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Capitulo 11.

No todos los humanos dan comida a los animales en situación de calle porque son buenos. Aprendí eso a las malas, al ver como a un conocido perrito se le iba la vida de los ojos por comer una salchicha envenenada.

Era un cachorro, no tenía muy buenas habilidades olfatorias y lastimosamente consumió una salchicha que una señora muy fea le había reglado. Aquel colega no había probado bocado en tres días pero cuando le ofrecieron la salchicha él pensaba que había sido un regalo de Dios.

Tal vez si había sido un regalo, el dejar de vivir en las calles y descansar en paz.

—A veces es mejor morir que seguir estando en las calles sufriendo—me había dicho Zeus cuando le pregunté qué opinaba de todo lo que había pasado.

Lastimosamente yo sabía que si moría volvería a nacer. ¿En qué me convertiría? No lo sabía y realmente no quería saberlo.

En mi vida como gato escuché muchas veces como humanos decían querer ser inmortales. La inmortalidad no era linda, no cuando todos a tu alrededor, personas que realmente te importaran iban a morir y tu verías irse la vida de sus ojos.

A veces me arrepiento de haberle pedido ese deseo a las estrellas, pensaba que había sido muy orgulloso y terco. ¿Por qué debía ser tan metiche y rogar que me dieran la oportunidad de conocer un alma pura? Las había, pero eran tan escasas y cada vez se me hacía más difícil encontrarlas.

En las calles solo podía ver maldad, incluso algunos perros solo querían morderte porque les divertía verte llorar.

A mí no me pasó, cada vez crecía más y más, era intimidante y Zeus me ayudaba a que mi apariencia fuera un poco más feroz cuando estábamos tratando de conseguir un bocadillo.

Otra cosa que no soportaba de las calles eran las pulgas. No entendía como Zeus podía vivir con ellas y decir que estas eran sus mejores amigas. Algunas veces picaban tan duro que tenía que mordisquear mi cuerpo con mis dientes a tal punto de que rompía mi piel, otras veces simplemente me rascaba con mis patas pero esto muy rara vez me calmaba.

Ahí estábamos esa noche. Yo no podía dormir mientras que Zeus, el chihuahua, dormía profundamente a mi lado. Yo rascaba y rascaba y la piquiña no se iba.

—¿Estas bien, Firulais?—Zeus me había sobresaltado haciéndome esa pregunta, yo pensaba que él estaba totalmente rendido sobre sus patas.

—Pica mucho—le había respondido sin dejar de rascar.

Las patas ya me dolían y podía jurar que entre mis dientes se habían acumulado algunos pelos.

—Sígueme, Firulais.

Zeus nos condujo hasta el parque, algunas gotas caían sobre el suelo pero la lluvia no era tan fuerte. Aunque ya el suelo estaba muy húmedo y el pantano ya se estaba formando debajo de nuestras patas.

—Échate sobre la tierra.

—Pero esta mojada, se me va a pegar al cuerpo—No entendía porque Zeus quería que me ensuciara más de lo que ya estaba.

—Si untas tu piel con pantano esta dejara de picar un poco y al menos podrás dormir esta noche.

—¿Estás seguro?

—Confía en mí, cachorro.

Confiaba mucho en él. Zeus me había enseñado a ser un perro de la calle y había estado para mí, aunque no haya creído mi historia sobre el deseo a las estrellas.

Echándome sobre mi espalda empecé a untarme de tierra mojada, al principio no sentí ningún cambio pero después ocurrió. Picaba pero ya no tanto, estaba más calmado.

—Ahora, vamos a dormir.

Pero me sentía mal. No quería estar cubierto de barro.

La mañana siguiente Zeus me había dicho que lo acompañara a buscar un bocadillo, pero yo no quería salir de nuestro escondite. Me sentía feo, estaba feo, asqueroso por el pantano.

Mi autoestima del perro más guapo estaba por los suelos, ya no era lo mismo. Ya no tenía a alguien que me aseara y era horrible.

Dejando el escondite y sin haberle dicho nada a Zeus caminé por las calles buscando un lugar en donde pudiera quitar el barro de mi cuerpo. Es cierto, me había quitado considerablemente la picazón pero no me sentía yo... No me sentía Firulais.

A lo lejos vi un enorme edificio que en su entrada tenía una enorme fuente. El agua caía de forma espectacular, me tenía embelesado. Era mejor que la ducha que tenía Audrey en casa. Además, podría tomar un poco de agua, ayer no pude hacerlo porque no habíamos conseguido.

Me acerque con precaución cuidando que nadie me viera cerca de la fuente. Cuando la tuve frente a mí lo primero que hice fue tomar de ella. No puedo mentirles, sabía horrible, pero al menos estaba tomando un poco de agua y estaba agradecido con las estrellas por eso.

Después de estar satisfecho salté al agua y me sumergí con gran felicidad. Estaba un poco fría, pero la sensación del pantano yéndose de mi cuerpo fue sensacional. Me estaba preparando mentalmente para que las pulgas atacaran de nuevo. Les seré sincero, prefiero que las pulgas me coman a seguir estando tan sucio.

Firulais era un galán y no podía ser un puerquito.

—¡Hey! ¡Chucho, fuera de ahí!

Con un chillido salgo corriendo de la fuente. Aquel hombre vestido de oficial casi me mete una patada por estar haciendo nada en la fuente.

¡Por Dios, ni siquiera hice pipí!

Quería volver a entrar en la fuente, todavía estaba un poco sucio. Así que esperé a que el hombre se alejara y cuando lo hizo me acerqué nuevamente. Esta vez siendo más precavido.

Pero la precaución fue muy mínima porque el humano llegó silenciosamente hasta mí y estuvo a punto de golpearme si no hubiese sido por otro humano.

—No se te ocurra pegarle, Willis.

—Pero señorita Daene, el perro está ensuciando la fuente.

—No por eso vas a golpeado, Harris—La humana, Daene, miraba seriamente a Harris, así que aproveché ese momento para seguir jugando sobre el agua—. Míralo, le encanta.

—Si su padre se entera que está dejando que un callejero se dé una ducha en la fuente de su empresa se va a enojar conmigo por no sacarlo y con usted por querer dejarlo ahí—escuché decir a Willis.

—Yo me encargo de mi padre, Willis—La humana suelta un silbido llamando mi atención, hace algunos movimientos atractivos con sus dedos por lo que me acerco a ella con confianza—. ¿Tienes hambre, amigo?

Muevo mi cola en respuesta. Que no haya querido ir por un bocadillo con Zeus no significaba que no tenía hambre. Estaba hambriento.

La humana abrió su cartera y de ella sacó un gran emparedado, se veía delicioso. Movimiento con más fuerza mi cola quise saltar sobre ella pero sabía que era muy pesado y podría hacerle daño, por eso me controlé.

—Disfrútalo, amigo—Cuando la olí lo supe, alma pura, muy blanca pero triste.

Una humana que le hacía falta felicidad en su vida.

La humana se despidió de mí con una sonrisa, se dirigió hacia Willis quien la veía un poco asombrado. Poco después ambos ya estaban dentro del edificio.

Guardando un poco de la comida me regreso a nuestro lugar. Zeus tenía entre sus patas un pedazo de carne. Cuando me vio lo movió con su hocico hacia mí.

—Te traje algo—Me detalló bien y con el pedazo de emparedado en mi hocico preguntó—: ¿Que sucedió?

—Compartí con un alma pura. 

Les informé por instagram la razón por la que no actualicé ayer... Hoy si tuve más ánimos de escribir :)

¿Han leído sobre esas personas que colocan clavos en salchichas  y envenenan a los animales porque les incomoda tenerlos cerca? Mas o menos de esto va este capítulo, de las personas que lo hacen y de las que no lo hacen.

Capítulo dedicado a Nancy, espero te haya gustado :)

Ya saben, la próxima dedicación la tomaré al azar entre los comentarios.

Nos leemos el viernes.

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