IV: Wish I Could Relive Every Single Word
-Max, estos son los novatos de la temporada. Sargeant, de Vryes y Piastri. Por favor, se considerado con ellos, no queremos otro incidente.
Horner lo observó con seriedad para recordarle que aún estaba molesto con él por lo que había pasado hace poco más de un mes atrás en Brasil. El equipo aún no entendía del todo lo que había pasado por la mente del neerlandés para evitar que su compañero ganara el subcampeonato, pero había pasado y nadie podía cambiarlo.
Claro, Christian estaba molesto con él por lo ocurrido, pero Max sabía que era por un motivo completamente diferente al del resto. El equipo y los fans lo odiaban porque Checo merecía título que él le quitó. Pero el británico lo veía así porque lo quería como a un hijo y lo que había pasado lo había decepcionado enormemente.
El menor aún recordaba los ojos llenos de rencor por parte de Checo y la desilusión en los ojos de Horner cuando bajó de su auto después de terminar la carrera. Era una imagen que no desaparecía de su cabeza y quizá jamás lo haría.
Pero lo que menos podría olvidar de aquella carrera era la sonrisa tranquila y satisfecha de su padre cuando se encontraron finalmente. Jos le dio un par de palmadas en la cabeza y le dijo unas palabras que le recordaron porque no había podido darle aquella posición a Checo.
-Felicidades, el niño estará a salvo un par de semanas más.
¿Semanas? Max había querido preguntar a qué se refería con aquello, pero no tuvo tiempo. Pronto su mente se vio envuelta en una espiral que no pudo detener. Él había cumplido con su parte del trato, su padre no podía tocar a su hermano. Jos no podía pensar que él permitiría que le hiciera daño a Oscar.
No de nuevo.
Y quizá eso era lo que el mayor tenía en cuenta, porque cada vez que algo le desagradaba o le molestaba sobre lo que Max hacía él decía un comentario a la ligera sobre el joven piloto de McLaren y como parecía tener un futuro interesante en el deporte.
Era una forma sutil de decirle a Max que Jos podía acabar con su hijo menor cuando quisiera.
Así que, luego de años tratando de escapar de las garras de su padre, el joven neerlandés había vuelto a caer en ellas sin posibilidad de escapar como antes lo había logrado, y ahora debía jugar nuevamente aquel papel lleno de traición y sufrimiento. Todo porque amaba demasiado a su hermano como para permitir que saliera herido nuevamente por su culpa.
Sin embargo, la cara que Christian tenía era diferente a lo usual. Sí, estaba molesto con Max. Sí, estaba decepcionado de su campeón. No, no parecía como si fuera a despedirlo a pesar de todos los problemas que le estaba dando a él y al equipo. No, no parecía que fuera a ayudarlo con su presentación con los novatos.
Pero sí parecía interesado en ayudarlo a solucionar su relación con Checo. Probablemente porque necesitaba que el equipo funcionara y trabajaran en conjunto como la dupla que eran. Sin embargo, eso a él no le importaba, él haría lo que Horner le pidiera.
Si Max podía hacer algo por recuperar a Checo sin poner en peligro a Oscar, el campeón lo haría. Porque perder a su compañero sería como perder parte de su mundo, y no estaba preparado para perder tan pronto algo por lo que había pasado años soñando y deseando.
Perder a Checo, a una persona a la que quería tanto y significaba tanto en su vida, sería como perder el aire que respiraba. Max había hecho lo imposible por convencer a los directivos de Red Bull de que quería al mayor como compañero desde que Daniel se fue del equipo, porque sabía que no habría nadie como él nunca y tenía que apoyar al mexicano a demostrar aquello.
Porque Checo era de las pocas razones que había encontrado para motivarse a seguir compitiendo, a seguir intentando cumplir los deseos de su padre, a no dejar su sueño aun cuando era insultado por todos al ser tan joven dentro del deporte.
Su compañero había sido una fuente de inspiración y motivación. Le recordaba porque quería seguirse esforzando, porque quería seguir intentando. Porque había bajado la cabeza ante su padre tantas veces y porque la había alzado muchas otras.
El estar al lado del mexicano y verlo con su familia feliz le dolía, pero también le recordaba que había alguien, un chico entrando al mundo del karting, aunque siempre dijo que no le interesaba conducir, esperando por verlo triunfar.
La tensión que tenían durante la premiación de la FIA era tanta que él ya no podía con ello. Así que Max haría lo que Christian le pidiera con tal de que su compañero lo perdonara y así pudiera seguir cerca de él. Aun si no lo tenía para él.
-No te preocupes, Christian. No habrá ningún problema entre ellos y yo. Todo funcionará de manera perfecta.
Hacer la bendita inducción a los nuevos tampoco era tanto castigo sabiendo que su hermano estaría ahí, así que podía hacerlo, podía hacer todos los trabajos extra que le pusieran a cambio de una oportunidad de recuperar algo de su amistad con Checo.
Haría lo que fuera, solo tenían que darle la oportunidad.
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-¿Cómo es eso que Checo se está divorciando?
El neerlandés fue en búsqueda directa del equipo de marketing de Red Bull al escuchar la noticia que estaba rondando por las redes sociales sobre el mayor. Había leído unas cuantas publicaciones sobre lo que estaba ocurriendo con el otro piloto, pero la mayoría estaban en español y las traducciones no eran muy buenas para que él entendiera todo.
Así que ahí estaba, entrando a la oficina de Olly con una cara que reflejaba la preocupación que tenía por el hombre con el que compartía equipo, sabiendo que la mayor parte del mismo lo odiaba e insultaba en voz baja, pero eso no le importaba. Lo único que le interesaba era saber si el otro piloto estaba bien o si algo estaba ocurriéndole.
El director de marketing solo observó a Christian y el antiguo piloto asintió antes de levantarse de la silla en la que había estado sentado para sacar a Max de la oficina donde todos lo estaban viendo como si fuera una plaga. Algo que el neerlandés notó, pero su atención estaba en saber si podía hacer algo para ayudar a su compañero, aun si sabía que él era la última persona que el mexicano quería ver en ese momento.
Su director, amigo, y figura paterna lo llevó a su oficina para que estuvieran solos y así poder hablar. Ambos comenzaron una competencia de miradas en el momento en el que se sentaron frente a frente, pero esta no duró mucho antes de que el británico abriera su boca.
-Max. Deberías estar concentrado en la presentación para los novatos. Estamos en la cuerda floja y nadie va a aceptar ninguna falla ese día.
-Todo está listo Christian, eso ya lo sabes. Ahora, dime la verdad, ¿Qué está pasando con Checo?
Max había estado trabajando en todo lo relacionado con la presentación a los novatos durante días hasta que leyó la noticia sobre el mexicano y se olvidó de absolutamente todo lo que no tuviera que ver con Checo. Sin embargo, un mensaje había llegado a su celular y lo había hecho terminar con todo pendiente antes de ir a primera hora a Milton Keynes.
(Bendito fuera Oscar por aceptar hacer una revisión de sus avances diariamente. Y bendito fuera Google por los documentos compartidos.)
Así que, ahí estaba ahora, enviándole todo lo que había hecho para su día de introducción con los novatos a su jefe, con la esperanza de que lo convenciera lo suficiente como para finalmente decirle la verdad por la que había pasado horas en vela. Y supo que había ganado eso cuando Christian finalmente asintió a lo que estaba revisando en su computadora y volvió a mirarlo.
-Checo no me dijo mucho, pero hasta donde sí fui informado es que fue Carola quien pidió el divorcio. Aunque no es que Sergio estuviera en desacuerdo, así que están trabajando en separar sus bienes y en el acuerdo de custodia para sus hijos. Eso es todo lo que sé, y no Max, no puedes intervenir ni escribirle nada sobre el tema de momento. Él sigue molesto contigo y pidió que respetáramos su espacio.
El joven piloto solo asintió desanimado. Él mejor que nadie entendía que el mayor tenía motivos para estar furioso con su persona, pero eso no significaba que doliera menos. Aun así, no iba a cruzar los límites del otro solo para satisfacerse a sí mismo y forzar un perdón que no merecía.
Obviamente quería explicarse y darle a entender su situación a su compañero, alguien que entendería que uno hace sacrificios por la familia que se ama. Pero sabía que nadie que no fuera Oscar, su madre, Sophie o Victoria, le creería sobre el actuar de su padre y los límites que estaba dispuesto a cruzar con tal de obtener lo que quería.
(El rubio aun recordaba los golpes que recibió luego de que Michael le preguntara a Jos si lo que el pequeño Max le había dicho sobre su progenitor siendo un hombre violento y maltratador era cierto. De no ser por su hermano, Max está seguro de que aquella hubiera sido su última noche en el plano terrenal.
Y a veces deseaba que lo hubiera sido.)
Así que no, Max no estaba dispuesto a hablar sobre la amenaza de Jos hacia Oscar, porque eso abriría una caja de Pandora que solo desgastaría a los hermanos de manera mental y física. Algo que solo haría que su padre realmente le hiciera daño irreparable a alguien más con tal de silenciar a sus hijos. Y el neerlandés no iba a poner en esa posición a un hombre que tenía tres niños que lo amaban.
Por ello se conformó con la información que tenía y se resignó a que no podría hablarle al otro hasta que este quisiera verlo, y sabía que aquello no sería pronto. Por lo que su mensaje de cinco párrafos disculpándose y deseando que estuviera bien aún con todo lo que había pasado entre ellos seguiría guardado en sus notas.
Los ojos azules se mostraron apagados y resignados debido a la situación en la que estaba mientras conducía camino al apartamento que la FIA había alquilado para él en Inglaterra. Había tenido que viajar al lugar debido a que era el punto central acordado para la presentación que tendría con los nuevos pilotos en un par de días.
El solo pensamiento de que había tenido que estar en aquel lugar en vez de poder estar en casa con sus gatos lo deprimió, y lo único que lo hizo un poco mejor es que lo habían dejado volver a trabajar antes, así que tenía con qué distraer su mente.
Fue por ello que su rostro reflejó completo desconcierto y confusión cuando notó un Ferrari GTC4Lusso de color azul estacionado justo delante del complejo donde estaba viviendo de momento. El campeón del mundo sabía que habría muchos de ellos en el área y en el mundo, pero reconocería ese auto en donde fuera, y por ello, reconocería al dueño del auto.
Bajó la velocidad de su Mercedes para poder detenerse detrás del inocente auto que le tenía los pelos de punta. No tardó mucho en bajar de su propio automotor y pocos segundos después el otro vehículo fue abierto para darle paso a un joven de ojos claros que lo veía como si esta situación no fuera algo surrealista que nunca había sucedido antes.
-Charles, ¿Qué haces aquí?
-Hola a ti también Max, yo he estado bien, gracias por preguntar, ¿Qué tal tú?
-Charles...
La voz del neerlandés sonó cansada, resignada y molesta al mismo tiempo, por lo que el menor lo vio a los ojos un momento antes de suspirar y volver a hablar. Probablemente porque notó que Max no estaba de humor para juegos como lo estaría cualquier otro día.
-No tienes que molestarte conmigo, solo vine a ver a un conocido debido a que la FIA me pidió darles una charla motivacional a los novatos y me dijeron que tu llevarías todo el programa, así que tenía que pedirte permiso o algo así.
-¿No podías solo llamar?
-Yo...
El monegasco se quedó en silencio, probablemente por la forma tan cortante en la que había estado respondiéndole el mayor. Max pudo escuchar la voz de un Oscar joven regañarlo por ser malo con las personas que se preocupaban por él y se maldijo internamente. Sus problemas con su padre, su compañero, y su equipo no eran culpa del otro piloto. No tenía derecho a tratarlo de aquella manera.
-Perdón Charles, no quería tratarte así. ¿Por qué no pasas? Hablemos del horario y de la charla en el apartamento.
-¿Eh? ¡Ah! Sí, claro. Eso suena bien.
El rubio asintió antes de hacerle una seña para que ambos volvieran a sus autos y los llevaran al área correcta para dejarlos estacionados. El neerlandés sabía que el piloto de la escudería del caballo estaba confundido porque él nunca era amable o se disculpaba. Sin embargo, Max le había pedido a Christian apoyo para encontrar ayuda luego de lo ocurrido con Checo. Y estaba tratando de ser una persona diferente con todos.
Quería dejar de sentir toda aquella ira que su padre había puesto en su corazón. Quería ser una buena persona. Quería volverse alguien capaz de amar y ser amado de manera correcta.
Lo primero que había aprendido y había tratado de poner en practica más seguido era el pedir una disculpa cuando él cometía un error. Aún era difícil y se mordía la lengua cada vez que quería reclamar su inocencia cuando sabía que no era el caso, pero estaba avanzando y se sentía orgulloso por ello.
La sorpresa en el rostro del monegasco le confirmó que estaba haciendo las cosas bien y que podía con ello. Le mostraría al mundo que él era una mejor persona de lo que fue antes, que aprendía de sus errores y no los cometería de nuevo. Por algo es que Mad Max ya no era tan habitual en las carreras como en su juventud.
El mayor llegó a la puerta del apartamento y le dio paso al otro para ingresar primero en cuanto la abrió. En cuanto ambos estuvieron adentro caminó hacia su refrigerador y sacó una botella de agua y una de jugo de naranja. Extendió ambas a su invitado y lo dejó escoger lo que quisiera beber.
Charles tomó la botella de agua y la observó como si fuera a atacarle antes de volver a verlo y ser él el que era juzgado esta vez. Max no lo juzgaba por aquello, él reaccionaría igual si Charles comenzará a comportarse diferente cuando estaban juntos. Eran rivales de infancia por algo, aún si los fans decían que el monegasco era el "emotional support rival" o "rival de apoyo emocional" del campeón.
No lo era, porque Charles representaba en su vida tanto lo bueno como lo malo de su carrera y amor por el deporte en el que competían, pero entendía el pensamiento que tenían las personas al decir aquello. Pues, a ojos de Max, no había nada que el menor pudiera hacer mal como para que el neerlandés lo odiara. Y el monegasco era la persona a la que Max quería ver a su lado, en el podio, cada vez que ganaba una carrera, a él y a Checo.
Así que, si. Max podía entender que la gente considerara a Charles algo extremadamente importante en su vida, así como consideraban a Checo. Y al mismo tiempo podía entender por qué ambos mencionados lo verían raro por empezar a actuar más amable de lo usual con ellos. El neerlandés no juzgaba eso en lo más mínimo.
Esa era tarea de Oscar para otro día.
-Bien, tengo aquí el horario de cómo será todo. ¿Tienes alguna idea de cuánto tardarás? Podemos ver también si el tema es mejor para la primera mitad del día o la segunda.
-Pues, no he pensado demasiado en ello. Me llamaron ayer así que no tengo mucha idea de qué puedo hacer.
-¿Qué te parece si revisamos el tema juntos para que sea más fácil el ajustar los horarios?
-De acuerdo.
El mayor no lo diría en voz alta jamás, pero el ver los ojos de Charles brillar con felicidad era uno de los puntos débiles del neerlandés. Quizá se debía a que habían crecido juntos, así que habían desarrollado una amistad un tanto particular y por ello se preocupaba porque el otro estuviese siempre feliz, o, al menos, con el mejor humor posible. Y luego de tantas tragedias en la vida del monegasco, Max quería darle toda la felicidad que hubiera en el mundo.
Así que, ver que su cambio de actitud ayudaba en algo, lo hacía sentir aún mejor consigo mismo y con su progreso. Por lo que no dudó en sentarse al lado del menor junto con su iPad y proceder a abrir todos los documentos que llevaba hasta el momento para que pudieran hacer una lluvia de ideas juntos.
Si esa lluvia de ideas derivó en ambos trabajando hasta tarde, en el campeón pidiendo algo para que cenaran juntos mientras seguían avanzando en el tema del piloto de Ferrari, e incluso en Max ofreciéndole a Charles el cuarto principal para que se fuera a descansar en cuanto notó lo agotado que estaba, eso era algo que solo ellos tenían que saber.
Claro, su concentración en el monegasco lo distrajo totalmente del tema de Checo y de los mensajes no enviados. Así como del hecho que Oscar estaba viendo el temario del piloto de Red Bull y corrigiendo lo necesario. El neerlandés se había perdido completamente en la compañía ajena.
Pero que él lo olvidara no significaba que el menor no lo hubiese notado. Y vaya que lo había hecho.
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-Creo que ya todos me conocen aquí, pero igual me presentaré. Soy Max Verstappen, campeón del mundo, tengo 25 años, y a lo que más me dedico a parte de conducir es a jugar videojuegos. Tengo dos gatos, Jimmy y Sassy, que se llaman así por unas discotecas en Mónaco.
El rubio notó los gestos de confusión y diversión en el rostro de los tres novatos. Las reacciones eran más obvias en los dos mayores, pero Max había aprendido a leer a su hermano de manera perfecta mientras crecían, así que reconocía el brillo de diversión y travesura en sus ojos ante sus palabras. Algo que le hizo saber que lo había hecho bien para romper el hielo.
-De acuerdo, tenemos muchas cosas que ver y poco tiempo, así que tendremos que ser más rápidos que los autos que van a conducir para que logremos llegar al menos a la mitad de todo lo que la FIA quiere que les enseñe. Algo ridículo porque yo no tuve estas charlas y las cosas no salieron tan mal conmigo, pero no quiero que me veten de conducir este año, así que haremos lo que se pueda.
Pronto se vio envuelto en una corta explicación sobre reglas, leyes, y temas que ni él sabía previo a su preparación para esta actividad. Fue directo al punto y trató de cubrir todo lo posible, pero su mente siempre lo llevaba a contar anécdotas completamente al azar debido a que se acordaba de ellas debido a alguna palabra o pregunta hecha.
Así, las dos horas de charla inicial se habían llenado de historias de Max y los nuevos pilotos, todos contando lo que se les venía a la cabeza para hacer la charla más entretenida y solo regresaban a alguno de los temas previstos cuando Max volteaba a sus diapositivas para ver si recordaba alguna otra historia que contar sobre sus gatos o de él siendo una amenaza para la sociedad.
La puerta de la sala de reuniones fue tocada con suavidad y un momento después un joven de la escudería italiana entró a la habitación para tener su charla pertinente con los novatos. Los cuatro presentes observaron a la nueva persona en el lugar y Max se levantó rápidamente a ver la hora.
-Mierda, perdón Charles. No quería quitarte tiempo de tu charla.
-Está bien, acabo de llegar, así que agradezco que estuvieran entretenidos.
-¿Quieres que te de privacidad para hablar con ellos?
-Lo apreciaría, gracias.
-Seguro, estoy a una llamada de distancia.
El piloto de Red Bull caminó hacia la salida del lugar con calma luego de despedirse del menor. Sin embargo, antes de irse, notó la mirada socarrona de su hermano y no pudo evitar maldecir su suerte. Oscar lo iba a molestar por algo cuando estuvieran solos, aun si no sabía qué había hecho o dicho esta vez para merecer ese trato, pero lo descubriría tarde o temprano.
Max caminó por las instalaciones de aquella sede de la FIA con tranquilidad y confianza. Era el campeón del mundo de la Formula Uno y muchos en ese lugar lo respetaban por ello. Aunque claro, también había quienes lo odiaban por lo que había pasado con Checo y no los juzgaba por ello.
Se detuvo un momento y su mirada se enfocó en su celular, mejor dicho, en la aplicación que tenía abierta con un mensaje de ocho párrafos redactados para su compañero de equipo. Había pensado en mandarle algo nuevamente luego de su charla con Charles, pero se contuvo de hacerlo cuando recordó a Christian diciéndole que debía darle espacio a Checo, por lo que se acobardó al final y lo dejó ahí, esperando para ser enviado o borrado.
-Max.
El joven neerlandés volteó rápidamente al escuchar la voz de su padre detrás suya. La mirada que este le dio lo hizo quedarse en el lugar en el que estaba mientras guardaba rápidamente su teléfono para evitar cualquier altercado. Lo último que todos necesitaban es que su padre descubriese que estaba escribiéndole a su compañero durante el descanso de invierno.
-Papá, ¿Sucede algo? No sabía que ibas a estar aquí hoy.
-Vine a dar un paseo para ver cómo te iba. Los novatos son difíciles de controlar y hacer entender.
-No tuve problemas con ellos. Todos saben a qué vienen.
-¿Es así Max? Porque parecías estar jugando con ellos en lugar de mostrarles el motivo por el que eres el campeón del mundo.
El neerlandés menor se quedó en silencio mientras una de las manos de su padre se dirigía a la parte trasera de su cuello y lo apretaba sin la menor consideración. El actual piloto de Red Bull se tragó cualquier queja o molestia que tuviera ante la presión y mantuvo su mirada fija en los ojos llenos de odio de su padre. Sabía lo que venía, aun así, no quería escucharlo.
-No lo olvides Max, tú no eres igual a todos esos niños. Tú naciste para ser el mejor.
-Lo sé. ¿No te lo he demostrado con los dos campeonatos?
-Sé que no es todo lo que puedes hacer, hijo. Así que no te distraigas con tonterías.
-Papá...
-No. Te. Distraigas. No queremos que le pase algo al hijo de Nicole por un descuido tuyo, ¿Cierto?
El cuerpo del campeón tembló con fuerza ante el recordatorio de que la vida de su hermano estaba en juego en todo esto. Max sabía que Jos haría lo que fuera con tal de obtener lo que quisiese y si tenía que destruir la existencia de un niño en el proceso lo haría, incluso si ese niño tenía su sangre.
Max solo asintió en silencio, con el pánico brillando en sus ojos. Eso debió convencer al mayor, pues solo lo soltó y le dio un par de palmadas en la espalda diciendo falsas felicitaciones antes de irse. Se fue sabiendo que nuevamente tenía a su hijo en la palma de su mano y que él haría lo que fuera con tal de que Oscar estuviese a salvo.
El menor finalmente volteó su mirada y regresó al área donde los novatos estaban reunidos. Iba a terminar de dar las malditas presentaciones y encontrar el momento para decirle a su hermano que debía mantenerse alejado de él.
Era lo único que lo mantendría cuerdo.
Ojalá el campeón se hubiera detenido a revisar una última vez su teléfono móvil, pero no lo hizo. De lo contrario hubiese notado el mensaje proveniente de alguien a quien había estado esperando todo este tiempo.
Sin embargo, aquello no importaba más, al menos ya no era la prioridad en su cabeza, pues el piloto finalmente había descendido al mar de recuerdos de lo que fue su infancia, a todo aquel sufrimiento que ambos niños Verstappen vivieron en ese entonces.
Que infortunada es la vida.
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Max tenía probablemente unos ocho años cuando las cosas en casa comenzaron a tornarse un juego de dolor y sufrimiento. Él había crecido sabiendo que su padre era violento y se molestaba con él fácilmente en la pista, pero nunca había llegado a hacerle nada físicamente.
No fue hasta aquel fallo en sus prácticas de karting, donde casi se vuelca sin compasión, que su padre frunció el ceño y lo jaló con fuerza hasta el baño del lugar. El pequeño estaba confundido, y fue aún peor cuando los golpes y patadas comenzaron a llover contra su joven cuerpo.
El niño había sufrido aquellos accidentes varias veces, pero su padre nunca le había golpeado antes de ello, solo unos cuantos gritos y maldiciones antes de hacer que iniciara de nuevo. Eso siempre había sido todo lo que había recibido. Así que su mente no podía entender de dónde venía el cambio.
Pasó una hora tirado en el piso de aquel servicio sanitario, tratando de contener su dolor y su llanto, antes de que su padre lo levantara jalándole el cabello y haciendo que caminara por su cuenta hacia el auto. Claro, también iba empujando su kart porque su padre se negó a ayudarlo diciendo que una desgracia como él no merecía nada bueno.
El viaje a casa fue terrible. Todo el cuerpo del pequeño dolía, tenía ganas de llorar hasta que no quedaran lágrimas en su cuerpo, pero al mismo tiempo estaba demasiado exhausto como para hacer algo que no fuera respirar, y su mente aun trataba de entender qué había hecho mal esta vez como para recibir aquel trato. No lo entendió ni siquiera cuando bajó del auto y entró a su hogar.
-¡Bebé, has vuelto! Tu hermano y yo preparamos tu comida favorita para celebrar que... ¿Qué te ocurrió?
Su madre corrió hacia él con sus ojos llenos de lágrimas sin derramar mientras lo revisaba con todo el cuidado del mundo. Max quería decirle que eran golpes de la carrera o similar, pues tenía miedo de las repercusiones que habría si le decía la verdad. Pero, algo en su rostro debió decir la verdad, porque al segundo siguiente ella estaba de pie con una mirada mortal.
-Oscar, lleva a tu hermano arriba y no salgan de la habitación.
El menor de los neerlandeses bajó de golpe de su asiento en la cocina y corrió hasta donde estaba su hermano. Sus ojos de koala cansado brillaron con dolor y tomó la mano del otro suavemente antes de que ambos subieran a la habitación que compartían. Iban más lento de lo usual porque cada paso era un martirio para el mayor, así que el más joven trataba de buscar una manera de subir sin que Max sufriese más de lo que ya lo hacía.
Una vez llegaron a su cuarto, el de cabellos oscuros corrió al baño y sacó el botiquín de emergencias. Ninguno de los dos sabía si tendrían algo para el dolor, y no era ideal que tomaran medicina sin vigilancia de un adulto, pero en aquel momento aquello parecía no importar.
-León... ¿Fue papá quien te lastimó? ¿Qué te hizo?
El pequeño rubio, quien finalmente se había podido sentar en la cama, observó a su hermano menor a los ojos. Su cabeza negó rápidamente cualquier idea de decirle al pequeño que había ocurrido. Oscar era tan joven, demasiado, no merecía asustarse de su padre solo porque Max estaba adolorido por lo que había pasado, porque él sabía que aquello pasaría y Jos se molestaría aún más.
Aun así, la mirada tan joven e inocente le mostró que no había forma de mentirle, así que con dolor solo pudo asentir silenciosamente y pronto comenzó a llorar. Su infantil mente trataba de entender todo lo que había pasado y por qué estaba sufriendo aquello, pero no tenía una respuesta alguna. Así que lo único que le quedó fueron los ruegos en su mente pidiendo que aquello nunca volviera a pasar.
Él no sabía que ese fue el inicio del fin para su pequeña familia. Y todo culminaría en algo mucho, mucho peor hasta que fueran adultos, hasta que tuvieran la edad suficiente para poder defenderse y pelear por sus futuros.
Pero hasta entonces, el monstruo que era Jos Verstappen, los perseguiría hasta en sus pesadillas.
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Max estaba guardando sus cosas luego de que los novatos se fueran del lugar. Todos sintieron que algo cambió en él luego de que regresara a la sala de reuniones después de la charla de Charles. Él lo sabía, Charles había intentado hablarlo y Oscar lo había visto de una manera específica, pero se negó a hablarle a ambos más allá de lo necesario.
Las palabras de su padre resonaban con demasiada fuerza en su mente.
Su teléfono se cayó al piso y maldijo en voz alta antes de agacharse para tomarlo, sin embargo, una mano más pequeña que la suya tomó el dispositivo antes y se lo acercó rápidamente. Él iba a agradecer, pero las palabras se quedaron atoradas en su garganta en cuanto vio los ojos chocolate que lo miraban de vuelta.
-Max.
-Oscar...
-Tenemos que hablar.
El de ojos azulados negó con fuerza y se alejó del menor para poder tomar sus cosas. Quería largarse de una vez por todas de ese maldito lugar. Necesitaba volver a Mónaco y abrazar a sus gatos, llorar por horas en el hombro de su amiga y falsa novia, Kelly, y luego comer alguna cosa poco sana para calmar su roto corazón.
No tenía las ganas ni la fuerza para enfrentar a su hermanito, mucho menos para decirle que tenían que separarse y no interactuar nunca más con tal de que su padre no los destruyera a ambos en el proceso. Aunque era el mayor, él nunca había sido el hermano fuerte entre los dos.
-¿Alguna vez pensaste en que nos reencontraríamos de esta manera?
El adulto de cabello castaño claro observó al contrario a los ojos. El azul peleaba con el café y se empujaban constantemente para hacer al otro perder. Finalmente, el mayor cerró sus ojos y suspiró mientras negaba con la cabeza.
¿Qué debía decir? Sí, te esperé cada noche mientras crecía porque eras lo único que le traía tranquilidad a mi mente. No, jamás pensé en ti luego de que te fueras hace más de una década de mi lado. ¿Qué era lo correcto para decir?
-Oscar... Cada noche rogué porque nunca volvieras.
Esa era su única verdad.
Y su hermano también sabía que aquello era cierto. Probablemente lo había estado esperando, porque la sonrisa que le dio no mostraba dolor, sufrimiento o rencor por sus palabras. Más bien mostraba comprensión ante ello, ante todo lo que Max había vivido y sufrido cuando no estaban juntos.
Porque había sido él quien se quedó con Jos y no Oscar. Porque había sido aquel niño aterrado de romper a su familia el que tuvo que cargar con el peso de las expectativas, de nunca ser suficiente. Porque era Max quien había sido destruido y rearmado para hacer sufrir a otros con tal de protegerse a sí mismo.
Cuando sus miradas se encontraron algo se rompió en el mayor y sus ojos se llenaron de lágrimas que no planeaba derramar. Aun así, las manos del menor se posaron en sus mejillas con velocidad y acariciaron su rostro con ternura mientras el más bajo tarareaba algo para tratar de calmarlo a él a y sus ganas de llorar.
El de cabellos claros escondió su rostro en el hombro del otro piloto y se quedaron así por un momento hasta que el neerlandés mayor recuperó su compostura. No sabían cuánto tiempo había pasado, pero sabían que debían irse en ese instante o algo sería peor. Max no sabía si su padre lo vigilaba tanto como decía, pero no quería averiguarlo ese día.
Ambos salieron de la sala de reuniones en silencio, sabiendo que tendrían que hablar de sus situaciones en otro momento, y caminaron uno al lado del otro con tranquilidad. Estaban acostumbrados a la compañía sin ruido del contrario debido a todas las veces que habían tenido que esconderse de Jos y sus ataques de violencia. Por lo que su paseo les daba más paz que incomodidad.
Max vio a Christian esperándolo y se despidió con la mirada de Oscar para caminar hacia su jefe y así poder largarse del lugar. Aun así, antes de que pudiera irse sintió un pequeño jalón en la manga de su chaqueta, lo que hizo que voltear a ver al castaño que había estado acompañando su caminar.
-No le tengo miedo, a Jos quiero decir, lo sabes, ¿Cierto?
El cuerpo del campeón tembló ante lo que implicaban aquellas palabras, así que solo se volteó y caminó lo más rápido posible hacia donde el británico estaba aguardando por él. Sin embargo, algo lo hizo voltear hacia su hermano cuando estuvo a unos pasos de su director de equipo.
Ahí, parado al lado de Oscar, con una sonrisa tranquila, estaba el joven estadounidense que conduciría para Williams durante la nueva temporada. Al parecer había esperado por el menor del grupo, y se veía que estaba tratando de relajar el ambiente porque fue capaz de escuchar una suave carcajada provenir de su hermano, la cual mostraba la confianza entre ellos.
El neerlandés mayor se dio la vuelta y caminó con mucha más velocidad hacia el auto que lo llevaría a su hogar temporal. No quería seguir ahí, no donde estaba su padre con sus planes para hacerlo miserable, ni donde estaba su hermano, quien parecía haber encontrado alguien con quien pudiera pasar el tiempo sin sentir que su vida se despedazaba por completo.
No, él quería volver a su hogar, a su lugar seguro, al lugar que tenía el simulador que tanto lo hacía relajarse. Quería volver a sus gatos, los únicos que lo acompañaban cuando no era suficientemente fuerte y se rompía en pedazos. Quería aquel lugar al cual su hermano nunca llegaría ni volvería.
Él había rogado porque su hermano nunca volviera, aquello era cierto, pues odiaba el que se hubiese ido de su lado. Pero al mismo tiempo había suplicado cada noche por tenerlo de nuevo en su vida. Porque amaba demasiado a su Koalita como para perderlo para siempre.
Pero ese amor se había convertido en una maldición gracias a su padre.
Y tenía miedo de ser consumido por completo por alguno de esos sentimientos, como siempre lo había sido. Así que decidió encerrarse en sí mismo de nuevo y esperar por lo peor. Ya vería en el futuro que hacer para recuperar su cordura, pero por el momento no podía.
Tenía demasiado miedo como para poder hacerlo.
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Sin que Max lo notara, un grupo de miradas lo seguían fijamente mientras caminaba lejos de las oficinas de la FIA en las que había pasado todo el día. Unos ojos verdes azulados con un toque de café se enfocaban en su caminar feroz y acelerado, mientras que unos ojos chocolate se turnaban entre ver al campeón y ver el mensaje que había sido enviado por él a su teléfono un par de horas atrás. Finalmente, otra mirada de color café estaba enfocada en evitar que alguien los viera en aquella área.
-¿Creen que Max realmente está tratando de cambiar?
-No tenemos de otra más que averiguarlo Calos. Me gustaría poder ser su amigo, aunque sea ahora. Le fallé demasiadas veces cuando crecíamos.
-Charles, tú también eras un niño. No podías protegerlo de su padre.
El más joven de los europeos presentes desvió finalmente su mirada para observar al piloto de Red Bull que tenía sentado a su lado en el auto. El monegasco había logrado sacarlo de la miseria en la que estaba por su divorcio gracias al apoyo del madrileño, y a un curioso mensaje mandado por el campeón durante aquel día, pero estaba seguro de que ninguno esperaba acabar su noche de esa manera, con ellos en un auto, observando fijamente al neerlandés retirarse del lugar. Sin embargo, el menor no dudo en seguir hablando.
-Eso no cambia que pude haber intentado hacer algo por él, Checo, aunque fuera algo simple y sencillo. Pero Max siempre estuvo solo. Siempre con una ira heredada en su mirada para ocultar su sufrimiento.
Luego de haber dicho aquellas palabras el más joven de los pilotos notó a las personas que venían saliendo del área también. Se enfocó, sobre todo, en aquel que iba caminando con una mirada fija en el camino recién recorrido por el campeón. Obviamente lo había visto antes en la reunión y como piloto reserva de Alpine. Sin embargo, esta vez podía tomarse el tiempo para verlo largo y tendido sin tener que hablarle o parecer raro por solo observarlo.
Solo se habían visto una vez antes de que Charles estuviera en Formula Uno, pero la situación había marcado un antes y un después en la mente del piloto de Ferrari, principalmente en su relación con el actual campeón del mundo. Así que, obviamente, él no había podido olvidarse del chiquillo.
Aquel cabello castaño y esos ojos similares a los de un koala cansado eran los pertenecientes al niño que recordaba Max había abrazado con fuerza en aquella carrera en Italia hace más o menos una década atrás. Aun recordaba la manera en la que se habían ocultado juntos por un largo tiempo y solo se habían separado una vez el neerlandés se fue junto a su padre, dejándolo a él junto al chiquillo, con Max sin dignarse a verlo o pelear con él, nada.
Ese niño había acaparado la atención del neerlandés de una manera que Charles celaba. Ni siquiera su rivalidad con el mayor había hecho que aquellos ojos azules estuvieran tan fijos en él como lo habían estado en el menor. Ni su cuerpo había estado tan preparado para hacerle daño a alguien, aunque fuese a él, como lo había estado en aquel momento, cuando creyó que era Jos quien los había encontrado en su pequeño escondite.
Y verlo ahí, luego de tantos años después, le recordó a Charles esos sentimientos.
Se volteó para hablar con Checo y Carlos nuevamente, pero pronto notó que ambos tenían sus miradas enfocadas en diferentes lugares. El mexicano seguía viendo a su compañero de equipo, quien finalmente estaba abandonando el sitio junto con su director de equipo, con una mirada que reflejaba más de lo que decía su boca.
Por su parte, el madrileño tenía sus orbes chocolates enfocadas en la dupla que el monegasco había visto hace poco, pero la mirada que le daba al australiano era todo menos inocente o curiosa. No, el otro piloto de Ferrari parecía hambriento y deseoso por algo. Específicamente por el piloto de McLaren que finalmente estaba retirándose del lugar.
El menor se tomó un momento para analizar a los dos varones que lo acompañaban y las miradas que cada uno le estaba dando a la persona que veían fuera del auto en el que estaban. No tardó mucho en identificar las emociones en los ojos de ambos y lamió sus labios antes de sonreír.
-Caballeros, creo que tenemos algo que discutir. Y probablemente vaya a tomarnos un tiempo.
Aquellas palabras llamaron la atención de ambos hispanohablantes, quienes voltearon con confusión y curiosidad a ver al monegasco, quien no había parado de sonreír desde que reconoció la forma en la que ambos estaban mirando al otro par de pilotos.
-Permítanme contarles una historia. Creo que nos interesa a todos trabajar en equipo esta vez.
Por supuesto que reconocería en sus miradas el brillo específico que tenía el deseo hacia alguien, ya fuera físico o emocional. ¿Cómo no lo haría? Si era la misma mirada que Charles había visto en sus propios ojos en una cantidad exagerada de fotografías, fotografías donde sus orbes se enfocaban en una sola persona.
Max Verstappen.
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¡Hola!
Si vieron que el capítulo anterior fue editado es porque cambié los nombres de las dos hermanas de Oscar. Me enteré de sus verdaderos nombres hasta después de que publiqué el capítulo y aunque me gustaban los nombres que les había dado, me da mayor paz mental el que tengan los reales.
Espero que les gustara este capítulo. Traté de abarcar más la relación de Max con Jos, así como su relación con Checo y Charles. Y darles una pincelada del punto de vista de Charles, pero no sé qué tal salió.
Si hay algo que quiera leer en el futuro, avisen y veo qué se puede hacer por ustedes.
Consejos, quejas, peticiones, todo puede ser dejado aquí.
¡Nos leemos pronto!
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