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Capítulo final

La actitud de Kirishima respecto a todo el mundo en general comenzó a variar de forma drástica desde que ese fatídico ataque de celos sucedió el penúltimo día de excursión, y esto se comenzó a notar cuando todos los estudiantes regresaron a la preparatoria a regañadientes, aún exhaustos por el viaje y por todas las actividades hechas allí, pues por algún motivo que nadie logró sacar de la boca del chico, este asistió con el estilo natural de su cabello: lacio y con algunas raíces negras, señal de que se había olvidado —o no había querido— volver a teñir del todo su pelo.

Eso provocó varias sospechas en los estudiantes, quienes ya se habían acostumbrado a la apariencia extravagante pero atractiva de Kirishima, y que de un día a otro el beta llegase a la preparatoria con un estilo de cabello tan descuidado provocó que la mitad de las personas que lo conocían comenzaran a preocuparse acerca de él y preguntarle si le había sucedido algo en lo que le pudiesen ayudar, e incluso Bakugou sintió una horrorosa preocupación por su mejor amigo cuando lo vio llegar de esa forma, pero por más que todos insistieron en que si tenía algún problema, Eijirou mantuvo la boca cerrada, negándose en cada momento a decir una sola palabra sobre su condición actual.

El extraño comportamiento de Eijirou no fue notado únicamente por su cabello, el cual podría haberse tratado de algún despiste cualquiera o la falta de tiempo por cualquier motivo personal, fue empeorando con el pasar de los días, y sus amigos se comenzaron a angustiar al ver que poco a poco la melena rojiza de Eijirou era reemplazado por su color natural, y su energía y carisma comenzaron a desaparecer, siendo su personalidad reemplazada por una apatía y frialdad que comenzó a inquietar en demasía a todos sus conocidos, quienes a pesar de esforzarse lo máximo posible para lograr recuperar la felicidad del chico no lograron nada, logrando solo sentir más angustia con el pasar del tiempo al ver que Eijirou poco a poco iba desconectándose del mundo, separándose de sus amigos y negándose cada vez que éstos le preguntaban qué le sucedía y el por qué se estaba distanciando tanto sin motivo aparente.

Pero Kirishima sí que tenía un motivo por el cual no podía soportar ver el rostro de Bakugou cada vez que iba a la preparatoria, y era que se sentía el peor amigo del mundo, se sentía miserable, como un pedazo de basura que no merecía ningún bien en el mundo, y esa actitud deprimida no pasó desapercibida por Katsuki, quien también estaba siendo afectado demasiado por ese repentino cambio de actitud en su mejor amigo.

El único afectado del tema no era Kirishima, el alfa rubio también estaba siendo afectado y sufriendo los efectos de todo. El dulce aroma a cerezas que emanaba el pelirrojo comenzó a tornarse agrio con el paso del tiempo, como si las cerezas en cuestión hubiesen comenzado a podrirse sin marcha atrás, y Bakugou cada vez se sentía más débil, más entristecido cuando veía que no podía hacer nada por ayudar al beta, como si su corazón diese brincos dolorosos y angustiosos cada vez que veía el rostro apagado de su mejor amigo y más anhelado amor. Esa situación también llegó hasta los sueños de Bakugou, en los cuales siempre acababa por ver terroríficas imágenes de Kirishima muriendo de la tristeza, desvaneciéndose ante sus propios ojos y sin que él pudiese ayudarlo, cosa que comenzó a hacerle a sentir impotente, inútil. Se estaban introduciendo en un ciclo eterno de sufrimiento, pues cada vez que Kirishima veía a Bakugou tan apagado, tan tranquilo y melancólico, su corazón dolía aún más, y así sucedía a viceversa.

Bakugou sabía que no era normal sentir ese dolor tan potente en su pecho y el estar tan afectado por aquella situación, lo sabía porque jamás había llegado a suceder con otras personas. Con Izuku, aunque no lo demostrara sentía algo de estima y lástima por no poderlo ayudar a cambiar su actitud, pero jamás sintió tan afectado por ello, y jamás había sentido escuchar de que el olor de alguien comenzase a volverse horrendo cuando pasase tanto tiempo deprimido, por lo que no le quedó más remedio que comenzar a buscar por Internet el por qué de aquel lazo tan profundo que había entre Kirishima y él, consultando a varios especialistas sin resultado alguno, hasta que finalmente decidió preguntarle a su madre, quien siempre había sido su última opción por el hecho de que sabía que esta se burlaría de él por estar tan preocupado siendo que, a él, la gente siempre le había dado igual y jamás había llegado a esos extremos de ansiedad por ver a uno de sus seres cercanos tan apagados.

Pero, nada más comenzó a conversar con su madre, se dio cuenta de que la conversación no sería cómica, sino seria, terriblemente madura al contrario de las discusiones que solían tener entre ellos, y ese día se dio cuenta de cosas que siempre habían pasado desapercibidas para él, percatándose de que su corazón y alma no solo estaban ligados a Kirishima por un simple enamoramiento, sino porque sus almas estaban destinadas. ¿Por qué más él era el único que sentía el aroma de Eijirou? ¿Y por qué, siendo que desde toda su vida le habían asegurado que su aroma únicamente era a pólvora, Kirishima decía que él también olía a caramelo? ¿Por qué sentía esa presión en su pecho y ese dolor cada vez que Kirishima se entristecía? ¿Por qué había llegado a unirse tanto a él siendo que jamás se había sentido tan unido a alguien?

—Él... —comenzó a decir con los ojos desorbitados, sintiendo lágrimas bajar por sus ojos y la palma de su madre remover su cabello de forma afectuosa—. Kirishima es mi pareja predestinada...

¿Cómo había tardado tanto en darse cuenta de que Kirishima era su pareja predestinada? Todo era culpa de las enseñanzas en los centros escolares, donde siempre se había dicho que los alfas solo podían llegar a emparejarse con omegas y que las almas destinadas solo sucedían entre esos dos géneros de la jerarquía, por lo que nunca se le había ocurrido que pudiese llegar a estar ligado de tal forma tan fuerte a Eijirou, a ese chico que le abrió las puertas en el amor, que le enseñó a intentar ser una mejor persona, a querer poder superarse cada día para mantener a ese chico junto a él y ayudarle en todo lo que pudiese, al chico que le enseñó lo que era amar sin importar el género al que pertenecían.

Pero, ¿qué más daba si estaban predestinados? Sin la necesidad de que lo supieran, él se enamoró de Kirishima, y por más que el pelinegro no hubiese sido su alma gemela, él seguiría defendiendo sus sentimientos por él. Un tonto hilo rojo del destino no tenía derecho a decidir a quién debía amar, su corazón era el que debía enamorarse de la persona en cuestión, y Kirishima lo había logrado, había logrado entrar en su corazón sin necesidad de saber antes que este era su pareja predestinada.

Eijirou le había cautivado con su hermosa sonrisa, con su energética e incansable personalidad, con sus tonterías, con los momentos emotivos que habían pasado en lo largo de su amistad, con cada una de las palabras y halagos que le había dedicado, con la preocupación que siempre mostró cada vez que él se encontraba mal, y ahora Bakugou, en vez de esforzarse todavía más en ayudarle con lo que fuese que le sucedía, estaba dejando que su precioso Kirishima comenzara a marchitarse frente a sus ojos, a podrirse como el aroma a cerezas que emanaba, y Katsuki no quería permitir aquello. Necesitaba ayudarlo, necesitaba poder volver a ver esa sonrisa que le volvía loco y que tanto amaba ver aunque lo negase en voz alta. No dejaría más que Kirishima se ahogara en sus tristezas: si debía estar deprimido, él le acompañaría en tal tristeza para hacerle ver que no estaba solo.

Sin casi despedirse de su madre, Bakugou colocó sus zapatos y salió corriendo de su hogar para dirigirse hacia el del pelinegro sin avisar a este, sabiendo que Kirishima huiría de su hogar nada más leyese el mensaje, pues ya había sucedido un par de ocasiones antes en las que Katsuki quiso ir a hablar con él personalmente, y al cabo de diez minutos llegó frente a la puerta del segundo hogar donde más horas pasó en su vida, recordando con nostalgia el cómo había disfrutado cada una de las visitas a la casa de Eijirou, el cómo se había divertido cada momento en el que estuvo a su lado, y otra ráfaga de tristeza inundó su corazón al pensar en qué sucedería si sus pesadillas se hicieran real, si Kirishima muriese en la realidad y le dejase solo en aquel injusto mundo, y nuevamente lágrimas comenzaron a caer por su rostro.

—Mira lo que me haces, Kirishima —susurró para sí mismo el alfa, acercando su dedo al timbre de la casa.

No tardó mucho en que unos pasos sonaran tras la puerta principal, y al contrario de lo que creía, en vez que la madre de Eijirou abriese la puerta, fue el mismo adolescente quien atendió al timbre, sorprendiéndose e intentando cerrar la puerta nada más vio que Bakugou le había ido a visitar, pero el alfa no permitió que Kirishima le dejase plantado de aquella manera y colocó su pie en mitad del marco de la puerta para así evitar que se cerrase.

—¡Bakugou! —exclamó con nerviosismo el pelinegro, abriendo en exceso sus ojos.

Bakugou se fijó en las pequeñas manchas violáceas en los párpados inferiores de Eijirou y la furia de saber que este no se estaba cuidando lo suficiente comenzó a hacerse presente, pero si quería ayudar a Kirishima debía tragarse sus espontáneos enfados y actuar de la manera más tranquila que pudiese, concentrándose en su deber lo máximo posible. Sabía que él era el único que podría llegar a hacer confesar al pelinegro lo que le sucedía, así que no podía fallar. Y no lo haría, se lo había prometido a sí mismo, se había hecho el juramento de que sacaría a su amigo de esa depresión que había surgido sin que nadie supiese el motivo.

—Déjame pasar, Eijirou —ordenó escudriñando a Kirishima con sus ojos, intimidando al contrario.

—¿Qué haces aquí? —preguntó el pelinegro, acatando las órdenes del alfa y temiendo por su vida.

—He venido a hablar contigo —respondió—, así que más te vale responder a todas mis preguntas.

Kirishima asintió lentamente con su cabeza. —¿V...Vamos al salón?

—Lo que tú quieras. Es tu casa, ¿no? —Katsuki comenzó a caminar hacia el interior de la casa, percatándose de que los padres de Eijirou no estaban allí.

—De acuerdo... —asintió Kirishima, siguiendo a Bakugou mientras jugueteaba con sus dedos de forma nerviosa—. ¿A qué has venido a hablar?

A Bakugou le dolió en demasía ver cómo Kirishima, quien siempre había estado a su lado sin importar lo mucho que le insultara o incluso golpeara por cualquier motivo, ahora mostrara una faceta tan débil ante él, una faceta insegura y temerosa, como si pensara que él le iba a golpear hasta la muerte, cosa que jamás sería capaz de hacer.

—Por favor, Eijirou, no me tengas miedo —rogó el alfa una vez tomó asiento en uno de los sofás de la casa—. Sabes que yo no te haré nada.

Kirishima tragó saliva, cada vez más angustiado. Quería saber de lo que había venido a hablar Bakugou, pero por cómo estaba actuando el alfa se estaba haciendo una idea acerca de lo que quería: saber por qué estaba actuando de una forma tan deprimida últimamente. Todos sus amigos le habían ahogado en preguntas de ese tipo, pero él jamás era capaz de poder responder esas preguntas, porque ni él mismo sabía lo que le sucedía en verdad. Era una sensación de inferioridad que jamás había experimentado, y por ello no tenía ni idea de lo que era. Por ende, era incapaz de poder responder a todas las personas que se estaban preocupando por él de esa forma tan angustiada, y eso causaba una sensación aún más dolorosa en el pelinegro.

—He venido a hablarte acerca de tu actitud estos últimos días. —Kirishima suspiró ante las palabras de Bakugou—. ¿Por qué te estás separando tanto de nosotros? ¿He hecho algo mal? ¿Estoy siendo un mal amigo?

El corazón de Kirishima dio un vuelco ante las palabras de Katsuki y lo preocupadas que habían sonado. El alfa había empleado un tono de tristeza que él jamás había escuchado, un tono que le había hecho dar cuenta de que la había cagado al haberse separado tanto de Bakugou sin darle explicación alguna, y el sentimiento de culpabilidad se intensificó aún más.

—Bakugou, ¿soy un mal amigo? —preguntó repentinamente.

—Oi, no cambies el tema de conversación... —Bakugou alzó una ceja y entonces se percató de las palabras de Kirishima y la inseguridad con la que fueron dichas—. ¿Pero qué demonios? ¡Pues claro que eres un jodido buen amigo, Kirishima!

Eijirou retrocedió ante el grito de Bakugou, y poco a poco las lágrimas comenzaron a llenar sus ojos. ¿Había estado tanto tiempo huyendo de sus amigos creyendo que él no valía la pena siendo que Bakugou le consideraba un buen amigo? El dolor le embargó hasta el punto que cubrió su rostro con sus manos, sollozando y sintiéndose aún más débil de lo que ya era, seguro de que Bakugou se burlaría de él por estar actuando de una forma tan llorona, pero al contrario de lo que creyó, fue rodeado por unos brazos fuertes y reconfortantes que le sirvieron de apoyo mientras lloraba a pleno pulmón, liberando el dolor que llevaba resguardando en su interior desde el incidente en el viaje.

Bakugou no había sentido peor tortura que el ver a Kirishima de aquella forma, y no pudo hacer nada más que darle un incómodo abrazo, esperando poder ayudar en algo y sintiéndose una terrible persona por saber que Kirishima había sido ahogado por las inseguridades. Si tan solo le hubiese repetido más veces lo mucho que le quería, lo mucho que lo amaba, ahora Kirishima no estaría sumido en esa profunda tristeza. De cierta forma, eso había sido su culpa, por no haber apreciado lo suficiente a Eijirou y no haberse percatado de sus inseguridades antes.

—Tú no eres un amigo, Kirishima —susurró de forma dulce y suave Bakugou como pocas veces hacía, acariciando los cabellos de Eijirou—, yo soy el verdadero mal amigo por no haberme dado cuenta de tu dolor antes.

—¡No! —exclamó rápidamente el pelinegro, incapaz de soportar que Bakugou se llamase a sí mismo mal amigo—. Tú eres el mejor amigo que he tenido jamás, no es tu culpa, nada de esto es tu culpa...

Bakugou reprimió sus ganas de golpear a Kirishima en el rostro para hacerle reaccionar. Ambos eran culpables de que esa situación se desarrollara: Kirishima por haber ocultado sus mayores inseguridades y problemas y Bakugou por no haberse dado cuenta antes de lo grave que se estaba volviendo la situación, así que los dos eran malos amigos, por lo que en vez de lamentarse deberían intentar solucionar sus diferencias y poder regresar a un punto de salida y no volver a cometer esos mismos errores, pero ahora Eijirou estaba más concentrado en llorar que en intentar conversar lo que estaba sucediendo.

—Escúchame, Kirishima, ¿por qué te sientes un mal amigo? —preguntó finalmente el alfa, arrugando la nariz al aspirar el aroma a cerezas podridas que emanaba el pelinegro.

—Yo no tuve la suficiente confianza en ti, Bakugou —gimoteó—. Creí que una omega me separaría de tu lado, no te tuve la confianza que tú me tienes a mí. ¿Cómo puedo considerarme un buen amigo si ni tan solo puedo confiar en ti?

—¿Te refieres a mi conversación con Uraraka? —Bakugou suspiró. Así que fue ese día cuando todo se originó—. Ella me pidió ayuda en unos asuntos románticos con otra beta, ella jamás se interesaría en mí y yo jamás me interesaría en ella.

—Yo lo siento, de verdad —lloriqueó Kirishima, cubriendo nuevamente su rostro y sintiendo las lágrimas empapar las palmas de sus manos—, te vi sonriendo de esa manera y yo... sentí celos.

—Kirishima... —murmuró Bakugou. Su corazón dolía ante esa visión tan frágil del chico.

—Dios, ni tan solo soy capaz de soportarte viendo a otras personas, ¿qué clase de mejor amigo soy? —repitió destrozado Eijirou, sumiéndose en sus propios pensamientos y sin escuchar cómo Bakugou le llamaba incesablemente.

—Kirishima —volvió a decir el alfa.

—Soy un egoísta que no piensa por tu propio bien, comprendo perfectamente si quieres dejar de hablarme —susurró con un hilo de voz Eijirou, con la mirada opacada y vidriosa, perdida en un punto del salón donde estaban.

—¡Kirishima, escúchame, joder! —Esta vez Bakugou no pudo evitar gritar, harto de escuchar toda esa sarta de tonterías.

Comprendía que Kirishima pudiese sentir unos celos más potentes siendo que sus almas estaban destinadas, había leído que los sentimientos posesivos aumentaban todavía más con tu alma predestinada, pero eso no podía justificar las palabras denigrantes que se estaba dedicando a sí mismo, creyéndose menos que todas las demás personas, insultándose a sí mismo de una forma que Katsuki no podía aguantar, pues para él, Kirishima era todo lo contrario a lo que estaba diciendo. Para él, Kirishima era la única persona a la que podría aguantar por el resto de su vida, y eso, para su carácter explosivo y su facilidad para aburrirse de las cosas o personas, era muchísimo.

—¿Eh? —Finalmente, Kirishima alzó la cabeza ante el grito de Bakugou.

—Te amo.

Un silencio terriblemente incómodo se formó en la sala después de que Katsuki dijese lo que sus instintos dictaban que hiciera, y Kirishima se alejó de él en un movimiento brusco, torpe y nervioso, como si no se creyese las palabras que había escuchado, todo a ello a una mueca de sorpresa y el cesamiento de sus lágrimas. Por un momento, el alfa creyó que la había cagado al confesarse de aquella manera tan brusca y repentina, pero pronto notó que el rostro de Eijirou se tornaba completamente rojo, tal como si acabase de procesar sus palabras por completo.

—¿Eh? ¿Qué? —susurró Kirishima. ¿Había escuchado bien?

—Que estoy enamorado de ti, ¿estás sordo o es que no quieres escucharme? —Bakugou desvió la cabeza, sumamente avergonzado. No pensaba que confesarse sería tan humillante, pero más que por la humillación, su corazón se había acelerado por el temor a ser rechazado. Ahora sería decisión de Kirishima el decidir cómo cambiar el rumbo de las cosas aceptándole o rechazándolo.

—¿Por...? —comenzó a decir Kirishima, aturdido ante la repentina confesión de Bakugou y sin saber muy bien cómo reaccionar ante ello—. ¿Por qué... por qué estarías enamorado de mí?

—Kirishima, ¿podrías simplemente responderme? —replicó Bakugou, tomando el cuello de la camiseta de Kirishima y acercándole a él, observando sus pómulos rojos y el cómo los ojos de Eijirou habían comenzado a brillar de nuevo, dudosos, confundidos y felices.

Kirishima sintió lágrimas de emoción bajar por sus ojos. —Por supuesto que yo también te amo. ¿Cómo no podría amarte?

—Entonces voy a hacerte la misma pregunta: ¿por qué estás enamorado de mí?

Eijirou se sobresaltó ante la pregunta y su cerebro comenzó a mandar decirle una gran cantidad de palabras que llevaba escondidas desde hacía tiempo temiendo que Bakugou le odiase si se las dijese en voz alta, pero ahora eso no importaba, debía responder con sinceridad y sin tener miedo de nada.

—Porque me ayudaste cuando más lo necesitaba en primaria, porque fuiste la primera persona en aceptarme tal como soy yo, porque has pasado conmigo los momentos más importantes de mi vida —comenzó a decir de forma exaltada—. Porque me pareces alguien increíble, atractivo, inteligente y maduro, y podría pasar el resto de mi vida a tu lado y jamás me aburriría de tu presencia, porque tu aroma me hace sentir tranquilo, feliz como nada me ha logrado hacer feliz antes.

Katsuki sonrió, sintiéndose completamente halagado ante las palabras de Kirishima y comenzando a rodear al pelinegro con sus brazos, percatándose de que el aroma de Kirishima poco a poco iba endulzándose de nuevo, señal de que su felicidad había regresado. ¿Había regresado gracias a él? Sinceramente, poco le importaba. Lo único que deseaba era que Eijirou fuese feliz, ya fuera gracias a él o a cualquier otra, y mientras pudiese ver su sonrisa, nada más en el mundo importaba.

—Kirishima, ¿sabes por qué me he enamorado de ti? —le preguntó Bakugou, pasando su dedo por los ojos del beta para sacarle las lágrimas.

—¿Por qué, Bakugou? Yo soy un simple beta, no tiene sentido que un alfa como tú se haya fijado en mí de forma romántica —volvió a menospreciarse el pelinegro.

—Para mí no eres un simple beta, y menos me importa a qué sexo pertenezcas. Es más, si te hubieses presentado como alfa, yo seguiría enamorado de ti —contestó—. Porque yo no me he enamorado de ti pensando en si podríamos formar una familia o no, me he enamorado de ti porque has sido la primera persona que me ha querido independientemente de mi personalidad, porque has sido la única persona con la que me siento a gusto cada vez que estoy a solas y porque fuiste la primera persona a la que pude considerar amigo.

—Bakugou... —murmuró sollozando Kirishima. Jamás creyó que Katsuki, la persona a la que había amado durante años, ahora le estuviese dedicando tales palabras.

—No eres un mal amigo, Eijirou, todo lo contrario. Eres la persona más bondadosa que he conocido jamás, siempre atento con tus amigos, ayudando en todo lo que puedes ofrecer ayuda. Eres el hombre más viril que conozco y probablemente de todo el mundo, eres radiante, y te has convertido en una parte primordial de mi vida. Eres hermoso, jodidamente atractivo, y por ti sería capaz de pelear contra todo el mundo si me lo pidieras. Así que nunca más te atrevas a llamarte mal amigo si no quieres que te mate.

Tras esas palabras, Bakugou acabó de acercar a Kirishima hacia él, uniendo sus labios en un lento beso. Eijirou se sobresaltó en un principio, pero poco a poco se fue dejando llevar por la textura de los belfos del alfa, sintiendo cómo su corazón bombeaba con rapidez debido a la intensidad del momento, y poco a poco fue rodeando de regreso con sus brazos a Katsuki, correspondiendo el abrazo y parando de llorar, reconfortado por esa muestra de afecto. Siempre creyó que los besos de Bakugou serían agresivos, pero ahora había aprendido que eran dulces, suaves como un caramelo de cereza, y eso no le disgustaba en lo absoluto, sino que le cautivó aún más.

—Katsuki —susurró Kirishima nada más se separó de Bakugou—. ¿Qué somos ahora?

—¿Qué más quieres que seamos, idiota? —bufó Katsuki, pronunciando con suavidad el insulto.

—¿Somos... pareja? —cuestionó tímidamente Eijirou, desviando la mirada, aún incapaz de olvidar la sensación del beso.

Katsuki respondió su duda con otro suave y lento beso, acariciando su cabello con calma. No había necesidad de más palabras, ambos sabían que a partir de ese momento reiniciarían sus vidas con la única diferencia de que ahora ambos sabían que se amaban y podrían compartir más muestras de afecto tanto en público como en privado, palabras cursis que, aunque causaran repugnancia a Katsuki, por Kirishima las aguantaría, se ayudarían mutuamente y continuarían siendo los mejores amigos de siempre con la diferencia de que también serían los mejores enamorados.

Bakugou sintió totalmente innecesario decirle a Kirishima que eran parejas predestinadas. Si se amaban, era por cómo eran en realidad, no porque un estúpido hilo rojo del destino se los dictaba y se los ordenaba. A partir de ahora, se encargarían de amarse sin importar que la sociedad no viese su romance como algo saludable o sin importar que sus compañeros de clase pudiesen quejarse o criticarles por el simple hecho de ser un alfa con un beta. Ellos se amaban sin importar el género al que pertenecían, sin importar las complicaciones sexuales que esto pudiese implicar y sin importar que no fuesen capaces de formar una familia como todas las demás parejas.

Porque ellos estaban enamorados de sus corazones, no de sus sexos jerárquicos, y juntos le demostrarían aquello al mundo.

FIN

¿Cuánto llevaba sin completar un fanfiction? Eso no es lo que importa. Llevaba tiempo queriendo unirme al fandom de Boku no Hero Academia subiendo algún contenido de cualquier tipo, y decidí que haciendo un fanfic de una de mis otp sería la mejor manera.

A todos los que hayan leído este fic, espero que os haya gustado (fue complicado intentar captar correctamente las personalidades de Bakugou y Kirishima), y espero en el futuro hacer alguna historia de Bakushima algo más larga c: 

Se despide, Marina.


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