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Sentimiento #1

Palabras; 1327

Pairing; 6927

Sentimiento; Asco.

Celestial.

Asco.

Mukuro no podía más que sentir eso ante la idea de formar parte de la mafia, se negaba a sentir algo más en realidad.

Lo odiaba.

Odiaba toda la corrupción que envolvía al bajo mundo... Odiaba al mundo.

Eran un asco. La humanidad lo era, es decir, ¿cómo no lo sería? Jugando a ser jueces en un mundo que no les pertenece, creando reglas que están más dispuestos a romper que cumplir...

La humanidad era la criatura más asquerosa con la que alguna vez tuvo que lidiar.

Los deseos humanos estaban llenos de contaminación, estaban tan sumidos en sus propias vidas que no notaban todo aquello que hacían mal.

Sumidos en lujurias de todo tipo, centrados en la avaricia, sucumbiendo a la ira cuando sus imposiciones eran ignoradas, haciéndose perezosos a la hora de impartir justicia, cediendo a la envidia al ver cómo otros alcanzaban el clímax de la maldad, devorando con gula todas aquellas personas que consideraban elementales en el cumplimiento de sus sueños egoístas y proclamando con orgullo sus numerosos pecados... Justo eso hacían los humanos.

Más de una vez Mukuro enfrentó una misma pregunta, incluso en los putrefactos laboratorios de Estraneo.

¿Qué diferencia a un humano del resto de las espécies del mundo?

Para Rokudo era claro, la naturaleza era radical y cambiante.

El humano no.

La gente no puede cambiar como lo hacen los animales, no evolucionan como las plantas lo han hecho, no lo harán.

Porque si un día el fin del mundo llega los primeros en morir serán los humanos, porque la naturaleza buscará medios rápidos para sobrevivir.

El hombre no, se sumira en la histeria colectiva y lucharán entre ellos en busca de la supervivencia.

Los animales también lo harán, es obvio, pero a diferencia de un ser tan sumamente inteligente, un león o un oso no necesitarán de sucias tácticas para aplicar la ley del más fuerte.

Y el humano daba asco por eso.

Siempre engañando, siempre viendo por sí mismo y pensando en los demás como simples extras en una película donde ellos y sólo ellos son estelares.

¿Protagonismos? El egoísmo.

¿Justicia? Algo como eso no existía en un mundo como aquel.

Seis vidas vivió, en las seis sufrió los mismos infiernos a mano de el bondadoso humano.

¿Dios? ¿Eso qué es? Claramente existirá una fuerza superior a todos, alguien debe tener en su interior el mayor de los pecados.

Pura. Mierda.

O eso pensó siempre.

Hasta que le conoció.

Era humano, un chico como pocos y... Prospecto a mafioso.

¿Sawada Tsunayoshi? Un nombre como ese no iba en lo absoluto con él, aquel insolente e insignificante humano era el edén.

No había palabras.

Su corazón era sincero, ¿en serio podía existir alguien así?

Mukuro no era tonto, le provocó una y mil veces, le instó a pecar como cualquier otro ser del mundo.

Mundano.

Pero no lo hizo.

¿Lujuria? Bastante poca, ¿Ira? Sus motivos eran comprensibles y aún así era bondadoso, ¿Envidia? No, no poseía tal cosa en su interior, ¿Avaricia? Tampoco, ¿Pereza? Confundido con el pesimismo, pero no, ¿Gula? Ni siquiera en el puro sentido de la palabra, ni metafóricamente.

Nada.

De orgullo ya ni hablemos.

Tsuna era un humano sin igual y lo notó, lo verificó y lo confirmó.

Mukuro se enamoró de él de la manera más estúpida posible.

Tarde se dio cuenta que todos sus intentos por probarlo habían hecho en él un efecto adverso.

Aquel ser cubierto en pecados cayó por el más puro de los ángel.

Porque eso debería ser Tsunayoshi, un ser celestial de alto rango y el favorito de aquel ente divino y omnipotente al que todos rinden culto ignorando lo cruel que llegaba a ser.

Sea Dios, Buda o Confucio mismo.

Daba igual.

Su nivel de maldad estaba bastante elevado, no tenía igual ni siquiera entre los sucios humanos que rodeaban a Tsunayoshi.

Muchas veces, en sus aletargadas tardes después de largas jornadas de pecado, Mukuro se preguntó qué sería de Tsuna.

Gokudera Hayato y Reborn podrían cuidar de él todo lo que el chico quiera, pero el nivel de su pureza no le dejaría aceptar tan fácilmente el que otros se sacrificaran por él.

Apesar de lo que muchos dicen, tanto Ave-kun como la piña lo sabían.

Llegado el momento aquel ser bondadoso caería también y... Mukuro seguiría considerándolo un ángel.

Porque la mafia era asquerosa y por más que intentase hacer que la justicia llegara a ella, Tsuna no lo lograría en los primeros diez años.

Mukuro lo vio en sus recuerdos del futuro.

Nagi también lo hizo.

Porque ambos compartían un vínculo tan fuerte que todos sus pensamientos estaban entrelazados.

Y el italiano entendía que ella le amara, nadie podría resistirse a Tsuna.

No lo hizo él, no lo hizo Ave-kun, no lo hizo ninguno de los guardianes.

No lo hizo Kyoko.

Otra vil humana desagradable.

Otra lujuriosa pecadora que dejaría a Tsuna después de conseguir lo que quería.

Atención.

Porque para Mukuro aquel amor era eso, deseos de poder.

Porque apesar de amar a un chico como cualquier otro no ve la diferencia entre Tsunayoshi y el paraíso.

Y sabía que estaba cegado, lo sabía, lo sabía y lo aceptaba.

Porque Sawada Tsunayoshi brillaba con una luz diferente a la que alguna vez vio y le ama, le amaba con locura.

Pero no lo diría.

Porque ser un mafioso era asqueroso.

Matar gente era sencillo, pensar en el pasado era un escozor en el orbe del color de la sangre.

Sólo eso.

Pero ser mafioso significa ser humano y caer, caer y seguir cayendo en la humanidad.

Y Mukuro no quiere.

Rokudo Mukuro quiere seguir considerándose a sí mismo un demonio que ha atravesado seis infiernos y quiere que Sawada Tsunayoshi siga siendo aquel ángel inconsciente que llegó para conquistarle.

Y sabe que es imposible.

Tsuna no le mira con los ojos que desea y no le importa.

Porque la niebla no es más que la condensación del agua, no es nada en realidad.

Y lo entiende.

Entiende que Tsuna no caería en pecado por él, no abandonaría la moralidad que siempre le envolvió por alguien con un sueño como el suyo.

Y es asqueroso.

Pensar en que Tsuna ama a la humanidad con ojos ciegos es sumamente asqueroso.

Pensar que Tsunayoshi caerá por ellos lo es.

Pero nada puede hacer, porque el cielo es así.

Celestial...

Y apesar de toda esa celestialidad suya, Mukuro sabe que llegará un día en que cumplirá su sueño y para grandes resultados hay que sacrificar cosas.

Una guerra es lo que quiere.

Sangre sucia cubrirá los contaminados suelos de la amada humanidad de Tsuna y, cuando ambos se enfrenten, Mukuro sabe que no dudará en atacarle.

Porque en lo que quiere y lo que ama hay algo mal.

Y está muy dispuesto a matar a Sawada Tsunayoshi de aquí a diez años, porque eso es lo que le tomará encontrar un cuerpo lo suficientemente fuerte y... Quizá podría usar a alguien cercano a su ángel.

Porque Tsuna es ingenuo, jamás notaría que la novia que tanto ama podría engañarle, nunca sospecharía que aquel mejor amigo pelirrojo por el que daría la vida se volvió una marioneta.

Y es asqueroso.

Porque Mukuro se siente fascinado por la lujuria que le invade al pensar en todo lo que podría hacer usando el cuerpo de alguien como Enma, le enfurece pensar en todo lo que kyoko puede hacer con Tsuna, la envidia de una manera inigualable.

Pensar en el poder que tendrá le vuelve avaricioso, ayudar a Ken y Chikusa se vuelve una molestia y cede a la pereza.

Y se alimenta de Nagi y Fran, de los progresos que ambos tienen.

Le satisface pensar en lo que ellos podrán hacer por él en el futuro y quiere más y más de ellos.

Y siente asco de sí mismo.

Porque aún no lo sabe, o niega hacerlo, pero Mukuro también es un sucio humano.

Y ya cayó...

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