
17
El pelinegro se encontraba viendo al techo y acostado en su cama recordando lo mierda que había sido su día según él, todo se resumía en la preparatoria, Laura y su casa, todo había sido en ese orden y era lo único que había hecho.
Lo que en verdad lo había molestado y no sabía ni el por qué, era haber visto a Laura con aquel hombre. No se veía joven, más bien parecía que ya trabajaba.
No parecía estar en la universidad, y si ya trabajaba ya tenía un mínimo de veintiséis años, y si tenía esa edad le llevaba a Laura ocho o nueve años. Era una total locura.
Se puso en posición fetal mientras se decía a sí mismo que el tema no era de su incumbencia, que solo tenía curiosidad y no interés y que era mejor que se durmiera ya.
Eran las once de la noche y no podía dormir, se había dicho que empezaría a dormir temprano pero al parecer empezaría al día siguiente, necesitaba sacarse a Laura de la cabeza.
Tomó su teléfono y marcó el número de Estefanía, lo recibió una voz adormilada.
—¿Bueno?
—Hey, ¿estás en tu casa? —preguntó impaciente.
—Pues son casi las doce así que supongo que sí —dijo obvia.
—Voy para allá.
Sin dejar que reprochara colgó el teléfono, se vistió y se fue camino a la casa de su queridísima amiga a follar un rato, sabía que sus padres se encontraban en casa y que probablemente los atraparían pero no le importaba en esos momentos.
Laura se encontraba en su cama luchando por dormirse cosa que no lograba, no estaba cansada ni un poco y se encontraba muy aburrida.
Se levantó y se dirigió a la sala para luego encender la televisión y empezar a pasar los canales.
Aparecían muchas cosas, películas que no le interesaban, caricaturas animadas, entre otros, no encontraba nada así que decidió detenerse en las noticias. Le sorprendía que a las doce de la mañana pasaran las noticias pero luego notó que era una repetición de la de las doce de la tarde.
—En otras noticias estamos con la familia Castillo, finalmente luego de dieciocho años han decidido revelar el rostro de su única hija —la voz del reportero sonó en todo el lugar.
Laura se confundió un poco ya que no sabía quién era la dichosa familia y se alivió al notar que iban a decirlo.
—Para los que no sepan quien es esta prestigiosa familia le explicamos —una serie de imágenes de mansiones, joyas y demás apareció en la pantalla.
—La familia Castillo es la familia más millonaria del momento —otro reportero comenzó a hablar—. Hace exactamente dieciocho años atrás tuvieron a una pequeña niña pero decidieron no mostrar su rostro para alejarla de los reporteros y los medios sociales. Hoy está cumpliendo dieciocho años y por ese motivo decidieron hacer una conferencia hablando únicamente de ella.
Al instante comenzó un vídeo en el que se veían dos cabelleras rojas y una castaña, no sé distinguían los rostros ya que el vídeo era de muy mala calidad pero si lograba distinguir a una de las pelirrojas, la de cabello corto, saludando seriamente a las cámaras.
—Antes que nada queremos felicitarla por su cumpleaños, señorita castillo —mencionó una reportera para luego proseguir—. Ahora que ya cumplió la mayoría de edad me gustaría saber qué carrera eligió para estudiar.
—Elegí administración de empresas para seguir con el legado familiar y algún día poder dirigir la gran empresa de mi padre —sonrió levemente.
—Genial —mencionó otro reportero—. Hace unos cuantos años había un rumor de que no era hija única, ¿puede explicar eso?
—Yo siempre he sido… hija única —había parecido dudar un poco al decir aquello y Laura lo notó—. Los rumores empezaron por alguien que no se llevaba bien con la familia, solo quería hundirnos con pretextos falsos. Pero no, no tengo otro familiar que no sean los ya conocidos.
—¿Se encuentra en alguna relación ahora? Una relación… ¿romántica? —preguntó un tercero.
—Para nada, me quiero centrar en mis estudios universitarios, al salir buscaré a un buen pretendiente que haya estudiado mi misma carrera para poder dirigir la empresa con éxito.
La conferencia siguió un rato y estaban por mostrar una mejor imagen de la cumpleañera pero al instante la luz se cortó tomando por sorpresa a la pelirroja.
Un pánico empezó a llenar su cuerpo haciendo que empezara temblar fuertemente, no por la falta de electricidad, sino que por la falta de luz. Se estaba dando cuenta que tenía un pánico a la oscuridad.
La pequeña Laura estaba en su cama dibujando tranquilamente, en eso las luces empezaron a parpadear seguidamente hasta que la luz se fue por completo.
Sus movimientos se detuvieron y miró al techo, más específicamente a la lámpara sobre su cabeza. Unos gritos surgieron de repente alertándola.
—¡Ocúltense! —la voz de un guardia resonó por el pasillo.
—¡A la sala de seguridad! —una voz masculina que escuchaba por primera vez sonó.
—Si señor, sígame.
Al parecer era su padre el que había hablado antes.
Laura se puso un pequeño suéter ya que la calefacción se había apagado y empezaba a haber frío, se puso sus pantuflas blancas y salió lo más rápido que pudo sin resbalar.
Se dirigió a tropezones a la sala de seguridad que su padre había mencionado con anterioridad pero cuando llegó ya estaba cerrada y con la familia dentro.
Forcejeó un poco con la puerta pero no cedía, al instante entendió que la habían olvidado. Su pulso se aceleró, empezó a sudar frío y sus manos le empezaron a temblar.
Se dio media vuelta para buscar otro lugar en donde esconderse pero un alto cuerpo la detuvo, llevaba una máscara de tela negra cubriendo todo su rostro y tenía un cuchillo en la mano derecha.
Estaba por atacarla y ella se cubrió el rostro con los brazos pero un fuerte ruido de una pistola se escuchó en todos lados, el hombre cayó frente a ella y apareció un policía. Se había salvado.
Sin siquiera notarlo Laura se encontraba en la esquina de una habitación abrazando sus piernas pegadas al pecho y meciéndose de adelante a atrás mientras temblaba fuertemente.
Un maullido agudo se hizo presente y en su campo de visión apareció el gato al que había llamado Timmy.
Lo sostuvo en sus brazos y se tranquilizó mientras abrazaba aquellos peludos cabellos y escuchaba en agradable ronroneo.
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