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Capítulo XIV

El cálido día transcurrió con total normalidad para los habitantes de aquel lugar.

Todos los pilares se encontraban en sus casas debido a que extrañamente la actividad de Muzan había disminuido casi por completo. Aquello no podía significar buenas noticias.

En vista de la situación el maestro se vio en la necesidad de citar a una reunión de carácter prioritario entre los hashira para esa misma noche.

- Listo Kochou-Sama - mencionó Aoi mientras terminaba de extraer una muestra de sangre - lo añadiré a los otros exámenes.

- Muchas gracias por tu ayuda Aoi-San - respondió la hashira a la muchacha que se retiraba de la enfermería hacia un pequeño cuarto donde estaba el laboratorio.

Sus ojos se posaron en una de las marcas de su antebrazo y su semblante se cargó de aflicción.

«Ya casi se cumple un mes...»

Que sencillo había sido el gritar que deseaba jamás haberle amado, pero que difícil era el dejar de extrañarle.

La primera semana después de separarse Giyuu había sido bastante insistente en buscarle, pero ahora hacía ya tres semanas que no tenía noticias de él.

Poco después de ello Kochou enfermó, y así había permanecido hasta ahora, sin conocer la causa pero si viendo cómo cada día se agravaba más y más, y pareciera ser que el hecho de pensar en Tomioka le hacía empeorar.
Intentó esconderlo por un tiempo pero luego que Aoi le vio desmayarse no hubo marcha atrás. Le obligó a realizarse exámenes para descartar que la patología fuera maligna.

Sus ojos viajaron hasta la ventana, ya casi debían de ser las 23:00 hrs. Tenía que prepararse para ir a la reunión.

Pasó por su habitación parar recoger el haori y su nichirinto, y a toda velocidad se marchó.

«¿Cómo has estado, Tomioka-San? »

Con tristeza su mirada observó el camino de tierra que guiaba hasta el extremo del pueblo donde el hashira habitaba.

- ¡Buenas noches Shinobu-San! - dijo una voz tras ella llegando a su lado.

- Konbanwa Mitsuri-San ¿Cómo has estado? -.

Que bueno era encontrar algo de compañía para distraerle de sus pensamientos.

Conversando amenamente con su compañera llegó hasta el lugar de la reunión.

La casa del maestro.

Dónde ya todos los pilares esperaban reunidos.

- ¿Desarrollar unas marcas maestro? - preguntó Iguro confundido.

- ¿Cree que todos podamos obtenerlas? - se sumaba Himejima.

- Muichiro-san es él indicado para hablarnos más al respecto en esta ocasión, mis niños - mencionaba Oyakata-sama mientras cedía la palabra al pilar de la niebla.

Este relató como aconteció todo el proceso durante la misión que había llevado a cabo hacía un par de días, no podía explicarlo bien, pero todos sentían que sería necesario el desarrollar un entrenamiento feroz para poder recibir aquellas marcas tan especiales.

Lo ideal era que todos participaran, desde los hashiras hasta el menor de los mizunotos.

Nuevamente la molestia por la ausencia de Tomioka en la reunión se hizo presente, pero esta vez, no estaba aquella femenina voz para defenderle. Al contrario, Kochou guardaba silencio frente a las diversas dudas y acusaciones. 

A pesar de ello no se le dio muchas vueltas al asunto, tenían demasiados temas importantes de los cuales hablar. Y Muzan era uno de ellos.

Había quedado decidido, el maestro tenía un plan para acabar finalmente con el enemigo, pero para ello primero tendrían que cumplir con el entrenamiento. De seguro el ataque sería pronto. 

De pronto todas las miradas se cruzaron y un ambiente tenso se generó entre los asistentes a la reunión.

- ¿Acaso eso es un..? - Kanroji llevó un dedo a su boca en señal de estar pensando mientras observaba hacia el jardín por la puertas que se encontraban abiertas.

- Eligió un mal lugar para atacar, kawaisou ne -.

- ¿Qué tipo de demonio es tan imbécil para venir al pueblo cuna de los cazadores? - preguntó entre risas el pilar del viento.

- Debe ser uno bastante novato - sugirió Iguro.

- O uno que todos odien, hasta sus pares... y por ello no le hayan advertido - se sumó Tokito.

«Uno que todos odien» aquellas palabras hicieron eco en la cabeza de la pilar insecto.

«No puede ser...» 

Sin decir palabra y con un revoloteo similar al de las mariposas abandonó el lugar, esperaba que su presentimiento fuera el equivocado. De caso contrario, no habría manera de engañar a sus compañeros.

- Kochou-san quiere dejarse toda la diversión de esta noche -.

- A mi me parece extraño que un demonio viniese hasta acá.. ¿Podría tratarse de una trampa? -.

Los múltiples pares de ojos volvieron a cruzarse por un escaso instante. Lo tenían claro, no eran necesarias mas palabras.

- Que comience la cacería...  -.

Aquella frase fue la señal para que todos los hashiras, pasados un par de segundos, ya se encontraran siguiendo aquel rastro junto a su compañera que por unos diminutos metros se les había adelantado.

Por lo visto el entrenamiento comenzaba desde ya, y la iniciación correspondería a nada más ni nada menos que una competencia entre ellos mismos por quien arrancaba primero la cabeza de aquella bestia.

Shinobu corría desesperada lo más rápido que podía. El sentir las agitadas respiraciones de sus compañeros pilares cerca de si le aterraba. Corría, corría deseando profundamente estar equivocada.

- Es a la vuelta de aquella esquina - susurró para sí misma. 

Extendió sus brazos para poder girar ágilmente, con la elegancia de un lepidóptero.

Un ensordecedor grito femenino alertó a todos, era desgarrador.

Al voltear por aquel muro cada uno de ellos pudo ver el horrible panorama, una dama era ferozmente atacada por la espalda, sus fornidos brazos le sostenían con firmeza mientras sus puntiagudas garras se enterraban en sus brazos a la vez que sus afilados dientes devoraban su hombro.

La pilar del amor, a diferencia de sus compañeros, se detuvo en seco al ver aquel característico haori ondear en medio de la brisa. Estaba totalmente impactada, sus manos viajaron velozmente hasta su boca.

- Oee~ ¿¡Que mierda está pasando aquí!? - exclamó confundido el pilar del viento - ¡Tomioka! -.

- ¡Tomioka-san! -gritó con todas sus fuerzas Kochou, quien encabezaba el grupo.

Pero a diferencia de las veces anteriores, este no había respondido frente a sus palabras.

En eso, pudo ver como el pilar serpiente se le adelantaba por la izquierda.

- ¡Espera Iguro-san! - vociferó, pero fue completamente ignorada, aquel haori rayado se le atravesó por el camino y le dejó atrás.

Sin rendirse siguió corriendo, de reojo observó a sus compañeros. Los más cercanos estaban prácticamente a un metro de ella.

Todo ocurrió en un segundo.

Una profunda respiración y todos saltaron dispuestos a acabar con aquel que en un momento había sido su igual. 

¿Qué se supone que haría? ¿Cómo podría protegerlo de todos a la vez? 

¿Por qué Giyuu no reaccionaba? 

Shinobu estaba bastante acostumbrada a que este respondiera a su voz, a pesar de su inconclusa transformación. Quizás más bien, aprovechándose de ello.

Pero ahora simplemente no había la más mínima muestra de consciencia en el sujeto a escasos centímetros de ella.

Con terror pudo observar como la nichirinto de uno de sus compañeros comenzaba a atravesar la carne del ex-hashira, no pudo diferenciar quien fue, solo comprobó que Obanai alzó a la mujer y le rescató de las garras de la muerte. 

Sin pensarlo dos veces, con uno de sus brazos se envolvió al cuello de Tomioka y escondió su cabeza en su hombro, mientras que con su mano libre sostenía su katana e intentaba resistir el corte que ahora también le había afectado a ella en su antebrazo izquierdo.

- ¡Agh! - exclamó cuando el demonio comenzó a atacarle.

Con sus piernas detuvo el ataque de otra nichirinto que iba directo al vientre de Giyuu.

- ¿Qué estás haciendo Kochou-san? - preguntó desconcertado Tokito, dueño de aquella última katana.

- ¡Por favor!... ¡Aghh! - estaba completamente contorsionada resistiendo los ataques tanto de sus compañeros como de el demonio que ferozmente le mordía - ¡Shinazugawa-san!¡Muichiro-san!... ¡Deténganse! - suplicaba.

- ¡Como pudiste acabar así Tomioka! - exclamaba preocupado el pilar del viento, a pesar de jamás haber demostrado interés en su compañero, no le deseaba a nadie aquel fin.

Aquella bestia a la que todos llamaban por su nombre se limitaba a gruñirles sin dejar de atacar a su compañera, dejando en claro que el hashira que todos recordaban ya no se encontraba ahí.

- Kawaisou ne, pensar que uno de nosotros terminó así... - con delicadeza, pero sin perder la firmeza, Himejima sostuvo a Shinobu y la traccionó hasta apartarla del joven.

- No por favor ¡Espera! - gritó y se resistió en vano, el pilar de la roca era extremadamente fuerte.

- Es una lástima - concluyó.

- Sumimasen - susurró Tokito mientras elevaba su katana a la par con Sanemi.

- ¡Tsk! - chasqueó la lengua Shinazugawa. No decía nada, pero tener que matar a un compañero le desgarraba.

Las afiladas hojas de sus nichirintos brillaban a medida que descendían, el inesperado final había llegado.

- ¡Inmediatamente! Caw ¡Deténganse inmediatamente! - gritaba el oscuro cuervo que llegó junto a ellos - ¡Todos los pilares regresen y traigan consigo a Giyuu Tomioka! ¡Este no debe ser eliminado! -.

Desconcertados por la orden los hashira detuvieron su ataque y se limitaron a contenerlo.

Con los ojos bañados en lágrimas y en medio de un suspiró Kochou se liberó del agarre de Gyomei.

- Tomioka-san... - musitó mientras intentaba sostener su rostro, pero este en cada momento estuvo a punto de morder su mano.

- Es mejor que te alejes Shinobu-san - dulcemente Kanroji atrapó por los hombros a su compañera y le apartó levemente - es peligroso intentar algo en momentos así -.

Obedeciendo aquellas palabras la pilar insecto secó sus rebeldes lagrimas y se separó.

No sabía en que momento le habían perdido para siempre, pero solo una cosa era clara. Sus compañeros querrían sacrificarlo por el bien de la institución.

Giyuu Tomioka era un peligro andante.

[ × × × × ]

Un silencio sepulcral reinó entre los pilares en el hogar de Oyakata aquella noche. Nadie estaba seguro sobre que decir, simplemente se limitaban a observar con lástima al demonio que gruñía y se retorcía bajo los amarres que le habían realizado.

Finalmente el maestro guió la reunión. Con total sinceridad relató la historia del cazador que había sido atacado por Muzan y de cómo este luchó por resistir ante aquellos impulsos y así conservar su consciencia por el mayor tiempo posible.

Fue entonces cuando todos comprendieron el por qué de las cosas, las ausencias, sus extrañas actitudes, la demoníaca presencia que Muichiro sintió en la última misión... Todo cobraba sentido.

Pero había algo que todos tenían claro. Tomioka no era un demonio de pasiva actitud como Nezuko. Mientras ella era un pétalo de cerezo flotando sobre la superficie del estanque, Giyuu era la tormenta misma.

Unos no dieron extensas justificaciones, otros aseguraban que así lo hubiera deseado el pilar del agua, algunos recalcaron que era algo de orgullo, que Tomioka jamás se habría perdonado por aquello.

Kochou estaba vetada de voz y voto. Encubrir la situación y servir de alimento viviente le había dejado exenta de participación. Fue una falta grave.

Estaba decidido, su vida finalmente había sido sentenciada.

[ × × × × ]

Shinobu no pudo cerrar sus ojos en toda la noche. Un sentimiento de inutilidad la embargaba al recordar todo lo ocurrido en relación al pilar del agua.

«Si tan sólo jamás nos hubiésemos separado... ¿La historia sería diferente?»

Este no podía ser el fin. Tenía que haber algo que ella pudiera hacer, aunque aquello implicara dar con su posición y huir con él a un lugar donde jamás pudieran encontrarlos.

Terminó de tratar a los heridos que habían llegado después de almuerzo y decidida, fue al hogar del maestro.

- Gomen ne - respondió este de forma seria - esta vez no puedo ayudarte Shinobu-san, las cosas ya no son iguales -.

-P-pero... Oyakata-sama - se postró totalmente sobre sus rodillas mientras suplicaba - permítame ver a Tomioka-san ¡Por favor! -.

El rostro del maestro se cargó de aflicción, escuchar los sollozos de la pilar insecto le partía el alma.

- No podré ayudarte Kochou-san - susurró mientras comenzaba a retirarse a paso lento - Giyuu se ha vuelto un peligro para todos, incluyéndote -.

Sola en aquella habitación, con impotencia, cayó rendida a sus lágrimas por unos segundos.

Pero nada más que eso, Kochou tenía claro que su llanto no resolvería las cosas.

Aún tenía otra parada por hacer.

[ × × × × ]

- ¡Se que usted sabe dónde está! -.

Llevaba ya al rededor de diez minutos suplicando al hombre tras la máscara, quien se limitaba a observarla en silencio de pie en el marco de su puerta.

- Giyuu perdió lo único que le hacía aferrarse a su lado humano - mencionó finalmente - su conciencia ya le ha abandonado Kochou-san, no ha mostrado ninguna mejoría... acercarse a él es un suicidio -.

Shinobu desvió su mirada mientras apretaba sus puños.

- ¿Lo único que le aferraba? - preguntó deseando no conocer la respuesta ya que sabía que le dolería.

- El amor que mantuvo por una muchacha durante tantos años - suspiró - aquello era lo que le hacía permanecer firme a su voluntad -.

Levemente Shinobu sintió como su vista se nublaba y sus ojos se colocaban vidriosos.

- Yo... Soy la culpable ¿verdad? - susurró frustrada.

- Por favor no sea tan ruda consigo misma - el amable sujeto colocó una mano sobre su hombro en señal de consuelo - no debe mezclar la relación amorosa que hubo entre ustedes con la situación actual -.

Un par de minutos transcurrieron en silencio mientras la hashira intentaba contener las lágrimas.

- Ne~ Urokodaki-Sama... - intervino finalmente - hace casi ya un año atrás usted me dijo que la vida de Tomioka-san estaba en mis manos... -.

El ex-pilar le observaba con orgullo.

- Asi que por favor.. - una mirada decidida bañaba sus violáceos ojos - no interfiera en mi misión -.

En menos de cinco segundos el hombre empuñó una llave y la dejó con firmeza en las pequeñas manos de la pilar insecto.

- Recto por aquel camino - indicó señalando hacia el bosque que descendía por una ladera del monte - llegarás al pie de la colina, una pequeña celda de estará esperando -.

Kochou le sonrió y a paso veloz se alejó en la dirección señalada.

- Nuevamente queda en tus manos, pequeña - musitó para luego entrar tranquilamente en su hogar.

La hashira corría lo más rápido que podía, como si de ello dependiera la vida de Giyuu, necesitaba desesperádamente verle y saber que estaba bien.

Después de un par de minutos por fin llegó, aquello parecía mas bien una cueva, pero cuando estabas lo suficientemente cerca podías ver que se trataba de un calabozo.

Utilizó la llave para abrir la puerta principal e ingresó. El interior era demasiado oscuro, por suerte con la luz que se había hecho manifiesta al momento que entró pudo observar una pequeña lampara de aceite que sería su guía entre aquellas penumbras.

De pronto unos gruñidos acompañados de un par de gritos le sobresaltaron. 

- ¡Déjame salir de este lugar! - exclamaba la voz proveniente de una de las puertas que de seguro correspondían a unas especies de celdas - ¡Puedo escucharte cazador! -.

Era una voz horriblemente grave, casi no parecía ser Giyuu, pero algo quedaba en su tono que aún le hacía notar que se trataba de él.

Ignorando el escaso temor que estaba haciendo temblar la mano que sostenía aquella lámpara, se acercó a la puerta. Una viga metálica la mantenía cerrada con firmeza. Colocándose de puntillas se asomó por la pequeña reja que servía de ventana en medio de la puerta.

- ¿Dónde está el hombre de la máscara? - preguntó molesto - ¿O acaso eres la cena? - rió desagradablemente - ¿Que hora es, muchacha?¿Eres el almuerzo o la cena? -.

Ahí estaba él. 

Completamente esposado y atado mediante cadenas, sentado en medio de una cama que se veía bastante incómoda.

Sus azules ojos brillaban en la oscura habitación, y aquel característico haori estaba bastante rasgado, de seguro habían sido sus intentos por escapar.

- Ne~ Tomioka-san ¿No me recuerdas? - con esfuerzo se mantenía intentando mirar por aquella alta ventana - ¿ni siquiera un poco? -.

- Te ves bastante deliciosa... - susurró él - de haberte conocido antes ya te habría devorado -.

Un ensordecedor ruido retumbo en el calabozo. Era la viga metálica que había sido retirada de su posición y arrojada contra el piso. 

- Ya lo hiciste Tomioka-san... - lentamente la puerta comenzaba a abrirse - lo hiciste muchas veces... -.

La pequeña silueta iluminada por aquella lampara se hizo presente en el lugar.

- Kochou... - susurró el demonio que yacía sentado en la cama.

Fue casi como si aquellas palabras le hubieran permitido recordar el sabor de la carne y la sangre de la hashira que ahora se hacía presente frente a sus azules ojos que comenzaban a llenarse de lágrimas.

- Ara~ ¿Me recuerdas Tomioka-san? - la emoción recorrió sus labios formando una entristecida sonrisa.

Con horror y desagrado el pilar del agua observo su estado. El encontrarse en aquel lugar significaba solo una cosa... Finalmente había perdido.

- ¡Aléjate de mi! - gritó molesto sumido en la desesperación.

- No puedo hacer eso... -.

- ¿Entonces eres voluntaria para ser mi cena? - Shinobu le miró confundida -¡Por favor vete! No me dejes bella señorita -.

Podía ver como Giyuu sostenía su cabeza con ambas manos y se retorcía en la cama. No entendía bien lo que estaba pasando, pero según sus sospechas, él estaba luchando.

- Ara~ yo no seré la cena de nadie, si haces cualquier movimiento en falso me veré en obligación de usar mi nichirinto Tomioka-san - mencionaba mientras continuaba acercándose.

- ¡Una diminuta y débil mujer como tú! - rió aquel demonio - ¡Seguro no puedes matar una mosca! -.

Sus puños se apretaron y una vena se marcó en su sonriente rostro mientras sostenía su katana con el filo pegado al cuello del pilar del agua.

- Ne~... ¡Por eso todos te odian Tomioka-san! -.

- A mi... - su atemorizante mirada cambió por una completamente nostálgica - a mi nadie me odia -.

Con unas lágrimas de felicidad deslizando por sus ojos, Shinobu le sonrió.

-  Has vuelto... -.

Giyuu cubrió sus ojos con ambas manos, no quería que ella le viera tan lamentable.

- Por favor Kochou - susurró tras su aflicción - abandona este lugar antes que pueda ocasionarte daño -.

Sus palabras y aquella petición eran claras, más la hashira se acercó.

- Sé que no lo harás Tomioka-san... - a paso lento se acercó a él hasta poder rodearlo con sus brazos ahí donde estaba sentado - Sé que no lo harás -.

A pesar no haber tenido una correcta reacción al inicio, casi ignorando su abrazo, finalmente entre lágrimas lo correspondió afirmando su cabeza en ella, escondiendola en su hombro. Parecía una utopía que la hashira se encontrara ahí en aquel momento.

- Fui débil.. - musitó.

- No es así, lo has vuelto a vencer... -.

- Ataqué a alguien Kochou - separándose un poco de ella, se deslizó por la cama hasta quedar en posición fetal mirando hacia el muro.

La pilar apartó su rostro un momento, aquello era cierto, no estaba segura sobre que responder.

- Encontraremos una solución - susurró luego, trepando por la cama para poder acariciar sus cabellos, finalmente se recostó a su lado de la forma mas cómoda que tantas cadenas permitiesen.

Al cabo de unos minutos y con bastante dificultad, en silencio Giyuu se volteó buscando cobijo en el pecho de la mujer que amaba, la cual le correspondió deslizando un brazo bajo su cuello, mientras que con el otro le acariciaba dulcemente. 

Así permanecieron por un largo tiempo, como deseando llenar cada vacío que durante aquel mes separados se había formado.

Él no era un monstruo. Era el hashira que tanto había amado y amaba.

- Arigato... - mencionó Giyuu aún oculto en el calor de Shinobu - Pensé que la esperanza se había perdido completamente para mi... hasta que entraste por aquella puerta - musitó el demonio entre sus brazos después de un rato.

- Yo... dije cosas horribles Tomioka-san - con delicadeza sostenía uno de sus oscuros cabellos para luego dejarlo suavemente junto a los demás - pensé que me odiarías -.

- ¿Como podría? por ti es que esta vida vale la pena - sus dedos no alcanzaban a cruzarse por detrás de aquella pequeña espalda, las cadenas lo impedían, pero aún así lo intentaba - Me diste todo lo que un hombre podía pedir, gracias a ti, a pesar de este desastre, el mundo fue perfecto, Kochou... -.

Ella quería sentir su abrazo, sus caricias, pero era imposible. Él estaba completamente contenido. Si alguna vez hubiera sabido que llegaría el momento en que lo desearía con tanta intensidad y no podría hacerlo, jamás se hubiera separado de aquel último abrazo. 

Ahora solo ella podía acariciarle. Pero Tomioka no necesitaría del contacto físico, con sus palabras planeaba cobijar su tempestuosa alma.

- Desde siempre has sido la mujer más increíble que he conocido - continuó diciendo- ¿Puedes llevarme ahí? -.

- ¿Ara~? ¿Llevarte donde? - preguntó confundida. Giyuu sólo le hablaba entre suspiros y sollozos, se veía tan débil, tan fuera de si, como si estuviese delirando.

- Antes que mi haori se rasgara, antes que me encerraran, cuando el deseo de sangre no estaba en mi mente... - susurró.

-Yo... no estoy entendiendo Tomioka-san -.

- Antes de nuestras misiones juntos, antes de verte llorar por la pérdida de tu hermana y que te convirtieras en pilar, cuando eras la testaruda muchacha de mechones violeta que se paseaba por la finca... - suspiró profundamente - por favor, llévame ahí -.

Shinobu guardo silencio unos segundos cuando porfin entendió a que se refería.

- Claro.. - correspondió conteniendo las lágrimas que querían escapar de sus ojos - pero necesito que me digas específicamente dónde quieres que vayamos -.

- Llévame al jardín donde curaste el ala rota de aquella golondrina, la misma que te robó esa brillante sonrisa al verla emprender vuelo después de cuatro días. O a aquel festival de año nuevo al que fuiste con Kanae-san, donde te probaste el hermoso kanzashi violeta que luego dejaste de vuelta en el mesón por no andar con el dinero suficiente para comprarlo... Aún está en mi cajón Kochou, lo había olvidado completamente -.

No pudo resistirlo, las lágrimas comenzaron a deslizarse libremente por sus mejillas humedeciendo todo a su paso. Aquellas eran anécdotas muy antiguas, de hacía varios años atrás ¿Cómo las conocía Giyuu? 

«¿Acaso durante todo este tiempo...?»

- Tomioka-san, tú... -.

- Lo sé, debí haber sido un poco mas valiente ¿verdad? - rió levemente - fueron meses completos que lo llevé conmigo con la esperanza de algún día poder obsequiártelo. Jamás me armé del coraje suficiente... -.

Kochou cerró sus ojos a la vez que apretaba su mandíbula. Recordó el tiempo de antaño, cuando recién vio por primera vez al compañero de su hermana. Era un chico callado, pero entrañablemente misterioso y adorable. Vino también a sus pensamientos lo que para ella habían sido nada mas que burlas de parte de Kanae...

«Ara ara~ Tomioka-san y Shinobu-chan hacen una bella pareja...» 

«Tú lo habías notado todo, neesan.»

Ahora todo le quedaba más que claro, Giyuu siempre había estado enamorado de ella, y, a pesar de las montañas de recuerdos y situaciones que intentaron apagar y esconder sus verdaderos sentimientos, ella siempre había estado enamorada de él.

- Quizás realmente dejé pasar el tiempo junto con lo que sentía guardado en el cajón de aquel mueble junto con el kanzashi - Tomioka elevó su mirada buscando aquellos ojos violeta, pero permanecían cerrados - Simplemente no puedo entenderlo. Yo era una cuenta regresiva, a punto de convertirme en un demonio completamente, y aún así tu sostuviste mi mano Kochou -.

- Este amor vale el riesgo - delicadamente separó sus parpados y se encontró con su afligido mirar - Ne~ Tomioka-san ¿Qué sería del amor sin dolor? yo creo que no sería real -.

De forma lenta movió sus manos y las cadenas metálicas sonaron al chocar contra si. Por un momento intentó abrazarla, no recordaba estar atado. 

«Es lógico, ya me he perdido completamente.»

-Kochou... Si las sombras nuevamente toman el control, y no sobrevivo a esta noche - la cazadora le observaba desconsolada - ...no me olvides, por favor -.

- P-pero ¿Qué estás diciendo Tomioka-san? - respondía con una risa nerviosa - ¡ya has vuelto en tus sentidos! -.

Así como siempre, tal cual si no le hubiera escuchado, ignoró sus palabras y siguió susurrando.

- Manténme en tu memoria para siempre, déjame ser tu demonio favorito ¿Si? - con cuidado se movía para que las cadenas no fueran a dañar a la mujer que le sostenía entre sus brazos - Y sigue adelante Kochou... recuerda que a pesar de todo la vida siempre mejora -.

- ¡Detente por favor! - elevando un poco su voz y envuelta en lágrimas Shinobu recriminó sus palabras - ¿Por qué pareciera que te estás despidiendo? Tu mismo lo has dicho ¡Todo mejorara! -.

- Puedes llorar por mi, cargaré con aquella culpa - susurró cerca de sus labios cuando por fin pudo trepar lo más que aquellas ataduras le permitían - pero prométeme Kochou, que aunque las cosas cambien, seguirás siendo la fuerte cazadora que he conocido -.

- Nada cambiará - susurró ella mientras acariciaba su mejilla - Mañana mismo iré con el maestro para notificarle que has recobrado la conciencia Tomioka-san. Te prometo que me quedaré a tu lado para siempre... y si Oyakata-sama o los demás se niegan, vendré a buscarte ¡Y huiremos juntos de este lugar! -.

Giyuu sonrió al escuchar sus palabras, y mientras sus brazos eran traccionados en sentido contrario por sus ataduras, con mucha delicadeza y suavidad para no llegar a lastimarla, cerró las distancias entre ellos con un angustioso beso cargado de ternura.

Separándose en el momento que sus pulmones gemían por oxigeno, la hashira le abrazó y se escondió en su pecho mientras lloraba.

- Mírame - musitó Tomioka, más esta continuaba resguardada - Por favor Kochou, mírame a los ojos -.

Él estaba completamente incapacitado de sostenerla, era tan frustrante el tener sus manos presas de aquellas argollas.

Respirando profundo y secando sus lágrimas, Shinobu levantó la mirada y le observó fijamente.

- Tú me diste una vida perfecta - sus varoniles labios le regalaron una de las sonrisas mas sinceras que había visto en su vida - No temas mas Kochou, te prometo que esto no es un adiós... -.

- P-pero.. -.

-Todo estará bien, amada mía - susurró por última vez para luego refugiarse entre sus cálidos brazos.

Kochou estaba pasmada, se preguntaba si había oído bien aquellas dos últimas palabras. 

Giyuu había vuelto. Tenía que hablar con el maestro y solucionar esa terrible situación.

El único problema era que ya todos estaban en conocimiento del estado del pilar, no sería fácil conseguir sus aprobaciones. Lo mejor sería tener preparado el plan de escape.

- Debo marcharme, Tomioka-san - susurró mientras lentamente comenzaba a incorporarse - prepararé todo para mañana y volveré... -.

- Te estaré esperando, Kochou -.

Con una última mirada ambos se despidieron, debían hacerlo luego o con cada segundo a la hashira se le haría mucho más difícil el decir adiós.

«Gracias por esta vida, Kochou» 

[ × × × × ]

Los rayos del sol ya iluminaban todo a su paso, y en la finca, una agitada mariposa preparaba un bolso con cada cosa necesaria para huir si se daba un mal descenlace. Kanao ya tenía las instrucciones claras, ella se encargaría de llevarlo en caso de recibir la señal hasta el punto acordado.

Recogió una de sus sombrillas y se dispuso a salir. Era momento de ejecutar el plan que se le había ocurrido al pensar en como Nezuko había conseguido la autorización para vivir. Primero tendría que ir a buscar a Giyuu para llevarlo frente a todos y que estos, al verlo llegar de su brazo, comprobaran que ya no representaba un peligro para nadie. Las acciones justificarían más que las palabras.

Velozmente comenzó a correr en dirección a la entrada de la finca pero una sobresaltada voz llamó su atención.

- ¡Shinobu-sama! - Aoi aparecía corriendo con un papel en su mano, parecía una nota importante - ¡Espere por favor Shinobu-sama! -.

Frenando en seco su trayectoria se detuvo a esperarla.

-Ohayo Aoi-san ¿Qué sucede? - preguntó con dulzura mientras afirmaba la sombrilla en el suelo.

- Es necesario que vea esto -musitó con temor la muchacha mientras le entregaba las notas a su superior.

El rostro de Kochou se transformó completamente, la expresión en su rostro lo decía todo.

- Entonces... - susurró tras las hojas mientras leía.

- ¿Se encuentra bien Shinobu-sama? - Aoi estaba completamente preocupada de su reacción.

- ¿Voy a ser madre? - exclamó con una lágrima de felicidad que se hizo visible cuando bajó los papeles - ¡Con Tomioka-san vamos a ser padres! -.

La muchacha frente a ella suspiró aliviada al verla tan alegre. Lo último que había sabido es que los pilares se habían separado, lo cual le hacía temer por como fuera a recibir la noticia la hashira.

- ¡Felicidades por su nueva familia Shinobu-sama! - compartiendo su contentamiento Aoi le abrazó fuertemente.

- Sumimasen Aoi-san, necesito ir rápidamente con Tomioka-san -susurró al cabo de unos segundos y se apartó de ella para seguir corriendo, esta vez con muchas mas fuerzas y energías que antes.

Estaba embarazada. Aquella noticia que había iluminado su día de seguro que también terminaría por alumbrar la conciencia de su amado cazador. 

Atravesó el bosque con todas sus fuerzas hasta llegar al hogar de Urokodaki-san para solicitar la llave, pero por más que llamó a la puerta este no se asomó. Al parecer no había nadie en casa, lo más probable entonces es que este debía de encontrarse con Giyuu en el calabozo.

Continuó su camino y al llegar hasta el lugar pudo ver que el portón estaba abierto, no se había equivocado entonces, el ex-pilar debía de estar ahí.

Aunque todo estaba extremadamente silencioso.

-¿Tomioka-san? ¿Urokodaki-sama? - llamó en vano por el sombrío pasillo. 

Con un mal presentimiento termina acercándose a la celda cuya puerta también estaba completamente abierta. Nadie se encontraba ahí.

Revisó muy bien para poder asegurarse de que no hubieran rastros de alguna riña o ni pelea. Al no encontrar nada se calmó un poco su corazón. 

«De seguro cuando Urokodaki-sama vio el estado consciente de Giyuu decidió llevarlo con el maestro.»

Sin meditar más se dirigió de vuelta al pueblo para ir a la casa de Oyakata-sama, el único lugar donde Tomioka podría estar.

Corrió con todas sus fuerzas hasta el hogar Ubuyashiki. Su respiración estaba completamente agitada, ya apenas tenía fuerzas. Pero eso no haría que Shinobu se rindiera.

Al llegar atravesó corriendo la puerta principal, planeaba sin ninguna discreción ingresar volando en frente de el maestro, pero un peculiar evento le hizo detenerse en seco.

Un pequeño altar se alzaba en medio del jardín donde solían reunirse, una nichirinto negra con reflejos azulados bañada en sangre yacía con la punta enterrada en el piso, mientras que un haori multipatrón colocado sobre ella ondeaba al viento.

Sin fuerzas, como si todos sus alientos abandonaran su cuerpo, Shinobu cayó de rodillas al piso.

Oyakata rendía tributo mientras mencionaba en sus palabras como aquella tragedia había sido resuelta entre él, Urokodaki y el demonio en cuestión, Tomioka. Quien al verse tan perdido a si mismo suplicó que acabaran con su vida de una forma digna, pero que por favor no fuera presenciado como espectáculo por los demás, mucho menos por una persona especial, era deshonroso.

Los pilares al igual que el maestro permanecían de rodillas frente a aquel monumento.

Kanroji e Himejima lloraban.

Envuelta en lágrimas, un grito angustiado escapó de los labios de Kochou llamando la atención de todos los presentes.

El hombre que tan bien había visto anoche, ya no estaba más.

Tomioka Giyuu había partido.

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