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Capítulo: 3✔️

8 de noviembre del 2024.
(UNA SEMANA DESPUÉS)

Narra Emma:

2:14 p.m.

Las constantes llegadas y llamadas de los vuelos en el aeropuerto evocan en mí recuerdos poco agradables, mientras espero con ansias la única llegada que realmente me importa: la de mi abuelo.

No he pisado un aeropuerto desde aquel día, y ni siquiera me he planteado visitar a mis padres o a la pequeña Mia, que ya no es tan pequeña. No me siento orgullosa de ello; me fui sin despedirme ni ofrecer una explicación lógica a nadie, justificando que era hora de comenzar en la universidad y que no vieran lo mal que estaba. Sin embargo, soy consciente de que mis padres tampoco merecían mucho más. A día de hoy, todavía no he encontrado el valor para contarles lo que realmente me sucedió y quién fue el responsable, temiendo que piensen que soy la culpable, como yo misma lo he creído todos estos años.

Culpable de haberlo dejado entrar en mi vida.

Culpable de haber perdido a mi bebé.

Culpable de haber alejado a su papá...

Mis ojos arden por las ganas incontrolables de llorar solo al rememorar todo eso en tan poco tiempo, y ni siquiera tengo un segundo para procesarlo porque Alejo vuelve con un paquete de Cheetos Clásicos y me los extiende desde detrás de la silla, hasta que llegan a mi vista.

Disimulo soplarme la nariz para camuflar las incipientes lágrimas y sonrío.

Por lo menos, ser alérgica a los cambios de tiempo esta vez ayuda en algo.

—El día menos pensado te arrancarás la nariz —dice un momento después, y cuando apenas logro asimilar su próximo movimiento, ya está sentado a mi lado en las incómodas sillas de metal. Su dedo recorre con delicadeza la comisura de mi labio inferior, limpiando el desastre que dejaron los primeros chetos. Por un instante se me corta el aire—. Cuando salgamos de aquí con tu abuelo, pasaremos por una farmacia y te compraré una pomada para la alergia, para calmar la rojez y el ardor de tu nariz.

¿Y mi corazón quién lo calma?

¿Qué he hecho para merecer que me trate así?

—Ujum... —me aclaro un poco la garganta reseca—. ¿Crees que tardará mucho más? —le pregunto para desviar su atención de mi rostro.

Él hace exactamente eso y se incorpora en su asiento, ahora con la vista fija en los coches que pasan y se detienen fuera del aeropuerto: —Intenté ver algo, pero todavía sin rastro. Su vuelo llegó hace un rato, según las pantallas; en unos minutos empezará a salir la gente y estará aquí con nosotros. —Mete la mano dentro del estuche y saca un puñado de chetos—. Tengo hasta dudas de si llevarte al concierto esta noche en ese estado...

—¿En qué estado? —inquiero de inmediato—. Estoy bien. Es solo una alergia temporal.

De manera instintiva, me limpio la nariz.

—Parece que ya estás un poco más animada con la idea —sonríe, como si solo lo hubiera mencionado para probarme, y yo me siento tonta cuando mis mejillas se tiñen de rosa—. Los chicos y yo hemos comprado algunas cosas más para meterte en el ambiente una vez lleguemos a donde será.

Cada vez que menciona algo relacionado con el concierto y la dichosa banda le brillan los ojos con emoción, y es imposible que algo de eso no se me haya pegado en la última semana. De alguna manera, por tonto que pueda sonar, mi corazón me dice que ese concierto marcará un antes y un después. ¿Quién sabe? Quizás yo también termine volviéndome fan.

—¿Qué cosas? —la curiosidad no dejándome indiferente ante su último comentario.

—Pufff... Camisetas, pancartas... —Mira divertido mi torso cubierto de un abrigo de lana rosa grueso y luego señala su propia camiseta blanca, debajo de su chaqueta—. Creo que lo primero se verá muy gracioso en ti.

—Me voy a sentir un poco fuera de lugar hasta que me adapte, aviso —rio, bajando la cabeza e imaginándome la situación.

El asiento chirría suavemente a mi lado y, al alzar la vista, me encuentro con un Alejo cuya mirada ha cambiado drásticamente de un momento a otro; ahora está llena de anhelo, como si hubiera leído mis pensamientos o descifrado mis facciones.

Él toma mi mano, la que no tiene rastro de chetos, y la aprieta con delicadeza.

¿Cómo logra que esté tan calentita a pesar del frío?

—Pero, por favor, prométeme que irás a tu propio ritmo, ¿sí? —Unos pocos segundos se instalan entre nosotros, en los que puedo sentir cómo mi respiración cambia a más lenta antes de que pueda proseguir; mi estómago se encoge, y él relame su labio inferior—. No permitas que nadie, ni siquiera mis amigos, te presione a hacer algo que no sientas. Un concierto es una experiencia muy especial e intensa; cuando es tu primera vez, no deberías dejarte llevar solo por lo que otros piensan que significa "disfrutar".

—Tampoco me dejo tan fácilmente de nadie —intento bromearle para aliviar un poco la tensión.

—Y créeme que lo sé —me sigue la corriente—, pero aun así tenía que decírtelo. —Sus ojos se desplazan de mí a la puerta de la que debe salir mi abuelo y luego hacia mí de nuevo—. Así como también te digo que, si decides dejar de ir por estar con tu abuelo, no hay problema. La familia es lo más importante y lo...

Quiere seguir hablando, pero coloco mis dedos, pintados con el colorante, sobre sus labios e intento detenerlo antes de que ponga más "peros" que no me van a hacer cambiar de opinión. Él se calla de inmediato.

—Quiero ir contigo. —Susurro, apartándolos con suavidad bajo sus iris—. Y también con tus amigos...

Necesito salir de mi zona de confort; ver algo diferente...

—¿Me lo juras?

Cuando habla, desvío la mirada hasta sus labios y la risa se me escapa sola. Le he dejado todo el colorante de los chetos en el bigote.

—Sí.

[...]

—¿Te sientes mejor? —le pregunto a mi abuelo en cuanto llegamos a las afueras de la casa de la Señora Victoria. Ha tenido los ojos cerrados casi todo el trayecto, agotado, y en cuanto al viaje en avión, no ha sido fácil para él, pues no está acostumbrado a viajar solo.

Creo que ni siquiera se dio cuenta cuando Alejandro se bajó cerca de su casa y acordamos que él se prepararía para venir al departamento por mí en la noche.

—No te preocupes, mi niña. —Por fin abre los ojos y lo ayudo a bajarse del asiento del taxi, posicionando su brazo a través de mi nuca para que pueda caminar con mayor precisión. El taxista nos ayuda con las dos maletas y toca a la puerta antes de irse—. Definitivamente, cuando vea mis ojos grises, se me pasará.

Lo dice con tanta certeza que solo me queda sonreír por lo mono del apodo y ponerme nerviosa, porque me doy cuenta de que yo también la voy a ver...

«Aunque puede que esta vez no insinúe nada...», me intento convencer de que así será.

«Sí, claro, es su nieto a quien ama con toda su alma; seguro que no lo mencionará en absoluto».

Doy un largo suspiro y, con la mano libre, me acomodo un poco el cabello para alejar esa vocecita interior; aunque, en realidad, sé que es inútil. Ahora, menos que nunca, va a callarse.

«Él puede estar ahí... ¿Ya has pensado en eso? ¿En cómo reaccionarás si lo vuelves a ver?».

Mi cuerpo se tensa por completo en respuesta, desde el dedo gordo del pie hasta el último cabello de mi cabeza, ante la mera posibilidad. La ansiedad se apodera de mí; ni siquiera puedo pensar con claridad. En un instante que parece eterno, la puerta se abre y una Señora Victoria, con los ojos brillantes y rebosantes de emoción, se lanza hacia los brazos de mi abuelo.

El aire que inconscientemente había estado conteniendo se libera de golpe.

—¡Dios mío, cuánto te eché de menos! —exclama, abrazándolo contra su pecho, mientras él le masajea la espalda y ambos se sumergen el uno en el otro, disfrutando, al fin, de haberse reencontrado—. ¿Estás bien? Te noto algo frío y pálido. —Busca su rostro para cerciorarse.

—Tranquila. Es solo que no estoy acostumbrado a viajar sin ti —toca la punta de su pequeña nariz y ambos cierran los ojos—. Estaré bien.

Ella hace un puchero de decepción: —¿Sabes que podríamos haber vuelto juntos? Jonathan no quiso quedarse conmigo estos días; es un terco, pero de que lo enderezo de nuevo, lo enderezo. Ya verás.

Hay una leve aclaración de garganta por parte de mi abuelo, justo antes de que mi corazón intente escapar de mi pecho al oír su nombre. Acto seguido, la abuela me mira con una sonrisa, como si recién me hubiera notado, y comienza a acercarse.

—Oh, Emma, no te había visto. —Sus brazos me rodean en un abrazo y solo rezo interiormente para que esté tan emocionada por ver a mi abuelo que no note mi reacción—. ¿Cómo estás, cariño? ¡Tan preciosa como siempre!

«Estaban a exactamente dos metros de distancia. ¿De verdad crees que no te ha visto?».

Cállate.

—¿Cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que nos vimos? —pregunta con el mismo encanto que recordaba en ella, mientras acaricia mi brazo derecho.

—Mucho —logro responder, casi sin tropezar con las palabras.

—Definitivamente, eso tiene que cambiar. —Un pequeño guiño sale de sus ojos antes de que dirija una mirada hacia su esposo—. Vamos adentro; necesitamos acomodarnos, y hay algo especial que queremos darte.

Tienen un pequeño guiño de complicidad entre ellos también, poco antes de cruzar el umbral de la casa.

¿Pero qué digo "casa"? ¡Mansión!

Es aún más grande que la de España.

Tanto así que, en un momento, soy consciente de cómo me quieren guiar por un pasillo hacia una habitación, y al siguiente, me percato de que me he detenido, distraída, frente a una gran puerta plegable y traslúcida que da a un jardín. Allí, hay una hermosa hamaca de madera clara decorada con plantas en macetas a su alrededor. Dentro, los sofás son de un tono gris claro; las paredes tienen un cálido color crema y un estante emite luces amarillas desde atrás, dándole sombras a unas figuritas de elefantes de madera que tanto le gustan a la Señora Victoria, junto a fotos. Muchas fotos.

Fotos de ellos recién casados.

Ellos en su luna de miel.

Paisajes.

A medida que las veo desfilar ante mis ojos, me siento tan bien y relajada que es imposible no ser una entrometida y preguntarme quién no querría disfrutar de unos días aquí con su abuela.

Y, como joya de la corona, sin esperármelo en absoluto, en el centro, hay una foto de Jonathan y yo camino al altar, detrás de ellos...

«Alguien que está huyendo tanto de ti como tú de él».

Mi respiración se vuelve a hacer lenta y se atasca dentro de mí, pero en lugar de alejarme, como haría cualquier persona que no quiere seguir torturándose y cuidar su paz mental, me acerco un poco más. Incluso la toco.

Realmente, no es una foto profesional como las demás; está capturada desde un ángulo diferente, con la calidad de un móvil, y estoy convencida de que él, al igual que yo, tampoco se dio cuenta de cuándo fue tomada.

Recuerdo que la boda se celebró justo en medio de nuestra primera pelea, y tuvimos que dejar a un lado nuestros problemas para acompañarlos en su día especial. Me sentía nerviosa; era la primera vez que veía a Jonathan con traje formal y no podía evitar experimentar ese cosquilleo en el estómago, aunque hacía lo posible por disimularlo. Estábamos sentados en extremos opuestos; se sentía en el aire la tensión. Entonces, de repente, se acercaron y nos dijeron: —Tómense del brazo y caminen juntos detrás de nosotros.

¿Estábamos peleados? Sí. ¿Podíamos hacer algo para evitar lo que nos pedían? No. Ya no había tiempo. Fueron demasiado listos.

—Es hermosa, ¿no crees? —me pregunta la Señora Victoria, su voz suave surgiendo detrás de mí como un susurro que me saca de mis pensamientos y me sobresalta.

Sin pensarlo, y casi de manera absurda, evidenciándome aún más porque ella ya lo ha visto, bajo la foto con un gesto nervioso, como si eso pudiera ocultar lo que realmente siento. Las lágrimas comienzan a asomarse y, aprovechando mi alergia una vez más, disimulo.

—Era la única forma de conseguir una foto vuestra de aquel día... —agrega.

—N-no estaba viendo eso... —intento mentir, pero mis palabras se entrelazan torpemente en mi boca y ni yo misma me creo. Mis mejillas se calientan y un hormigueo me recorre el rostro.

—¿No? —Ella me observa, levantando una ceja con un aire escéptico, mientras sus labios se aprietan en un esfuerzo por contener una sonrisa.

—Voy a ver a mi abuelo, quizás necesite algo...

—Claro. —Responde, girándose para guiarme por las escaleras. Dice algo más, pero no logro escucharla porque me adelanto en el camino—: Por ahora, miéntanme que me gusta.

Una vez en la habitación, me entregan una especie de caja y solo me piden que la abra cuando esté tranquila en casa.

8:10 p.m.

Es una caja blanca grande con un listón rosa en el centro y algunas letras doradas en cursiva en la parte inferior. Huele increíble. Casi no pesa nada, y al intentar sacudirla, me di cuenta de que no hace ningún sonido en su interior.

«Abrirla» es lo único en lo que puedo pensar desde que la traje. Sin embargo, cada vez que mi mente se dirige a la abuela Vic y lo que ocurrió hoy en su casa, me detengo en seco.

Era algo que sabía que tendría que enfrentar en alguna ocasión.

¿Pero por qué, Dios?

¿Por qué estoy conectando el regalo con lo que sucedió?

¿Por qué pienso que de alguna manera tienen que ver?

Frustrada, suelto un largo suspiro y decido dejar el regalo atrás para ir a sentarme en la sala con Nat y Rocky, hasta que llegue Alejo.

Para mi buena suerte, llega antes de que Nataly me lance miradas fulminantes por no querer contarle a dónde voy y qué haré con él. La verdad es que prefiero no decírselo hasta que sea un hecho consumado, algo tan sorprendente que ni ella pueda creérselo: "Emma fue a un concierto y la pasó increíble".

—¡Es la hora! ¡Poneos esto! —grita Alejo justo cuando llegamos y estamos a punto de hacer fila. Saca de su mochila un montón de camisetas que representan a la banda, cada una en un color que identifica a cada integrante, según entendí. A mí me toca una blanca con la palabra "Nolan" en letras negras y un dibujo de una batería. Alejo se pone la camiseta del tal "Jay", que es de un azul oscuro casi negro, adornada con una guitarra azul metalizada. Su amigo Daniel lleva una naranja con un bajo y el nombre "Brett" en el centro, mientras que Hugo luce una amarilla vibrante con un micrófono negro y destellos que dice "Wren".

—¿Emma, trajiste tu carnet? —me pregunta, su voz sobresaliendo entre la bulla de la gente. Me saca de mi ensimismamiento momentáneo al mismo tiempo que mis ojos se quedan fijos en las luces que emanan de la entrada, que parece acercarse cada vez más. Ya no queda nada—. Tengo las entradas, pero te lo pueden pedir para entrar.

Solo asiento, algo aturdida, y luego abro mi cartera para confirmarlo. Dentro tengo las llaves, el móvil, la pomada que me compró y me dio cuando pasó a recogerme, y mis dos carnets que siempre llevo conmigo: el de la universidad y el normal.

—La pasarás genial, ya lo verás. Querrás venir a todos los conciertos que hagan próximamente —intenta animarme sin ser abrumador, invitándome a ir a mi ritmo, tal como le prometí que haría mientras le toca mostrar la identificación y entrar.

Hacen lo mismo sus amigos, y cuando llega mi turno, ya he sacado mi móvil, pomada y carnets para facilitarles la revisión.

—Ponga todo aquí arriba. —Me ordena el guardia de seguridad, extendiendo una tabla. Yo obedezco, un poco asustada porque hasta ahora a nadie le habían pedido tal cosa.

«Tampoco nadie ha sacado sus cosas antes de tiempo. ¿Acaso no ves películas? Eso puede parecer sospechoso».

—Voltee el bolso boca abajo.

—Solo estaba ahorrándoles trabajo...

—Por favor.

—¡EMMA! —me llama Alejandro desde la multitud.

Volteo el bolso, el señor asiente y luego inclina la tabla, devolviendo todo a su lugar.

—¿Qué pasó? —pregunta, tomando mis manos, que están heladas y sudorosas por el nerviosismo. Mi respiración se acelera, cada inhalación siendo un intento de calmarme.

—Parece que hubo un problema con... —ni siquiera logro concluir la frase cuando Hugo levanta un cartel y mis ojos se clavan en él, atrapados en la completa estupefacción.

No.

No.

Tengo que estar viendo fatal, o me tiene que estar dando algo; esto no puede ser real.

La vida no puede ser tan cruel conmigo.

La cara impresa en esa pancarta..., y en cada una de las que me rodean, no puede ser la de Jonathan.

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Nota de la autora📖:

¡Holaaaa! ¿Cómo están? Perdón la tardanza... X3 🙂 (soy un caso 🤣)

¿Qué les ha parecido este capítulo? 👀

Yo ya extrañaba al abuelo. 😭 No sé en qué pensaba cuando lo 💀 en el primer libro 🙂, pero recapacité que eso es lo importante. 😏 Solo esperen a leer los nuevos cambios en la edición del primer libro. Por ahí ya tienen un spoiler. 🫣💒

No olviden apoyar dejando su ⭐️ (voto) o algún comentario con su opinión. 🥹

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Capítulo dedicado a: @MerynalvaArmandGibso, @YamaraTorrescampos, @junglolita0915, @A23bp05 y @AnisleidisAmry. ¡Gracias por apoyarme, leerme y esperar cada actualización! 🩷

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