Mal dia
Terminé mi labor justo a las 6:56 pm. Así que me dirigí a la oficina de mi jefe para entregarle el iPad.
— En la oficina se oían gemidos. — Adrinkis, así me gusta. — se volvió a oír gemidos.
— Shhh, solo calla. — reconocí esa voz, era Adrien. Pero, ¿con quien estaba?
La curiosidad me mataba, así que quise abrir un poco la puerta para ver que sucedía pero no me atreví. Toque la puerta un par de veces y Adrien abrió la puerta, viéndome con una mirada de asombro. No se si será por pensar que lo iba a espiar, lo cual es cierto, o por notar mi leve sonrojo.
Lucia muy desaliñado, no tenía su corbata, tenía la camisa muy desorganizada y ni hablar de su despeinado cabello.
En fin, el solo abrió la puerta y recobró su compostura.
— ¿Que haces aquí? — preguntó.
— Vine a traer mi trabajo, ¿lo recuerdas? — alce una ceja y le extendí el iPad.
— Ah, cierto. — sacudió su cabeza. — Gracias, nos vemos mañana. —Dijo y cerró la puerta en mi cara.
Me di la vuelta para bajar y esperar a que el chofer me lleve al apartamento, pero una voz me interrumpe.
— ¡Mari! — Gritó mi jefe desde lejos, luego corría hacia mi, supongo que para darme alguna obligación absurda. Introdujo su mano en el bolsillo y sacó mi celular. — Casi se me olvida entregártelo. — Sonrió suavemente y me lo extendió.
Extendí mi mano para tomarlo, pero sin querer rocé sus dedos, lo cual hizo que me sonrojara...y el se riera.
Tomé mi celular y salí de allí a paso rápido.
(...)
El chofer me llevó al apartamento, saque la llave y abrí, solo para llevarme una gran sorpresa.
— Tenía 23 llamadas perdidas de Alya. — ella me va a matar.
Le devolví las llamadas, pero siempre se iban a correo de voz, hasta que intente enviarle un mensaje al WhatsApp.
~Marinette:~ Alya, perdona por no responder tus llamadas...quisiera hablar contigo, ¿podemos reunirnos en algún lugar?
~Alya:~ Hola, claro...¿te parece ahora, en el café "Paris"? Se encuentra cerca del Big Ben.
~Marinette:~ Está bien, ¿te parece ahora a las 7:30?
~Alya:~ Allí nos vemos, bye.
Suspiré pesadamente y lancé mi celular a la cama, debo prepararme para salir.
Me puse un vestido rojo con puntos negros y una bufanda roja, luciendo mi esbelta figura resaltada por mis tacones.
Llegué antes de lo citado para así no preocuparme por el tiempo.
El mesero me ofreció la carta para pedir, pero sólo solicité agua.
Pasó el tiempo muy lento, reviso mi celular, son las 8:37 pm. Y ningún rastro de Alya.
— suspiro pesadamente, mientras un mesero me entrega una torta de chocolate. — Disculpe pero, yo no he pedido eso. — dije señalando la deliciosa torta.
— Oh, no... eso se lo envía aquel joven. — Responde mientras señala a un chico pelirrojo muy atractivo.
Aquel chico solo se limita a sonreír y saludar con la mano, mientras yo con una sonrisa le agradezco por el postre.
Delicioso, delicioso chocolate... ¿porqué Alya demorará en venir? ¿Le habrá pasado algo?
— Hola. — Escucho una voz masculina en frente de mi.
— alzo la mirada y le sonrío. — Hola, gracias por la torta. — le sonrío aun más.
— No hay de que. — se sonrojó. — Me preguntaba ¿que hace una chica tan bella, sola en este lugar? — dice mientras toma una rosa del florero.
— Iba a reunirme con una amiga. — respondí desanimada.
— Entonces, quisiera pedirle a esta dama que me permita acompañarla. — me extendió la rosa.
— se la recibí. — por supuesto.— sonreí.
Sonó el teléfono de él, así que se alejó para contestar y a juzgar por sus expresiones faciales, no tiene buenas noticias.
Se acerca a mi y me mira fijamente a los ojos.
—Disculpa, me acaban de llamar por asuntos importantes...no quisiera irme pero el trabajo me llama. — dijo un poco desanimado. — ¿estaría bien si te invito a una cita? — preguntó mientras se sonrojaba.
— por supuesto, estaría encantada. — le sonreí.
Me entregó su celular para que anotara mi número, y se lo devolví.
— y...¿cuál es tu nombre? — preguntó a punto de irse.
— Marinette. — Le extendí la mano.
— Nathaniel. — me recibió la mano y depositó un delicado beso en ella.
Luego se fue.
De repente, todo la felicidad que había sentido se fue con él y al recordar que Alya no se presentó, me desanimó aún más. Pedí un taxi y fui al apartamento.
Cuando llegue encontré en el suelo una caja de regalo. Al principio tuve la esperanza de que fuese de Alya, pero ¿cómo sabría de mi dirección?
La llevé a mi cuarto y la abrí. Dentro había una pequeña libreta, una pluma negra y una pequeña nota.
Aquella nota decía:
Para que recuerdes tus quehaceres y prioridades.
Con cariño, Adrien.
Sonreí involuntariamente al ver su nombre en la nota.
Antes de dormir quise hacer un último intento por llamar a Alya, hasta que contestó.
—¿Alya? Hola, ¿porque no fuiste? — pregunté desanimada.
— Me alegra que hayas ido, para que veas lo que se siente estar en un lugar desconocido esperando a tu amiga, que nunca llegó y que ni se dignó a darte una llamada o por lo menos a devolverla. — Dijo con enojo.
— Pero Alya, yo no... ¿Alo? — me colgó y ni siquiera dejó que le explicara.
Lancé mi celular a la cama y cubrí con mis manos mi rostro, en un intento de no llorar.
Para calmarme, me puse mi pijama, fui a la sala a ver televisión y me quedé dormida en el sofá.
(Al día siguiente)
Sonó mi alarma y para mi sorpresa, estaba en mi habitación, en mi cama y en ropa interior. ¿Que demonios pasó anoche?
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