su alrededor, ya sea mostrándose de forma altanera o haciendo algo destructivo que dañara a los otros. "O besándote" le dijo una voz interior que la hizo sonrojarse por unos instantes.

Sacudió la cabeza y volvió a posar la vista hacia el inventor que estaba frente a ella. En verdad, Loki y Tony eran muy parecidos en algunos aspectos, pero había cosas que debía de apremiar al dios, las cuales superaban al hombre frente a ella.

— Sabes, encontré un hombre más imbécil que tú — tras dar un prolongado suspiro, se cruzó de brazos y recargó todo su peso sobre el pie izquierdo.

— ¡Vaya, alguien me ha superado! — se llevó sus manos a la cara, remarcando dramatismo. — Nunca pensé que llegara el día en que Tony Stark sea el segundo en algo.

— Créeme, hay cosas en las que has dejado de ser primer lugar — rodó los ojos ella, mientras a su mente venían los recuerdos con Loki. Tuvo que girar su rostro para que el filántropo no la viera sonrojarse.

— Pues teniendo a un dios como referencia, hasta el más experimentado se ve opacado — dijo con un leve tono de picardía.

Sophie giró su rostro hacia Tony, el cual le sonreía divertido mientras volvía a su posición inicial: recargado en la mesa en un codo mientras reposaba su mentón en su palma.

— Creo suponer a quien te refieres, preciosa, lo que me lleva a lo siguiente: ¿Qué tal tu noche gloriosa? — su sonrisa se amplió tan grande, que pudo asustar un poco a Sophie.

— ¿Disculpa? — alzó una ceja confundida.

— ¿Acaso fue el mejor sexo que hayas tenido?

Sophie lo miró con los ojos abiertos entendiendo a que se refería, para después comenzar a sentir como los colores se le subían al rostro.

Maldijo, internamente, el momento en que introdujo a Loki a la discusión que, aunque lo haya hecho de manera disfrazada, era claro a quien se estaba refiriendo. Pero aunque todo aquello hubiera salido, la verdadera interrogante aquí era: ¿Cómo demonios sabía Tony lo ocurrido en aquella noche?

— ¿Cómo...?

— JARVIS está en todas partes y, a pesar de todo, me es leal a mí — sus ojos parecían de un pequeño niño al cual le acabaran de decir que era el mejor en algo.

Y ahora todo tenía sentido. Al parecer, era cierto que tenían cámaras en todas partes, y si eso era cierto, eso significaba que...

Sophie se acercó al genio y lo abofeteó con fuerza.

— ¡Eres un puerco, Edward Stark! — le gritó ella molesta mientras apuñaba las manos a sus costados y respiraba profundamente.

Tony se llevó una mano a la mejilla y comenzó a masajearle.

— Eso es cierto, pero no por lo que crees — soltó en su defensa el genio. — No vi nada, JARVIS solo me informó que Loki había ido a tu habitación. Lo que hicieron, tú me lo acabas de confirmar. — volvió a sonreírle.

Ella gruñó y le propició a darle una punta pies al hombre.

— ¡MIERDA! — gritó adolorido el genio. — ¿Y este por qué fue?

— ¡Por entrometido! — se cruzó de brazos ella, mientras le daba la espalda.

Escuchó como el hombre intentaba ponerse en pie y como soltaba alaridos.

Sí, todo era tal como lo recordaba.

A pesar de que hubieran pasado casi cinco años, Tony seguía siendo el mismo imbécil de siempre. Coqueteándole, alardeando sobre sus cosas y buscando seducirla a como diera lugar y todo esto mientras estaba borracho. Ahora las cosas no cambiaban en absoluto, a excepción del alcohol en su sistema, del cual aún tenía sus dudas.

Debía de aceptar que Tony siempre iba a ser Tony, y eso era algo que ni el tiempo cambiaria, pero debía de aceptar que a ella le agradaba tal y como era, si no fuera así, no se estaría riendo mientras simulaba estar molesta con él, pero era obvio que ella nunca lo aceptaría, ni aunque lo amenazara con su armadura.

— Vamos, cariño — comenzó a decirle mientras la tomaba de los hombros y buscaba girarla, — solo busco conocer mejor a mi enemigo, teniéndolo metido aquí, necesito tener armas contra él...

— ¿Loki está aquí? — preguntó ella un tanto confundida.

— Claro, está en su celda, ¿Por qué no debería de estar aquí? — arrugó el ceño confundido mientras la miraba extrañado.

Los ojos de ella se abrieron y cerraron velozmente por unas fracciones de segundos. Al parecer el dios no la había dejado, ni utilizado. Solo se había ido a su celda buscando no ser reprendido por haber escapado de esta.

Por unos momentos se sintió aliviada, todo aquel enojo y dolor que había sentido había sido en vano. Todo lo que se recriminó había sido solo por culpa de ella, se había torturado sin razón. Sin darse cuenta, Tony había quitado un gran peso de encima de ella, cosa que agradeció.

Carraspeó la garganta y volvió a posar la vista hacia el genio, debía de terminar aquella conversación e ir hasta Loki y poder hablar con él, lo ansiaba. Al parecer su fuente de información había sido muy útil después de todo.

— ¿Quieres saber que tan fogoso es? — preguntó ella mientras alzaba la ceja, tratando de impregnar un tono de voz seductor.

— No exactamente, pero podría ser un inicio — Tony tragó saliva muy forzadamente mientras la veía seriamente.

Sophie asintió y se acercó hasta su oído.

— Compruébalo por ti mismo.

Tony soltó unas ligeras risas y posó sus ojos sobre ella.

— Por tu simple aspecto mejorado y tu sonrisa de oreja a oreja que no se te ha borrado desde que comenzamos a hablar de ello, puedo apostar que fue divino.

— ¡Oh, cierra la boca! — dijo ella mientras se soltaba del agarre del genio y comenzaba a caminar con rumbo a la salida de aquel taller. — Lo que deberías de hacer es mostrarme el camino a la cocina, que me estoy muriendo de hambre.

— Claro, hermosa — se adelantó hasta ella y se posicionó a su lado. — Cualquiera tendría mucha hambre después de una noche de sexo desenfrenado con el dios de las travesuras.

Sophie se molestó y le propició unos golpes al hombre mientras este se cubría.

En verdad, todo era como hace cinco años. Aunque lo negaran y pareciera lo contrario, en verdad se extrañaban y se alegraban de verse después de tanto tiempo.

Y, al parecer, ninguno de los dos había cambiado con respecto al otro.

***

— ¿No hay nada para comer a excepción de estas Pop-tarts? — preguntó molesta mientras cerraba una de las puertas de la alacena con fuerza.

— De hecho — comenzó Tony mientras jugaba con el vaso con whisky que tenía en las manos, — ni siquiera Pop-tarts, son de Thor y no te recomiendo que las toques, si no quieres terminar aplastada por Mjölnir.

Sophie suspiró. Tomo una de las cajas de galletas medio vacías que había en la alacena, agarró la poca avena que había en el bote, sacó la poca leche y lo vertió todo en una pequeña taza para tomar café, dentro de la cual aún le falto un poco de espacio para poder llevarla al tope. ¡Grandiosa suerte la de ella!

Llevó su taza, junto con una cuchara cafetera, a la barra en donde se encontraba sentado Tony y se sentó frente a él. Tomó la cuchara y se llevó a la boca aquel revoltijo que deseó con todas sus ganas que fuera cereal. Hasta cierto punto le supo bueno, pero aun así, no era su amado cereal.

— No entiendo cómo es posible que seas rico y no tengas nada de comida decente en la alacena — dijo ella tras haberse llevado ya varias cucharadas a la boca.

El genio dio un sorbo de su bebida y dejó el vaso vacío sobre la barra.

— Hemos estado ocupados con lo de la invasión — se encogió de hombros.

Sophie dio un prolongado suspiro de resignación y continúo disfrutando de su nuevo platillo.

La puerta de la cocina se abrió y dejo entrar a un trio de chicas las cuales traía cargando unas cuantas bolsas de plástico.

— ¡Por fin podremos comer como Dios manda! — soltó una mientras dejaba las bolsas sobre la barra.

— Vaya sorpresa, la rata salió de su laboratorio — dijo otra de las chicas mientras le daba un codazo a Tony. — Otra diferencia que hay entre Hank y tú.

— Janet — comenzó Tony mientras se giraba hasta ella, — ¡hay un millón de diferencias entre la hormiga y yo! Comenzando por el hecho de que yo soy realmente apuesto y él... ¡vamos! El solo es Hank.

La mujer negó con la cabeza mientas reía ante el comentario y le propinaba otro codazo al hombre.

Sophie solo observaba todo aquello de forma ajena. Muy a pesar de que conociera a Tony, nunca fue buena relacionándose con muchas personas, sobre todo con las mujeres de Tony, puesto que eran de mundos completamente diferentes. Pero estas chicas se veían tan distintas a las chicas que frecuentaba Tony en las fiestas. Así que prefirió solo seguir degustando lo poco que le quedaba en la taza.

— ¡Oigan, miren! — gritó la chica que había hablado primero. — ¡La chica de Loki!

Sophie abrió los ojos grandemente mientras se atragantaba con el último bocado que se había metido a la boca. ¿Acaso esa era la forma en la que la conocían a ella? ¿Cómo la chica del villano?

— ¡Darcy! — gritó en son de regaño la que no había hablado desde que habían llegado mientras se acercaba a Sophie. — ¡Se más respetuosa!

Le comenzó a dar palmeadas en la espalda, al igual que el genio —el cual no había dejado de reírse desde que mencionaron aquello—, hasta que logró pasar por completo lo que tenía en la boca, dejando libre de obstrucción su garganta.

— Disculpa a Darcy, es un poco impropia — soltó la mujer mientras le sonreía levemente.

— ¿Cómo que impropia? — se alarmó la chica de gafas y cabello largo y oscuro.

Tony dejó de reírse y se sirvió otro trago de Whisky. Posó su mirada sobre Sophie y le propició una sonrisa.

— Ella es Sophia Lerman — la señaló mientras la aludida solo daba, educadamente, un ligero movimiento de manos en son de saludo. — Y la aguafiestas de Darcy ya dio los pormenores de su situación.

Sophie gruñó y le dio una palmeada fuerte en la espalda del billonario, a lo que Tony solo reaccionó a reírse un poco. Al parecer, el hombre disfrutaba de todo aquello.

— Sophie, ellas son Janet — señaló a la mujer de cabellos cortos, de color castaño y ojos azules, — y ella es parte de los vengadores, es conocida como la Avispa.

— Mucho gusto — saludó la aludida con una sonrisa.

— Igual — sonrió de medio lado Sophie.

— Y — dio un sorbo rápido a su vaso y señaló a la mujer que la había auxiliado junto a la chica de anteojos, — ellas son Jane y Darcy.

— Un placer, Sophia — le dijo Jane mientras le estrechaba la mano.

Sophie le regresó el gesto con la misma sonrisa.

— Te sorprendería lo mucho que tienes en común con este par — soltó Tony con sorna. — Por ejemplo, Jane es novia de Thor, el medio hermano de tu chico; y Darcy, es la visitante número uno a la celda de TÚ chico.

— ¿Conoces a Loki? — preguntó alzando una ceja Sophie mientras se cruzaba de brazos, Darcy asintió levemente, un poco intimidada. — ¿Cómo lo soportas con su mal carácter?

La chica de gafas soltó unas ligeras risas, mientras se subía el puente de sus antejos.

— ¿Exceso de paciencia? — se encogió de hombros.

Sophie asintió, para después soltar unas risas junto a Darcy.

— Bien, ya que las chicas llegaron con el mandado... ¿jugaran a la cocinita? — se levantó de sus asiento el genio mientras se volvía a servir más licor en su vaso.

— Algo así — expuso Janet mientras se acercaba a las bolsas. — Veremos que podemos preparar para comer, ya estoy harta de la comida rápida.

— Si quieren — comenzó Sophie mientras observaba a la avispa, — les puedo ayudar. Se cocinar — sonrió levemente.

— ¡Perfecto! — exclamó el millonario mientras le daba un sorbo a su vaso, podía apostar que el hombre se ya encontraba algo ebrio, después de tanto beber. — Mami nos preparara de comer. ¡Muero por saber qué es lo que harán! Así que, yo ya no las interrumpo, preciosas.

Y tras decir esto, salió de la cocina. Las cuatro mujeres se observaron un instante, para después observar como Darcy iba y se sentaba a la barra.

— A mí ni me metan a la cocina — se excusó la castaña mientras cruzaba sus brazos sobre la barra y posaba su cabeza sobre estos, — no me gustaría volver a recibir los regaños de Tony tras haber hecho estallar su cocina.

— Cierto, fue tan divertido — se rio Janet.

— ¿Has hecho estallar una cocina? — preguntó algo curiosa Sophie.

— Si y de la forma más ridícula — respondió Jane mientras se comenzaba a reír.

— ¡Oigan! Puedo decir, en mi defensa, que yo no tenía la menor idea de que ese plato era de aleación de aluminio. ¡Parecía cerámica pura! — se defendió algo exaltada la chica mientras soltaba gruñidos.

Sophie abrió los ojos grandemente para después comenzar a reírse a la par con Janet y Jane, solo para que después se les uniera Darcy.

Al parecer, no sería tan complicado el convivir ahí.

***

Ya había puesto las cosas en claro entre ambos bandos. Tanto Loki como Sophie sabían de la posible existencia de Steve y de Darcy, respectivamente, en la vida del otro.

No es que fuera mucho de su incumbencia, pero le era interesante el conocer la reacción del dios de las travesuras ante todo aquello, ya que Sophie no era de las personas explosivas que golpeaban a cuanta mujer se le pusiera enfrente de su hombre.

Para Tony todo era, más bien, como un servicio social que prestaba a su antigua amiga y al posible villano reformado.

Bajó hasta el piso de entrenamiento, en donde sabía que podía encontrar a cierto soldado, ya que quería confirmar, algo que el ya conocía muy bien, lo que en realidad sentía el soldado. Entró a la habitación y se encontró con Steve, el cual golpeaba un saco de boxeo con mucho esmero, traía puesto su usual camisa blanca de interiores y un pantalón deportivo de color negro.

— Te puedo asegurar que no importa cuanto lo golpees, esa cosa siempre regresara a ti, te lo juro — soltó el hombre de hierro mientras dejaba el vaso vacío en una de las bancas de aquel gimnasio.

— Supongo que como ya estas pasado de copas, nadie aguantó tu compañía y por eso estas aquí — reviró el comentario mientras no dejaba de golpear el saco.

— ¡Todo el mundo ama a Tony Stark, Capitán Pilates! — alzó los brazos al aire y se señaló a sí mismo.

— Claro, eso es algo indiscutible — dijo con sorna. Dio un par de golpes más al saco y se apartó de el para ir por una botella que se encontraba a los pies de Stark y bebió de ella. — ¿A que debo este honor, Stark?

— Pensé que estarías con Thor — le soltó el billonario tras haber buscado al dios con la vista.

— Si buscas a Thor, se fue con Banner a entrenar la puntería del Halcón. Aun no entiendo cómo es que el Doctor aceptó aquella locura de ser perseguido por Barton. — decía mientras guardaba su botella en la mochila y volvía al saco.

— Bueno, como no es a Thor a quien busco, eso es algo irrelevante — sonrió Stark mientras posaba su vista hacia el soldado, el cual había comenzado a golpear de nuevo el saco. — Pero sería muy divertido de ver.

— Entonces...

— Vengo para decirte — dudó por unos momentos, en los cuales pensó muy bien las palabras a decir, ya que debía de decirlas de forma correcta, — que Darcy ha pasado mucho tiempo con Loki.

— Eso es algo que ya no me sorprende — soltó con fastidio el soldado sin dejar de lanzar golpes. — Dime algo que no sepa, Stark

— ¿Qué trajo el mandado? — Steve solo rodó los ojos.

Tony se llevó las manos a las bolsas de su pantalón, carraspeó la garganta y le sonrió al soldado.

— Y Sophie ya despertó.

Los golpes dejaron de sonar en aquel gimnasio. El soldado había dejado de moverse y sujetó con fuerza aquel saco de boxeo, cosa que provocó que la sonrisa del genio se ampliara más.

¡Bingo! Había dado en el clavo. El Capitán América, el justo e ingenuo Steve Rogers se había encaprichado con la chica de otro hombre, y no de cualquier otro hombre, si no más y menos que con la chica del dios de las mentiras. Eso era algo realmente interesante, de lo cual se podría aprovechar en su momento. Para Stark, toda información recabada de cualquier fuente, era información que podría utilizar luego a su favor, ninguna se desperdiciaba.

Logró escuchar como la respiración del soldado se hacía más espesa y vio como la espalda del hombre se comenzaba a tensar.

Pero tras unos segundos, todas aquellas reacciones desaparecieron y el rubio continúo con sus movimientos torpes de golpear al saco.

— Me alegro — su voz era un tanto temblorosa. — ¿Y cómo se encuentra?

— Mucho mejor — le sonrió el moreno mientras rodeaba el saco y veía de frente al rubio. — De hecho, está ayudando a Janet y Jane a preparar la comida.

— Que bueno — siguió golpeando, pero ahora con la cabeza gacha, como queriendo ocultarse de la mirada inquisitoria del filántropo. — Tal vez me pase, más adelante, a saludarla.

Tony sonrió y no pudo evitar soltarle algunas cosas.

— Si sabias que ella y Loki son algo más que amigos, ¿verdad? — comenzó el millonario mientras tomaba el vaso de la banca y comenzaba a jugar con él en las manos. — Lo supuse cuando platique con ella hace unos momentos, ¡Dios! Debiste de haberle visto el rostro sonrojarse, se veía tan tierna.

Steve comenzó a golpear con más fuerza aquel saco con cada palabra que el genio decía, cosa que a Tony no tomo por sorpresa, puesto que ya esperaba aquella reacción.

El inventor le sonrió y lo despidió con la mano.

— Bueno — comenzó mientras se daba la vuelta, — solo venía a avisarte lo de Sophie, ya que se han vuelto muy amigos. Adiós, fortachón.

Se retiró de ahí con una enorme sonrisa burlona plantada en el rostro. Sabía que lo que estaba haciendo, hasta cierto punto, era un tanto deshonesto, pero las cosas debían mostrarse tal como eran. Si el capitán se encaprichaba con una mujer que nunca le correspondería, solo terminaría sufriendo. Además, el hombre ya tenía a su propia chica, la cual se encontraba babeando por él, y estaba seguro que la pobre de Darcy no lo esperaría eternamente. Sumándole a eso que no sería muy grato el reducir sus fuerzas solo porque cierto dios del caos se sintiera amenazado y quisiera matar a cierto súper soldado.

En esos momentos, Tony dudó en que si debería luchar contra Loki por el título de "Dios de las Travesuras".

***

Loki resopló, alto y con potencia.

— ¡Es justo y necesario que analice tu magia! — acusó Stark mientras entraba a la celda del dios y las puertas se cerraban tras de sí. — Dime, ¿De qué me sirve tener las mejores celdas del mundo, si tú te las pasas de largo?

El Jötun sonrió y levantó el rostro hacia el inventor, el cual había tomado y girado una silla para sentarse en ella y recargar sus brazos en el respaldo.

— Yo no soy de este mundo, Stark — soltó con superioridad mientras se incorporaba del camastro y se sentaba con las piernas sobre la superficie. — Pensé que eso ya lo había dejado en claro.

— Discúlpame, cornudo, — rodó los ojos — es solo que te vez tan... común, que lo había olvidado.

Loki gruñó mientras contenía las ganas de estrangular al genio. Suponía que el mortal era experto en sacar de sus casillas a cualquiera, pero que disfrutaba de practicar aquello, especialmente, con el dios.

Tony le sonrió divertido, mostrando aquellos dientes blancos, y se sacudió un poco el cabello con la mano.

— Esta bien no eres común, no te encrespes — su tono era un poco más animado. — No me gustaría arruinar tu excelente y glorioso día. Uno siempre se levanta de buen humor después de tener uno de esos días.

Loki alzó la ceja confundido.

— ¿De qué días hablas, Stark? — rio débilmente mientras se cruzaba de brazos.

El genio lo observó con picardía para después carraspear la garganta y comenzó a jugar con sus propios dedos.

— Dime, ¿en verdad Sophie se ve igual de linda estando desnuda?

Carmesí fue el color predominante del dios una vez hubo entendido a que se refería el inventor con aquellas palabras. Unas potentes carcajadas predominaron la celda cuando el rostro del dios se ocultó entre sus propias manos. ¿Cómo demonios se había enterado el mortal de aquello?

Loki tomó la almohada del camastro y la lanzó con fuerza contra el hombre frente a él, deseando con todas su fuerzas que aquello fuera Mjölnir.

— ¡Tranquilo, galán! — detuvo sus risas y tomó el proyectil entre sus manos mientras lo comenzaba a inspeccionar. — No pienso robarte a tu chica, es solo que la conozco desde tiempo atrás y, por más que le pedí una cita, ella nunca salió conmigo.

Aquellas palabras hicieron sonreír con superioridad al dios.

— No compares lo que yo soy con lo que tú eres, Stark — se levantó del camastro y, posando sus manos a su espalda, caminó hacia una de las paredes cristalizadas del lugar, la cual reflejaba su propio rostro. — Era obvio que ella prefiera mi compañía sobre la tuya.

— Como también prefiere la compañía del capitán — y tras decir esto, lanzó la almohada en contra del dios, el cual, debido al reflejo, reaccionó a cacharla.

Giró su cuerpo, encarando al inventor, el cual había recargado su mentón sobre el respaldo de la silla, con fastidio.

— Te refieres a...

— Si, Rogers ha estado muy al pendiente de la salud de nuestra pequeña chica — la mirada del dios se desvió hacia el objeto que sostenía en las manos y comenzó a sentirse un poco preocupado.

El día se había tornado muy lento desde el momento en que había ocurrido aquello y lo había dejado con aquella duda clavada en el corazón. ¿Acaso el capitán estaría interesado en su Sophie?

No era que el genio se lo hubiera dicho tan explícitamente, es solo que el estarle mencionando al soldado en una misma oración junto al nombre de la mujer, en contadas ocasiones, era algo que si había logrado ponerle los pelos de punta y alertarlo sobre aquella posibilidad. Sabía bien que Sophie era muy bien parecida, ¡Por Yggdrasil, ella era hermosa!, pero no tenía en mente que alguien más se pudiera interesar en ella. De hecho, uno ya lo había hecho, y el hombre había acabado muerto, ¿Por qué no debería de hacerlo otro hombre?

Las manos de Loki comenzaron a temblar y decidió apuñarlas con fuerzas antes que hiciera algo estúpido. Trató de calmarse mientras respiraba profundamente y cerraba sus ojos.

Sophie no podía interesase en alguien más, ella ya estaba con él y ellos ya se pertenecían mutuamente, así que no podían ir buscando alguien más con quien estar. Ella era de él y él de ella, y las cosas eran perfectas así.

Se llevó una mano al corazón, buscando sentir sus propios latidos de corazón en la busca de algún consuelo.

"No seas tan inseguro"

— No molestes — soltó Loki con fastidio mientras seguía recostado sobre el suelo.

Uróboros siseó y comenzó a arrastrarse hasta la posición del dios mientras disminuía su tamaño.

"Necesito que me expliques que era lo que estabas buscando con tus acciones" dijo en tono molesto el guardián mientras se posicionaba sobre el torso del Jötun.

— Uróboros, se mas especifico — abrió sus ojos y los posó sobre la serpiente.

Esta lo miraba con el ceño fruncido, al parecer parecía en extremo molesta, sin motivo aparente.

— ¿Qué demonios te pasa ahora?

La serpiente gruñó mientras movía su cabeza, haciendo que sus plumas se agitaran.

"¿Por qué te revolcaste con la mortal?" su voz se había elevado varias octavas, de hecho podía asegurar que el timbre de voz le podría pertenecer a una mujer.

El hombre le sonrió con malicia y, llevando su mano hacia su torso, comenzó acariciar el plumaje de su guardián.

— ¿Y por qué no? — su tono de voz era bajo, pero se sentía seductor. — O, ¿Acaso estas celosa?

La creatura arrugó el rostro y lo desafió, mostrando sus grandes colmillos mientras retrocedía al tacto del dios.

"No sabes lo que acabas de desatar, dios del caos" su voz se había vuelto gruesa y grave mientras comenzaba a aumentar su tamaño sobre el delgado cuerpo del hombre, el cual comenzaba a resentir el peso de aquella creatura.

— ¡La ayude con el vínculo! — gritó con el poco aire que tenía dentro, mientras intentaba liberarse del pesado cuerpo de su guardián.

"Corrección, fortaleciste el vínculo".

— ¿Qué no...? — soltó un alarido antes de continuar con la pregunta, mientras seguía forcejeando con la serpiente, la cual se resistía a soltarlo. — ¿Qué no se supone que ese era el plan?

Los ojos de Uróboros se volvieron rojos, mientras que su piel, del color del alabastro, comenzó a tornarse de un azul marchito. Podía distinguírsele en su rostro el enojo, el cual era intenso y profundo.

"Haz ligado tu vida a la de ella". Acercó su rostro hasta el del dios mientras no dejaba de enseñarle aquellos afilados colmillos.

Loki comenzó a zafarse del enorme cuerpo de aquella creatura. Cuando logró liberar su cuerpo de aquella prisión que había formado su guardián, comenzó a jadear pesadamente.

Alzó su vista hasta aquellos ojos rojos que lo miraban como si quisieran devorarlo y frunció el ceño.

— Se suponía que ya estábamos ligados — se llevó una mano al pecho mientras sentía como su corazón latía a mil por hora, — ¿Cuál es la diferencia ahora?

La serpiente cerró su hocico y relajó su mirada, como si su enojo hubiera comenzado a disminuir. El dios la analizó por completo, aquella apariencia le recordaba mucho a él y le confirmaba que tanto él como su guardián eran parte de uno mismo.

"Ahora el vínculo es oficial. Ambos se entregaron en cuerpo y alma, como un matrimonio. Ahora se deben de pagar tributos entre ustedes."

— ¿Eso qué significa?

"Que tu magia le pertenece a ella, como también su magia te pertenece a ti". El color de la creatura volvía, lentamente, a su color original, mientras el dios perdía la vista en la nada.

— Ella... ¿Ella tiene magia? — preguntó con voz temblorosa.

Una vez que Uróboros volvió a su original apariencia, dio un prolongado suspiro, para después girar su rostro hacia su costado.

"El poder ver auras es el mejor indicador de un ser mágico".

— Eso... eso es bueno — soltó con una sonrisa de medio lado.

El solo pensar en que su mujer podría utilizar magia como él fue algo realmente gratificante. Al fin había encontrado alguien con sus mismas habilidades.

"Eso no es lo único". Giró su rostro hacia el dios, el cual había vuelto a tener su atención. "Otro de los tributos, además de robar parte de su esencia de vida, es que cada herida que recibas, a ella le afectara".

Los ojos de Loki se abrieron grandemente ante aquello. No podía estar hablando enserio.

"Además", continuó el guardián mientras acercaba su cabeza hacia el dios, "cuando ella expire, tu perderás lo más preciado para ti".

— ¿Qué acaso los que hicieron este vínculo no pensaron en sus repercusiones? — se quejó el dios mientras se cruzaba de brazos. — En verdad, estaban locos.

"Los creadores fueron Odín y Frigga" soltó sin más el guardián.

Loki solo resopló. Se comenzó a incorporar, para después comenzar a sacudirse las manos.

— No sé qué es lo que te altera tanto de todo esto, Uróboros — decía mientras se sacudía las ropas de un polvo inexistente, pero que él sentía la necesidad de sacudir.

"Me altera, hijo de Jotunheim, la inconsciencia y la forma tan irracional que tomas todo esto. Te he dicho todo lo que pasa con este vínculo y aun así insististe en completarlo. Ahora, debes de llevarlo con respeto".

— Te aseguro — comenzó mientras fijaba su vista, con un semblante serio, a la serpiente, — que lo único que deseo es poder estar a su lado, no busco hacerle daño. Y tú, más que nadie, sabes que mis palabras son sinceras.

"Soy consciente de eso, hijo de Odín. Pero también tú debes de ser consciente de que ella no es eterna, tendrá que morir tarde que temprano". Loki desvió la mirada de su guardián, mientras él apuñaba sus manos y se mordía el labio inferior.

Uróboros tenía razón, debía de recordar que Sophie no compartía su condición de longevidad, puesto que su vida corría en solo unos instantes, de los cuales, él no podía detener. Aquello, por más correcto y normal que fuera, le dolía y le estaba causando un enorme pesar.

Loki.

Escuchó aquella voz como si fuera un simple susurro. Buscó por todos lados, de donde pudo provenir aquella voz, pero solo se encontró con la enorme serpiente frente a él.

"Debo decirte, hijo de Laufey, que no siempre estaré disponible para ti de ahora en adelante. Puesto que, tras el vínculo, las creaturas de ambos seres se volverán una para ser su guardián como seres unidos".

El dios posó sus ojos en su guardián y este le sonrió débilmente mientras en su mirada reflejaba una profunda tristeza.

Loki.

Volvió a insistir aquella voz, esta vez con más fuerza.

"Supongo que esta será nuestra despedida, caminante del cielo".

— Espera, ¿qué? — exclamó confundido.

"Hasta pronto, Loki".

La serpiente se comenzó a desvanecer frente a él, mientras el intentaba alcanzarla, pero aquella enrome habitación blanca se lo impedía, mientras más avanzaba, más lejos parecía estar de su guardián.

— ¡Uróboros! — gritó con fuerza mientras estiraba la mano.

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