Chào các bạn! Vì nhiều lý do từ nay Truyen2U chính thức đổi tên là Truyen247.Pro. Mong các bạn tiếp tục ủng hộ truy cập tên miền mới này nhé! Mãi yêu... ♥

Gluten


FRED

A la mañana siguiente, cuando la calidez del sol sobresalía por la ventana y noté mi brazo entumecido, así que volteé y vi esa cabellera rubia que tanto me distrae en clases.

Ella aún no se despertaba y no quería ser yo quien lo hiciera, por lo que me quedé solo observándola, como si fuera ajena a mí, como si en realidad estuviera a kilómetros de mi piel.

Solo así podía disfrutar más tenerla cerca, como si la tuviera lejísimos, como si tuviera que recorrer millas y más millas para solo verla sonreír.

Casi como si estuviera en un trance impuesto por mis propios pensamientos, me acerqué a darle un suave beso en la frente, ella no se inmutó.

No fue hasta minutos más tarde que ella comenzó a abrir los ojos, lo que fue muy divertido, ya que al verme se sobresaltó, estando a nada de darme una cachetada que seguro me reiniciaría todo mi sistema operativo.

—Mierda, olvidé que te habías quedado a dormir. —exclamó ella posando su mano en su pecho.

Comencé a reír.

— ¿Me vas a recibir así cada que me quede a dormir? — Le pregunté.

— ¿Te vas a quedar más veces?

Ella trató de ocultarlo, pero yo lo vi, vi su emoción reflejada por un segundo en todo su maravilloso rostro.

—Solo si tú quieres.

—Tal vez pueda acostumbrarme. —respondió ella acomodándose para quedar frente mío.

Pasé mis dedos por su cara, luego por su cabello, admirando cada facción, cada milímetro que la conformaba como si de un montón de diamantes se tratara.

Le di un beso corto en los labios, ella sin poder evitarlo se sonrojó.

—No respondiste mi primera pregunta. ─señalé.

—Si, si te voy recibir así cada que te quedes ¿o prefieres otro trato?

—Tal vez pueda acostumbrarme. —contesté como ella lo había hecho.

Cerré los ojos por un momento, no quería irme, quería estar toda la eternidad en este momento, quisiera que este fuera un loop para jamás poder escapar de ella de nuevo.

Pero, eran las ocho de la mañana y si ninguno de los dos quería meterse en problemas, teníamos que salir corriendo.

Nos levantamos para vestirnos, lo bueno es que no hicimos un desorden con nuestra ropa anoche. Lo malo era que como no tenía planeado quedarme a dormir, solo tenía la ropa de ayer, claro que podría ir a mi habitación para cambiarme, solo había un problema, llamado: Tiempo.

Emma me despidió llenándome la cara de besos, haciendo que mi corazón creciera tres veces más su tamaño, yo le devolví el gesto con un intenso beso.

Entonces me di cuenta, ambos nos veíamos como la gente enamorada suele hacerlo. Esa era la mejor parte.

Sobre todo porque las siguientes horas no pude pensar en nada que no fuera ella, me fascinaba ese sentimiento. Solo podría compararlo con estar drogado. Ella era una droga que hacia estragos en mí, debería ser ilegal solo para que me den más ganas de tener acceso a ella.

Era divertido porque teníamos dos clases juntos, en ninguna hablábamos, ni compartíamos miradas, o al menos no de forma prolongada.

Solo hacían falta microsegundos para decirnos todo sin decir nada. Y nadie lo notaba.

Me gustaba que lo nuestro fuera solo nuestro, oculto en rincones de la universidad. Éramos discretos, nadie lo sospechaba, seguro la idea les parecería una locura.

Estaba tan eufórico pensando en todo eso, hasta que lo vi de lejos, me acorde de mi llamada ayer con Ly, dejando de lado lo que Emma me estaba haciendo, obvio.

Claro que escuché todo lo que Ly me contó y por supuesto yo también estaba muy enojado con Matt. Por eso cuando se acercó a hablarme, mi humor se fue al suelo.

—Fred, tengo que hablar contigo, es sobre Ly.

Juro que no era mi intensión hablarle fuerte desde el inicio, pero entiéndanme, Ly es de mis mejores amigas y ningún chico que la haga llorar merece mi respeto.

—Por supuesto que tenemos que hablar de Ly. —contesté cruzándome de brazos.

—Fred. Ella me encanta desde que la conocí, jamás le haría daño, no fue mi intención hacerle daño. Solo no supe que hacer, no sabía si ella de verdad quería besarme, soy muy imbécil.

Yo en el fondo sabía que de verdad se lamentaba, ¿Qué hombre no se lamentaría por perder a Ly? Pero de todas formas no se la iba a dejar fácil y con eso le hago un favor a Ly, si se esfuerza por convencerme entonces es digno, si no, no.

— ¿Y para que quieres hablar conmigo? Si piensas que yo le voy a explicar lo que pasó por ti, ni lo intentes, no lo haré.

—No, no eso no era lo que estaba pensando, quiero compensar a Lyra, quiero hacerle saber que me gusta antes de que sea muy tarde, pero necesito tu ayuda.

—Bueno, tienes mi atención entonces.

Entonces Matt procedió a contarme lo que literalmente fue el plan más romántico del mundo, pero no solo fue uno, me contó todas las ideas que tenía.

Yo como el buen amigo que soy le dije las que si o si le gustarían a Ly, una cena romántica a escondidas en la biblioteca o un picnic.

Lo más adorable era que todo lo anotaba en su libreta, esa que también tenía en vacaciones.

—Muchas gracias en serio. —dijo él y noté un tono de preocupación, pero a la vez de alivio en su voz.

«A él de verdad le da miedo perderla» pensé.

—No hay de que Matt, Lyra te quiere mucho y creo que tú igual a ella, así que en lo que sea necesario te voy a ayudar, Ly te va a adorar después de esto.

Él asintió con rapidez, como si tuviera prisa de irse a planificar todo.

—Una cosa antes de que te vayas Matt. —dije tomándolo del hombro.

—Dime.

—Prométeme que no la vas a lastimar.

—Te lo prometo, Fred.

Y luego de eso se fue. Tomé mi celular y tenía un montón de mensajes de Mónica. Me tomó por sorpresa que me escribiera, las últimas semanas era raro que nos hablara, tanto Ly como yo la habíamos notado rara, pero no le decíamos nada por miedo a que se enojara con nosotros.

La mayoría de sus mensajes eran sobre lo de Ly y Matt, supongo que Ly ya habló con ella también. Los mensajes decían cosas tipo:

“Te juro que si me topo con este idiota lo golpearé y haré que se arrepienta” “pobre Ly, está devastada” “deberíamos hacer una pijamada para alegrarla”

Supongo que al rato le contestaré para explicarle que de hecho Matt está pensando reconquistar a Ly.

Pero entonces unas horas más tarde, recibí más mensajes de Mónica, esta vez eran menos violentos contra Matt. Decían cosas como:

“¡Oh Dios! Matt es un amor” “Me retracto de los demás mensajes” “Que vivan los novios <3”

Vaya, este chico no perdió tiempo. Ya que a ambos nos mandó mensaje diciéndonos que si podríamos vernos el sábado, para llevar a Ly a su lugar especial, no sé cómo es que Matt se enteró de ese lugar, pero seguro Moni le dijo.

Pero en lo que llegaba el día, Moni y yo tratábamos de hacerle ver que Matt no era una mala persona, que le diera la oportunidad de hablar.

Pero ella se negaba, se negaba y se volvía a negar. Nosotros solo esperábamos que el plan de Matt no fuera un completo desastre. Hasta Emma estaba nerviosa por él. Un día antes nos reunimos para organizarnos bien y preparar todos los bocadillos para ese día.

Nos reunimos en la casa de Emma, yo llevé a Mónica y Matt obvio ya estaba ahí desde antes.

— ¿Y tú cómo sabes donde vive Emma? —preguntó ella.

—Simple, fuimos vecinos por años. —. Mentí.

No fuimos vecinos por años, dejamos de serlo cuando ella se mudó, pero al parecer regresaron a su antigua casa, me gustaba que fuera así.

Ella ya no contestó nada hasta que llegamos a la casa.

Habían pasado años desde que estuve aquí por última vez, está justo como la recuerdo, la misma entrada, el mismo color, las mismas ventanas por las que Emma solía asomarse cuando la llamaba a jugar.

Y entonces ella abrió la puerta, llevaba un suéter gris y unos jeans negros rotos, el cabello atado en un chongo no muy apretado, se veía preciosa, también estresada, preciosamente estresada.

Yo ya estaba esperando mi beso de bienvenida, pero recordé que frente a otras personas ella y yo éramos solo “amigos”

Creo que me comenzaba a arrepentir de ese término, no me gustaba, no quería ser solo su amigo. Y digo, obviamente no soy solo eso para ella. Me refiero, no quiero ser solo eso para ella frente a otras personas, pero creo que era lo mejor al menos por ahora.

— ¿Trajeron todo? —preguntó ella.

—Claro, está todo en la cajuela, harina, cacao en polvo, fresas, frambuesas y aunque Fred dijo que no, también compre condones. —respondió Mónica hablando tan rápido como de costumbre.

Matt salió de la casa con una cara de susto que pagaría por volver a ver.

— ¿Condones? ¿Para qué o qué?

― ¿Cómo que para qué? Pues porque si lo van a hacer se tienen que proteger. ―dijo Mónica a la defensiva.

―Si sé para qué son los condones, pero les juro que Ly y yo no haremos nada de eso, ni siquiera nos hemos besado. ―contestó Matt.

―Bueno, debes admitir que la mejor forma de pedir perdón es esa. ―dijo Emma dedicándome una rápida mirada que yo evadí.

Mónica entrecerró los ojos, viéndome primero a mí y luego a Emma.

―Yo creo que deberíamos apurarnos si no queremos que mañana sea un desastre. ―le dije a todos.

Matt abrió los ojos de par en par.

― ¿Crees que pueda ser un desastre? ―dijo él con una ansiedad terrible.

―No, no, no me refería a eso. ―expliqué.

―Bueno, mucha charla poco trabajo, entremos ya. ―ordenó Emma.

Las siguientes horas al inicio fueron bastante incomodas. Nadie le dirigía la palabra a nadie, todos concentrados en lo que les tocaba hacer. Entonces yo todo un idiota fui por una bolsa de harina, mientras caminaba la estaba abriendo, cuando Emma sin ver caminó hacia atrás asustándome y haciéndome brincar, tirando el haría sobre los dos.

Entonces las risas estallaron en todos menos en mí, mis lentes ahora estaban manchados por polvo blanco, harina me había entrado a la boca y se los juro, no sabe rico, mi ropa que era negra ahora tendría que ser lavada con ferviente insistencia, al menos no traía pantalones de pana.

Cuando por fin termine de limpiar mis lentes, miré a Emma, con la cara manchada, de pies a cabeza, sobre todo en la cabeza, también cayó algo en sus labios, que ahora eran rojos con pequeñas manchas blancas.

«No pienses nada raro carajo» me dije a mi mismo.

Al parecer mi total torpeza abrió una brecha en la cocina que logró hacer las cosas más amenas para todos, ya nos comunicábamos y eso lo hacía aún más fácil.

Entonces cuando ya habíamos terminado de hornear todo, nos quedamos en la isla de la cocina platicando, cuando de la nada, más harina voló a mi cara.

―Te meteré al horno y te haré pastel de zanahoria, pelirrojo.―dijo Emma sonriendo.

Yo también sonreí para distraerla y tomar un puño de harina y arrojárselo.

―Te meteré al horno y te haré pastel de vainilla, rubia.

Ella apretó los labios con fuerza, como si se estuviera dando por vencida, pero yo la conocía mejor que nadie, sabía que habría una réplica,  por eso cuando la vi alzando su mano mi primer instinto fue agacharme.

Pero al intentar levantarme me golpeé en la cabeza, siendo que terminé más bien sentado en el suelo, embarrado, humillado y con un dolor punzante en la cabeza.

―Eres muy torpe ¿lo sabías? ―preguntó Emma.

―Hay muchas cosas para las que no soy torpe, ―me acerqué a su oído. ―y eso te consta.

Emma abrió los ojos de par en par, haciéndome entender que no deberíamos hablarnos así frente a otras personas.

Mónica se acercó para ayudarme, me levantó mientras Matt veía todo desde una esquina riéndose, no lo culpo, yo también me burlaría de mí mismo y lo tonto que llego a ser.

―Mierda, tenemos que lavarte la cara, te podría hacer reacción alérgica. ―dijo Mónica.

― ¿De qué hablas? ―preguntó preocupado Matt.

―Fred es alérgico al gluten. ―mencionó Mónica.

―Pero solo me hace alergia si lo cómo. ―aseguré cuando comencé a sentir un leve ardor en el brazo.

― ¿Emma crees que Fred pueda usar tu baño? Tenemos que sacarle toda la harina y mientras yo iré por su medicina.

Emma solo señaló el baño con una expresión de terror que seguro jamás olvidaré.

Mónica me llevó de prisa al baño, me pidió que me quitara toda la ropa para luego con los ojos cerrados tratar de abrir el agua caliente, terminando esto en que un chorro de agua helada me cayera en la espalda.

Ella se disculpó para luego cerrar esa llave y abrir la otra. Después salió del baño y escuché voces en el pasillo sin entender que decían en realidad, lo único que alcancé a distinguir fueron las palabras: Ropa, antihistamínicos.

Esas dos palabras me dejaron tranquilo, por suerte mi piel no estaba hinchada ni me había dado anafilaxia, eso si que sería un problema. Seguro con algo de medicina estaré bien de inmediato.

Traté de quitarme lo mejor que pude los restos de harina del cuerpo, luego me quede bajo la regadera a que llegaran para rescatarme. Por suerte no tuve que esperar tanto. Matt llegó y me dejó ropa limpia cerca, luego me dejó solo para cambiarme.

Me sequé, me vestí y salí con un poco de urticaria en los brazos y algo en la cara, Mónica me sentó y me dio mi medicina, me dejaron sentado esperando a que me mejorara, de ratos iba alguno a verme.

Yo quería ayudarlos, pero no me dejaron, preferían que estuviera lejos antes de tener otro accidente.

Emma vino a verme, con una sonrisa amable en su cara, pero también con algo de vergüenza. Se quedó callada un momento como si estuviera pensando en si era bueno hablar o no.

―Carajo, perdóname, no sabía que eras alérgico al gluten.

―Tranquila rubia, tú no lo sabías.

Le sonreí de vuelta para tranquilizarla, ella quiso tomarme de la mano, pero se lo negué. No quería que Matt o Mónica pensaran que andábamos o algo así.

Vi una pizca de tristeza en su mirada, la cual removió tan rápido como llegó.

―Con razón siempre traías tu comida cuando venias a visitarme, y lees los ingredientes de las cosas antes de comerlas, yo pensé que solo eras un quisquilloso de mierda.

―Ya sabes, no quería morir tan joven.

―Perfecto, necesito más de Fred por un buen rato.

Iba a contestar cuando Matt llamó a Emma, ambos se retiraron a la cocina a terminar de empacar todo y yo me volví a quedar solo, ya no me dolían ni picaban los brazos lo que era una increíble señal.

Matt llevó a Mónica en el coche de Emma a la universidad, mientras Emma y yo nos quedamos solos para limpiar, aunque a ella le daba miedo que volviera a estar en contacto con gluten y esas cosas.

Entonces solo estuve ordenando.

Claro que una cosa llevó a la otra y terminamos acostados en su cama, acurrucados, en silencio.

―Fred ¿te puedo hacer una pregunta?

―Dime.

― ¿Por qué no quieres que otras personas sepan de lo nuestro? ¿Te avergüenzo o algo así?

―No, no, no, nada de eso, es solo que me gusta mantener las cosas en privado. Entre tú y yo―. Le di un beso en la frente.

―Oh.

Fue lo único que contestó y supe que algo le enojaba.

―Las mejores cosas pasan a escondidas, ¿no es así?

―Supongo. ―contestó dándome la espalda.

Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro