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II. Desesperación


Wei WuXian estaba muriendo.

Hubo un dolor intenso que se extendió por su cuerpo como el veneno que fluye por las venas, y arde semejante al metal fundido.

Una sensación incómoda e inquietante se asentó en él, dejándolo confundido.

Su mente confusa por la infección lo transportó al mundo onírico. Ahí, se vio rodeado de Manjushage. Siendo una imagen aterradora. Al mismo tiempo, hermosa y pacífica. Divisó las formas difusas de sus padres. Aquellos rostros sin forma, pero con voces que le acompañaron en sueños solitarios en los que se llamaba su nombre.

Wei WuXian comenzó a correr hacía ellos con desesperación. Pero, sin importar cuánto avanzará, la distancia se extendía hasta el infinito. Sus pulmones se presionaron causando dolor, y sus piernas flaquearon por sobresfuerzo. Llamó a su madre, a su padre y rogó que no le dejarán atrás. Rogó para que volvieran. Casi como si fuese un niño de cinco años que fue abandonado, lloró por ellos.

Cuando estuvo a punto de aferrarse al dobladillo de la túnica blanca con grabados grises de su madre, el suelo bajo sus pies lo engulló por completo.

Luchó, como quien lucha contra arenas movedizas, pero sus músculos fueron incapaces de sostener su peso. Exhausto, se dejó caer, y comenzó a arrastrarse, hasta que las uñas se arrancaron de la carne y sus dedos sangraron.

Al dejar de luchar, yació en un estado lejano. Haciendo imposible advertir tiempo y lugar. La hermosa mujer, con un rostro familiar, se acercó, pero para entonces, Wei WuXian sentía las extremidades flácidas y entumecidas. La figura femenina se acercó, y le tomó en brazos como haría una madre a un niño que sufre heridas. La calidez en su voz, apaciguó el terror en su corazón, viéndose tentado a ceder a la muerte, si con ello dejaba de sentir aquel vacío en su pecho.

Sus pulmones ardieron, haciendo imposible respirar. Sintió que en cualquier momento sus vías respiratorias sangrarían, desgarrándose por el esfuerzo. El aire a su alrededor enfrió como en una cueva fría y los huesos estallaron de dolor. La bruma oscura le atormentó, y voces discordantes llamaron. Fueron vocalizaciones aterradoras, aberrantes, demoníacas. Llantos, lamentos, sonidos bestiales salidos de algún sitio.

El rostro de su madre poco a poco perdió sus facciones, hasta que la carne se derritió exponiendo músculos y huesos, y frente a él se encontró un demonio.


***


Agitado, lanzó un grito que le arañó la garganta, y despertó sobresaltado, abrumado por la luz del sol que le acarició el rostro.

Wei WuXian hizo viajar su vista a lo largo de la habitación y buscó orientarse para comprender el sitio en el que se encontraba. La pieza, similar a un establo o una celda inmunda, estaba vacía a excepción de su presencia. Hubo un techo alto, enorme; sin decoración alguna; tierra, suciedad y un hedor nauseabundo a su alrededor.

La única salida existente fue una enorme puerta de madera gruesa en la pared aledaña. Además, vislumbró una diminuta rejilla elevada que fungió como ventana, o respiradero para permitir la entrada de luz solar.

Las aves cantaron desde el exterior, anunciando una nueva mañana. Y Wei WuXian no pudo evitar preguntarse qué estaba haciendo ahí. Sin embargo, no pudo recordarlo en un primer momento. Estaba aturdido por el agotamiento y el dolor.

Su rostro ardió, quemaba en una sensación inexplicable. Zumbado por la tortura previa, razonó en que la piel en su rostro se encontró al rojo vivo, descarapelada en algunas partes; con pústulas supurantes. Por lo que luchó para no desmayarse.

Hubo una marca amarronada en el rostro. Y una herida fresca que se extendió cual triangulo poco uniforme, que bajó por el cuello hasta formar un enorme cardenal, tiñendo la piel del abdomen. Supo que se trazaría una cicatriz caótica que lo marcaría de por vida.

Su pecho ardió a raíz de las quemaduras provocadas por los perros de Wen Chao.

Se le había arrastrado lejos de la conmoción en la tienda de té de Yiling, y se ensañaron con él durante todo un día y dos noches a fin de torturarle hasta romperlo. Sin embargo, sin un núcleo dorado, careció de oportunidad de sanar sus heridas; por lo que se encontró rozando la muerte, pero, al menos tuvo el consuelo de poder volver como un espíritu vengativo para atormentar al segundo maestro Wen hasta la locura.

Sus labios se agrietaron; estaban repletos de heridas y cortes, de carne que se fisuraba. Su boca tenía el desagradable sabor a sangre fresca. El óxido y la sal se impregnaron de manera nauseabunda y contuvo las arcadas por el hedor de su propia piel.

Wen Chao hizo que sus soldados lo golpeasen hasta la pérdida de razón, más temprano se le obligó a tragar agua caliente, tan caliente que ardía como el metal líquido.

Si estaba vivo fue por mera fuerza de voluntad.

Sus costillas no estaban rotas, pero cerca de estarlo, ya que su diafragma se apretó a cada respiración y las fosas nasales ardieron. Esto derivó en que el aire del exterior difícilmente se calentara. Y le atormentó como estacas de hielo que se enterraban y desangraban un poco desde dentro.

Wei WuXian luchó y tiró de las sogas que restringieron su cuerpo. Cortando la piel hasta formar ampulas por la fricción.

Trató de hablar, de gritar, buscó quejarse; pero fue imposible. No podía hacer nada. Sus cuerdas vocales debían estar comprometidas. Pudo sentir la sangre bajando por su garganta al pasar saliva.

Lágrimas amargas descendieron a un costado del rostro; la humedad quemó cuando tocaba su piel sensible. Las lágrimas eran saladas y ácidas, pero nada podía hacer contra ellas.

Todo dolía. Fue una tortura sin precedentes. Un mal que podría llevarle a la locura.

No pudo respirar, no moverse ni emitir quejar, se había convertido en un traje de carne sin huesos, frente a las últimas horas de vida que le restaron.

En algún punto, todo lo que pudo escuchar fue el sonido de la sangre fluyendo cerca de sus oídos, y el martilleo acelerado de su corazón, el movimiento respiratorio ralentizado y su parpadeo.

Wei WuXian se sintió desconectado del mundo. Su consciencia flotó. Por un instante se sintió fuera de su propio cuerpo, como a quien le han arrancado el alma.

La mañana se hizo presente de manera apresurada. Asumió que los guardias entrarían en aquella fosa inmunda a la que se le arrojó y la tortura tomaría lugar a fin de quebrantar su espiritu en aras del disfrute de Wen Chao.

Sus ojos se abrieron y cerraron con lentitud, la fiebre subió tras la debilidad resultante ante la pérdida del dantian.

La puerta se corrió de un porrazo; e hizo temblar las paredes adyacentes, soltando una nube de polvo que cayó del techo. La acción iluminó la mugrienta habitación en un par de segundos. Esto le quemó la retina.

La risa jubilosa de un cerdo grasiento se escuchó haciendo eco en las paredes de la prisión. Wen Chao no se había limitado en esconder su diversión.

Wei WuXian le observó a través del filtro sangriento en sus lágrimas de impotencia. No fueron claras, sino rojas como el cinabrio.

Sus labios se apretaron conteniendo la sangre en la garganta. Wen Chao acortó la distancia y sus túnicas con emblemas del sol se agitaron como un estandarte de guerra. Sus cejas se apretaron juntas en una expresión maliciosa. Lo tomó por la barbilla y la mejilla y presionó sobre la carne chamuscada. "Dime Wei WuXian, ¿has aprendido la lección?".

"..."

"Espero que este pequeño correctivo te haya enseñado un poco de humildad".

Wei WuXian, hastiado de toda esa mierda, y acostumbrado a ser el saco de golpes de todos aquellos que lo odiaron, lanzó una mirada de muerte y escupió un puñado de sangre al repugnante rostro de Wen Chao. Sintió el sabor ferroso impregnar a las encías y dientes, y lanzó una sonrisa maníaca ante su gesto.

Wen Chao lo dejó caer al suelo; la tierra se le pegó al rostro y quemó.

"¡Que hijo de perra repugnante!", alegó indignado.

Limpió los restos sangrientos con la manga de su túnica, y perdió toda paciencia.

Wei WuXian supo que moriría. Los guardias fueron llamados a la habitación por orden del menor de los hijos de Wen RuoHan y se le arrastró a algún lugar desconocido.

Trató de luchar, pero ya no tenía un núcleo dorado, y era tan inútil como una persona ordinaria. El vacío en su pecho quemó como una raspadura con hielo, y se sintió miserable.

Se le aporreó con tanta fuerza que la sangre se derramó por su frente desde la raíz del cabello. Aturdido por la pérdida de sangre, fue manipulado. Y, fue una corriente de aire, lo que lo despertó. La ventisca fue más que suficiente para recordarle la sensación de volar sobre una espada, pero, al recuperar parcialmente la consciencia divisó un valle con picos y un río de sangre que se extendió a lo largo de cientos de li.

No necesitó ser un genio para saber qué lugar era ese.

Una tumba gigante, el lugar donde las almas y los cuerpos se veían incapaces de salir.

El Luanzang, los túmulos funerarios.

Viéndose en el punto más alto del cielo, Wen Chao lanzó una risotada maniática y dio la orden que marcaría su destino.

"¿Qué me perseguirás como un cadáver feroz? Buena suerte tratando de salir de ahí".

El agarre sobre sus brazos fue anulado y Wei WuXian cayó hacía su muerte.


***


El impacto fue contundente y brutal. Tan devastador que su consciencia le abandonó debido a la calidad de sus heridas.

Cuando finalmente abrió los ojos, notó que su cuerpo se cubrió de cortes espeluznantes. No hubo hueso que no haya sido roto, y divisó las astillas emblanquecidas que cortaron la piel y sobresalieron exponiendo el esqueleto.

Sus piernas estaban rotas, y apenas tuvo fuerza para arrastrar su cuerpo a un lugar seguro lejos de una cama de rocas afiladas y hormigas de fuego que le mordían la piel.

La deshidratación y el hambre comenzaron a afectar su estado debilitado. No pudo evitar preguntarse qué lo mataría primero: la pérdida de sangre o la inanición.

Inerte sobre un charco rojo aguardó a que sus latidos ralentizarán y la razón se perdiera.

Sin embargo, algo frío, tan frío como las fuentes glaciares, subió por sus piernas, y aplacó el ardor de la infección. Pero, en lugar de asentarse como la frescura de una suave brisa, le arañó hasta el alma y tuvo miedo.

Desde el rabillo del ojo, con un campo de visión reducido por la oscuridad, divisó receptáculos pulular, la oscuridad siniestra se posó sobre él como el velo de la muerte, y le sintió adentrarse como el veneno de una serpiente.

Consciente de lo que estaba ocurriendo, lanzó un grito de muerte, y con las últimas fuerzas que le restaron, intentó detener el resentimiento que se metió en su carne. Sus piernas rotas trataron de patear, pero no obedecieron ordenes.

El dolor de sus heridas amainó, para intensificarse hasta que los picos fueron inmensurables.

Lanzó una bocanada de sangre de pura ansiedad, y los jadeos atrajeron a los espíritus de los alrededores.

El aire olía a descomposición y humedad. El polvo cadavérico se pegó al paladar, lo que avivó las arcadas en la garganta. Wei WuXian no tenía deseos de volver el estómago, ya que, el ácido le quemaba los conductos arruinados por la quemadura que Wen Chao propicio.

La oscuridad y las tinieblas de aquel antiguo cementerio hizo imposible discernir nada; a excepción del juego de voces y lamentos que se entremezclaron hasta que entre todo ese desastre escuchó el llamado de sus seres queridos. Pero, no pudo ser otra cosa que una trampa.

"... A-Xian...", llamó una voz femenina.

"... Wei Ying".

Sólo entonces abrió los ojos como si hubiese recibido un respiro de vida. No fue suficiente para reponerse de la sensación de estar en los brazos de la muerte. Su brazo se agitó dando un zarpazo, logró apartar espíritus de baja categoría que se amontonaron en un intento por devorar sus piernas inutilizables, a fin de arrancar la piel para alimentarse.

Wei WuXian supo que estaba al límite de su vida.

Sintiendo gran pena, odio, resentimiento y miedo, liberó un llanto desesperanzador.

Había sido arrogante, y retó a Wen Chao al verse incapaz de darle la satisfacción de humillarle y quebrantar su espíritu. Pero la verdad fue, que no deseaba morir.

Tenía arrepentimientos. Había hecho una promesa alguna vez. De defender a los inocentes, abogar en favor de la justicia y vivir sin arrepentimientos.

Wei WuXian tuvo arrepentimientos.

Vidas que no vivió, personas con las que no se reencontró, sentimientos que no expresó, juramentos que no pudo cumplir.

Su cuerpo cayó en un estado miserable sobre su propia sangre. No tuvo noción de sus brazos o piernas. No del peso en su cuerpo, ni del dolor.

Cuando estuvo a punto de cerrar los ojos, escuchó una voz entre los cientos de lamentos miserables.

Las palabras enunciadas fueron: '¿Qué harías, qué sacrificarías para sobrevivir?'.

"..."

'¿Qué deseas hacer? ¿De quién ansias vengarte?'.

Wei WuXian se desmayó.


***


Wei WuXian abrió los ojos al cabo de un tiempo. Para entonces, los espíritus maliciosos se habían apartado. Yació sobre el charco de su sangre seca, y se sintió pegajoso a la piel.

Los hematomas tiñeron su piel con un feo tono negruzco, y su núcleo vacío se llenó de oscuridad fría, que le hizo sentir drenado y miserable. Pero al menos no estaba muerto. Probablemente se mantuvo en un estado inerte y comatoso, pues, al alzar sus manos hacía el rostro, divisó muñecas frágiles como varitas, y la piel se pegó a los huesos.

Capaz de sentarse, se irguió. Su estómago protestó por comida, reconoció que sus mejillas se hundieron sobre un rostro, alguna vez, grato de ver. Incapaz de luchar con sus instintos de supervivencia, se arrastró con las palmas de las manos, se acercó a un cadáver, relativamente fresco, contuvo el aliento y tembló.

Transcurrió un shichen antes de inclinarse sobre la carne putrefacta del fallecido; conteniendo las lágrimas que empañaron su vista, se dispusó a engullir los restos amargos. Sin embargo, solo pudo tragar tanto, pues su estómago se vació con violentas contracciones.

Cediendo a un llanto que le dejó exhausto, se desplazó hacía el mundo onírico.

En su sueño vino una voz familiar, pero desconocida, alguien que llamó a su nombre como un viejo amigo, sonaba mucho como sí mismo, pero tan diferente a la vez. Esta voz era difícil de comprender, ya que se comunicó como conceptos e imágenes visuales que conectaban a una idea. Sin embargo, esta persona parecía entender su sentir, así que habló con ella por tanto tiempo hasta que perdió la noción del lugar y espacio.

Supo que el único lugar seguro para él, era su propia mente.

Wei WuXian dijo: "Todo lo que quiero es encogerme hasta desaparecer".

Wei WuXian deseaba ver a Jiang YanLi una última vez, asegurarse de que estaba bien. Jiang Cheng se había separado de su lado tras la intervención quirúrgica de Wen Qing. Había señalado que se reencontrarían al pie de la montaña al cabo de tres días. Tiempo que le tomó recuperarse de la pérdida de núcleo dorado. Temió que el esfuerzo hubiera sido en vano y, al igual que él, Jiang WanYin hubiese sido capturado por el depravado de Wen Chao.

Arañando el lado más vulnerable de su persona, se lamentó sin aliento, y lloró su desdicha como si fuese aquel niño desvalido que alguna vez vivió en Yiling. "Quiero ver a Jiang Cheng y Shijie. A mis amigos, a los shidis y shixiongs que se quedaron atrás. Quiero volver a los tiempos donde pescaba y recolectaba lotos, incluso a Gusu donde era tonto e ignorante".

Tras una respiración irregular, clamó: "¡Quiero mí vida de vuelta!".

Wei WuXian arrastró su cuerpo herido, y se hizo un ovillo contra una fría piedra lisa. Se aferró a ella en búsqueda de estabilidad, la impresión de sus manos ensangrentadas realizó dos impresiones perfectas, que se difuminaron hasta desaparecer como un manchón difuso.

El frío trajo paz al calor ardiente en su cabeza, en la fiebre que aún no lo había matado.

La voz de los muertos susurró contra su oído. "¿Qué deseas hacer?".

"Ver a Shijie y a Jiang Cheng". dijo con suma dificultad. "Regresar a los viejos tiempos".

El silencio llenó aquel valle de muerte.

Sus párpados pesaron debido a la inflamación en el rostro. Asumió ver, entre las formas difusas, la espalda de una figura hecha en sombras. Pero le fue imposible advertir su apariencia real. La criatura a quien le correspondió la voz, comenzó a alejarse, y Wei WuXian pudo discernir si eso fue bueno o malo.

Cediendo a sus heridas, se propuso descansar, y oró a los dioses para que todo fuese una agría pesadilla.

Sus ojos se abrieron debido al dolor crónico de sus viejas y nuevas heridas. Los cortes del látigo de la señora Yu se negaron a sanar, se había abierto el cráneo con la caída y tenía la boca llena de ampollas por el agua hirviendo que Wen Chao dejó caer. Eso sin contar el puñado de huesos rotos al aterrizar desde una altura sin precedentes. Sin embargo, al lanzar un movimiento rígido, se percató de que los huesos habían regresado a su sitio. Y si bien, dolió como los mil demonios, el hueso sanó dentro de la piel, causando pinchazos y gran malestar, pero al menos volvía a estar en una sola pieza. Tal vez, si lograba salir del Luanzang para vengarse, le pediría a los médicos del clan que le rompieran los huesos para fijarlos en el lugar correcto.

Dando un análisis exhaustivo al sitio donde encontró, se percató de que su cuerpo había sido movido de sitio. Al interior de una cueva profunda, húmeda y desconocida. Las paredes se pintaron con impresiones de huellas sangrientas. En una pared aledaña se grabaron sigilos con tinta roja, tan roja como el cinabrio, pero por la oxidación a negro supo que no se trato de dicho compuesto. Los sellos alzaron una poderosa barrera de protección. Se arañó con la punta de un cuchillo, el conteo de días: y Wei WuXian supuso que hubo alguien más con él, alguien que sanó sus heridas y le protegió mientras se desangraba.

Reconoció que debía agradecer la benefacción, y el auxilio.

Luchó por ponerse en pie, y cojeó.

Hubo un charco de sangre, que hedía a resentimiento y pudrición. En sus brazos hubo distintos cortes, y algunas cicatrices que subieron hasta el hombro, como resultado de la tortura de Wen Chao. Sus ropajes habían sido cambiados. Paso de humildes túnicas de granjero, que Wen Qing proporcionó para pasar desapercibido, a un puñado de prendas negras con varias capas y una chaqueta exterior. Por el material de los tejidos, supo que se trató de prendas pertenecientes a algún fallecido de alta cuna. A pocos cun, advirtió una cama rústica elaborada con trozos de tela vieja y un puñado de hierba seca.

Wei WuXian olía muy mal, como si no hubiese tomado un baño en semanas y meses. El lugar tenía ese hedor putrefacto y se le pegó a la piel. Aunque, apenas logró decir nada, ya que los espíritus se mantuvieron a raya y nadie trató de arrrancarle los intestinos.


ↂ ↂ ↂ


Wei WuXian reflexionó en cual atrofiada estaba su memoria hasta ese punto.

Lo difícil que era mantenerse cuerdo dentro de los túmulos funerarios. El tiempo se barajó diferente y se sintió fuera de espacio.

Fue un borrón de confusión e irrealidad. En un momento se arrastró como una larva sobre el charco de su propia sangre, y al siguiente instante se encontró dentro de una cueva misteriosa con sus heridas cerradas y un núcleo siniestro arañando en el vacío que dejó la pérdida de su diantan.

En su estado zumbado y aletargado, debió atravesar un sin fin de horrores, pero su cerebro lo bloqueó en pro de su cordura.

De este modo, abrió los ojos una mañana. Solo para percatarse de que se encontró al borde del Luanzang. Sin heridas mortales en el cuerpo y apenas consciente de la manera en que logró sobrevivir sin recursos disponibles. La conmoción fue mayor a la sorpresa. La libertad fue bienvenida. Cuando sus pies se aproximaron al límite de las tierras, enmudeció ante la facilidad con la cual escapó de dicha trampa mortal.

Libre del miasma tóxico y el resentimiento que desgarró sobre la piel, comenzó a correr sin dirección fija. Todo lo que llenó sus pensamientos fueron sus hermanos.

Identificó el agujero parchado en su interior. La cavidad donde alguna vez residió un poderoso núcleo dorado. Tuvo frío y las lágrimas amenazaron con derramarse.

Habiendo corrido tantos li como la debilidad por falta de sueño y hambre lo permitió, tropezó con la corteza de un enorme árbol y se detuvo. Tenía un tronco aromático, y se evidenció un árbol enfermo y moribundo. Creyó en el mito de que el Luanzang terminaba con la vida de toda persona o ser vivo que se aproximaba a sus dominios. Exhausto, se dejó caer.

Los inicios de un ataque de pánico le hicieron temblar. La respiración se atascó en su garganta y se mostró ansioso por arrancar las túnicas sobre su cuerpo, tirar de su cabello hasta hacerse daño. Pero al final no lo hizo.

Estaba conmocionado por todo lo que había experimentado en una cantidad inscierta de tiempo, al punto en que dificilmente procesó la masacre del Lianhua Wu, el asesinato a la familia Jiang, la perdida de nucleo dorado, la tortura.

Al pensar en su diantan, lo que llenó su interior fue la impotencia al saber que ahora era inútil. Todo lo que podía hacer a partir de ese momento era intentar volver con la familia que le quedaba y morir en el campo de batalla tratando de dar dignidad a su muerte. Si era posible, vengarse de Wen Chao, mientras aún estaba vivo.

Abrumado, se derramó la humedad en sus ojos. Contuvo un lamento desgarrador, a fin de evitar ser atrapado una segunda vez. Por lo que metió un puñado de tela maloliente en su boca y contuvo la miseria.

Tras llorar, el estimado de una vara de incienso, se ajustó las prendas e inició una carrera contra la muerte, extrayendo los restos de energía que sobraron en aquel cuerpo maltrecho.

Se apartó. Las lágrimas se deslizaron por los costados. Pero, sus únicos pensamientos fueron Jiang Cheng, y Shijie. Existió la figura solemne de otra persona, pero no ansío reconocerle, y lo arrastró al fondo de su mente para jamás pensar en ello. Ya que, no podría considerarle un rival. Estaban en extremos opuestos, y no valía más la pena. Pero su sacrificio lo significó todo para Jiang WanYin. Aún si jamás era consciente de ello.

Wei WuXian estaba confundido y desorientado. Caminó por todo un día y toda una noche, con movimientos irregulares y erráticos; con un pie que cojeaba y costillas que dolían. Cortes debajo de la túnica y una espalda que sangraba superficialmente.

Se adentró al bosque, lejos de la senda del camino principal, y se propuso descansar. Pero el ejército Wen no era la única amenaza. Los bosques, en especial, cerca del Luanzang, se llenaron de criaturas de energía oscura, de demonios y yaos. Por lo que maldijo su suerte. No tenía una espada, Suibian le había sido arrebatada durante el adoctrinamiento, y era incapaz de empuñarla con el honor que merecía. Sin algo con lo cual defenderse, se vio en la necesidad de hacer una pausa para considerar sus opciones.

Divisó una roca de gran tamaño, y dio pequeños saltos entre cojeos para llegar a ella. Antes de posarse, distinguió el sonido del agua que lava las rocas, y supo que había agua cerca.

Siguiendo el musgo y el chapoteo del río, se dejó caer de rodillas en la orilla y sus rotulas chasquearon; como quien golpea vidrio con más vidrio.

Se arrastró a gatas, y sus palmas se hirieron con los bordes puntiagudos de algunas rocas, sin embargo, poco importó, ya que, al cabo de pocos segundos sumergió la cabeza en la corriente de agua dulce y tragó, saciando su sed.

Al resurgir, sintió la suciedad y la sangre deslizarse por los costados. El sabor agrio se adhirió a su boca. Luchó por contener las arcadas. Pero, al tomar un instante para ser consciente de su apariencia, reconoció el hedor nauseabundo de los putrefactos como suyo. Fue tan intenso que le provocó dolor de cabeza.

Se liberó de sus túnicas negras, y se lanzó al interior del río. Habría sido más sencillo arrojarse de cabeza directamente, pero dudaba de su capacidad para mantenerse en pie con todo ese peso adicional de la ropa humedecida.

No tenía una pastilla de jabón a la mano, supuso que podría conseguir un poco en su próxima parada. Arrancó algunas hierbas y hojas de los arbustos de los alrededores y se frotó con ellas. Era preferible tener olor a pastizales que a cadáver.

El agua a su alrededor adquirió una coloración oscura, algunas de sus heridas sangraron pero fueron lavadas por la corriente, y una fina capa aceitosa flotó a su alrededor. Una vez habían encontrado un cadáver en descomposición alrededor de los lagos del clan YunmengJiang, fue justo lo mismo. Pero Wei WuXian se negó a creer que su cuerpo miserable se estuviera pudriendo en vida.

Tratando de no pensar más en el asunto, comenzó a lavarse el cabello. Sin embargo, algunos mechones se convirtieron en nudos de tamaño gigantesco ya que la sangre seca formó costras imposibles de disolver. Encontró una daga falta de filo entre sus túnicas, y comenzó a cortar mechones.

Afortunadamente, su cabello no sufrió demasiado, aunque ahora había algunos extremos cortos alrededor del rostro, que se erizaron de manera indómita.

La paz fue bienvenida, y atemorizante.

Todo lo que percibió fue el fluir del río, el viento batiendo las ramas, el canto de las aves y el croar de las ranas.

Se relajó bajo la corriente fresca y no extrañó el sonido de cientos de voces angustiadas en disonancia.

Su estómago protestó. Su tiempo de descanso llegó a su fin. Se obligó a salir del agua, y comenzó a buscar dentro de sus pertenencias antes de lanzar las prendas al agua.

No pudo evitar notar algunos talismanes escritos con sangre al interior de sus mangas. Lo más conmocionante: los talismanes habían sido escritos por él mismo.

"¿Cómo es posible que esta sea mí letra?", dijo.

Siguió los trazos con los dedos, y se estremeció por el propósito de muchos de los grabados. Existió la posibilidad de que hubieran sido escritos en medio de un ataque maníaco, de delirio de agotamiento y hambre.

Dentro de la segunda manga, encontró un extraño manual de cultivo.

Al leer las primeras páginas, enmudeció.

Un manual cultivo de energía yin.

Una mueca ácida cubrió su semblante serio. Era consciente de lo que ocurriría a cualquiera si utilizaba esa clase de cultivo. Se conversó alguna vez en las conferencias de Lan QiRen. Él había dicho que era una ofensa contra la ortodoxia y una blasfemia. Y si bien, nunca se puso en práctica la teoría del resentimiento como energía natural, tuvo como posesión un manual que condensó e hizo realidad aquella idea.

Wei WuXian pensó entonces que, ahora como un inútil con los días contados, estaba ante la oportunidad de hacer frente a sus enemigos, y no obstaculizar en el proceso.

Apartó el manual del agua, envolvió las túnicas en una pesada bola y comenzó a frotar contra la piedra.

Al cabo de un tiempo, la túnica perdió la sangre y la suciedad que tiñeron el textil.

Colgó sus ropajes sobre la rama baja de un árbol cercano y se dejó caer sobre su espalda en la hierba fresca.

Tomó nota de sus heridas. En horrorosas cicatrices a medio cerrar. Cortes horizontales sobre sus brazos, la quemadura de un arma espiritual de alta complejidad, Zidian. Hubo un agujero cerca del corazón, donde la espada de uno de los esbirros de Wen Chao se clavó. Por todo lo demás, fue confuso tratar de asignar razón a tantas cicatrices.

Mientras las prendas se secaban, improvisó una caña de pesca para alimentarse. Tragó tanta agua pura hasta que le dolió el estómago, y vómito. Se convirtió en un ciclo vicioso, ya que su estómago había reducido su tamaño y apenas podía soportar nada.

Fue afortunado. Un pez de río de tamaño mediano cayó en la trampa, así que se dispuso a cocinarlo.

Solo consiguió dar un par de mordiscos a su comida, ya que se sintió enfermo; contuvo las náuseas, y luchó por regularizar su respiración.

Habiendo hecho su comida a un lado, advirtió la presencia de algunas aves de rapiña y cuervos. Arrojó pequeños bocados de pescado y estos confiaron en él hasta acercarse lo suficiente.

"Pueden tenerlo todo", cedió sin problema.

El sol de la media tarde comenzó a bajar. Lo que advirtió un descenso en la temperatura. Pero apenas importó.

Tomó el misterioso manual, y abrió en una página al azar.

Algo en aquel extraño libro le resultó familiar. Conteniendo la curiosidad, regresó a la primera página, pero no encontró firma del autor.

Pese a las carencias en la redacción, y la poca continuidad entre teoría y teoría, se dio cuenta de que había sido escrito de manera no lineal, con grabados que fueron comenzados y terminados en otro momento. Aún cuando la constancia en la letra fue deficiente, reconoció que era un escrito poderoso, peligroso e interesante el cual detalló con minucia el resentimiento y su perverso uso.

Siguiendo algunas de las indicaciones en el manual, y, tras haberse familiarizado con el estudio de teorías, mientras formaba su núcleo dorado, hizo seguimiento a los métodos, en un intento desesperado y poco optimista por hacerse con un poder que le ayudase a hacer frente a la desventaja que atravesó.

Canalizó una cantidad mínima de energía yin. Esta pululó y se enraizó a través de las puntas de sus dedos. No fue caótica, ni volátil. No hubo una reacción agonizante como sus maestros en el Yunshen Buzhichu advirtieron.

Aún así, tuvo un mal presentimiento. No podía ser todo tan fácil de conseguir. Entendió que habría un precio a pagar, pero, lo descubriría en el camino.

Pese a haber perdido su núcleo dorado, y ahora con el interior dando espacio al resentimiento, pensó en utilizar aquella ventaja a su favor.

Wei WuXian comió, o lo intentó; durmió y se forzó a recuperar energías. Al término de aquella noche, se ajustó las túnicas oscuras, trató de no pensar en la forma miserable de un cuerpo maltrecho. Tomó los extremos de su desgarrada cinta roja, y anudó alrededor de su cabello hasta conseguir una cola de caballo alta.

Supo que ante su desventaja, lo mejor sería conseguir papel talismán y tomar la carta de los talismanes oscuros para defenderse en su camino.

Con esto dicho, emprendió el viaje. 

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