Capítulo uno
Traumatismo craneal
Alyssa poco a poco fue despertando. Sus ojos captaron su alrededor algo borroso, hasta parpadear varias veces y recuperar la visión por completo. Estaba en una habitación vacía, solamente con una cálida chimenea en la esquina del cuarto, la cuál brindaba calor a su adolorido cuerpo. Aún no entendía que estaba pasando exactamente, pero unos pitillos retumbaron por sus tímpanos, atrayendo su atención. Miró sobre su hombro derecho y percató un monitor, con varias líneas moviéndose. Se dio cuenta que también estaba acostada sobre una cama de paciente de hospital.
Intentó mover su pierna, pero sintió un calambre recorrer su cuerpo asustándola un poco. Con dificultad, movió la sábana blanca que la cubría, y notó una venda alrededor de la misma pierna. Su rostro al igual dolía, y sintió raspones sobre su frente y mejillas al tocarlo. El temor comenzó a llegar en ella, cuando de repente una voz masculina se hizo presente, sobresaltándola.
—Has despertado, dormilona —susurró con voz ronca —, comenzaba a asustarme. Es tan bueno ver esos ojos.
Ella lo miró desconcertada. —¿Dónde estoy?
Él se acercó y acarició su mejilla con nostalgia. —Estás en casa. Has estado inconsciente, por el impacto.
—¿Qué está pasando? —preguntó con pánico, alejándose un poco del roce de aquél hombre.
—Traumatismo craneal... Cuándo te golpeaste contra el parabrisas —se sentó sobre una silla que estaba a su lado. —El doctor dijo que podías sufrir pérdida de memoria, temporalmente.
La morena solo se limitó a negar. Después de segundos de silencio, habló. —¿Quién eres?
—Cielo —dijo tomando su mano —, soy Justin, tu esposo. Haré todo lo que está en mis manos para hacerte sentir mejor.
En ese momento, él se paró y se marchó de la habitación, dejándola completamente sola. Alyssa cerró los ojos, sin saber qué hacer ni que sentir. No podía creer lo que estaba ocurriendo, no quería aceptarlo. Miró su mano, apreciando el hermoso anillo de compromiso que llevaba puesto. Era verdad, estaba casada.
Minutos después, Justin apareció de nuevo en la habitación, con una bandeja de comida en sus manos. Se dirigió hacia Alyssa con una sonrisa y dejó la bandeja sobre ella. —El doctor me dijo que no podías comer cosas grasosas, me ha recomendado una sopa de verduras con fideos. —caminó hacía las ventanas y cerró cortina por cortina —, También ha dicho que debes descansar tu cerebro, así que no debe de entrar mucha luz a la habitación. Da igual, no hay mucho que ver.
—Está bien.
—Fue un fuerte accidente. —dijo de nuevo.
Alyssa se tocó la cabeza, percibiendo un dolor de jaqueca. —No recuerdo. ¿Cómo paso?
Justin la miro, acercándose lentamente hacía ella. —Fue un error, cariño. Tenemos mucho tiempo para contestar preguntas, ahora necesitas descansar.
Y de nuevo, volvió a marcharse, dejándola sola. Alyssa suspiró, algo no le causaba confianza, ni la más mínima. Justin parecía ser un buen hombre, al notar como cuidaba de ella, cómo se hacía cargo de ella y como le mostraba cariño, pero a pesar de eso, no lograba recordarlo, ni sus ojos, ni su voz, ni su aroma. No podía recordar absolutamente nada de él y eso la frustraba.
Cerró sus ojos con coraje y un flashback recorrió rápidamente su memoria. Era el coche destrozado en la carretera, y aunque intento recordar más, no lo logró, pues solamente de esa escena pudo acordarse. Una lágrima cayó sobre su mejilla, se sentía desesperada, quería escapar.
Con fuerzas, intentó levantarse de la cama. Le estaba costando trabajo, pues todo su cuerpo le dolía, pero sobretodo su pierna. Al estar de pie con ayuda del tubo del monitor, caminó despacio hacía las ventanas que permanecían cerradas gracias a su esposo. Abrió la cortina de una, y vio como el cartero se iba acercando a la puerta principal de la casa, haciendo contacto visual con ella por unos segundos.
—Amor, no debes estar fuera de la cama —habló detrás de ella, asustándola. Dio unos pasos hasta ponerse frente a la morena, tapándole la vista de la ventana. —Debes tomarlo con calma. Descansa.
Tomo de su muñeca y Alyssa solo lo miró sin expresión alguna. Asintió y Justin la ayudó a regresar a la cama. La recostó y depositó un beso sobre su frente.
...
El coche estaba en curso en la carretera, alrededor de las montañas y el desierto. De un momento a otro, éste se mostró destrozado. Alyssa con un golpe en la frente y el parabrisas lleno de sangre.
Ella gemía y gemía de dolor, revolcándose en sí misma. Le costaba trabajo respirar y su cuerpo se sentía caliente, como si estuviera frente a un incendio. La imagen de una abeja sobre una flor morada pasó por su mente, preguntándose el por qué. No lograba entender el mensaje, hasta que sus ojos se abrieron de golpe.
Justin la miraba con ternura, acariciando su cabello oscuro con una media sonrisa en su rostro. —Ya era hora, de nuevo volviste a preocuparme. Pensé que no vería esos ojos hermosos.
Alyssa respiró con dificultad. —¿Cuánto tiempo estuve dormida?
—Dos días.
La morena abrió los ojos sorprendida. —Dios mío.
—El doctor dice que es normal que un cerebro como el tuyo, en ese estado, descanse mucho. —dijo tratando de tranquilizarla.
—¿El doctor?
—Sí, el doctor.
La chica cerró los ojos por cansancio, a pesar de haber dormido por tanto tiempo. —Escuché... —tosió —, escuché voces, y vi figuras raras en mi sueño. ¿Era el doctor?
Justin sonrió y asintió. —Si. ¿Ya ves? Empiezas a sentirte mejor, cariño.
El ambiente permaneció en silencio hasta que los maullidos de unos gatos retumbaron por la habitación.
Alyssa frunció el ceño, intentando recordar si ellos tenían algún felino, pero fue intento fallido. El castaño se tornó serio y hablo de nuevo. —Es hora de cenar, debes estar hambrienta. Bajaré a preparar la cena.
Justin salió de la habitación rumbo a la cocina, que se encontraba en el piso de abajo. Sacó carnes frías del refrigerador y las puso a descongelar. También tomo verduras y frutas para comenzarlas a picar, y hacer una ensalada de entrada. Un pequeño gato se acercó a sus piernas y el ojimiel le lanzó un trozo de carne.
Al estar casi lista la cena, escuchó pasos bajando las escaleras de madera. Dejo el cuchillo a un lado con el que estaba cortando la carne. Alyssa trataba de bajar las escaleras con mucha dificultad. Al llegar al suelo, camino paso por paso, apoyándose con cualquier cosa, hasta llegar a la cocina. Se encontró a su esposo de espaldas, frente al lavabo.
—Te dije que no salieras de la cama, cariño. —dijo sin ni siquiera mirarla.
—Mi pie —contestó la morena —, no se siente roto.
Justin retomó el cuchillo y siguió cortando la carne. —Los medicamentos son muy fuertes, te ayudan a no sentir dolor.
Alyssa recorrió la cocina con su mirada, sintiendo un dolor inexplicable en el pecho. —Me siento perdida —posó su mirada en la ancha espalda del castaño —, todo es nuevo para mí. Como los gatos, sigo oyendo sus maullidos. No recuerdo haber tenido gatos.
Justin paró en seco y de nuevo dejó caer el cuchillo a un lado. Volteó a verla y colocó una sonrisa algo hipócrita. —Bueno, los tenemos.
Se miraron uno con el otro, y Alyssa por alguna razón se sintió muy intimidada y bajó la mirada. Justin por su parte la mantuvo y volvió a hablar. —Ya que has bajado hasta aquí, ¿está bien si cenamos como la pareja que somos? ¿Cómo solíamos hacerlo?
La morena suspiró y mostró una débil sonrisa de labios.
—Sí.
—Qué bien, porque cocine tu favorito.
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro