
Sin escape
- ¡Pero Gabi! ¡Estuvimos caminando en línea recta! ¡Solo había desvíos no muy notables hacia los lados! -Susel me observó, yo negué con la cabeza.
- Debimos haber tomado otro camino, volvamos a hacerlo -dije, me dí la vuelta y comencé a caminar.
- Tch, vamos, después de todo no hay más opciones -Abel chasqueó la lengua, siguiéndome, después lo hicieron el resto de mis amigos, a base de quejas, por su puesto.
Tragué duro, sabía perfectamente que era imposible haber tomado el camino equivocado, pues no hubo un cruce de senderos o algo así.
- Gabi, llevamos ya casi media hora caminando, igual que la vez anterior -Alex habló, en susurro, parándose a mi lado. Kou nos observó de reojo, pero no nos percatamos de ello.
- Lo sé... -rodé los ojos, frunciendo el seño, sientiéndome frustrada.
- ¿También sabes que es imposible que hubiésemos tomado un mal camino no? -insistió mientras el viento silbaba en nuestros oídos.
- ¡Lo sé! -exclamé, pero en voz baja, solo audible para ambos, o eso pensaba, claro.
- ¿Entonces?
- ¿Qué quieres que haga? Susel se desesperará si digo lo que realmente pienso -lo observé a los ojos, el suspiró y frenó un poco su paso, para volver a estar al lado de Abel, pero para su sorpresa, ya no estaba.
- ¿Abel? -giró su rostro hacia todos lados, no encontrando al chico- ¡Oigan! -cuando lo escuchamos nos detuvimos y miramos hacia atrás.
- ¿Qué pasa? -interrogó Kou.
- ¿Dónde está Abel? -nos vió con duda.
- ¿N-no iba contigo hace unos segundos? -Susel habló, todos sentimos la desesperación que en su voz comenzaba a asomarse.
- Sí... pero ya no está... -Alex seguía buscando con la mirada, entonces todos decidimos buscarlo, comenzando a gritar su nombre.
- ¡Abel!
- ¡¿Dónde estás, Abel?!
- ¡¿Abel?!
- ¡Abel!
Nuestras voces se perdían sentir de aquel bosque, mis amigos lo buscaban, nos habíamos dividido, pero podíamos vernos los unos a los otros a través de los árboles, los cuales eran mecidos por el viento con suavidadz logrando crear sonidos extraños, como el de la madera traqueando, el viento colándose entre los troncos creando un silvido tenue o las hojas secas moviéndose de un lado a otroz siendo arrastradas.
- ¡Abel! ¡¿Dónde te metiste?! -grité preocupada, caminando más, alejándome de mis compañeros. Por mi vista periférica ví algo rojo en las hojas secas que iba pisando. Detuve mi andar, sin mirar abajo, y cuando decidí hacerlo, preferí no haberlo hecho.
- ¡Gabi! ¿Dónde estás? -escuché la voz de Alex y sus pasos acercarse, pero no podía reaccionar, no después de haber visto aquello- ¡Oh! ¡Aquí estás! ¿Qué hac...? -calló sus palabras, el sudor frío comenzó a recorrer su frente, su rostro se tornó pálido y sus ojos se abrieron más de lo normal, viendo lo que me tenía en estado de shock- G-Gabi... e-ese es... -un nudo se formó en su garganta, mil emociones y sentimientos recorrían su cuerpo, ambos temblando, viendo aquella cabeza sin cuerpo, incrustada en el tronco de un árbol, con sangre cayendo hasta manchar el suelo. Nos observamos sin saber que decir o hacer, no sé que pasó luego, solo sé que todo se volvió negro cuando me sumergí en un ahogado desmayo.
• • •
Abrí los ojos nuevamente, ví hacia el techo de madera antigua, me encontraba en mi habitación otra vez. Me levanté de golpe, sintiendo un pequeño mareo invadir mi cuerpo por prolongados segundos.
- ¿Ya despertaste? Que bueno -escuché la voz de Kou, aliviada y tranquila.
Dirigí mis orbes verdes hacia mi lado y abajo, él estaba allí, sentado en el suelo, sosteniendo mi mano.
- ¿Qué haces? ¿Qué pasó? -pregunté confundida.
- Cuando te desmayaste seguimos caminando hacia adelante... volvimos a ver la cabaña y pues entramos -se encogió de hombros, luego me observó a los ojos y con su dedo pulgar acarició la piel de mi mano, haciendo que sintiese un escalofrío allí- Siento que hayas visto eso... ¿Cómo estás?
Tragué con fuerza el nudo de mi garganta al recordar todo de golpe, no quería llorar, por lo menos no por ahora, aún era difícil asimilar la muerte de Lexa, necesitaba tiempo. Entonces, volviendo a la situación anterior, parpadee varias veces.
- Kou... -tomé su rostro con ambas manos, haciendo que me viese directo a mis ojos, acerqué mi rostro a él, con una mirada de curiosidad y sorpresa- ¿Eres tú? ¿O tienes un hermano gemelo? -dije tratando de esconder mi burla, es decir, hace solo un día estaba molestándome y burlándose de mí, y ahora de la nada se comportaba... ¿Preocupado? Tal vez.
- Jaja, que gracioso -dijo serio, quitando mis manos de su rostro, yo riendo en voz baja- Solo estaba preocupa- es decir -se interrumpió a si mismo- pensé que estabas mal por... ya sabes... -desvió la mirada.
- Lo estoy -dije fríamente, él me observó, viendo mis ojos carentes de vida- El problema es que debo mantener unido y estable a mi grupo de amigos, debo ser fuerte y no demostrarme vulnerable, ellos son de dejarse llevar por sus emociones, en especial Susel. Si demuestro lo que siento los pondré peor de lo que están, porque la verdad, si me pongo a llorar, mis gritos se escucharán en las demás cabañas -me levanté y caminé algunos pasos, pero sentí un agarre en mi mano, el cual me detuvo.
- Puedes demostrarme lo que sientes -voltee a verlo- No soy parte de tu grupo de amigos ¿No? No tienes que mantenerme unido a nadie, tampoco debes ser fuerte delante de mí porque no te juzgaré, después de todo ya me viste llorar... -me jaló hacia él con fuerza, y al ser tan repentino perdí el equilibrio y caí sobre él, con mis piernas a cada lado de sus caderas y nuestros rostros cerca- Puedes desahogarte, llora todo lo que quieras, secaré tus lágrimas, di todo lo que quieras, te escucharé -sentí su cálido aliento rozar con la piel de mis labios, él observaba hacia ellos sin ningún disimulo.
Me quedé sin palabras, observando sus ojos azules como el mar, un mar que quería tragarme... y yo ahogarme en él.
Agarré su suéter por el pecho, arrugando su tela entre mis dedos. Lo apreté con fuerza mientras las lágrimas comenzaban a descender de mis ojos, aunque mi expresión seguía siendo neutra, con la boca entreabierta y los ojos sin vida.
Segundos después, mi rostro estaba oculto en su pecho y mis gritos se escuchaban en toda la habitación, llenos de dolor, angustia, abrumación, tristeza. Dejé escapar parte de lo que tenía dentro, eso que me estaba quemando, eso que tan solo en unas horas logró poner mi cabeza boca abajo, mis pensamientos por los cielos y mi estado de ánimo por los suelos.
Pero ahora que me daba cuenta, ¿Qué demonios hacia yo en esa situación?
Mi conciencia no me lo permitió, siempre fui alguien con un orgullo intocable, aunque flexible en ocasiones.
Me aparté de él con las mejillas rojas al igual que mis ojos, los cuales además de tener un color rojizo estaban cristalizados. Cuando además de mi rostro iba a apartar mi cuerpo, él me detuvo, solo con un toque de sus manos en mis húmedas mejillas. Lo observé y me sonrió, acariciando allí donde tocaba.
- No seas tan orgullosa... -rió levemente-...¿Sabes? -con su mano libre pasó un mechón de mi cabello por detrás de mi oreja- Te ves linda cuando lloras -susurró contra mis labios, con una voz que me estremeció.
Dicho esto mi corazón se aceleró exprimiéndose dentro de mi pecho y me quedé helada cuando sus labios se posaron con suavidad sobre los míos, rozándolos con ternura, las lágrimas de mis ojos volviendo a brotar a montones, cayendo en gotas gruesas y saladas.
No pensé con claridad cuando le seguí aquel beso, cerrando mis ojos, quedando vulnerable... ¿Cómo iba a no hacerlo? Estaba muy confundida y necesitaba de cariño, atención, y si él me lo estaba dando, claramente caería en su tentación, estaba desesperada.
Sus dedos se enredaron en mis hebras rojizas, sus labios se movían con dulzura junto a los míos, sin poder detenernos, cada ves acercando más nuestros cuerpos, necesitando el uno del otro. Mi piel fría, debido a los nervios, rozando con la suya caliente, sintiendo una sensación agradable y haciéndome querer más. Dejando una de sus manos en mi cabello y dirigiendo la otra hacia abajo, rodeó mi cintura, haciendo que su abdomen y el mío se rozasen al atraerme hacia él, deseando tenerme cerca, sentirme.
Odiaba verme así, triste, destruida, sin alma, con ganas de morir, pero ¿Cómo iba a saber tal cosa?
Pronto las lágrimas de mis ojos dejaron de salir, solo concentrándome en el toque al cielo que estaba experimentando. Me sentía como estar flotando sobre el agua fría del mar y las olas llevándome junto a la corriente.
Mordió levemente la comisyea de mis labios, logrando sacarme un quejido, el cual hizo que abriese mi bicaz dándole acceso a su lengua para adentrarse en mi cavidad bucal, comenzando a jugar con la mía.
Me levantó poco a poco, yo enredando mis piernas en su cintura, dejándome llevar. Nos dirigimos a la cama, allí él se dejó caer, quedando yo debajo de su cuerpo. Sus manos bajaron a mi muslos desnudos, acariciando mi piel. Sus labios pasaron de besar mi boca a aventurarse en mi cuelloz dejando cortos besos allí, con dulzura y pasión, logrando sacarme algunos gemidos. Volvió a atacar mi boca, sin dejarme respirar.
Después de eso, solo mi cama fue testigo de lo ocurrido en aquella habitación, y aquel reloj que nos veía desde la mesita de noche...
Lo sabía... Ese extraño artefacto me veía desde algún lugar, aún podía escuchar ese "Tic Tac".
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