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Capítulo 1

Kirishima observó las paredes blancas que lo envolvían tanto a él como a su pequeño grupo de amigos, y los nervios comenzaron a hacer su aparición de forma espontánea, provocando que sus piernas comenzaran a temblar, llamando la atención de un imponente alfa a su lado: Katsuki Bakugou, quien había sido su mejor amigo desde que ambos cursaban educación primaria, habiéndose conocido gracias a una pelea en la cual el cenizo había sido partícipe y donde llamó la atención del, por ese entonces, pelinegro.

—Idiota, ¿por qué demonios estás tan nervioso? —El alfa interrumpió los pensamientos de Kirishima con su ya común voz potente e irritada, sobresaltando al pelirrojo en su asiento—. Son solo estúpidos resultados de tu género, no tienes por qué estar tan asustado.

—Bakugou tiene razón, Kirishima-kun —opinó la única mujer beta perteneciente al grupo de amigos, Mina Ashido, amiga del pelirrojo desde secundaria—. Lo único que lograrás pensando de forma negativa será el llamar la mala suerte. Ya verás que no hay nada malo en ti.

El chico asintió ante las palabras reconfortantes de Ashido, intentando relajarse tal como aconsejaban sus amigos, pensando en por qué estaba tan preocupado si, tal como decía la pelirrosa, solo se trataba del género al que pertenecería por el resto de su vida y que condicionaría el cómo viviría en el futuro. Visto de aquella forma, temía el género en el que fuese a presentarse, pero no había nada que temer; solo debía dejar todo en manos del destino.

Lo único que le atemorizaba era el que, dependiendo de su género, acabaría por perder sus sueños de forma aberrante, ya que, a pesar de vivir en una sociedad tolerante y desarrollada gracias al paso del tiempo, los derechos de los omegas y los alfas seguían siendo distintos, y, muy poco balanceados, por lo que el cómo fuese presentado afectaría en su facilidad para lograr cumplir los sueños que llevaba teniendo desde pequeño.

—Kirishima, ¿aún sigue en pie lo de la fiesta? —cuestionó Denki, un joven que se había presentado como beta hacía un par de años atrás y que formaba parte del grupo de amigos desde hacía más de un año.

—Eso depende de si las noticias son buenas o malas —contestó escueto Kirishima, jugueteando de manera nerviosa con sus dedos, intentando no ceder ante la ansiedad.

—Denki, lo importante ahora es que Kirishima sepa por qué no se ha presentado aún —le reprochó Mina cruzándose de brazos, observando algo enfadada al rubio eléctrico—, no una tonta fiesta.

—Mina, no hace falta ser agresiva, Kaminari simplemente preguntaba. —El pelirrojo intentó aligerar el ambiente, alzando las manos en posado defensivo.

Mina resopló, aún algo enfadada por la pregunta de Kaminari, a lo que Kirishima simplemente alzó la espalda, acostumbrado a aquel tipo de situaciones, pensando en que a la chica pronto se le pasaría el enfado, ya que discusiones bobas como aquella eran bastante frecuentes en su día a día.

—¿Kirishima Eijirou? —La voz de un doctor llamó al chico tras un par de horas esperando, y este se levantó mientras temblaba, dirigiéndose hacia la sala donde el doctor debería darle los resultados de su analítica.

Llevaba tiempo esperando a que su cuerpo se presentara como alguno de los tres géneros de la jerarquía: alfa, beta u omega. Pero, a pesar de haber sido paciente, a sus dieciséis años (cerca de cumplir los diecisiete) aún seguía siendo un humano normal y corriente, sin siquiera el leve olor que los betas desprendían de forma natural. Fue por eso que, llevado por los consejos de Mina, decidió ir al hospital para comprobar si había algo malo en él, y ahora lo sabría.

Cuando entró en la sala donde el doctor le esperaba, sintió sus músculos tensos, casi incapaces de moverse por el terror de pensar en que había algo malo en él o que podría tener alguna enfermedad grave, y al parecer el hombre, que por su olor suave se trataba de un beta de no más de treinta años, se percató de ello, pues le sonrió con intención de calmarlo un poco, consiguiendo un resultado negativo con ello, logrando solo asustar más al pelirrojo.

—Pasa, no seas tímido —dijo el hombre con voz calmada—. Si te preocupa que estés enfermo, no tienes por qué temer, los resultados han indicado que eres un beta sin aroma, por lo que debes tranquilizarte; no te pasará nada malo.

—¿Un beta sin aroma? —cuestionó confundido el pelirrojo mientras abría la boca, maldiciendo en su interior a las miles de teorías de Kaminari que le hicieron temer por su vida—. Entonces, ¿no moriré por alguna enfermedad o algo por el estilo?

—¡Por supuesto que no! —exclamó con diversión el médico, pasando al joven beta unos papeles donde estaban escritos todos los resultados de la analítica a la que se había sometido—. Simplemente es una condición que algunos betas tienen, no es algo anormal y puedes seguir con tu vida de manera normal y sin preocupaciones.

—De acuerdo —asintió Kirishima algo confundido mientras tomaba los papeles y los miraba por encima, comprobando allí todos los resultados—. Entonces... Adiós, supongo.

Tras despedirse, comenzó a pensar en lo rápida que había sido esa visita y en cómo ahora sabía que él se trataba de un beta, y su mente comenzó a centrarse en las posibilidades que se le serían abiertas gracias a ello. A pesar de que los alfas seguían siendo superiores a los betas, estos tenían grandes privilegios en el mundo laboral y en el día a día, por lo que no tendría ninguna limitada a la hora de completar los estudios y de escoger su carrera, pero había algo que sí torturaba su mente, y eso era que, desde hacía tiempo, había dudado en lo que él de verdad quería ser.

No era que estuviese insatisfecho con el haberse presentado como un beta, pero desde que Katsuki había sido identificado como un alfa, sus más profundos deseos se habían vuelto el poder ser un omega y, así, poder ser marcado por el rubio cenizo, pensamientos que pronto desaparecieron nada más entró en la adolescencia, o por lo menos eso era lo que creía, pues ahora sentía un profundo dolor al pensar en que no tenía posibilidad alguna con él. Porque, ¿cómo podría evitar enamorarse de una persona tan fuerte y maravillosa (a su manera) como Bakugou?

A pesar de que eran personas completamente distintas, tanto en géneros como en gustos, se habían llevado bien al cabo de poco tiempo de conocerse —todo gracias al esfuerzo de Kirishima para hacerse su amigo y cuya determinación y perseverancia acabaron por convencer al rubio cenizo—, y ahora conservaban una increíble amistad que muchos habían confundido como algo más, pero ahora, cuando todos supiesen que él se trataba de un beta, todos les verían solo como mejores amigos hasta que sus parejas destinadas llegasen y sus caminos se separaran. Siempre que pensaba en el día en el que fuesen distanciándose, su corazón daba un vuelco y sentía que su alma salía de su cuerpo, tal como si esa situación fuese su peor miedo.

—¡Kirishima! —le llamó Denki nada más lo vio salir de la sala del médico—. ¿Qué tal te ha ido? ¿Habrá fiesta o no?

—¿Qué te han dicho? —Mina dio un codazo a Kaminari, enfadada con él por no preocuparse más por su amigo.

—Bueno, al final resulta que soy un beta —explicó rascando su brazo y sonriendo de forma nerviosa, observando cómo los ojos de Bakugou centelleaban levemente.

—¿Eso significa que la fiesta sigue en pie? —insistió el rubio eléctrico mientras ojeaba los papeles que Kirishima llevaba en su brazo.

Tras el asentimiento de Kirishima, el grupo de amigos se dirigió hacia la casa del pelirrojo, donde se reunieron con Hanta Sero, otro de los integrantes del pequeño grupo, y comenzaron con los preparativos para la fiesta en cuestión, preparando cada uno una cosa distinta: Kirishima con Bakugou se encargaron de la comida que servirían por la noche, Mina de la decoración (que se basaba en simples y cutres carteles en los cuales rezaba la palabra «felicidades») y Kaminari y Sero de la música, la cual sin querer activaron antes de tiempo a máximo volumen, haciendo enfadar a Bakugou, quien de no ser por Kirishima habría matado a ambos betas que se encargaban de la ambientación.

—Es gracioso cómo Kirishima es el único que puede tranquilizar a Bakugou —dijo burlón Kaminari mientras Sero le daba la razón.

—Cualquiera diría que son pareja —dijo el de cabello negro con su peculiar sonrisa—. Incluso yo llegué a pensar en ello.

—¡Kirishima, déjame ir, los voy a matar! —gritó irritado el rubio cenizo mientras era sostenido por los brazos del beta.

—Bakugou, relájate —rogó con nerviosismo en su voz—, no quiero que esta fiesta se convierta en un asesinato grupal...

Bakugou pareció notar el tono desganado que empleó Kirishima para pedirle que se relajara y calmó su enojo al instante, preocupado por cómo Eijirou parecía completamente distinto al Kirishima que desde siempre había conocido, como si estuviese pensando en algo que le entristeciera, y se preguntó si él tendría algo que ver en ese humor fúnebre del pelirrojo.

—Oi, ¿estás bien? —acabó por preguntar nada más fue liberado—. Desde que salimos del hospital pareces más deprimido. ¿Alguien te ha hecho algo?

Kirishima negó con la cabeza con el corazón encogido, sintiendo su rostro arder (cosa que le obligó a girarse automáticamente), como sucedía cada vez que escuchaba la voz suave de Bakugou cuando este se preocupaba por él, pero no podía contarle que estaba triste por el hecho de ser un beta y no un omega que pudiese ser marcado por él.

—Joder, shitty hair, ¿acaso crees que no sé cuando te sucede algo? —Bakugou se acercó de frente al pelirrojo y se percató de sus rostros cristalizados y de sus mejillas enrojecidas—. ¿Qué mierda ha sucedido en el hospital?

—Bakugou, no pasa nada, ¿sí? —intentó convencerlo Kirishima, alzando las manos—. Solo estoy feliz porque al fin me he presentado como beta, no es nada grave.

—Katsuki, no insistas. —Mina, que pasaba por allí con una caja repleta de carteles que no podría usar para la decoración, intervino en la conversación—. Es normal que Kirishima esté afectado, después de todo estaba preocupado por no tener un aroma que por lo menos le indicara que es un beta.

—¿Eh? —Bakugou abrió los ojos con sorpresa y observó a Kirishima—. Bueno... Si es eso supongo que no puedo reprocharte nada...

Kirishima decidió sonreír a su amigo para tranquilizarlo, y pronto la fiesta comenzó, pero mientras todos se relajaban y se divertían disfrutando de la música y de los aperitivos preparados por el anfitrión de la fiesta y por el único alfa de la sala, este último no podía dejar de pensar en las palabras de Mina, cuestionándose si eran un ejemplo para explicarle la situación o si eran de verdad.

¿Acaso nadie podía sentir el delicioso y embriagador dulce aroma a cerezas que emanaba Kirishima o él era el único que lograba percibirlo?

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