
capitulo 32
Con el tiempo Gabriel aprendió a vivir con su soledad, dejó de buscar compañías vacías y dedicó su vida al trabajo volviéndose su única obsesión, incluso llegó a dormir durante días en su oficina, hizo instalar allí en una sala de juntas que casi no se usaba una especie de gimnasio para ejercitarse cuando el estrés fuera intenso y así no descargar tanto su amargura con sus empleados, tomaba después una ducha se cambiaba con ropa que guardaba en una otra oficina donde dormía en un sofá cama.
—Estoy verdaderamente preocupada por ti. —dijo Inés sentada frente a su hijo en una visita a la empresa.
—¿Por qué, mamá? —preguntó sin mucho entusiasmo por la conversación.
—¿Te parece poco? Ya no sales de esta oficina, no vas a tu casa desde hace días, no vienes a vernos a tu padre y a mí, si no vengo hasta aquí, no sé nada de ti porque no respondes el teléfono. Sé más de tu vida por tu secretaria que por ti mismo. ¿Quieres otra razón?
—Exageras, mamá. Es solo que hay mucho trabajo en estos días, nuevos proyectos... Eso es todo.
—Gabriel, entre tu padre y tú siempre han llevado los negocios perfectamente sin necesidad de llegar a estos extremos. Creo que ya es hora de que busques ayuda profesional.
Gabriel miró a su madre con recelo poniéndole atención por fin a lo que su madre decía.
—No me mires así, hijo, te convertiste en un obsesionado por el trabajo, abandonaste a tu familia, tu propia vida por estar trabajando sin parar porque no puedes superar lo que pasó con Elena.
La mirada de Gabriel se volvió dura, en ella se podía ver el sufrimiento renacer con el recuerdo que afloró su madre con el comentario.
—¿Por qué tienes que hablar de eso ahora?
—¡Porque soy tu madre! Tengo el deber de sacarte de ese estado, han pasado muchos meses desde que Elena se fue y tú vas de mal en peor.
Gabriel dolido no tuvo más remedio que escuchar a su madre.
—Cuando María Teresa te puso los cuernos te deprimiste, sí. Pero saliste adelante, seguiste con tu vida, ahora debes hacer lo mismo.
—No hay comparación —dijo cabizbajo abriendo su alma a su madre—. María Teresa no era nada en comparación con Elena, ella era mi esposa, la mujer que realmente amé, la que me quedó clavada en el alma y a quien más daño le hice, la destruí cruelmente, me portee con ella como un animal, ¿cómo quieres que lo supere, que siga con la vida con esta culpa y este dolor que me hunde? Fui el peor de los hombres con la mujer más maravillosa que puede haber en el mundo, la más dulce de todas —concluyó con dolor mezclado con furia.
Inés no sabía cómo consolar a su hijo, por un momento deseó sentarlo en sus rodillas y acunarlo hasta que el dolor se fuera, pero eso no era posible, ese sufrimiento se lo buscó él mismo y él solo debía buscar la cura. Como madre debía aconsejarle qué camino tomar, pero era su decisión lo que haría a partir de ese momento.
—Te entiendo, hijo, tienes tus razones para estar en ese estado, pero este autocastigo debe parar, no vas a llegar a ningún lado sí sigues así, el tiempo no va a devolverse para que tú rectifiques tus errores. Pero puedes mejorar tu futuro.
—¿Cómo?... ¿Cómo me quito esto del alma sí casi siento que me odio a mí mismo? Estando aquí trabajando evito pensar en lo que hice.
—Escapar no es la solución, Gabriel, convertirte en un dictador con los empleados no te da ningún alivio para lo que sientes, dejar de alimentarte bien y trabajar hasta el agotamiento no es lo que te va a hacer avanzar, hijo mío.
Inés trataba de hacer todo lo posible por mantenerse dura ante su hijo, tenía el corazón desgarrado al verlo más frágil que nunca, pero debía mantener su posición para que él se sintiera cómodo confesándole sus sentimientos
—¿O tú crees que sí?
—No. No creo que sea la solución —dijo casi en un susurro.
—Entonces ven conmigo.
—¿A dónde? —preguntó sorprendido e intrigado.
—A tu casa —comentó como si fuera obvia la respuesta—, ¡me ocuparé de que te bañes en tu baño y duermas en tu cama, así tenga que bañarte yo misma y contarte un cuento para que te duermas!
Gabriel cambió la expresión de su rostro, realmente veía a su madre en ese momento como si fuera un ángel, no sabía cuánta falta le hacía que cuidaran de él, que se preocuparan y por un momento quitarle el peso de tomar todas las decisiones. Por esa vez, por esa sola vez dejaría que su madre lo guiara. Descansaría.
—Pero me baño yo solo... ¿Ok? —indicó con una sonrisa retorcida—, ¡ya soy grandecito para que tú me bañes!
—¡Pues no lo pareces! —bromeó Inés al levantarse de la silla y tomar a su hijo de la mano para llevarlo a su casa.
Esa noche Gabriel comió una cena caliente preparada por Inés, y se dio un baño como lo había prometido. Inés complacida decidió varias horas más tarde que debía dejar solo a su hijo para que descansara, sabía que ya había cumplido con la necesidad de sacarlo de aquella fría oficina, lo que vendría luego era una decisión que le correspondería tomar a él solo.
—Ya me voy, Gabriel —dijo Inés al entregarle una humeante taza de infusión de camomila a su hijo.
—Gracias, mamá.
—No hay nada que agradecer, solo quiero tu bien hijo.
—Lo sé.
Gabriel tomó a su madre de una mano sintiendo como ella le transmitía todo su amor fortaleciéndolo.
Tras acompañarla hasta la puerta del apartamento y de escuchar las últimas recomendaciones de que se tomara unos días libres, un cansancio extremo se apoderó de él, sentía los miembros pesados, la mente embotada y una necesidad imperativa de dormir, fue directo a su cama reconociendo que tanto trabajo ininterrumpido lo habían agotado. Lamentablemente para él, ese agotamiento no era suficiente para sacar a Elena de su mente, pasó por una habitación vacía que quizá hubiera sido el cuarto del bebé que no llegó a nacer, imaginó allí una cuna, una silla mecedora, una joven madre de ojos muy azules amamantando a su hijo... Todos esos pensamientos lo llenaron de nuevo de nostalgia, el dolor en el alma olvidado por el exceso de trabajo volvió magnificado recordándole lo que perdió por culpa de su propia estupidez y su debilidad por las bajas pasiones. Quizá su madre tendría razón, él no podría salir del hueco emocional donde estaba por sí solo, no tenía herramientas para superar el pasado, debía buscar ayuda y tratar de seguir adelante, debía tomar de nuevo el control de su vida, aunque eso significara aceptar que Elena se fue para siempre de su vida.
Más de un año y medio había pasado Elena en Londres, la primavera se asomaba perfumando el ambiente y llenándolo de colores, el tiempo la había ayudado a superar el pasado, se había establecido muy bien, se sentía contenta de su vida tal cual, y como estaba en ese momento, tenía amigos, un trabajo que dominaba a la perfección y que le había proporcionado experiencias de aprendizaje muy útiles para ella. En esa época el clima era maravilloso, el aire primaveral lo llenaba todo a su alrededor, en las calles se veían como el ánimo de las personas se volvía ligero y alegre, pero la más alegre Elena que disfrutaba una visita de su padre que hacía meses que no veía.
—Ele, te veo tan bien... —dijo cariñosamente Iván mientras tomaba un aromático y tradicional té en la sala del apartamento que ocupaba su hija.
—Así me siento, papá.
—Se ve que estás aprovechando el tiempo aquí, ya no te veo triste por lo que pasó.
—Me siento en paz. Ya se fue todo ese dolor que sentía cuando salí de Miami, ya hace casi dos años de eso.
—Te mandan muchos saludos y cariños Inés y Alberto —comentó el padre cambiando el tema.
—Gracias, ¿cómo están ellos? Tienen meses que ni me llaman...
—Ellos están muy bien, Inés siempre tan atenta y Alberto trabajando como siempre, me lo dijeron. No te llaman tanto como antes porque piensan que pueden molestarse al hacerlo.
—¡Para nada! Yo los quiero mucho, sé que estuvieron un tiempo alejados hasta de ti después de que me viniera para acá, pero igual quiero mantener el contacto con ellos. En estos días los llamaré para saludar —agregó convencida de que era lo correcto.
—Harías bien, hija. Ellos no tuvieron nada que ver con lo que hizo su hijo. Si nos alejamos por un tiempo fue porque era lo mejor, el proceso de tu divorcio fue muy difícil para todos, por esa época solo tratamos cosas de negocios hasta que nos dimos cuenta de que no valía la pena sacrificar la amistad y los buenos negocios por el error de su hijo.
Elena se quedó en silencio por unos segundos, era inevitable que su mente no se llenara de intrigas y preguntas no formuladas, quería saber, pero no estaba segura de que su padre entendiera correctamente su intención. Decidió cambiar el tema y dejar sus pensamientos a un lado.
—¿Y por qué no vino Mariana, está enferma? —preguntó preocupada por la novia de su padre.
—No, ella está muy bien...
Elena sabía que su padre no le había dicho todo y quedo esperando unos segundos a que se decidiera a contarle la otra parte que faltaba de la respuesta.
—¿Pasa algo papá?
—Nada, hija... Nada grave.
—Bueno, me imagino entonces que no vino porque estaría ocupada en algunas otras cosas —se adelantó a decir pensando que lo mejor era no entrometerse en la vida de pareja de su padre—. Así que por esta noche me voy a acostar, el día ha sido largo y...
Iván cogió a su hija de una mano impidiendo que terminara de levantarse, ella al comprender se detuvo sentándose de nuevo.
—Espera un momento más, Elena, quiero hablar contigo de algo muy serio.
—¿Qué pasa, papá? Me asustas.
El semblante de Elena cambió, temió que su padre le diera alguna noticia trágica o algo por el estilo.
—No te asustes hija. Es solamente que quise venir hasta Londres para hablar contigo personalmente sobre unos planes que tengo que cambiaran mi vida y en consecuencia la tuya, si es que puedo contar contigo.
—Claro que puedes contar conmigo para lo que sea, papá, lo sabes.
—Primero que todo, quiero que sepas que me he dado cuenta de que este tiempo aquí te dio la experiencia que necesitabas, has crecido mucho como persona y como profesional. Sé que sabrás representarme muy bien y cuidarás de nuestros intereses...
—¿De qué hablas? -preguntó capciosa.
Elena sospechaba lo que su padre diría, pero no sabía si de verdad estaba preparada para eso.
—Quiero retirarme por un tiempo. Después de fundir definitivamente nuestras empresas al consorcio de los Mendoza he trabajado mucho haciendo que todo funcione como se debe. Me siento cansado, son muchos los años que llevo trabajando incansablemente para crear y hacer crecer lo que tengo pensando más que nada en ti, en hacerte el camino más fácil de lo que fue para mí. Quiero vivir de nuevo, quiero pensar en dejar de lado las responsabilidades de trabajo para vivir la energía que me queda disfrutando de lo que tengo.
—Pero si tú no estás viejo, ¿por qué hablas así?
—Le pedí matrimonio a Mariana. Y ella aceptó.
Elena no pudo reprimir la emoción, se sintió aliviada al saber que el motivo del retiro momentáneo de su padre se debiera a su matrimonio y no a una enfermedad ni nada parecido, era una noticia excelente, feliz abrazó a su padre y lo besó efusivamente.
—¡Papá, qué alegría!
—Por eso Mariana no vino conmigo —dijo como sí se hubiera quitado un gran peso de encima—. Está como loca organizando la boda, planeando cosas, flores, salón... La boda será en seis meses —añadió mirando a su hija a los ojos haciéndole comprender en donde encajaba ella en la historia.
Dentro de la euforia Elena comprendió lo que su padre había ido a decirle, la sola idea le golpeó fuertemente en la consciencia, todo quedó claro para los dos.
—Me estás pidiendo que vuelva.
—Solo si tú quieres hacerlo. En caso de que lo hagas, volverás con mi cargo en la empresa, serás vicepresidente con la mayoría de las acciones del consorcio después de los Mendoza. Me suplirías en todo como siempre supimos que pasaría algún día. ¿Estás preparada para eso?
Elena sintió como una fuerza interna se apoderó de ella, sabía muy bien a que enfrentaría y deseó que llegara pronto ese día.
—Por supuesto que sí. Tengo toda mi vida esperando este día. ¿Quiénes están en la junta directiva en este momento? —preguntó con la esperanza de que Alberto siguiera en la presidencia, así tendría menos contacto con su exesposo, no estaba al tanto de los detalles de lo que pasaba en las nuevas fusiones y sociedades.
—Sé lo que quieres saber. No te voy a mentir, Gabriel está en la presidencia, desde hace unos meses que Alberto lo nombró su sucesor.
—No me habías contado.
—Tú no habías preguntado por él. Eso te preocupa, ¿cambiarás de opinión?
—No —se apresuró a contestar— yo voy a tomar tu lugar. Es solo que lo último que supe de él fue cuando salió en divorcio. Luego no quise preguntar. ¿Cómo esta él?
—Ahora está bien. Pasó por momentos muy duros. El primer año tras tu salida del país fue muy difícil para él.
—Cuentéame por favor, papá.
Elena necesitaba saber por fin algo de Gabriel, en ese momento tenía la excusa perfecta para averiguar si ya estaba con otra mujer, si la había olvidado. Iván le contó todo lo que había pasado, le contó de su problema con la ley, de su decaimiento emocional y de cómo logró superarlo todo convirtiéndose en un hombre más duro, más frío y entregado al trabajo de lo que había sido en toda su vida. Para Elena fue difícil creer lo que su padre le contaba, durante todo el tiempo ella pensó que su exesposo sencillamente siguió con su vida tal cual estaba antes de conocerla a ella, pensó que su vida era tan fácil y vacía como antes, jamás se imaginó que lo sucedido lo había marcado tanto, que lo había hecho tambalear y casi caer. Saber lo que hizo a María Teresa, que estuvo en prisión, aunque fuera por unas horas... Todo por ella, porque se había ido...
—Sabes que puedes contar conmigo —comentó más convencida que nunca de volver— solo dame tiempo para arreglar todo aquí.
—Nunca dudé de tu respuesta, hija. Gracias.
—Solo quiero saber una cosa más.
—¿Qué?
—Gabriel ¿Ha preguntado por mí?
—Sí. Lo ha hecho.
Iván no quiso dar explicaciones sobre el tema y Elena no sintió fuerzas para seguir preguntando, Iván prefirió levantarse e irse a descansar antes de verse en la obligación de decirle a su hija que Gabriel si preguntó por ella, pero solo un par de veces y que hacía meses ya que no lo hacía, no quería decepcionarla porque a pesar de la indiferencia que ella demostraba, su padre sabía muy bien que el tema le importaba y le importaba mucho, lo vio en sus ojos con la sola mención del nombre de su ex esposo dándole la seguridad de que todavía tenía sentimientos por él, aunque saliera con otros hombres como ella misma le había contado era más que evidente que ninguno supo despertar en ella ni la mitad de sensaciones que el simple recuerdo de Gabriel.
Iván pasó varios días más en Londres, junto a su hija supervisó todo lo relacionado a su partida en relación con las empresas, decidieron a quién le darían la responsabilidad de su cargo y le dieron juntos la noticia a Doil quien no se tomó con mucha alegría la partida de Elena a quien le había tomado mucho cariño. A medida que esta nueva etapa de su vida se concretaba Elena se sentía cada vez más inquieta, volvería en tres meses a Miami, volvería a ver a Gabriel, trabajarían de nuevo juntos, —todo será como al principio—, pensaba una y otra vez.
—¡Este es hermoso! —dijo Elena a su padre mientras le mostraba una pieza de lencería femenina que pretendía comprar para la novia de Iván—, voy a compararlo de regalo para Mariana.
—Elena, hija —añadió Iván sonrojado por la vergüenza—, no creo que sea correcto que compres lencería a la que será mi esposa...
—Papá, déjate de esas cosas, pareces un viejo anticuado, no tiene nada de malo. ¡Y quita esa cara, lo hago con gusto! ¡Es más, voy a escoger para ella un ajuar completo! —afirmó sonriente y emocionada.
—Gracias, hija, gracias por quererla tanto. Ella también te quiere mucho.
—Eso lo sé. ¡Ahora déjate de tonterías, busca dónde sentarte, o mejor ve a tomar algo por el centro comercial porque pienso tardar un buen rato!
—Eres incorregible, Elena —dijo Iván fingiendo fastidio—. ¡Pero sí, prefiero sentarme lo más lejos posible!
Entre lo que Elena escogió para su futura madrastra también escogió conjuntos muy atrevidos y sexys para ella misma —¿por qué no? —, pensó, —¿quién dijo que no se puede? —, se afirmó a si misma pensando en unos ojos verdes que nunca pudo olvidar volviendo a sentir un cosquilleo en sus entrañas que no sentía desde hace casi dos años.
Ya para la tarde y con muchas bolsas de compras en las manos, padre e hija se sentaron a comer en un restaurante del centro comercial del que no habían salido en todo el día ni si quiera por la insistencia de su padre.
—¡Me encanta venir aquí! —señaló Elena haciendo referencia al restaurante.
—Es excelente, la comida está muy buena de verdad.
—Y espera los postres, son deliciosos.
—Bueno, Ele, ahora que ya todo está decidido, apenas llegue a Miami voy a anunciar mi retiro —anunció Iván entre bocados.
—¿Puedo pedirte algo, papá?
—Lo que tú quieras, hija.
—No digas a nadie que soy yo quien va a sustituirte.
Iván miro a su hija extrañado.
—¿Por qué? Es lo más lógico, todos saben que eres mi única heredera. Lo darán por sentado.
—No importa. Que piensen lo que quieran, pero no le digas a nadie de mi regreso. ¿Está bien?
—No le veo el motivo, pero si tú lo prefieres se hará así. Igual estaré contigo en el consorcio un mes más, como sabes las cosas cambiaron desde que te fuiste, quiero estar seguro de dejarte bien formada de lo que será nuevo para ti después de ese mes en que tú deberás agarrar el ritmo, me retiraré definitivamente para dedicarme a —colaborar— aunque no sé nada del tema, con el asunto de la boda.
—Gracias, papá, así será perfecto, ¡aunque de verdad creó que no le serás muy útil a Mariana!
—¡Lo sé, linda, pero quiero participar de todo, aunque no entienda nada de lo que Mariana hará! —luego más serio dijo—; Quiero que sepas que sé perfectamente por qué y por quién no quieres que se sepa lo de tu regreso, no te preocupes por nada. Guardaré tu secreto.
—Es solo que no quiero poner a nadie sobre aviso. No sé cómo lo pueden tomar.
—Hija, ni Gabriel ni nadie tienen nada que opinar acerca de esto. tras tu partida la relación entre Gabriel y yo tuvo momentos muy tensos que logramos superar por el bien de las empresas que tanto trabajo nos costó levantar a mí y a Alberto, la sociedad entre los dos estuvo a punto de romperse por las discusiones que tuvimos, pero logramos seguir adelante, nadie va a poner en tela de juicio mis decisiones, no te preocupes por eso.
Elena se tomó unos segundos pensando en esos momentos tan tensos a los que su padre hacía referencia, no imaginaba que nada de eso hubiera ocurrido, se prometió a sí misma profundizar en el tema más adelante, en un mejor momento.
—Está bien. Pero hay algo más.
—¿Qué?
—Quiero pedirte otra cosa.
—Lo que sea.
—Quiero un apartamento para vivir sola.
—Cómo, ¿no vienes a casa? ¡Cómo antes!
—No. Me encantaría, pero es mejor que no. Ya me acostumbré a vivir sola, además, tú y Mariana deben comenzar solos su vida de casados.
Iván suspiró profundamente reconociendo la verdad en las palabras de su hija.
—No me encanta la idea, pero quizás tienes razón, no por mí ni por Mariana, por ti. Si es lo que quieres, lo tendrás, apenas llegue me pondré en contacto con un agente inmobiliario, escogerás tú misma entre las opciones que me presenten. ¿Estás de acuerdo?
—Claro que sí. Gracias por comprenderme —dijo sonriendo con ternura— hay veces como está en las que me haces sentir como cuando era una niña y cuidabas de mí en todo.
—Siempre serás mi niña.
Ya en Miami Iván se apresuró en convocar una reunión de accionistas del consorcio, nadie sabía aún de su próxima boda ni menos de su retiro temporal del mundo de los negocios. Esperando por su llegada se encontraban los altos ejecutivos, ente ellos Gabriel con su semblante serio y distante. En total eran doce personas en la sala, la sala de juntas que usaban para esas reuniones era amplia e iluminada, sobre la mesa habían carpetas en frente a cada silla en donde se sentarían los ejecutivos, en las carpetas había con detalle memoria y cuenta de la gestión de Iván durante el periodo que ejerció como vicepresidente de del consorcio, además, allí explicaba con una carta escrita por él mismo los motivos de su retiro y los proyectos a futuro que a pesar de su ausencia esperaba que se llevaran adelante contando con que su representante los encaminaría como lo hubiera hecho él mismo. Todo en perfecto orden y dispuesto por la que hasta ese momento era su secretaria de siempre y a los ojos de los demás su pareja Mariana quien se encargó personalmente de cada detalle con la emoción de saber que después de eso solo debía preocuparse de su boda y de la vida que comenzaría junto a Iván Rivera como su nueva esposa.
—¡Muy buenos días! —saludo Iván al entrar en el recinto feliz de que llegara ese momento.
—Buenos días... —contestaron los presentes al unísono.
—Disculpen la tardanza.
Iván fue directo a su asiento y esperó a que aquellos que aún permanecían de pie hicieran lo propio para poder comenzar.
Sin rodeos inició la reunión exponiendo los motivos por los cuales había hecho el llamado, nadie había tocado aún las carpetas que tenían frente a ellos sabían que se haría un anunció importante mas no sospechaban de que se trataba.
—Sin más rodeos —dijo Iván—. Deben saber que después de mucho pensar y reflexionar sobre mi vida en el aspecto personal y también en el aspecto laboral he llegado a un punto donde debo tomar algunas decisiones que cambiarán mi panorama en ambos aspectos.
Iván se tomó un segundo para evaluar la reacción de las personas a su alrededor, por la expresión de sus rostros parecía que al menos la mayoría ya estaban sospechando lo que seguiría a continuación.
—Llegué entonces a la conclusión de que es el momento preciso para darle un giro de ciento ochenta grados a mi vida. Me complace anunciarles mi próximo enlace matrimonial con la señorita Mariana González a quien ustedes ya conocen.
Todos los presentes acogieron la noticia con agrado, incluso hubo breves aplausos y felicitaciones, Gabriel quien escuchó todo con atención sonrió ampliamente y se unió a las voces que auguraban sus buenos deseos conscientes de la frialdad que Iván aún tenía cuando lo trataba.
—¡Muchas felicidades! —decían—, ¡ya era hora Iván!
—Muchas gracias a todos... Sé que son sinceros, pero por favor déjenme terminar.
El silencio reinó de nuevo pero la alegría se sentía en el aire, solo cuando Iván siguió con su discurso el ambiente se tornó de nuevo en cien por cien laboral con la seriedad que esto ameritaba.
—Lo que quiero anunciar ahora es mi renuncia a la vicepresidencia.
Hubo caras de sorpresa, hubo otras de preocupación, todos sabían que Iván era una pieza clave para el buen funcionamiento de las empresas, desde que entrara a formar parte fusionando sus empresas en el consorcio, todo había ido de excelente a maravilloso con sus ideas nuevas y su visión de futuro incluso a pesar de sus diferencias con Gabriel quien sintió la imperativa necesidad de preguntar.
—Disculpa, Iván, pero ¿qué tiene que ver tu próxima boda con el hecho de que renuncies?
—Gabriel, así como lo hizo tu padre hace un año, a mí me llegó el momento de ocuparme de mi vida personal a tiempo completo. No es por casarme que renuncio, es porque todos saben que a mis casi sesenta años tengo más de la mitad de mi vida trabajando y llegó la hora de disfrutar de mis logros en compañía de la mujer que aceptó estar conmigo en mi próxima vejez. Eso no quiere decir que voy a dejar mi puesto vacío —dijo con más fuerzas—. En mi condición de accionista y como dice en los estatutos de este consorcio, estoy en poder de dejar a alguien de mi preferencia en mi puesto por un periodo de prueba, pasado este periodo se reunirá de nuevo esta junta y decidirán si la persona que yo deje a cargo está realmente a la altura de sus expectativas, de no ser así quedará bajo la responsabilidad de esta junta nombrar a un nuevo vicepresidente.
—¿Quién es tu elegido? —preguntó una mujer de mediana edad.
—Lo sabrán a su debido tiempo —respondió Iván ignorando la cara de Gabriel que comenzaba a ponerse suspicaz—. Solo confíen en mí, es una persona de mi entera confianza, sé que pasara el periodo de prueba sin problemas. Frente a ustedes hay un resumen de mi gestión y una carta en la que explico mis motivos.
—Si no hay más, quisiera que levanten la mano los que están de acuerdo con todo lo que aquí se ha dicho el día de hoy —dijo Gabriel presidiendo la junta.
Todos levantaron una mano en señal de aprobación aceptando con ello la renuncia de Iván al cargo y sus términos y condiciones expuestas.
Al terminar con el protocolo volvió el ambiente de celebración, se acercaron a Iván haciéndole preguntas, felicitándolo con estrechones de manos y abrazos, preguntaban cuando sería el gran evento. Solo Gabriel se permitió unos minutos más para pensar, dentro de él comenzó a crecer la incertidumbre y la ansiedad de pensar en ese sucesor, sabía que al igual que él, Elena se había preparado durante toda su vida para tomar el puesto de su padre, pero ¿sería capaz de volver? ¿Sería capaz de aceptar el cargo sabiendo que estaría junto a él de nuevo? —No—, pensó, ella no volverá, estaba seguro de eso. Todas esas interrogantes se apoderaron de su mente inundándolo de un emoción embriagadora ideando las posibles respuestas, era como sí la sola posibilidad de que Elena volviera le trajera la vitalidad perdida, tanto para la paz como para la guerra Gabriel estaría preparados, conocía muy bien a Elena y sabía que ella podría llegar dispuesta a cualquiera de los dos escenarios, en su rostro se dibujó una sonrisa retorcida y en sus ojos apareció un peligroso brillo verde esmeralda que le devolvió el aspecto de pirata perdido en la tristeza de los dos últimos años.
Elena aprovechaba el tiempo al máximo, en la oficina se esforzaba en hacer todo el trabajo de tener cada cosa a punto para a su partida. Todavía faltaba un mes para volver a Miami, pero tenía deseos de entregar el cargo cuanto antes, había conversado mucho con Frank, confiaba en él y se apoyó en sus consejos para terminar con los asuntos laborales en el tiempo que ella había previsto.
—Creo que haces bien en regresar. Tu padre esperó siempre por este momento.
—Yo también, Frank. Me preparé mucho para que él se sintiera cómodo al dejarme todo el trabajo de su vida en mis manos.
—Recuerdo cuando tu madre murió... Iván se entregó a cuidarte y a trabajar sin descanso. Ahora por fin va a disfrutar de todo lo que logró en estos años —dijo con admiración.
—Sí, yo estoy muy feliz por él, Mariana es una buena mujer y lo ama. Él siempre me lo decía Frank, «Elena, debes prepararte para el futuro, eres mi única hija y deberás ponerte al frente algún día» —comentó imitando la gravedad de la voz de su padre.
—Y ese día ya llegó, linda.
—¡Y espero estar a la altura!
—Lo harás, cariño, tienes todo lo necesario —aseguró Frank con orgullo— solo que nos harás mucha falta por aquí, y a algunos más que a otros.
Elena comprendió de inmediato la indirecta de Frank Doil, se refería a William, su más ferviente admirador, el joven había estado cortejando a Elena prácticamente desde su llegada, pero solo consiguió algo de atención muchos meses después cuando por fin Elena aceptó salir con él como amigos a pesar de su claro empeño en conquistarla.
—Comprendo a quien te refieres, Frank... ¡Pero aprenderá a vivir sin mí! —bromeó.
—¿Vendrás a cenar esta noche a casa? Mery va a preparar estofado! —anunció guiñándole un ojo con picardía.
—¡No me lo perdería por nada!
Se volvió costumbre cada viernes la cena en familia en casa de los Doil, compartían en familia haciéndole sentir ese calor de hogar que Elena tanto extrañaba, le iban a hacer falta las picaras miradas entre los esposos Doil, las travesuras de las adolescentes que le pedían consejos haciéndola sentir como una hermana mayor, durante dos años fueron su familia y se prometió silenciosamente mantener el contacto con ellos y, ¿por qué no? Venir a verlos más adelante.
—¿Y ya tienes todo listo, querida? —preguntó Mery en un momento de confidencias de mujeres luego la cena.
—Sí... —dijo Elena con duda en el rostro.
—¿Qué te preocupa, niña? Te conozco y sé que algo te perturba.
—Así es. No te lo puedo negar, Mery. Me angustia verlo de nuevo, estar cerca de él. Hace años que no hablamos.
—No debes darle tanta importancia, tú solo has tu trabajo, el hecho de que el buenmozo de tu exesposo sea tu socio y, además, tu superior inmediato no debería perturbarte tanto.
Mery se detuvo en seco al escuchar sus propias palabras, era irónico y sin sentido, sin darse cuenta describía una situación tan difícil de sobrellevar que terminó sintiendo pena por Elena al encontrarse en esa situación.
—Si querías tranquilizarme, Mery Doil, ¡realmente fue muy malo tu intento!
Los ojos de las dos mujeres se encontraron creando una chispa de hilaridad que desencadeno las carcajadas de ambas.
—Te imaginas... —expresó Mery con el rostro colorado y llorando por la risa casi histérica—. ¡Tu exesposo con lo guapo que es, en la oficina de al lado,
Elena no paraba de reír, la risa le estaba sirviendo para desahogar todos los temores que había reprimido desde que supo que volvería.
—¡De verdad que no sé cómo voy a hacer!
—¿Hacer qué? —preguntó Mery un poco más calmada mientras se limpiaba las lágrimas de sus ojos—. Ele, querida, eres una gran profesional, enfócate en eso, lo demás lo llevas en la medida que se te presenten las situaciones.
—¿Y si él ya tiene otra? —inquirió perdida toda hilaridad.
—¿Todavía lo amas verdad?
—Fue el primero y el único...
—¿Cómo? —dijo Mery sorprendida—. Yo pensé que tú y William...
—No, Mery —interrumpió Elena—. Con William no ha pasado nada sólo salimos como amigos, él insiste en algo más, pero yo no me siento tan atraída por él como para siquiera intentarlo.
—Ya es hora de que pases la página. O buscas de nuevo el amor en otro hombre, o vas y peleas por el amor de tu hombre.
Elena miro a Mery dubitativa.
—¿Y si él, ya no siente nada por mí, y si soy yo quien no siente lo mismo cuando lo vea?
—Pues sigues adelante.
Elena se quedó pensativa, difícilmente habría uno mejor que él. Más honesto sin duda, pero nunca más guapo, solo pensar en su cabello casi negro, sus ojos verdes que al mirar intimidaban a cualquiera, su cuerpo fuerte... Hacía mucho que no pensaba en él de esa manera, sintió como si lo tuviera en frente, sintió su magnetismo, el dominio sobre sí mismo, recordó el olor de su piel, podría tener pésimos recuerdos, pero aun con el pasar del tiempo no había dejado de admirarlo profundamente.
Iván había buscado por medio de una agente inmobiliario los mejores apartamentos en venta en la ciudad, entre muchos escogió tres que le parecieron ideales para Elena, le envió por correo toda la información junto con fotos de las propiedades para que ella misma escogiera el que a ella más le gustara. Después de estudiar las posibilidades Elena se decidió por uno que cuando abandonó la ciudad el edificio estaba en construcción. Su apartamento nuevo estaba en un piso alto, prometía una hermosa vista a la playa y eso le encantó, de hecho, fue lo que la hizo decidir por esa opción, después de todo ese tiempo fuera deseaba ver el mar tropical y sentir la brisa tibia en su rostro. De la misma manera compró los muebles y casi todo lo que le hacía falta para equipar su nuevo hogar, para cuando llegara tuviera poco más que hacer que decorar con detalles personales.
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