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𝓒𝓪𝓹𝓲́𝓽𝓾𝓵𝓸 𝟏

Izuku Midoriya nunca creyó que las clases en la academia iban a ser tan complicadas, pensando que el nivel rondaría por la dificultad del examen de ingreso, pero en aquello estuvo completamente equivocado. Las clases eran torturas personales, un infierno nuevo cada día en el que iba a la academia, y lo único que lograba aligerar tal carga y presión eran los profesores, quienes a pesar de mantener sus personalidades duras para dirigir la clase, eran realmente simpáticos con ellos fuera de horas escolares, facilitándoles todo lo necesario para ayudarles a estudiar sin que se carcomieran en exceso sus cabezas y que no cayeran en la presión.

Y, ahora, dentro de poco, a pesar de ser prácticamente comienzo de curso, deberían hacer un examen de literatura, uno de inglés y uno de química, por lo que Izuku no tuvo más remedio que instalarse en la comodidad de su cuarto a estudiar sin parar durante tres días seguidos, preocupando a su madre, la cual preocupada le pidió que descansara un poco su vista y saliese a pasear para, por lo menos estirar sus piernas que estas no se entumecieran, pero el pecoso negó cada vez que su madre le pidió aquella, argumentando que si quería graduarse en Yuuei debería hacer sacrificios como aquel, estudiando hasta que los conocimientos flotaran por cada rincón de su cerebro.

Por lo menos, él lo tenía bastante fácil para aprobar por ser, generalmente, un alumno ejemplar, pero le preocupaban sus compañeros que habían entrado a la academia casi por milagro divino. Temía que las notas de estos no fuesen lo suficientemente elevadas como para contentar a los profesores y que estos les expulsaran.

Aun siendo que no había podido conocer por completo a todos sus compañeros, había simpatizado bastante con la mayoría, y su amabilidad le hacía desearles un buen futuro tanto laboral como social.

Aunque siendo, sincero, no había logrado conectar con todos sus compañeros. Bakugou era una de aquellas personas con las que por más que insistiera, jamás le trataría con amabilidad, pero con él ya estaba más que acostumbrado. El problema eran los alumnos privilegiados, hijos de alfas millonarios que les habían pagado la inscripción a la academia, pues era casi imposible hablar con ellos, en especial con Momo Yaoyorozu, una que la mayoría consideraba perfecta, y Shoto Todoroki, un alfa que había generado gran curiosidad en Midoriya desde el primer momento en que lo vio.

Shoto Todoroki era simplemente el prototipo romántico que cualquier omega o beta desearía tener a su lado. Atractivo, de mirada heterocromática que lograba penetrar en el alma de cualquiera se atreviera a mirarlo, poder y dinero, siendo el hijo menor de la familia de uno de los alfas más poderosos de todo Japón: Enji Todoroki.

Por supuesto que Midoriya había escuchado hablar de la familia Todoroki, a veces incluso más de lo que le gustaría, y por ende los nervios siempre florecían cuando deseaba hablar con ese chico de cabello bicolor, creyendo que un alfa inseguro como él no sería lo suficiente interesante como para poder entablar una amistad con el hijo menor de los Todoroki.

De todas formas, muchas veces había intentado hablar con él, logrando solamente avergonzarse en cada uno de los intentos y dándose cuenta de que la presencia imponente de Todoroki amedrentaba incluso a su alfa interior, por lo que no podía imaginar qué sucedería si Shoto se atreviera a usar su voz de alfa en mitad de la academia.

Eso solamente podría acabar en un completo desastre y en decenas o centenas de omegas y betas sumisos ante el alfa en cuestión, por lo que rogaba que Todoroki no incumpliese las normas y permitiera que la paz continuara en la academia como de costumbre.

Ahora, Midoriya acababa de terminar el último examen de la semana, y nada más entregó la hoja de papel sobre la mesa, giró su cabeza de forma disimulada para ver al chico de ojos bicolor. Este, ya había terminado el examen veinte minutos antes, y sus ojos parecían aburridos, gélidos y , como si la prueba no hubiese supuesto ninguna complicación para él, pero no se podía esperar nada más de un alumno tan brillante como él.

El pecoso lo contempló por un par de segundos más y regresó a su mesa, no sin antes escuchar a Uraraka, la cual acababa de terminar el examen, preguntándole cómo le había ido, a lo que el contestó con una pequeña sonrisa que no había tenido problema alguno.

Ochaco Uraraka, ese era el nombre de la omega que le salvó de una gran humillación al casi caer el primer día de preparatoria. Era una chica amable, servicial y agradable que simpatizó con la mayoría de la clase, sobre todo con Izuku y con Tenya, hijo menor de la familia Iida, reconocida también a nivel mundial por la gran empresa de automóviles que manejaban alrededor de más de cincuenta países fuera de Asia.

Ahora, ellos tres se habían vuelto una especie de equipo que no se despegaba de ninguna forma, ayudándose mutuamente con los exámenes y con las infernales clases.

Por decirlo de alguna manera, se habían vuelto amigos inseparables a pesar de que, a la vista de la gente, estuviese mal que una omega se hiciese amiga de dos alfas, pero eso, a ellos tres les importaba poquísimo, diciendo que las jerarquías sociales no tendrían que marcar las amistades.

Lo que Midoriya no se esperaba era que, nada más sonó la campana que indicaba el final de las clases por aquel día y se estaba dirigiendo hacia la salida de la preparatoria, Todoroki se acercase a él.

Observando solamente su rostro, el peliverde no podía saber lo que quería, pero el pecoso sintió como toda la vergüenza se condensó en sus mejillas al notar la repentina cercanía que tomó con el contrario.

—Midoriya-kun —murmuró el alfa, colocando su mano en su bolsillo, tendiéndole una extensa libreta de tapa dura—. Ten, olvidaste tu cuaderno en clase.

El pecoso tomó la libreta, alertándose al darse cuenta de que era el cuaderno donde apuntaba la mayoría de los datos acerca de las tres jerarquías de la sociedad con el propósito de poder comprender mejor el cómo habían surgido, siendo que en el pasado, el único sexo capaz de concebir era el femenino. También era bastante útil para la hora de estudiar biología y todos los temas relacionados con tal materia.

Al ser un cuaderno tan importante para él, le sorprendió el haberlo olvidado en clase, sobre todo porque siempre tenía en mente apuntar nuevas cosas que aprendía gracias a la gran variedad de personas que estudiaban en Yuuei.

Era por ello que en esos momentos sintió una gran gratitud al ver cómo Todoroki le extendía la libreta, ya que además de haberse librado del peligro que de alguien se la arrebatara, y con ello arrebatara todos los conocimientos que había acumulado con el paso de los años, significaba que Shoto había estado atento a él.

Sino, ¿cómo se habría dado cuenta de que había olvidado su libreta en clase?

—Muchísimas gracias, Todoroki-kun —respondió el ojiverde mientras formaba una reverencia como acto de gratitud, mordiendo su mejilla interna al saber que estaba haciendo el ridículo frente a ese imponente alfa.

Todoroki ni tan solo respondió, limitándose a despedirse con un pequeño gesto de mano y girándose para irse de allí, dejando a Midoriya confundido y sin saber muy bien lo que acababa de suceder.

Creyendo que como mínimo Shoto se despediría de él, pero suponía que un alfa tan insignificante como él debería conformarse con que al menos Todoroki le había dirigido unas cuantas palabras.

Tras ese repentino suceso, Midoriya se giró hacia Ochaco y Tenya con una sonrisa apenada, a lo que Ochaco se acercó curiosa hacia él para ver lo que Todoroki le había devuelto a su amigo pecoso.

—¿Qué es esa libreta, Deku-kun? —preguntó mientras empleaba el tan particular apodo Deku.

Ese apodo había nacido a sus tres años, la edad donde Kacchan había comenzado a leer y con el objetivo de humillarlo, diciéndole de forma indirecta (o bien, bastante directa siendo que Izuku era consciente de su significado) "inútil".

Pero, gracias a Ochaco, ahora el significado del apodo había sido alterado, actualmente significando "¡puedes hacerlo", y Midoriya había acabado por aceptar ese mote con mucho gusto, confundiendo verdaderamente a Bakugou, quien toda su vida había estado convencido de que el pecoso odiaba que le llamaran de esa manera.

Aunque bueno, ahora gracias a ello tenía total libertad para insultarlo de forma que nadie se diese cuenta de sus intenciones.

—Es mi libreta de apuntes. Siempre me han interesado las diferencias entre los alfas, los betas y los omega, así que desde pequeño comencé a escribir todo lo que averiguaba sobre cada uno de los géneros —explicó Izuku mientras abría la libreta en cuestión, dejando ver una gran cantidad de dibujos sobre los rasgos de los alfas y los omegas—. ¿Queréis mirar?

—¡Claro! —asintió energética Uraraka mientras se acercaba hacia su amigo y comenzaba a pasar las páginas del cuaderno.

Iida hizo lo mismo, curioso por los conocimientos que Midoriya pudiese abarcar en el área de los tres géneros de la jerarquía, alabando sus dotes de observación en cada mínimo detalle de los dibujos del peliverde, quien parecía no haber dejado nada fuera de sus apuntes.

Tales dibujos e información escrita llamó la atención de los dos amigos de Midoriya, quienes no comprendían por qué un estudiante basaría la mitad de su vida a escribir tantas cosas sobre los sexos de la sociedad y todos sus mínimos detalles.

Era, de alguna manera, un poco absurdo, pero tampoco irían a cuestionar los motivos de Midoriya al llenar, por lo que él les dijo, trece cuadernos con información de todo los tipos sobre los alfas y los omegas, ya que de los betas no había mucho de lo que hablar al ser el género más neutro de la sociedad.

—¿Desde cuándo llevas interesado en recopilar información, Deku-kun? —preguntó Uraraka mientras leía una sección del cuaderno dedicada a las almas gemelas, sorprendiéndose ante todos los efectos que podrían indicar la posibilidad de haber encontrado a tu pareja predestinada—. Pareces bastante informado.

—Bueno, hace tiempo creía que yo sería un omega. —Izuku rascó su nuca con nerviosismo—. Por eso quise aprender todo sobre los omegas y los alfas, así en el futuro no tendría ningún problema para controlar mis instintos.

—¿Por qué creíste que serías un omega, Midoriya-kun? —cuestionó Iida.

—Bueno, siempre, y sigo siendo, he tenido todos los rasgos característicos de los omegas, pero al final las cosas no salieron como pensé —murmuró avergonzado Izuku, sabiendo que a aquel paso nadie le tomaría en serio como alfa si continuaba con aquella actitud insegura y tímida.

—No deberías haberte convencido de algo que se determina al azar —murmuró Ochaco, sumida en la lectura y sin alzar la cabeza, siendo que jamás se había cuestionado el tema amoroso por haber dedicado la mayoría de su vida a ahorrar para poder estudiar en Yuuei.

—Supongo... Aunque por suerte estos cuadernos me sirven para poder tratar de forma correcta con otras personas dependiendo de su género —dijo alegre Izuku—. Después de todo, no es lo mismo tratar con un alfa que con un omega; los instintos de cada uno pueden jugar bastante en contra.

—¿Has pensado en publicar alguna vez estos cuadernos, Midoriya-kun? Si contienen información verídica, podrían servir como guía para quienes aún no se han presentado como alguno de los tres géneros —sugirió Iida.

Y mientras este pasaba la página del cuaderno, pero de forma abrupta, Midoriya se abalanzó para arrebatar la libreta de sus manos, teniendo las mejillas pintadas en un suave torno carmesí, ya que no podía permitir que sus amigos viesen lo que había escrito y dibujado en las últimas partes del cuaderno.

—¿Qué sucede, Deku-kun? —Uraraka se mostró confundida ante el repentino cambio de actitud del pecoso, pero este simplemente permaneció en silencio y guardó el cuaderno en su mochila.

—Lo siento, a partir de esa página venía información algo más personal. Cuando me vea más seguro, podréis leerla, pero por ahora os tendréis que conformar con lo que ya habéis leído —masculló Midoriya mientras se tranquilizaba una vez había salido de todo peligro.

El motivo por el cual Midoriya había reaccionado de aquella manera era por los esbozos de Todoroki que había dibujado en su tiempo libre, los cuales iban acompañados de una investigación que recientemente había comenzado a llevar a cabo siguiendo su curiosidad acerca de un tema en específico: el amor entre dos personas de la misma jerarquía social y si una relación como aquella podía llevarse a cabo, y no pararía aquella investigación hasta dar con la verdadera respuesta.

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