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Casandra camimaba tranquila por la ciudad hasta que oyó un grito de socorro proveniente de un callejón. Rápidamente, se introdujo en él. Lo siguiente que vio fue un hombre siendo atracado por un Homodaemon, enemigo natural de los Nefilim, ya que en la especie de los Homodaemon la genética angelical de los Nefilim es sustituida por la demoníaca.
Inmediatamente, cogió unos pocos polvos celestiales, los metió en su pistola, sopló conjurando en su mente las palabras acertadas y disparó hacia el malhechor. Seguidamente, este se convulsionó hasta convertirse en un montón de halos de luz los cuales fueron desapareciendo.
-Gra...-la víctima no hubo terminado la frase cuando Casandra atrapó su cabeza con la mano izquierda dejándolo indoloramente inconsciente, provocándole una caída contra el suelo.
-Impresionante-felicitaron unas palmas desde lo más oscuro del rincón.
La joven agarró sin dudarlo su daga y se giró hacia la misteriosa voz.
-Quieta-ordenó desafiante el desconocido agarrándole la muñeca armada y acercando sus rostros.
Era otro homodaemon de unos 20 años de edad. Lucía una rebelde cabellera morena bastante oscura y sus ojos portaban un oscuro verde. Su rostro mostraba una divertida sonrisa.
-Tú...ibas con el otro Turbio-afirmó ella, llamándolo por el apodo que los Nefilim les habían puesto a los de su especie, pues su corazón era turbio como unas aguas oscuras.
-Correcto, Felipe era mi amigo. Hoy era su primer día de caza. Acababa de terminar la tutela y estaba listo para luchar como Homodaemon autorizado. Lástima que no tuviera cuidado con una Nefilim tan joven como tú.
-Te voy a...
-¿Matar? Sabes que eso está prohibido desde que se firmaron Los Tratados, que por si no lo recuerdas te prohíben matarme ya que no he agredido a ningún humano ni a nadie de tu especie. Yo sólo perseguía a mi compañero y cuando he bajado desde la azotea de ese piso me lo encontrado siendo asesinado por una sin alitas como tú.
-No me llames...-le advirtió ella furiosa.
-¿Cómo? ¿Sin alitas? Oh, siento que te lo moleste, pero es lo que eres. Vuestros superiores se negaron a concederos unas alas tan bellas como las suyas cuando decidieron formar tu raza. Seguramente no os consideraban actos para el tan prodigioso don de volar.-se burlaba el chico de la muchacha.
-¡Suéltame!
-De acuerdo-accedió el liberando su extremidad-, pero no intentes matarme o acabarás muy mal.
-Estúpido.
Pero el atractivo chico ya se había marchado.
¡Empezamos! Espero que os haya agradado el capítulo. Por favor, votad. Estoy deseando llegar a las partes más románticas, como os dije no ceso mi pasatiempo de fantasear con Adrián. Un beso.
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