
Cap. 23: Un beso diferente.
Sí, definitivamente estaba enamorado.
Para Katsuki, que el rostro apacible de Shōto fuera lo primero que encontró tras abrir los ojos al despertar, solo pudo confirmarle aquello que ya había dado por sentado tiempo atrás.
Él estaba enamorado.
Estaba enamorado de ese chico. De sus abundantes pestañas que parecían estar igual de dormidas que él. De esa nariz respingada que lucía tan adorable de cerca. De esa cicatriz que se posaba bajo su ojo izquierdo, haciéndole recordar el trasfondo, aquel que solo le provocaba ganas de protegerlo. Estaba enamorado de esos cabellos de diferente color que estaban revueltos, cual nido de pájaros, debido a que la noche los acarició durante horas.
Estaba enamorado de esos fuertes brazos, que a pesar de pertenecer a alguien tan joven como él, eran lo suficientemente capaces de envolverlo en una abrazo que le regresaba las ganas de vivir.
También estaba enamorado de ese fornido pecho, el cual escondía su corazón, ese que durante varios minutos pudo escuchar al recargar su oído muy cerca de él; y se sintió feliz al saber, aunque sonara un poco egocéntrico, que parte de esos latidos estaban dedicados a él.
Y estaba enamorado de esas manos, de esas manos que eran todo menos suaves; que eran ásperas, con pequeños callos y numerosas cicatrices, con heridas y marcas de peleas y de esfuerzo, de dolor y de un pasado que, sabía, le estaba costando mucho soltar. Esas mismas manos que ya habían tenido la oportunidad de recorrer su propio cuerpo una y otra vez.
Y cuando Shōto abrió los ojos, supo que también estaba enamorado de ellos. De esos irises de color azul turquesa y gris, que lo observaban con completa tranquilidad. Esos magníficos ojos que podía estar seguro que jamás se cansaría de mirar.
—Buenos días, Katsuki.
Oh, por supuesto, también estaba enamorado de esa boca. De esos labios tan exquisitos que muchas veces degustó sin saber lo mucho que llegaría a amarlos.
No contestó. Simplemente se dedicó a observarlo más. A mirarlo con especial atención. A sonreírle levemente. A acariciarlo con su mano libre. Primero su ante brazo, después su oreja, después su rostro, después su cicatriz... Ah, esa cicatriz. Tuvo especial cuidado y atención con ella. Y siguió el recorrido hasta sus labios, en donde se detuvo más de lo que esperaba. Con sus dedos los tentó, mimándolos suavemente, esperando obtener una reacción de parte de Shōto, y cuando la tuvo, se sintió orgulloso.
Katsuki lo vio a los ojos. Después miró sus labios. Y como si hubiera sido manipulado por una fuerza exterior, los reclamó con su boca.
Shōto se sorprendió cuando sintió los belfos ajenos sobre los suyos, pero no pudo estar más contento ante ello. Correspondió el beso con la misma intensidad, y apoyándose con su codo, pudo sujetar con su brazo libre la cintura del rubio, por lo que no dudó en atraerlo más a su cuerpo para sentirlo más cerca. Sus pechos estaban juntos, al igual que sus piernas entrelazadas. Ambos compartían ese momento que para sus paladares era exquisito.
Katsuki se sentía en el cielo. Su corazón estaba extasiado y su mente nublada por las numerosas sensaciones que recorrían su cuerpo con una velocidad extraordinaria. Ese beso en específico le recordó vagamente a los mismos que compartían cada vez que tenían sus encuentros furtivos en el pasado.
Pero este igual era diferente. Había lujuria, deseo y desesperación del uno por el otro, pero algo más predominaba sobre el cúmulo de emociones que experimentaban, era un sentimiento mayor, uno definitivamente más fuerte: El amor. El amor que ahora sabían que se tenían, y que les permitía expresarse de esa manera entre ellos. Era simplemente perfecto.
Pronto, la excitación comenzó a invadir el cuerpo del rubio, por lo que empezó a removerse en su lugar, contra el cuerpo del bicolor, quien se encontraba exactamente igual, así que fue como un acuerdo mutuo. En un instante, Katsuki ahora se encontraba sentado en el regazo de Shōto, quien tuvo que sentarse para apoyarse contra el respaldo de la cama y así poder tener un mejor acceso al cuerpo ajeno.
Separaron sus bocas por un momento para tomar aire, y de inmediato volvieron a besarse, esta vez con la lengua de Todoroki introduciéndose en la cavidad de Bakugō, quien la recibió gustoso con la suya. Iniciaron una pequeña guerra entre ellas, peleando por tomar el control, al mismo tiempo en que las caderas del de ojos escarlata se movían contra la pelvis del medio albino. Sus miembros habían despertado tenía rato, así que conseguían tener una proximidad que les hacía gemir entre besos.
Las manos del heterocromático estaban situadas contra la cintura del rubio, con ellas daba pequeños masajes a la misma, controlando la velocidad y la intensidad con la que movía su cuerpo sobre el suyo, volviéndolo más excitante para los dos. Así mismo, los brazos del cenizo estaban al rededor del cuello de Todoroki, mientras que sus dedos se enredaban en su cabello, que ya estaba peor que antes de desordenado. Pero eso no les importaba, lo único que tenían en mente era saciar el increíble deseo que tenían en sus mentes y en sus cuerpos, pues la necesidad de entregarse al otro comenzaba a ser demasiado fuerte e irresistible.
—¡Agh...! —Bakugō gimió cuando el bicolor simuló una embestida, haciendo que sus lenguas se separaran, soltando un pequeño "poop" que llegó a sus oídos, quedando así un hilo de saliva entre sus bocas.
Para Todoroki escucharlo gemir fue como un afrodisíaco, por lo que no dudó en volver a atraerlo para besarlo con más fiereza que antes. Ahora él estaba prácticamente devorándole la boca, sin ninguna contemplación, simplemente reclamándolo como suyo con ese acto.
Y el rubio no se quejó, únicamente se dejó controlar, y pronto se vio a sí mismo moviéndose con más fuerza contra el bulto que estaba justo bajo su trasero. Al mismo tiempo, su propia erección se movía contra su pants y el vientre bajo del contrario. Ambos estaban comenzando a sentir una corriente eléctrica recorrerlos hasta la pelvis, y la conocían muy bien, tanto que los gemidos comenzaron a ser más frecuentes, de parte de los dos.
—Shōto... —jadeó Bakugō cuando el mencionado sujetó con más fuerza su cintura para moverlo con rapidez sobre su erección, lo miraba con profundidad y una sensualidad que lo volvía loco.
El bicolor sentía su cuerpo hervir, y no sabía si era porque la excitación lo estaba matando o porque su quirk estaba reaccionando también ante tanto estímulo. Lo único que tenía en la mente era el rostro de Katsuki, sudado, con las mejillas sonrosadas, la boca entre abierta y los labios hinchados debido a los besos y a las succiones que les había dado. Aquello le generó una lascivia inmensa, que por un momento olvidó que se encontraban en casa de los padres del cenizo. No estaba pensando con cordura, lo único que tenía en la cabeza era seguir haciendo que Katsuki gimiera su nombre más veces, más fuerte, más alto, más rápido.
Así que no lo pensó dos veces. Recordando que tenía que contenerse porque no estaban solos, se limitaría a una sola cosa. Detuvo los movimientos del cenizo, ganándose una mirada de duda de su parte, la cual correspondió con un casto beso. Lo movió un poco, solo para permitirse liberar de sus pantalones de dormir su erección que comenzaba a doler por estar contenida. Bakugō vio con total atención como el pene del contrario salía de su ropa interior, y pudo sentir como el corazón se le aceleró.
Había olvidado su tamaño.
Se podría decir, que para tener diecisiete años, el bicolor estaba muy bien dotado.
Todoroki no perdió el tiempo y sujetó a Bakugō de las caderas, y mirándolo a los ojos, aprovechando que no decía nada, le bajó los pantalones también, y liberó su pene, que también estaba goteante y expectante. Al rubio le dio un pequeño temblor en el cuerpo al sentir su intimidad al descubierto, pero se dejó guiar por el más alto, el cual lo sentó de nuevo con cuidado sobre su regazo, dejando una pequeña separación para que sus manos pudieran trabajar, y buscó de nuevo sus labios para volver la faena mucho más placentera para los dos.
Envolvió ambos miembros con su mano, y comenzó un sube y baja lento, pero constante, que inmediatamente puso a temblar a Katsuki, quien tuvo que sostenerse a la espalda contraria para no caer ante los espasmos que sintió gracias al tan delicioso contacto.
El rubio sentía que todo le daba vueltas, y fue inevitable la cantidad de gemidos que fueron saliendo de su boca cada vez que el bicolor subía o bajaba la intensidad de la masturbación.
—¡S-Sho...! —sus manos recorrían sin parar la espalda ajena, mientras que sus labios seguían siendo maltratados por el bicolor, quien los chupaba y los mordía con constancia, no deteniendo en ningún momento su mano.
Todoroki jugaba con el glande de Bakugō, acariciándolo, apretándolo de a ratos, torturándolo cuando lo sujetaba con fuerza para hacerlo gemir con intensidad. Claro, cerciorándose de que no fuera tan escandaloso como para ser descubiertos.
Hubo un momento en que Bakugō solamente gemía tendido, mientras la boca de Shōto se encargaba de darle atención a su sensible cuello. Lo besaba, lo lamía, lo mordisqueaba e incluso llegó a succionar varias veces la piel lechosa, asegurándose de dejar una pequeña marca de propiedad allí mismo. Eso, más las palabras obscenas que comenzó a recitarle en el oído, hicieron que Katsuki no pudiera resistir más, y fue cuestión de minutos para que pronto estuviera eyaculando sobre la mano del heterocromático, quien ante eso simplemente chupó su lóbulo mientras se encargaba de recoger con su mano su semilla, al mismo tiempo en que aceleraba sus movimientos. Él se corrió un par de segundos después.
Ambos respiraban agitadamente, sintiendo de repente cómo la lucidez regresaba a sus cabezas. Katsuki se había abrazado al contrario apenas sintió su corrida salir, y así permaneció durante varios minutos, tratando de controlarse y de recuperar el aliento. Así mismo, Shōto abrazaba con su mano limpia la cintura del rubio, aferrándose a él, en un intento de que su corazón volviera a la normalidad después de tanta intensidad.
Ninguno decía nada, porque no hacía falta hacerlo, pues los dos habían estado de acuerdo en hacer eso, aún si no hubieron palabras de por medio, y ahora solo disfrutaban del silencio que los acompañaba en esa habitación. Cada uno pensando acerca de lo recién sucedido, no porque se arrepintieran, sino porque era la primera vez que tenían un encuentro así, después de aquella fiesta que no había tenido mucho lugar en sus memorias posteriores a ella.
Katsuki estaba algo avergonzado, no quería ver al bicolor a la cara, porque estuvo soltando varios ruidos de forma inconsciente y ahora ni siquiera los recordaba bien. Así que escondió el rostro entre el cuello ajeno, aspirando el aroma propio del chico. Y deseando quedarse así el resto del día.
Por su parte Shōto estaba... Algo aturdido. Se encontraba extremadamente apenado por cómo se comportó durante todo lo que estuvieron haciendo, y sintiendo entre su mano aún el semen proveniente de ambos, pues... Necesitaba lavarse rápido, antes de que eso se secara o manchara aún más la cama.
Amaba sentir a Katsuki de esa manera, pues no era un secreto que el chico estaba más avergonzado que él, sin embargo, ambos necesitaban limpiarse antes de que los padres del rubio tuvieran la iniciativa de ir a buscarlos. De por sí el día anterior las cosas habían estado bastante intensas, y no quería darles una razón para evitar que les permitieran seguir durmiendo juntos cuando los visitaran de ahora en adelante.
—Katsuki —llamó, con la voz bajita, pues el oji rubí estaba bastante cerca de su boca.
—¿Mmm? —murmuró, aferrándose más a su cuello.
—Cariño, sabes que me encanta abrazarte, pero tenemos que limpiar —le explicó con dulzura, atreviéndose a utilizar un apodo cariñoso.
—No quiero —contestó con la voz amortiguada, sonrojándose aún más y emocionándose en sobre manera por el mote.
—Si tus padres vienen, pueden abrir y vernos así y... No tenemos ropa interior puesta, ¿no crees que sería fácil que sepan lo que hicimos? —acarició con su mano la espalda de Katsuki, tratando de relajarlo.
Bakugō resopló en desacuerdo. Pero no quiso oponer mayor resistencia, por lo que se separó un poco de su escondite y pudo observar aquellos ojos que tanto le gustaban. Shōto lo vio de vuelta y le sonrió, acariciando con su mano su rostro. Le dio un beso para quitarle el disgusto y procedieron a levantarse para poder limpiar su desastre. Con ayuda de toallitas húmedas que el rubio tenía por ahí, se limpiaron a sí mismos; cambiaron las sábanas, abrieron la ventana, y cada quién se acomodó bien la ropa para disimular.
—¿No prefieres darte una ducha? —ofreció Katsuki ya que la habitación había quedado aereada y con una pizca de aromatizante.
—¿Debería? —preguntó interesado en su opinión—. Digo, es que es tu casa y... Sí, acabamos de... De hacer lo que hicimos, pero no quita que me de algo de vergüenza utilizar el baño.
Al de quirk explosivo le generó gracia. Pero no dijo nada, él igual se comportaría así si fuera al revés.
—No te preocupes, puedes utilizar mi baño, no creo que quieras estar sudado el resto de la mañana. Mis padres me dijeron ayer que quieren que los acompañemos al centro comercial.
—¿Los dos? —jadeó sorprendido—. ¿De verdad?
—Sí —con su mano se talló la sien—. Ellos dos son un poco... ¿Ortodoxos? Eh, no sabría si describirlos así, pero ahora que tú y yo vamos a ser padres, pues, quieren que te integres más a nuestra familia.
—¿Y no les incomodaría? —inclinó su cabeza en duda—. Es decir, soy un extraño, que embarazó a su hijo, y... Y no sé, ¿de verdad está bien que yo vaya?
—Les caes bien —aseguró—. Siempre hemos sido yo y los viejos, tenemos familia, pero solo nos vemos en navidad o año nuevo, algunas veces el día de acción de gracias, así que supongo que les alegra en parte tener a alguien más para formar parte de nuestro círculo.
—Bueno, entonces, creo que lo mejor será que sí me bañe —aceptó con algo de diversión en el rostro.
—Sí —a paso lento se acercó a él, y con una pequeña sonrisa le dio un abrazo; cuando se iba a separar, dejó sus manos sobre sus hombros—. En el baño hay toallas y secadora, tómate tu tiempo, yo mientras iré a pelear con la bruja para ver quién hace el desayuno.
—¿Crees que ya esté despierta?
—¿Acabas de admitir que tu suegra es una bruja?
Shōto frunció el ceño con confusión.
—¿Ah? ¡Lo siento! —exclamó con susto ante la pregunta hecha por Bakugō.
—Es broma —rió con fuerza—. Sí, es una vieja bruja, y sí, esa mujer madruga como si la estuvieran correteando. Es una desquiciada sin remedio.
—Entonces me bañaré —asintió con su cabeza.
Antes de separarse, Bakugō se atrevió a darle otro beso al bicolor, tomándolo desprevenido porque estaba distraído. Al poco tiempo le correspondió, abrazándolo por la cintura con fuerza moderada. Fue un beso corto y tranquilo en comparación a los que compartieron minutos atrás, pero con el mismo amor y el mismo cariño que se tenían mutuamente.
—Nos vemos en un rato —susurró Katsuki sobre sus labios.
—Sí —y volvió a besarlo, robándole un suspiro y degustando sus labios un par de segundos antes de finalmente liberarlo.
Se sonrieron; Shōto se dirigió al baño, Katsuki a la salida de su habitación, cada uno con una sonrisa en el rostro, y con una complicidad ante todo lo que había pasado. Quizá las cosas estaban avanzando muy bien entre los dos. Y eso les emocionaba, mucho.
Kirishima caminaba con tranquilidad por el pasillo que llevaba a la sala común de los dormitorios. Tenía sueño, y gran parte se debía a que la noche anterior se desveló junto a Sero y Kaminari en un partido de FIFA que se extendió más de lo que creyeron.
No podía quejarse si fue culpa suya, así que tan solo estaba tratando de resistir el cansancio. Después de todo, valió la pena, pues al final pudo declarase campeón después de haberles ganado a cada uno más de dos veces.
De repente sintió su estómago rugir, entonces pensó que sería buena idea desviarse a la cocina para buscar algo de comer.
Decidido a ello, se dirigió hacia el lugar con mucha alegría y felicidad, recordando que había quedado un poco de comida del día anterior. Listo para buscar sus tan ansiadas sobras, ingresó al área y abrió el refrigerador con emoción.
Mientras esculcaba entre los tupers que estaban ahí dentro, pudo alcanzar a escuchar las voces de algunos de sus compañeros, a los que identificó cómo Mineta y Mina.
Un momento.
¿Mineta y Ahsido? ¿Desde cuándo esos dos sostenían conversaciones más allá de pequeñas estupideces en clases?
Aquello le pareció sumamente interesante, por lo que trató de afinar su oído para escuchar la platica. Llámenlo chismoso. Él quería saber.
—Te estoy diciendo que puede llegar a funcionar —Mineta le decía a la pelirrosa.
—Y yo te estoy diciendo que lo dudo muchísimo —resopló la chica en desacuerdo.
—¡Vamos! ¡Tenme un poco más de fe!
—¡La última vez que te tuve fe Ecto Plasm nos arrojó desde un quinto piso! —elevó la voz, evidenciando la mala racha—. ¡Tú no eres de fiar, Mineta!
Kirishima tuvo que aguantarse una carcajada, recordaba a la perfección ese suceso, cuando estaban teniendo una clase en donde tenían que encontrar un almacén para recuperar un chip de información. Era una misión grupal. Los profesores eran los villanos. Si los profesores los hacían salir del perímetro acordado, perdían y debían retirarse. Mina y Mineta tuvieron muy mala suerte en esa ocasión.
—Por favor, confía en mí —rogaba el chico, con algo de notable desesperación—, sé que Bakugō bajará la guardia en algún momento.
¿Bakugō?
El pelirrojo estornudó.
Se sobó la nariz. El frío ya le estaba causando una pequeña y molesta reacción en la nariz y en sus llorosos ojos. Pero tenía que seguir escuchando ahora que sabía que esos dos estaban parloteando acerca de su amigo.
Y ahora le causaba aún más curiosidad. ¿Por qué ellos dos estarían hablando acerca del rubio? ¡Necesitaba descubrirlo!
Así que, tomando precauciones, salió del refrigerador, cerró la puerta y con sigilo se fue acercando hacia la salida de la cocina, en donde pudo ver cómo los dos estaban discutiendo cerca de los pilares que separaban la sala común del pasillo que llevaba a los baños y la lavandería.
No estaban muy lejos de él, así que contando sus pisadas, se fue acercando hasta lograr quedar a unos cuantos metros del par. Escondiéndose detrás de un pilar cercano, volvió a agudizar el oído.
—Todavía no entiendo cómo es que estás tan convencido de eso —la chica tenía los brazos cruzados, en señal de discordia—. Es demasiada subestimación de tu parte.
—Yo los vi, Mina-chan —alargó su nombre más de lo normal—. Yo sé lo que pasó, ¡ellos estaban besándose!
¿Besándose?
Kirishima hizo una mueca de confusión.
¿Quiénes estaban besándose?
—¡Es que es absurdo! —gritó.
Ejirō pensaba que tenían suerte de que no hubiera nadie más en el diámetro. Aunque dudaba que eso sirviera de algo. Pues sus gritos se escuchaban hasta china, de seguro.
—¡Te digo que no lo es! —replicó de vuelta.
—¡Seguramente lo inventaste porque le tienes envidia a los dos, en especial a Todoroki-kun por su club de admiradoras! —le acusó con mirada juzgadora.
¿Todoroki?
¿Qué tenía que ver Todoroki con eso?
—¡Ay, vamos, por favor! —Mineta giró los ojos con sorna—. ¿Crees que me metería con Bakugō solo para inventarle un chisme que probablemente haría que me asesinara?
¿Por qué mencionaba a su amigo de nuevo?
¿Bakugō y Todoroki estaban involucrados en el asunto que esos dos discutían?
Un momento, ¿y qué había con el beso?
¿Acaso ellos...?
—Has hecho cosas peores —le contestó la pelirrosa.
Bueno, en eso Kirishima estaba de acuerdo.
—¡Lo sé! —aceptó con derrota—. Pero, esta vez no es así, ¡te juro que Bakugō y Todoroki estaban besándose en su habitación!
¿Qué?
¿Su Bakubro estaba besándose con su Todobro? ¡En hora buena! Por fin esos dos se decidían a dar ese paso que debieron haber dado hacía mucho tiempo atrás.
No que a su parecer, habían estado haciendo las cosas al revés. Primero se acostaban, después Bakugō se embarazaba, y ahora por fin se hacían novios.
¿Cuál era el siguiente paso? ¿La boda? ¡Por supuesto, la boda!
¡Ah, él sería el padrino de los anillos! Escogería unos muy bonitos que vio una vez con Kaminari y Bakugō cuando paseaban por el centro comercial, él había notado que el juego de anillos tenían un copo de nieve y una pequeña llama como serigrafía.
¡Eran perfectos para ellos dos! Los representaban muy bien!
¡Esperaba que ambos le dieran la noticia pronto!
No obstante, antes de poder seguir celebrando aquella realización en su mente, algo más vino a su memoria. ¿Por qué razón Ashido y Mineta sabían acerca del beso antes que él y Denki? ¿Y por qué estaban discutiendo específicamente acerca de algo en contra de ambos?
El cerebro de Kirishima hizo click.
¡Mineta los había visto! Y ahora estaba tramando algo con Mina que seguramente terminaría mal para sus amigos, pero, ¿por qué?
Oh, pero había algo de lo que preocuparse con extrema urgencia. ¿Acaso ellos sabían lo del bebé? Esperaba que no, porque si era así, las cosas se pondrían aún peores.
Por lo que sabía hasta ese momento, Katsuki le había dicho a sus profesores lo del asunto del embarazo, y todos sus superiores estaban al tanto de ello y estaban de acuerdo con apoyarlo para que pudiera seguir con sus estudios, adaptándolos a su condición.
Además, Bakugō y Todoroki habían ido a confesar ante Aisawa que el bicolor era el padre del bebé que venía en camino. Recuerda que el rubio le contó que se pasó regañándolos por una hora acerca de su irresponsabilidad y de cómo las cosas cambiarían para ellos de ahora en adelante.
Y por si fuera poco, el día anterior habían ido a casa de Bakugō para contarle a los padres del mismo sobre el embarazo. Esa situación sí que le producía mucho temor, pues, para nadie era un misterio de dónde provenía ese carácter tan... Complicado, que tenía su mejor amigo.
Ya eran las doce del medio día del domingo, y ellos todavía no regresaban. Así que esperaba profundamente que nada hubiera dado complicaciones y que estuvieran bien.
Agradecía a sus antepasados por heredarle el poder de la curiosidad y el hambre por el conocimiento —es decir, el ser un chismoso sin remedio—. Si no, aquello podría salir mal. Demasiado mal.
—Escúchame muy bien, garrapata redonda de asqueroso color púrpura —la voz de Mina lo distrajo de sus pensamientos—. Voy a confiar en ti, pero si resulta que solo era otra de tus artimañas para dejar mal a nuestros amigos, te arrancaré las bolas.
Tanto Kirishima como Mineta tragaron en seco.
—Y no hablo de las que tienes en la cabeza.
—¡Bien, bien! —exclamó el aludido con una seguridad que el pelirrojo envidió.
Eso solo significaba que lo que Mineta aseguraba haber visto, no era un invento. Eso quedó claro para Mina y cómo no, para Kirishima.
—Entonces, ¿se supone que solo tenemos que espiarlos? —volvió a hablar la chica más calmada de lo que había estado anteriormente.
—Así es —confirmó el más bajo—. En especial durante la tarde noche, no creo que sean tan tontos como para arriesgarse a que alguien los vea a plena luz del día.
Maldición. En algo tenía razón el acomplejado chico de patas cortas y ridículo cuerdo cabelludo.
—Entonces eso haremos —suspiró con cansancio Mina—. Tendré que decirle a las chicas que estén pendientes.
—Eso, eso —alentó el chico—. Tenemos que estar muy atentos.
—Sí, cómo sea —aceptó—. Por cierto, ¿los has visto? No los he encontrado en todo el día, y quería que Bakugō me ayudara con algo.
«¡Traidora!» Pensó Kirishima.
—¡¿Lo ves?! —Mineta la sujetó de los brazos con emoción—. Ellos dos salieron ayer, Todoroki dijo que iba a ver a su madre y Bakugō no dijo a dónde iba. ¡Estoy seguro de que están juntos, porque ninguno ha vuelto!
El pelirrojo se removió con coraje contra el pilar.
—Aunque eso pudiera ser cierto —la de quirk ácido explicó—, todos saben que Todoroki-kun nunca miente cuando se trata de su madre.
—¿No crees que esta podría ser una excepción?
En ese momento Ejiro quiso activar su quirk para ir a golpearlo.
—Lo dudo.
—Vas a tragarte tus palabras, Mina-chan. Cuando yo pruebe que es cierto, ustedes quedaran con la boca bien abierta.
—Suéñalo.
Y sin decir nada más, ambos se dieron la vuelta y cada quién se fue a sus asuntos.
Kirishima permaneció un rato más ahí, pensando cuidadosamente lo que haría. Tenía que encargarse de esos dos, fuera como fuera. Y también cuidarse de las chicas, porque Mina había generalizado. Lo que le dejaba como vía el hecho de que todas sabían algo.
Pero, ¿cómo tener la certeza al cien por ciento?
—¿A quién espiamos? —Kaminari apareció de la nada a su lado, con una mirada de intriga.
—¡Ah! —exclamó sintiendo su corazón tener un espasmo—. ¡K-Kaminari! ¡No hagas eso, me espantas!
—Uy, lo siento —se disculpó y salió del costado para mirarlo de frente—; lo que pasa es que llevas rato ahí metido y me preguntaba si había algo interesante.
—De hecho... —lo observó con duda, y decidió que le contaría lo que ahora sabía—. Ven conmigo, tengo que hablarte acerca de algo que recién descubrí —y acto seguido lo tomó de la mano y lo arrastró hacia las escaleras.
—¡Ah! —el rubio solo pudo cerrar los ojos ante la rapidez con la que era conducido.
¿Qué le pasaba a Kirishima?
***
NOTA:
Espero que les halla gustado, apuesto a que no se la veían venir. 👀✨
Nos leemos en el siguiente, que creo que va a tardar un poco porque voy a estar ocupadita esta semana. En fin, los quiero mucho y hasta luego. ¡Besos! . ♡♡
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