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No sé por qué, pero lo primero en que pienso es...

«El culpable casi siempre regresa al sitio del asesinato»

Mi mente hace conexiones a una velocidad que me sorprende a mí también y, aunque quizá para muchos no tenga sentido, para mí no existe cosa más cierta y lógica que todo apuntando al pelirrojo como culpable. Corro y arremeto contra él.

—¡Maldito!

Por supuesto, mi intento luce como correr e impactarse a voluntad contra una pared. Me somete con humillante facilidad. El individuo sujeta mis muñecas sin esfuerzo, así que acto seguido yo hago alarde de mis piernas. Intento patear sus partes sensibles, pero él es más rápido. Nuestras miradas se encuentran por breves segundos. Ha sido un movimiento sucio, él lo sabe y yo lo admito, me reprende con la mirada y yo le hago una mueca antes de intentar patearlo una segunda ocasión.

Estamos fuera de la casa, a un costado, pero unos pasos más y los vecinos chismosos podrían vernos. Eso me interesa, reacciono, necesito que lo vean, que sepan que él es el culpable. Intento arrastrarlo hacia el frente; sin embargo, él es mucho más fuerte, se resiste sin dificultad. Reacciono y empiezo a gritar. De nuevo, los vecinos estarán alerta y ante cualquier ruido saldrán a ver que pasa.

No obstante, apenas abro la boca y una nota sale de ella, el pelirrojo la cubre ahogando el sonido. Se ha dado cuenta de mis intenciones, así que me arrastra hacia la parte trasera. Mi pulso se acelera y mi cabeza comienza a imaginar todos los feos escenarios en donde yo no salgo viva de aquí. Si ha sido capaz de hacerle eso a Mad, que era un ángel, qué no me hará a mí que lo he ofendido y atacado.

—Ya suéltame —escupo a través de sus manos.

—Tienes que tranquilizarte.

—¿Cómo voy a tranquilizarme si me estás ahogando?

Eso parece funcionar en él, pero ya estamos en la parte más atrás de la casa. Afloja el agarre y yo no lo pienso dos veces, echo a correr. Las consecuencias son desastrosas. Tal vez sí que debí pensarlo dos veces, el sujeto me taclea y, pese a que hizo una maniobra para evitar caer sobre mí, el golpe es suficiente para robarme el aliento. Me coloco boca arriba ante la necesidad de oxigeno. Qué feo es cuando te roban el aire. Nunca lo había experimentado, aunque, por supuesto, nunca me habían matado a una amiga.

Él se incorpora con celeridad y se acomoda a horcajadas sobre mí sin que su peso recaiga en mi vientre. Comienzo a luchar una vez más tan pronto recuerdo que me he servido en bandeja de plata para un asesino. Al pelirrojo no le toma mucho esfuerzo evitar mis arañazos y someter mis muñecas con una sola mano por encima de mi cabeza.

—Asesino —acuso y, si bien mi intento fue para hacerle saber que conocía su culpabilidad, lo cierto es que mi voz suena entrecortada por el esfuerzo y el dolor.

—Vine, al igual que tú, a reconocer el terreno. A ver lo que los policías pudieron perderse.

—Ja —me burlo—, ¿sueñas con ser detective?

—Sabes bien que los humanos no suelen ser tan cuidadosos como es necesario.

—¿Los humanos? —repito con el ceño fruncido—. ¿Qué te sientes tú? ¿Un alien?

Entonces, sus ojos cerúleos, que caigo en la cuenta en el peor momento tienen aros dorados en la pupila, brillan con entendimiento y quizá algo similar al dolor.

—No te lo dijo... —murmura y parece decepcionado y dolido a partes iguales.

—¿Decirme qué? —demando, intuyo que se refiere a esa charla que Mad y yo nunca tuvimos.

—Mad era buena con las palabras, yo nunca lo fui, Karim. —Mi nombre en sus labios me provoca escalofríos—. Lo siento.

—¿Lo sientes? ¿Por qué? ¿De qué...?

Antes de que pueda continuar preguntando, él se levanta y hace lo mismo conmigo. Me sujeta por los hombros con el brazo derecho, mi espalda está pegada a su pecho así que no hay modo de que escape. Alza la mano libre y con un simple, pero elegante movimiento abre una pequeña ventana en el aire. Es difícil de describir, es como un cristal que no ha sido limpiado con esmero, así luce. Y brilla.

¿Qué? ¿Cómo? ¿En qué momento me drogo? Ay no, ¿cómo pude ser tan descuidada? De pronto, antes de que yo pueda gritar o reaccionar, él me lanza a través de la ventana.

Todo el mundo se desfigura. 

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