Prólogo
¿Qué era esa sensación? Esas "cosquillitas" en la parte superior del estómago, las manos sudorosas, el habla temblorosa, literalmente ser un manojo de nervios al estar junto a él. Una sensación ajena a cualquier cosa que haya sentido jamás en su corta vida.
¿Amor por él? No, no. Él era un adolescente calenturiento y sediento por veinteañeras devoradoras de algodón de revista; ¿cuándo cambió? ¿Y por qué?
Butt-Head estaba muy confundido, cuando estaba con Beavis lo único que quería era abalanzarse sobre él y besarlo como si estuviese "salvándole la vida" a un muñeco de práctica de RCP.
Será que, de tanto estar junto a él, lo que sentía ya no era amistad, sino que algo más...
¿Amor por él, otra vez? Nah, no puede ser; es un chico, dos chicos. Imposible.
Bueno, la juventud noventera siempre estará abierta a cosas nuevas, y tampoco era como que lo odiara a muerte; era su mejor amigo, entonces que "eso" que le pasaba fuese amor hacía algo de lógica.
Aún así, rehusándose mentalmente a admitirlo, no podía dejar de aceptar que Beavis era un niño precioso...
Cabello rubio natural, delicado, y en la forma de pequeños rulos; ojos de un inocente color celeste claro; pestañas rubias, largas y levantadas; tez pálida con matices rosados; boca pequeña, resaltada por unos rosados y finos labios; y un cuerpo delgado que cualquier chica, que la pasarela le haya lavado el cerebro, desearía; justo como un frágil y joven ángel bíblico que le acaban de cortar las alas.
No era como las chicas cualquieras que le atraían cuando tenía catorce años, y se arrepentía rotundamente de no haberse dado cuenta antes. Esa tonta edad donde hacían cosas tontas: peleaban, veían televisión, jugaban, destruían propiedad pública y privada, mataban insectos y sueños ajenos, se hacían bromas asquerosas y se decían chistes para llamar la atención del otro, acosaban chicas y se masturbaban a escondidas del otro. Dos años más tarde aún estaban atrapados en esa fase.
"¡Todo es su culpa! ¿Por qué debo conocerlo tan bien? ¿Por qué debe ser tan lindo? ¡Es su culpa de que yo sea un maldito maricón!"
Impulsos, ataques de ira, no soportaba el cliché de película de The Disney Channel que significaba estar enamorado de su mejor amigo.
Dios mío, si alguno de sus compañeros de clase escuchara sus pensamientos o siquiera llegase a conocer su pequeño secreto sucio, lo apartarían de su pequeña y discriminadora sociedad adolescente como a una vil y despreciable rata diferente. Por eso le tenía miedo a que todo ese jaleo involuntario que provocaba su estúpido cuerpo fuese amor.
Cualquier compañero lo haría, menos Daria Morgendorffer.
Ella era la única que lo sabía todo, y Butt-Head no tenía ni idea.
No sabía si molestarlo y reírse de su patética situación o ayudarlo. Odiaría gastar su precioso tiempo y energía en molestarlo sólo por tener un simple crush por su mejor amigo y sin un objetivo aparente, le convenía más ayudarlo. Su reputación de seguro subiría por ésta y pasaría más tiempo junto a él, cosa que enfadaría mucho a sus padres; eso era lo que más quería.
No sabía el motivo de todo esto, y, aunque no fuese de su incumbencia, no podía negar que le intrigaba un poco. No era una víbora chismosa que lo ayudaría y luego le contaría todo a los demás; aún así, con lo irritante que era, el chico le daba un poco de lástima. Estaba decidida, lo iba a ayudar a conseguir al imperfectamente perfecto Beavis.
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