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Capítulo 4. Enemigas Naturales

Desperté con un hilo de saliva cayéndome por la comisura del labio, algo nada glamoroso que esperaba la cazadora no hubiera visto, y me limpié dándome cuenta de que ella ya no estaba en la cama. Me giré asustada, buscándola. La encontré del otro lado de la cabaña, acostada sobre una frazada usando un lindo vestido negro, con su pierna herida destapada.

Rápidamente, con un poco de desesperación, me revisé buscando que no me faltara nada. Respiré hondo con alivio. La cazadora no me había matado ni cortado nada mientras dormía, eso ya era un paso. Generalmente estoy más atenta y despierto con facilidad ante cualquier amenaza. ¡Y sin duda la cazadora era una amenaza hasta dormida!, pero supuse que mi cuerpo ya no aguantó más sin dormir.

Lo bueno, era que ya sabía que podía, al menos, dormir con ella cerca, aunque hacía mucho que ya no era tan inocente como para siquiera soñar que pudiera confiar del todo en alguien.

Ese día completo de buen dormir, me había dejado casi en perfectas condiciones, y me estiré haciendo sonar algunos huesos con satisfacción.

Había olor a carne cocinada y faltaba uno de los conejos, así que supuse que entendió que los había dejado para ella. Todavía me ponía al tanto de lo que habría pasado mientras dormía cuando sonó una alarma cerca de ella y despertó.

—Buenas noches, Yessi. ¿Cómo te sientes? —pregunté de pie apoyada en la cama con los brazos cruzados, dedicándole una media sonrisa, con aires de genialidad.

—Buenas noches... —su rostro hizo un sutil cambio de molestia a una sonrisa amable que levantó algunas alarmas en mi mente—. Disculpa, no me he presentado adecuadamente —sonó sincera, pero yo ya estaba alerta—, mi nombre es Denisse y disculpa, creo que no recuerdo el tuyo, anoche me sentía mal y no puse atención.

—Helena —dije sin dejar de sonreír. Esto se iba a poner interesante—. Mucho gusto, Denisse.

—¿Tienes la ropa mojada? —preguntó casi convenciéndome de que estaba preocupada por mí.

—Anoche tuvimos un... encuentro en la ducha —moví las cejas para molestarla, pero ella siguió sonriendo amable.

—Por mi fiebre, ¿cierto? —no esperó mi respuesta y continuó—. Gracias —creo que hasta se sonrojó—. No sé si lo necesitas, pero hay agua caliente por si quieres tomar un baño, y puedes ponerte algo de mi ropa, que hay en ese mueble. Elije lo que quieras.

—¡Oh! qué amable, ojalá yo fuera humana —"y no fuéramos enemigas naturales", pensé—, para disfrutar de una conversación de chicas contigo.

Pero lo cierto era, que aunque para ojos inexpertos la cazadora habría parecido un encanto, para mí, que soy toda una profesional en el rubro de la mentira, y el subterfugio me era tan fácil como respirar, yo que había hecho de los engaños e intrigas mi forma de sobrevivir, sus intentos de engañarme parecían muy infantiles.

—Tu oferta de una ducha caliente y ropa limpia es demasiado tentador para rechazarlo, cazadora.

Sonrió amable haciendo un gesto con la mano ofreciéndome que pasara a bañarme. Le sonreí de vuelta y entré al baño.

Durante la ducha, mi cuerpo se relajó, pero el recuerdo de estar en el mástil a punto de morir al sol se filtró en mi mente como un golpe bajo, y tuve que afirmarme en la pared, temblando. Me agarré la cabeza tratando de calmar esa sensación de terror que venía como olas golpeando mi razón. Hice un esfuerzo por dejar de lado las imágenes de mi piel y mi carne quemándose, de mis ojos reventando en sus cuencas por la presión del calor, y de mi cabello cayendo a montones de mi cabeza sin piel que lo sujetara. Mi cuerpo tiritaba, casi sintiendo de verdad el dolor, como si tuviera un registro anterior a mí de lo que significaba morir al sol, reforzando ese temor en lo que quedaba de mi alma.

Supuse que algo bueno de haber tenido que preocuparme por la cazadora, fue que entretuvo mi mente, disminuyendo casi a cero ese recuerdo, pero lo cierto es que el terror a morir al sol, era uno de los peores miedos que padecemos los vampiros. Es algo intrínseco, tan profundo y poderoso, que jamás he escuchado que algún vampiro pudiera dominar ese terror, incluso los más viejos.

El agua escurría por mi cuerpo y recordé a mi mentor. Recordé su mirada fría cuando entró a mi refugio con cuatro vampiros más y me golpearon hasta inutilizar mi cuerpo. Después de todo lo que había luchado a su lado. Lo odiaba, era un cobarde, mentiroso, y ahora había tratado de deshacerse de mí.

Ya más tranquila después de la ducha, tenía la sensación de haberme sacado una tonelada de peso de encima, y tal vez no estaba tan lejos de la verdad porque estaba bastante sucia, con tantos días de lucha incesante antes de que mi mentor fuera por mí.

Salí del baño desnuda para secarme y sentí la mirada de la cazadora en mí, pero cuando me giré hacia ella, estaba apreciando sus uñas con aparente naturalidad.

—¿Mejor? —preguntó sin mirarme, pero notaba que estaba atenta.

Aunque personalmente me gustaba más la chica dura, jugar así me emocionaba, y deseaba ver hasta qué punto estaría dispuesta a llegar con esa mentirilla torpe.

—Sí —respondí abriendo el mueble con aprensión, siempre esperando que de pronto algo me atacara o una trampa se activara.

Saqué una camisa y unos jeans sencillos y me los coloqué. Había algunos brasieres, que habría sido muy bueno poder usar para que mis niñas no estuvieran moviéndose para todos lados, pero seguro me habrían quedado gigantes, así que preservando algo de mi dignidad femenina, me quedé sin ropa interior por el momento.

Ya vestida, me di la vuelta y afirmada en el austero mueble comencé a hablar.

—Entonces, ya que somos amiguis y no nos hemos matado mientras dormíamos, tenemos que planear cómo mantenernos en este estado por un día más.

—Helena, ¿por qué te siguen? —preguntó haciendo como que le interesaba.

—Quién sabe —respondí con simpleza levantando los hombros. Era la verdad, aunque tenía varias teorías que no iba a compartir con una cazadora—. Simplemente llegaron varios compañeros a mi refugio, me patearon el trasero, y bueno, el resto ya lo conoces. ¿Y a ti?

—La agencia tiene órdenes de matarnos... de matarme —se corrigió y evitó mirarme hasta que volví a hablar.

—¡La agencia de cazadores te sigue para matarte! —reí a carcajadas y seguí hablando entre risas mientras ella hacía un patético intento por ocultar sus gestos de odio—. Te das cuenta del pedazo de ironía. Una cazadora siendo cazada, ¡y por otros cazadores! ¿Qué les hicieron para hacerlos enojar tanto? ¿No mataron suficientes vampiros? ¿Miraron feo a los jefes? ¿No lamieron las botas adecuadas?

—No es de tu incumbencia —habló ocultando su enojo, e intentó ponerse de pie con mucho cuidado, pero no lo logró.

—Apuesto que tu amiguito hizo algo malo y tú trataste de ayudarlo.

—Cállate. ¡No hables de él! —gritó repentinamente, sin ocultar sus reales emociones, luchando por doblar la pierna herida, hinchada y afiebrada.

—¿Qué hizo? Mató a un vampiro que no debía —ya comenzaba a picarme la curiosidad.

No contestó, pero apretó la mandíbula.

—¡Vamos, me muero por saber el chisme! —reí con ironía—. Qué hizo enojar tanto a la sacrosanta agencia exterminadora de abominaciones, para que persiguiera a su mejor cazador... —reí más y me corregí— a la mejor cazadora.

Entonces se movió intentando levantarse, y las vendas se mancharon de rojo cuando la herida en su pierna volvió a sangrar bajo las vendas.

—Mira lo que hiciste —dije en tono de reproche, aún entre risas, apuntando con la mano a su pierna—. Deberías revisarla, porque o te cuidas o vas a un hospital, y por lo que sospecho serías un blanco muy fácil si vas a uno, ¿cierto?

Siguió en silencio, manteniendo todo el cuerpo en tensión. Estaba claro que le dolía la pierna, pero la muy orgullosa iba a hacer todo lo posible para ocultarlo.

—Ok. Seamos maduras —dije levantando las manos y dejé de sonreír, molestarla era muy entretenido, pero por el momento la necesitaba viva, alerta y lo más sana posible por si nos atacaban—. Niña, no ayudé como con el resto de tus heridas, porque esa herida está infectada, ¡Lamerla hubiera sido repugnante hasta de sólo imaginarlo! —me estremecí ante la idea y saqué la lengua con cara de asco—. Necesita atención o se pondrá peor. Tal vez deberíamos poner puntos —agregué pensativa con la mano en la barbilla para parecer más inteligente, pero sin saber cómo se cosía la piel humana.

—Te agradezco que hayas cuidado de mí —dijo tratando de sonreír, volviendo a intentar mantener su charada de chica buena, pero dejando aflorar algo de su orgullosa personalidad real—, pero ya estoy bien, y no necesito que te me acerques.

Entonces, se me ocurrió algo genial.

—¡Ah!, ¡pero puedo echarte un "escupito"!

—¡¿Qué?! —súbitamente volvió en sí y apareció la verdadera cazadora, con una sincera cara de asco y absoluto repudio hacia mí, arrastrándose un poco para alejarse.

—¡Pero claro! Así no tengo que pasarte la lengua y tú te mejoras—agregué con lógica felicitándome mentalmente por mi idea.

No es que me interesara ayudarla mucho, pero si nos atacaban prefería tenerla en perfecto estado.

—Tranquila, sólo tomará un segundo —y agaché un poco la cabeza y segregué saliva en mi mano, lo que realmente la sacó de quicio.

—¡¿Qué haces, bestia inmunda?! ¡Aleja eso de mí! —gritó manoteando y luego con algo de esfuerzo logró ponerse de pie ayudándose de la mesa.

—Mira, ya se abrió la herida de nuevo —dije con fingida molestia, viendo cómo un hilo de sangre corría por su pierna—. Quédate quieta, tomará un segundo —intenté acercarme, pero se alejó.

Me puse de pie frente a ella y se puso en posición de combate, completamente inexpresiva.

—Sabes, no tienes ninguna posibilidad de ganarme en esas condiciones. No importa que tan buena cazadora seas —me paseé delante de ella, del otro lado de la mesa, como un tigre frente a su presa. Era un juego, claro, pero no por ser un juego tenía que ser menos realista—. Yo ya me recuperé completamente y tú estás bastante mal —me lamí los labios, provocándola—. Si creíste que podías engañarme con tu fingida amabilidad y tus sonrisitas, te equivocaste, Denisse.

La cazadora no cambió su expresión, pero la vi apretar la mandíbula como lo hacía cuando la acorralaba.

—Hagamos ésto por las buenas —estiré mi mano limpia hacia ella con amabilidad— o lo haremos de la forma divertida —sonreí con maldad.

En un movimiento rápido y limpio, propio de la calidad de cazadora que era, tomó un cuchillo del mesón del espacio que hacía de cocina en la cabaña.

—¡Aléjate, monstruo! —gritó exasperada.

—Vamos, sólo es un poco de saliva. Te sentirás mejor —dije sonriendo de oreja a oreja con mi más aterradora expresión.

Di un paso a un lado rodeando la mesa y ella avanzó en el otro sentido alejándose. Hicimos el mismo movimiento a la inversa, y luego agarré la mesa que nos separaba y la arrojé lejos.

Me acerqué sin que ella se inmutara hasta el último instante, en el que atacó con el sencillo cuchillo con precisión. Tuve que apresurarme para que no me cortara. Intenté agarrar su mano aprovechando su mala postura al no asestarme, pero fue más rápida y me golpeó la cara con el mango.

Retrocedí. La nena con el cuchillo de cocina estaba haciendo que me esforzara.

—Límpiate eso, o no saldremos de aquí —amenazó haciendo un gesto con la barbilla, mirando mi mano cubierta de saliva.

De pura vergüenza, gruñí sacando los colmillos para intimidarla, pero no movió ni un músculo. Era jodidamente buena, pensé retrocediendo un paso, a punto de desistir de ayudarla de puro miedo, pero entonces me atacó. En un instante estaba con apariencia frágil apoyada en la cocina, y al momento siguiente el cuchillo pasaba con una velocidad y fuerza descomunal, justo delante de mi cuello. Y aunque no me habría podido matar con un cuchillo que no cortaba ni la mantequilla caliente, seguro me habría incapacitado y dejado una buena marca.

Volví a acercarme, ésta vez muy rápido y lancé un gancho a su cara. Me bloqueó, pero logré agarrarle la mano en la que tenía el cuchillo con mi mano libre y se lo hice botar, mientras con el brazo que estaba bloqueándome, me atrapó la mano y me la dobló. Ese movimiento me descolocó y me hubiera llevado la humillación de mi "no vida", si no hubiera sido porque su pierna herida flaqueó y no logró botarme al suelo. Como quedó en mala posición, logré desestabilizarla para tirarla yo al suelo con su brazo tras la espalda, y puse todo mi peso encima. Como el cuchillo estaba cerca, lo empujé dejándolo fuera de su alcance.

Ella seguía luchando mientras le arrancaba las vendas.

—¡¡No me toques!! ¡¡Suéltame, bestia inmunda!! —gritó forcejeando al notar que volvía a segregar saliva en mi mano—. ¡¡Aaah!! —su grito de frustración casi me reventó el tímpano cuando sintió el líquido que le unté en su pierna.

Entonces, por arte de magia, dejó de luchar. "O se rindió o está planeando patearme el trasero en venganza cuando baje la guardia" pensé, liberándola lentamente de mi agarre y mi peso, y me senté a un lado. Se giró tranquilamente con su cabello revuelto sobre su cara, por lo que no podía ver la expresión que tenía.

No pude contener un gemido de miedo, cuando lentamente acercó sus manos a mi cintura. Fue un movimiento tan lento que no pude reaccionar, estaba tan acostumbrada a que todos los ataques son a altísimas velocidades, que su movimiento pausado me sacó completamente de contexto y quedé petrificada. Sé que desfiguré mi rostro por el miedo, porque me dolieron los músculos de la cara.

Rodeó mi cintura con sus manos y me abrazó. "En cualquier momento sacará algún truco y me hará daño", pensaba sin poder reaccionar. Posiblemente de haber tenido latidos, mi corazón habría estado a mil por hora. Pero en lugar de daño, la cazadora restregó su cara en mi estómago como un gato, y lentamente metió las manos debajo de mi camisa y me acarició la piel de la espalda. La expresión de terror de mi cara no cambió excepto que abrí aún más mis ojos de la impresión.

Gimió mientras se incorporaba para seguir tocándome.

—¿Qué te pasa? —le pregunté, haciendo un esfuerzo por reaccionar. No es que no deseara ese tipo de interacción, pero todo era tan extraño y fuera de lugar, que me ponía más nerviosa que lujuriosa.

Siguió acariciándome la espalda y la cintura, y subió su rostro, siempre pegado a mi cuerpo, hasta que llegó a mis pechos. Por encima de la camisa, besó la depresión entre ellos, haciéndome sentir su rostro y el calor de sus exhalaciones. Luego, fue acercando sus labios a uno de mis pezones.

Si esa era su venganza por haberle echado saliva en la pierna, estaba siendo extremadamente cruel... y efectiva.

Besó suavemente mi pezón y se movió de un lado para otro rozando sus labios, hasta que mi cuerpo se rindió reaccionando a su contacto y mis pezones se endurecieron, comenzando a notarse debajo de la ropa.

Atrapó mi pezón con sus labios, por sobre la camisa, y lo apretó con suavidad. "Ah..." escuché mi propio gemido. Una de sus manos bajó a mi trasero, y lo acarició bajando hasta mi muslo. Mientras su otra mano, subió apegada a mi piel, acercándose a mi pecho y rozó con la punta de sus dedos la frontera entre el resto del cuerpo y el busto.

A esas alturas ya me había olvidado de que ella podía dañarme o matarme en cualquier momento, y me había relajado completamente disfrutando del extraño momento de intimidad.

¡Quién lo iba a creer! La poderosa cazadora era una degenerada, aunque la verdad es que no me iba a quejar por algo tan bueno para mí y me dejé llevar por sus lujuriosos toqueteos.

Me empujó suavemente con su cuerpo y me recosté. Aún no podía ver su rostro cubierto por su cabello, aunque, la verdad, no me importaba. Desabrochó los botones de la camisa y descubrió mis pechos. Volvió a capturar uno de mis pezones entre sus labios y lo apretó suavemente. Sus manos tibias recorrieron la piel de mi torso, sacándome algunos suspiros de placer.

Aún con sus labios sobre mi pezón, lo tocó levemente con la punta de su húmeda lengua. Fue nada más que un leve roce, pero sentí que mi cuerpo muerto se estremecía con el tacto de las papilas gustativas de su lengua sobre mi sensible pezón. Alcanzaba a ver cómo lo acariciaba deliciosamente por un espacio entre sus labios, disparando a las nubes mi placer y deseo.

Sentí su mano deslizarse desde el centro de mi pecho, por mi abdomen hasta el borde de mi pantalón, y se detuvo allí como si hubiera un campo de fuerza que le impedía continuar. Me desabroché yo misma el pantalón para que continuara y así lo hizo su mano, que bajó tocándome tan suavemente que casi era una tortura.

Entonces me miró con sus ojos castaños algo aguados y llenos de lujuria... Pero noté algo más, "¡Ah!, ¡demonios, porque tengo que ser tan consciente!", protesté al darme cuenta que la cazadora no estaba completamente lúcida, y en realidad estaba en el mismo extraño estado en el que habíamos caído ambas el día anterior.

Pensé seriamente en seguir aprovechándome, después de todo, era ella quien estaba haciéndome algo a mí, pero mi traviesa consciencia ya no me estaba dejando disfrutar.

—Cazadora —me levanté sacando su mano de mi intimidad, con una protesta silenciosa de parte de ambas—. Oye... —chasqueé los dedos—, oye, Denisse—me alejé un poco y ella me miró parpadeando como si despertara de un sueño y dio un salto que la dejó pegada a la pared lo más lejos de mí, que pudo.

—¿Qué me hiciste? —preguntó confundida y algo agobiada.

—¡Y dale con que yo te hago cosas...! —dije algo molesta por haber tenido que perderme esa sesión de lujuria gratuita, mientras me abrochaba la camisa y el pantalón—. ¡Ahora sí fuiste tú! ¿o me vas a decir que fui yo la que te obligó a besarme los pechos?

La vi ponerse roja rubí, así comprobé que ahora también había estado algo consciente igual que yo el día anterior. Estuvo en silencio mirando el suelo.

—Te dije que te mantuvieras alejada... ese era el trato.

—¡Qué lindo! —dije cruzándome de brazos con fingida indignación—, yo te ayudo y te evito pasar por todo el dolor de la recuperación del montón de heridas que tenías, y en lugar de agradecérmerlo te pones así y me tratas como a un... —no se me ocurrió nada que decir.

Me levanté y me fui a la ventana. Sentí que me miraba fijo, pero no la miré.

—¡Púdrete! —y salí a cazar, sin volver a mirarla.

Sentí el aire frío de la noche en el rostro que me tranquilizó. ¿Por qué me había molestado tanto? realmente no había dicho nada ofensivo... tal vez lo que me molestaba era que no agradeciera mis esfuerzos, ¿pero cuándo algo tan banal me había importado antes...?

Llevaba unos diez minutos fuera, cuando escuché perros a la distancia y el olor inconfundible de la sangre. Eso no podía significar otra cosa que problemas, graves problemas.

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