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-Y...¿Alguna novedad? - le preguntó Alana a su amiga.
-No- respondió cortante Casandra.
-Pues...yo he conocido a un chico.
-¿¡Ah, sí!?-se sorprendió vagamente.
-Un rubio impresionante, Nefilim por supuesto.
-¿Te lo has tirado*?
-¡¿Qué?!-se escandalizó-No, pero le he cogido su daga, tarde o temprano vendrá a buscarla.
-No sabe dónde vives, has perdido un polvo** por juguetona.
-Le he dado mi dirección Casandra-respondió ofendida-, lo tendrías que haber visto salvando a unos humanos de una mafia de contrabandistas. Últimamente, los Turbios solo se centran en negocios de estupefacientes***.
-Y ataques terroristas.
-Ya, pero esas misiones no me las encomiendan a mí. Sinceramente, empiezo a hartarme de combatir contra yonkis**** con cuernos.
-Técnicamente, no tienen cuernos, esos son los de su raza superior.
-Tú ya me entiendes. Es un asco tener que cargarme siempre a los mismos, quiero algo de mi nivel.
-A lo mejor, si mataras a los cabecillas de las bandas. Normalmente, solo derrotas a sus esclavos mentales humanos y algún que otro Homodaemon de poca monta*****.
Para ti es muy fácil, como se te da tan bien.
-Es mi trabajo, únicamente me encargo de ejecutarlo correctamente.
-Ya..., hablando de eso, Hugo me ha llamado para encomendarme que te diga que vayas a verlo a la central. Parece ser que tiene un trabajo para ti.
-Pero si todavía estoy con el caso del violador del barrio de...
-Ya, pero también me ha contado que de eso se encargará Patricia.
-Está bien ¡Qué rabia! Ya casi tenía al culpable.
-Pues se ve que te tendrás que aguantar. Ah, e insistió en que no te demoraras en acudir a su encuentro.
-¡Dios, Alana! Me podrías haber informado antes, en vez de hablarme de tu nueva víctima sexual y quejarte de tu empleo.
-¡Perdón, por querer conversar tranquilamente con mi mejor amiga!
-Adiós.
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La central se situaba en la plaza mayor del Submundo ángelico. Para llegar a su Submundo, debía ir a un ascensor intermundial. El más cercano se encontraba en un barrio predominado por Homodaemon, Casandra odiaba encontrarse con ellos, pero no quería recorrer toda la Avenida Trinidad para coger el otro ascensor más cercano. Aparte, tampoco era para tanto, se enfrentaba a esos malignos casi a diario, su trabajo consistía en eso, matarlos para frenar el mal. Aceleró el paso, a veces en su oficio el tiempo resultaba crucial, de manera que no se podía permitir el privilegio de la tardanza. La puntualidad consistía algo esencial para un Nefilim, debían ir siempre un paso por delante de sus enemigos. Pronto llegó al barrio donde se encontraba el ascensor.
-Ahí estás otra vez rubita.
Casandra se giró lentamente al escuchar esa voz, era Adrián.
-Tú...
-Sí, lo sé. Este corte de pelo me queda genial. Acabo de salir de la peluquería.
-Arrogante.
-Sí, orgullosamente arrogante. Habrá que presumir de este cuerpo que Lucifer me ha dado.
-¡Agh! ¡Me pones enferma! ¡Piérdete!
La joven se alejó veloz de allí.
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-¡Por fin!-celebró al entrar al ascensor-Y por suerte no hay ningún Turbio asqueroso.
-Me parece que no-la sorprendió Adrián-, yo también necesito usarlo.
-Ideal-sonrió Casandra falsamente.-¿A dónde vas?
-A tu piso seguro que no.
-Ya, tienes pinta de buenaza.
-No me conoces en absoluto.
-¡Ja! Sé perfectamente cómo eres.
-Solo me has visto matando a tu compañero en un callejón, no exageres.
-No lo hago, simplemente soy sincero.
-¿¡Un descendiente del Inferno sincero!? ¡No me hagas reír! Sois ruines y mentirosos como ratas.
-Y atractivos.
-Se nota que a los Homodaemon la mentira no os quema.
-Todo lo contrario de vuestra raza, qué absurda idea la de los arcángeles al entregaros el "don" de sufrir el calor del fuego al negar la verdad.
-Somos puros, no aptos para propiciar tales injurias como las vuestras.
-Ya. Si yo te besará no tardarías ni cinco segundos en traicionar a tu sangre obrando el mal junto a mí.
-Bromas aparte, por favor.
-Ríete lo cuánto desees, en tu mente presente encuentras toda la certeza de lo que te cuento.
-Te mataría, pero Los Tratados me lo impiden.
-Venga, hazlo. Te concedo el honor de acabar con mi vida sin oposición alguna.
Ella agarró dubitativamente la daga. Un Turbio menos daría lugar a mayor paz, pero...
-Adelante-la animó sujetando la mano con la que la muchacha empuñaba su arma y la acercó a su propio cuello.
Trás ese movimiento el ascensor llegó al Submundo de Adrián.
-Debo marcharme.
*Follado.
**Coito.
***Drogas.
****Drogadictos.
*****Poca importancia.
Tardé siglos, perdón. Es el capítulo más largo que he escrito. Si os gusta, estrellita☆ puede que lo inscriba en algún concurso. Un beso.
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