
Cap. 20: La razón de un buen trato.
Esa tarde de Jueves, Mineta se encontraba caminando —más bien, corriendo—, en dirección al tercer piso de los dormitorios, su diminuto tamaño en esos casos siempre era su mejor aliado, a pesar de quejarse de él en numerosas ocasiones. Como siempre, su boca había sido más inteligente que su cerebro, y terminó diciendo lo que estúpidamente pensaba antes de... Bueno, pensarlo bien. Por culpa suya, ahora tenía a la mayoría de las chicas de su clase yendo tras él.
¿Cómo podían correr tan rápido con unas toallas en sus cuerpos? Si bien, su morbosidad era fuerte, su instinto de supervivencia lo era aún más, por lo que no dudó en recurrir a cualquier método para salvar su pellejo. Por más patético que este fuera.
Siguió correteando todo lo que podía, con las gotas de sudor escurriendo por toda su anatomía sin frenos, haciéndolo lucir todo menos agradable —aunque para muchos no lo fuera de por sí—, y una vez que creyó que estaría salvado, se detuvo detrás de un pilar al lado de las escaleras que había subido como desquiciado.
—C-Creo que las perdí —jadeó.
Su pecho subía y bajaba, en desmedida forma; sus piernas dolían y sus brazos estaban entumecidos, podía sentir la sensación recorrerle entero. Sin embargo, cuando pensó que todo había pasado, escuchó una serie de pasos dirigirse hacia donde estaba, y antes de poder reaccionar, la figura rosada de una chica muy conocida para él se asomó a sus espaldas.
—¡Chicas, lo encontré!
Mina había gritado sin miramientos, y con sus hábiles brazos intentó aprisionarlo, no obstante, Mineta fue más ágil, y soltando un grito digno de alguien del género femenino, dio inicio a una nueva huida a lo largo de todo el tercer piso, haciendo incluso que algunos de sus residentes se asomaran por sus habitaciones y lo vieran pasar como rayo, con las féminas detrás de él.
Cuando el chico de cabellera púrpura visualizó el final del pasillo más cerca cada vez, cambió de dirección y volvió a subir las escaleras que lo llevarían al siguiente piso. Su respiración resonaba fuerte, y su corazón latía como si estuviera por paralizarse.
Mineta apenas pudo terminar los escalones, tenía el presentimiento de que su final estaba cerca, y no podía permitirse morir antes de cumplir sus más retorcidas fantasías, o hasta tener su propio club de fans como Todoroki.
—Maldito, ¿cómo puede ser tan guapo y desaprovecharlo?
Siseó negando con la cabeza, mientras avanzaba trotando. No podía comprender la forma en que su compañero echaba por la borda todo el potencial de adonis que tenía. Y es que debía reconocer que ese chico, a pesar de sus nulas habilidades sociales y de que parecía ser demasiado lento, sobresaltando el hecho de que tenía una cicatriz que en lugar de restarle le sumaba atractivo, era bastante, bastante llamativo.
—¡Rápido, chicas, ya casi lo tenemos!
—¡Sí, lo atraparemos!
—¡Mineta, estúpido!
Oh, no. Oh, no.
Si bien ese no era el último piso, podía sentirlas subiendo las escaleras, y él se sentía lo suficientemente agotado como para librar una carrera más. ¡No podía dejarse atrapar así de fácil! ¡Necesitaba encontrar una vía de escape, pronto!
Y como si fuera alguna especie de milagro enviado por una divinidad que tuvo piedad de su mugrosa alma, vio una puerta de una habitación abierta.
¡Bingo!
Sin pensarlo dos veces —como casi todo lo que hacía—, entró a tropezones a la habitación. Ni siquiera tuvo tiempo de detenerse ni a cerrar la puerta, ni a distinguir a quién le pertenecía, lo único que notó era que todo estaba perfectamente ordenado, como si le perteneciera a un maniático del orden.
—¡Chicas, revisemos aquí, la puerta está abierta!
—Maldición... —murmuró.
No le quedó más remedio que meterse debajo de la cama antes de que Mina empujara la puerta para observar el interior de la habitación.
—Mmm, ¡no está aquí! —exclamó, dando unos pasos hacia adentro, para tener mejor panorama.
—¿Estás segura, Mina-chan? —la voz de Tsuyu se hizo presente.
—Sí —afirmó—. Es la habitación de Bakugō, no creo que sea tan imbécil como para meterse aquí sin esperar otra sentencia de muerte.
Mineta boqueó.
La habitación de Bakugō.
Comenzó a temblar.
¡Se había metido a la habitación de Bakugō! ¡Por todos los santos! Si las chicas no lo mataban, él seguramente sí lo haría. ¡No era posible! Apenas había salido de una y ya estaba entrando en otra.
¿Tan escasa era su suerte? ¿O es que acaso toda la que tenía era mala?
—Eso es verdad —añadió Uraraka—. Bakugō da miedo cuando se enoja.
—E-Espero que no se de cuenta de que entramos a su habitación sin su permiso —el temblor en su timbre de voz hizo que Mineta reconociera que se trataba de Momo.
—¡En fin, vámonos! —agregó la rosadita—. ¡Hay que buscarlo en el quinto piso, ahí sí no podrá escapar!
—¡Sí! —gritaron al unísono las chicas, y abandonaron la habitación, cerrando de un portazo.
El silencio que le siguió a esa acción terminó inundar toda la estancia. Mineta continuaba temblando. Estaba debajo de la cama de un presunto asesino, y no estaba completamente seguro de qué debía hacer a partir de ahí.
Quizá podía comenzar con abandonarla.
Sí, eso era lo mejor.
Hizo amago de escurrirse por el suelo hasta salir, pero antes de que su pie quedara al descubierto, la puerta de la habitación fue nuevamente abierta, lo que le hizo morderse la lengua del coraje y volver a su posición inicial, con la punta de la barbilla pegada al suelo, a manera de que pudiera observar mínimamente el exterior.
¡Maldición! ¿Qué haría ahora?
—Tsk, ya te dije que no, bastardo, no insistas.
Momento, se dijo.
Conocía esa voz.
¡Era Bakugō!
—No puede ser —susurró para sus adentros.
Ahora sí estaba jodido. ¿Era buen momento para iniciar a escribir su testamento?
—Por favor, Kats, solo será por un rato.
Espera, espera, espera.
Sin duda esa voz no le pertenecía al rubio asesino de estudiantes, seguramente estaba acompañado.
Además, ¿Kats? ¿Acaso se trataba de Kirishima? Sabía que era el único que tenía la valentía —porque el resto apreciaban sus vidas de forma indiscutible— de llamar a Bakugō por su nombre de pila. Aunque Mineta nunca había oído que se dirigiera a él de esa manera.
No obstante, ahora que lo pensaba... La voz de Kirishima era mucho más aguda, y la que había hablado no, ésta era mucho más grave, con un tono más serio. El pelirrojo jamás estaba así de callado o sereno.
Y, ¿Bastardo?
Mineta conocía a la perfección la sarta de insultos que el rubio utilizaba para todos. Para Kirishima, eran: Pelos de mierda, puerkoespín, ninja pirata, imitación de power renger, etc. El "Bastardo", solo le pertenecía a una sola persona.
—¿Y qué es lo que quieres hacer, eh, mitad mitad?
¡Bingo! Sabía que se trataba del canónicamente guapo Todoroki Shōto. ¡Ja! Que alguien le diera un premio por su poder de deducción inmediato.
Y no pudo seguir celebrando su "magnífica" audacia cuando otra duda llegó a su pequeña cabecita repleta de esferas púrpuras: ¿Por qué razón estaba Todoroki en la habitación de Bakugō?
Sabía de primer plano que esos dos no solían convivir mucho —por no decir nada—, en especial porque el cenizo tendía a agredirlo verbalmente y a instarle pelea a cada momento, todo desde el festival deportivo del primer año. Y aunque últimamente se llevaban relativamente "bien" —cosa que todos en la clase A habían notado, y por eso entre ellos habían hecho sus propias conclusiones—, no tenía conocimiento de que tuvieran tanta confianza como para estar en la habitación del otro; siendo más claro, no creía que Bakugō le permitiría a alguien entrar a su cuarto. Era consciente de que ese "privilegio" —si es que se podía llamar así—, solo lo gozaban el mismo Kirishima y Kaminari, y algunas veces Mina.
Ahora la curiosidad lo estaba matando. Le picaban las manos por saber. Quizá si escuchaba bien el motivo de su repentina cercanía, con eso podía chantajear a las chicas; por lo que sabía, la mayoría pertenecía a su club de fans online, cosa que se esforzaban por mantener en secreto pero que él había descubierto por pura casualidad. Entonces, sí obtenía información valiosa, podría proporcionárselas, y tal vez así salvaría su trasero.
¡Lo tenía! ¡Escucharía todo lo que pudiera!
Así que, haciendo un esfuerzo sobrehumano para él, se acercó aún más al borde de la cama, agradeciendo infinitamente que Bakugō no hubiera encendido las luces y que la obscuridad que inducían las gruesas cortinas azules estuviera presente a pesar de ser las cuatro y algo de la tarde.
Con mucho trabajo pudo observar mejor la figura de los dos chicos, y tuvo un amplio panorama de sus expresiones. Le pareció curiosa la forma en la que Todoroki sostenía el brazo de Bakugō, pero se dijo a sí mismo que pronto descubría la verdad, o al menos eso esperaba. Así que prestó atención con toda la concentración que ni siquiera en sus clases más importantes utilizaba.
«Hay prioridades», le comunicó a su subconsciente.
Y es que para él, eso representaba aquella situación.
Por su parte, el chico bicolor seguía mirando fijamente a Katsuki, con una desesperación en sus ojos que era fácilmente legible para el contrario. Y es que el rubio estaba haciendo un esfuerzo bastante grande como para no cederle el control a su estúpido corazón e ir hacia el más alto para cumplirle la petición que le hacía en esos momentos.
Habían pasado dos días desde la visita a la especialista en el hospital, y desde ese entonces los dos habían agarrado la costumbre de escaparse de a ratos a la habitación del otro simplemente por tener un poco de compañía, pasar el rato charlando sobre la situación y, hasta hace unas horas, compartir uno que otro beso.
Y esa era la razón por la que Bakugō se resistía a hacerle caso al bicolor e ir a la habitación del mismo para hacer un acuerdo sobre a cuál de sus familias deberían ir a visitar primero. Sabía que aquella era tan solo una excusa del medio albino para que pudieran estar juntos —una que parecía bien fundamentada, a su criterio—, y no sabía hasta qué punto podría controlarse.
Esa mañana había ido a la habitación del más alto para avisarle que ya estaba el desayuno en el comedor, ya que las chicas lo habían prácticamente obligado después de correrlo de la sala para que fuera a buscarlo, debido a que Todoroki el único que hacía falta y él el único que no estaba haciendo nada productivo en ese momento.
El heterocromático le había pedido que pasara, y él, extrañamente, le hizo caso.
Entró al cuarto tapizado de tatami, hablaron un poco sobre las noches de ambos —el mayor, obviamente le dijo que no había dormido nada, como ya era costumbre, por las náuseas—, sobre cómo se habían sentido desde ese día, y aunque el rubio no se lo esperaba, cuando Shōto lo besó, en el momento en el que estuvieron demasiado cerca —el bicolor en su futón y el rubio a su lado—, no pudo poner resistencia y terminaron compartiendo más de un húmedo beso en ese sitio. Al punto en el que sus cabellos terminaron alborotados y el futón completamente arrugado; Shōto estaba sobre Katsuki y éste tenía sus piernas amoldadas al rededor de las caderas contrarias.
Había prácticamente huido después, tartamudeando un "hay que bajar" antes de salir corriendo despavorido, colorado del rostro y con el corazón a tope.
E, inconscientemente, había estado huyéndole al medio albino por el resto del día. Cada vez que el chico iba a buscarlo él se escabullía de allí para evitar verlo a la cara. Y así se habrían mantenido de no ser porque Shōto lo interceptó en el elevador —ya era la segunda vez que eso ocurría, tal vez debía considerar empezar a usar más las escaleras—, y le había rogado prácticamente que lo escuchara.
Ahora estaban ahí, dentro de su habitación, peligrosamente cerca, casi al punto en que sus narices se rozaban y sus piernas se tocaban.
—Solo quiero que hablemos —le respondió el bicolor.
—¿Hablar de qué? —cuestionó.
—Del asunto de nuestros padres.
—¿Qué es lo que quieres que arreglemos sobre eso?
—No te lo diré aquí así, quiero que lo hagamos con calma —ahora tomó a Katsuki de los dos brazos.
—¿Pero qué es tan importante? ¿No puedes solo decírmelo aquí y ya? —podía sentir como temblaba ante el toque de la mano ajena.
—Kats... —los ojos de distintos iris se clavaron en los de color carmesí.
Bakugō parecía estar a punto de llorar. Y Todoroki quería evitar eso a toda costa.
Por su parte, Mineta no estaba entendiendo absolutamente nada.
¿Hablar? ¿Hablar de qué? ¿Por qué Todoroki le ponía demasiado misterio a eso tan importante que tenía que discutir con Bakugō? ¿Asunto de sus padres? ¿Bakugō se habría metido en problemas con los Todoroki? Si eso era así, seguramente saldría mal librado y con la reputación por los suelos, sabía que esa familia era problemática.
Pero, ¿y si era al revés? ¿Y si Todoroki se había metido en problemas con los Bakugō? ¿Qué le harían? ¿Le descoserían el traje de héroe? ¿Mandarían a sus ratones ayudantes a destruirle toda la ropa? ¿Lo matarían a explosiones?
Sin embargo, sobre todo, ¿por qué esos dos estaban tan cerca que parecían estar por besarse? ¡Ah, la intriga lo estaba matando!
—Sabes que tenemos que hablar de otro asunto también —enfatizó el bicolor.
¿Otro asunto? Mienta lo observó con curiosidad.
—Tsk, lo sé, pero... N-No estoy seguro.
¿Bakugō tartamudeando? Mineta estaba atónito. ¡El fin del mundo estaba cerca! ¡La reencarnación de Shigaraki estaba por hacer acto de presencia! ¡Que alguien llamara a los héroes profesionales!
—Katsuki... —ahora los dos hacían contacto visual, aún más certero que el de antes.
Oh, ahí estaba, Todoroki llamando a Bakugō por su nombre. Ese también podía considerarse un muy buen misterio.
—Shōto... —los labios del rubio parecieron danzar en compás de sus palabras.
¡¿Qué estaba pasando?! ¡Bakugō estaba llamando a Todoroki por su nombre! ¡Por su maldito nombre! ¿Dónde habían quedado los apodos despectivos? ¿Y los insultos? ¿Por qué ahora estaban casi abrazados?
¡Que alguien fuera y le dijera lo que estaba ocurriendo! Porque estaba a un paso de caer en la locura.
Un momento.
Sus ojos se abrieron en demasía.
¿Por qué ahora estaban más cerca? ¿Por qué las manos de Todoroki ahora estaban en la cintura de Bakugō, y por qué éste no ponía resistencia? ¿Por qué los dos se miraban tan fijamente que incluso él comenzó a sentirse incómodo con eso?
¿Por qué parecía que iban a...?
Oh.
Oh.
¡Oh! ¡No era cierto!
Todoroki había sujetado fuertemente con una de sus manos la cintura del rubio y con la otra lo había tomado por la nuca, y poco a poco lo fue acercando más hasta que sus bocas estuvieron unidas en un muy profundo beso.
El alma de Mineta abandonó su cuerpo en ese instante.
No era real, se dijo.
Era una broma, se dijo.
Eso no podía ser verdad, se reiteró.
Estaba alucinando, se consoló.
No podía ser cierto que Todoroki Shōto, uno de los chicos solteros —ahora dudaba eso de soltero— más codiciados de todo U.A, el considerado más fuerte de su clase, el que traía loca a más de la mitad de la población femenina de la academia de héroes, se estuviera besando con Bakugō Katsuki, el sujeto más problemático, orgulloso, egocéntrico, busca pleitos y completamente descarrilado de carácter que esa institución tenía —aunque Monoma se peleara con él por ese puesto—.
Mineta llevó sus manos hacia su cabeza y la comenzó a sujetar con fuerza. ¿Qué era todo eso? ¿Qué significaba? ¿Por qué? ¿Por qué no lograba comprenderlo?
Y no se percató de la cantidad de tiempo que desperdició de esa forma, hasta que solo escuchó un "Vamos entonces ", y seguidamente la puerta fue abierta y cerrada una vez más con bastante fuerza.
Nuevamente, el silencio se hizo presente.
Y Mineta seguía en shock.
Para cuando reaccionó, el tiempo había transcurrido más de lo que pensó, entonces, con todo su cuerpo temblando por el miedo a que alguno de esos dos se les ocurriera regresar, se apresuró a abandonar la alcoba de Bakugō.
Mientras caminaba de regreso a su piso, se prometió a sí mismo nunca espiar a las chicas de nuevo en las dichas. De eso solo podrían surgir dos únicas cosas:
Número uno: Que ellas se dieran cuenta y él ante su temor al ser descubierto les dijera que parecían vacas lecheras, lo que haría que permanecieran persiguiéndolo hasta atraparlo para fusilarlo.
Y número dos: Que por su estupidez terminara escondido en una habitación desconocida y que por pura mala suerte suya acabara viendo como dos de sus compañeros compartían besos como si fueran pareja de toda la vida.
Ahora estaba completamente seguro de porqué esos dos parecían haber "mejorado" su relación.
Y de qué manera lo habían hecho.
Pero, ahora que lo pensaba, Bakugō muchas veces se había tomado el tiempo de hacerlo volar por explosiones a todas direcciones, y por culpa de Todoroki él jamás había podido conseguir alguna novia —aunque todo fuera debido a su asquerosa personalidad, pero nadie le iba a sacar de su error—.
Mineta sonrió con maliciosidad.
Toda U.A moriría al saber quienes eran la pareja de ese año.
Y él se encargaría de hacérselos saber.
Solo tenía que esperar el momento perfecto para tener la evidencia suficiente, y luego, ¡Bum! Todo el mundo sabría que Todoroki y Bakugō tenían buen brazo para la zurda.
—Me las pagaras, Bakugō —sonrió.
—¡Chicas, ahí está! —la voz de Mina volvió a sus oídos de golpe.
—Maldición —ya era demasiado tarde para huir.
Katsuki se encontraba sentado sobre el futón que pertenecía a Todoroki, quien estaba ubicado sobre un cojín frente a él, ambos tenían las piernas cruzadas y la mirada en todos lados lejos en el otro. Llevaban de esa manera por lo menos media hora, soltando balbuceos innentendibles y cosas sin sentido, ya que la tensión entre los dos era tal que ni siquiera podrían pensar claramente lo que dirían o por qué.
Shōto observaba curioso sus manos, dándose cuenta del montón de cicatrices sutiles pero consistentes que se encontraban en ellas, producto de sus numerosas peleas contra villanos y alguno que otro descuido en sus entrenamientos. Nunca se había puesto a pensar en la forma en que cada una de ellas se había formado. Eso le hizo considerar que, al igual que las cicatrices, habían cosas que permanecían para siempre plasmadas en uno. E inconscientemente su mente le mostró a Katsuki.
Sonrió sutilmente, sintiéndose extraño ante la "absurda" comparación, que aunque le resultara así, tenía algo de sentido. Pues a su forma de ver, el rubio ya había hecho una marca en su corazón, y dudaba que pudiera sacársela de encima algún día.
Se preguntaba si Katsuki sentiría lo mismo. Si a él también le llegarían esa ideas tontas y fantasiosas sobre sus sentimientos siendo correspondidos. Algo sabía al respecto, pues le parecería ilógico que el de iris escarlata le correspondiera los besos si no tuviera aunque sea un atisbo de afecto hacia su persona, pero no podía fiarse solo de una suposición.
Necesitaba escucharlo clara, directa y únicamente de la boca del más bajo. Solo para estar tranquilo acerca de su relación y para no resultar en un terrible e incómodo rechazo.
Aunque, bueno, ellos iban a tener un hijo, entonces, ¿podría Bakugō aún así rechazar sus sentimientos?
Aquella idea le generaba un temor abominable, y sacudió su cabeza con rapidez para intentar disipar esos pensamientos que solo le propiciaban malestar a su mente y a su corazón.
No, no podía ser así. Katsuki no podría rechazarlo. No después de todo lo que había pasado entre los dos. ¿O sí?
—Ey, Mitad mitad —llamó Bakugō, captando su atención.
—¿Sí?
—¿En qué tanto piensas?
Shōto dudó un poco antes de responder la pregunta.
—No es nada —simplificó.
—Ey, ¿crees que nací ayer? Dime qué es lo que te sucede.
—Es que... Es complicado —se avergonzó de la mirada seria que le dirigía el rubio.
—Tsk, creo que tengo la suficiente racionalidad como para comprenderlo, así que dímelo.
¿Estaría bien si él le decía todo lo que su corazón le dictaminaba? Todoroki jamás se le había confesado a alguien, es decir, nunca había tenido el tiempo suficiente como para ponerse a pensar en cosas de índole amoroso, tanto por el tipo de vida que llevó hasta sus quince años, como por el contexto en el que tuvo que hacerse la idea de ser un verdadero héroe que salvara a las personas durante el enfrentamiento con la Liga de Villanos, después de su ingreso a U.A. Y era bien sabido por todos que tampoco era bueno cuando de hablar con los demás se trataba. Así que se podía decir que estaba en una situación un tanto complicada para él.
Por su parte, Bakugō no dijo nada, aunque la manera en la que el medio albino parecía entrar en debate consigo mismo le diera una vaga idea de lo que estaría pasando por su cabeza en ese momento. Antes no habían pasado demasiado tiempo conviniendo juntos, pero después de que el contrario supo del embarazo, quitárselo de encima era tarea difícil, por lo que, en ese poco tiempo que llevaban conociéndose más, por alguna u otra razón, pudo llegar a entender —por así decirlo—, la forma de ser del heterocromático.
Así que se preparó mentalmente para lo que seguiría cuando el aludido se decidiera a hablar.
Lo cual ocurrió unos diez minutos después.
Más de lo que pensó, menos de lo que esperaba, pero al fin y al cabo, ocurrió.
—Katsuki, ¿qué sientes por mí?
¿Qué sentía?
¿Qué sentía él?
Y como si se tratara de una señal divina, un vago recuerdo llegó a su mente, en el momento preciso:
Estar enamorado es como despertar en un mundo transformado, donde cada detalle resplandece con un brillo especial. Es ver el rostro de la persona amada y sentir un torrente de emociones que brota desde lo más profundo del ser, como un río que ha encontrado su cauce después de una larga sequía. Es notar cómo su sonrisa ilumina hasta los rincones más oscuros de tu alma, y cómo su voz se convierte en la melodía que acompaña tus pensamientos más íntimos.
El amor es un jardín en plena floración, donde cada pétalo y cada hoja susurran historias de promesas y sueños compartidos. Es caminar de la mano bajo la lluvia, sintiendo que ninguna tormenta puede apagar el fuego que arde entre ambos. Es una mirada furtiva, un roce accidental, que encienden chispas y avivan la hoguera de la pasión.
Enamorado, el tiempo parece detenerse y al mismo tiempo, se acelera. Los minutos se convierten en eternidades cuando estás lejos de esa persona, y las horas se esfuman en un suspiro cuando estás a su lado. Es una danza de corazones, un ritmo que solo los dos conocen, una sintonía perfecta que hace que todo encaje.
Es vivir en un constante estado de asombro y gratitud, maravillado por la simple existencia del otro. Cada conversación, cada risa compartida, se convierte en un tesoro, una joya preciosa que guardas celosamente en tu corazón. Es sentir que el mundo entero conspira para unir sus caminos, y que cada obstáculo es solo una prueba que fortalece su vínculo.
El amor verdadero es un acto de fe, un salto al vacío con los ojos cerrados, confiando en que el otro te sostendrá. Es aprender a aceptar las imperfecciones, abrazar las cicatrices, y amar no solo lo bello, sino también lo frágil y lo vulnerable. Es un compromiso de entrega y de crecimiento mutuo, donde cada día es una nueva oportunidad para descubrirse y reinventarse.
Estar enamorado es, en esencia, una experiencia trascendental. Es encontrar en otra persona un reflejo de tus anhelos más profundos y un compañero de viaje en el camino de la vida. Es sentir que, a pesar de los desafíos y las incertidumbres, hay un rincón en el universo donde tu corazón encuentra su hogar, y donde el amor florece en toda su plenitud.
Katsuki se sintió un poco ansioso cuando rememoró todas las palabras que venían adjuntas en el libro de literatura antigua que había estado hojeando las últimas semanas debido a las numerosas tareas que les quedaban de esa "mugrosa" materia.
No era fácil admitir que algo de tal magnitud y de tanta carga emocional y pasional le estuviera ocurriendo. Sobre todo por lo cursi y malditamente empalagoso que era.
¿De verdad algo así le estaba pasando a él?
¿A él?
Sin embargo, al contemplar el destello de incertidumbre plasmado en los ojos de ese chico que tantos vuelcos le había dado a su joven vida en los últimos meses, supo que no le importaría dejar botado su orgullo de lado, tan solo para erradicar esa barruntada de vacilación de ellos.
Tan solo para darle la firmeza de que todos sus miedos no tendrían razón de ser. Que no debería de haber cabida para los titubeos ni la perplejidad.
—Yo... Creo que... —comenzó a decir, experimentando un ligero temblor en su mano izquierda.
El aroma a nitroglicerina se hizo lugar entre ellos.
Bakugō estaba ansioso.
Y Todoroki fue capaz de notarlo, por lo que, decidido, tomó su mano, dándole un mudo impulso que constató con su firme mirada.
—Creo que estoy enamorado de ti.
El corazón del medio albino golpeó de nuevo contra su pecho. Sus ojos estaban completamente empapados por sus lágrimas a punto de salir.
Katsuki suspiró, y seguidamente, le dedicó una de sus más puras sonrisas.
—Estoy enamorado de ti, Shōto.
Lo estaba, sí.
Ya no podía negarlo.
Ni a él, ni a nadie.
Lo único que pudo ver después de haber evocado tan evidentemente sus sentimientos, fue cómo el bicolor lo envolvía entre sus brazos y lo dejaba casi a rastas sobre él. Shōto lo abrazaba tan fuerte, sin llegar a lastimarlo, teniéndolo tan cerca como para asegurarse a sí mismo de que todo lo que el rubio le había dicho era real. Y es que no podía estar más extasiado, más feliz. Porque, a pesar de que todo entre ellos hubiera surgido al revés, ahora podía sentirse mucho más tranquilo al respecto. ¡Katsuki le dijo que estaba enamorado de él! Y no había mayor dicha para él que esa.
Katsuki por su parte se sentía un poco avergonzado, y eso era visible en su rostro, el cual estaba algo arrugado y de un tono aduraznado. Sin embargo, se permitió corresponder el abrazo de la mejor forma que pudo. Sus piernas quedaron al rededor de las del más alto, se apoyó en su regazo y sus brazos rodearon ese cuello blanquecino que se veía suave al tacto; no pudo resistirse, y al igual que el mayor, escondió su cabeza ahí, para evitar que Todoroki pudiera ver la forma tan ruborizada en la que estaba.
Después de unos minutos así, fue el turno del de quirk explosivo de preguntar.
—¿Y tú?
Shōto se enderezó, tomando entre sus manos la cintura del rubio cenizo.
—¿Qué sientes por mí, medio tonto?
El aludido sonrió ante el apodo, que fue dicho sin una pizca de malicia. Todo lo contrario.
Él, no tuvo que considerarlo demasiado.
—Yo... Creo que te amo —le contestó.
Utilizó el mismo modus operandi de Katsuki para responderle.
Y, suspirando igualmente, le sonrió, con la misma emoción en todo su cuerpo.
—Te amo, Katsuki.
Y, para sellar esa íntima confesión, no dudó en atraerlo a su cuerpo para darle un beso.
Un beso que terminaba de reafirmar, todo el cariño que había entre ellos.
****
NOTA LARGA:
¡Hola mis todobakulovers! Espero que estén teniendo una linda noche (son la una de la mañana, de nuevo). Aquí les traigo un capítulo que es sumamente especial para mí, porque da paso a algo crucial en el fanfic. Me encanta, je.
Modifiqué la portada, ¿les gusta? Igual los banners. Digamos que es para marcar el inicio de una nueva etapa de la historia, ahora que ya llegamos al capítulo 20, je. Y esos dos sí que se tardaron en darse cuenta de sus sentimientos, digo, porque cuando inició la historia esos dos ya habían tenido sus encuentro furtivos y ni así se daban cuenta :/ (mal ahí).
Con respecto a lo que dije en unas notas anteriores, acerca de finalizar el fanfic en unos 6 o 7 capítulos... Déjenme decirles que creo que se va a extender más xD. En hora buena, porque todavía faltan algunas cositas por añadir. Con suerte y termina en el 30, o por ahí, jiji.
Por cierto, publiqué otro fanfic TodoBaku. Se titula "Ya'aburnee", y pueden encontrarlo en mi perfil <3
Les dejo un poquito de info:
Es todo, no olviden votar, comentar y seguirme. Los quiero mucho, y nos leemos mañana o después. ¡Besitos! ♡♡
Pd: Creo que a partir de aquí ya no habrán muchas notitas, porque luego nadie me responde y se siente gachito :b.
Pd2: Errores se corrigen después.
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