Joto.
Ink estaba tranquilo, dibujando cualquier pendejadita. Hoy no haría un desmadre porque se encontraba cansado y Error aún no venía. Sin embargo, sabía que aquella paz duraría muy poco. El esqueleto moreno le gustaba chingar la madre, y viceversa.
Ambos eran tal para cual.
Sintió unas manos rodearle la cintura, y un beso en el cráneo. Error llegó.
«Ahg, este animal. » Pensó medio-encabronado Ink, pues él también lo hubiese hecho en su lugar.
—¡Ah, ayuda! ¡Un joto! —gritó exagerando.
Recibió un buen putazo por parte de Error.
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