Capítulo XXXII. Una obsesión mortal
Ante esa confesión y la mirada decidida y feliz de su amiga, Sarah estalló de rabia. Sus peores temores se cumplieron, pero no estaba dispuesta a dejarla irse con esa vampira que la había apartado de su lado. Sin pensarlo dos veces, tomó a Gina violentamente y la tumbó en la cama y sujetó sus manos por encima de su cabeza y enseguida se sentó en su cintura inmovilizándole las piernas.
Gina no tuvo ocasión de reaccionar hasta que vio a Sarah sentada sobre sí sujetando sus manos contra el colchón paralizándola. Mirándola a la cara vio su odio y su locura. Algo que jamás había visto en la que hasta hace poco era su mejor amiga, casi su hermana.
―¡Sa-Sarah...! ¿Qué haces?
―No pienso permitir que te vayas con ella ―susurró Sarah. Gina la miró confusa―. No dejaré que esa bruja endemoniada te siga engañando, te viole y te maté cuando se canse de ti.
Gina se sorprendió y enfadó por igual al oírla decir eso. Estaba enloquecida de celos ―¿De qué estás hablando? ¡Suéltame! ―exigió forcejeando sin éxito―. ¡Ángela nunca me hará eso que dices!
―¡Por supuesto que lo hará! ―dijo Sarah con convicción―. ¡Ya lo ha hecho muchas veces!, ¡lo ha hecho con Michelle y Anastasia! ―Gina quedó de piedra al oír eso―. Sí, así es. Después de que esas dos organizaran el intento de violación contra ti, Ángela las tuvo cautivas para morderlas y violarlas a gusto. Después se las dio a su hermano para tenerlas como putas personales el resto de sus vidas ―hizo una pausa para coger aire―. Y no solo eso... Ángela ya era así en el pasado siendo aún joven. ¡Ella violó a una mujer inmortal como ella, pelirroja que solo quería ser su amiga!
Gina estaba desconcertada con todo eso que ella explicaba, a punto de creerla, pero al oír la palabra "violar" y "pelirroja" al mismo tiempo le sonó el chip de alarma.
Solo sabía de una pelirroja que estaba en el pasado de Ángela y no era exactamente su amiga, ni mucho menos. Ese detalle hizo confundir a Gina por el modo en que Sarah conocía esos detalles del pasado de Ángela y lo que había hecho con sus seguidoras. Era como si también supiera de la verdadera identidad vampírica de Ángela y su familia. No era posible que lo supiera. A no ser que...
―Sarah, ¿quién te ha contado todo eso? ―preguntó Gina temiendo la respuesta―. ¿Acaso... esa persona se llama Karmila?
Esa pregunta dejó de piedra a Sarah, pero no tuvo ocasión de decir nada cuando unos aplausos sonaron de repente en la habitación.
―Enhorabuena, eres una chica muy lista, pequeña princesita.
Las dos estudiantes se volvieron hacia la puerta cerrada con cerrojo. Allí de pie había una mujer de largo pelo rojo y llamativos ojos verdes con una mirada maligna y sarcástica. Gina conocía muy bien ese perfil. Cuando estuvo libre del agarre de Sarah, la arrastró consigo fuera de la cama hasta quedar pegadas a la pared junto a la ventana, bajó atenta la mirada de la vampira pelirroja con sonrisa perversa.
―Nicole... Van Karmila ―dijo Gina temblando de miedo.
―Vaya, vaya, sabes mi nombre completo y todo. Me siento halagada ―dijo ella mostrando sus colmillos―. Mi amada Ángela debe haberte hablando de mí... Perfecto, pues sobran las presentaciones ―dijo riendo maliciosamente.
* * *
«Mis señores, vengan de inmediato por favor».
Ante el aviso de Jon en sus mentes toda la familia de Ángela y ella misma fueron enseguida al lugar donde estaba el mayordomo. Lo vieron de pie ante la puerta de la habitación de James, horrorizado por algo que estaba viendo. Era insólito que Jon se horrorizará por algo. Algo iba muy mal.
―Jon, ¿qué ocurre? ―preguntó Víctor al llegar a su lado y mirar dentro de la habitación.
Todos se asomaron con él y vieron el horror que aterró al mayordomo y también a Ángela. La habitación entera de su hermano James estaba toda salpicada de sangre..., junto a esa sangre había también dos cuerpos inmóviles, descuartizados.
Eran los cuerpos de Michelle y Anastasia, quienes tenían la mirada inmortalizada con el miedo y el horror vivido al ser asesinadas brutalmente. Ambas estaban desnudas, pero con los miembros arrancados de ellas, cada parte de sus cuerpos estaban repletos de cortes y mordiscos y toda la sangre había sido extraída dejándolas secas.
―Dios mío... ―exclamó Angelina, horrorizada―. Pobres niñas...
―Michelle, Anastasia... ―nombró Ángela mirándolas―. No puede estar pasando esto. ¡¿Qué demonios...?!
Dorian y James entraron para inspeccionar el lugar. Pisaron la sangre sin poder evitarlo, la sangre estaba por todas partes, así como algunos trozos de carne y demás órganos internos e incluso a ellos les dio nauseas caminar por ahí. Estaban por salir cuando Dorian vio algo en la cama.
―Ángela, aquí hay algo ―dijo él cogiendo una pequeña nota doblada.
Ángela no dudó en entrar también y acercarse.
―¿Qué es?
Dorian la desdobló y al leerlas, Dorian quedó de piedra y luego cabreado, no pudo evitar morderse el labio inferior con los colmillos.
Confusa por esa reacción tan impropia de él le arrebató la nota para leerla también. Al hacerlo quedó petrificada por las palabras escritas. Casi estuvo de caer de culo al suelo, pero se mantuvo firme sobre sus pies.
Esa nota iba dirigida a ella especialmente y decía:
"Dos menos, solo queda la amante que tanto proteges.
N. Van Karmila"
―No puede ser... Ella ha... ―dijo Ángela negándose a creer lo que se temía―. ¡Gina!
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