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Capítulo 5: Una Llamada

Aún estaba asimilando todo en su cabeza, a pesar de haber pasado varias horas, no podía concebir cómo carajos Sabina fue capaz de algo así.

Recordaba claramente la conversación que los tres tuvieron antes de que Liet saliera esa tarde para reunirse con su abogado.

—Miah, tienes que comer  — él miraba a la rubia, quién no dejaba de exfoliarse el rostro desde la mañana —. Te ves preciosa, no has comido nada desde la noche. Por favor, no hagas eso.

—Voy a cenar con Henrik —inquirió como si fuera una gran explicación a no comer tres comidas, por ir a comer con el cantante—. Además, el vestido que me compré no me entrará.

—Ella tiene razón, déjala —Sabina apoyó a la menor —. Pero también Liet tiene razón en parte ¿Por qué no me dejas prepararte un jugo de naranja para evitar el ardor de estómago mientras esperas?

—¡Sí quiero! La verdad es que no me gustaría desmayarme por no comer —ella besó la mejilla de su hermano cuando se estaba poniendo la chaqueta para salir —. Estaré bien, además mamá está conmigo.

—¿Se supone que eso debe hacerme sentir tranquilo? —mencionó sarcástico, lanzó una mirada a la cocina donde ella estaba preparando el jugo para Miah.

—Liet, te prometo que todo saldrá bien —dijo para tranquilizarlo —. Ve tranquilo, te amo.

Él besó la mejilla de su hermana menor y se despidió con la mano antes de irse. Ojalá no se hubiera ido, quizás todo se habría evitado si él estaba presente con ella ese día, pero no podía hacer nada, estaba pagando las consecuencias de sus decisiones. Solo le quedaba torturar su mente con los recuerdos, esperando recordar algo mal, esperando equivocarse en lo que estaba frente a su nariz. Simplemente hundiéndose en la culpabilidad

Miah se encontraba mejor, despierta de a ratos porque solía dormir mucho, gracias a los medicamentos y sueros que el doctor le dejó. Descubrieron que tenía anemia y falta de vitaminas cuando le hicieron más estudios, así que Liet pidió tratamiento para lo demás. Apenas llevaban dos días ahí y Liet no despegaba un músculo de la cama de ella ¿Cómo podría? Ahora sabía qué tan lejos podría llegar Sabina, no las volvería a dejar solas por nada del mundo. Probablemente olía de forma desagradable, pero no le importaba, no se iría a menos que fuera con la muchacha.

—Ten... —Henrik estaba ahí por intervalos de tiempo, curiosamente en los horarios donde Miah estaba dormida —. Deberías comer algo más que fruta.

Era un emparedado encerrado en una caja de plástico, humeaba por lo caliente del alimento. Liet lo tomó, pero no dijo nada.

Ni siquiera tuvo tiempo de hablar con Demien sobre todo ese desastre. Se iría para atrás cuando supiera que la mujer mayor novia de Henrik, era nada más y nada menos que su madre biológica.

—Productor Heredia ¿Seguirás ignorándome? —la voz del hombre sonaba cansada —. Estoy aquí para ayudar, me gustaría que nos lleváramos bien.

Liet suspiró ¿Por qué tenía que hablar con él? No quería hablar con su amigo de más confianza, menos con el Taylor, era un desconocido para el Heredia y aparte el interés amoroso de Sabina. Henrik sería la última persona con quién desearía llevarse bien, pero se recordó a sí mismo que era un adulto y no un adolescente de 17 años que resolvía sus problemas ignorandolos.

—No es algo que tenga que ver contigo. No te lo tomes personal, solo me siento cansado. Sin ganas de nada —explicó mientras levantaba el aliento —.  Y gracias por la comida.

Apretó la caja en sus manos bajando la mirada a su hermana de nuevo. Henrik sonrió a sus palabras, aunque él no entendió que dijo para obtener una sonrisa del cantante.

—¿Puedo sentarme?

“No, no puedes. Lárgate por favor “

—Si quieres...

Él tomó asiento a su lado y le quitó la caja de las manos para abrirla por él.

—No me obligues a alimentarte —ofreció el emparedado desnudo a su persona. Liet no tuvo más remedio que tomarlo para tener que comerlo —. ¿Crees que podamos hablar sobre lo que pasó? Debo decir que me sorprendió el saber que eras hijo de Sabina, pero aún así...

—Henrik, mira... No es un buen momento, mi hermana está en observación por una sobredosis y lo último que ahora me apetece es hablar de tu relación con Sabina. Viejo, si te hace feliz y si la soportas, en realidad me tiene sin cuidado —buscó controlar el tono de sus palabras para no descargar la frustración qué sentía contra el hombre, no lo merecía —. No quiero ser agresivo contigo, tengo un montón de problemas en mi cabeza que me frustran y no deseo desquitarme contigo, pero ayúdame a ayudarte.

—Lo lamento contribuir  —mencionó tocando su hombro como consuelo, Liet le dio una mordida al emparedado, resignado—. Por favor, háblame cuando suceda cualquier cosa.

Sacó una tarjeta donde estaba su número al ponerse de pie, la colocó en la mano de Liet cuando se la extendió y luego desapareció por la puerta. Sabina había ido a ducharse a la casa junto con su abuela, así que estaba en soledad después de la visita express de Henrik, era perfecto.

Liet empezó a morder sus uñas con cierto tic nervioso de tener la necesidad de ocupar su boca en algo que no fuera un cigarrillo. Buscó cambiar el morder las uñas por su el emparedado, dando mordidas lentas aunque tenía ganas de acabarlo de un par de bocados.

Tomó un par de respiraciones profundas, soltando el aire y conteniendo un par de segundos antes de volver a soltarlo.

Tenía un plan de contingencia. Si Sabina fue capaz de drogar a Miah, sería capaz de hacer lo que fuera contra la rubia con tal de ganar una competencia imaginaria, que solo existía en su cabeza por tener la atención de Henrik. Aún más porque era una versión joven y agradable de ella misma, por eso nunca dejaba que Sabina estuviera tan cerca de Miah. Se reprochó a sí mismo el permitir que ella volviera a sus vidas como si nada luego de soportar tanto, pero no servía llorar sobre el agua derramada.

Se levantó de su lugar para ir a la ventana cercana de la cama de su hermana. Henrik había pagado una habitación muy lujosa y en los pisos más altos, así que al menos ese dinero no salió de su bolsillo.

Sacó el celular y buscó entre sus contactos hasta encontrar a la persona con la que quería hablar,  después marcó en una llamada el número de un viejo colega. Afortunadamente él respondió luego de dos timbrazos.

—¡Hey! Mi productor favorito —exclamó Adrián muy animado —. ¿Cómo estás? ¿A qué debo el grato privilegio de escuchar tu voz otra vez ?

—Hola Adrián, me encuentro bien —respondió soltando un suspiro —Te llamo porque necesito un favor, perdóname por ser tan directo, pero es una emergencia.

—Claro, amigo. Sabes que cuentas conmigo siempre y puedo hacer mucho por ti, habla.

Liet intentó resumir lo mejor que pudo, en palabras coherentes lo que quería de él. Adrián era un patrocinador importante en uno de los teatros principales qué tenía Nueva York, Estados Unidos, donde a menudo realizaban musicales y otras presentaciones. Sabía que estaba próximo un festival de ballet y deseaba hacer lo posible para incorporar a Miah en ese proyecto.

La Heredia amaba la vibra y el clima en New York, estaría a salvo lejos de Sabina y ganando experiencia en la danza. Su maestría podía esperar un rato mientras él resolvía todo el conflicto de intereses en ese caos sin control.

Lo bueno de ser productor era que poseía contactos de todos los gremios y en varios los países, así que si Adrián no podía hacerlo, buscaría otras opciones en su lista de contactos para conseguirlo. Aunque para su suerte, el hombre le dijo que le mandaría el formulario para Miah en la tarde de ese mismo día.

Agradeció internamente a los astros alineados para ayudarle en ese momento. No sabía lo que haría si Sabina terminaba haciéndole más daño a Miah del provocado en ese tiempo. La situación ameritaba un alto y él se lo daría.

¿Por qué se le ocurrió aceptar? No era capaz de sacar ese recuerdo de su cabeza, porque era su culpa el estado en que su hermana se encontraba. No importaba cuánto tiempo pasará o las insistencias de Miah por traer a Sabina de nuevo a sus vidas. Debió decir que no hasta el final.

Personas como esa mujer, nunca cambiaban. A esas alturas debería de saberlo bien.


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