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Capítulo 27


Prince Sten
12 de septiembre de 2020


Sus pies temblaban mientras aguantaba con fuerzas las escaleras. Rogaba porque la ayudara mientras lloriqueaba al subir cada escalón.

Se detuvo.

Me miró.

–Ayúdame por favor—. pidió en un sollozo mientras estiraba levemente su mano y abrazaba con la otra la escalera con temor a caerse.

Agaché en mi lugar y estiré la mano para sujetar la suya. Juntó sus pies firmemente en el escalón en que estaba para subir uno por uno, y así, sucesivamente, llegó hasta el techo con mi ayuda.

–Nunca había subido aquí—. confesé mientras ella caminaba recto por lo que la seguí—. No te acerques a los bordes—. Soné preocupado, pues claramente lo estaba.

–Sí Señor Sten. — balbuceó tanjante.

La vista desde esta altura era hermosa. El jardín se veía espectacular, se apreciaba mucho mejor todo a nuestro alrededor.

Me senté sobre una pequeña loma que traía el techo y llamé a Weeler para que se acercase a mi por lo que tomó mi misma posición. Sus brazos estaban estirados hacia detrás, dejando caer su cuerpo mientras sus pies se hallaban rectos. Cerró sus ojos por la brisa y dejó caer su cabeza en uno de sus hombros.


–Weeler—  susurré—. ¿Sabes que te amo? — y la miré pero aún se encontraba en su posición anterior por lo que fruncí el seño.

Debí de haber hablado un poco más alto, aunque me daba miedo su reacción al escuchar tal confesión.

Había bastante viento en el tejado y ella no dijo una palabra, aunque no estaba seguro si me había escuchado, al fin y al cabo no se inmutó en responder. Y es que no había nada más que hacer, en el local no quedaba un alma, había preferido cerrar más temprano ese sitio por éste día. Sentía que lo necesitaba.


Necesitaba un tiempo para mi.

Para ella.

Para nosotros.

–Weeler—. dije esta vez un poco más alto, en un tono de grito—. Me gustas, siempre me has gustado—. arrodillé un poco.

Mis rodillas dolían a causa de las rasgaduras de mi pantalón y tomé sus manos con temr a su respuesta.

—¿Ya has tomado tu decisión?

Se lo pensó.

Sus ojos mieles me miraban con tristeza. Estaba apenada, al igual que  yo, pero ya no importaba. Si ella se llegaba a ir quería que supiera lo que sentía, ya sea un poco tarde, pero lo sabría, y así, quizás, la detendría.

O eso quería lograr.

Un rayo iluminó las nubes. De seguro habría una tormenta dentro de poco, aunque era raro ya que la noche estaba estrellada y Weeler seguía sin decirme una palabra. Tan solo acariciaba con su tacto mi cabello, mientras mi cabeza caía en sus muslos.


Al final del día es cuando te das cuenta de los pequeños detalles que han ocurrido por tantas horas. Es que quieres lo que quieres, y dices lo que dices. Sigues tu corazón, aunque se rompa, y algunas veces solo se distingue porque amas a quien amas, y no hay otra manera de que los millones de errores que hallas cometido se puedan arreglar.

Simplemente es algo que solo te sirve para poder aprender, y crecer.

Pero algo si tenía claro, y es que, ella era a quien quería al final de cada uno de mis días.

Para quererla un poco más cada día que pasaba, decirle lo tanto que la quería a cada momento. Dejar llevar mi corazón por el suyo sin miedo a que me lo destrozaran, y amarla como solo ella me había enseñado a hacerlo. Todo sin cometer un error, ya que Weeler, no se lo merecía.

–Prince—. sus labios pronunciaron mi nombre. Eché la cabeza un poco hacia detrás, dejándola caer en el hueco que formaban sus pies al estar sentada en la posición del loto. La miré esperando a que continuara sus palabras—. ¿Por qué me dices todo esto ahora? — su voz salió algo rota.

–Es demasiado tarde, ¿verdad? — asintió con la cabeza sin dejar de acariciar mi cabello.

–Lo siento.

La noche caía cada vez más, la luna se encontraba escondida entre las nubes, todas las estrellas de antes ya no estaban en ese preciso momento.

–El amor es tan aterrador—. levanté mi cabeza mientras me paraba y llevaba mis manos detrás de mi espalda.



Me encontraba dando vueltas en mi mismo lugar, buscando si siquiera nada en el horizonte. Weeler puso uno mano en mi hombro, se detuvo a mi lado e hizo que detuviera mis vueltas sin sentido de hacía ya veinte minutos.

–Lo es. — Afirmó.

Sus ojos mieles estaban rojos y parecía mentira que hubiesen pasado alrededor de veinte minutos desde que me había ido de su lado, ni siquiera había volteado a verla y eso hizo un hueco doloroso en mi corazón al verla de esa manera.

Ella estaba llorando y solo me quedaba abrazarla.


Mi corazón latía con frenesí por el momento que estábamos viviendo o quizás por los que ya habíamos vivido.

Sentí una gota caer sobre mi cabello, luego varias sobre todo mi cuerpo y unos segundos después ya nos encontrabamos entripados, pero no rompimos nuestro contacto. Aún permanecimos abrazados.

No quería soltarla. Ella tampoco lo hacía por lo cuál solo dejamos caer nuestras rodillas al suelo.

Pasé su cabello mojado por detrás de sus hombros. Sus lágrimas se habían escondido por el agua que corría por su rostro, pero sus ojos estaban más colorados que antes.

–Nunca había amado a alguien como lo hago contigo, Weeler—. succioné mi nariz hacia dentro. Unas cuantas gotas de agua entraron y tosí varias veces.

Peiné mi pelo hacia atrás y tomé sus mejillas como nunca antes lo había hecho.

—Por favor, no te vallas— suplique en un balbuceo.

Acerqué mi cabeza a la suya, mi nariz roso con su nariz, mis labios hacían contacto con sus labios y nuestras lenguas estaba quietas. Tan solo disfrutábamos eso, que quizás, nunca más volveríamos a tener.

El uno al otro.

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