Mencioné que lo subiría todo junto pero siento que la espera se hará más corta con los siguientes tres cap, si lo subo por día.
Continuación.
Disfruten el capítulo.
_______________
Nunca sabes cuánto daño puede hacer una mentira hasta que eres tú, la que lo ocasiona.
Sus errores terminaron de alejar todo lo que creyó alguna vez irreal, algo que jamás pensó encontrar.
El cariño de esa persona especial.
Sin lugar a dudas, lo único bueno que la vida le obsequió, llámese destino o casualidad. Como fuera las circunstancias que las unió quedaban a un lado, ante el vínculo que surgió entre ambas y próspero hasta las últimas consecuencias.
Se había ido.
Ahora, reflexiona que Renata representó desde el primer momento en que se conocieron, aquellas cosas que anhelaba tanto de una mujer.
En tan poco tiempo, consiguió lo que ninguna otra persona pudo provocarle, ese sentimiento de protección, de tener certeza que al final del día siempre iba a haber alguien a su lado apoyándola, aconsejandola y mimandola.
Aceptó el amor que le brindó y que por muchos años negó con otros, por temor a ser lastimada, como en su pasado.
Renata demostró ser distinta y pese al carácter complicado de Silvana, logró resolver hasta volver a su verdadera naturaleza.
Aún así, pese a todo. La única que terminó fallando fue ella.
Saber que ahora más que nunca, sería difícil vuelva a confiar en Silvana. Las constantes trabas en su camino, el sufrimiento, las mentiras, los malentendidos… han tenido repercusiones que viéndolo desde otra perspectiva, ninguna de las dos lo merecía.
Entonces, ¿Porqué su historia concluyó así?
No, no lo aceptaba.
Y ya había contemplado un plan.
Esperaba buscar la manera de romper el acuerdo matrimonial con Olivares al que se encontraba forzada a contraer, luego de que su madre se someta a la operación para donar la médula a su hermano.
Sabía que era jugar chueco ante la promesa que hizo para salvar la vida de Mario. Pero se negaba a creer que su amor por Renata acabaría simplemente ahí.
Tenía la esperanza de que la rubia supiera descifrar lo que ocurría en realidad y que esperara a su regreso, al menos como lo sugirió en la carta.
Pese a haberle pedido a Alondra la cuidara y quisiera como sólo su rubia lo merecía (algo que nunca imaginó sucedería), guardaba la ilusión de que denegará, pues el solo echo de saber que alguien más la pudiera hacer feliz, le provocaba una especie de sofoco en el pecho ante las constantes alucinaciones de una vida sin ella.
…
Pero todo eso, pertenecía ya al pasado.
Por desgracia, no se imaginó que las cosas se dieran de tal manera que Renata la viera en aquella situación.
Una que maldijo haya sucedido.
Le tomó por sorpresa que Olivares se presentara en la empresa. Ante la discusión que tenían por las incoherencias del hombre con respecto a la boda. No vio venir el desagradable beso que le robó y que su novia tuvo la desgracia de presenciar.
El muy cabrón supo jugar bien sus cartas a su favor.
Algún día pagarán todo el daño que han provocado —susurró la pelinegra.
…
Luego de dejar atrás el tema, necesitaba conseguir un poco de paz mental y no sentirse miserable.
Se empeño a concentrar sus energías en el trabajo o al menos haría el intento.
No duró tanto, cuando el sonido de su teléfono captó su atención, observó la pantalla pensando ilusamente que se trataría de Renata.
Algo que era poco probable.
Aquello quedó descartado cuando identificó el nombre.
Rodrigo Olivares
—¿Qué quieres? —contestó cortante. A lo que le hombre interpretó a su elocuente sentido de humor.
—Jajaja... Calma el genio, cariño.
—… —respiró hondo, pero era algo imposible no estar molesta.
—Te llamaba para avisarte que ya está todo listo para nuestra boda. Pasado mañana, nos casamos.
—¡¿Qué?! —se levantó de golpe—. Dijeron que sería después de la operación, no antes.
—Hey, tranquila, Silvana. Quizá fue con tu madre que quedaron en algo. Pero la realidad es que yo doy la última palabra.
—Eres un maldito miserable.
—No, soy tu prometido. Y tu próximamente mi esposa —sonrió con malicia. Le encantaba hacerle saber la posición que tenía ahora, no le quedaba más que aceptar porque entonces podría decirle a Silvina que regresara a su país sin haber tocado la sala de operaciones.
Silvana apretó los puños, en ese momento deseaba tener a Rodrigo frente a ella para golpearlo hasta conseguir serenar su enojo. Por más que tratara de evitar la violencia el simple echo de que estuviera en esa penosa situación, la traía vuelta una fiera.
—Dejaré que sigas trabajando por el día de hoy. Mañana por la tarde mi chófer pasará por ti para una sorpresa especial que te tengo preparado y que de seguro…
—Ahorrate los detalles. ¿Qué demonios quieres?
—Tan agresiva, que sexi. Pero no te lo diré, es una sorpresa y mañana la sabrás. Hasta entonces, aguarda por ello.
Colgó la llamada.
Silvana suspiró agotada. Se sentía como un roedor atrapado y no encontraba la manera de safarse de esa situación.
Minutos más tarde, salió de la oficina. A pesar de las insistencias de Javier pidiendo que se quedará, Silvana lo ignoró, no tenía cabeza para seguir pensando en nada más.
Necesitaba ir y saber que Renata estuviera bien.
Pensó en ir a la universidad pero ya era un poco tarde para que siguiera ahí. Así que se animó a ir a Andino con la esperanza de verla aunque sea por una vez más.
Tampoco tuvo suerte, el editor que pidió le informará sobre la ubicación de Renata comentó que se había tomado un par de días.
Evitó a toda costa pensar en lo peor con respecto a la Chef. Y sólo por si acaso fue al restaurante de Alondra en donde esperaba poder hablar con ella.
Aunque no sabría que decirle, la mujer le había dejado en claro que no quería volver a hacer tratos con ella y que se encargaría de velar por Renata hasta enamorarla.
Tan solo recordarlo, la ponía en un muy mal estado.
Para su mala suerte, tampoco la encontró ahí. En palabras del gerente, se había tomado unas pequeñas vacaciones.
Eso no lo esperaba y no supo como interpretar ese sentimiento que tenía en el pecho.
Ni Renata, ni Alondra estaban.
No, que no sea lo que me estoy imaginando, se dijo con temor.
Será que… esa Chef, ¿La llevó a algún sitio?
Lo estaba haciendo de verdad. Y le dolió pensar que Renata al estar tan vulnerable pudiera caer en sus brazos.
Si, que incrédula. Ella misma se puso la soga al cuello, al pedirle a Alondra que la cuidara y enamorará, pero acaso… ¿No le entrego la carta?
Maldita sea, pensó.
Regresó al departamento, esperanzada de encontrar algún indicio de Renata. No sé había atrevido a ir ahí luego de lo que pasó prefieriendo dormir en la mansión el día anterior, pero la incertidumbre la calcomia.
Entró con cautela, revisó las habitaciones del primer piso y luego se animó a subir, encontrando todo en completa soledad.
Sus cosas seguían ahí, lo que le dió a pensar que ni siquiera había llegado al departamento.
Entonces no lo resistió más y decidió marcar a su celular.
Dos, tres, cinco, diez veces, todas eran rechazadas. La enviaban directo al buzón.
Prefirió marcar a su amiga Ana.
—Diga —escuchó decir en la línea.
—Soy Silvana —esperaba que ella si supiera decirle donde se encontraba la rubia.
—¿Qué sucede, Sil? —respondió.
—Podrías decirme ¿Donde está Renata?
—… —no dijo nada.
—¿Ana?
—Para que la buscas.
—Necesitó saber que ella está bien.
—Lo está, Sil.
Un nudo en la garganta se le formo.
—Por favor.
—Sil, por ahora lo mejor es que dejes las cosas como están —no quería pero al notar la preocupación de la pelinegra necesitaba hacerlo—. Creo que debes saber que Alondra y ella han salido a…
Cortó la llamada. No quería saber lo que estaba haciendo la Chef para conquistar a Renata.
Le había puesto las cosas demasiado fáciles a esa mujer que ahora de verdad lo estaba haciendo de esa forma.
"No permitiré que vuelvas a hacer daño a Renata, así me cueste todo, conseguiré que te arranque del corazón"
Recordó sus palabras y más sufrió hacerlo.
…
La mañana que procedió, fue aún peor. Ni siquiera recordó en que momento de la noche logró dormir, pensando en absurdos escenarios donde Alondra y Renata eran las protagonistas. Lloró contemplando su felicidad, su sonrisa y sus besos que ya no serían dirigidos a ella, le pertenecerían ahora a alguien más.
La cabeza le dolía y seguiría siendo así, hasta el final de la semana o hasta las siguientes semanas.
—A… jefa —mencionó Javier luego de verla llegar y encerrarse en la oficina.
—No me pases nada. Quiero estar sola —observaba la vista de la ciudad sin ninguna pisca de ilusión.
—Silvana... —le tocó el hombro.
—¿Creés que sean felices? —preguntó de la nada.
—¿Quienes?
No respondió, el sabía que hablaba de Renata y la Chef, no quería que su jefa siguiera torturandose con ese recuerdo, pero ¡Por Dios! que era imposible no hacerlo.
—Renata te ama, nunca olvides eso.
Dichas las palabras, dejó la oficina. Le dolía que su jefa cayera en esa situación.
Sufría, y si. Había sido mala en el pasado, arrogante y grosera. Pero es que acaso ¿No se le tenía permitido equivocarse?
La oficina estuvo toda la mañana en total silencio. Cerca de la tres de la tarde observó a Silvana salir y dirigirse al elevador con los mismos ánimos que al inicio del día.
No sé atrevió a preguntar, era probable no le respondería.
***
Al llegar al estacionamiento ubico el auto que Rodrigo envío. Se debatió en mandarlo al carajo e irse, pero al final decidió no hacerlo por las consecutivas amenazas de denegarse a la operación.
—¿A donde vamos? —preguntó al chófer quién le respondió tener indicaciones de llevarla cerca de la zona.
Mientras esperaba, contempló su celular con la foto que guardaba en su galería. La que más adoraba, una de Renata a su lado en las primeras citas que tuvieron.
Con mayor exactitud, el día del parque de diversiones. Había sido de las primeras experiencias tan alocadas que pensó jamás haría.
La sonrisa de Renata mientras la abrazaba y le robaba un beso a una malumorada morena tras su frustración de cargar con la pesadez de un collarín en el cuello.
Siempre atesoraría ese momento para la prosperidad.
…
—Ya estoy aquí ¿En donde estás? —mencionó a Rodrigo. Tenía unos minutos de haber llegado al lugar indicado. Algo que le pareció sumamente inusual, dado al tipo de sitio del que se trataba.
—Tendrás que esperar un momento. Mi gente te tiene preparado una sorpresita como despedida a tu libertina vida.
—¡Qué estupidez estás diciendo!
—Vamos, que sabes a lo que me refiero.
—No me jodas con eso Rodrigo. ¡¿Pretendes enviarme un stripper?!
Observó de reojo el lugar, y lo que vio no le agrado en lo absoluto.
Un club nocturno, al que suponía la gente visitaba por las noches para ver un desfile de bailes en desnudez sobre las tarimas del centro como parte del espectáculo principal.
—Es una pequeña despedida de soltera.
—Me voy, no sé qué vine a hacer aquí —se dió media vuelta, para salir del lugar.
—No lo creó, y más te vale no retarme. Mi personal tiene la orden de no dejarte ir hasta que el evento acabe.
—…
—Sólo por esta vez, dejaré que te diviertas con la mujer que contrate para ti. Luego de eso, tendrás que dejar ese absurdo gusto.
Antes de responder con el debido insulto que se merecía. Olivares corto la llamada.
Volteó a ver la salida y se percató que estaba custodiada de dos guardias. Intentó pasar para salir, pero ellos se lo impidieron.
…
—¡Sueltenme! ¡Dónde carajos me llevan! —la situaron entre empujones hasta una de las salas privadas del fondo.
Se detuvieron frente a una de las habitaciones donde un par de señoritas vestidas de ejecutivas los esperaban.
—Hasta aquí llegan ustedes caballeros —mencionó una de las mujeres quién les lanzó una coqueta sonrisa.
Silvana entró de mala gana al lugar, no espero a que las mujeres le abrieran la puerta y tampoco estaba deseosa de conocer lo que la esperaría.
Si tenía la oportunidad, se escaparía de quien sea que fuera su compañía. No tenía deseos, ni le interesaba enredarse con alguna mujer ajena a la que su corazón pedía.
—Me las vas a pagar, Olivares —fue lo único en lo que pensó, al entrar y ver de qué iba el lugar.
Una habitación exclusivamente para un show privado.
Al fondo una plataforma tapizada de baldosa de vidrio brillaban ante la tenue iluminación. Observó que frente a esté, se ubicaba un sofá forrado de piel y a un lado la mesa compendia una botella de vino.
—¿Qué carajos? —masculló. No soportaba seguir en ese lugar ni un segundo más —Me voy.
—Lo siento señorita, pero usted se quedará.
Entre las dos mujeres ubicaron a Silvana en el sofá donde la tomaron por sorpresa al esposarle una de las manos.
—Solo por si planea salir antes de que acabe el show.
—Descuide, nuestra bailarina tiene la llave —sonrió con un grado de picardía.
Sirvieron un poco de vino en la copa para después salir de la habitación, donde a pesar de los explosivos arrebatos de enojo por parte de la pelinegra para que la dejaran salir, estos fueron ignorados.
En ese momento, las luces del lugar se apagaron. La música comenzó a tocar con un ritmo suave y seductor. El fondo del escenario se iluminó notandose de inmediato, una especie de cortina que reflejaba solo la sombra de quien sea que estuviera por detrás.
La silueta de una mujer se hizo presente. Ante la nota deseada dió inicio al espectáculo, empezó a sacudir sus caderas de un lado a otro con suaves movimientos acompasados al ritmo que procedía de fondo.
Giró para quedar de espalda y en lo que identificó con gestos sugerentes, posó las manos entre sus pechos descendiendo con lentitud hasta llegar al contorno de su trasero.
—¡Hey! Podrías dejar de hacer eso —protestó la pelinegra, inquieta por lo que estaba pasando.
Al contrario de lo que pidió, la cortina fue recorrida, la mujer se hizo presente. Estaba vestida como una oficial de policía, pero a diferencia de una vestimenta normal, está era algo más reveladora.
Vestía una diminuta falda negra apenas cubriendole los glúteos, la blusa se ajustaba a su figura de porcelana, su cabellera castaña caía en cascada por debajo de los hombros
El baile continuó, deslizó sus manos por todo su cuerpo, jugueteo por momentos con los botones de la blusa, que trás cada cierto tiempo abría uno que otro botón.
Dada la tenue iluminación y el sombrero en su cabeza, le era difícil mirarla fijamente.
Silvana seguía insistiendo en que se detuviera de hacer su espectáculo. Pero la castaña no hacía caso a lo que solicitaba.
Era su primer cliente que pedía se detuviera de hacer su trabajo, eso pareció tierno y divertido.
De pronto, la música cambio a algo más erótico. La bailarina le dió la espalda y terminó de desabotonarse la prenda, la observó por el rabillo y vió que la veía furiosa pero más que eso la notaba nerviosa.
Sabía que era cuestión de tiempo para que su cliente callera en la tentación.
Y lo estaba consiguiendo.
—Deja de hacerlo —dejó de gritar, su voz sonó casi en súplica.
No era posible que estuviera sucediendo, pero comenzaba a sentir su cuerpo reaccionar ante la atrevida danza que hacía la mujer al frente.
—¿Porqué? —preguntó la otra con interés. Al tiempo que terminaba de desprenderse de su brasier.
Maldición, no debía y no quería seguir ahí. Lo odiaba, pero más odiaba que su estúpida mente reaccionara ante el efecto de esa mujer.
—No, eres la mujer que deseo para hacer esto —habló sin titubear.
—¿Estas segura? —mencionó con voz sensual. La bailarina comenzó a caminar con pasos lentos al extremo donde un poste de pole dance aguardaba se usado, lo tomó con ambas manos inclinándose hacia el frente hasta dejar a la vista la fina lencería por debajo de la falda.
La pelinegra estaba segura de que no lo quería pero entonces, ¿Porqué su cuerpo decía lo contrario?
Se sentía infiel al contener esa reacción.
Intentó no seguir mirando pero cada que lo hacía la castaña la tentaba haciéndole mirar.
—No… no lo hagas por favor —no pudo más y soltó a llorar, era una reacción que catálogo como patética a su persona pero no podía seguir soportando esa presión.
Nadie, ninguna otra mujer le producia tal efecto de deseo más que Renata. Y ahora, llegaba esa castaña de la nada y la hacía reaccionar.
—No me mal entiendas. Eres hermosa, pero no eres ella. La mujer que más amo. Por favor, déjame ir e intentar olvidarme de lo que acaba de suceder.
La bailarina se detuvo, observó a la pelinegra que lloraba cubriendo su rostro con la mano que tenía libre.
Su corazón se enternecio por la actitud de su cliente. No podía hacer otra cosa más que dejarla en libertad.
Notó que sufría y eso la hizo sentir de igual forma miserable.
Se colocó la blusa de vuelta. Descendió del escenario hasta quedar frente a ella. Acarició su mejilla y sólo entonces permitió que la mirará a los ojos para decirle que no tenía porque preocuparse.
—Siempre que me necesites, estaré para ti —habló la bailarina enternecida por la actitud de la pelinegra.
Las palabras de esa mujer hicieron intrigar a Silvana. Levantó la vista para poder verla con total asombro.
No supo que decir al respecto.
—Tú... —mencionó con sorpresa.
...
___________________________________
¡Aaaaaah… esto se puso bueno!
Shale, pobre Silvana si que la ha pasado mal. Y luego para rematar llega Olivares y le monta semejante show.
Ideas para preparar sus destino final del sujeto más odiado.
Comenten, den LIKE y Compartan.
Nos leemos luego.
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro