CAPÍTULO 4
Conexiones.
—Mierda, ¿estás muy seguro Thatch? —inquirí.
—Desde luego, he descubierto demasiadas cosas, algunas están conectadas.
—¿Conectadas? ¿De qué demonios estás hablando Thatcher?, voy para allá.
—No Tasha, no puedes venir en ese estado, ve y tomate un descanso, mañana te informare de todo, esto no es urgente.
—Me importa una mierda Thatcher, iré para allá.
—Tasha no deber...
Tarde.
Colgué la llamada y vi que Connor ya había llegado. Camine hacia donde se encontraba el vehículo para subir el este.
—Tasha—saludó, cuando a duras penas subí al carro.
—¿Estás bien? —preguntó preocupado.
—Llévame a mi departamento—pedí cortante mientras me acomodaba en el asiento.
—Bien.
—¿Podrás esperarme para luego llevarme a la central?
—Tasha, no creo que debas ir. No te ves bien—manifestó preocupado.
Y estaba muy segura de que me veía como la mierda, pero no puedo simplemente dejar toda la carga sobre mi equipo, ellos necesitan mi ayuda más que nunca ahora.
—Lo sé Connor, pero es algo importante.
—Como quieras.
Luego de unos minutos de viaje llegamos frente a mi departamento, pero caí en cuenta de que mis llaves estaban en mi bolso junto con mi teléfono, el cual había dejado en el auto de Ferrara.
Me lleva el maldito diablo.
—¿Y bien? —inquirió al verme dubitativa pensando en cómo mierda voy a entrar a mi piso.
—Deje mis llaves en el carro de un compañero, ¿tienes tu teléfono?
—Si
—Préstamelo —pedí.
—Claro—dijo alcanzándomelo ya desbloqueado.
Rápidamente marque el numero central de la GIA, para pedir el número del italiano, es obvio que no me sé de memoria el número de Ferrara, así que averiguare.
Luego de unos pitidos una suave voz femenina contestó.
—Identifíquese.
—Soy la agente al mando Tasha Black, necesito que me comunique con el agente Massimo Ferrara—ordené.
—Agente Black, él no se encuentra en la oficina.
—Dícteme su número personal—pedí tajante.
—Eso es confidencial, no puedo dárselo.
—Si te digo que me des el maldito numero me lo das, ¿o quieres terminar sin trabajo? —solté enfurecida, ya me estaba quedando sin paciencia alguna.
—B-bien—tartamudeo mientras comenzaba a dictar el número.
Rápidamente lo memoricé y luego colgué.
Marque el número que me dio la inútil de la recepcionista y lo llame.
—¿Alo? —respondió el italiano.
—Ferrara, soy Tasha.
—Tasha, ¿qué sucede?
—Sucede que me dejé el bolso en tu carro en el cual se encuentra mi teléfono y las llaves de mi casa—expliqué.
—Oh, ¿y vendrás por él? —inquirió dudoso.
—Así es, ¿me pasas tu dirección?
—Tasha, yo no estoy en casa, estoy en lo de una amiga—expuso haciendo que me arrepintiera de haberlo llamado, mierda. Le había jodido el polvo.
—Oh, entiendo, perdón por interrumpirlos. Descuida, derribare la puerta.
—Tash...
—Adiós.
Colgué.
Mierda, ¿ahora como carajos entrare a mi departamento? Lo de derribar la puerta no era mala idea, excepto por que la puerta de mi piso esta jodidamente blindada y protegida que lograría que las alarmas se enciendan. Para entrar a mi departamento no necesitaba llave pero para entrar al piso si, era una medida de seguridad.
—Oye Connor, ¿me ayudas a derribar la puerta?
—Desde luego que no. Puedes hablarle al conserje, el de seguro que tendrá una copia—sugirió.
—Bien—respondí rendida mientras caminaba hacia la entrada del edificio.
Me acerque a la caseta del conserje el cual me miro como si fuera un bicho, y es obvio. Mi aspecto no ayuda para nada. El conserje enarco una ceja mientras me repasaba con la mirada, al parecer era nuevo ya que no lo reconocía.
—¿Quién es usted?
—Tasha Black ¿Me podría facilitar la copia de la llave de mi departamento? He perdido mi llave original—expliqué fastidiada mirándolo fijamente.
—Lo siento, pero yo no puedo hacer eso. Como sé que usted es la señorita Black y no una pordiosera que finge ser ella, mire su aspecto por favor. No la reconozco de nada.
¡Joder!
—Mire maldito idiota, si les estoy pidiendo a jodida llave es porque no tengo alternativa. Y no soy ninguna pordiosera, este es mi jodido edificio y no sé qué necesita para comprobarlo, pero si no me da la maldita llave mañana no seguirá ocupando esa estúpida silla—lo amenace estando a punto de darle unos cuantos golpes hasta que me facilitara la puta llave.
—Llamare a la policía—dijo tomando un teléfono sonando nervioso. A parte de idiota, marica.
—¡Pero si yo soy la maldita policía! —exclamé enfurecida —. Bien, llame a la policía, haga todo lo que desea. Mal por usted, se meterá en muchos problemas—dije lo último y me dirigí hacia Connor hecha furia. Estaba por explotar.
—¿Qué te dijo?
—Que parezco una pordiosera y que estoy fingiendo ser la dueña del edificio, dijo que llamaría a la policía—expliqué cruzando mis brazos enfadada.
Estaba a punto de desfallecer, me dolía todo el cuerpo y la cabeza me palpitaba.
—Pobre hombre, no sabe con quién se está metiendo.
—¿Qué es lo que sucede aquí? —habló uno de los policías que acudieron al llamado del conserje examinándome con la mirada desde donde se encontraba.
—Esa pordiosera está haciéndose pasar por la dueña del piso y quiere la copia de la llave. Me ha amenazado—lo escuche decir.
Marica.
Uno de los policías se acercó a mi inspeccionándome con una ceja enarcada.
—Usted está haciéndose pas...— antes de que pudiese completar la oración lo interrumpí.
—Yo no me estoy haciendo pasar por nadie, soy la agente al mando Tasha Black de la GIA, y soy la dueña de este edificio piso—solté tajante mientras lo miraba desafiante.
El oficial seguía inspeccionando mi atuendo sin pudor alguno pasando la mirada hacia mis muslos desnudos, jodido pervertido.
—Su atuendo no parece ser apropiado para una agente.
—Mire, yo no tengo porque explicar esto, pero recién termine de ejecutar una misión. Y no estoy en condiciones de estar discutiendo, o me abren el paso o los voy a mandar despedir por falta de respeto a un superior. Porque me imagino que han de saber muy bien que es la GIA, y lo superior que esta sobre sus rangos de porquería.
—Ni siquiera tienes tu placa para comprobarlo, ¿o sí? —habló el otro oficial acercandose.
—No necesito una placa para demostrar que soy una agente—dije lo último y con un rápido movimiento derribe al oficial, dejándolo totalmente inmóvil boca abajo sobre el suelo con una rodilla presionando su nunca.
—Eso podía haberlo hecho cualqu...— soltó el otro oficial, pero fue interrumpido por una ronca y conocida voz.
Massimo.
—¿Qué mierda está sucediendo aquí?
¿Qué carajos estaba haciendo Ferrara aquí?
Estaba bañado y bien vestido, como siempre. No tenía pinta de haber ejecutado una misión de alta envergadura como la del rescate, lo contrario a mí que tenía pinta de una maldita pordiosera.
—No me querían facilitar la copia de mi llave porque al parecer mi aspecto es de una pordiosera y estoy fingiendo ser la dueña, como no tengo mi placa no creen que sea una agente. Así que tuve que actuar—expliqué mientras soltaba al oficial quien estaba chillando de dolor.
—Sí que son un par de idiotas, le faltaron al respeto a un superior—exclamó sacando su placa—. Agente al mando de la GIA, Massimo Ferrara. Compañero de la agente Tasha Black.
—Oh, oh. Le ruego nos disculpen—dijo el oficial apenado.
Maldito idiota incompetente, esta me las paga.
—Me importa una mierda sus disculpas, le faltaron el respeto a un superior, esto no se va a quedar así. Yo misma me asegurare que nunca más pisen la jodida jefatura de policía—amenacé. —¡Lárguense!, antes de que les deje la cara desfigurada.
Los oficiales salieron disparados subiendo a su carro para largarse, visualice al conserje que se acercó a nosotros apenado.
—Disculpe señorit...— antes de que pudiese terminar lo interrumpí.
—También me haré cargo de usted, mejor vaya empacando, porque nunca más ocupara esa silla—le advertí.
—P-pero.
—Me importa una mierda sus excusas. Espero no ver nunca más su mediocre cara, ¡lárguese!—ordene sintiendo que el dolor de cabeza se intensificaba.
Mierda.
El conserje se largó hacia su caseta maldiciendo como un idiota dejándonos a Ferrara y a mi solos.
—¿Qué carajos estás haciendo aquí?—le pregunte al italiano quien me observaba con una sonrisa burlona.
—¿Esa es la manera de agradecerme por haber salvado tu culo de pordiosera? — soltó con burla mientras enarcaba una ceja.
—¿No que estabas en medio de un polvo? Espera... ¿cómo carajos conseguiste mi dirección?
—¿Crees que hubiese venido si estaba en medio de un polvo? —contesto obvio—. Se lo pedí a tu secretaria, toma—dijo acercándome mi bolso.
¿Ferrara siendo amable? ¿Acaso esta drogado?
—Gracias...
—¿Thatcher te aviso verdad?
—¿Avisarme que descubrió el responsable del ataque?
—Sí, puedes quedarte tranquila. Yo me ocupare, tú necesitas un descanso.
Y una mierda, no pienso quedarme a descansar como una inútil.
—Tú también necesitas uno, pero no estas descansando. Me daré una ducha e iré a la central—avisé enfurruñada.
—Tasha, no puedes. Te ha explotado una bomba en la cara, no estás en condiciones—se cruzó de brazos hablándome en tono de riña.
—Massimo, me importa una mierda. Tengo que ir.
—Tasha...
—Oye Tasha, si no me necesitas yo ya me marchare—avisó Connor.
—Está bien, ve. Yo iré en mi coche.
—¿Estas segura? —pregunto dudoso.
—Así es.
—Bien—se marchó hacia el vehículo para encenderlo y largarse.
—Si me disculpas... iré a ducharme—dije encaminándome a la entrada del edificio.
—Yo también iré allí, te llevare. No puedes conducir en ese estado—habló el italiano siguiéndome.
¿Pero qué carajos le pasa a este? Desde cuándo es Ferrara es amable.
Esto se estaba tornando muy raro.
—Bien—acepte dudosa mientras caminaba hacia el elevador.
—¿Quieres subir?
—Claro—dijo haciendo un ademan con la mano para que pasara al elevador yo primero. Las puertas de este se abrieron y caminamos hacia el recibidor, donde adentre la llave para desbloquear la puerta principal y me adentre al departamento, el cual lucia perfectamente limpio y ordenado gracias a una de mis empleadas.
—Puedes sentarte allí, no me tardo—señalé el living.
El asintió, mientras yo me encaminaba hacia mi habitación. Me despojé de todo lo que llevaba puesto y me di una ducha rápida.
Mi piel ardía ante el contacto del agua, los moretones y raspones se hacían notar mientras pasaba jabón por cada parte de mi cuerpo. Lave rápidamente mi cabello, el cual estaba hecho mierda gracias a la explosión. Me seque para curar mis heridas rápidamente y me dispuse a vestirme.
Opté por unos jeans, sudadera y unas zapatillas, decidí ir lo más cómoda posible, en estos momentos las reglas de vestimenta me importan una mierda.
Mi rostro estaba como la mierda, tenía unas ojeras de mapache y algunos cortes. Me maquille ligeramente y baje junto a Ferrara. El cual estaba en el living observando distraído algunas fotos.
Al bajar sentí unos horribles escalofríos y mareos que hicieron que me detenga y me apoye por la baranda de la escalera.
—¿Ya nos vamos?
—S-si—tartamudee viendo doble.
—¿Tasha estas bien?
De repente mi vista se nublo y caí en inconciencia.
***
Abrí los ojos sintiendo que mi cabeza pesaba y mis huesos dolían, visualice a mi alrededor y note que me encontraba en mi habitación, pero no en la habitación de mi departamento, en la casa de mi padre. ¿Cómo mierda llegue hasta aquí?
—Qué bueno que has despertado—dijo Alisha mientras se adentraba a la habitación con una mueca de preocupación en su rostro.
—¿Qué me paso?—inquirí confundida.
—Te has desmayado por la explosión a la cual te expusiste, pero ya estás bien. El doctor recién se marchó.
—¿Quién me trajo aquí?
—El hijo de los Ferrara, él nos avisó y luego te trajo aquí, al parecer estaban juntos—respondió enarcando una ceja dubitativa.
—Bien, como ya estoy bien. Iré a la central, tengo muchísimo trabaj...— no pude terminar la horacion porque fui interrumpida por mi padre.
—Nada de trabajo por hoy señorita, te has desmayado de agotamiento. ¿Cómo puedes ser tan inconsciente?, después de haberte expuesto a un explosivo y haber luchado contra esos terroristas, ¿no pudiste darte un merecido descanso? Hasta pensabas ir a la central, no puedo creerlo Tasha—suspiró pesadamente—. Descansaras todo el día, y sin peros. No hagas que te ordene esto como tu jefe—dijo al ver que tenía intenciones de interrumpirlo—. Ya hablé con Massimo, él se hará cargo en tu ausencia, así que puedes estar tranquila—dicho esto se marchó de la habitación echando humo por las orejas. Estaba enfadado
—Bien—dije enfurruñada—. ¿Qué hora es? —pregunté.
—Son las 3 de la tarde.
—¿Las 3? ¿A qué hora llegue aquí?
—A las 3 de la madrugada, a papá casi le da un infarto al saber que pensabas ir a la central a esas horas luego de la operación—comentó Alisha.
—O sea que dormí por 12 horas—bostece cansada—. Pues no parece, ¿me alcanzas mi teléfono?
—¿Para?
—Tengo que llamar a Thatcher.
—Bien—dijo dudosa mientras me acercaba el teléfono—. Por cierto, yo tengo entrenamiento en la agencia e iré dentro de un rato, Sam llamo a preguntar por ti, dijo que no te preocuparas por nada.
—Está bien, ve con cuidado.
Alisha salió de la habitación lanzándome un beso desde la puerta, encendí el teléfono para marcar el número de Thatcher y llamarlo.
—¿Alo?
—Hey, Tatch
—Oh, Tasha, ¿Cómo estás?
—Bien, estoy en casa. ¨Descansando¨—remarque lo último con fastidio.
—Ya te merecías uno, ¿Qué se te ofrece?
—¿Cómo va todo por allí? ¿Lograron algo más? —interrogué.
—Todo va bien, los equipos se han activado y están haciendo investigaciones masivas. Como ya sabrás, Ferrara esta al control, y está más irritado que nunca, se la pasa dando órdenes a diestra y siniestra, y no hay nadie quien lo detenga. Te echamos de menos.
—Pronto volveré Thatch, ahora si puedes decirme ¿qué mierda son esas conexiones que has descubierto?
—Bien, te lo resumiré. La misión del coche bomba y el ataque hacia O'Conelly tienen que ver con el clan Ackermann. Investigue a Gerard Vogt, y efectivamente tiene lazos con el clan. Es un multimillonario dueño de transportadoras vía fluvial, una de las más grandes de Alemania. También tiene antecedentes de lavado de dinero y de estafa, sospechamos que él tiene conocimiento del paradero de los niños, ya que el los transporta. Y sobre las conexiones, la explicación es un poco larga para decírtela por teléfono—explicó dejándome con la intriga.
—Entiendo, descuida Thatch. Ya me he enterado de lo más importante, mantenme informada de lo que suceda al respecto.
—Así será Tasha, recupérate pronto.
—Lo haré, adiós Thatch.
—Adiós—se despidió y finalice la llamada para intentar levantarme. Me urgía ver a Rose.
A duras penas me pude levantar de la cama sin marearme, bajé hacia la cocina a paso lento. Me estaba muriendo de hambre.
—Tasha, ¡No puedes estar aquí! —exclamó Rose preocupada mientras se acercaba a mí.
—Es que tengo demasiada hambre, y necesito una laptop—expliqué apoyándome sobre la encimera.
—Bien, te preparare algo de comer, y te conseguiré la laptop. Ahora sube a descansar—dijo señalando el segundo piso con el ceño fruncido.
—Está bien—dije enfurruñada mientras subía hacia el segundo piso sosteniéndome de la baranda.
Minutos después Rose apareció en mi habitación con una laptop y una bandeja llena de comida.
—Gracias Nana—le agradecí sonriente.
Hace mucho que no saboreaba su comida, y a mí me encantaba.
—Llámame si necesitas algo—dijo besando mi frente para caminar hacia la puerta.
—Claro.
Rose cuido de mí y de Alisha desde que hemos nacido. Y lo sigue haciendo hasta ahora, ella nos quiere como si fuéramos sus propias hijas.
Comencé a devorar el contenido de la bandeja mientras encendía la laptop.
Le pedí a Thatcher que me enviara toda la información que recolecto para que investigara. Estaba demasiado aburrida, en definitiva, mañana volveré a la agencia. Apesta estar encerrada.
Horas más tarde.
—¿Alo?
—Agente Black, soy Susan.
—Susan. ¿Qué sucede? —inquirí.
—Lamento molestarla, pero necesita firmar algunos documentos.
—¿Qué clase de documentos?
—Ordenes, autorizaciones, permisos. Lo común.
—Que los firme Ferrara
—Recuerde que se necesita la firma de los dos agentes al mando.
Mierda
—Bien, envíame los documentos por alguien a la casa del ministro. Los firmare—dictaminé.
—Está bien, enviare a alguien de confianza y una vez más. Disculpe por molestarla.
—No se preocupe Susan, ya estoy mucho mejor.
—Me alegra oír eso, hasta luego.
—Hasta luego—me despedí para finalizar la llamada y sentarme sobre la cama.
Minutos después, los guardias me avisaron que un agente de la GIA llego con los documentos. Baje hacia el recibidor para encontrarme con Hudson.
El guapo de Hudson.
—¿Cómo esta agente Black? —dijo acercándose con varias carpetas mientras me seguía hasta llegar al living.
—Mucho mejor, toma asiento. ¿Quieres algo de beber? —ofrecí.
—No, muchas gracias.
—Está bien, ¿debo firmar todo eso? —señalé las carpetas mientras tomaba asiento.
Para mi suerte ya me encontraba mucho mejor, no tenía mareos ni dolores gracias a los analgésicos.
—Así es, su ausencia ha sido bastante notable en la agencia hoy—confesó abriendo una de las carpetas.
—¿Enserio? Y yo que creía que todos estaban felices por mi ausencia—dije sorprendida, siempre he sido exigente con los agentes por lo tanto creía que no les agradaba. Cosa que me importaba una reverenda mierda.
—Todo lo contrario, el agente Ferrara no paraba de despotricar contra todos los empleados. Al parecer no estaba de buenas.
—Ferrara nunca está de buenas—me burle tomando una carpeta junto con un bolígrafo.
—Eso notamos hoy, varios agentes querían salir corriendo—expresó con diversión haciendo que me carcajeara.
—Ya me lo imagino.
Comencé a leer y firmar varias autorizaciones mientras charlaba animadamente con Hudson. A decir verdad, él era muy divertido y me agradaba.
—Creo que esto es todo—dije acomodando las carpetas —, sí que fueron muchas, ya ha anochecido.
—Así es, ni lo había notado—comento levantándose del sofá.
—Ni yo, el tiempo paso rápido.
—Me despido agente Black, espero que vuelva pronto a la agencia.
—Dime Tasha, ha sido muy agradable charlar contigo Evan. Espero que podamos repetirlo—consideré mientras me ponía de pie para acompañarlo hasta el recibidor.
—A mí me encantaría—sonrió —. Adiós Tasha.
—Adiós Evan—me despedí amablemente viéndolo salir por la puerta principal.
Al día siguiente.
—No iras Tasha, debes seguir descansando—puntualizó mi padre.
—Pero ya estoy bien, el doctor dijo que puedo hacer de todo menos entrar en combates. Yo no tengo ninguna misión o caso por el momento que implique eso, solo quiero ir a controlar que todo esté bien y despejarme un poco de este encierro, anda. Déjame ir—le supliqué.
—Yo creo que deberías dejarla ir, ella ya es grande y puede cuidarse sola. Se la pasara peor aquí encerrada—dijo Alisha guiñándome un ojo.
Esa es mi chica.
—Anda papi, te prometo que me cuidare mucho—rogué poniendo ojos de perrito atropellado. Cuando quería podía ser una persona muy persuasiva.
Él me estaba observando con el ceño fruncido, pero al final cedió.
—Está bien, puedes ir. Pero vendrás temprano para cenar, y te seguirás quedando aquí—espetó reparándome fijamente.
—Bien, como digas.
—Ah, y se me olvido una cosa. Connor te llevara hoy, no puedes manejar aun—aclaró haciendo que mis buenos ánimos se esfumaran.
Demonios, esto ya no me está gustando.
—Papá, no puedes...— intente reclamarle, pero me interrumpió.
—Si puedo, son órdenes del doctor. Ahora yo me marchare, tengo muchas diligencias el día de hoy, cuídense—dijo levantándose de la mesa para darnos un beso en la frente a Alisha y a mí para salir del comedor.
—Tú tienes clases, ¿no es así? —inquirí.
—Así es, tengo clases en la academia.
—Bien, ¿iras conmigo? Ya que Connor me llevara a mí y tú te quedaste sin chofer.
—¿Acaso olvidaste a Dietrich? —cuestionó divertida—. Él me llevara, tranquila.
Dietrich era el otro chofer de mi familia, al cual olvide completamente.
—Oh, lo había olvidado. Yo iré a prepararme, cuídate—me despedí de ella dándole un beso en la mejilla.
—Tu igual.
Me encamine a mi habitación, y me rebusque entre la ropa que me había traído Alisha de mi departamento. Tome unos jeans ajustados negros, una blusa de satín blanca sin mangas, un blazer blanco y unas zapatillas blancas. Me maquille rápida y ligeramente, para luego dejarme el cabello suelto.
Tome mi bolso y baje junto a Connor que me estaba esperando fuera de casa.
—Buenos días Connor—saludé al ingresar al vehículo preparándome para la tortura.
—¿Cómo estas Tasha? —inquirió encendiendo el carro.
—Muy bien, vamos a la agencia—indiqué.
—Está bien.
Luego de largos minutos de viaje llegue a la agencia, si pasaba un minuto más dentro de ese carro, me temo que Connor no saldría con vida. Su manera de conducir por culpa del trafico me desesperaba, ¡dios! casi me asfixio allí dentro. Ingresé al complejo y varios agentes me observaban perplejos, como si no se esperaran que estuviera aquí, rápidamente se dirigieron a sus puestos de trabajo a fingir trabajar. Como si yo no me supiera de esas.
Ingresé al elevador y rápidamente subí hasta el quinto piso.
—Buenos días.
—Buenos días agente Black—saludaron al unísono los agentes que se encontraban en la sala central.
El quinto piso se dividía en varias salas y oficinas, la sala central, la sala de juntas y la sala de investigación. En donde mi equipo y yo nos pasábamos la mayoría del tiempo. Lo que se me hizo raro fue no ver a Ferrara dando órdenes a diestra y siniestra en la sala central o a Jace jodiendo a los empleados. Ingrese a mi oficina a dejar mi bolso para luego ir a hablar con Susan.
—Buenos días agente Black—saludó perpleja. —No esperábamos que usted se presentara hoy, por eso no le tengo el café preparado, disculpem...—la interrumpí.
—No te preocupes Susan, ya he desayunado. ¿Tengo varios pendientes hoy? —pregunté.
—Así es agente Black, hay varios documentos que debe revisar.
—Bien, iré junto a mi equipo. Luego veremos eso.
—Como diga.
Me dirigí a la sala de investigación, y al parecer estaban discutiendo algo.
—No creo que tenga que ver con es...—Thatcher dejo de hablar para fijar su mirada en mí, estaba bastante sorprendido—. Tasha, has venido.
Sam y Jace giraron rápidamente para observarme sorprendidos. Mientras que Ferrara me observaba con una mueca de: ¨ya lo sabía¨.
—Buenos días—saludé.
—Buenos días—respondieron al unísono.
—¿No que ibas a descansar? —preguntó Collins.
—Ya he terminado de descansar, estoy bien—aclaré. —¿De que estaban hablando?
—Black, no creo que debas estar aquí—dijo Ferrara.
—Estoy bien Ferrara, si me quedaba en esa casa más tiempo iba a volverme loca. Ahora necesito que me pongan al día sobre todo lo que han descubierto sobre el atentado y el caso Ackermann.
—Bien—exclamó Thatcher mientras tomaba su tableta.
—Primeramente, hemos descubierto que la misión del coche bomba en Moscú fue orquestada por el clan Ackermann hacia Nikolay Koslov, el presidente de uno de los bancos más prestigiosos de Rusia, se habían acumulado sospechas hacia él quien podría estar trabajando contra el clan, pero ninguna se pudo comprobar hasta el atentado del coche bomba, al parecer fallo con lo que debía realizar para ellos. Ya hemos mandando a un equipo para interrogarlo. Y con respecto a el atentado hacia O'Conelly, los hombres que murieron en la batalla eran súbditos de los Ackermann, pudimos confirmarlo porque todas sus identidades estaban en la base de datos, lo que estamos intentando averiguar es el porqué del atentado, O'Conelly no tenía nada que ver con ellos, pensamos que podría ser una venganza por evitar el atentado que ellos ocasionaron hacia Koslov, pero no estamos seguros. Es todo—lanzó un suspiro largo masajeándose las cienes.
—Bien, ¿Ferrara que tenemos con respecto a la misión encubierta en Alemania? ¿No teníamos una reunión allí mañana? —cuestioné mirándole fijamente. Como de costumbre se veía malditamente bien.
—La tenemos, es mañana por la noche. Yo iré, tú debes quedarte a descansar, ya iras luego.
¿Qué carajos acabo de oír?
¿Quedarme? ¿Yo?
Jamás.
—¿Qué demonios estas diciendo Ferrara? —solté frunciendo el ceño—. Yo no me voy a quedar en ninguna parte, ya estoy bien. He descansado lo suficiente, yo no me voy a perder una misión así de importante por un estúpido desmayo, ¿quedo claro?
—Mira Black, yo no me opongo a que vayas, solo no quiero que te desmayes o te enfermes en plena misión, porque no soy tu niñera para cuidarte el trasero siempre. Si quieres ir, bien. Pero que conste que lo haces bajo tu responsabilidad.
—Bien...—fui interrumpida por Scott. Un agente que forma parte del equipo de investigación.
—Lamento interrumpir, pero tenemos un llamado del FBI en Queens, es sobre un caso—informó Scott.
—Envía al equipo Fénix—ordené.
—Ellos ya están allí, pero hay algunas cosas que ustedes deben ver.
—Bien, iremos—exclamó Ferrara.
—Recibido.
—Vámonos—dije dirigiéndome al elevador. Ferrara, Collins y Clark imitaron mi acción y bajamos hacia el aparcamiento.
Tome la llave de un Maserati y me encamine hacia el vehículo hasta que fui interrumpida por Sam.
—¿A dónde vas señorita? ¿Ya se te olvido que no podías manejar? —cuestiono arqueando una ceja.
Me lleva el diablo.
—¿Cómo demonios sabes tú eso? —interrogué enfurruñada.
—Tu padre nos lo informo, así que te vas con nosotros.
—Bien—dije fastidiada—. Pero voy con Ferrara, no pienso aguantar un segundo en un vehículo a la velocidad que conduces—aclaré.
Sam es una excelente conductora en carreras y persecuciones, pero cuando nada de eso esta de por medio, conduce como un maldito caracol. Y yo no estoy con ganas de aguantar nada así.
—Como quieras—dijo lanzando una sonrisita de triunfo mientras se dirigía a una camioneta junto a Collins. Camine hacia donde se encontraba el italiano quien me observaba extrañado, desbloqueo su vehículo y nos adentramos a él.
—Al parecer adoras mi manera de conducir—ironizo mientras se ponía en marcha.
—No te creas, no tenía otra opción.
—Volaremos hacia Alemania hoy por la noche, ya tengo todo listo—informó.
—Genial, tenemos que informarle esto a el equipo. ¿O ya lo hiciste? — le pregunte abrochándome el cinturón.
—Tasha, no podemos llevarnos a el equipo. ¿Si no quien se hará cargo de la central? No sabemos cuánto tiempo durara nuestra misión allí y con O'Conelly en recuperación no podemos dejar el complejo sin personas al mando—explicó.
—Lo sé, ¿pero no será riesgoso ir solo nosotros dos?, ya sé que tenemos en apoyo de la central en Alemania. Pero me refiero a personas de confianza—lance un suspiro pesado—, te estas tomando todo esto a la ligera. No debemos operar de esa manera, no estoy de acuerdo.
—Entonces te jodes, ya dije lo que haremos y lo haremos de esa manera, yo no cuestiono tus estrategias, así que no me dificultes las cosas.
¿Ya dije que no lo soporto? Lo voy a decir otra vez.
¡No lo soporto!
—Escúchame bien Massimo, yo no voy a seguir ordenes de nadie, nunca las he seguido ni las seguiré. Si estoy cuestionando tu manera de operar es porque me preocupa la misión, no es una misión fácil y tú lo sabes, así que no intentes pisotearme porque no respondo—demandé con enfado.
Estaba volviendo a actuar por su cuenta, joder este hombres es imposible.
—Entiendo Tasha, pero no podemos dejar la central descuidada, Thatcher siempre va a estar en contacto con nosotros, y nos va a enviar la información que obtenga. Jace, Samantha y él se quedarán al mando mientras estemos en Alemania, no podemos dejarle todo el mando a uno. Y ahora peor ya que O'Conelly está ausente—dijo fijando su vista a la carretera, suavizando el tenso ambiente que se formó rápidamente entre ambos. Al parecer estaba siendo amigable hoy, misterioso.
—Bien, pero si algo sale mal es responsabilidad tuya.
El solo rodo los ojos y asintió fastidiado.
Luego de unos minutos llegamos a el lugar, agentes del FBI estaban custodiando el lugar, nos acercamos para identificarnos.
—Identifíquense por favor—habló uno de ellos.
—Agente al mando de la GIA, Tasha Black—exhibí mi placa.
—Agente al mando de la GIA, Massimo Ferrara—imito mi acto y los custodios nos dejaron pasar levantando la cinta amarilla que impedía el paso.
—Tasha, que bueno que llegaste—saludó Malcolm Rosewood acercándose para besar mi mejilla, un viejo compañero de la armada. El cual siempre estuvo intentando conquistarme en mis tiempos de cadete—. Estas realmente preciosa—halago mientras enarcaba una ceja dudoso al fijarse en Ferrara.
—¿Cómo estás?
—Mi día mejoro desde que pusiste un pie en este lugar—dijo con chulería sonriendo coqueto. Ferrara comenzaba observaba a Malcolm con desagrado.
—¿Y quién es él? —preguntó repasando con la mirada a Ferrara de arriba hacia abajo.
—Es mi compañer...—fui interrumpida por el italiano.
—Massimo Ferrara, agente al mando de la GIA—estrechó la mano de Malcolm tardándose más de lo debido en el apretón.
—Malcolm Rosewood, el novio de Tasha.
—¿Como?
---
Espero que les haya gustado!
No olviden votar y comentar.
Nos estamos leyendo.
Ceci~
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