Arrepentimiento / Extra
⚠️ Advertencia, los actos mencionados al final del capítulo son solo ficción, no apruebo ni romántizo ningún tipo de violencia en contra de la mujer. Los actos descritos aquí son meramente ficticios que no buscan ser replicados en la vida real ⚠️
Años antes.
Una vibración en la bolsa de su suéter provocó el despertar de Ikki casi de inmediato debido al imprevisto y sobre salto que le había causado notar que su celular no paraba de sonar. Con dificultad se levantó de la cama en donde se encontraba dormido estando en la casa de uno de sus amigos, sacó su celular revisando el mensaje que le había llegado leyendo con sorpresa las pocas palabras del mismo.
“Ya nació”
Suspiró suspendiendo su celular mientras peinaba hacía atrás su cabello, aunque hubiera preferido ignorar el mensaje de su padre sabía que tarde o temprano habría tenido que ir al hospital. Tomó su mochila luego de arreglar la cama de su amigo y algunas cosas que había tomado prestadas, revisó el dinero en su billetera y salió de aquella casa para tomar el transporte público hasta el hospital.
Una vez que llegó y preguntó por el área de los recién nacidos una enfermera lo guío por el pasillo para llevarlo a la habitación donde se mantenían todos los niños nacidos aquel día; vió a algunos padres mirar con orgullo y amor a través del cristal a sus hijos en las incubadoras. Él camino solo unos cuantos centímetros hacía aquel vidrio para intentar localizar a su hermano contemplando el como su papá permanecía sentado en las sillas de espera de ese pasillo en lugar de estar ahí.
—¿Lograste verlo?—
Cuestionó el padre luego de acercarse a su hijo mayor al presentir que aunque Ikki había pasado unos cuantos minutos ahí aún no lograba encontrar a su hermano.
—No, ¿Quién es?—
Respondió viendo después a su padre señalar una de las tantas incubadoras; Esa fue la primera vez que lo vió, soltó un suspiro molesto al ver qué su padre había llamado a una enfermera para que le entregará a su hijo ahora que ya había llegado él y tal como el señor había pedido, la enfermera entró tomando con sumo cuidado al niño para entregarlo al padre una vez que estuvo fuera de la habitación.
Él se acercó a su padre unos cuantos centímetros para ver un poco más de cerca a quien era su nuevo hermano, lo miró un momento sin poder decir nada más hasta que volvió en sí alarmado por lo que había dicho su papá.
—Cargalo un momento—
—Imposible, no se hacerlo —respondió dando un paso hacía atrás— Mejor llévalo con mi mamá...
—Ella no ha cambiado de opinión, no quiere verlo. —contestó ignorando las palabras de su hijo mayor entregándole al bebé de todos modos— Parece que era en serio cuando decía que no quería tenerlo...
Ikki se quejó teniendo que cargar a la fuerza a su pequeño hermano, lo mantuvo en sus brazos un momento sin poder quitarle la mirada de encima por un rato considerable.
—Les dije a ambos que era mala idea tenerlo pero no quisieron abortar— reclamó volteando a ver a su padre
—Abortar nunca estuvo en nuestros planes... Al menos en los míos no —contestó enojado— Si no hubieras dicho nada tu madre nunca hubiera pensando en el aborto
—Da igual lo que dije ¿No?, Ya aquí está su hijo —refutó volviendo a entregar al bebé a su padre frente a él asumiendo que por obvias razones sus padres serían quienes se encargaran del niño— Hoy me voy a quedar en la casa de mi amigo para que ni tú ni mi mamá me esperen, ya conocí al bebé así no que tengo la responsabilidad de estar aquí más tiempo...
Dándose media vuelta impidiendo a su padre poder responderle se acomodó su mochila y avanzó hasta la salida teniendo en mente su nueva posible vida que aunque intentará imaginarla un poco mejor le seguía costando un poco. Desde hacía meses sus padres solo se la pasaban discutiendo día y noche a todas horas y por la cosa más mínima llegando al punto que el encontraba más paz en lo caótico que resultaba ser su salón de clases que en su propia casa pero ahora que había nacido aquel niño que sus padres concibieron por error, no se imaginaba como las cosas podían ponerse.
Cumpliendo sus palabras decidió no aparecerse en todo lo que restaba de la tarde en su casa sin embargo alargó aún más su estadía en la casa del quien era su mejor amigo que era seis años mayor que él solo con tal de no regresar al posible campo de guerra que podía ser su hogar pero más temprano que tarde y por cuestiones monetarias tuvo que regresar, con su mochila colgada sobre su hombro, con algunos moretones causados por las peleas callejeras en las que participaba y con un poco de dinero oculto entre las bolsas de su chamarra. Abrió la puerta y a simple vista toda la casa de encontraba en orden pero tal como lo imaginaba los gritos y el ruido de algunos objetos golpeando en suelo en conjunto de un ligero llanto lo recibieron.
Solo se quitó los zapatos en la entrada ignorando como sus padres discutían y se aventaban cosas en la salaz desconocía el origen del pleito pero creía que se debía a lo mismo... Una posible nueva infidelidad por parte de su madre y la adicción de su padre por el alcohol. Suspiró molesto notando cómo su presencia pasaba desapercibida mientras subía las escaleras intentando llegar lo antes posible a su cuarto para sacar de ahí lo último que tenía de dinero y así regresar a la casa de su amigo donde a pesar de que ese amigo era alguien de cuidado la vibra en su casa se sentía menos tensa que estar con sus padres pero conforme llegaba al segundo piso aquel llanto parecía ser un poco más fuerte.
Cautivado por la curiosidad sabiendo que se trataba de su hermano caminó a dónde era su nueva habitación, abrió la puerta viendo todo tal como lo había dejado (al ser él quién había ordenado todo al estar su padre indispuesto “por trabajo” y su madre molesta por el embarazo) caminó notando las cosas aún selladas, la ventana abierta que había dejado así para que la pintura rosa (que él creía conveniente para recibir a su hermana desconociendo en aquel entonces el verdadero sexo del bebé) secara y algunas prendas de ropa sobre una mecedora que aún contenían la estampilla con el precio y otras de plano seguían en sus bolsas.
Con cierta preocupación se acercó a la cuna, giró los ojos reclamando en su mente la irresponsabilidad de sus padres; se maldijo entre dientes por haber tenido que volver ya que si se hubiera quedado por allá no se hubiera enterado del estado de su hermano, con cuidado lo sacó de la cuna y con sus nulos conocimientos en niños al él tener aún apenas 11 años pero con ayuda de tutoriales que pudo encontrar en internet se encargó de atender las necesidades de su hermano en ese momento para mínimo dejarlo bien antes de volver a irse.
Cuando después de bañarlo y vestirlo logró hacer que su llanto se calmara intentó alimentarlo pero pedirle a su madre ayuda no era conveniente; caminó a una de las repisas del cuarto para tomar lo necesario y preparar algo de leche en polvo como mínimo aunque según internet no era lo más recomendable pero en esa situación podía aplicar como emergencia.
Luego de eternos minutos llegando a pasar casi incluso media hora logró dormirlo gracias a la gran ayuda de la leche en polvo diluida en agua caliente. Sentado en la mecedora, meciéndose lentamente de atrás hacia adelante, cargando con cuidado a su hermano y con su vista atónita en el techo del cuarto finalmente encontró algo de tranquilidad al no escuchar más los sollozos del bebé pero temiendo por levantarse y despertarlo al tener que repetir todo el proceso nuevamente, sin embargo debido a sus propias decisiones no podía continuar así, con miedo se levantó dejando al pequeño dentro de la cuna otra vez, evitó cubrirlo con alguna manta y quitó almohadas y peluches ante el temor de que debido a la falta de atención el niño terminara ahogándose.
Con algo de culpa y con su preocupación hasta las nubes tuvo que salir del cuarto para retomar su camino por el dinero y así retirarse antes de que las cosas ahí empeorarán sintiendo un leve remordimiento de tener que dejar ahí a su hermano pero creía que si lo llevaba con él las cosas podrían verse aún peor ya que, ¿Qué haría él con un bebé?
(...)
Por cuestiones personales tuvo que volver a su hogar luego de haber permanecido fuera al rededor de cinco meses enteros, cinco meses donde había estado viviendo en diferentes lugares siendo uno de ellos incluso detrás de una tienda con un par de conocidos; rara vez había asistido a la escuela en ese tiempo siendo que cuando asistía solo era para intimidar a sus compañeros de grados inferiores para quitarles su dinero y con ello poder él mismo sobrevivir comprado comida rápida, pagando a veces a hoteles para que lo dejarán ducharse y a veces comprandose algún chocolate que se le antojaba.
Cuando llegó a su casa teniendo una imagen visual en su mente de la última vez que estuvo ahí casi se arrepiente de haber llegado, botellas de alcohol inundaban la mesa de la cocina y la sala, los sillones tenían marcas de sangre al igual que la alfombra y toda casa en si estaba en penumbra. Caminó dentro olvidando dejar sus zapatos en la entrada siendo su atención llamada de inmediato al ver en el refrigerador una nota pegada con un imán, avanzó hacía allá motivado por el interés de saber ahora el pretexto de su padre para salir a tomar pero solo alzó una ceja molesto al leer el verdadero mensaje.
“Me tienes harta, no puedo tolerar verte más, me iré unos días con el hombre del que te conté. No quiero que me llames ni me busques.”
Ikki agarró la carta y la dejó en la basura saliendo luego de la cocina para ir a su habitación a dejar sus cosas y luego yendo al baño para ducharse. Al salir de la ducha estando un poco en tranquilidad no sólo consigo mismo sinó también con el ambiente al no oír nada que lo perturbara le intrigó no haber escuchado ningún sollozo o algo que le indicará que vivía ahí un bebé, por un momento pensó que su padre quizá lo había llevado con él al bar pero eso era improbable ya que no lo dejarían entrar con un bebé... Luego pensó en su madre pero era imposible que ella lo hubiera llevado consigo, camino al cuarto del niño agradeciendo que por lo menos las cosas que había dentro ya eran nuevas y parecían usadas, se acercó a la cuna pero su intriga apareció al ver al pequeño acostado en el colchón pero con su vista fija en el techo, estaba despierto pero no lloraba, solo estaba tranquilo aunque por momentos podía ver qué parecía tener hambre.
Quiso creer que era algo normal y que simplemente solo era por hambre, antes de cargarlo preparo la leche con la que lo alimentaría pero se puso a pensar que el niño no podía simplemente seguir alimentándose a base de simplemente leche, tenía cinco meses por lo menos un poco de comida debía de probar. Buscó en los estantes algún alimento que pudiera darle pero no encontró más que envases vacíos (cosa que de cierto modo calmó su preocupación), no queriendo dejar a su hermano solo, lo cubrió primero con una manta y lo cargó para llevarlo con él fuera de su casa hacía la tienda para buscar algo de alimento para el.
Todo iba bien según su percepción hasta que se acercó a pagar y la cajera siendo una mujer mayor quiso ver al niño pero tan rápido como lo vió la pequeña sonrisa que había puesto desapareció.
“Parece enfermo”
Ikki se molestó debido a las palabras de aquella mujer, su pequeño enojo no sólo se notó en su rostro sino también en su voz al responderle luego de pagar.
“No recuerdo haberle preguntado”
Respondió enojado tomando las cosas que había comprado con el dinero que había robado de sus compañeros de clase y se retiró del establecimiento oyendo a lo lejos a aquella mujer también reclamarle por la falta de educación; Regresó a su casa avanzando nuevamente al cuarto del bebé para alimentarlo con lo que parecía ser puré de manzana, al principio el niño no mostró tanto interés en el alimento hasta después de unos minutos donde Ikki tuvo que probar un poco para animar al pequeño a hacerlo.
Ikki se quedó en aquel cuarto, con el niño durmiendo sobre su pecho mientras ambos estaban en la mecedora, el mayor solo contaba el tiempo esperando oír el sonido de la puerta abrirse sin embargo dicho sonido sólo lo logró escuchar hasta después de algunas horas; Dejó a su hermano dormido en la cuna y bajó molesto por las escaleras para recibir a su padre quien venía lo suficientemente alcoholizado como para olvidar quién era el mismo.
—¿¡Por qué demonios sigues llendo a esos sitios!? —dijo Ikki enojado a más no poder al ver nuevamente a su padre en ese estado— ¿¡Qué no puedes permanecer ni un maldito día sobrio!?
—¡¿Y tú quien eres para hablarme así!? —dijo aquel hombre caminando entre tambaleos hasta su hijo al pie de las escaleras— ¡Tu no eres nadie para criticar mi vida!
—Esto es ridículo... Tu hijo se quedó solo mientras te fuiste a beber, si no hubiera llegado Shun seguiría sin comer allá arriba estando completamente solo, ¿¡Qué no tienes vergüenza!?— reclamó retando a su padre solo con la mirada pero no pudo verlo seriamente al sentir en su pecho un ligero dolor por ver a su papá quien años atrás jamás se hubiera comportado así, estando ahora en un estado más que deplorable.
—El niño... —susurro vagando su vista por todas partes— Tengo que...
Intentó avanzar arriba de las escaleras pero Ikki interfirió en su camino de inmediato notando después el enojo de su progenitor por querer ir a ver al bebé.
—Apestas a alcohol, no puedes acercarte a él así...— dijo intentándolo hacer entrar en razón cosa que en el fondo sabía que no funcionaría
Ikki impidió por lo que restaba de ese día que su padre tuviera contacto con su hermano al pensar que el olor a alcohol afectaría al niño pero desconocía que había pasado fuera de su hogar 5 meses enteros. Él sabía que su padre no tenía la capacidad para cuidar de un bebé por lo que por un tiempo y sacrificando su cordura tuvo que permanecer en esa casa, aguantando ahora los vicios de su padre con el alcohol y posteriormente la droga, los insultos de su madre y los tantos hombres que eran introducidos en esa casa y lo peor quizá, ver cómo ambos tanto su papá y mamá ya no simplemente se agredían verbalmente sinó también ahora físicamente. Permaneció ahí un largo tiempo todo con tal de no exponer a su hermano a tales eventos que él tenía el desfortunio de observar llegando al grado incluso de impedir que Shun saliera de ser posible de su habitación pero claro que todo se complicaría cuando el pequeño tuviera que ingresar al jardín de niños a la edad de tres años siendo que desde hacía un año atrás, él ya no había tolerado vivir en aquel lugar y aunque había hecho el esfuerzo solo por su hermano terminó rindiéndose y optando por volverse a ir.
En su departamento rentado por unos amigos mayores que él pero que le habían brindado un hogar donde quedarse con ahora 13 años, un día por la mañana recibió una llamada a su celular de un número descanses desconocido, recibió la llamada alarmandose como jamás había sentido sin entender muy bien sus propios sentimientos en ese mismo momento. Tomó su chamarra y su mochila y pidió a uno de sus amigos que lo llevará al jardín de niños donde estudiaba su hermano, aquel amigo por medio de su auto lo llevó a dónde le había pedido, Ikki bajó y entró con facilidad ya que hasta la intendente parecía esperarlo.
Con intriga y a paso rápido se aproximó a dónde le habían indicado estaba la enfermería, al llegar simplemente abrió la puerta viendo a su hermano de tres años comiendo una gelatina sentado en una de las camillas.
—Debe ser el hermanito de Shun, ¿No es así?— cuestionó la directora dirigiéndose a Ikki al verlo acercarse
—¿Por qué la llamada?— cuestionó mientras avanzaba hasta donde estaba su hermano, había pasado un año de no verlo, contemplarlo ahora un poco más grande le había llevado una sorpresa.
—Intentamos contactar con sus padres pero ninguno respondió... Nos pasaron tu número y fue un milagro que contestarás —explicó la enfermera— Tu hermano tuvo un desmayo a mitad de clase pero ahora está más estable.
Ikki miró con preocupación al niño sobre la camilla, se acercó más a él con tal de inspeccionar si no se había hecho daño o lastimado al ocurrir el desmayo; su preocupación se calmó al ver qué todo estaba en orden, al ver la mochila del menor cerca la recogió para luego volver a dirigirse a su hermano.
—Gracias por decirme, ahora ya nos vamos—
Habló ayudando a su hermano a bajar pero la enfermera y la directora no parecieron tan contentas con su decisión mostrándose de inmediato descontentas.
—Disculpa pero no puedes llevarte a Kishimoto, tiene que venir un adulto de tu familia por él —dijo la directora priorizando el bienestar de su estudiante— Fue un milagro que contestarás la llamada sin embargo esperábamos que le pasarás el teléfono a un adulto responsable.
—¿Adulto responsable? —dijo entre risas notandose su sarcasmo— si no me entrega a mi hermano nadie vendrá a buscarlo.... Yo me puedo hacer cargo de él...
Dijo con cierta pesadez debido a la severidad de dichas palabras, no pudo mostrar arrepentimiento al saber que así menos dejarían que se llevará a Shun por lo que con una expresión seria intentando lucir lo más creíble posible mientras ayudaba a su hermano a bajar de la cama y a su vez a ponerle la mochila.
Aunque ambas mujeres no quisieron cederle de momento a Shun no tuvieron más remedio que confiar en el aún niño que era Ikki para cuidar de otro pequeño; el hermano mayor tomando de la mano al menor lo sacó del jardín de niños, miró en una esquina la camioneta de su amigo que al parecer lo había estado esperando pero no quería aún involucrar a Shun a ese mundo al considerar que por lo menos su hermano tenía todavía esperanzas de prosperar si era guiado por el camino correcto. Se acercó a la camioneta solo para agradecer la ayuda pero mintió diciendo que pasaría un tiempo con su hermano solo para no hacer molestar a su amigo al comentarle que lo consideraba mala influencia para el menor.
Sin auto y sin el dinero suficiente como para pagar el transporte público que podría acercarlos a la casa, Ikki y Shun caminaron por la banqueta en total silencio ya que el menor no encontraba tema de conversación con el menor o más bien, de plano no quería hablarle al sentir él un tipo de sentimiento extraño en su pecho que solo aparecía cuando por algún motivo debía de volver a ver a su hermano.
A pesar de que Ikki continuaba avanzando por delante casi tirando de la mano y a base de empujones siguió caminando sin ver que Shun ya no podía caminar más al estar solo un poco cansado sin embargo el menor no dijo nada solo captando la orden indirecta de su hermano mayor de seguir caminando sin importar que. Ambos continuaron de ese modo hasta que de repente Ikki por algún motivo quiso girar hacía atrás contemplando después de un largo trayecto el agotamiento del menor.
—¿Te cansaste?—
Cuestionó parando de avanzar viendo que Shun ni siquiera le dirigía la mirada, suspiró él un poco irritado pero sin dejar que ese sentimiento lo dominará por completo; debido al leve cansancio del menor tuvieron que hacer una pausa en su caminar por algunos minutos hasta que Shun pudiera comunicar que estaba listo pata retomar el camino sin embargo pasaban algunos minutos y el niño no decía nada que le indicará a Ikki que estaba mejor.
Ikki no tuvo otro remedio más que continuar desconociendo su Shun estaba o no mejor para avanzar pero luego su desición quizá apresurada lo hizo arrepentirse cuando su hermano finalmente se comunicó con él pero solo para indicarle que no quería seguir caminando provocando por consiguiente que el mayor tuviera que cargar al menor en lo que restaba del trayecto que por suerte ya era poco.
Con cada paso dado y a pesar que inclusive para él quien se consideraba fuerte Shun le pesaba un poco pero no podía soltarlo aunque en todo el camino de veía molesto de tener que andar de tal modo. Aunque muy poco habían convivido ambos debido a su contexto social, el mayor solo sentía el como el menor llegaba a abrazarse a él percatandose de que cuando llegaba a perder fuerza en los brazos y accidentalmente empezaba a aligerar su agarre, Shun intentaba hacer que él volviera a sostenerlo.
Ignoraba de cierto modo lo que podría estar ocurriendo en la vida de su hermano, no sabía si su padre le hacía algo o su madre por algún motivo le decía algo indebido; a pesar que de esas situaciones siempre le impedían dormir por las noches al pensar por algún motivo en como un niño de tres años estaría enfrentando esa vida él sabía que no podía hacer mucho debido a su edad, si se acercaba a la policía difícilmente le creerían y por si algún motivo llegarán a creerle sus dos padres por fin se pondrían de acuerdo en algo para negarlo todo.
Vió su casa cerca sintiendo como cada vez que se acercaba un pequeño malestar en su pecho aparecía pero que solo aumentó cuando tuvo que bajar a su hermano y casi a base de engaños hacerlo entrar de nuevo a ese lugar; Esa vez fue una de las pocas veces que pudo volver a ver a Shun ya que cada que requería algo que sabía que encontraría en su habitación iba a su hogar pero por algún motivo nunca estaba su hermano cuando él llegaba y cuando sabía que Shun estaba ahí su padre ebrio y drogado le impedía verlo amenazandolo cada vez que se acercaba a la habitación del menor con un cuchillo de cocina.
Y así, siguiendo ese patrón de conducta transcurrieron dos años enteros donde las visitas de Ikki eran cada vez más esporádicas hasta que un día simplemente dejó de ir.
Caminaba en compañía de sus amigos por las calles de Tokio, totalmente despreocupado escuchando las estupideces que decían sus amigos mientras que por momentos revisaba la hora en su reloj de mano contemplando con cierto dolor como el tiempo seguía transcurriendo con normalidad. Todos pararon detrás de un negocio donde usualmente solian reunirse, él se recargó de una pared mientras uno de sus compañeros le regaló un cigarrillo que puso de inmediato entre sus labios. Inhaló profundo y soltó el aire lentamente manteniendo su vista fija en un punto estando a ese momento ignorando todo lo que pasaba a su alrededor hasta que su falsa calma fue interrumpida cuando el amante de su madre llamó a su celular...
(...)
Vistiendo un traje negro en su totalidad, tomando de la mano con su pequeño hermano de cinco años que había preferido vestirlo con tonos blancos contemplaba delante de él la lápida de su padre, con su nombre grabado en mármol con la fecha de nacimiento y muerte debajo. Algunos conocidos incluidos ahí Aldebaran habían asistido solo a consolar a los hermanos quienes se habían quedado prácticamente huérfanos, Ikki estaba acostumbrado ya a vivir solo y aunque su vista húmeda no podía dejar de ver la lápida frente a él su mayor se centró en el niño a su lado... Ahora no podía dejarlo con su padre ya que él cobardemente se había suicidando y su madre se había marcado quién sabe a donde.
Luego de la ceremonia, Aldebaran se propuso para transportarlos del cementerio a su hogar pero Ikki no tenía como tal una casa a la cual llegar en compañía de un niño, no podía llevarlo al cuarto donde se estaba quedando al no estar en condiciones para él pero no quería regresar a la casa de sus padres debido a los malos recuerdos que le generaba estar ahí sin embargo no tenía otra alternativa que quedarse allí.
Agradeciendo la amabilidad Ikki y su hermano ingresaron a la casa, el mayor entró como si nada caminando a la que era su habitación mientras el menor se había tomado el tiempo de quitarse los zapatos; Al entrar luego de un año a su cuarto antiguo fue una experiencia extraña que mezclaba la nostalgia con la ira pero también con la tristeza, ver su cama y rememorar cuando a veces sus padres preparaban todo para hacer ahí un pequeño cine, cuando los tres a aveces jugaban juegos de mesa sobre la cama.... Suspiró peinando con ambas manos su cabello hacía atrás mientras avanzaba a su cama y se recostaba en ella boca abajo vistiendo aún el traje teniendo demasiada pesadez como para quitárselo y quizá debido al cansancio y todo lo que recientemente había vivido se quedó dormido olvidándose del mundo entero por un momento.
Se despertó aturdido al pasar unas cuantas horas desde que se había dormido, con cierta molestia tuvo que levantarse cuando su estómago rugió, dudando encontrar comida en el refrigerador de la cocina decidió tomar lo último que le quedaba de dinero para ir a comer fuera. Salió de su cuarto contando el dinero con el que contaba, bajó las escaleras pero justo al dar el último paso recordó algo que le hizo reconsiderar su decisión.
Suspiró tallando el puente de su nariz, volvió a subir las escaleras llegando a los pocos momentos al segundo piso, se dirigió al cuarto de su hermano donde simplemente abrió la puerta para poder entrar fácilmente; al estar dentro fijó su vista en la pequeña cama en la esquina del cuarto donde se encontraba Shun sentado en medio con un libro infantil en sus piernas que inmediatamente escondió detrás de su espalda.
—¿Qué es eso?, ¿Por qué lo escondes?— cuestionó algo irritado avanzando dentro del cuarto hasta llegar a la cama.
Shun prefirió no decirle nada continuando ocultando el cuento que había sacado del jardín de niños sin permiso.
—Como sea... —dijo entre murmuros viendo la negativa del niño— ¿Tienes hambre?
—No quiero comer sushi— reclamó observando decidido a su hermano luego de haber pasado la mayor parte de su vida comiendo sushi gracias a qué su padre se lo traía luego de estar horas en los bares o fiestas a la que lo invitaban o asistía para beber y olvidar sus problemas.
—No vas a comer sushi... No me alcanza para comprarlo —susurro lo último solo para él mientras llevaba una mano detrás de su nuca— No sé, podemos comer algo más sencillo... Ramen, por ejemplo.
Ikki no esperó respuesta, solo se acercó a su hermano para tomarlo por debajo de las axilas y levantarlo de la cama para cargarlo lo más próximo al armario para asegurarse de que de ese modo Shun no volviera a su cama; descuido solo por cuestión de segundos a su hermano en lo que abría el armario para sacar un suéter que pudiera ocupar el niño, cuando escogió uno de color malva volvió a dirigirse al pequeño, lo tomó con cierta brusquedad accidental del brazo izquierdo para vestirlo con el suéter pero al tomarlo por el derecho provocó que Shun tirará el libro que había estado escondiendo sin embargo a él le dio igual esta situación deteniendose a ver solo por cuestión de segundos el libro de pasta dura en la alfombra.
—¿No estás enojado?—
Preguntó el menor mientras era terminado de vestirse haciendo referencia al libro que había técnicamente robado de la escuela ya que no pensaba regresarlo en caso de que le gustara.
—Solo si sigues hablando me molestaré— refutó tomando luego de la mano a Shun para sacarlo del cuarto y llevarlo a donde irían a comer.
Salieron ambos de la casa, Ikki cerró la puerta con llave dando luego un breve vistazo hacía el auto estacionado a su derecha sin embargo aunque podría ser lo único bueno que su padre pudo haber dejado como herencia él no podía manejarlo todavía debido a su edad sin embargo un impulso lo motivaba a hacerlo pero tuvo que negarse a abordarlo por miedo a que algo malo pudiera ocurrir.
Suspiro cansado peinando su cabello hacía atrás mientras avanzaba a la tienda de conveniencia más cercana mientras se aseguraba de que su hermano caminara delante de él para así poder vigilarlo sin tener que llevarlo de la mano o estar volteando constantemente hacía atrás. Una vez que entraron Ikki no tuvo más remedio dado la grandeza de la tienda y lo lleno de personas que tener que tomar de la muñeca a Shun para asegurarse de que nada le ocurriera, lo guío prácticamente hasta el final de la tienda donde agarró dos envases de ramen instantáneo y se dirigió a pagar.
El joven de quince años sabía cocinar, no era un experto pero por lo menos no quemaba la comida cada vez que intentaba hacer algo; el vivir solo ayudo a que desarrollará algunas habilidades que quizá no habría adquirido si seguía viviendo con sus padres sin embargo a pesar de poder hacer mínimo un arroz en ese momento su dinero no alcanzaba para poder pagar los ingredientes necesarios para elaborar como tal una comida y comprar algo hecho para dos personas tampoco era una opción... Tenía pensado comprarse algo él y dejarle las sobras a su hermano ya que ¿Qué tanto puede comer un niño de cinco años? Pero en el fondo sabía que eso no estaba del todo correcto.
Una vez que pagaron todo regresaron caminando por el mismo camino a su casa, con Ikki cargando la pequeña bolsa plástica con los envases de ramen mientras Shun avanzaba tranquilo delante de su hermano mayor. Por un momento, Ikki giró al otro extremo de la banqueta al oír un poco de alboroto, de entre tantas personas pudo fijar su vista en una familia que conversaba mientras caminaban, donde el padre caminaba al lado de la madre manteniendo ambos una sonrisa en su rostro mientras el hijo de aproximadamente la edad de Shun decía un sin fin de cosas sin sentido pero que eran lo suficientemente graciosas e ilógicas como para hacer causar en los padres una risa; fue imposible para él no dirigir luego su vista al niño que avanzaba delante de él, caminaba serio manteniendo su vista al frente y sin querer decir algo a menos que alguien se dirigiera a el.
Respiro profundo tomándolo de la muñeca nuevamente para redirigir su andar, Shun un poco confundido observó solo por un momento a su hermano mayor antes de cruzar al otro lado, Ikki ya no lo soltó sino que avanzó de tal modo unos cuantos metros hasta que finalmente llegó al pequeño parque infantil que el solía frecuentar cuando era más pequeño.
Entraron al parque e Ikki soltó de la muñeca a su hermano para él irse a sentar en una banca donde podía tener vista a todo el parque y los juegos que había ahí pero cuando se sentó vió a su hermano queriendo subir también a la banca donde él estaba.
—¿Qué intentas hacer?— cuestionó con una expresión seria manteniendo contacto visual directo con el niño que apoyaba sus manos en el asiento de la banca
—Voy a sentarme— respondió intentando impulsarse con sus brazos para lograr subir pero Ikki se lo impidió.
El mayor suspiró cansado como si estuviera agotado de lidiar siempre con el, lo cargó solo un rato para llevarlo al centro del parque donde estaban todos lo juegos que podía ocupar el menor.
—Juega con algo aquí, puedes no sé, subirte al columpio, las resbaladillas, los trampolines... Emmm... El arenero... —intentaba convencer a su hermano al notarlo no tan contento con los juegos sin embargo por más que intentaba animarlo parecía que no podía— No sé, has lo que quieras, juega un rato con otros niños y cuando te canses búscame en la banca.
Ikki se despidió de su hermano llendo nuevamente a la banca donde anteriormente había tomado asiento, dejó la bolsa con su compra a un lado suyo mientras recargaba su peso en el respaldo del asiento, se cruzó un momento de brazos y cerró sus ojos manteniendo su cabeza levemente elevada; No podía creer que le afectaría demasiado la muerte de su padre a pesar de que en contadas ocasiones en aquellas situaciones donde se sentía más miserable llegó a desearle la muerte y es que el dolor regresaba a él al solo recordar esos pocos momentos felices que pudo pasarlos a su lado...
Sin embargo por otro lado pensar en su madre le provocaba no un sentimiento de enojo sinó uno de posible decepción, entendía que quisiera alejarse de su padre o inclusive del niño que hubiera deseado no tener pero entonces ¿Por qué tenía que alejarse también de él?, En múltiples ocasiones intentó llamarle, le mandó mensajes e intentó incluso buscarla pero nunca pudo verla... Inclusive, hasta esa misma mañana durante el funeral de su padre le escribió informándole del deceso de su esposo pero ni siquiera se digno a responder a pesar de haber visto el mensaje.
¿Algún día volvería a verla?, Esperaba que la respuesta fuera positiva en el fondo de su corazón pero en su interior sabía que no era probable ya que incluso se había alejado de Aldebaran quien era hasta ese momento su actual pareja.
Abrió los ojos viendo fijamente el cielo con una linda tonalidad naranja indicando el atardecer, al parecer se había quedado por un breve momento dormido al recordar sus dilemas internos pero por suerte había despertado, miró nuevamente hacía los juegos reconociendo de entre tantos niños de todas las edades a su hermano permaneciendo sentado dándole la espalda en el arenero, estaba solo en ese lugar, no parecía estar jugando, solo se peinaba el cabello o ponía sus manos delante de él por segundos. Se levantó del asiento tomando la bolsa con lo que ahora sería su cena y avanzó hasta donde estaba su hermano, se agachó al estar cerca quedando en cuclillas para poder hablar mejor con él pero al verlo algo le intrigó, las rodillas del niño tenían raspones, sus ojos estaban llorosos y su cabello al igual que su ropa y en sí todo su cuerpo estaba lleno de arena.
—¿Qué te ocurrió?— preguntó sacudiéndole un poco de arena del rostro creyendo que lloraba por haberle entrado un poco de arena a los ojos
—Me... Caí— respondió con nerviosismo que se reflejaba en su mirada que no podía mantenerse quieta además de que escondía sus manos detrás de su espalda en un leve indicativo de que estaba mintiendo.
—Es normal, ¿Te lastimaste?— preguntó poniéndose de pie para ayudar al menor a hacer lo mismo, colocandolo frente a él para poder verlo con detenimiento
Shun negó a pesar de que sus rodillas sangraban un poco, Ikki se agachó nuevamente para sacudir la arena de la ropa del niño y a su vez limpiar su rostro húmedo pero sin que lo esperara, una señora se acercó a ambos para entregarle un pañuelo que aunque con un poco de confusión, Ikki lo agradeció ya que sería más fácil limpiar el rostro de su hermano.
—Gracias pero no era necesario, lo tenía controlado— reclamó Ikki ocupando el pañuelo que le habían regalado
—¿Pudo hablar con los padres del niño?— cuestionó un poco curiosa
—¿De qué padres me habla?— dijo con molestia terminando de arreglar al niño, se puso de pie y miró ahora a la mujer frente a él
—Los padres del niño que empujó al pequeño— respondió con algo de obviedad notando el rostro confundido en Ikki
El mayor giró para ver a Shun, cuestionó sobre lo que la mujer estaba diciendo pero el niño no supo que decir, el mayor insistió en que le contara lo que había ocurrido y sin más remedio y con un profundo miedo que se visualizaba a simple vista en el modo en que el menor hablaba, se expresaba y reaccionaba el niño contó lo que había pasado; Un niño probablemente mayor por meses o por un año de diferencia lo había tirado al arenero pero todo había sido un accidente (según la perspectiva de Shun) ya que él no sabía que los bloques de colores con los que había estando jugandoque estaban en el suelo los estaba ocupando en su totalidad el susodicho pero que los había dejado un momento porque se distrajo con un columpio que también “era de él”.
Hubiera sido preferible que Ikki no se enterará de lo que había ocurrido ya que su cólera aumentó luego de escuchar el testimonio de su hermano, cargo a Shun y lo abrazó contra su cuerpo mientras le susurraba que le señalará donde estaba aquel niño, el menor obedeció y buscándolo con la mirada logró encontrarlo y señalarlo. Aprovechando la confianza de la señora, Ikki dejó a su cuidado a su hermano con ella en lo que resolvía algunas cosas...
Shun se quedó junto a la mujer que le arreglaba el cabello maltratado, desconociendo porque Ikki había querido ver al niño que lo había lastimado pero sin imaginarlo al pasar unos minutos se escuchó en todo el parque un grito proveniente de un niño, quiso voltear hacía el lugar en donde se había originado tal ruido pero la imagen tranquila de Ikki avanzar hacía él apareció de imprevisto por otro extremo del parque que él desconocía. El mayor lo volvió a cargar, no hubo tiempo de despedirse de la mujer o de algo más ya que cuando Ikki pudo tener a Shun entre sus brazos empezó a acelerar su paso al grado de que de repente ya se encontraba corriendo en dirrección a su hogar.
Al llegar finalmente a su hogar y luego de ambos darse un baño, el mayor dejó a su hermano en la sala viendo una película en la televisión mientras el “cocinaba” el ramen, a ese punto ya había bañado a su hermano, lo había vestido, peinado y le había puesto curitas en sus rodillas lastimadas... Había arreglado un poco sus habitaciones y limpiado la sala y la cocina quitándole todas las botellas de alcohol vacías esparcidas por todo el primer piso, había buscado y almacenado en un cajón de la habitación de sus padres todos los sobres con cocaína que habían pertenecido a su padre y que había escondido en vida para que nadie se los robara, de igual modo tuvo que revisar más de tres tutoriales en internet sobre como activar el bloqueo de canales en el televisor para asegurarse de que nada indebido apareciera mientras su hermano veía el televisor.
Agotado colocó el ramen en la mesa, sirvió dos vasos con agua y llamó a Shun para cenar, el niño se acercó con su pijama ya puesta, se sentó en la silla y miró con cierto desagrado el ramen frente a él que intentó disimular pero sus gestos eran demasiado notorios. Ikki se sentó a su lado para vigilar que comiera ya que a juzgar por como observaba la comida parecía que no quería comer.
Shun tomando los palillos revolvió la sopa en el envase provocando que el olor a consomé de pollo le causará náuseas, de pronto escucho a su hermano pedirle que comiera y el con su mano temblorosa tomó con los palillos un poco de pasta que intentó acercarla a su boca pero que de inmediato rechazó y nuevamente volvió a escuchar el “Tienes que comerlo” en un tono de molestia de su hermano quien ahora lo miraba fijamente. Él observó a Ikki mientras aún tenía los palillos en su mano con la pasta que había rechazado, parecía que sus ojos empezaban a humedecerse al tener que verse obligado a su comer aunque él no quisiera sin embargo todo se agravó cuando vió como su hermano se desesperó y el tomó los palillos para darle directamente el alimento pero entre lagrimas de frustración volteó la mirada negándose rotundamente a comerlo.
Parecía increíble para Ikki haber durado mas de veinte minutos intentando hacer que su hermano comiera sin poder lograrlo por completo, apenas Shun había comido una milésima parte de ramen, él ya se había desesperado pero no iba a dejar que un niño le ganara aunque parecía que eso estaba haciendo, suspiró fastidiado levantándose de la silla para revisar en el refrigerador si había leche y por suerte la encontró, era muy poca pero para Shun estaba bien. Calentó lo último de la leche en la estufa, la sirvió en un vaso de plástico y la colocó frente a su hermano.
—Bebe eso—
Shun tomó el vaso entre ambas manos inhalando por error el ligero vapor que emanaba la leche caliente... Solo eso fue suficiente para que sus náuseas regresarán y con más fuerza que antes.
Luego de otros cuantos minutos donde Ikki estaba al borde de la desesperación y enojo retiró el envase de sopa que había dejado a la mitad su hermano, quitó también el vaso con leche que juraba funcionaría mínimo para tranquilizarlo por un rato o para abrirle apetito pero que al final no sirvió para nada.
—Vete a dormir— dijo con voz severa guardando todo en el refrigerador solo escuchando pisadas rápidas que se dirigían a las escaleras
Viró los ojos y regresó a la mesa para comer su ramen intacto pero frío en lo que consideraba algo de paz luego de un día pesado, se sentó en la silla y comió en soledad aquella pasta procesada pero no encontró satisfacción al hacerlo, se levantó y avanzó hacía una alacena donde había escondido anteriormente una caja con cigarros... Tomó uno colocándolo entre sus labios, lo encendió e inhaló y exhaló el humo sintiendo finalmente la calma que necesitaba y que creyó no recuperar.
Eran las ocho de la noche apenas, ya había fumado tres cigarros seguidos mientras permanecía sentado en la sala en total oscuridad y silencio siguiendo teniendo en mente un repaso de su vida hasta ese mismo momento en que se encontraba sentado en aquel sillón totalmente solo; sus pensamientos se interrumpieron cuando uno de sus amigos llamó a su celular preguntandole si quería acompañarlos a un bar cercano pero aunque con muchas dudas sobre si ir o no al final tuvo que negarse diciendo que los acompañaría en otro momento ya que en ese instante se encontraba indispuesto.
Apagó el teléfono esperando que así nadie lo molestará, dedicándose a estar solo él y sus cigarros dedicándole compañía pero nada resultó como esperaba ya que pasado unos momentos oyó en el segundo piso pequeños quejidos y sollozos; apagando el cigarro avanzó a paso lento hasta el cuarto de su hermano que era el lugar de donde provenían dichos sonidos, abrió la puerta de la habitación y vio al niño dormido permaneciendo con una expresión inestable en su cara, parecía estar sudando y no dejaba de moverse sobre la cama.
Él se acercó, jaló el sillón que se encontraba cerca hasta la cama y antes de sentarse en él intentó despertar con ligera suavidad a su hermano haciendo que por lo menos poco a poco este despertara. El niño con miedo observó toda la habitación para luego fijar su vista en su hermano mayor delante de él, Ikki peinó el cabello del menor un momento explicándole que había tenido una simple pesadilla, se sentó en el sillón una vez que encontró el modo de volver a hacer que Shun se recostara en la cama pero para asegurarse de que el pequeño no volvería a tener una pesadilla le dio la mano durante toda la noche sin embargo al darse cuenta de lo poco efectivo que resultó tuvo que cargar a su hermano para ponerlo en su regazo, curbiendolo con la misma manta de la cama lo abrazó y esperó a que esté volviera a dormir pero con tal solo hacer el más mínimo movimiento Shun parecía despertar por lo que tuvo que quedase de tal manera quizá por lo que restaba de la noche... De todos modos, Ikki dudaba en poder conciliar el sueño ese día por lo que quedarse despierto parecía tener que ser su castigo.
El hermano mayor creyó que con el paso de los días podría acostumbrarse a su nuevo estilo de vida donde ahora él debía de cumplir un rol casi paterno al tener que cuidar a un niño de preescolar pero rápidamente se dio cuenta de que sería más difícil de lo que imaginaba, cada día era llamado por la maestra de la escuela de su hermano informándole que Shun seguía tomando cosas de sus compañeros sin permiso, los berrinches, rabietas, gritos, las canciones infantiles que se reproducían incesantemente día y noche, los desprecios a la hora de la comida y lo que consideraba el mayor peor que eran las pesadillas durante la tarde o noche cuando Shun dormía lo tenían de cierto modo harto y cansado ya que no solo debía de lidiar con sus propios problemas como su situación escolar en la escuela preparatoria sinó también en lo laboral ya que seguía sin encontrar trabajo y lo poco que tenia de dinero que había encontrado en la casa y vendiendo algunas cosas se estaba acabado.
Las ojeras pronunciadas, su cabello maltratado, el insomnio con el que batallaba, la migraña y estrés acumulado, su irritabilidad y recientemente la posible depresión que comenzaba a manifestarse en él y que “ocultaba” detrás del alcohol como alguna vez se lo reprochó a su padre comenzaban a afectarlo más de lo que imaginó. Aunque le costara admitirlo, no estaba listo para cuidar un niño, eran demasiados cuidados que él ya no podía estar vigilando aunque quisiera, el estrés acumulado y la ansiedad jugaban en su contra cada que aparecía un nuevo problema en Shun que consideraba él no podía solucionar.
Un día sábado durante el medio día él se encontraba recostado en el sillón de la sala, viendo atento el techo casi disociado por completo escuchando la leve música de Mozart que había colocado en la televisión para tranquilizar a su hermano pero que por algún motivo lo habían relajado a él; ese día alguien tocó la puerta y Shun acostumbrado a tener vistas a cada rato se levantó del suelo donde estaba jugando con unos juguetes que había sacado de su escuela para ir de inmediato a su habitación, Ikki tardó un poco en reaccionar para ir a abrir la puerta pero al hacerlo vió frente a él a Aldebaran.
—Te ves fatal, ya entiendo porque me llamaste—
Dijo el hombre entrando en la casa encontrando todo hecho un caos pareciendo una guardería desordenada por tantos juguetes regados en el suelo, crayones rotos en el piso y los muebles, las paredes rayadas y envolturas de dulces por todo el lugar sin embargo a pesar de esto lo que más llamó su atención fue ver la apariencia desaliñada y cansada del muchacho.
—¿Vas a poder o no?— dijo frustrado tallando su cien
—Llevas apenas un mes con él y ya no lo soportas, imagino que ahora entiendes a tu padre...—
—Callate, no hace falta nombrar a los muertos así que guarda silencio —dijo molesto— ¿Puedes quedarte con Shun un tiempo nada más?, Prometo que regresaré por él pero por favor... No puedo aguantar mucho.
—Niño, ¿Sabes lo que estás diciendo? —mencionó un poco más serio— Formó parte de la Yakuza, ¿En serio crees que un niño estará más seguro conmigo que contigo?
—Si no vas a aceptar, ¿Por qué viniste entonces?— reprochó enojado mirando fijamente al hombre
—¿Quién te dijo que no voy a cuidarlo? Lo voy a hacer pero solo por las tardes, cuando tú vallas a trabajar y luego a terapia— informó con una pequeña sonrisa
—¿Qué estupideces dices?, ¿Terapia?—
—Te contacté con un psicólogo, siento que lo necesitas —respondió— Mañana después de tu trabajo pasarás a verlo, mientras yo me hago cargo del otro niño
Sentenció Aldebaran casi imponiendo el sus normas y condiciones que a Ikki no le quedó más remedio que aceptar con tal de despejar su mente un rato y olvidarse quizá un poco de su nueva vida; a partir del Lunes y luego de la escuela empezó con su trabajo a medio tiempo que también aquel hombre le había conseguido para luego ir a terapia tal como había estipulado Aldebaran aunque él no consideraba que su situación ameritara psicólogo.
Desde ese día en adelante, su vida no cambió, iba a la escuela en la mañana, trabajaba en la tarde, iba a terapia en la tarde noche y finalmente en la noche descansaba; tenía un horario pesado que cumplir rigurosamente cada día pudiendo dormir solo un poco más los fines de semana cuando no tenía clases pero que de todos modos se veían afectados sus días de descanso por la aparente sobredosis de energía que solía tener su hermano en la mañana.
Algo bueno a considerar de ir a terapia solo fue haber conocido a una muchacha de cabello oscuro que también asistía con el psicólogo, al principio no le hablaba solo la miraba de reojo por cortos periodos de tiempo queriendo encontrar la manera de poder acercarse a ella y poder conversar sin saber aún que años más tarde, esa misma muchacha se volvería su esposa.
(...)
Con cansancio Ikki se levantaba de la cama para ir a abrir la puerta de su habitación, tenía el cabello despeinado, su pijama mal puesta y el agotamiento se reflejaba no solo en su mirada sinó también en su postura; al abrir simplemente contempló a su hermano de 13 años del otro lado, vestido con su uniforme y correctamente peinado, inclusive ya llevaba puesta su mochila.
—Volviste a dormirte, ¡llegaré tarde otra vez!— reclamó con cierta indignación a la vez que con un poco de burla por ver la expresión de desagrado formada en Ikki al escucharlo hablar.
Ikki de 23 años tallo el puente de su nariz mientras que entre murmuros maldecía haber tenido que despertarse temprano, salió de su cuarto y bajó las escaleras seguido por detrás de su hermano menor que a diferencia de él tenía un mejor ánimo. Tomó las llaves del auto y sin tan siquiera arreglarse salieron ambos de la casa, subieron al vehículo y condujeron hasta la escuela.
—No quiero que te metas en problemas con tus compañeros, no le respondas de mala forma a tus maestros, comportate adecuadamente y respeta a todos, ¿Entendido?— dijo un poco irritado ante su falta de sueño pero también al saber que si no lo decía muy probablemente Shun se metería en problemas
—Lo sé, lo recuerdo— dijo con una leve sonrisa tomando la manija de la puerta del carro para abrirla
—¡Ah!, Y lo más importante —mencionó antes de darle la oportunidad a Shun de abrir la puerta— Come en el desayuno
—Ya sé... — respondió girando los ojos con pesadez por tener que oír lo último, bajó del carro cerrando la puerta y finalmente avanzó dentro de la institución
Ikki no tenía ese día clases por lo que sin ningún inconveniente regresó a su casa para descansar, Shun regresaría por su cuenta a la casa así que tampoco debía de preocuparse tanto en tener que volver a ir o eso creyó hasta que a las doce de la mañana una llamada al teléfono de la casa lo hizo volver a salir. Volvió a subir al auto y condujo nuevamente hasta la escuela, al entrar fue directamente hasta la oficina del director donde sabía su hermano ya estaba afuera esperándolo, se acercó a él y se quedó un momento afuera antes de entrar.
—¿Qué demonios te pedí en la mañana?— dijo molesto no queriendo alzar demasiado la voz.
—Que no me metiera en problemas pero está vez de verdad, no hice nada —respondió con gran calma— No hice nada malo
—¿Entonces porqué me llamaron?— refutó pero a Shun no le dió tiempo responder por que la secretaria abrió la puerta de la dirección al oír su voz
Ikki suspiro entrando de una vez a la dirección, conocía de memoria lo que debía hacer por lo que tomó asiento, sacó el bolígrafo de tinta azul que previamente había guardado antes de salir de su casa y miró al director.
—¿Cuánto tiempo tendrá el castigo?— preguntó esperando a que la secretaria le entregará el reporte que debía de firmar.
—No, esta vez Shun no está castigado —respondió un poco risueño— el motivo por el que lo llamé es porque ahora fue uno de sus compañeros quien lo intentó agredir
—¿Qué?— dijo molesto pero ahora por razones diferentes siendo que no le había gustado nada lo que había oído
—Su maestra intervino a tiempo, Shun no salió lastimado y los muchachos ya fueron reprendidos y castigados de igual modo se les comentó a los padres pero teníamos la maestra, secretaria y yo la obligación de comentarle la situación ya que en esta ocasión Shun no pareció quererse defender —hizo una pausa debido a la expresión de incredulidad de Ikki— Agradecemos de verdad que ya halla hablado con su hermano, así nadie salió lastimado esta vez.
Ikki se levantó de la silla y salió de la oficina cuando la pequeña discusión llegó a su fin aunque aquella plática le había dejado un sabor agridulce, volvió a ver a su hermano una vez que estuvo afuera de la oficina “Trae tus cosas, nos vamos” mencionó viendo como de inmediato Shun iba a su salón por su mochila y cosas.
Salieron ambos de la escuela al cabo de un rato, abordaron el auto e Ikki condujo nuevamente hasta su hogar siendo la única emitía algún sonido la radio del vehículo que armonizaba y de cierto modo tranquilizaba el ambiente colocando algo de música. Cuando finalmente llegaron a su casa y pudieron entrar, Shun avanzó hasta las escaleras mientras él seguía en la entrada quitándose sus zapatos.
—Aún no te vallas—
Habló Ikki entrando como tal a la casa luego de quitarse sus tenis, Shun lo observó sabiendo lo que próximamente ocurriría; el mayor avanzó a la cocina donde preparó un poco de café para él en la cafetera para luego ir al refrigerador a servir un poco de jugo de naranja; con las dos bebidas listas y sobre la mesa, él tomó asiento en una de las sillas del comedor esperando a que Shun se acercara para acompañarlo.
El menor peinando su cabello hacía atrás se acercó y sentó delante de su hermano, se recargó de su silla mientras tomaba el vaso con jugo y lo acercaba a sus labios.
—Explicate— ordenó Ikki
—Ya te dije que yo no hice nada malo— respondió con un pequeño toque de molestia luego de haber bebido un poco del jugo
—Eso no, ¿Por qué querían lastimarte?— preguntó serio ignorando la presencia de su café humeante frente a él
—Solo estaban jugando, no iban a lastimarme realmente... —contestó con una calma sencilla que reflejaba en su postura y en su tono de voz— Solo fue una broma que se salió de control.
—¿Quieres contarme la broma?— cuestionó algo irritado
—Para la próxima semana de tarea debemos de explicar los trabajos de nuestros padres a modo de reflexión pero... —dijo poniendo una ligera sonrisa— No tengo papá
Ikki se mantuvo en silencio sin quitar su expresión pero sabiendo por dónde iba el asunto.
—Le comenté a la maestra y ella dijo que podía explicar el de mi madre entonces —prosiguió tomando el vaso con jugo con ambas manos, una pequeña risa se escapó de sus labios al recordar el momento— A la maestra se le olvidó que tampoco tengo jaja, mis compañeros la escucharon y como no sabían empezaron a burlarse
Ikki soltó un suspiro cansado mientras tallaba su cien sin poder despegar la vista de su hermano.
—Yo también me reí un momento pero luego intenté defenderme diciéndoles algo en referencia a sus padres pero no medí mis palabras y eso les molestó— explicó
—¿Y por qué no los golpeaste? —refutó molesto dejando ver por fin su malestar— Dame el nombre de los bastardos que comenzaron con la burla de inmediato que esto no oye dejaré pasar.
Amenazó poniéndose inmediatamente de pie de la mesa provocando en Shun un ligero miedo por lo que podría pasar, él colocando una sonrisa pero permaneciendo en su silla intentó alzar la voz para tratar de que su hermano mayor no hiciera alguna estupidez
—Ikki no hace falta, la maestra los regaño... A parte a mí no me afecta lo que digan— habló apresuradamente antes de que su hermano saliera por completo de la cocina
—Te insultaron y se burlaron, ¿Esperas que esté tranquilo sabiendo que esos desgraciados se hallan burlado de ti tan fácilmente? —se quejó mirando por un momento a Shun— No me importa si solo fue una broma, si se atreven a hacerte algo yo los haré pagar las consecuencias y listo.
—Ikki ya también hablamos de esto, no recurras siempre a la violencia... Te repito, solo una broma que se salió de control, nada grave— dijo con calma terminando por beber un poco de jugo
—Escuchame bien Shun, solo por esta ocasión lo dejaré pasar pero si esos estúpidos o alguien más llega a hacerte daño yo...—
Shun interrumpió a su hermano recordando la frase que siempre solía decirle cuando algo similar ocurría, dejando el vaso con jugo en la mesa y viendo como su hermano parecía un poco molesto con él por interrumpirlo dijo entre risas:
—Ya lo sé, ya lo sé, “Harás que se acuerden de tu nombre hasta su muerte”—
(...)
Actualidad / Octubre.
En un cuarto completamente aislado, vacío en su totalidad, sin ventanas o alguna fuente que pudiera brindarle luz a la habitación que desprendía un aroma nauseabundo que apenas y se podía soportar, salían de ahí dos hombres de gran tamaño y musculatura, con guantes de látex y cubrebocas.
Esos hombres avanzaron hasta otra habitación donde desecharon los guantes y demás para limpiar a fondo la posible suciedad y gérmenes que pudieron haber contraído, luego de haberse aseado regresaron caminando con normalidad por los largos pasillos de la casa, de momento ambos platicaban de cosas ajenas al trabajo o reían de cosas que recordaban sin embargo tuvieron que mantener silencio nuevamente cuando llegaron luego de algunas horas a la recepción donde su jefe y su invitado conversaban mientras bebían té.
Uno de los hombres se acercó a Aldebaran para susurrarle acerca de su trabajo, finalizando su oración se retiraron dejando a su jefe con su invitado. Aldebaran tomó un poco de té antes de darle la noticia a Ikki quien había quedado total silencio al ver a los hombres.
—Quieres verla, ¿No?— preguntó viendo un momento al joven frente a él
—Creo que no hace falta que responda, por algo pagué por adelantado.—
Aldebaran río un poco mientras se ponía de pie en compañía de Ikki para ir a dicha habitación de dónde habían salido aquellos empleados; al caminar por los pasillos Aldebaran seguía hablando retomando la plática que habían dejado inconclusa pero en ese momento Ikki dejó de escucharlo, a pesar de querer aparentar una expresión y actitud normal, cada vez que estaba más cerca de la habitación sentía su corazón palpitar de emoción como nunca antes lo había sentido.
Un cubrebocas le fue entregado al detective por Aldebaran al estar a solo unos pasos de la puerta que dejaba ver “su obra maestra” dentro y por la que había tenido que pagar demasiado dinero a Aldebaran para llevarla a cabo de tal modo que aunque todavía no la veía sentía que había valido cada centavo invertido.
La puerta fue abierta finalmente mostrando lo que ocultaba dentro, el suelo estaba manchado con extrañas manchas negras y rojizas que se habían fundido con la loza a ese punto, algunos de los insectos se ocultaron de inmediato al sentir la luz proveniente de fuera entrar al cuarto nuevamente dejando que así el cuerpo de la mujer pudiera apreciarse debidamente en el centro de la habitación.
Boca arriba, sin ropa, con su cabello rapado, su cuerpo lleno de llagas y heridas por las cuales los insectos y algún que otro roedor se había alimentado de ellas dejándole en la mujer una fuerte infección que se había propagado por lo que parecía ser en todo su cuerpo esquelético. Lo que alguna vez fue alguna hermosa mujer rubia ahora solo quedaba el recuerdo de ello ya que su rostro desfigurado por el ácido y los químicos vertidos no solo sobre su cara sinó también en sus extremidades la habían dejado irreconocible a ese punto siendo incapaz además de poder moverse a causa de los químicos y las agresiones que recibía día con día... Hora con hora.
Ikki la miró directamente desapareciendo la sonrisa que había tenido segundos antes, un golpe en su corazón lo atacó de inmediato... Aún conservaba algo de humanidad y cordura al parecer a comparación de Aldebaran que miraba con indiferencia a Katya; a pesar de saber que tanto mal le había provocado esa mujer a su pequeño hermano siendo que hasta ese día Shun seguía sin dar señas de mejoría en su habitación aún no pudiendo caminar, comer o tan sin siquiera comunicarse, él sintió algo de remordimiento de saber que por su decisión había optado por encargarle a Aldebaran el secuestro y tortura de Katya a modo de venganza por lo que había provocado pero ahora, verla a sus ojos que clamaban un perdón que jamás creyó ver, que mostraban de verdad lo arrepentida que estaba y entre ligeras lágrimas que llegaban a apreciarse pedía casi a gritos la muerte de una vez.
Ikki desvió su vista de inmediato al arma que le dió Aldebaran para que terminara de una vez por todas con ella, él tomó el arma entre suspiros pero a pesar de que sabía que si disparaba finalmente podría hacer descansar a Katya por el martirio que le había hecho pasar eso no lo haría mejor persona, sus acciones estaban hechas, si disparaba o no nada cambiaría... No le haría sentirse mejor pero tampoco mal.
—Deja que siga su curso, no creo que tarde tanto en morir —Dijo sin quitarle la vista a Katya siendo que ella también parecía mantener su vista llena de misericordia y perdón sobre él— Cuando muera entierra el cuerpo lo más lejos posible para que no sea tan fácil de encontrar
—Como digas— respondió guardando el arma nuevamente para terminar por cerrar la puerta de esa habitación.
Ikki miró hasta el último segundo que tuvo oportunidad a Katya, sus sentimientos no habían cambiado en lo absoluto, no había tomado las mejores decisiones pero por lo menos le había quedado la satisfacción de no haber permitido que esa mujer no se saliera con la suya como planeaba hacer...
Lo último que miró Katya fue al detective ya que luego de esa visita nadie volvió a abrir la puerta, aferrada aún a la vida permaneció con vida unas semanas más hasta que finalmente falleció y meses más tarde sus restos fueron encontrados por accidente.
{☆} Fin {☆}
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