Vete A La Versh.
El esqueleto moreno soltaba grandes carcajadas mirando su celular. Insultaba divertido entre murmuros, hasta que apareció un confundido Ink, que no sabía si se drogó o lo clonaron a otro más alegre, pero igual de pendejo.
—Ora' ¿tú qué te traes?
El moreno lo vio de pies a cabeza y comenzó a reírse, así de la nada. No mames, hasta a mí me dio un pinche miedo.
—Qué pedo. —dijo, ya con las ganas de agarrar cualquier pendejada y darle un buen putazo—. ¿Que miras o qué?
—Vete a la Versh. —respondió.
Pero el esqueleto albino lo malinterpretó, pues creyó eso, que lo había mandado por un tubo. Le mostró le dedo de enmedio y se fue, como una rara combinación de Lust y Error; así de pinche diva y sentida.
El esqueleto azabache lo miro, desconcertado y gritó:
—¡¿Y ahora que pinches chingados hice, wey?! ¡No mames, por cualquier mamada me quieres dar a putazos!
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