
Capítulo 49. Visión de Vampiro
Con profunda fascinación, Cesil admiraba las bellas y placenteras escenas de los amantes en el castillo. Sabía que debía estar atenta, pero no podía evitarlo.
Después de un rato, decidió hacer el esfuerzo por dejar de mirarlos y realmente ponerse seria para verificar que no hubiera algún peligro. Pero en cuanto alejó el ojo de su mente de las orgías de la fiesta, volvió a sentir todo el miedo que le producía estar tan cerca del castillo. Casi por suerte había logrado escapar de allí, y ahora estaba por propia voluntad muy cerca de ese maldito lugar.
Volvió a temblar de miedo, pensando en todo lo que el rey le haría si la encontraba.
Cerró los ojos para concentrarse y obligar al ojo de su mente que traspasara el velo del tiempo buscando eventos específicos en el futuro, como había aprendido a hacer luego de esa epifanía en la casa de Dalia y Tom. Pero como nunca antes, se le estaba haciendo difícil ver algo concreto, como si el destino estuviera sujeto a tantas variables, que cambiaba sin parar.
Entonces sintió la felicidad de Helena al encontrar a Denisse en medio de la fiesta y no pudo evitar observar. Las vio juntarse en un cuarto y conversar, y para su placer vio a Denisse besar con ganas a Helena y tocarla hasta hacerla terminar en el clímax más estimulante que Cesil había presenciado jamás.
Pero entonces ocurrió algo que Cesil no había experimentado antes. La perspectiva de su visión parecía estar desde dentro de Helena y sintió una sed que le carcomía la garganta. Miró frente a ella el cuello sedoso y palpitante de Denisse, lleno de ese líquido que deseaba y sin poder resistirse a la sed, le hincó los colmillos, recibiendo grandiosos espasmos de un placer, que eran una mezcla entre el placer de Helena, el de Denisse y el suyo propio.
Pero, como si una poderosa voluntad la hubiera golpeado, su ojo de la mente dejó de mirar lo que las mujeres hacían.
Confundida por no entender lo que había ocurrido, respiró para tranquilizarse un buen rato. Eso había sido increíble, pero también demasiado extraño incluso para ella.
Luego de unos momentos, volvió a concentrarse para mirar lo que la cazadora y la vampiro estaban haciendo. Pero en lugar de verlas en el cuarto, vio algo que seguramente pertenecía al futuro.
No lo veía claramente, como si mirara a través de esa neblina espesa que ya conocía, pero logró interpretar lo que ocurriría, al ver que Helena lloraba al lado del cuerpo destrozado de Denisse, y se culpaba por haber entrado al castillo y que su amada se hubiera tenido que sacrificar para salvarla, como si hubiera sabido de antemano lo que Denisse iba a hacer.
—¡Algo malo va a ocurrir...! —comunicó a Helena, con la voz apretada por el impacto de ver la imagen de Denisse despedazada en el suelo, junto a miles de pequeños cristales de colores—. ¡Denisse, está planeando morir por tí! —alcanzó a decir pues la profundidad de la tristeza de Helena traspasó las fronteras del tiempo y el espacio dejando sin aliento a la chica del extraño cabello azul, que no logró explicar con más detalle lo que había visto.
Sofocada por el dolor que le producía en ella misma el sufrimiento de Helena, no se dio cuenta de lo que ocurría a su alrededor hasta que fue demasiado tarde.
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