ᯓ 𝗳𝗶𝘃𝗲
ᰍ . ° 𝖿𝗈𝗎𝗋 𝗁𝗎𝗇𝖽𝗋𝖾𝖽 𝗆𝗂𝗅𝗅𝗂𝗈𝗇𝗌 .ᐟ ˎˊ˗
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Kiara agarró del agujero un gran sobre, y cuando lo ojeó bajo la luz de las linternas, vio que en la parte del frente ponía escrito "para mi chaval". Kiara, sin decir ni una palabra, se giró hacia Mia, que ya se había dado cuenta de lo que tenía sobre sus manos. Rápidamente, las dos saltaron del agujero de la tumba y al llegar al lado de John B, Kiara le entregó el sobre. Él lo agarró en silencio y al ver lo que acababa de recibir, sus manos empezaron a temblar levemente por la emoción. Era casi como si no pudiera creer lo que tenía sobre sus manos.
—Eso no parece oro —comentó Pope cuando vio el sobre que sujetaba John B, sin embargo, ninguno de los presentes se molestó en responderle.
—Joder —susurró John B alzando su mirada para ver al grupo con una gran sonrisa de felicidad en su rostro—. Esto es de mi padre.
Sin embargo, esa felicidad duró poco.
JJ, que se había alejado unos pasos del grupo, de repente vio unas luces acercándose que le llamaron la atención.
—Código rojo, código rojo, ¡narcos! —exclamó JJ, alertando a los Pogues.
Todos se giraron al mismo tiempo para ver cómo un coche oscuro se acercaba a ellos.
—Vámonos —ordenó Kiara y, sin pensárselo dos veces, todos le lanzaron a correr para esconderse.
Las luces del coche los seguían de cerca, como si de eso se tratase sus vidas. "Son ellos", pensó Mia, sintiendo como los latidos de su corazón cada vez se volvían más fuertes y constantes. La última vez que se enfrentaron a ellos tuvieron muchísima sierte de escapar con vida. Entonces, ¿cuáles eran las probabilidades de volver a tener esa misma suerte?
—Son los que asaltaron tu casa —confirmó JJ una vez se escondieron tras una de las muchas tumbas que habían por el cementerio.
Mia sintió como el mundo se caía sobre ella en un segundo. Todo parecía ser tan irreal, como si fuera una pesadilla de la que no podía despertar. Fue como si su oxígeno hubiera desaparecido por completo: el aire entraba difícilmente en su garganta. Su corazón empezó a latir aceleradamente de pensar que debería volver a ver a los dos hombres; no quería volver a enfrentarse a ellos por tercera vez, no podía.
—Rápido, apagad las luces —les ordenó Kiara. Los cinco se agacharon y trataron de apagar las linternas lo más rápido posible con sus manos temblorosas.
—¿Creéis que son ellos? —les preguntó Mia con un susurro. Necesitaba una confirmación que al mismo tiempo, esperaba no obtener.
—Tienen un arma —les avisó JJ después de inclinarse para tratar de identificar a las dos personas.
Esa frase fue suficiente para que todo el cuerpo de Mia se tensara aún más.
—A la mierda —murmuró Kiara antes de levantarse del suelo de un salto y empezara a correr hacia la salida del cementerio sin mirar atrás.
Los cuatro se aparesuraron a seguirla sin pensárselo dos veces y tuvieron que correr más deprisa cuando se dieron cuenta de que la camioneta empezaba a seguirlos de nuevo, cada vez acercándose más a ellos.
—¡Saltad, rápido!
Mia escaló la gran puerta con dificultad. Sus manos resbalaban debido al frío sudor, pero gracias a un empujón de JJ, logró saltarla, cayendo al otro lado jadeando. Mientras se levantaba, vio que todos saltaron el portal, por lo que empezaron a correr hacia la camioneta. Sin embargo, unos gritos los detuvieron.
—¡Tios, tios, me he enganchado, no puedo moverme! —les gritó Pope buscando desesperadamente ayuda, pues los dos hombres podían alcanzarlos en cualquier momento.
Pope, que fue el último en saltar la puerta, o al menos tratar de saltar la puerta, se quedó colgando completamente del portón. Su pantalón se había quedado enganchado en una de las puntas de la puerta.
Sin pensarlo, Mia corrió hacia donde estaba Pope, lo agarró de la camiseta y empezó a tirar de ella fuertemente.
—¡Espera, espera, me vas a rasgar la ropa! —exclamó Pope, pero Mia siguió tirando, ignorándolo.
Como era de esperar, Pope cayó al suelo de golpe, quedando en calzoncillos blancos ya que los pantalones se habían quedado colgando de la punta del portón.
—¡Vamos! —exclamó Mia tratando de no reír mientras ayudaba a Pope a levantarse cuando vio la camioneta de los dos hombres a unos pasos de ellos.
Ambos corrieron hacia la camioneta, donde Kiara y JJ los esperaban con las puertas abiertas. Pope, todavía en calzoncillos, se subió a la parte trasera justo cuando el coche de los dos hombres llegó a la entrada del cementerio.
—Toma ya —exclamó JJ, echándose a reír al ver a su amigo entrando en la camioneta mientras rodaba sus ojos—, joder tío, estás muy sexy.
Kiara cerró la puerta de la camioneta tras ellos de un portazo, y John B arrancó el motor, alejándose del cementerio justo en el momento en el que los dos hombres se bajaban de la camioneta.
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Nada más llegaron a la casa de John B, JJ se fue directo a la cocina para prepararse un sándwich mientra los demás aún entraban en el comedor.
—Ese pan tenía moho hace tres días —le dijo Pope, que se había acercado para ver qué estaba preparándose JJ.
—Pues le quito la parte mala —dijo JJ despreocupado, arrancando las partes verdes del pan—. Además, el moho es algo bueno, es un organismo natural.
—Y por eso suspendiste biología —murmuró Mia lo bastante alto para que JJ pudiera oírla.
JJ abrió su boca para replicar algo en su defensa, pero después de unos segundos en silencio en los que trataba de pensar en alguna excusa, acabó cerrando los labios sin decir nada.
—JJ —lo llamó Kiara, atrayendo su atención.
—Voy, voy, voy —JJ se apresuó a agarrar su sandwich podrido e ir con el resto del grupo, que estaban alrededor de la mesa, donde John B sujetaba el sobre—. Venga, al lío.
JJ le dio un mordisco al sandwich mientras observaba expectante cómo John B abría el sobre. De repente, JJ hizo una mueca de asquerosidad y empezó a hacer ruidos de arcadas, escupiendo el trozo de sandwich que había comido en sus manos.
—¡Joder, que asco!
Sin dejarse distraer por JJ, John B sacó un papel del sobre y lo dejó sobre la mesa.
—Joder —murmuró John B cuando se dio cuenta de que era un mapa.
—Mira, marcado con una "x" —le dijo Pope, señalando la x escrita en el mapa.
John B frunció el ceño mientras pasaba el dedo por el mapa, leyendo las coordenadas escritas en una esquina.
—Longitud, latitud... —murmuró John B—, quizá contenga algo más.
John B cogió el sobre de nuevo y después de rebuscar, sacó algo más.
—¿Qué es eso? —preguntó JJ, observando el objeto mientras trataba de adivinar lo que era.
—Una grabadora, genio —le respondió Mia rodando sus ojos, y JJ levantó sus manos, como si se estuviera rindiendo. Mia negó con su cabeza con una pequeña sonrisa y volvió a poner toda su atención en la grabadora que había sacado John B.
John B apretó el botón de reproducir de la grabadora y una voz empezó a escucharse, haciendo que el corazón de todos se acelerara al reconocerla.
𝘏𝘰𝘭𝘢 𝘤𝘩𝘢𝘷𝘢𝘭.
—¿Chaval? —preguntó JJ confuso.
—Mi padre me llamaba así —le explicó John B, sin apartar la vista del aparato.
𝘖𝘥𝘪𝘰 𝘥𝘦𝘤𝘪𝘳 𝘲𝘶𝘦 "𝘵𝘦 𝘭𝘰 𝘢𝘥𝘷𝘦𝘳𝘵𝘪́", 𝘱𝘦𝘳𝘰 𝘵𝘦 𝘭𝘰 𝘢𝘥𝘷𝘦𝘳𝘵𝘪́. 𝘠 𝘥𝘶𝘥𝘢𝘴𝘵𝘦 𝘥𝘦 𝘵𝘶 𝘷𝘪𝘦𝘫𝘰. 𝘔𝘦 𝘪𝘮𝘢𝘨𝘪𝘯𝘰, 𝘲𝘶𝘦 𝘢𝘩𝘰𝘳𝘢 𝘮𝘪𝘴𝘮𝘰 𝘵𝘦 𝘴𝘪𝘦𝘯𝘵𝘦𝘴 𝘤𝘶𝘭𝘱𝘢𝘣𝘭𝘦 𝘺 𝘵𝘦 𝘰𝘥𝘪𝘦𝘴 𝘱𝘰𝘳 𝘯𝘶𝘦𝘴𝘵𝘳𝘢 𝘶́𝘭𝘵𝘪𝘮𝘢 𝘱𝘦𝘭𝘦𝘢, 𝘱𝘦𝘳𝘰 𝘯𝘰 𝘵𝘦 𝘴𝘶𝘪𝘤𝘪𝘥𝘦𝘴 𝘥𝘦 𝘮𝘰𝘮𝘦𝘯𝘵𝘰, 𝘺𝘰 𝘵𝘢𝘮𝘱𝘰𝘤𝘰 𝘦𝘴𝘱𝘦𝘳𝘢𝘣𝘢 𝘦𝘯𝘤𝘰𝘯𝘵𝘳𝘢𝘳 𝘦𝘭 𝘙𝘰𝘺𝘢𝘭 𝘔𝘦𝘳𝘤𝘩𝘢𝘯𝘵.
𝘏𝘪𝘤𝘪𝘴𝘵𝘦 𝘣𝘪𝘦𝘯 𝘦𝘯 𝘢𝘣𝘳𝘰𝘯𝘤𝘢𝘳𝘮𝘦. 𝘕𝘰 𝘧𝘶𝘪 𝘱𝘳𝘦𝘤𝘪𝘴𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘶𝘯 𝘱𝘢𝘥𝘳𝘦 𝘦𝘫𝘦𝘮𝘱𝘭𝘢𝘳. 𝘗𝘦𝘳𝘰 ¿𝘲𝘶𝘦́ 𝘱𝘶𝘦𝘥𝘰 𝘥𝘦𝘤𝘪𝘳? 𝘗𝘰𝘥𝘪́𝘢 𝘰𝘭𝘦𝘳 𝘦𝘭 𝘵𝘦𝘴𝘰𝘳𝘰.
𝘌𝘴𝘱𝘦𝘳𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘴𝘵𝘦𝘮𝘰𝘴 𝘦𝘴𝘤𝘶𝘤𝘩𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘦𝘴𝘵𝘰 𝘦𝘯 𝘯𝘶𝘦𝘴𝘵𝘳𝘢 𝘯𝘶𝘦𝘷𝘢 𝘤𝘢𝘴𝘢 𝘦𝘯 𝘊𝘰𝘴𝘵𝘢 𝘙𝘪𝘤𝘢, 𝘷𝘪𝘷𝘪𝘦𝘯𝘥𝘰 𝘥𝘦 𝘪𝘯𝘷𝘦𝘳𝘴𝘪𝘰𝘯𝘦𝘴 𝘺 𝘰𝘣𝘵𝘦𝘯𝘪𝘦𝘯𝘥𝘰 𝘱𝘦𝘳𝘮𝘪𝘴𝘰𝘴 𝘥𝘦 𝘤𝘰𝘯𝘴𝘵𝘳𝘶𝘤𝘤𝘪𝘰́𝘯. 𝘚𝘪 𝘯𝘰 𝘦𝘴 𝘢𝘴𝘪́, 𝘺 𝘦𝘯𝘤𝘶𝘦𝘯𝘵𝘳𝘢𝘴 𝘦𝘴𝘵𝘰 𝘦𝘯 𝘤𝘪𝘳𝘤𝘶𝘴𝘵𝘢𝘯𝘤𝘪𝘢𝘴 𝘱𝘰𝘤𝘰 𝘢𝘨𝘳𝘢𝘥𝘢𝘣𝘭𝘦𝘴, 𝘦𝘯 𝘧𝘪𝘯, 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘦𝘴𝘰 𝘦𝘴 𝘦𝘭 𝘮𝘢𝘱𝘢. 𝘈𝘲𝘶𝘪́ 𝘦𝘴𝘵𝘢́𝘯 𝘭𝘰𝘴 𝘳𝘦𝘴𝘵𝘰𝘴 𝘥𝘦𝘭 𝘔𝘦𝘳𝘤𝘩𝘢𝘯𝘵.
𝘚𝘪 𝘮𝘦 𝘰𝘤𝘶𝘳𝘳𝘪𝘦𝘳𝘢 𝘢𝘭𝘨𝘰, 𝘵𝘦𝘳𝘮𝘪𝘯𝘢 𝘭𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘩𝘦 𝘦𝘮𝘱𝘦𝘻𝘢𝘥𝘰. 𝘉𝘶𝘴𝘤𝘢 𝘦𝘭 𝘰𝘳𝘰, 𝘩𝘪𝘫𝘰.
𝘛𝘦 𝘲𝘶𝘪𝘦𝘳𝘰, 𝘤𝘩𝘢𝘷𝘢𝘭, 𝘢𝘶𝘯𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰 𝘴𝘪𝘦𝘮𝘱𝘳𝘦 𝘭𝘰 𝘥𝘦𝘮𝘰𝘴𝘵𝘳𝘢𝘳𝘢. 𝘕𝘰𝘴 𝘷𝘦𝘮𝘰𝘴 𝘦𝘯 𝘭𝘢 𝘰𝘵𝘳𝘢 𝘷𝘪𝘥𝘢.
Se escuchó un click, el mensaje de la grabadora había terminado. Los cinco estaban tan sorprendidos por lo que habían escuchado que nadie dijo nada.
John B se levantó de donde estaba sentado lentamente con los ojos llenos de lágrimas, y caminó unos pasos antes de dejarse caer, quedando apoyado contra una pared, empezando a llorar.
—¡Joder, lo ha conseguido! —exclamó JJ incrédulo, pero con una sonrisa en su rostro llena de felicidad—. Después de todo, encontró el Merchant.
—JJ —le interrumpió Kiara suavemente, lanzándole una mirada que le pedía silencio.
Kiara se acercó a John B y lo abrazó por detrás, apoyando su cabeza en su hombro mientras él lloraba
Después de todo, el padre de John B lo había conseguido.
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Después de un rato, los cinco decidieron salir al muelle para despejarse un poco.
El día había sido una locura. Casi les matan en casa de John B, estuvieron a punto de ser atrapados por la policía en el faro, estuvieron en un cementerio de noche y descubrieron que el padre de John B había encontrado el Merchant. Todos necesitaban tomar un poco de aire fresco.
Kiara tocaba el ukelele mientras a su lado, Mia tarareaba la melodía de la canción, disfrutando del frío nocturno.
—¿Cuánta pasta había? —preguntó JJ de repente, haciendo que Kiara dejara de tocar y Mia de cantar.
—Cuatrocientos millones —le respondió Pope con un suspiro, como si esa cifra fuera demasiado grande para asimilar.
—¿Cómo lo vamos a repartir? —preguntó JJ sin perder el tiempo, pero antes de que alguien pudiera contestar, añadió rápidamente—. Y antes de que digáis a partes iguales, recordad que soy el único que puede defendernos en condiciones de los matones que nos persiguen —dijo sacando el arma que había conseguido—. La protección sale cara.
—Eh, tienes cero formación —le replicó Pope, cruzándose de brazos—. No tienes ni idea de cómo usar eso.
—¡Está Youtube! —se defendió JJ—. Mínimo merezco un extra del 5%. ¿Alguna objeción?
Mia y Kiara levantaron sus manos, pero JJ ni siquiera se molestó en mirar en su dirección.
—Me lo imaginaba.
Kiara rodó sus ojos y miró a Pope.
—¿Qué harás con tus 80 millones, Pope? —le preguntó Kiara con una genuina curiosidad.
—Pagar la carrera por adelantado —respondió Pope tras unos segundos en silencio en los que reflexionaba su respuesta—. Y también los libros de texto, son súper caros.
—¿Y tú, Kie? —JJ se giró para ver a la Kook.
—Sí, ¿qué hace una socialista cuando es rica? —le preguntó Pope con una sonrisa burlona, interesado por la repuesta de Kie.
Kiara rió y contestó al instante.
—Sacaría un album doble sobre Outer Banks, los Pogues —empezó a responder Kiara con una sonrisa—. Como Catch a Fire que hablaba de Kingston. Grabarlo en el estudio de Marley, con Peter Tosh de productor.
—Peter Tosh está muerto —le recordó Pope, interrumpiendo su fantasía.
—Está muerto, sí, lo sé —asintió Kiara y sonrió—. Pero su espíritu no morirá jamás.
—Yo ya sé lo que haré —les dijo entonces JJ—. Me pillaré una mansión en Figure Eight y me uniré a los Kooks.
Mia lo vio con una mueca de incredulidad. Sabiendo que JJ era el primero en criticar y detestar a los Kooks, le sorprendió escucharlo diciendo que quería ser uno de ellos.
—¿Te vas a unir a los Kooks? —le preguntó Pope mientras reía.
—¡Sí! —exclamó JJ.
—Jamás pensé que te oiría decir eso —le dijo Mia con una sonrisa burlona mientras JJ le daba un golpecito en el hombro.
—Pondré una escultura de mármol de mí y un estanque con carpas —empezó a decir JJ con una sonrisa al imaginarse una estatua de él rodeada de un estanque—. Tendré un montón de peces.
—No te visitaré —comentó Kiara mientras Mia asentía a su lado.
—¿Tú qué harás, Mia? —le preguntó JJ, intrigado por lo que una chica rica como ella podría querer hacer con aún más dinero.
Mia estuvo en silencio unos segundos mientras pensaba en su respuesta, pero la verdad era que hacía tiempo que tenía su futuro claro.
—Me iría de los Outer Banks lo antes posible —empezó a decir Mia atrayendo la atención de todos—. Viajaría por todo el mundo y entraría en una buena universidad, al fin y al cabo, es lo mejor que puedo hacer. Seguramente, me compraría una casita en Forks y viviría allí —prosiguió Mia y lo siguiente que dijo sorprendió a todos—. Bloquearía el número de toda mi familia y empezaría mi vida de nuevo.
—¿Forks? —preguntó JJ confundido—. ¿Eso no es donde grabaron Crepúsculo?
—Sí —rió Mia—. Creo que desde que tengo memoria he querido vivir allí. Siempre he sido una friki de Crepúsculo —confesó mientras JJ no podía contener la risa—. ¡Oye! Es mucho mejor vivir en Forks que tener un estanque lleno de carpas y una estatua de ti mismo.
—Tienes razón —admitió JJ—. Entonces me mudaré a Forks contigo para que tengas que cada vez que te levantes lo primero que veas sea mi estanque lleno de peces y mi estatua.
—Ni lo sueñes —se negó Mia mientras estallaba en una carcajada junto a JJ. Entonces, miró a John B—. ¿Y tú qué harás, John B?
John B se mantuvo en silencio unos segundos y luego miró a sus amigos con una sonrisa.
—Por nuestra entrada en los Kooks.
—¡Por nuestra entrada en los Kooks! —exclamaron todos a la vez mientras alzaban sus vasos y brindaban riendo, disfrutando por fin de un ratito de calma.
ᯓ★ 𝗺𝗮𝗱𝗱𝘀𝗰𝗹𝗶𝗻𝗲
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