CAPÍTULO 1
Bomba.
Rusia, Moscú.
—¡Tenemos un 12-38, voy a proceder así que todos atrás! — vociferé lanzando una advertencia hacia los soldados quienes me observaban como idiotas.
—Agente Black ¿necesita algo?—inquiere uno de los soldados posicionándose frente a mi.
—Necesito que todos se larguen, ¿o quieren que la bomba les explote el culo? ¡Largo, yo me encargo!
La amenaza es un coche bomba, nos estamos enfrentando a un ataque terrorista en la ciudad, al parecer unos alemanes lo orquestaron. Han aparcado el coche en una de las avenidas en donde siempre se aglomera más gentío.
Jodida mierda.
—Inicien evacuación, no quiero nadie aquí—ordené mientras examinaba el coche. —Thatcher, ¿Cuáles son mis opciones? —inquirí a través del micrófono.
Thatcher Dallas, uno de los integrantes de mi equipo y un gran amigo mío. Encargado de la parte informática y de guiar las operaciones desde la central. Es un maldito genio en la tecnología.
—La opción más rápida que tienes es llevar el coche a un recinto acuífero—suspiró—. No podremos desarmar la bomba, al tocar el motor estallara—habló a través del auricular.
—Bien, ¿Cuál es el recinto acuífero más cercano? —pregunté.
—El más cercano está a cuatro minutos, es un muelle.
—Genial, manda evacuar el muelle, la bomba estallara dentro de diez minutos. Llevaré el coche allí.
—Podrías mandar un soldado, no veo porque meterte a la boca del lobo...
—No haré eso, Thatch —lo interrumpí —, por algo soy la mejor en lo que hago. No le tengo miedo a esto, guíame hacia el muelle.
Encendí el auto y pisé el acelerador al máximo. En menos de cinco segundos ya estaba alcanzando 150 km/h de velocidad.
Genial.
—Gira la izquierda, por la intermitente—me guio.
—Hermoso martes, ¿o no Thatch? —bromee mientras enfocaba la vista en la carretera que estaba en una crisis de trafico.
—Desde luego, excepto a que estas dentro de un jodido coche bomba que puede explotar dentro de pocos minutos si no te apresuras!. Ve derecho los próximos 300 metros, luego gira a la derecha.
El sonido de los cláxones no se hizo esperar cuando comencé a esquivar los vehículos con destreza para llegar mas rápido a mi destino.
—Sigue por el mismo camino 200 metros más y ya llegas a tu destino.
—Inicia conteo regresivo para la explosión—ordené fijando la mirada en la carretera, concentrada en lo que tenia que hacer.
—Cinco minutos.
Esquive unos vehículos más, y derrape hacia la derecha para facilitar la entrada rápida al muelle.
Es hora.
Acelere al límite hacia el muelle, el cual ya estaba completamente evacuado. Abrí la puerta y me lancé sobre mi hombro derecho rodando hacia el caliente pavimento que me recibió. El coche cayó al mar y segundos después la explosión no se hizo esperar, provocando un ruido ensordecedor que hizo que me cubriera los oídos con los dedos y salpicando todo el predio de litros de agua.
—Amenaza neutralizada—avisé con la respiración agitada pegando mis labios al pequeño micrófono que tenia incrustado en mi atuendo.
—Black, ¿estás bien? —inquirió Collins mientras que bajaba de una de nuestras camionetas rápidamente para asistirme.
Otro miembro de mi equipo, Jace Collins uno de los mejores francotiradores de la central, tiene una puntería de puta madre. Es amigo mío, como todos los integrantes de mi equipo de trabajo. Todos formamos una disfuncional y rara familia.
—Desde luego, ¿Cuándo es que me habías visto derrotada por una simpleza como esta?— bromee sonriendo de lado, mientras el me ayudaba a levantarme.
—Lo sé, era solo por cortesía. No seas engreída—respondió rodando los ojos para esbozar una sonrisa divertida y desordenarme el pelo. Camine hacia la camioneta para subir en esta y acomodarme en el asiento del copiloto.
—A la central.
—Bien—dijo lo último y comenzó a acelerar hacia la central de la GIA en Moscú
Luego de unos minutos de viaje, llegamos al complejo. Baje de la camioneta y me encamine hacia la puerta principal de esta seguida de Jace para acelerar el paso hacia el elevador y subir hacia el piso en donde se encontraba mi equipo.
—Tasha, me alegra que hayas llegado—me saluda el director de operaciones de la central, Robert O'Conelly, cuando salimos del elevador haciendo que me lleve una sorpresa.
¿Qué coño hacia aquí el director?
—¿Cómo esta, señor?—inquiero extrañada por su presencia.
—Bien, gracias. Tengo algo que informarles.
¿No podía esperar a que lleguemos a New York?
—Dígame.
—Ya tenemos al agente al mando—informó rascándose suavemente la barbilla mientras me escrutaba a través de sus lentes de sol.
¿Por qué utilizaba lentes de sol dentro de la central?
Cada día O'Conelly se me hacia mas raro.
—¿Como? Pero el puesto ya lo ocupo yo—enarque una ceja extrañada. Me habían asignado al cargo hace unas semanas y aun no estaba al tanto de varias cosas, ¿pero esto? sonaba muy raro.
¿Qué carajos esta pasando?
—El puesto lo ocupan dos personas, ¿o ya se le olvidó?
Se me había olvidado, en las centrales de la GIA se ocupaban dos agentes al mando para dirigir las operaciones y encargarse de las misiones de alta envergadura. Y hasta el momento después de los nuevos nombramientos solo yo estaba al mando.
—Oh, cierto. Ya lo recuerdo—repliqué indiferente.
Solo espero que quien sea a quien hayan asignado sea un buen agente y soldado, y no un incompetente como la mayoría de compañeros que me han asignado a lo largo de mi carrera. En estas instancias ya no estoy como para soportar nada de eso.
—El agente que ocupara el puesto junto a usted ya está en la sede central, fue recomendado por tu padre. Realmente es muy bueno, sus distintos méritos lo demuestran, se llevarán bien.
—¿Ah sí? Eso está por verse, y a propósito. ¿Qué hace usted aquí? ¿No debería estar en la central de New York? —cuestione repasando con la mirada la ridícula vestimenta que portaba . O'Conelly casi nunca salía de la central, siempre se encontraba en su oficina firmando papeles y examinando que nadie la cague en ninguna operación.
La GIA se divide en sedes a nivel mundial. Es una agencia global, por el momento mi equipo y yo nos encontramos en Rusia ya que teníamos una operación que ejecutar aquí. Mi equipo es uno de los mejores de la agencia, por lo tanto, nos asignan misiones de alta envergadura en el extranjero que claramente no todos pueden ejecutar.
—Estoy aquí, porque tengo una junta con el asesor presidencial, tú y tu equipo ya deberían estar volando hacia New York, tienen un nuevo caso—informó acomodando sus lentes de sol. El volver a reparar su vestimenta hizo que quisiese reír, ¿Quién coño utilizaba sandalias con un traje?
—Lo sé Robert, mi equipo y yo nos tomaremos un descanso, luego abordaremos. Hasta luego—me despedí del director y me dirigí a los dormitorios que la agencia proveía a los agentes y soldados, lo que más necesitaba era darme una ducha y dormir. Mi cuerpo se encontraba adolorido por la caída brusca en el pavimento, y por los raspones que se formaron gracias a esta.
Me despoje de mi ropa y tome una ducha rápida. Al salir del baño, mi móvil timbraba indicando una llamada, me anude la toalla que rodeaba mi cuerpo para rápidamente tomar mi celular y contestar la llamada.
Papá
—Padre—saludé tomando asiento en la punta de la cama.
—¿Cómo estas, cariño?
—Bien, hace algunas horas lleve a cabo una misión, estoy un poco cansada.
—Lo del coche bomba. Me han informado al respecto, lo has hecho excelente. Como siempre—alego sonando orgulloso.
—Así es, la investigación ya está siendo llevada a cabo.
—¿Mañana llegas, o te tomaras un descanso?
—Mañana partiré hacia allá, no puedo tomarme ningún descanso. Tengo un nuevo caso—comenté—. Me han dicho que has recomendado a mi nuevo compañero, ¿es cierto?
—Así es, es hijo de uno de mis mejores amigos. Ha trabajado para la GIA desde hace bastante tiempo, los méritos y condecoraciones le sobran, me he asegurado de que este a tu nivel. Espero que se lleven bien.
Mi padre es la mayor autoridad en la GIA, es el ministro. Así que el tipo que recomendó debe de ser muy bueno como para que él lo pusiera al mando junto a mí, mi padre nunca pondría a ningún idiota al mando .
—Ojalá, te dejo papá. Debo descansar un poco.
—Está bien, adiós.
—Adiós—me despedí y finalice la llamada para rebuscar entre mi bolso ropa decente y tomar una siesta.
Horas más tarde.
—Despierta, bella durmiente—sentí un zarandeo.
—Cinco minutos mas, no me jodas—espete enfadada sin poder abrir los ojos, el sueño me vencía.
—¡La central esta por derrumbarse! ¡Que te levantes, joder!—el movimiento se intensifico haciendo que me exaltara.
—¿Qué coño?—abrí los ojos extrañada poniéndome de pie en un salto, encontrándome con Sam con los brazos en las caderas frente a la cama.
Desde luego que no se trataba de un derrumbe.
Siempre caía en sus juegos.
—Ya era hora, bella durmiente.
—Bella durmiente tu abuela—espete irritada, odiaba que me despierten y mas sin mi consentimiento.
—Pues podría ser, eh. Porque su actividad favorita del mundo es dormir. Pero lo de bella si te lo discuto, porque no fue muy bella conmigo en todo el tiempo que viví con ella —dijo la rubia haciendo que suelte una carcajada.
Samantha Clark, es parte de mi equipo, experta en interrogar y torturar, una buena y ocurrente amiga mía.
—Partimos hacia New York dentro de una hora—informó caminando hacia la puerta para dejarme sola en la habitación .
—Genial, iré dentro de un rato.
—Bien.
Apenas salió de la habitación, comencé a empacar lo poco que traje de ropa. Estuve un mes en Rusia, entre misiones y misiones. Y ni si quiera pude salir a echar un buen polvo.
Me urge uno, estoy estresada hasta el culo.
Me vestí con unos jeans negros, una polera de lana y unas botas. Opte por ponerme unos lentes de sol para no maquillarme, ya que tenía unas ojeras enormes que me hacían parecer un horrible mapache.
Salí de la habitación con la maleta en busca de mi equipo, y los halle sentados sobre los sillones de la sala de conferencias que estaba a pocos metros de las habitaciones del complejo.
—¿Ya despertó la bella durmiente? —bromeó Collins con una sonrisa burlona.
—La bella durmiente quiere un café, ¿puedes traerme uno por favor? —pedí amable. Los demás rieron ante mi comentario mientras que a Collins se le borraba la sonrisa y bufaba mientras iba por el café sin replicar.
—¿No descubrieron nada sobre el caso Greenwich?—inquirí interesada.
—No, lo único que sabemos es que se trata de una amenaza biológica—respondió Sam fijando la mirada en la tableta que tenía en la mano.
—Tenemos que llegar al causante lo más rápido posible, antes de que disperse la amenaza—declaré intentando descifrar al causante de la amenaza.
—Así es.
Mi móvil suena, indicándome una llamada a lo que rápidamente contesto.
Numero privado.
—Black.
—Agente Black, soy el agente Evan Hudson del equipo Fénix. Conseguimos información sobre el caso Greenwich.
—Envíele todo lo que consiguió al agente Dallas. ¿Qué descubrieron? —interrogué poniendo toda mi atención en la llamada.
—Descubrimos a un científico que parece estar involucrado con el próximo ataque, es chino. Ayer por la tarde se reunió con Michael Hoops, el tipo al cual interrogamos y fingió no saber nada.
—Genial, tú y tu equipo. Localicen a el científico e interróguenlo. Todo lo que descubran mándaselo a Dallas—ordené tajante.
—Como diga, adiós.
—Adiós.
Finalice la llamada.
—¿Dónde esta Thatcher?—pregunté al apenas finalizar la llamada, repasando la sala con la mirada sin encontrarlo. San se encontraba bastante concentrada en su tableta, así que solo se encogió de hombros, dándome a entender que no sabia.
—¿Me llamaste? —inquirió adentrándose a la sala con una taza de café en la mano seguido de Jace quien también traía una en la mano.
—El equipo de Hudson, descubrió algo sobre el caso Greenwich, te lo está enviando—expliqué tomando asiento frente a la amplia mesa que yacía en el salón.
—Genial.
—¿Y qué es lo que tenemos? —averiguó Sam desviando la mirada de su aparato.
—Hay un nuevo involucrado, un científico chino. Que se reunió con Hoops, el tipo el cual interrogaron y dijo que no sabía nada. El equipo de Hudson irá a interrogarlo—informé.
—Aquí está tu café, bella durmiente—dijo Collins con una mueca burlona plasmada en su rostro para pasarme la taza de café.
—Te lo agradezco.
—Mira esto, Tasha— soltó Thatcher señalando una imagen en su laptop. Fije la mirada en esta para así rápidamente descubrir que el objetivo tenia la amenaza en su maleta, gracias a sus gestos descuidados que indicaban que sobreprotegía esta.
—La maleta, ¡allí tiene la amenaza! — exclamé con la mirada fija en la imagen tomando mi móvil para marcarle a Hudson.
Sam y Collins se acercaron rápidamente para ver la foto y descubrir lo mismo que yo.
Comencé a llamar a Hudson, quien contesto después de varios pitidos.
—¿Hola?
—Hudson, habla la agente Black, tienen que encontrar la maleta. La maleta con la cual el hombre ingreso al país. Allí tiene la amenaza—expliqué rápidamente sin desviar la mirada de la imagen que yacía en la computadora de Dallas.
—Mi equipo y yo estamos en camino, tomaremos en cuenta eso.
—No quiero que lo tomen en cuenta, quiero que encuentres el maletín y veas lo que hay dentro, investiga al hombre. Averigua si tiene familia en el país, o amigos cercanos—ordené.
—Claro jefa, la mantendré al tanto.
—Bien—dicho lo último, finalice la llamada centrándome en la conversación que tenía mi equipo.
—Espero que el equipo de Hudson pueda conseguir hallar ese maletín—habló Sam esperanzada acomodándose un mechón de cabello tras su oreja.
—Eso espero, no querrán quedar como incompetentes frente a toda la central.
—Chicos, ya debemos despegar—avisó Thatch tomando su laptop para caminar hacia la puerta de la sala en donde nos encontrábamos.
Nos adentramos al elevador para bajar hasta el primer piso y dirigirnos al aeródromo que se encontraba en el mismo predio, para partir hacia New York.
Luego de casi diez horas de viaje, aterrizamos en New York. Eran más o menos las cuatro de la madrugada, y yo estaba muerta de cansancio. Me despedí de los chicos y llamé un taxi para ir a mi departamento. Dormí casi la mitad del vuelo, por lo tanto, no tenía tanto sueño.
Al llegar a mi departamento me despojé de mi ropa y me di una ducha, solo me quedaban pocas horas para descansar, ya que tenía que presentarme en la central a las siete de la mañana. Dormí las horas que me quedaban, para luego alistarme para ir a la central.
Opte por unos pantalones de cuero negro, una básica blanca, mi chaqueta de cuero y unas botas de tacón. Me maquille ligeramente y el cabello lo llevo recogido en una coleta. Encendí el motor de mi vehículo, y acelere hacia la central. Luego de unos pocos minutos de viaje llegue a mi destino.
Al llegar pase por el sistema de seguridad colocando mi pin de ingreso junto con mi huella dactilar en la maquina, para adentrarme al complejo. La GIA es una organización secreta y la más grande del mundo, no cualquiera puede entrar, solo el personal autorizado. El protocolo de seguridad es impenetrable por lo tanto casi nunca hemos contábamos con infiltrados.
—Agente Black, buenos días. Su café—saludó Susan, mi secretaria, pasándome el café que ya me tenía preparado.
—Buenos días, gracias—respondí tomando el vaso con una ligera sonrisa.
Camine hacia el ascensor para subir al piso cinco, donde mi equipo y yo operamos y almacenamos la información más delicada; al abrirse las puertas de este camine hacia la sala de investigación, en donde mayormente pasábamos más tiempo.
—Buenos días—saludé al ingresar a la sala.
—Buenos días—saludaron al unísono Thatcher, Sam y Jace luciendo bastante cansados con sus respectivas tazas de café en mano. Estaban ojerosos y tenían una pinta terrible, y no me burlo porque yo también he de tener el mismo aspecto.
—¿Cómo vamos con el caso? ¿El equipo de Hudson logró algo? —pregunté mientras bebía mi café.
—No, cuando llegaron ya se habían ido—reveló Sam mientras imitaba mi acto.
—Incompetentes—maldije fastidiada—, debemos ir en busca de ese hombre, ¿algunas pistas?—averigüé fijando la mirada en Dallas.
—Unas cámaras captaron la imagen de Hoops en una cafetería cerca de la central park—informó Thatcher examinando el video de la cámara de circuito cerrado, que estaba reproduciendo en su computadora.
—Va a soltar la amenaza allí, es en donde se aglomeran más personas. Vayamos para allá—espeté dejando mi café a medias sobre la mesa para caminar a paso acelerado hacia el elevador.
Ingrese al ascensor para bajar a neutralizar la amenaza junto con Collins y Clark. Las puertas del elevador se abren y me encuentro con una gran sorpresa. El primer piso estaba aglomerado de personas que formaban un circulo alrededor de dos personas, el director O'Conelly y un hombre al que no puedo localizar ya que se encuentra de espaldas.
Al parecer están presentando al nuevo agente, y no me avisaron.
Genial.
—Tasha, a donde vas, ¡debes conocer a tu nuevo compañero! —exclamó O'Conelly haciendo que todo el tumulto de personas que se encontraban en el piso fijaran la mirada en mi equipo y yo.
—Si me disculpa director, debo ir a neutralizar una amenaza en la central park, luego lo conoceré—declaré tajante ignorando a los demás para caminar hacia la salida, todos los presentes se sorprendieron por mi manera de actuar comenzando a susurrar cosas entre ellos, cosa que me importa una mierda.
—Yo conduciré—avisé adelantándome.
Fuimos hacia el aparcadero y tomé la Range Rover, todos subieron y comencé a acelerar hacia central park.
—¿No tienes nada Thatch? —hablé a través del auricular fijando la mirada en la carretera, la cual estaba en total caos por la magnitud de vehículos que utilizaban este tramo.
Joder.
—No, estoy buscando en las cámaras pero no tengo nada—manifestó frustrado.
—Bien.
Acelere a fondo esquivando los vehículos del tráfico intentado encontrar algún atajo por el cual librarme de este martirio, pero hasta el momento la carretera estaba tan congestionada que no había paso para poder acceder a alguna.
—Estas a diez minutos—avisó Dallas mientras que yo intentaba maquinar un plan.
Este trafico no puede detenerme.
—Genial.
Fije la mirada en un atajo que conocía perfectamente, así que sin perder tiempo lo tome desviándome a rastras de los vehículos, para llegar lo más rápido posible a la central park.
—Tasha, el hombre ya está ahí, ¡debes apurarte! —exclamó Thatcher exaltándome.
—¡Lo hago!
—Sujétense—avisé girando el vehículo bruscamente hacia la avenida que me llevaría a mi destino, aumentando la velocidad lo máximo posible para llegar al lugar y bajar de la camioneta empuñando mi arma con ímpetu, mientras que examinaba el lugar desesperada con la vista, intentando encontrar algo que pueda servirme.
—¿Cómo esta vestido? —inquirió Collins imitando mi acto con la glock en alto.
—Esta vestido de turista, tiene puesto una camisa roja, una maleta en mano, y una cámara colgando en su cuello—describió Dallas a través de auricular.
Analice el perímetro cuidadosamente hasta que lo halle sentado en un banco desocupado con una maleta al lado de su pierna. Lucia despreocupado e indiferente con un atuendo relajado y unos lentes de sol para pretender ser un turista mas.
—¡Esta allí! —manifesté, para ir corriendo hacia su dirección con el arma en mano. Pero un estruendo hizo que me exalte, al darme cuenta de que ya otra persona lo estaba encarando.
¿Pero que...?
Tarde.
—Las manos arriba, ¡Suelte la maleta con cuidado al piso! ¡Un movimiento en falso y le lleno el culo de balas! —escuché el hablar una ronca y sensual voz masculina que desconocía por completo.
¿Qué carajos?
Me acerqué con rapidez hacia donde se encontraba la persona que había detenido a mi objetivo, y caí en una gran sorpresa.
El hombre era alto, fornido, mandíbula perfilada y cabello perfectamente peinado, tenía unos ojazos verdes de infarto y media más de un metro ochenta, en fin. Era un tipo jodidamente ardiente. La pregunta del millón es, ¿Quién carajos es? y porqué cree que tiene el derecho de entrometerse en mi operación.
—¿Quién mierda eres? — interrogué ubicándome frente a el hombre, repasándole con la mirada y con los brazos cruzados sobre el pecho, mientras él esposaba al científico loco.
—¿Y tú quién carajos eres para venir a exigirme respuestas? —levanto la mirada para fijarla en mi enarcando una ceja con altanería.
¿Quién coño es este payaso?
—¿Importa? Me saboteaste el jodido operativo, ¿No te han enseñado a no meterte en donde no te llaman? Imbécil—le reñí enfadada—. Ahora dime, ¿Quién eres? Y porque crees que tienes derecho a meterte en operativos que no son de tu incumbencia—demandé esperando una respuesta coherente de su parte, estando a punto de perder la cordura.
La paciencia no era una de mis virtudes.
—Debería cuidar como me esta hablando, no sabe quien soy y mucho menos conoce mis alcances. Yo puedo hacer lo que se me venga en gana, soy el agente al mando—alardeo, levantando el mentón levemente sin dejar de mirarme con soberbia e intentando hacerse el superior.
¿Enserio cree que con este discursito de mierda lograra hacerse el superior y lograra ganarse mi respeto?
No es mas que un ridículo.
El que no me conoce es él, y esta bastante equivocado pensando que podrá hacer lo que se le venga en gana por ganarse ese titulo. Para mi será un gusto ponerlo en su lugar cada vez que me joda.
No puedo creer que mi padre haya recomendado a este idiota con ínfulas de superioridad para estar al mando junto a mi, las ganas que tengo de mandar a este imbécil a la mismísima mierda son elevadas, pero no puedo comportarme como una idiota con falta de profesionalismo frente a él.
—¿Enserio? —inquirí con sorna ladeando levemente la cabeza—. ¿Enserio crees que por ser asignado puedes intentar pisotear a quien se te de la gana y entrometerte en donde no te llaman? Pues estas muy equivocado, porque a mi no puedes pisotearme ni hacerme de menos, porque al igual que tu, soy la agente al mando y jamás dejaría que un imbécil como tú, intente joderme mis operativos e intentar humillarme con sus ínfulas de superioridad que no son capaces de darle miedo a nadie, si cree que puede venir a hacerse el dueño del mundo esta muy equivocado—remarque la ultima palabra mirándole fijamente a los ojos—. Espero que no intente joderme, porque me encargare de dejarlo fuera de esta central, solo no se meta en mi camino y ocúpese de sus propios asuntos.
—Tú debes ser la ¨inalcanzable¨ Tasha Black, ¿no?—me repasó con la mirada de arriba hacia abajo.
—Y usted debe ser el nuevo agente que asignaron, ¿no?
—Así es, y espero no llevarme sorpresas, me han hablado bastante sobre usted. Soy Massimo Ferrara, su nuevo compañero, por desgracia— se presenta rodando los ojos y al pronunciar su nombre su acento italiano quedo al descubierto.
Italiano tenia que ser.
—¿Ah sí? Espero que todo lo que ha escuchado no hayan sido mentiras como las que acostumbran decir—cruce los brazos sin despegar la mirada de sus llamativos ojos verdes—. Ahora dígame, ¿Cómo es que se las ha ingeniado para llegar antes y meter sus narices en donde no lo han llamado?—inquirí frunciendo el ceño.
Me acaba de arruinar la maldita misión y no se la dejare pasar así como así.
—Su pregunta está mal formulada, agente. Lo que debería preguntar es: ¿Quién no llegaría antes que usted? Por lo que veo escogió un vehículo lento y tomo una ruta transitada— expresó con socarronería esbozando una sonrisa ladina llena de soberbia.
Lo odio.
—Espero que le baje un poco al gran ego que tiene, porque si no lo hace usted. Se lo bajare yo a patadas, agente—remarqué la última palabra con sarcasmo, acribillándolo con la mirada.
—Estaré esperando ese día con ansias—sonrió sarcástico, mostrando una sonrisa jodidamente perfecta y reluciente.
No caigas, no caigas.
A veces me caes mal.
Jace y Sam llegaron junto a nosotros rápidamente con muecas de desconcierto plasmada en sus rostros examinando el lugar confundidos.
—¿Y ellos son? —inquirió el italiano pasándose la mano por su cabello castaño, despeinándolo en el acto, dejándose una pinta de lo mas deseable.
¿A caso a este hombre lo de ser ardiente le sale solo? Se ve tan sensual con cada movimiento que hace, no lo soporto.
—No te importa—repliqué enfurruñada.
—Somos parte del equipo de la agente Black—habló Sam propinándome un codazo discretamente. —Samantha Clark—se presentó amable pasándole la mano.
—Jace Collins—agregó el rubio ejerciendo el mismo acto que Sam.
El idiota le estrecho la mano a los dos para dejar ver una sonrisa carismática.
—Massimo Ferrara, nuevo agente al mando y lider del equipo junto a la agente Black—dijo lo ultimo y fue tan notable que lo hizo para chincharme.
—Ya quisiera—suelto tosca sin dejar de mirarlo.
—Créame que es lo que menos quiero en este mundo, trabajar con usted no es uno de mis objetivos, Black.
—Estamos igual, Ferrara
¿Lo odio? Si, lo odio.
Horas después.
—La amenaza ha sido neutralizada gracias al agente Ferrara, quien se incorporo hoy mismo a la central—vitoreó el director entre aplausos con los demás agentes que nos rodeaban.
Y además que se llevó los méritos de mi caso, jodido imbécil.
Contrólate Tasha, contrólate.
A la mierda.
—Si me disculpa, director—interrumpí el circo que estaba montando—. Las pistas e informaciones las consiguieron los integrantes de mi equipo, no es justo que este agente se lleve los méritos, lo único que hizo fue entrometerse en un caso que no era de su incumbencia y sabotearnos la estrategia—demande tajante ardiendo de la rabia. e intentando controlar mis impulsos para no dar un show.
Nadie pisotea a Tasha Black.
—Disculpe agente Black, pero a partir de hoy el agente Ferrara es parte de su equipo, por lo tanto el tiene todo el derecho de inmiscuirse en los operativos que lleven a cabo.
Mierda.
Además de joderme la misión ahora está en mi equipo, me lleva el jodido diablo.
—Esta equivocado director, él se incorporó hoy. No tenía porque entrometerse en el caso, si es así vitoreé también las arduas horas de trabajo de mi equipo y deje de montar este circo para darle protagonismo a este —exclame lo último con un enfado notable en mi voz y me largué hacia la cafetería controlando mis impulsos de romper algo y mandarlo todo a la mierda.
Sam y Jace me siguieron el paso, dejando a los demás observando la escena sorprendidos y cuchicheando al respecto.
Idiotas.
—Que tal el nuevo jefe, todo un semental—soltó Sam con una sonrisa pícara mientras al igual que Jace y yo, tomaba asiento en una de las sillas vacías.
—¡No lo soporto! Se ha incorporado hace minutos y ya se cree el jefe. Espero que no me joda, porque en esta central tengo más antigüedad yo, y no voy a dejar que nadie intente opacar las arduas semanas de trabajo que me ha llevado poner todo en su lugar—declaré tajante y decidida a demostrar mi punto.
Jamás dejaría que ese italiano me pisotee, no es más que yo, y con sus actitudes de mierda lo único que conseguirá es que le haga la maldita vida imposible.
Solo espero que no me joda con sus delirios de jefe porque no me controlare para mandarlo a la mierda.
—Estas despotricando muy fuerte, agente—interrumpió el maldito de Ferrara acercándose a nuestras mesa a paso lento y me fue imposible no percibir su perfume—. No intentes pisotearme Black, tú también tienes el poder, pero eso no te pone por encima de mí, ni hace que me someta a tus ordenes de mierda, tenlo bien en claro. Porque yo no me doblegare ante nadie, y menos ante personas como tú, que creen que por ser una hija de una máxima autoridad tienen el poder de pisotear a medio mundo—declaró con voz gélida sin dejar de lanzarme dardos con los ojos.
—No busco someter a nadie Ferrara, cada quien es libre de irse si no soporta el calibre de esta central. Solo intenta no meterte en mi camino, porque no te ira tan bien como crees.
—Tan hermosa pero tan ponzoñosa; espero que no te ahogues con tu veneno, agente. No te tengo miedo Black y no te gustara hacerme enojar, mejor guárdate tus amenazas que no son capaces de hacerme ni cosquillas.
—Tampoco le temo a tus amenazas mediocres, Ferrara. Solo no juegues con fuego—me relamí los labios—, porque te vas a quemar y no te gustara—advertí sin bajar la mirada.
—Será un placer, con lo que a mí me encanta el fuego—dijo lo último y se largó dejándome con la palabra en la boca y con su embriagador aroma impregnado en mis fosas nasales.
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¡Espero que el capítulo les haya gustado y dejado con ganas de leer mas!
Hay mucho por contar.
No olviden dejar sus comentarios y votos!
Gracias por estar aquí.
Nos estamos leyendo.
Ceci.
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