Chào các bạn! Vì nhiều lý do từ nay Truyen2U chính thức đổi tên là Truyen247.Pro. Mong các bạn tiếp tục ủng hộ truy cập tên miền mới này nhé! Mãi yêu... ♥

Mitología #1

Palabras: 1248

Dios: Apolo

Género: Psycho

Pairing: G27

Donde los árboles cantan

Érase una vez un joven de cabellos rubios y orbes dorados cual sol, tez blanca y belleza inmaculada.

Era tan bello que todas las mozas caían rendidas a sus pies. Dícese que su sonrisa era como la luz del sol de por mañana y que era tan bello como amable.

Dícese también que sufría de la maldición de Narciso, y que había quedado enamorado de su propio reflejo debido a su vanidad y arrogancia. Rumores que se extendían debido a que el muchacho no caía enamorado de ninguna de las jóvenes.

Doncella tras doncella pasaba, cada cual más bella, pero él no se enamoraba.

Ellas se encandilaban de su belleza, de sus facciones color del sol, de su iluminadora sonrisa. Llamaban al joven el "Neoapolo" o "Nuevo Apolo" debido a su belleza y dominio de las artes musicales.

Era un halago, y sin embargo eso ofendió profundamente al dios Apolo desde el Olimpo, al enterarse de la existencia de aquel joven que osaba suplantar su identidad.

Porque Apolo su orgullo tenía, y tan sólo había un dios del Sol y la Música. Él.

Como castigo por la osadía de aquel joven, que al final nada había hecho, pidió ayuda al dios de la Vida, Orión, para que le ayudase a dar vida a un ser inerte.

Orión le ayudó, y Apolo tomó un almendro y lo transformó en un joven y lindo muchacho de cabellos castaños y orbes almendra como sus frutos.

Sin embargo, ese muchacho era tan solo un molde y para ser humano se necesita el alma, por lo cual pidió a Hades, dios del Inframundo, que cediera una de sus almas en pena.

—Bien —dijo el dios del bajo mundo—. Pero a cambio, si logras tu objetivo, el alma de ese muchacho será mía.

Y así cerraron el pacto, porque a Apolo poco le importaba lo que sufriera aquel joven en su vida o a posterior.

Tomó un alma pura, la de un niño que había muerto demasiado temprano, y se la cedió a su molde, que cobró vida.

Iluminó sus ojos con el brillo del sol y lo dejó en la casa de los padres que perdieron a ese hijo tan temprano, dándoles la dicha de darle temporalmente a su niño perdido hace tantos años.

Luego pidió el favor al travieso Cupido para que flechara al muchacho que tanto le había ofendido, para que acabase enamorándose de aquel molde, pero al dios del Amor le pareció un acto cruel por parte de Apolo, y por tanto se negó.

Apolo veía sus planes así frustrados, por tanto siguió insistiendo a Cupido hasta que este, cansado, cedió. Sin embargo, hizo creer al dios del Sol que lo había hecho cuando en realidad no, solo para que dejara de fastidiarlo.

Pero quiso la suerte, o quizá el destino, que ambos se encontraran en una plaza.

Porque al fin y al cabo, el muchacho castaño, posteriormente adquiriendo el nombre de Tsunayoshi, tenía el don de la música de Apolo y al otro joven, más conocido como Giotto, le apasionaba el arte.

Fue inevitable con o sin intervención de Cupido.

Los dos jóvenes se encontraban cada semana, y reduciendo. Cada tres días, cada dos... hasta que fue algo diario, rutinario era ver a esos dos jóvenes tocando y bailando por las calles, alegrando las vidas.

Y quizá los rumores solo eran eso, rumores, y el joven Giotto no estaba hechizado y enamorado de sí mismo, pese a ser bien consciente de su gran belleza.

Y sin embargo, parecía Tsunayoshi el ser más bello que él hubiera visto. Su piel, su cabello, sus ojos brillantes como estrellas y apasionados como el sol...

También quizá era inevitable que, pese a la no intervención de Cupido, el muchacho cayera en la trampa del dios, que disfrutaba de su espectáculo desde sus aposentos, tocando armoniosamente su arpa, sonriendo ante su dulce venganza y deleitándose ante tal historia.

—¿Te encuentras bien? —le preguntó el muchacho rubio al castaño, el cual asintió.

Tsunayoshi no recordaba nada de su vida pasada antes de los dieciséis, sus padres le dijeron que había estado desaparecido durante nueve de estos. No recordaba tan siquiera que había muerto a los dulces siete años, y para él su infancia nunca acabó. Sin embargo, comprendía el dolor y sufrimiento de sus padres dada su desaparición, y quizá eso le hacía algo más maduro.

Sin embargo, su corazón y alma era tan pura como la del niño que nunca supo lo que era el amor más allá del de sus padres.

Pero tenía pesadillas. Sueños en los que veía al dios de los muertos o en las que caía en un profundo acantilado mientras recogía flores.

Sueños que se iban intensificando a medida que pasaban los amaneceres, y a los que aún no le encontraba significado alguno.

—Quiero pasear —pidió el castaño, y su acompañante suspiró y aceptó.

Ambos caminaron por el bosque. Porque Apolo era cruel cuando quería, todos los dioses eran egoístas, y pretendía hacer sufrir a Giotto el mismo destino que él sufrió con su amada Dafne.

Poco sabían ellos que el encantamiento del almendro era algo temporal, y que en cualquier momento volvería a la forma que le pertenecía.

—Te gusta mucho el bosque, ¿no?

—Sí —respondió, acariciando un tronco—. No sé por qué, pero siento que vuelvo a casa, y eso me pone muy alegre.

Sonrió, y a Giotto le encantaba su sonrisa. Alegre, inocente, sin ninguna intención más allá de expresar su felicidad.

Le encantaba él.

Pero el castaño no parecía verle como nada más que un amigo, un hermano si eso, y eso le molestaba mucho.

Por eso, había decidido declararle sus sentimientos de una vez. Arriesgarse pese a que sabía que chocaría contra una pared.

Pese a que sabía que no le correspondería.

—Tsuna —llamó, y él le miró con sus inocentes ojos de radiante almendra.

—Dime.

—Yo... —el joven sintió en sus pies una sensación de cosquilleo, y se sorprendió al ver raíces.

Raíces que crecían y crecían de los pies del muchacho que tenía en frente.

—Giotto... ¿qué me está pasando?

El castaño le miró espantado, y no supo darle respuesta porque, básicamente, estaba tan o más perdido que él.

—No lo sé... Agárrate fuerte —Tsuna obedeció y se aferró a sus brazos. El rubio tiró, tiró con fuerza, pero el muchacho seguía enlazado a la tierra.

Poco a poco, sus piernas iban cubriéndose de corteza, convirtiéndose en madera.

Ambos desistieron de intentar arrancar al muchacho de aquella extraña transformación.

Giotto trataba de mantenerse fuerte mientras Tsuna lloraba en su desdicha y desconcierto.

Lloraba mientras cantaba una melodía desconocida pero bella, triste pero hermosa, y dícese que todos los árboles y flores cantaron con él, haciendo que toda fuerza quedara atrás y el joven rubio llorase, error que cometería semejante a Apolo, quién llorando perdió a Dafne.

Pues los árboles y las penas crecen con agua, no importa si es de dolor.

Ninguno supo por qué su destino fue tan terrible. Lo único que recordó Tsunayoshi fue en el segundo antes a terminar su transformación.

Todos los flashes de luz que venían el segundo antes de dejar el mundo.

Y en todas esas instancias aparecía el muchacho de cabellos rubios y ojos dorados.

El mismo que quedó tan destrozado que, cuando Hades apareció, se dice que sintió incluso pena de esa alma en desgracia que llevaría consigo al Inframundo.

Y se dice que también se puede escuchar, si se presta la suficiente atención, las lágrimas del árbol y del muchacho que de él se enamoró junto a la melodía que entonaba la naturaleza.

Dícese que se puede oír aquella triste melodía, donde ahora circula un río y donde las ninfas se lavan, en el lugar donde los árboles cantan.

Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro