En el almuerzo no pude ver a Jughead, ya que, como Betty se había ido temprano para ver a la mujer de Servicios Sociales, que la ayudaría a encontrar a su hermano (y mi primo), en Pop's, yo tuve que encargarme de los asuntos pendientes en Azul y Oro. No obstante, en el segundo receso lo encontré en la sala de descanso comiendo de una bolsa de papas, acompañado por Josie, Verónica, Kevin, Toni, Fangs y Sweet Pea.
Llegué a sentarme en el posabrazos de la silla de Jughead y le robé una papa de su bolsa, a lo que él posteriormente alejó su comida. Ese era un problema entre él y yo: teníamos el mismo metabolismo, por lo que si comíamos bastante y detestábamos compartir comida.
—Creo que no nos conocemos. Verónica Lodge.
—De los Lodge de Park Avenue —añadió Jughead con las cejas levantadas y el meñique levantado.
Verónica y Toni estrecharon la mano.
—Toni Topaz.
—Oh, como la piedra preciosa. Me encanta —sonrió.
—Y yo soy Josie McCoy, antes de las Pussycats. Ahora solamente Josie —se lamentó, empezando a bajar la voz con tono triste—. Y este es Kevin.
Kevin sonrió a todos en general, hasta que detuvo la mirada en Fangs.
—¿Cuál es tu nombre?
—Fogarty. O puedes llamarme Fangs —respondió. Noté el ligero tono coqueto. Era guapo. No culparía a Kevin por fijarse en él—. Tu apellido es Keller, ¿no?
—¿Cómo supiste?
—Joaquín y yo éramos amigos. Hablaba mucho de ti.
—¿Y tú eres...? —preguntó Verónica, apuntado a Sweet Pea.
Bajé la mirada cuando, en lugar de mirar a Lodge, fijó sus ojos en mí, y fingí encontrar muy interesante la bolsa de papas de Jughead.
—Sweet Pea.
Tragué saliva como si estuviera pasándome una piedra. Su voz me recordaba constantemente a aquella noche.
Abrí los ojos y me separé, buscando mi celular con la respiración agitada.
—No respondas —pidió. Su voz estaba ronca y baja, tan agitada como la mía. Sus labios estaban rojos e hinchados.
—Tengo que irme —hablé más bajo de lo que esperé. Jughead me miró como si le hubiera dicho que me mudaba a África, notando mi nerviosismo—. Olvidé mi cámara en el Azul y Oro —mentí, excusándome.
—Espera. Al parecer eres la mejor amiga de Jughead, de la que no nos había hablado —dijo Fangs, mirándolo acusadoramente—, y no sabemos tu nombre.
—¿De qué hablas? La ha mencionado cientos de veces —le contradijo Toni, confundida.
—A ti, sí —aclaró—. A nosotros, no.
—Soy Harleen Hamilton —respondí, esperando calmar la tensión.
Los tres me miraron, y mis piernas temblaron cuando crucé miradas con Sweet Pea. Su cabello oscuro estaba peinado de una forma despreocupada, con un largo y ancho mechón curveado en su frente. Sus grandes manos estaban entrelazadas por sus largos dedos, cubiertos por una cantidad de anillos. Verlo casi me hacía babear, era demasiado atractivo para ser real.
Rápidamente miré entre Fangs y Toni, esperando no haberlo mirado por mucho tiempo.
—Pero pueden decirle Harley —añadió Kevin, a lo que las tres Serpientes lo miraron y luego a mí, dándose cuenta de mi incomodidad.
—Aguarda —dijo Fangs, parpadeando entre sorprendido y divertido—. Te llamas Halreen y te dicen Harley. ¿Igual a la villana? ¿Harley Quinn?
—Exactamente —siguió Kevin—. Todos empezaron a apodarla así desde que...
—Es una larga y aburrida historia —interrumpí.
—No, no lo es —contradijo Kevin con el ceño fruncido y una sonrisa divertida.
—Kevin —lo callé, advirtiéndole con la mirada. Se quedó en silencio, moviéndose nervioso. Justo cuando iba a retirarme, el director Weatherbee entró echó una furia.
—¡Ustedes! —nos apuntó. Me tensé de inmediato, pero luego capté que se refería a Jughead, Fangs, Toni y Sweet Pea— Sí, ustedes —respondió ante las miradas confusas y temerosas—. Vengan conmigo. ¡Ahora!
Las Serpientes se levantaron y obedecieron, pero Verónica, Kevin, Josie y yo decidimos seguirlos también. ¿Qué podría haber ocurrido para que Weatherbee estuviera tan enfadado?
Mi pregunta no fue respondida con palabras, sino con el simple señalamiento del director hacia el escudo de la escuela en el suelo del pasillo principal, vandalizado con pintura. Una serpiente verde con cascabel y ojos negros estaba pintada sobre el escudo. Y no sólo eso, sino que del otro lado del escudo estaba Reggie con el equipo de fútbol.
—¿Quién de ustedes dañó el escudo de la escuela con este grafiti? —interrogó.
—Eso hacen director Weatherbee —dijo Reggie, añadiéndole leña a la fogata que era este problema—. Marcan su territorio.
—Por Dios, Reggie, ¿podrías ser más transparente? —preguntó Verónicac con sarcasmo, incrédula de la actidud de Reggie y lo obvio que era en cuanto a que él mismo había rayado el escudo.
—Director Weatherbee, es imposible que alguno de ellos lo haya hecho —hablé, dando un paso al frente. Estuve esperando que Jughead tuviera un buen primer día, que empezara de cero, pero todo se estaba yendo por la borda—. Estuve con ellos todo el día —mentí.
—No mientas, Leen —dijo Reggie, cruzándose de brazos. Me puse pálida al escuchar el apodo. No me llamaba así desde que terminamos—. Sabemos los criminales que son en realidad.
—Director Weatherbee —pedí que me escuchara, optando por ignorar a Reggie—, ellos no lo hicieron, soy testigo.
—Muy bien —aceptó el director, creyendo en mi palabra, y dejó caer los hombros. Escuché a Jughead suspirar de alivio. Se inclinó y susurró "ya extrañaba que me sacaras de aprietos". Tuve que hacer un esfuerzo para no sonreír—. Sin embargo, ningún comportamiento de pandilla será tolerado. A partir de ahora, no más chaquetas de Serpientes.
—¿Qué?
—No puede ser.
Ante sus protestas, el director repitió y alzó su voz:
—No más chaquetas de Serpientes y se cubrirán los tatuajes. La posesión de parafernalia de pandillas será causa de suspensión. Es todo.
Después de que el director se metió a su oficina, me quedé mirando a Reggie, y él me sostuvo la mirada.
—¿Por qué haces esto?
—Porque no deberían estar aquí —dijo obviedad—. Ni siquiera deberían haberlos dejado entrar. Son basura del Sur.
—¿No puedes madurar? —pregunté horrorizada— ¿Quién te crees que eres para discriminar? ¿Hitler?
—¿Por qué los defiendes? —exclamó, señalando a mis espaldas y mirando detrás de mí con una mueca. Comprendí que no se habían ido y seguían ahí, probablemente escuchando.
—¡Porque tengo madurez, porque Jughead es mi amigo, porque no tengo razones para odiarlos! —exclamé de vuelta, y me crucé de brazos— ¿Qué te han hecho ellos a ti?
—Fueron a la casa de Archie, tu amigo —recalcó—, a golpearlo. Apuñalaron a Doiley.
—En el pasado me habrás tomado por estúpida, Reggie, pero ya no lo voy a tolerar —mascullé, mirándolo a los ojos. Relajó su ceño y evitó mi mirada—. Archie fue ahí a pintar un estúpido círculo rojo y los apuntó con un arma, porque estaba ridículamente insistente con que el Enmascarado venía del Sur. Y no olvides que yo estaba en el hospital ese día: ¡Doiley se apuñaló solo y lo sabes!
Reggie estaba enojado, podía verlo. Lo conocía bastante bien. Sus hombros subían y bajaban, estaba agitado y se contenía de explotar.
—No quiero pelear, Leen.
—Entonces no actúes tan idiota y no me hagas enojar.
—¿O qué? —contestó mordaz, y soltó un bufido con ojos divertidos y sonrisa burlesca. Avanzó hasta a mí, y miró por encima de cabeza a la vez en que escuché pisadas acercarse, probablemente Jughead— ¿Vas a dejar salir a esa pequeña y loca Harley Quinn dentro de ti?
Su sonrisa se borró cuando notó la fuerza implementada en mis manos al cerrarlas en puños. Comprendiendo que era momento de retroceder y dejarme tranquila, se fue, sin darme la espalda, y desapareció por el pasillo.
o
—No puedo creer que no se den cuenta —se quejó Jughead, caminando de un lado para otro—. Weatherbee nos está reprimiendo.
Toni lo miró como si hubiera enloquecido un poco, desde donde estaba sentada.
—Nos dice cómo vestir. ¿Qué sigue? ¿Implantes para controlar lo que pensamos?
Sweet Pea respoló ante lo ridículo que eso había sonado.
—Jughead, suenas como conspira-noico. Una escuela cerró.
—Una mala escuela —añadió Sweet Pea, sin despegar la mirada de la pantalla de la maquinita en la que jugaba Mortal Kombat.
—Sí, y ahora estamos en una mejor escuela, con computadoras, laboratorios y libros...
—Inodoros que funcionan —agregó Fangs.
—Chicas lindas...
Jughead miró a Sweet Pea como si hubiera dicho algo completamente fuera de tema.
—Querrás decir una chica linda —le corrigió Fangs con tono burlón.
Sweet Pea ignoró su juego sólo por un momento para mirarlo con ojos amenazantes. Toni se rió todavía más cuando Jughead no comprendió de lo que hablaban y siguió farfullando quejas de un lado a otro.
—Ser transferidos a Riverdale es lo mejor que nos ha pasado.
—En la vida.
—Sobretodo en la de Sweet Pea —siguió Fangs.
—Fogarty, voy a golpearte, en serio —lo amenazó, apuntándolo con el dedo. Fangs se rió, pero levantó las manos en señal de paz.
—Si me tengo que quitar la chaqueta de ocho a tres, entre semana, lo haré —concluyó Toni con despreocupación.
Jughead los miró a los tres, sin creerse que ninguno estuviera de acuerdo con él y, decepcionado y fúrico, lentamente se apartó y terminó saliendo del Whyte Wyrm.
—¿Podrías cerrar la boca? —casi le gruñó Sweet Pea cuando vio a Jughead salir.
Fangs se rió con el mondadientes en la boca.
—¿Por qué? ¿Tienes miedo de que Jones te apaleé?
—Sí, claro —bufó.
—¿Entonces? —preguntó Toni— Porque si en verdad es eso, no tienes de qué preocuparte. Jughead sólo la ve como a una hermana.
—Exacto —le dijo Fangs.
—Y aunque la vea como a una hermana, no es celoso. Sólo Reggie lo hace enojar cuando se trata de Halrey, por lo que me dijo —explicó, encogiéndose de hombros.
Sweet Pea frunció el entrecejo.
—¿Ese Bulldog que todo el tiempo quiere captar su atención?
—Sí, ése. ¿Cómo la llamó? —preguntó Fangs con una gran sonrisa burlona.
—"Leen" —respondió Toni con tono cursi— Creo que la pobre se quedó pálida de la vergüenza.
—¿Por qué? —preguntó Sweet Pea, mirando a Toni con curiosidad.
Toni sorbió de su bebida por el sorbete y formó una pequeña sonrisa, sabiendo que la respuesta no le agradaría.
—Porque solían ser novios.
—¿Qué? —exclamaron Fangs y Sweet Pea al unísono.
Toni asintió varias veces.
—¿Esa chica con cara de Victoria's Secret y cuerpo de Playboy salía con ese idiota?
—Cálmate, Fogarty —le advirtió Sweet Pea con la nariz arrugada—. En serio, hombre, una más...
—Duraron un año —interrumpió Toni, queriendo ver más de sus reacciones. Tanto Fangs como Sweet Pea la miraron horrorizados.
—Diablos, ¿cómo lo soportó un año? —pensó Fangs en voz alta.
—No sé, pero ¿vieron cómo lo espantó? Debió haberle hecho algo realmente malo después de que él la engañó. Apuesto a que está ligado al por qué empezaron a llamarla Harley Quinn.
—¿La engañó? —casi gritó Fangs— ¿Con quién? ¿Y cómo lo sabes?
—Bueno, me dio mucha curiosidad y pregunté. No es un ningún secreto, fue noticia por semanas, así que no fue difícil averiguarlo —respondió, encogiéndose de hombros. Ellos la miraron expectantes—. La engañó con Cheryl Blossom en los baños de la escuela.
—Qué idiota —bufó Sweet Pea.
—Bueno, al menos ya tienes una ventaja con eso, Sweet Pea.
—¿De qué hablas?
Fangs sonrió, mostrando todos sus dientes.
—Le gustan idiotas, así que no te será problema conquistarla.
Se rió, pero no por mucho, al darse cuenta de que ninguno de sus dos amigos lo imitaba, y pasó saliva con dificultad.
—Yo correría —canturreó Toni. Fangs no necesitó que se lo repitiera: se levantó y se echó a correr a la vez que Sweet Pea lo seguía—. Niños.
Los vio salir corriendo del Whyte Wyrm y se quedó pensando cuando se quedó sola.
Recordó cómo aproximadamente hace un año, al día siguiente de la última noche del autocinema Twilight, Sweet Pea llegó al Whyte Wyrm bastante pensativo e ido. Al preguntarle la razón, él le habló de una chica del Norte.
—¿Eso es lo que te tiene así? —preguntó con una ceja arqueada y una sonrisa burlesca— ¿Una chica del Norte?
—No entiendes. Deberías haberla visto —dijo Sweet Pea, ignorando su burla. Se recargó en la barra, juntando sus manos y tronando sus nudillos—. Era... diferente —insistió ante la mirada que Toni le dirigía.
—Bien —aceptó, dejando de lado el trapo con el que había estado limpiando los vasos—. ¿Cómo era?
Sweet Pea dejó salir una pequeña sonrisa ante el recuerdo, y Toni supo que realmente debió haberle impactado. Pero terminó por fruncir el ceño, al enconrarse con la dificultad para describirla.
—No estaba asustada, realmente estaba dispuesta a patear el trasero de cualquiera que se atreviera a retarla —dijo, dejando salir una risa silenciosa—. Honestamente, no me parecía que perteneciera al resto de los idiotas del Norte.
—Sweet Pea se flechó con una linda rubia lunática —se rió Fangs—. Deberías haber visto su cara cuando la vio.
—Bueno, pues invítala a salir —sugirió Toni, encogiéndose de hombros.
Sweet Pea resopló y bufó.
—Claro, como si una norteña fuera a salir con una Serpiente.
Toni lo miró de arriba abajo, comprendiendo su inseguridad, y arqueó sus delineadas cejas en cuestionamiento.
—¿No dijiste que parecía diferente?
Desde entonces, no dejó de pensar en ella, aunque con el tiempo fue dejando ir el asunto, adaptándose a la idea de que nunca volvería a verla. Eso, hasta que Jughead retó a los Diablos a una carrera. Ahí, Sweet Pea la señaló y Toni entendió por qué había quedado tan flechado con esa rubia del Norte.
Después de eso, volvió a verla en la fiesta de FP. Toni la reconoció casi de inmediato y le avisó a Sweet Pea de su presencia. Por más que le insistió en que fuera a hablarle, él la ignoró. Por suerte, las cosas habían salido muy convenientes para él y terminó besándola.
Desde esa noche, se volvió realmente imposible para él sacarla de su cabeza. Y ahora que la vería diario en la escuela, sabía que no iba a desaprovecha la oportunidad.
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