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Capítulo 38.

Para hacer más fácil las cosas, me tuve que mudar antes a nuestro nuevo lugar... o algo así. El señor y la señora Decker no querían verme ni en pintura, tampoco quería quedarme en la tienda porque había mucha oscuridad por las noches y por supuesto Aysel me entendió. Por lo que mi humana pidió un favor por muy raro que se lea, si, ella realmente pidió un favor.

Así que aquí estoy, observando fijamente a Murat quien se lleva un donut a la boca. Deliciosos donuts, si tenía suerte podía conseguir unas cuentas en una bolsa de basura, y si así, con olor a pescado eran buenas, entonces limpiecitas olían y se veían mil veces más deliciosas.

—¡Guau! —Dame dame dame, yo sé que tú quieres darme, Murat.

Murat bajó su mirada hacia mí, sonrió y negó con la cabeza.

—No puedes comer estas cosas Tommy, son malas para tu estómago.

—¡Guau! ¡Guau! —Voy a morderte si no me das.

—Lo lamento amiguito, Aysel me mataría si te diera algo más que croquetas.

Uf, croquetas, divinas croquetas, eran aún más sabrosas cuando Aysel se volvía creativa en la cocina y las humedecía con caldo de pollo.

Uf, caldo de pollo.

Ahora quiero croquetas con caldo de pollo.

Me alejé del banco en donde estaba sentado y miré sobre la repisa que estaba a unos centímetros de él.

Bingo, ahí estaban mis croquetas.

—¡Guau! ¡Guau! —Murat, ven a atender a tu peludo amigo, dame croquetas.

Murat para mi sorpresa empezó a reír mientras dejó su donut sobre la isla de la cocina.

—Tommy, comiste hace una hora, no es posible que tengas hambre de nuevo.

Ese es mi secreto Murat, siempre tengo hambre. Bueno, la verdad es que no tengo, solo que... A veces era un poco impresionante pensar que hace unos meses no tenía ni agua para beber, ahora tengo todo lo que siempre quise: comida, calor, una humana de alma pura, un hogar. Mi principio como perro fue difícil, tener que estar pendiente si lo que conseguía en la basura estaba envenenado o no, a veces no conseguía ni un bocadillo para callar a mi estómago, aunque Zeus siempre se encargaba de que eso nunca pasara.

Zeus, mi buen amigo, ojalá pudieras disfrutar de esto conmigo.

Bajé un poco mis orejas recordando a mi pequeño amigo de cuatro patas. Zeus fue parte importante para poder estar aquí.

—Hey Tommy, ¿qué pasa? —Murat se dejó caer en el suelo frente a mi mientras acariciaba mi cabeza y empezaba a rascar en ese punto tan especial detrás de la oreja—. ¿Sabes? Estuve hablando con Aysel sobre lo que te pasó. Cuando me pidió que te tuviera por estos días mientras lograba realizar la mudanza me contó todos los detalles de lo que se sabía de esos días junto a esos enfermos.

Hablaba de los destripadores. No he querido pensar mucho en eso, he sufrido tanto a lo largo de mis diez vidas que realmente deseo suprimirlo todo y seguir adelante, vivir mi presente, ahora estoy con Aysel, eso era lo importante.

—Ella quería dejarte en la tienda mientras resolvía lo de la mudanza pero me dijo que odias la oscuridad. Quiero que sepas algo amiguito, con la luz que emite Aysel al estar con cualquier persona te aseguro que más nunca estarás en la oscuridad.

¿Y por qué no le dices eso a ella, humano?

Aysel y Murat se habían vuelto más cercanos en la última semana. Sabía cuando ambos hablaban por teléfono porque Murat siempre ponía cara de tonto y Aysel por su parte se sonrojaba como una manzana. Era gracioso de ver, sin embargo, a pesar de que poco a poco se iban acercando más aún ninguno de los cabezas duras daba el primer paso.

Yo siendo ellos ya hubiese olido la cola de mi hembra y hubiese querido montarla si su olor me gustaba.

Sé que no lo hice con Cleo pero deben recordar que una jaula nos separaba, no tenía oportunidad.

Oh, Cleo... Jamás podría olvidarte, Cleo.

—Trabajaremos para que seas un perro feliz, Tommy, te prometo que siempre estaré aquí para ustedes—dijo Murat haciendo dispersar mis pensamientos de Cleo—. Bueno, eso también si Aysel me lo permite.

—¡Guau! —Debes invitarla a salir, ¿así hacen las cosas los humanos, no?

—Está bien amigo, te daré una golosina pero eso queda entre tú y yo.

—¡Guau! ¡Guau! ¡Guau! —¿Golosina? Okey, la tomaré pero no te hablaba de eso.

Murat rio y se levantó para buscar una deliciosa golosina. Cuando la obtuvo me la arrojó y me la comí de un mordisco.

¡Sabe a pollo! ¡Amo el pollo!

—¡Tommy, concéntrate, puedes comer más tarde! —Mi Tommy demonio apareció a mi izquierda como siempre exigiendo un poco de atención—. Recuerda el objetivo, queremos que Ayrat sea real.

—¿Ayrat? ¿Qué clase de nombre es ese? —Dijo el Tommy ángel apareciendo en mi lado derecho.

No les presté atención y los espanté con una sacudida.

—¡Guau! —Muy bien Murat, hablemos de Aysel.

—Te acabe de dar una golosina, Tommy. Ya te dije que no puedo darte de mí donut.

—¡Guau! ¡Guau! —Esto sonara loco pero, ¿podemos parar de hablar por un momento sobre comida? Hablemos de Aysel, Murat. A-Y-S-E-L.

Murat suspiró, tomó un pedazo de su donut y me lo arrojó.

—Esto queda entre nosotros Tommy, no le digas nada a tu mamá.

¡Por las estrellas! ¿Por qué no me haces caso? Aunque debo admitirlo, este donut esta de-li-cio-so.

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