
1
Una chica de cabellos rojos y labios colorados estaba en la habitación de un hospital. Tenía un tubo respiratorio en la nariz, muchos cables unidos a su cuerpo y agujas atravesando su pálida piel por la falta de luz solar.
Negro, eso era lo único que la pelirroja veía.
Poco a poco y con algo de dificultad la pelirroja fue abriendo los ojos dejando ver un color ámbar impresionante que combinaba a la perfección con su cabello.
La chica miró a su alrededor sin mover el cuerpo o la cabeza, veía paredes blancas, sillones y otras cosas más, ya sabía que estaba en un hospital, pero no sabía el porque.,
Una máquina a su lado empezó a sonar ligeramente más rápido un minuto después y dos enfermeras llegaron corriendo a la habitación con un teléfono blanco en mano. Llamaban al doctor.
—Falsa alarma. Ha despertado —respondió una asombrada enfermera.
La mujer solo colgó y se acercó a pasos apresurados a la chica en la camilla.
—¿Cómo estás? —preguntó la enfermera que se había acercado.
—B-bien… me duele la garganta —dijo con voz rasposa.
—Todo en orden, la reactivación del cerebro debió de haber normalizado los latidos del corazón. Ya está bien —mencionó la segunda enfermera a la primera mientras veía la máquina que marcaba los latidos.
La primera enfermera asintió.
—Tráele agua.
La segunda enfermera se retiró por el agua que se le había pedido. La pelirroja vio fijamente a la mujer de cabellos negros y atuendo blanco que anotaba unas cosas en una hoja.
—¿Qué me pasó? —preguntó algo confundida sin saber cómo había llegado a ese lugar.
En realidad, sin saber absolutamente nada. No sabía ni quien era.
—Tu corazón se detuvo por tres minutos por la falta de oxígeno en tu cerebro y… —detuvo sus palabras—. ¿No lo recuerdas?
—¿No?
La pelirroja moría por responderle un “si lo recordara no estaría preguntando”, pero notaba que la situación en la que se encontraba no era algo para tomarse a la ligera.
—Una mujer vino hace cuatro años con una niña de trece completamente mojada. Venía gritando que estaba muerta, que la ayudaran. Pasaste cuatro años en coma —explicó la enfermera con una expresión de pena.
—¿Cuatro años? —fijó su vista en sus pies cubiertos con las sábanas blancas mientras pasaba su mano por su cabello.
—¿Qué es lo que recuerdas? —preguntó la enfermera.
—¿Qué? —susurró.
La pelirroja la vio confundida, su mente estaba en otro lado y pensaba lo más que podía.
—¿Tu edad? —no recibió respuesta—. ¿Año? —tampoco recibió respuesta—. ¿Tu nombre? —preguntó por tercera vez con miedo en la voz.
Y por tercera vez no recibió respuesta.
Un hombre de unos cuarenta y dos años entro a la habitación, llevaba una bata de doctor junto con unos lentes.
—¿Cómo se encuentra? —le preguntó a la enfermera.
—Mm… —solo negó con la cabeza.
—De acuerdo. Es posible que experimente un caso de amnesia lo cual es muy común después de pasar cuatro años en coma, podría tardar horas, días, meses e incluso años en recordar pero no debe forzarse. Por el momento lo único que le puedo decir es que se llama Laura, tiene diecisiete años y hoy es veintitrés de octubre del dos mil veinte —explicó con tranquilidad.
—¿Tengo… familia? —preguntó Laura.
—La mujer que la trajo hace unos años se fue y no volvió, no parecía ser un familiar y no sabemos nada más de usted que su nombre, su edad y su condición —admitió.
—Bien —dijo algo desanimada.
—Puede que su cuerpo tarde en reaccionar por la falta de movimiento, le daremos algo de terapia física y mental un tiempo, si tiene suerte podrá irse muy pronto a casa —sonrió amablemente.
—Señor… —la enfermera lo vio algo seria.
—Oh, disculpa. La mujer nos dejó unos papeles y unas llaves de una casa junto con un cheque. Podría empezar con eso y trabajar un poco para conseguir más dinero. No creo que quiera ir a un orfanato —aseguró.
Laura negó con la cabeza.
—Aquí traigo el agua y algo de comida —llegó la segunda enfermera—. Oh, buenos días doctor.
—Buenos días. La dejaremos comer tranquila, si se le dificulta algo o necesita ayuda solo presione ese botón —señaló uno al lado de la camilla—. Intenta sostener la cuchara y no te sobre esfuerces, es un buen ejercicio inicial.
Las dos enfermeras y el doctor abandonaron el lugar dejando sola a la pelirroja. Le habían llevado algo de gelatina, fruta y agua, algo ligero para acomodar su estómago nuevamente.
Laura se reincorporó con algo de dificultad y con los brazos levemente temblorosos, se quitó el tubo respiratorio para disminuir la incomodidad que sentía, las agujas le lastimaban un poco pero sabía que eso no se lo podía quitar.
Tomó la cuchara entre sus dedos y después de unos cuantos intentos logró que se dejara de caer, ahora solo temblaba un poco.
Se llevó la gelatina a la boca, sabía bien.
Después de media hora al fin había terminado de comer, se sentía cansada y a su derecha había una ventana por la que se veía el sol empezar a bajar. Eran las cinco de la tarde.
—¿Cómo te encuentras? —preguntó una enfermera.
—Bien —no le pareció lindo admitir lo mal que se sentía en realidad.
—De acuerdo. Deberías descansar ya, Laura. Acabas de despertar y debes recuperar fuerzas —explicó.
Ese era el problema, acababa de despertar y sentía que si se volvía a dormir pasarían otros cuatro años antes de volver a despertar. Se sentía temerosa.
—Lo haré —le sonrió.
La enfermera le devolvió la sonrisa y salió.
Laura volteó su cabeza nuevamente hacia la ventana, los pájaros volaban hacia los árboles y sus cantos resonaban en los oídos de la pelirroja. El cielo ligeramente oscuro empezaba a aparecer y con esa tranquilidad el sueño también.
Sentía el aire frío de el aire acondicionado acariciar sus mejillas, el olor a hospital entrar en sus fosas nasales y por el silencio sentía el palpitar de su propio corazón en su pecho.
Sus ojos empezaron a pesar y por más que intentara mantenerse despierta no pudo más. Cerró sus ojos y se dejó llevar por el sueño.
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro