02
Realmente había pasado cerca de una hora desde que tanto Chifuyu como Keisuke habían llegado a la conclusión de adelantar la hora de almuerzo, solo para reprenderlo por su irresponsabilidad al haberse reunido con su tonto exnovio.
Al inicio, intentó mantener la mentira de que había sido solo para "cerrar ciclos" y porque debía solucionar un par de cosas con Souma. En realidad, tenía la falsa esperanza de regresar a su antigua vida de pareja, pero eso solo le dejó una mejilla herida y un ojo morado. Gracias a Dios, y a sus habilidades con el maquillaje, logró esconder el ojo morado y atribuyó el rasguño en su mejilla a uno de los gatitos del refugio.
—Espera, déjame ver si entiendo. ¿Te encontraste con el idiota que casi te deja en el hospital? —preguntó Chifuyu, claramente molesto. Y si Matsuno estaba molesto, Keisuke estaba mucho peor. Kazutora suspiró y simplemente asintió.
—Sí... tenía que recoger un par de cosas que dejé en su casa. No pasó nada. No es para tanto... —murmuró en voz baja, claramente avergonzado. —Lo siento, la próxima vez seré más cuidadoso —se disculpó, inclinando la cabeza, ganándose un chasquido molesto de parte de Keisuke.
—¿La próxima vez? Estás loco si crees que vamos a dejar que vuelvas a ver a ese tipo. Te amarro a la silla primero —contestó, molesto, Keisuke—. Por Dios, Tora. ¡No puedes ser tan descuidado!
Kazutora permaneció en silencio, sin levantar la cabeza, sintiéndose demasiado culpable como para dignarse a mirar a cualquiera de sus dos amigos.
La tensión se mantuvo en la habitación por un par de minutos; Kazutora evitaba incluso respirar.
—Mira, Tora... —comenzó Chifuyu, haciendo una pausa mientras buscaba las palabras adecuadas—. Keisuke y yo no queremos parecer intensos o molestos... tampoco queremos limitarte o controlarte, pero somos tus amigos... nos importas, ¿sí?
Kazutora simplemente asintió, con la cabeza gacha, esforzándose por no llorar. Eso solo lo haría verse aún más patético de lo que ya se sentía.
Chifuyu y Keisuke intercambiaron una mirada, ambos preocupados, pero conscientes de que presionarlo más solo empeoraría la situación. Chifuyu respiró hondo y suavizó el tono.
— Tora, no estamos aquí para juzgarte. Solo... queremos que pienses en ti primero —dijo, inclinándose hacia él y tratando de captar su mirada—. Sabemos que no es fácil, pero Souma no es bueno para ti. Lo sabes, ¿verdad?
Kazutora levantó la cabeza un poco, intrigado por el cambio en la voz de Chifuyu. Algo en su pecho latió más rápido al sentir la intensidad en la mirada de ambos, aunque no podía definir qué había cambiado.
— Sí... yo lo sé —murmuró, sin poder mirar a ninguno a los ojos por mucho tiempo. Sentía una calidez extraña, como si no estuviera tan solo como pensaba.
Chifuyu suspiró aliviado, mientras que Keisuke, aunque seguía frunciendo el ceño, se cruzó de brazos y bajó la voz.
— Hablando de cuidarte... hoy vamos a salir los tres a cenar —dijo Keisuke, tratando de suavizar la tensión—. ¿Qué dices? Como en los viejos tiempos. Nada de Souma, ni de problemas. Solo nosotros.
Kazutora dudó. La idea de pasar tiempo con ellos, de reírse y olvidar sus preocupaciones por una noche, lo tentaba. Pero había algo en él que no le permitía ceder. Sentía que sus errores lo mantenían atado, y estar con ellos después de todo lo que había pasado lo hacía sentirse una carga. Además, no podía soportar la idea de que pudieran leer en su rostro el remordimiento por el error que había cometido con ambos.
Se esforzó por sonreír, pero solo logró una mueca torpe.
— Lo siento, chicos, pero ya hice planes. Michi me pidió ayuda para organizar unas cosas... Naoto ha estado ocupado con el trabajo y me sentiré mal si le dejo haciendo todo solo. —improvisó, esperando que la excusa fuera suficiente.
Keisuke entrecerró los ojos, claramente desconfiado, pero Chifuyu solo suspiró y asintió.
— Está bien, Tora. La próxima vez será, entonces —dijo Chifuyu, dándole una palmada en el hombro.
Al terminar su jornada, a solo unos minutos de cerrar, Kazutora se quitó el delantal y acomodó un par de cosas antes de recoger sus pertenencias y marcharse.
Se despidió rápidamente y salió, sintiendo el aire fresco golpear su rostro al cruzar la puerta. Necesitaba alejarse, y aunque odiaba mentirles, sabía que estar solo era la mejor opción... al menos, eso era lo que quería creer.
Caminó sin rumbo fijo, dejándose llevar por las calles hasta llegar frente a un edificio viejo y familiar. Saludó al portero, un hombre de la tercera edad, muy amable, y siguió hacia las escaleras, evitando el ascensor que estaba en constantes reparaciones. Allí, en el tercer piso, vivía Hanma Shuji, su viejo amigo de la universidad y su ex amante favorito.
Al tocar la puerta, Hanma lo recibió con una sonrisa de complicidad y un gesto despreocupado.
— Tora, cuánto tiempo —lo saludó, invitándolo a pasar sin más preámbulos.
Kazutora entró al pequeño apartamento, que olía a tabaco y a un incienso barato que intentaba disimular el olor. Se dejó caer en el sofá mientras Hanma le ofrecía un cigarrillo. No era la mejor idea, pero en ese momento no le importaba.
Encendió el cigarrillo y aspiró profundamente, dejando que el humo llenara sus pulmones. Con cada exhalación, sentía que los problemas se disipaban, aunque solo fuera momentáneamente.
— ¿Problemas? —preguntó Hanma, con una mirada de complicidad.
Kazutora soltó una risa suave, amarga, mientras miraba al suelo.
— Algo así —murmuró—. A veces siento que estoy... perdido. Como si no tuviera ni idea de qué hago o hacia dónde voy.
Hanma asintió, sin necesidad de más detalles. Sabía que Kazutora no venía por respuestas, sino por un espacio donde no tuviera que explicar cada una de sus decisiones.
— Bueno, aquí puedes tomarte el tiempo que necesites —dijo Hanma, recostándose en el sofá y encendiendo otro cigarrillo—. Todos necesitamos una pausa de vez en cuando.
Kazutora inhaló de nuevo, dejando que el silencio entre ambos llenara el espacio. Por un momento, sintió que podía ignorar la culpa, la presión y las miradas preocupadas de sus amigos. Pero en el fondo sabía que este respiro era solo temporal.
— ¿Y tú? ¿Cómo estás? —preguntó mientras miraba el techo.
— Meh, nada muy notable. ¿Quieres? —preguntó Hanma, ofreciéndole otro cigarrillo. Kazutora dudó, pero al final terminó aceptando.
— ¿Y Kisaki? ¿Terminaron otra vez?
Hanma soltó una carcajada baja, divertida por la pregunta, mientras exhalaba una bocanada de humo. Se inclinó un poco hacia Kazutora, apoyando el codo en la rodilla y dejando caer el cigarrillo en el cenicero, donde ya había otros restos de la noche.
— ¿Qué te puedo decir? —respondió con una sonrisa irónica—. Kisaki y yo somos como un mal hábito... lo dejamos, pero siempre volvemos.
—Tienes talento para meterte en líos, Hanma —comentó Kazutora, con una sonrisa cansada, observando el cigarrillo en su mano.
Hanma soltó una risa suave, entre divertido y resignado.
— Tú tampoco te quedas atrás, Tora. Siempre me sorprende cómo encuentras la manera de complicarte la vida —replicó, con una mirada que mezclaba burla y complicidad.
Kazutora bajó la vista, evitando la mirada de Hanma, que parecía leer más de lo que él estaba dispuesto a decir.
— Sí, bueno... parece que ninguno de los dos aprende —respondió con un tono amargo.
Hanma extendió la mano hacia una botella de licor en la mesa y llenó dos vasos. Kazutora observó el líquido ámbar con una mezcla de resignación y fastidio antes de llevarlo a los labios.
— Qué asco, odio el sabor de esta cosa —comentó, frunciendo el ceño tras el primer sorbo.
Hanma se rió, dándole una palmada en el hombro.
— No te amargues, tigre. Todo sea por los viejos tiempos, ¿no? —replicó, alzando su vaso en un gesto de brindis.
Kazutora sonrió de medio lado y chocó su vaso con el de Hanma.
—Sí, supongo que por los viejos tiempos —dijo, mientras el alcohol comenzaba a recorrerle el cuerpo, brindándole esa sensación cálida y distante que tanto necesitaba.
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