488
1
Seungkwan no tenía tiempo para eso; pero si la gata de Wonwoo había decidido que era un buen día para tener a sus gatitos, Seungkwan no podía hacer nada al respecto más que regresar a casa y quedarse junto a Wonwoo mientras ambos se convertían en abuelos.
Maldijo al transporte público y a la torrencial lluvia que caía cuando, a punto de entrar a su edificio, un camión pasó sobre un charco formado en la acera y toda el agua sucia terminó sobre él. Las llaves del edificio se le resbalaron de las manos y se agachó para levantarlas cuando un cuerpo pesado chocó contra él con fuerza. Seungkwan terminó cayendo con rudeza sobre la banqueta y su piel se congeló de inmediato ante la sensación helada del agua bajó el.
Un reloj asomó entre el bolso que el hombre había dejado caer y de inmediato Seungkwan trató de advertirle al hombre, pero este ya se encontraba corriendo lejos de ahí.
¿Qué rayos...?
Volteó al frente y se quedó paralizado. Un auto rojo (oh, y no cualquier auto, el Ferrari favorito de Seungkwan) corría directamente hacia él. Y era tonto, porque en lugar de desear que el auto frenara a tiempo para no terminar con su fastidiosa vida, Seungkwan se preguntó qué rayos estaba haciendo un auto de esa gama en su humilde calle.
Alcanzó a escuchar un agudo maullido de la gata de Wonwoo incluso aunque su apartamento estuviera en el quinto piso cuando el auto se paró en seco y su motor dejó de rugir. Un chico, quizá de su edad, salió de la puerta del piloto con rapidez. Su cabello marrón estaba completamente despeinado y la ropa que vestía probablemente valía más que todos los ahorros de su vida. Seungkwan no pudo leer su expresión porque el extraño llevaba un par de gafas de Sol y su boca permanecía formando una fina línea mientras se acercaba.
—¿Dónde está? —indagó el chico cuando llegó frente a él, tenía una voz peculiar, era suave y fuerte, como una caricia que llegaba desprevenida.
Normalmente Seungkwan caía fácil ante chicos bonitos como él, pero después de una aparición tan dramática y ni siquiera ofrecerle ayuda para levantarse, Seungkwan comenzaba a reconsiderar sus gustos.
—¿Qué?
Se levantó a duras penas, evitando a toda costa sobar su adolorido trasero, y levantó el bolso de aquel hombre grosero que lo aventó hace unos momentos.
—¡Oh, ahí está! —chilló el chico y le arrebató el bolso, esculcando cada rincón hasta dar con el reloj—. ¿Debería darte las gracias? Porque realmente podría besarte ahora mismo.
—¿Qué? —repitió Seungkwan. Siempre se había considerando bueno leyendo el contexto de las situaciones, pero realmente no entendía nada de lo que estaba sucediendo.
El chico lo miró con una sonrisa.
Después las patrullas aparecieron.
...
—Lamento tanto esto —dijo el chico mientras rascaba su nuca con insistencia, Seungkwan pensó que de verdad parecía apenado.
No pudo evitar sentirse un poco mal por él. Por lo que había entendido después de su larga explicación al respecto mientras iban en una de las patrullas, habían tratado de asaltarlo mientras salía de su hogar y entraba a su auto, así que, como persona pensante que solía ser cuando la adrenalina lo dominaba, el chico había creído que sería buena idea comenzar una persecución con ayuda de su deportivo con el propósito de recuperar su reloj. Al menos era lindo, el reloj, obviamente.
—Supongo que no está tan mal —trató de hacerlo sentir mejor—. Al menos tenemos café gratis.
Alzó la taza humeante de café que le habían dado apenas llegaron a la estación de policía y le dio un sorbo mientras el chico lo veía. Sonrió cuando él también lo hizo y sintió la tensión del ambiente esfumarse un poco.
—¿Puedo hacerte una pregunta? —El chico no dudó en asentir, así que Seungkwan continuó—. ¿En qué trabajas? Por qué en serio, con un auto así definitivamente necesito una recomendación —bromeó.
El chico volvió a sonreír, como sus lentes habian desaparecido hace un rato, Seungkwan fue capa de ver sus ojos claros hacerse pequeños cuando sus mejillas se alzaron.
—Digamos que decidí invertir en un proyecto con mis amigos hace un tiempo, y nos fue bien.
—¿Así que no tienes jefe al que le pueda enviar mi currículum?
—Soy mi propio jefe. Y quizás esté falto de personal últimamente —dijo el chico, y las mejillas de Seungkwan enrojecieron un poco por el tono sugestivo—. No me quejaría si se agregara un nuevo empleado.
—¿No eres muy joven como para ser dueño de tal patrimonio? —trató de desviar el tema, haciendo referencia al auto estacionado fuera (que habían llevado con grúa, por cierto, y del cual el chico tendría que pagar una increíble multa por conducir a exceso de velocidad).
—No lo sé. ¿Parezco joven?
Seungkwan alzó sus hombros.
—Pareces de mi edad.
—Bueno, tú sí que pareces joven. ¿Eso responde tu pregunta?
Seungkwan alzó una ceja. El chico si que era interesante.
—¿Cómo te llamas?
—Hansol —respondió sin dudarlo y con una sonrisa—. ¿Cómo te llamas tú?
—No suelo decirle mi nombre a personas que casi me atropellan, ¿sabes?
—Creí que iba a ser tu jefe, realmente pensé que estábamos creando un lazo —dijo indignado Hansol, y Seungkwan no pudo evitar reírse.
—Eres gracioso, Hansol. Pero justo ahora estoy demasiado ocupado como para pensar en un problema más.
—¿Estás diciendo que soy un problema?
—Si. Los Ferrari siempre son un problema.
—¿Lo dices por experiencia?
Antes de que pudiera contestar, uno de los oficiales se acercó a él mientras le entregaba una hoja de papel con tantas letras que Seungkwan se mareó de solo verlas.
—Eso sería todo. Muchas gracias por su declaración y por su tiempo —le dijo el oficial.
—¿Y qué hay de mi? —interrumpió Hansol.
El oficial lo miró incrédulo. —Hijo, si yo fuera tú, comenzaría a llamar a mi abogado.
Seungkwan se aguantó la risa antes de agradecerle al oficial, quien no tardó en irse por donde había llegado, y mirar a Hansol.
—Sí, Hansol. Lo digo por experiencia.
El chico volvió a sonreír, y oh, su sonrisa era tan linda que Seungkwan podría acostumbrarse a verla todos los días del resto de su vida.
—Espera, ¿ya te vas?
—Soy un hombre libre que no le debe nada a la ley —aseguró mientras terminaba de beber el último trago de café y recogía las llaves de su departamento.
—Al menos dime tu nombre, por favor. En serio salvaste mi vida al rescatar mi reloj.
—Mmh —negó—. Ya te dije que no puedo darme el lujo de tener más problemas.
—Eres un chico difícil —se quejó Hansol, pero Seungkwan supo que trataba de evitar a toda costa que las comisuras de su boca se mantuvieran alzadas—. Entonces te encontraré.
Seungkwan comenzó a caminar hasta la salida.
—¿Sabes lo aterrador que suenas? —se rió.
—El destino nos volverá a encontrar, te lo prometo —volvió a decirle Hansol, importándole poco que los oficiales despiertos en la comisaría comenzaran a verlos con confusión.
Seungkwan se mordió el labio, pero no volteó mientras salía de ahí.
2
wonu:
Oye, ya que fuiste a la tienda, ¿puedes comprar dos latas más de comida de gato?
13:21
juro que esos cuatro gatitos nos dejarán en la calle! ˃̵ࡇ˂̵
13:22
wonu:
Te prometo que yo también estoy buscando a alguien que los quiera adoptar. Pero no es fácil confiarle algo tan importante a cualquiera ):
13:24
si, lo sé. igual ya recibí un mensaje de alguien que parece interesado. en la noche nos reuniremos con él, si te parece bien
13:24
wonu:
Confío en ti, Kwan (:
13:24
Seungkwan guardó su celular en su bolsillo mientras tomaba dos latas más de comida para gato. Metió todo en su bolsa reutilizable después de pagar y comenzó a caminar hasta el apartamento que compartía con Wonwoo desde hace un par de años.
La paga que le daban en su trabajo no estaba mal, pero tampoco era la gran cosa. Al menos lo mantenía vivo, y eso ya era mucho decir viviendo en Seúl.
Apenas estaba abriendo la puerta cuando el bombardeo de maullidos atacó directo contra sus tímpanos. La gata de Wonwoo y sus cuatro pequeños gatitos llegaron para restregarse contra él de inmediato.
Seungkwan suspiró. No era que no le gustaran los animales, claro que no, pero consideraba que cuidar gatitos era tan cansado como correr un maratón tres veces seguidas.
—¿Cómo te fue? —le preguntó Wonwoo, ayudándole a cargar la bolsa para después servir las latas de comida a los gatitos.
—Bien. Jeonghan preguntó por ti —dijo Seungkwan, haciendo referencia al bonito cajero que solía coquetear con su amigo de vez en cuando.
Las mejillas de Wonwoo se sonrojaron y Seungkwan sonrió ante la imagen.
—Le dije que también lo mandabas saludar.
Cuando los gatitos dejaron de llorar y comenzaron a comer con ansias, Wonwoo se permitió hablar. —¿Él está bien?
Ah, si amigo realmente era un gran tonto.
—¿Por qué no vas y se lo preguntas tú? ¿O por qué no le mandas un mensaje? Ya tienes su número.
—Tienes razón. Quizá vaya a verlo en la noche.
Seungkwan alzó una ceja. —¿Por eso no me acompañarás a conocer a quien quizá adopte a los gatitos?
Wonwoo no respondió, pero Seungkwan no le dio demasiado importancia. Se dejó caer en uno de los sillones y la gata de Wonwoo no tardó en acaparar sus piernas y ronronear mientras le acariciaba las orejas con delicadeza.
—¿Y qué tal tú? —le preguntó a la gata—. ¿No quieres acompañarme?
La gata miró a Seungkwan y maulló en respuesta.
—No. Iremos en un taxi, te prometo que no te haré caminar.
—¿Otra vez estás hablando con la gata? —se burló Wonwoo.
—¡Me lo pegaste tú! —Seungkwan bufó.
...
Releyó el último mensaje del posible candidato para adoptar a los gatitos una vez más antes de entrar al restaurante donde se habían citado.
vernon chwe:
¡Hola, Seungkwan! Acabo de llegar, solo hace falta que digas mi nombre en la reserva para que te traigan a la mesa.
20:02
Seungkwan había dudado al principio respecto al hombre que lo contactó, pero si había propuesto un restaurante tan caro para la reunión, al menos podía tener la certeza de que sí tenía el sustento económico como para encargarse de cuatro boquitas más a las que alimentar. La única desventaja de todo era que si en realidad quería cenar algo tendría que gastar al menos un mes de su sueldo en un platillo, lo que era tan tonto que Seungkwan se había prometido pedir una soda y ya para mantenerse dentro de su presupuesto.
Fue guiado a una de las mesas más lejanas por una amable chica y tomó el menú mientras fingía que en realidad planeaba ordenar alguno de esos exóticos platillos. Le habían asegurado que el hombre en cuestión, Vernon Chwe, solamente había necesitado ir a los sanitarios, así que solo le restaba esperar.
Trató de entablar plática con uno de los meseros, pero se veían todos tan ocupados que no quizo distraerlos. Optó por dar una vuelta en su galería de fotos, porque su plan de datos había terminado esa misma tarde.
—¡Oh! Otra vez tú. Que agradable sorpresa.
Seungkwan despegó la vista de la pantalla en cuanto escuchó aquella distintiva voz. Hansol ya lo miraba cuando Seungkwan lo volteó a ver.
—¿Tú? ¿Qué haces aquí? —indagó.
Hansol sonrió de lado, parecía confundido, y Seungkwan quizo reírse de su expresión.
—Estoy esperando a alguien —respondió, y lo pensó un momento antes de agregar:— O quizá te estaba esperando a ti. No estoy muy seguro, porque esta definitivamente sí es mi mesa.
Seungkwan parpadeó lento mientras trataba de procesar la información. Naturalmente la única pregunta que solía hacer cada que veía a ese chico escapó de su boca antes de que la pudiera detener. —¿Qué?
Hansol completó su sonrisa antes de sentarse junto a él en la mesa.
—¿Seungkwan?
Bueno, estaba decidido. La suerte de Seungkwan no podría ser peor.
—¿Cómo sabes mi nombre?
—Porque yo soy Vernon —obvió Hansol, recargando su rostro sobre la palma de su mano. El reloj que Seungkwan (según Hansol) había salvado reposaba delicadamente sobre su muñeca.
—No, tú eres Hansol.
—Hansol Vernon Chwe, me presento formalmente —dijo antes de extender su mano.
Seungkwan vaciló, pero terminó por aceptar el apretón.
—De haber sabido que tú eras Vernon no te habría dicho mi nombre por mensajes y tampoco habría aceptado esta reunión —sinceró—. Tengo mejores cosas que hacer que perder el tiempo con un chico Ferrari.
Hansol juntó sus cejas y Seungkwan fue incapaz de leer la expresión formada en su rostro.
—Yo no sabía qué tú eras quien buscaba un hogar para los gatitos. Pero te lo dije antes, el destino eventualmente iba a hacer que nos encontráramos de nuevo.
Seungkwan suspiró sin saber muy bien que debía hacer. No era que odiara a Hansol o que le cayera mal, no. Pero el chico simplemente tenía una energía extraña de la que Seungkwan definitivamente no podía hacerse cargo.
—Escucha, no tengo nada contra ti, pero...
—No.
—¿No?
—No, no te dejaré terminar esa oración —le dijo Hansol—. Estoy aquí para probar que puedo ser un dueño excelente y responsable para los gatitos, no por ti. Aunque tampoco me molestaría estar aquí por ti. ¿Te han dicho que eres muy lindo?
Las mejillas de Seungkwan enrojecieron y sintió sus orejas calentarse. Woah, Hansol realmente era un desvergonzado.
—¿Puedes dejar de coquetear cinco minutos?
Hansol sonrió y Seungkwan casi se sintió aturdido por la imagen. —¿Puedes dejar de ser bonito cinco minutos?
—Es mi cara.
—Bueno, es mi personalidad —debatió Hansol.
El mesero llegó poco después. —¿Están listos para ordenar?
...
—¿Entonces pasé el examen?
Seungkwan lo pensó un segundo. —No estoy seguro.
Hansol se apresuró a pedir su auto en el valet parking y evitó que Seungkwan siguiera alejándose poniéndose frente a él.
—¿A qué te refieres?
—Bueno, está claro que quieres y puedes mantener y cuidar a los cuatro gatitos, ¿pero cómo sabría yo que ellos quieren estar contigo? —se inventó en el apuro, buscando el hueco para pasar la gran pared que era el cuerpo de Hansol.
—Deja que me conozcan —sugirió.
Seungkwan aprovechó el momento en el que el auto de Hansol se estacionó enfrente para alejarse un paso más; lamentable fue detenido de inmediato por el agarre de Hansol en su muñeca y sintió su corazón martillear con violencia.
—No creo que les caerías bien.
Hansol ignoró el comentario mientras lo arrastraba hasta la puerta de copiloto del auto.
—Ven, déjame llevarte y así me los presentas.
—No me voy a subir a tu auto. Ni siquiera te conozco —alegó, pero Hansol se limitó a sonreír con ternura.
—Claro que si. Es la segunda vez que nos topamos, ¿sabías que dicen que encontrar a alguien por casualidad tres veces significa que el destino los quiere juntos?
—¡No digas cosas así! —protestó Seungkwan—. Y puedo tomar un taxi, no te sientas obligado a llevarme a casa. Esto no es una cita.
—Entra al auto, Seungkwan. Nos están empezando a ver raro.
—No voy a entrar a ese auto —insistió.
—¡Pero es un Ferrari!
—Exacto. ¿Recuerdas que pienso yo de los Ferrari? Son un prob... —dejó la oración en el aire cuando Hansol lo metió dentro a la fuerza, cubriendo con su mano el borde de la entrada para evitar que golpeara su cabeza.
—No te voy a dejar regresar solo a esta hora. Y ya estás dentro, no tienes escapatoria —dijo Hansol y cerró la puerta.
Todo el camino fingió que los asientos no eran absurdamente cómodos y que la suavidad con la que Hansol hacía los cambios de velocidad le molestaba. De cualquier modo había acabado por decirle su dirección, porque si ya lo iban a llevar a casa, tampoco iba a seguir quejándose.
—Entonces vives justo frente donde te conocí —comentó Hansol, y fue más una afirmación que pregunta.
—Vivo ahí con Wonwoo, es un amigo —aclaró casi como si le hubieran preguntado—. Dividimos la renta.
Hansol asintió al volante. —¿Y es muy caro?
Seungkwan miró por la ventana y se aguantó la risa sarcástica. —Para ti nada debe serlo. Seguro puedes tener todo lo que quieras con solo pedirlo.
—No puedo responderte. Lo único que quiero no me quiere a mi.
—¿Es una indirecta? —cuestionó Seungkwan a pesar de saber de antemano la respuesta.
Hansol no respondió hasta que llegaron a un semáforo rojo. Volteó a verlo y Seungkwan juró que jamás se había sentido tan pequeño.
—No es una indirecta porque sabes que hablo de ti. Es que no lo entiendo —puchereó—. Soy guapo, alto y rico, ¿cómo puedes odiarme?
Seungkwan se incorporó en el asiento y encaró a Hansol, repentinamente indignado.
—Yo no te odio.
—¿Entonces por qué no me devuelves ningún cumplido?, ¿o por qué parece que repeles a mi auto?
—Porque tú no... —se guardó la última palabra para él mismo ("porque tú no me gustas"), ya que de cualquier forma era mentira—. Porque no te conozco.
Hansol suspiró y sus labios cayeron en una sonrisa triste.
—Lo sé. Pero de verdad podría cambiar si lo quisieras. La verdad es que yo no pude dejar de pensar en ti desde el primer momento en que te vi.
Seungkwan miró al frente cuando el semáforo cambió a verde, pero Hansol no avanzó.
—Dejemos de ser extraños, ¿si? —insistió Hansol—. Por favor.
Seungkwan pensó que era patético por incluso considerar la petición.
3
Los gatitos habían amado a Hansol, así que, Seungkwan quisiera o no, Wonwoo había estado de acuerdo en dejar que él los cuidara con la condición de obtener a cambio un par de fotos de ellos de vez en cuando. Había sido un tanto caótico cuando Wonwoo lo conoció ("Seungkwan, ¿por qué no me dijiste que tu novio era rico?"), pero Seungkwan pensaba que podría haber sido peor.
Y, después de un par de semanas más, había descubierto que Hansol no era tan problemático como imaginó en un principio. En realidad no solo era solo otro niño rico y mimado, había descubierto que había trabajado duro para llegar hasta donde estaba, y lo admitiera o no, Seungkwan lo admiraba un poco por eso.
Apagó el televisor cuando sintió su celular vibrar sobre la mesita de centro.
hansol vernon chwe:
¿Qué harás esta noche?
11:34
sumergirme en mi miseria
¿por qué?, ¿tienes planes?
11:35
hansol vernon chwe:
¿Qué te parece dar un vuelta por Seúl con un bombón? ;)
11:35
el bombón es tu ferrari, ¿verdad?
11:36
hansol vernon chwe:
>:(
11:37
Seungkwan sonrió en el momento justo en el que Wonwoo entró al departamento, pero era demasiado tarde como para ocultar el celular.
—¿Hablas con tu novio?
Seungkwan rodó los ojos y se acercó a Wonwoo, ayudándole con las dos bolsas que cargaba y guardando las compras en el refrigerador y la alacena.
—Ya te dije que no es mi novio.
—Ah, o sea que si hablas con él. De todo modos, ¿por qué aún no son novios? Es obvio que le gustas.
Seungkwan cerró el refrigerador después de guardar el último cartón de leche y miró a Wonwoo sin poder creer lo que insinuaba.
—¿Es broma? ¿Has visto su auto?
—Si —obvió Wonwoo—. Una razón más para salir con él.
—Sabes que no confió en nadie a quien le guste Ferrari.
—Pero a ti te gusta.
—Si, pero es diferente.
Wonwoo lo miró sin comprender y se acercó a golpear su cabeza. —No es diferente. Son tus traumas del pasado hablando.
—¡No tengo traumas! —chilló.
—Díselo a la cicatriz en tu mejilla.
Llevó su mano hasta su pómulo izquierdo por instinto y se arrepintió de haberle contado toda su vida a Wonwoo en un momento de debilidad ante el alcohol. Su amor/odio a Ferrari se remontaba a su niñez, cuando conoció por casualidad al niño más bonito que había visto mientras estaba perdido y lo ayudó a obtener uno de esos carritos de juguete para después no volverlo a ver en la vida. Seungkwan recuerda haber quedado con el corazón roto después de eso, y ningún niño pequeño debía tener el corazón roto.
— Deja de burlarte de mi.
—Es que a veces haces cosas cuestionables.
—Ah, ¿si? ¿Cómo qué?
Wonwoo le dio otro golpe. —Como no aceptar los sentimientos de Hansol. Y hablar con la gata.
...
Seungkwan dudó un segundo en cuanto Hansol le abrió la puerta de copiloto.
—¿Qué pasa? —cuestionó Hansol preocupado.
—¿Puedo manejar?
Quizá no debió haber preguntado, porque Hansol no se veía muy cómodo con tener que responder eso. Su cara se había torcido en una mueca extraña y...
—Si. —Seungkwan abrió la boca con asombro. Hansol lo guió hasta la puerta del piloto y se la abrió amablemente—. Todo tuyo.
—Imposible, era una broma —dijo, sintiéndose repentinamente nervioso—. Si choco, mis hijos tendrán que seguir pagando la de duda incluso cuando muera.
Hansol rió y sus dientes se asomaron en la sonrisa. Seungkwan tuvo ganas de apretar sus mejillas y volverlas más rojas de lo que ya estaban.
—No vas a chocar.
—¿Y si sí lo hago?
Hansol pareció pensarlo un momento. —Entonces lo arreglaré por ti.
A veces Seungkwan pensaba que Hansol era demasiado cursi, pero la verdad era que su yo perdidamente romántico le agradecía por conocer a alguien como él.
—Me deslindo de responsabilidad, entonces. Pero al menos ten por seguro que tu auto no tendrá otra multa por exceso de velocidad hoy —se burló.
Y Hansol lo aventó dentro y Seungkwan se aguantó la sonrisa.
...
—Tu casa es linda.
Pensó que Hansol quizá había ignorado la pregunta o incluso que no la había escuchado, cuando habló.
—Gracias.
Entraron a la sala principal y Seungkwan sonrió fascinado cuando los cuatro gatitos corrieron hacia él llenando el silencio con maullidos.
—Hola, ¿cómo han estado? —les preguntó mientras se dejaba caer en el piso y lo comenzaban a rodear—. Wonwoo a veces los extraña, y su mamá también lo hace.
Los gatitos maullaron más fuerte en respuesta y se fueron acomodando sobre las piernas extendidas de Seungkwan.
—Seungkwan —lo llamó Hansol.
—Hansol —repitió por inercia.
—No trates de robarte a mis gatitos —le advirtió.
Seungkwan no pudo evitar reírse suavemente. —¿Lo dices porque me quieren más a mí que a ti? —preguntó antes de besarle la cabeza a cada uno de ellos, recibiendo a cambio pequeños lengüetazos.
Alcanzó a ver por el rabillo de su ojo la mirada de Hansol siguiendo cada movimiento que hacía. Su respiración calmada y la media sonrisa que se asomaba entre sus labios lo hacían ver tan domestico que Seungkwan pensó que Hansol lo veía casi como si estuviera enamorado.
Suspiró y trató de deshacerse de pensamientos tontos cuando Hansol le dijo:
—Me gustas muchísimo.
Gritó cuando uno de los gatitos enterró sus garritas sobre su pecho, y no le quedó de otra más que levantarse para alejarse de ahí.
—Ouch —chilló—. Deberías educarlos mejor.
—¿No me escuchaste?
Contempló fingir demencia, pero decidió que no podía hacer algo tan estúpido a esas horas de la noche.
—Si —dudó un poco nervioso—. Quizá yo también creo que eres lindo.
Hansol alzó una ceja y se acercó un paso hacia él, medio inseguro.
—Pero yo no dije que eras lindo. ¡No es que no lo crea! Realmente eres lindo —excusó Hansol—. Pero yo dije que...
—También me gustas —dijo cortándolo—, solo un poquito.
—¿De verdad?
Hansol se acercó un paso más y Seungkwan sintió su propio corazón latiendo con fuerza dentro de su pecho.
No respondió. Terminó de cortar la distancia entre ambos y se sintió satisfecho cuando sintió las manos de Hansol situarse sobre su cintura mientras sus labios se acariciaban tímidamente. Era un poco gracioso, Seungkwan jamás imaginó que Hansol fuera del tipo tímido.
—Un poco —mencionó, con sus labios tan cerca a los contrarios que supo que Hansol sintió el movimiento que hizo al hablar.
Hansol volvió a besarlo.
—Vamos por un helado.
...
Seungkwan jamás se había sentado en algo tan caro en su vida, y si tenía que ser sincero, él capó del auto ni siquiera era tan cómodo. Pero al menos tenían una buena vista, directo hacia las luces de la ciudad que la tintaban de vida.
Recargó su cabeza sobre el hombro de Hansol y dejó el vasito de su helado a un costado de ellos después de que lo terminó.
—¿Sabias que odio los Ferrari?
Hansol mordió su paleta de hielo una vez más. Le quedaban solo otras dos mordidas para terminarla. —No es verdad.
—¿No?
—No.
Seungkwan no pudo reprimir su sonrisa. —Tienes razón. Son mis favoritos.
♡♡♡
ojalá les haya gustado este os tan random. quería escribir algo con ferrari porq hoy hubo carrera ꒰ॱଳ͘꒱
m inspiré en la vez q le robaron el reloj a charles y salió a perseguir al ladrón jaksja
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