
13
El resto del sábado se la había pasado con Ximena, y el domingo haciendo la limpieza de su hogar. Jamás había pensado que se aburriría tanto en tan poco tiempo pero finalmente había descubierto que limpiar no era su pasatiempo favorito.
Se encontraba yendo a la preparatoria, si era completamente sincera optaría por no ir y quedarse en su cama cómodamente dormida, lamentablemente no era posible ya que el doctor vigilaba sus asistencias por si algo ocurría.
Caminaba tranquilamente mientras pensaba en un solo momento, o más bien su sueño. Todo había ido normal, como siempre, pero mientras más inconsciente estaba escuchaba más fuerte una voz.
Solo era una voz, si decía algo no se le entendía, una voz grave y demandante. Era una voz masculina perteneciente a quien sabe quién ya que ese tono no le sonaba de nada.
En lo que pensaba en ello llegó a aquel edificio y únicamente salió de sus pensamientos cuando una voz agradable la llamó.
—Hola, Lau —saludó amigablemente cierto castaño.
—Oh… hola Chris —sonó más como una pregunta pero al ver que el chico asentía con una sonrisa se alivió.
—¿Cómo estás? —preguntó amable—. Ayer no te vi y admito que me preocupé un poco.
—Bien, no deberías preocuparte por mí. ¿Tú cómo estás? —respondió con un tono de voz bajo.
—Yo estoy bien.
A lo lejos la pelirroja vio una cabellera rosa que le llamó la atención, notó que estaba viendo fijamente en su dirección y al instante la reconoció como Ximena.
Decidió ponerle fin a aquella conversación algo incómoda para ella e ir con su amiga.
—Creo que vi a una amiga por allá… ¿te molestaría si voy con ella?
—Oh, no, no te preocupes. Ve si quieres, hablamos luego —respondió con una cálida sonrisa y un movimiento de mano.
—Gracias, adiós —le devolvió la sonrisa tímidamente.
Laura caminó tranquilamente hacia su amiga, pero alguien chocó con ella causando que cayera al piso sin nada de delicadeza, internamente maldijo su mala suerte al notar con quién había chocado.
—Rojita, ¿recuerdas que dije la última vez que nos vimos? —preguntó Ben seriamente mientras la veía desde arriba.
Todos observaban la escena con un repentino silencio esperando la respuesta de aquella pelirroja, Laura sentía todas las miradas sobre ella y bajó la cabeza intimidada dándose una bofetada mental por lo sumisa que se sentía y que seguramente se veía.
—Que no me metiera contigo o me iba a ir mal —dijo en poco más que un susurro.
—¿Qué? Habla más alto que no se te escucha —la voz burlona y molesta a partes iguales de Ben sonó en todo el silencioso pasillo.
Cualquier ciego pensaría que está solo en el pasillo de no ser por las palabras de Ben, no se escuchaba ni una respiración, no se sentía ni una presencia. Parecía vacío.
Laura vio al pelinegro a los ojos pero luego de un segundo se arrepintió y volvió a bajar la mirada. Justo cuando estaba por volver a hablar una tercera voz se unió a la discusión llamando la atención de todos.
—¿Acaso no te jode molestar a todos siempre? —una pelirosa se posicionó frente a Laura a modo de escudo.
—¿Cómo dijiste, rosita fresita? —atacó Ben más molesto que burlón recibiendo unas risitas por parte de los demás.
Ximena soltó una carcajada llena de sarcasmo e ironía.
—Aparte de imbécil sordo. Lo que faltaba —rodó los ojos y se cruzó de brazos.
—Aparte de infantil estúpida —contraatacó Ben nuevamente.
—Al menos yo no molesto a otros solo para alimentar mi ego, el verdadero infantil aquí eres tú —espetó molesta.
El pasillo se sumió en un silencio sepulcral mientras que Ben y Ximena se decían todos los insultos posibles a través de una sola mirada.
Hasta que Ximena de cansó de esa discusión sin fin y se dio media vuelta para ayudar a su amiga a pararse del piso donde aún se encontraba.
—Vamos, Lau. Este imbécil no merece ni que le respondas —gruñó.
Laura tomó su mano tímidamente y se paró con la ayuda de Ximena para luego ir juntas en una dirección totalmente alejada de esos estudiantes.
En un salón se encontraban dos personas, Ben y cierta rubia que antes le había ofrecido sus “servicios”.
—Ya, ya. Deja de darle tantas vueltas, ella no merece que pienses ni un poco en el asunto —dijo molesta mientras el pelinegro se acariciaba el puente de la nariz.
—Tienes razón. Malditas lesbianas —respondió con asco.
—No te la lleves con los homosexuales, recuerda que mi hermana es una —gruñó aún más molesta la rubia encarando a Ben.
—Lo siento, Estefanía —rodó los ojos.
Estefanía era una gran amiga para él, eran amigos desde la infancia y a ella le había tocado ver todos los cambios tanto físicos como mentales de aquel chico que se había robado su corazón.
Él la veía como su gran amiga con la que podía follar cuando quisiera y su relación no cambiaría, pero ella lo veía como el chico con el que algún día se casaría. Claro que todo eso no implicaba que le arruinaría la felicidad.
Ella sabía perfectamente que él no la veía como quería, pero eso no le impediría intentar conquistarlo. Y si llegaba alguna chica que se robara su corazón ella lo iba a aceptar y lo iba a ayudar aunque eso implicara sentir como su corazón se rompía poco a poco.
Ansiaba ser la chica que recibiera tiernos besos por parte de Ben, que la abrazara por las noches o que salieran a un restaurante a comer por una nueva cita. Solo esperaba poder llegar a ser lo que él buscaba en una chica.
Dos chicos entraron al salón con grandes sonrisas en sus rostros, uno llevaba el cabello azabache mientras que otro lo llevaba de un blanco con raíces oscuras.
—¡Hola! —saludó el peliblanco con una sonrisa ladeada algo juguetona.
—Oímos de tu discusión con… ¿Ximena? —preguntó el azabache a su amigo esperando una confirmación que recibió al segundo—. Con Ximena. Queremos saber exactamente por lo que pelearon.
Esos dos eran unos amigos por así decirlo recientes, llevaban casi tres años juntos y Ben había pensado que necesitaba a alguien que le subiera el ánimo siempre, ambos llegaron por arte de magia y finalmente se hicieron amigos.
—Que entrometidos —resopló Ben.
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