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Capítulo 2

Una semana después de que Kirishima se presentara como beta, la información comenzó a esparcirse por la academia en la que asistían y pronto el chico fue rodeado por otras betas que tenían la intención de intentar ganarse una amistad con ese carismático y atractivo chico, cosa que no fue muy de agrado para Katsuki Bakugou, quien durante esos días tuvo que tragarse su furia cada vez que veía al pelirrojo ser atosigado por tantas chicas que ni tan solo estaban verdaderamente enamoradas de él, sino que estaban siendo llevadas por la curiosidad que les producía ver a un beta con la fisonomía de un alfa.

Porque sí, muchos en el pasado habían apostado que Eijirou se presentaría como alfa, ya fuese por su apariencia masculina, tal como lo catalogaban muchas omegas y betas, por su atractiva voz, por su tracto amable hacia cualquier persona que se le acercara o por la seguridad que imponía cada vez que llegaba a un lugar, y uno de los que apostaron aquello fue Katsuki Bakugou, embelesado ante la personalidad que Kirishima poseía.

Y ese enamoramiento espontáneo que las chicas mostraron por el pelirrojo no era cosa de un par de días, Bakugou lo sabía de sobras. Su mejor amigo siempre había tenido a decenas de omegas y betas tras él (incluso algunas alfas que habían estado atraídas hacia la cara angelical del joven), y siempre había tenido que tragarse las ganas de golpear a cada persona que se había atrevido a declararse al pelirrojo en frente de su cara y gritarles que Kirishima era algo más que un rostro bonito y un cuerpo musculoso, y él estaba dispuesto a demostrarlo ante todas ellas cuando tuviera la oportunidad perfecta.

—¿No crees que están haciendo demasiado drama por Kirishima? —intervino un día Kaminari, cansado de ver a tantas chicas bonitas rodear a Eijirou, siendo que él jamás había sido coqueteado por una sola omega.

—Lo que pasa es que estás celoso de que le hagan tanta atención y a ti ni te miren—bromeó Mina—. Pero es normal, para ellas solo eres un tonto necesitado.

—¿Cómo más quieres que lo vean? —replicó enfadado Bakugou—. Si es claramente un estúpido, nadie se fijará en él.

—¡Oye! —exclamó indignado Kaminari mientras retrocedía al ver el mal humor que desprendía el alfa, percatándose que lo mejor sería no conversar mucho con él, pues parecía estar a punto de estallar contra el primero que se dignase a decirle algo.

Kirishima por su parte no estaba del todo a gusto sintiéndose tan acosado por otras betas, y por más que intentaba alejarlas de su lado para así poder regresar con sus amigos, estas no le dejaban en paz por más ruegos que hiciera. Incluso, las más atrevidas habían llegado a comentar acerca de temas más privados acerca de su cuerpo, cosa que lo atemorizaron e hicieron que creyese que en la sociedad actual lo único que buscaban los adolescentes era el procrear los unos con los otros sin importar las consecuencias de sus actos. ¿Era eso algo natural en la edad o es que la academia en la que iba estaba repleta de jóvenes pervertidos?

El pelirrojo sabía que debería ir pensando en conseguirse una pareja, incluso sus padres se lo repetían, pero no era capaz de olvidar su enamoramiento por Bakugou y su obsesión por el aroma a caramelo y pólvora que este destilaba, un aroma que varias veces le había hecho perder todo sentido de la realidad y dándose cuenta por fin el por qué Katsuki era uno de los alfas más perseguidos de la academia, pues, a parte de su atractivo físico y potente personalidad, este parecía repudiar a todo omega que se le acercara, ya fuese un hombre o una mujer, o, incluso, a personas débiles moralmente, y tal repudio se demostraba principalmente cuando Bakugou se encontraba con su vecino de la infancia Izuku Midoriya, a quien al parecer había apodado Deku por temas que Kirishima jamás se había atrevido a preguntar.

Izuku Midoriya era, increíblemente, un alfa, pero lo que hacía que Katsuki le odiase era el hecho de que el chico no podía defenderse por su propia cuenta y, por como el pelirrojo había podido comprobar al analizar mejor a ese alfa, era un llorón que recurría a las lágrimas cada vez que tenía que solucionar un problema. Kirishima supo entonces que Bakugou era alguien que no soportaba a las personas débiles y que dependiesen de otra persona para todo, lo que le hizo dudar acerca de lo que sucedería cuando este encontrase a su pareja destinada. ¿Llegaría a rechazarla por el hecho de ser un omega?

La verdad es que no quería saber la respuesta de ello, pues cuando la supiese significaría que Katsuki ya había encontrado a su alma gemela, y ese pensamiento hacía que su corazón doliera por pensar en que pronto sería reemplazado por la persona que se le hubiese sido asignada a Bakugou.

—¡Demonios, ¿no habéis escuchado que Kirishima no os quiere cerca?! —finalmente, el alfa rubio decidió hacer presencia al ver cómo un par de betas contemplaban a su amigo como un delicioso manjar al cual podrían devorar cuando quisieran.

—P...Pero... —replicó una de las omegas, cristalizando sus ojos ante el temor que provocaba la presencia de ese alfa de mirada terrorífica.

—¡Pero, nada! —rugió Katsuki mientras tomaba con fuerza a Kirishima por la camiseta—. ¡Aprended a defenderos, no podéis simplemente llorar cada vez que alguien os alce la voz! Además...

Todas las omegas y las betas retrocedieron ante la pausa agresiva que hizo el rubio cenizo, pensando que morirían a manos de Katsuki o que este utilizaría su voz de alfa para alejarlas de Kirishima, pero lo que sucedió a continuación fue algo que jamás se hubiesen imaginado y que aceleró por completo el corazón del pelirrojo.

—Kirishima no es ningún juguete que podáis usar una vez y después lanzar a la basura, él es uno de los betas más inteligentes y determinados que he conocido jamás, así que, ruego que si solamente estáis interesadas en él por su físico... —Bakugou lanzó una mirada asesina que contrastaba con la voz suave que había empleado—. Podéis iros ahora mismo si no queréis que os mate. No permitiré que juguéis con los sentimientos de Eijirou a vuestro gusto.

Las chicas, confundidas, comenzaron a dispersarse por el resto de la cafetería y Kaminari lloriqueó por perderse de las vistas de sus atractivos cuerpos, mientras que Eijirou observaba confundido a Katsuki y sentía su rostro arder en vergüenza ante el brazo del alfa que había comenzado a rodear su cadera de forma posesiva, tal como si estuviese indicándole que no se acercara en exceso a esas chicas que podrían llegar a ser peligrosas para él.

—Bakugou, no era necesario que fueses tan agresivo —reclamó Kaminari—. ¡Has espantado a todas mis posibles pretendientes!

—¡Tú cállate! —le gritó Bakugou—. Ninguna se había fijado en ti, de todas formas, así que no te quejes.

Kaminari hizo un pequeño puchero de molestia y decidió dejar de intervenir, observando cómo Katsuki gruñía de manera floja mientras liberaba a Kirishima de su agarre, y como pudo evitó hacer un comentario acerca de eso, sabiendo que si abría la boca de nuevo conseguiría que el alfa arremetiese toda su furia encima de él.

—¿Por qué las has espantado, Bakugou? —preguntó tímidamente Kirishima mientras retrocedía, abrumado por las palabras del rubio cenizo.

Hacía tiempo que Bakugou no demostraba un ataque verbal tan masivo como aquel, siempre conformándose con insultar a Deku con cualquier insulto que se le ocurriese según la situación o amedrentando a cualquier persona que se atreviese a hablarle o incluso enfrentarlo, cosa que ya había dejado de suceder hacía tiempo.

—¿Que por qué he espantado a esas omegas? —cuestionó de regreso, con enfado casi exagerado—. ¡Porque ellas solamente te ven como un objeto sexual o algo por el puto estilo! ¡¿Acaso no te das cuenta, Kirishima, o eres ciego?!

El pelirrojo se sobresaltó e intentó alejarse un poco de Bakugou, confundido de por qué ahora el alfa estaba tan enfadado y más alterado que de costumbre en cuanto omegas se trataba, e incluso llegó a sentir temor hacia el rubio cenizo por lo desgarrada que sonó su voz ante la última pregunta, como si sintiese algo más que simple enfado hacia el trato de las omegas hacia Kirishima. Algo más extremo a la vista de algunas personas: celos, unos que podrían llegar a Bakugou a sobrepasarse con su trato hacia esas jóvenes hormonales y llegar a golpearlas al volverlas a ver junto a Eijirou.

—¡Bakugou, relájate! —exclamó aterrorizado Kirishima ante la visión de esas chicas cubiertas de golpes—. ¡Yo jamás me iré con alguien que solo me quiere por mi cuerpo, lo juro!

Katsuki resopló con molestia, percatándose de los nervios de Kirishima por el tono de voz que había utilizado para intentar tranquilizarlo, y poco a poco el arrepentimiento comenzó a instalarse en su corazón. No había nada que le doliese más que escuchar a Eijirou entristecido por su culpa, cosa que volvía al pelirrojo como su única debilidad, cosa que sin duda ocultaría por el bien tanto del beta como el suyo propio.

—Tsk. —Bakugou se dio la vuelta, intentando no demostrar que le había dolido el que Kirishima inquiriese que desconfiaba de él—. Solamente te advierto, no quiero que te hagan daño porque tú no eres lo suficientemente precavido.

Kirishima suspiró ante la voz algo más relajada de Bakugou, sintiéndose abrumado por el afecto que parecían emanar sus palabras y ante el hecho de que el alfa no deseaba que le sucediera algo malo, y aunque eso aceleró su corazón, tal ilusión no duró mucho tiempo al recordar que Bakugou no le veía como nada más que como su mejor amigo, alguien en quien confiar y pasar momentos agradables, pero nada más que eso, y ese pensamiento era doloroso.

—No dejaré que me engañen fácilmente, Bakugou —exclamó con determinación Kirishima.

Bakugou esbozó una pequeña sonrisa, feliz por la seguridad en las palabras del beta. —Más te vale, porque si dejas que te manipulen, te mataré.

Kirishima soltó una potente risa ante la amenaza de Katsuki, feliz de que todo hubiese regresado a la normalidad después de ese agresivo ataque verbal contra esas omegas, y sintió el alivio recorrer todo su organismo ante eso. No quería que Bakugou le volviera a gritar en lo que restaba de día por culpa de un ataque de furia que esas chicas le habían provocado, así que procuraría mantenerlo relajado por lo que quedaba de día, todavía más enamorado del rubio cenizo e inevitablemente esperanzado de que este sentía un sentimiento mayor al de una simple amistad gracias a las palabras, que demostraban una gran preocupación por él, que había pronunciado en voz alta el alfa.

Odiaba que Bakugou Katsuki fuese tan perfecto e imperfecto a la vez, porque eso era lo que le hacía enamorarse cada día más de él, pero... ¿Qué oportunidad tenía un simple beta inseguro como él con un alfa tan increíble como lo era Bakugou Katsuki? No quería aceptar una negativa, pero tampoco podía sentir optimismo en el enamoramiento en el que se había sumido.

Tal vez, aunque su corazón lo negase miles de veces, debería resignarse a ser el mejor amigo de Bakugou, de apoyarlo cada vez que este lograse superar un nuevo reto y sentir su corazón destruirse cuando el alfa encontrase a su omega destinado. Sí, tal vez ese era su destino, y aunque él no lo quisiera así, no tendría más remedio que resignarse a lo que la rueda de la fortuna había decidido por él en contra de sus deseos más profundos.

—¡Espera Bakugou! —exclamó nada más ver a Katsuki comenzar a marcharse del lugar, siguiéndole con rapidez para no quedarse solo—. ¡¿Dónde vas?!

—A cualquier lugar donde no estén esas molestas omegas —dijo Bakugou, enfundando sus manos en el interior de sus bolsillos, observando de reojo al grupo de omegas aún atemorizadas por la ira de Katsuki.

—¡Pero espérame! —reclamó entre un falso lloriqueo Kirishima, acelerando para poder llegar hasta donde había ido el rubio cenizo—. ¿Estás enfadado conmigo?

—¿Por qué debería estar enfadado contigo, idiota? —reclamó el otro, mirando a Kirishima de forma repentina.

—Por no haberme defendido de los acosos de esas omegas. Es decir, podría haber hecho algo más para evitar que me molestaran...

—No es eso, shitty hair. Estoy enfadado conmigo mismo —acabó por contestar con sinceridad Bakugou, enojado con su persona por haberse sentido celoso de haber visto tantas chicas coquetear con Kirishima.

—¿Me dirás el por qué? —preguntó con una pequeña sonrisa el pelirrojo.

—¡No! —negó casi al instante el alfa, sin intención alguna de decirle a Kirishima que estaba celoso por haber visto que este estaba siendo observado de esa forma por personas que no le conocían ni una cuarta parte de lo que lo hacía él.

—Bueno —se resignó Kirishima, sonriendo de forma radiante—. De cualquier forma, sea cual sea el motivo, no tienes que estar enfadado contigo, tú no has hecho nada malo.

Bakugou notó cómo su corazón comenzaba a latir rápidamente y desvió la mirada, avergonzado por sentirse de esa forma con Kirishima, pero era casi inevitable. Ese chico era uno de sus pocos motivos para sonreír tras pasar días enteros con el ceño fruncido o para intentar hacer obras benévolas para así poderlo impresionar siendo que él jamás había intentado presumir ante otra persona sobre sus cualidades más notables, en ese caso su inteligencia y, aunque le pareciese patético tenerlo que admitir como si fuese un narcisista, su atractivo físico.

—Eres un Sol —murmuró Bakugou casi sin darse cuenta, llamando la atención de Kirishima, quien no pudo sus palabras.

—¿Eh?

—¡Que eres terrible! —exclamó avergonzado Bakugou, gruñendo por lo bajo y comenzando a perseguir a Kirishima por el pasillo, quien no paraba de reír, burlándose de lo rojo que estaba Bakugou—. ¡Esto no da gracia, Kirishima! ¡Deja de reír!

—¡Jamás! —negó aún entre risas Kirishima, y a pesar de que Bakugou no quería volverlo a admitir, este pareció tan radiante como un ángel: un ángel que protegería con su vida si fuese necesario.

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