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Si tocas la amabilidad, la temperatura restante nunca desaparecerá.
La ignorancia de los estudiantes de aquel establecimiento podía verse como una bendición a los ojos de muchos, pero para quienes recibían aquella inexistente interacción de forma directa, era una maldición.
La soledad era algo a lo que debían acostumbrarse y, aun así, les era posible familiarizarse con ella.
Aquella silueta gris lo sabía muy bien, observaba a los descoloridos jóvenes pasar por su lado todos los días. Ya ni sabía el tiempo que había permanecido en aquella zona, pero lo que podía asegurar, era que ni aquellas criaturas pequeñas se daban cuenta de su presencia.
¿Por qué pasaba esto?
El pasar del tiempo era indiferente para esta persona, su apariencia no cambiaba a diferencia de los otros personajes que veía a diario y luego dejaban de venir. Su grisácea mirada sin brillo ni color, se depositaba siempre hacia la salida del recinto, lugar a donde inconscientemente, sabía que nunca llegaría.
A veces algunas personas le llamaban la atención, las seguía y observaba lo que hacían sin que se dieran cuenta. Todo se veía en matices negros y blancos para ella, pero un día aquello fue diferente.
La noche ya había caído en esa escuela, el frio era algo que ella no podía sentir, pero de alguna forma lo hacía. La luna alumbraba los pasillos por medio de las ventanas y las cortinas se movían al compás del viento.
—Oh — Escuchó de repente, cayendo en cuenta de la presencia nueva que había aparecido — ¿Qué haces aquí? —Soltó él, demostrando que la mirada inerte de aquella joven sin colores, no le sorprendía — Que extraño —Soltó en un aire pensativo el chico, llevándose una mano al mentón en consecuencia.
—... —No hubo respuesta, la mirada apagada de aquel ente solo le aburrió.
—Debió haber habido un error —Murmuró acercándose a aquella figura, la cual tenía el cabello largo y caído hacia abajo, pero incluso este carecía de tonalidad.
Aquello era nuevo, pensó él. Las almas que llegaban a su mundo, siempre tenían algún deseo que pedir, incluso si era vago, lo tenían, pero en esta ocasión no había nada.
Incluso los colores de su cuerpo en vida la habían abandonado.
Lástima, sin ningún deseo de su parte, no habría forma de manipular su pedido a su antojo, por ende, aquella cosa le era totalmente inútil.
—Que aburrido —Escupió desilusionado, agarrando de forma brusca el brazo de aquella chica, listo para acabar con su existencia de una vez, pero se detuvo justo a tiempo para notar que sus ojos anteriormente grises, habían cambiado de tonalidad—Tú —Soltó con sorpresa por unos microsegundos, pero una sonrisa de lado apareció al procesar lo que tenía en frente.
O a quién
En cuanto a la implicada, lo que sintió con aquel tacto, no pudo estar más alejado de la realidad, pero...
Se sentía cálido
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